Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA
CAPÍTULO 5
Lugar desconocido
Más tarde
Mirabel estaba haciendo que los objetos a su alrededor flotaran en el aire bajo la mirada asombrada de asombro de todos sus familiares y de la gente del pueblo. Podía ver la sonrisa llena de orgullo de la abuela que normalmente estaba dirigida para Isabela en su dirección, diciendo en voz alta que Mirabel era su nieta favorita. Vio a sus padres y a Luisa sonriéndole también orgullosos y a Isabela verde de envidia.
-¡Mirabel!¡Mirabel!- todas las personas en el pueblo coreaban su nombre y aplaudían ante sus nuevas habilidades.
Aún estaba escuchando los aplausos cuando sintió una mano huesuda y fría caer sobre su hombro, mientras que una voz siniestra que le dijo al oído.
-Gracias por traerme la vela, mariposita. Ahora solo tú tendrás un don-
Mirabel se volvió hacia atrás al escuchar eso, pero no había nadie ahí. No había nadie tampoco a su alrededor tampoco. La chica parpadeó sin entender y comenzando a asustarse. ¡Si hace unos momentos todos estaban ahí!
-¿Dónde están todos?-
Y fue entonces cuando lo sintió, algo cayendo en su cabeza. Puso una mano en alto para tratar de detenerlo y tomó un poco en sus manos: era arena constantemente fluyendo encima de ella. Mirabel trató de quitarse del camino pero chocó contra un cristal frente a ella. Dio un paso atrás y nuevamente chocó contra un cristal: se dio cuenta de que el cristal no solo estaba enfrente, sino que la rodeaba completamente.
-¿Pero qué está pasando?- dijo Mirabel comenzando a sentirse desesperada, golpeando el cristal con sus puños cerrados, tratando de romperlo y escapar pero sin lograr siquiera estrellarlo.
Al mirar hacia arriba se percató con horror que estaba atrapada en el interior de un gran reloj de arena. A través del cristal pudo ver a un enorme Bruno sosteniendo el reloj de arena en una de sus manos y la vela mágica en la otra, riendo mientras sus ojos verdes brillaban cada vez más intensamente con cada carcajada.
-Gracias Mirabel- dijo Bruno mirándola a través del cristal del reloj de arena- fuiste de mucha ayuda-
-¡NOOOOOOOO!-
Mirabel despertó respirando agitadamente tras esa horrible pesadilla, y tardó unos segundos en comprender que todo se había tratado de un sueño. Al despertar, la chica se encontró en un sitio cálido y agradable, recostada en una superficie firme y cubierta de una especie de manta que olía a lana.
-Mmmm…- gruñó en voz baja mientras se frotaba los ojos, los cuales se sentían arenosos. No pudo ver muy bien cuando decidió finalmente abrirlos porque no tenía sus gafas, pero sí se dio cuenta de que estaba acostada en el suelo sobre lo que parecía ser la piel de algún animal, y que frente a ella había un agradable fuego frente a ella; el crepitar del mismo era el único sonido que alcanzaba a percibir.
No, eso no era cierto, se escuchaba un murmullo lejano pero no podía discernir ninguna palabra ni a quien pertenecía. Sentía un agudo dolor en la frente y, al llevarse la mano, dejó escapar una exclamación de dolor.
-Ay…-
Escuchó un chillido a su lado, y al volverse vio a la rata que había estado siguiendo, mordisqueando un trocito de queso.
-Ah, mira nada más quién decidió despertar- dijo una voz detrás de ella. Mirabel se incorporó rápidamente de rodillas, y vio un manchón borroso de color marrón y morado frente a ella, pero reconoció inmediatamente la voz. Sintió que alguien tomó su mano y puso las gafas sobre ella. Cuando se las puso, Mirabel pudo ver a la persona que estaba con ella.
-¿Tío Bruno?- dijo sin aliento. Parecía estar realmente furioso.
-¡¿Qué pensabas trepando la montaña a esta hora de la noche, tú sola y en medio de este clima, niña idiota?!- exclamó Bruno visiblemente molesto- ¿acaso querías morir?¡Y se supone que fue Camilo en que se nos cayó de cabeza de bebé, no tú!-
Mirabel se frotó los ojos de nuevo y se ajustó las gafas. Tenía cientos de preguntas en su cabeza, pero no pudo evitar notar el tono de preocupación en la voz de su tío cuando le hablaba.
-Yo no…¿eh?¿Camilo se les cayó de bebé?- dijo Mirabel, haciendo la pregunta más irrelevante de las que tenía en la mente.
-Félix lo dejó caer una vez que lo estábamos cuidando. Pepa nunca lo supo- dijo Bruno apretado los dientes y entrecerrando los ojos- ¿y bien?¿Qué tienes que decir para justificar tu evidente estupidez?-
Mirabel se sentó en el suelo y se dio cuenta de que la manta que tenía encima no era sino la ruana verde de su tío, ya limpia de la sangre que había visto el día anterior. Todo aquello era muy bizarro, por un momento pensó que se había golpeado la cabeza demasiado fuerte y que estaba alucinando, pero el dolor en su frente era demasiado real como para ser una alucinación.
-Yo… no sabía que te preocupabas por mí- solo atinó a decir Mirabel.
Aparentemente Bruno no se esperaba esa respuesta, porque alzó una ceja confundido como si estuviera procesando lo que acababa de escuchar y pensando en como responder.
-Pffff. No me malinterpretes, chiquilla, yo no me preocupo por ti- dijo él rodando los ojos- es solo que tú eres la única que ha tenido la misma experiencia que yo en tu estúpida familia, y si tu estupidez te mata, no va a haber nadie que me traiga la vela. ¿O acaso crees que la perfecta y mimada Isabela va a querer hacerlo?-
Mirabel no sabía que decir, pero no fue necesario porque había sido una pregunta retórica ya que Bruno le dio la espalda y se alejó un poco a lo que parecía ser la salida de la cueva. Mientras que pensaba que era lo que iba a hacer ahora, Mirabel pensó en quitarse la ruana de encima pero inmediatamente cambió de parecer porque sintió frío, así que solo se ajustó la prenda y metió las manos en ella. Estaba gastada y deshilachada, pero limpia y se sentía tibia.
Aprovechó la ausencia de Bruno para examinar el sitio donde estaba. Estaba en una especie de cueva, pero que tenía una chimenea tallada en la roca de la cueva donde ardía el fuego que había visto antes. Se encontraba en el suelo sobre la piel de algún animal color marrón, y detrás de ella había un viejo sillón con brazos. Había varias construcciones de madera en las paredes para las ratas y una vieja mesa con una sola silla.
No pudo seguir mirando porque Bruno regresó y puso un plato de madera en manos de Mirabel, el cual contenía dos arepas aún calientes.
-¿Qué es esto?- quiso saber ella sin entender.
-Arepas, ¿qué más van a ser?- dijo Bruno seriamente- come, no es como que comiste algo durante ese fiasco que fue la cena del compromiso de tu hermana, ¿verdad?-
Mirabel lo miró sorprendida, pero supuso que tenía una manera de comunicarse con sus ratas y se había enterado de lo que pasó. Esa era su oportunidad, tenía que preguntarle sobre la visión que había encontrado.
-Tío Bruno, yo…-
-No soy tu tío. Me expulsaron de la familia, ¿recuerdas?- siseó peligrosamente. Mirabel supuso que, si quería su ayuda, no debía hacerlo enojar.
-Yo quería preguntarte sobre…-
-Come- le ordenó Bruno señalando el plato. Ella miró dudosa las dos arepas y luego levantó una mirada sospechosa hacia él.
-¿Cómo sé que no vas a envenenarme?-
-Ah, esa sería una buena idea- dijo Bruno en un tono sarcástico- rescatarte antes de que cayeras en ese barranco y traerte aquí para envenenarte. ¿Cómo no lo pensé antes? Ya te dije, te necesito para que me traigas la vela. ¡Come!-
Frustrada al no poder preguntar lo que desesperadamente quería saber, Mirabel mordió una arepa distraídamente pero tan pronto como ésta tocó su boca, la chica abrió los ojos sorprendida. En aspecto y en sabor era idéntica a la de su madre. En el pasado, ella misma había intentado prepararlas cuando ayudaba a su madre en la cocina y jamás se había acercado un poco al sabor que Julieta le daba.
Pensando que era una de las arepas de su madre que Bruno había robado de la cocina, la chica se llevó la mano a la frente pero no pasó nada, el golpe aún le dolía y su herida seguía ahí. La mordió varias veces, se la terminó, y la herida no desapareció. Bruno, mientras tanto, se había sentado en el sillón y la miraba en silencio con sus ojos brillantes entrecerrados.
-Esto no funciona- comentó Mirabel cuando terminó la primera arepa.
-¿De qué estás hablando?- dijo Bruno sin entender.
-De la arepa. No me curó…-
Bruno dejó escapar una gran carcajada que resonó en la cueva e hizo que la chica diera un respingo.
-Mariposita, ¿en serio crees que Julieta me va a dar algo de su cocina después de lo que pasó hace diez años?- dijo Bruno con una sonrisa que no subió a sus ojos- yo preparé eso-
-¿Tú?¿Cómo sabes…?-
Bruno suspiró y se sentó en el suelo sobre la piel, pero dejando un espacio entre ellos. Parecía que no le gustaba recordar el pasado en la casita.
-¡Cuántas veces vi a Julieta cocinar!¡Cuántas veces le ayudé a prepararlas!- dijo Bruno moviendo una mano impaciente- tu abuela me reprendía por esconderme en la cocina cuando me sentía agotado de las visiones en vez de atender a la gente del pueblo-
-Oh…- dijo ella. Ahora que lo veía de cerca pudo notar la cicatriz en su mejilla derecha, cortesía de Agustín, gracias a la luz del fuego. También veía esas horribles líneas negras que surgían de sus ojos como grietas macabras en sus mejillas.
Un relámpago se escuchó en el exterior de la cueva. Tía Pepa no estaba nada feliz con lo que había pasado esa noche; ahora Mirabel sabía que iba a ser difícil regresar. ¿Ya se habrían dado cuenta de su ausencia? Quizá se habían ido a dormir y ni siquiera se habían dado cuenta de su habitación estaba vacía.
Mirabel se comió la otra arepa en silencio mientras que Bruno la miraba con los ojos entrecerrados. Por fin, dejó el plato a un lado y levantó su mirada hacia su tío. Tenía que regresar a casa cuanto antes, así que tenía que preguntarle antes de irse.
-Yo… estaba en la montaña por una razón. Quería preguntarte sobre la visión…-
-Fue una razón estúpida-
Mirabel gruñó para indicarle que no estaba feliz de haber sido interrumpida.
-… la visión que tus ratas robaron. Quiero… necesito saber… si yo voy a destruir la magia. Por favor… necesito saber si hay alguna manera de salvar el milagro- dijo Mirabel.
-Pfff… ¿milagro?- dijo Bruno en tono sarcástico antes de mirarla seriamente- Mirabel, esa magia es una maldición, eso es todo lo que es. Todo el Encanto es una maldición. Si tu don les es útil, eres la persona más popular del Encanto. Si no, eres marginado y odiado por todo el mundo, como nosotros dos-
Bruno extendió su mano hacia ella. Sus dedos fríos acariciaron su mejilla y la hicieron levantar la mirada hacia él.
-Tú y yo somos iguales- continuó Bruno sin quitarle la mirada de encima- nunca somos lo suficientemente buenos para tu abuela, nunca recibimos ningún aprecio o reconocimiento, siempre somos mantenidos al margen porque no le "servíamos" al pueblo como ellos quieren. Por todo eso deberías unirte a mí y traerme la vela-
"Yo no soy como él"; estuvo a punto de decir Mirabel, pero lo que dijo Bruno no sonaba tan descabellado ahora que lo escuchaba. Ella se había sentido marginada desde el momento en que no había obtenido un don. Todos en el Encanto e incluso su familia la había hecho a un lado, tratándola como si no valiera por su falta de don… como si fuera "inservible".
Sacudió la cabeza, ella estaba ahí por otra razón.
-Por favor, necesito saber. Tu visión…-
-No debiste mirar esa visión. Nadie debió haberlo hecho- dijo Bruno en un tono desesperado. Se llevó las manos a la cabeza y la sacudió- todo… todo esto en vano…-
La mente de la muchacha ardía de curiosidad, pero sabía que no podía presionarlo si quería obtener las respuestas que necesitaba con su tío en ese estado.
-Diez años, Mirabel… diez años de sufrir, y todo esto fue por ti… quería salvarte de este destino, porque no quería que sufrieras lo mismo que yo. Pero fallé, y mi sacrificio no sirvió de nada-
Mirabel tragó saliva, pero siguió mirando a su tío con una expresión decidida. Poco a poco Bruno se tranquilizó y dejó escapar un suspiro resignado antes de dar unos golpecitos en el suelo, a lo que las ratas respondieron acercándose a él llevando todos los fragmentos de la visión y una bandeja de madera.
-Bien, si estas segura de que quieres saberlo. Tuve esta visión la noche de la ceremonia de Camilo. Fue una visión involuntaria, vino a mí sin que yo intentara ver tu futuro, como si quisiera advertirme algo- dijo Bruno mientras que estaba armando las piezas sobre el suelo- vi que la puerta desaparecía el día de tu ceremonia, y te vi llorar en tu habitación. Vi todo lo que sufriste después de ello…-
La muchacha cerró los ojos y respiró hondo ante la mención de su ceremonia. Esa era una memoria traumática que nunca quería revisitar en su mente. Bruno aún no había terminado y continuó.
-Después eso, vi que la magia estaba en peligro y a nuestra casa destruyéndose, y delante de todo ese caos estabas tú. Pero no era una visión normal: cambiaba y la casa se reparaba, no había un destino claro, a diferencia de las otras visiones que había tenido…-
-Entonces, yo iba… voy a destruir la magia. Me robaste porque… ¿tratabas de salvar la magia de mí?- lo interrumpió ella con los ojos húmedos.
-¡NO!- exclamó Bruno tan súbitamente que Mirabel dio otro respingo- no, Mirabel, ¿cuántas veces te he dicho que para mí la magia siempre ha sido una maldición? No, te traté de robar la magia porque quería protegerte de tu abuela. Sabía lo que iba a pasar contigo cuando esa puerta desapareciera y no tuvieras tu don, sabía cómo iba a ser para ti: siempre marginada y llamaba inservible por todos, ¡igual que como me trataban a mí!-
Su mano tembl´ conforme se posaba en su propia frente, como si Bruno estuviera recordando algo horrible, y tomó aire para comenzar a narrar lo que pasó.
-Después de la fiesta y que todos se fueran a dormir, tomé mis cosas y me dirigí a tu habitación…-
FLASHBACK
Casa Madrigal
Noche de la ceremonia de Camilo
Bruno entreabrió la puerta y asomó la cabeza para asegurarse de que su familia se hubiera ido a dormir después de la fiesta. Eran las horas pequeñas de la madrugada y todos estarían agotados por la fiesta después de la ceremonia. Con cuidado salió de su habitación llevando su mochila con las cosas que había empacado y cerró la puerta tratando de no hacer ruido antes de dirigirse a la habitación de los niños.
Sabía que Mirabel estaría sola esa noche, pues Camilo se habría mudado a su propia habitación. Eso haría las cosas más rápidas para él, no tendría que lidiar con el niño emocionado y seguramente su sobrina estaría dormida sin su primo.
Bruno respiró hondo antes de abrir la puerta de la habitación de los niños y apresurarse a entrar sin ser visto. Cerró la puerta con cuidado de no hacer ningún ruido. Ahora solo faltaba que Mirabel estuviera dormida y poderla transportarla así. No quería despertarla y que se asustara.
Cuando se acercó a la cama, la pequeña dormía a pierna suelta con una enorme sonrisa, seguro soñando con el don y la habitación que jamás llegarían, y se sintió mal por ella. Le quitó uno de sus rizos de los ojos, y se quedó por un momento mirando la carita angelical de la niña a la que quería como una hija. Esperaba que ella no lo odiara por lo que tendría que hacer.
"Lo hago por ella, lo estoy haciendo por ella"; se repitió mentalmente.
Con cuidado de no despertarla, Bruno se inclinó hacia su sobrina y la alzó en sus brazos, apoyándola en su hombro derecho. Pudo sentir a la niña agitarse un poco.
-Shhhhhh…- dijo Bruno.
-No…- se quejó Mirabel somnolienta, tallándose sus ojitos- tengo sueño…-
-Shhhh, solo vamos a dar un paseo. Vuelve a dormir- dijo Bruno frotando su espalda para tranquilizarla. Mirabel no se movió ni respondió más, sino que siguió durmiendo con su cabecita apoyada en el hombro de su tío.
Aliviado al escuchar su respiración regular, Bruno respiró aliviado. Se sentía terrible por tener que hacer esto, pero sabía que Julieta no la protegería si se quedaban ahí. Bruno salió de la habitación y bajó las escaleras para dirigirse a la puerta principal de casita para salir. Esperaba llegar a las montañas del Encanto antes de que amaneciera, no quería que sonara la alarma antes de que hubiera huido.
Bruno estaba cruzando el patio cuando un relámpago sobre él lo dio dar un respingo de sorpresa. Vio que por suerte Mirabel no despertó, pero pronto se dio cuenta de que no eran buenas noticias.
-¿Vas a algún lado, Bruno?-
El tono en la voz de Pepa le causó un escalofrío. Cuando levantó los ojos hacia el segundo piso de la casita, Pepa estaba mirándolo apoyada en el barandal junto a Félix, ambos en sus ropas de dormir y con cara de pocos amigos. Esperando en silencio que la oscuridad ocultara a Mirabel, Bruno respondió vagamente.
-Voy a salir, Pepa, no eres mamá para que tenga que darte explicaciones- dijo un poco más brusco de lo que había pretendido.
-¿Y hay alguna razón para que lleves contigo a la niña?-
"Oh rayos", pensó Bruno. Pepa sabía, y eso solo significaba que estaba en problemas. Aún estaba pensando en qué responderle a su hermana para irse cuanto antes cuando la voz de su madre lo dejó helado de horror.
-¡CASITA, NO DEJES QUE NADIE SALGA DE AQUÍ!-
La casa obedeció y cerró todas las salidas, azotando puertas y ventanas. Bruno abrazó a la pequeña sintiéndose derrotado, sabía que su familia lo había atrapado in fraganti y que no iba a poder llevar a cabo su plan. Suspiró resignado y cuando vio a Julieta y Agustín corriendo hacia él, no hizo ningún esfuerzo por conservar a Mirabel en sus brazos.
-Lo siento mucho, mariposita. Lo intenté- susurró en el oído de su sonrisa al ver a su hermana acercarse corriendo hacia él con lágrimas en los ojos y una expresión mitad asustada y mitad incrédula.
Julieta le arrebató a la pequeña de los brazos con tanta fuerza que sorprendió de que Mirabel siguiera dormida, y tras una mirada herida a su trillizo se echó a llorar mientras se alejaba de él con la pequeña en sus brazos. Agustín era otro asunto completamente: estaba tan furioso como jamás lo había visto antes y ni siquiera hizo preguntas, solo levantó el puño y le dio un derechazo en la cara que lo tumbó al suelo.
-¡¿COMO TE ATREVES A TRATAR DE ROBARTE A MI HIJA?!- exclamó Agustín. Bruno se llevó una mano a la mejilla, se dio cuenta de que estaba sangrando.
Cuando Bruno se puso de pie y levantó la mirada, Julieta ya se había llevado a Mirabel, no la veía en el patio pero todo el resto de su familia estaba ahí. Isabela, Luisa y Camilo lo miraban asustados desde el piso superior.
-¡¿EN QUÉ ESTABAS PENSANDO, BRUNO?!- la abuela venía bajando las escaleras sin dejar de gritar seguida de su otra sobrina- ¡¿QUÉ IBAS A HACER CON MIRABEL?!-
"Por supuesto"; pensó Bruno sabiendo que Dolores lo había escuchado cuando trató de calmar a Mirabel y había advertido a los adultos de la casa. Los relámpagos en la nube sobre ellos no ayudaban a sus nervios y no sabía que contestar.
Sus ojos encontraron a Mirabel en el segundo piso, siendo llevada por Julieta a su propia habitación. La niña había abierto sus ojos por fin y lo miraba asustada por los gritos de sus familiares a su alrededor. Bruno respiró hondo y se preparó para explicar lo que había tratado de hacer a su familia.
FIN DEL FLASHBACK
Mirabel sintió su corazón romperse al escuchar lo que su tío acababa de contarle. Si eso era cierto, Bruno solo había tratado de protegerla durante ese episodio.
-Mi plan había sido llevarte fuera del Encanto, a un sitio donde no nos conocieran, y criarte como si fueras mi hija. No sabía ni siquiera cómo iba a convencerte de que te olvidaras de tus padres o que el Encanto no existía- continuó Bruno después de explicarle lo que había pasado esa noche; parecía cada vez más enojado. Respiró hondo como si quisiera calmarse antes de continuar- fue lo único que se me ocurrió hacer para mantenerte a salvo de tu abuela y del resto esa asquerosa familia. Como sabes, nadie en esa casa se ha atrevido a enfrentarse a ella, así que era lo único que podía hacer por ti-
-Pero, ¿por qué no le dijiste lo que viste a mamá?- dijo Mirabel antes de señalar la cicatriz en su mejilla- ¿a mi papá?-
Bruno suavizó su expresión y se tocó la cicatriz.
-No culpo a Agustín por lo que hizo, yo hubiera reaccionado igual- dijo él sin mirarla- intenté decirles que la magia estaba en peligro, pero todos estaban demasiado enojados conmigo como para escuchar. No pude decirles que tú estabas involucrada en eso, porque hubiera hecho las cosas peores para ti. Si le hubiera dicho algo a Julieta, ella hubiera ido directamente con mamá para tratar de encontrar una solución…-
Mirabel no dijo nada mientras meditaba todo lo que acababa de escuchar. Una parte le decía que no confiara en él, que Bruno solo quería destruir la magia y que por eso trataba de dar un recuento amigable de lo que pasó, pero algo le decía que no estaba mintiendo.
-No ha sido tan malo…- comenzó a decir ella.
-No lo es al principio- dijo Bruno volviendo a fruncir el entrecejo- primero comienza diciendo que sería mejor que te quedes callado o que no interfieras en esto o aquello, como en la ceremonia de uno de los niños, luego sigue criticando tu falta de compromiso hacia la familia y termina dictando lo que puedes hacer o no, con quien te debes casar y controlando tu vida-
A la mente de Mirabel vino la idea de Mariano cortejando a Isabela, o la historia que le contó su padre sobre lo mucho que le costó que la abuela lo aceptara en la familia. Frunció el entrecejo. ¿Por qué decía eso Bruno si él no tenía pareja?
-Pero… tú no te casaste- dijo ella.
-Eso también fue gracias a tu abuela- dijo Bruno visiblemente molesto.
Al parecer su tío no quiso elaborar y Mirabel no preguntó, era evidente que ese tema le era muy doloroso.
-¿Por eso quieres destruir el milagro?¿Quieres castigar a la abuela por lo que te hizo?- preguntó Mirabel. Era obvio que quería la vela para destruir la magia. Bruno pareció sorprendido de que su sobrina lo hubiera descubierto, y asintió cruzando los brazos.
-Ya te lo dije antes, ese no es un milagro, Mirabel. Es una maldición- dijo Bruno seriamente, señalando las horribles marcas negras debajo de sus ojos- es por eso que quiero destruirla. Y te necesito para ello, porque yo no puedo entrar para tomar la vela-
-Pues será mejor que esperes sentado, porque eso no va a pasar. No te voy a ayudar- dijo Mirabel.
-Ya te dije que en el futuro lo harás, te vi haciéndolo- dijo él peligrosamente.
Mirabel examinó con la mirada a su tío. Después de que su familia le había dicho que Bruno tratado de robarla cuando era niña, siempre había imaginado una especie de monstruo que quería hacerle daño, pero si le creía realmente había tratado de protegerla de su abuela. Quizá fue un poco errado en sus esfuerzos, pero tenía buenas intenciones y no parecía sentir odio por ella. Después de todo, quizá le había salvado la vida esa noche.
Finalmente se frotó las manos y trató de ponerse de pie.
-Gracias por todo, tío Bruno, pero será mejor que regrese a casa antes de…-
-No- dijo él. Mirabel levantó la vista hacia él.
-¿No qué?-
-No puedes irte- dijo Bruno seriamente.
Mirabel sintió una oleada de miedo al escuchar eso. ¡Apenas estaba comenzando a creerle que era una buena persona y ahora esto! Al ver su expresión Bruno rodó los ojos.
-Los caminos son tortuosos y peligrosos en las mejores condiciones durante el día, y a esta hora de la noche y con la lluvia es un suicidio para una niña tonta como tú intentar regresar al pueblo. Te dejaré ir en la mañana-
Mirabel infló las mejillas, cosa que al parecer le pareció cómica a Bruno porque se echó a reír. Su risa aún la alarmaba, pero estaba comenzando a perder un poco el miedo.
-No me puedo quedar aquí, mi familia se va a preocupar…-
-¡Tanto mejor!-
-Ugh… ¡por favor! No quiero que mamá se preocupe- dijo Mirabel haciendo su mejor cara de gatito remojado. Bruno gruñó pero siguió sacudiendo la cabeza.
-No seas necia- dijo él dándole unos topecitos en el lado sano de su frente con su dedo índice y señalando el sitio donde había despertado- puedes dormir ahí, y no intentes nada raro-
Aceptando su derrota (y que en eso Bruno tenía razón), Mirabel volvió a sentarse en el suelo sobre la piel y se acostó sobre su costado izquierdo, dándole la espalda y ovillándose dentro de la ruana.
-Bieeeeeen. Buenas noches, tío- dijo ella. Escuchó un gruñido detrás de ella, seguramente por la manera en la que lo había llamado, y cuando se estaba quedando dormida llegó su respuesta.
-Buenas noches, mariposita-
x-x-x
Casa Madrigal
Al mismo tiempo
Todos los habitantes de la casita habían estado empezando a preocuparse. No era el estilo de Mirabel desaparecer de esa manera y el hecho de que no hubiera regresado para entonces les preocupaba. Agustín dijo que iba a salir a buscarla y Félix se ofreció a acompañarlo. Camilo quiso hacer lo mismo pero Pepa no lo dejó.
-Quédate aquí, los poderes de todos nosotros están disfuncionando, puede ser peligroso que salgamos-
-Pero…-
-Pero nada- dijo Pepa- quédate aquí y no causes más problemas.
Camilo se cruzó de hombros frustrado. ¿En dónde se había metido Mirabel? A veces la atrapaba trepando al techo de la casita desde el balcón de su habitación (un truco que ambos habían aprendido a hacer desde pequeños) o visitando a las personas del pueblo, pero nunca desaparecer así y menos de noche.
Los demás miembros de la familia se habían retirado a sus habitaciones. Isabela estaba echando humo por las orejas y había jurado que jamás perdonaría a su hermana menor por haber arruinado la cena de su compromiso. Luisa había salido de su propia depresión al escuchar que Mirabel estaba perdida y quiso salir de la casita, pero Pepa también se lo había impedido. La abuela se había ido a dormir comentando que Mirabel seguramente se perdió y que regresaría más tarde.
Lo que le preocupaba a Camilo era que Dolores había dicho que no podía escucharla, y tenía miedo de lo que eso podía significar. Antonio había enviado a los animales del Encanto a buscarla, pero más que eso no podían hacer.
Hablando de Dolores, ella era la única que parecía estar disfrutando el momento, y el muchacho no podía entender porqué.
-Ugh…- se quejó Camilo.
Tenía que hacer algo para encontrarla pero no sabía qué más podía hacer para ayudar. Derrotado, el muchacho decidió robar algo de la comida de la cocina pensando en que comer podía hacerlo sentir mejor.
El muchacho bajó las escaleras y se dirigió a la cocina cuando escuchó unos golpecitos. Camilo alzó una ceja extrañado, ya que a esa hora de la noche nadie iba a buscarlos, excepto si había alguien gravemente enfermo pero para esas alturas Julieta no podía servir de mucho. Pensando en ello, se dirigió a la puerta y vio sorprendido a la muchacha que había llamado.
-Hey, hola Anita- dijo Camilo sonriendo a pesar de su preocupación- ¿está todo bien…?-
Pero no alcanzó a terminar de decir la frase porque Anita entró a casita y saltó hacia él, rodeando su cintura con sus brazos y apoyando su cabeza en el pecho de él.
-¡Camilo, estoy tan preocupada!- dijo ella, y el chico alcanzó a escuchar un sollozo- tu papá y tu tío vinieron a casa buscando a Mirabel. ¿Qué fue lo que sucedió?¿Y si… si le pasó algo malo?- antes de dejar escapar otro sollozo.
Camilo estaba asustado: nunca una muchacha lo había abrazado así y ahora estaba paralizado sin saber qué decir. No atinó sino a abrazarla de regreso y darle unas palmaditas en la espalda.
-Hey, está bien, Mira aparecerá pronto, estoy seguro- dijo Camilo. Pero aquello no fue suficiente para ella. Se separó de él y lo miró a los ojos.
-Yo… escuché los rumores que comenzó la señora Guzmán- dijo Anita- estaba furiosa porque Isabela rompió la nariz de Mariano durante la cena, y ahora está diciendo que hay una profecía de que Mirabel va a destruir el Encanto-
Camilo gruñó. ¡Esa chismosa de la señora Guzmán! Para ese momento seguramente todo el pueblo sabía de la visión de Bruno sobre Mirabel, y eso significaba problemas para toda la familia, comenzando con su prima.
-Bueno, eso es una larga historia- dijo Camilo sin entrar mucho a detalles sobre la visión- pero los que conocemos a Mirabel sabemos que ella jamás sería capaz de hacerle daño a nadie-
Anita sonrió aliviada y se puso de puntillas para besarlo en la mejilla. Al sentir sus labios sobre su piel, Camilo sintió una explosión dentro de su pecho, la cara le ardía y las rodillas débiles. La muchacha dijo algo antes de irse.
-Tienes razón. Te avisaré si llego a saber algo de ella, Camilo-
-Gra… gracias- dijo Camilo llevándose una mano a la mejilla con una expresión boba. Al parecer no podía creer que una muchacha lo viera de esa manera.
Aún pensando en el beso y lo que Anita le había dicho sobre los rumores, Camilo se dirigió a la cocina por algo de comer. Estaba preocupado por lo que había escuchado. Sabía que el pueblo podía ser duro con las personas que no encajaban. Había escuchado de la gente del pueblo la historia de que, antes de que Bruno se volviera malvado y tratara de robarse a Mirabel, había rumores de que sus visiones causaban mala suerte y todo tipo de infortunios. Camilo sabía que esas eran tonterías, ya que el don de Bruno era solamente mirar hacia el futuro, no influir en él, según lo que su madre le había dicho la única vez que se había atrevido a preguntar por el misterioso dueño de la puerta abandonada. Aquello hizo que el muchacho se replanteara lo que había creído saber sobre Bruno.
Quizá debía ir a dormir, pero primero quería robar algo de comida, tenía hambre. Entró a la cocina y vio una gran bandeja llena de deliciosos buñuelos recién preparados cerca de él, aún calientes y dejando escapar un exquisito aroma. Se acercó para comerlos, y fue entonces cuando lo escuchó: un ruido proveniente de una esquina.
-¿Pero qué?-
Cuando Camilo rodeó el mueble de la cocina se encontró a su tía Julieta sentada en el suelo, abrazando sus rodillas y sollozando en voz baja. El muchacho palideció al verla así y corrió a su lado.
-¡Tía!¿Te encuentras bien?- dijo él tratando de asegurarse de que no estuviera herida.
-Sniff… estoy bien, cariño, dame un momento- dijo Julieta en voz baja. Camilo no le creyó nada, sabía lo preocupada que debía estar en ese momento con Mirabel desaparecida.
-No te preocupes, tía, Mira estará bien. Tiene la cabeza bastante dura- dijo en tono de broma intentando animarla, pero su tía no sonrió.
-Es solo que… esto es una pesadilla…- dijo Julieta abrazándose a sí misma- como cuando… como cuando Bruno se la llevó…-
Camilo sintió un vuelco al escuchar a su tía mencionar ese nombre. Todos sabían el efecto que lo que Bruno había tratado de hacer en esa familia y lo mucho que había afectado a los adultos, tanto que había una regla explícita de no mencionar su nombre.
-No es así, vas a ver que estará bien y regresará sana y salva a casita- dijo Camilo abrazando a su tía- papá y tío Agustín la están buscando, además de que los animales aún obedecen a Antonio, ellos la encontrarán y la ayudarán a regresar a casa-
Por lo que le parecieron horas, Camilo no se movió y siguió consolando a su tía hasta que por fin el llanto terminó y se pudo levantar. Aún así, el muchacho acompañó a su tía a su habitación y, sin tener más que hacer y buscando algo en qué ocuparse, se quedó con Julieta hasta que ella se durmió.
"Mas vale que pronto regreses sana y salva, Mirabel", pensó Camilo mirando preocupado a su tía.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Bruno rescató a Mirabel y le explicó lo que realmente pasó diez años atrás. Al menos su sobrina es su punto débil en esa familia, aunque solo porque la necesita para que le lleve la vela (guiño).
Muchas gracias por seguir leyendo. Abrazos.
Abby L.
