Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA

CAPÍTULO 6

Lugar desconocido

Horas más tarde

Mirabel despertó la mañana siguiente con sus hombros entumidos por haber dormido en el suelo. No tenía idea de cómo había hecho Bruno para hacer eso durante los últimos diez años y sintió una punzada de culpa al pensar en que todo eso lo había hecho por ella. Bostezó y se frotó los hombros bajo la ruana, aún con un poco de frío.

Para su sorpresa escuchó un gemido de dolor detrás de ella y se volvió alarmada.

Bruno estaba de pie dándole la espalda, mirando hacia la pared de la cueva. Tenía las manos en la cabeza y la sacudía de un lado al otro, quejándose en voz baja y murmurando algo que la chica no pudo escuchar.

-No, ahora no…- alcanzó a escuchar- ugh…no voy a ver… no voy a ver…-

Mirabel vio con horror a su tío caer de rodillas y golpearse repetidamente la cabeza contra la pared, sin dejar de repetir lo mismo. No entendía que estaba pasando, pero se levantó apresuradamente y corrió al lado de Bruno, deteniendo la cabeza de su tío con sus manos para que no siguiera golpeándose.

-¿Qué te pasa, tío?- dijo ella en voz baja mientras impedía que se golpeara- ¿qué tienes…?-

-Una visión- dijo débilmente antes de gruñir- ugh… no quiero ver… no quiero esta maldición-

La chica no lo soltó ni dejó que siguiera lastimándose. Entonces, ¿estaba tratando de evitar tener una visión?¿Por qué hacía eso?¿Y por qué tenía esa horrible reacción al resistirse?

-Tío Bruno…- dijo ella tomando su rostro entre sus manos, haciéndolo levantar la vista hacia ella. Sus ojos verdes brillaban aún con más fuerza que antes- va a estar bien. No quiero que te lastimes-

Vio a su tío mirarla como no la había mirado antes, para después cerrar los ojos y respirar hondo tratado de tranquilizarse. Puso sus manos sobre las muñecas de Mirabel hasta que su respiración se normalizó. Se sentó en el suelo, soltándose de Mirabel, y se apretó el puente nasal.

-Lamento que hayas visto eso- dijo él aún apretando los ojos- no quería asustarte-

-Está bien- dijo Mirabel al darse cuenta de que sus manos estaba temblando- ¿quieres hablar de lo que pasó?-

-No realmente, pero mereces una explicación. A veces tengo visiones involuntarias que rara vez son buenas, así que desde ésta- dijo Bruno señalando la visión armada- no he vuelto a tener ninguna visión espontánea. Cuando pasa eso y me resisto, tengo un horrible dolor de cabeza-

-Y tus ojos- dijo ella.

-Y mis ojos- dijo Bruno antes de sacudir la cabeza y traer un plato de desayuno para ella- no importa. Espero no haberte quitado el apetito-

Mirabel miró dudosa el plato, aún preocupada por lo que acababa de ver, pero decidió complacerlo y comenzó a comer sin dejar de pensar que cuando Bruno decía que el milagro era una maldición tenía un significado diferente a lo que ella había creído. La primera ve lo había escuchado decir eso, ese día junto al río, creyó que su tío solo estaba amargado y quería dañar a la familia, pero ahora notaba lo que ese don era para él: un literal dolor de cabeza.

-Podrías tener otra visión- dijo Mirabel mientras comía.

-¿Disculpa?-

-Sí, una visión sobre lo que está mal con la magia-

-No hay nada más que saber, Mirabel. Tú vas a destruir la magia, punto- dijo Bruno.

-Pero podrías tener otra visión, decirme si hay una manera de salvarla…-

Bruno torció sus labios en una sonrisa que pretendía ser maliciosa, pero Mirabel sorprendentemente estaba comenzando a perderle todo el miedo que le había tenido después de su explicación de la noche anterior.

-Ja, buen intento- dijo Bruno- pero a diferencia de ti, yo sé que no le debo nada a la familia, al Encanto o a la magia, y entre más pronto desaparezca, mejor-

-Grrrrr…- Mirabel gruñó frustrada, lo que le pareció causar gracia a Bruno.

Una vez que terminó de comer, Bruno le dijo que la acompañaría de regreso solamente a la orilla del pueblo ya que no podía dejarla directamente en casita, no quería que alguien lo viera y comenzara a intentar cazarlo. Ella aceptó su ayuda, pero no se esperaba que Bruno le pasara su bolso, su chal y una bolsa de tela.

-¿Qué es esto?- preguntó levantado el último objeto.

-Póntela- dijo él señalando su cabeza- no quiero que encuentres tu camino de regreso a este sitio-

Mirabel rodó los ojos.

-Tienes que estar bromeando…-

-Esa es mi condición para mostrarte el camino de regreso- dijo Bruno seriamente- pero si tienes ganas de irte sola y perderte, con gusto puedes intentarlo-

Esta vez Mirabel no pudo evitar poner los ojos en blanco, pero se quitó las gafas y las guardó en su bolso. Después se quitó también la ruana de Bruno para devolvérsela, se puso su chal sobre sus hombros y luego se puso la bolsa de tela en la cabeza.

-Bastaba con quitarme las gafas para que no vea nada, pero si insistes…-

Escuchó a Bruno reír en voz baja ante el comentario y sintió su mano cerrándose alrededor de la de ella, comenzando a guiarla fuera de la cueva. La chica no podía ver más que el color rosa de sus zapatos, pero confiaba en que su tío no la dejaría caer.

"No puedo creer que estoy pensando en que confío en él", pensó ella mientras caminaba, pero por extraño que parezca así era.

Cuando pasaron por una parte más peligrosa y Mirabel tropezó con una roca, Bruno dejó escapar una exclamación exasperada y la alzó en brazos, llevándola así el resto del camino.

-Esto sería mucho más fácil si me dejaras ver- comentó ella- pero te encanta complicarte la vida-

-Pfff, confío en tu habilidad de tropezarte incluso así- le respondió él.

Después de un rato Bruno la puso en el suelo y Mirabel supuso que continuarían a pie, pero para su sorpresa su tío no tomó su mano para seguir y solo dijo en voz baja a su oído:

-Aquí nos separamos, mariposita-

-¿Qué? No, espera…- dijo Mirabel tratando de quitarse la bolsa de la cabeza y buscando sus gafas en su bolso para ponérselos. ¡No podía dejarlo ir, aún podía decirle algo más! Pero para cuando hizo la maniobra, Bruno ya había desaparecido. Gruñó para sus adentros- ¡Bruno!-

No escuchó más respuesta que el ruido de alguien pisando el pasto, y cuando se volvió vio que no era su tío, sino una mujer de la edad de su madre que la miraba con los ojos abiertos.

-¿Bruno?¿Dijiste Bruno?-

x-x-x

Casa Madrigal

Al mismo tiempo

Camilo se estaba mirando en el espejo, aún teniendo dificultades para transformarse en otra persona. Estaba poniendo todo de su parte para transformarse porque quería escabullirse a buscar a Mirabel en el pueblo y en el bosque, pero por más que se esforzaba, sus poderes no parecían querer cooperar con él.

Frustrado, el muchacho se dejó caer sobre la orilla de su cama y suspiró. Se sentía completamente inútil sin su don. Estaba lamentándose de su falta de poderes cuando escuchó algunos horribles gritos provenientes del patio de la casita.

-¡No lo hagas!-

-¡Por favor, detente Bruno!-

Camilo se alarmó, así que rápidamente metió la cabeza en su ruana y salió corriendo de su habitación hacia el pasillo del segundo piso. Desde ahí pudo ver con horror que en el centro del patio estaba el que había sido su tío Bruno, ese enorme monstruo con ojos verdes brillantes, largos dedos delgados y ratas corriendo por libremente su espalda, pero eso no fue lo que lo asustó más.

No, lo que realmente lo aterrorizó fue lo que tenía en su mano derecha: una vela. La vela mágica del milagro, brillando tenuemente en su poder como si estuviera a punto de apagarse.

-No…- dijo Camilo horrorizado, pensando que esa era la causa de que su don no funcionaba.

-Bruno, devuélveme la vela- demandó la abuela, pero pudo notar el miedo en su voz.

Como respuesta, Bruno dejó escapar una horrible carcajada que heló la sangre de todos los presentes. Pasó su vista por todos los miembros de su antigua familia que lo miraban en lo alto. El muchacho hizo lo mismo y se dio cuenta de que no estaban todos. Faltaba la persona a la que Camilo tanto quería buscar.

"Ah sí", pensó Camilo "por eso quiero salir. Necesito mis poderes para buscar a Mirabel".

-Claro, en seguida te devuelvo la vela- dijo Bruno y, sin previo aviso, puso su mano contraria sobre la pequeña llama de la vela, apagándola para horror de todos.

-No…- exclamó Camilo mientras que el resto de su familia comprobaba horrorizada que ya no tenían poderes. Él mismo trató de transformarse y no sucedió nada.

Pero las sorpresas aún no terminaban. Camilo vio que Bruno tenía algo más con él, había algo verde en la mano en la que no tenía la vela.

-¿DÓNDE ESTÁ SU MILAGRO?- exclamó Bruno lanzando la vela al suelo, la cual se detuvo a los pies de la abuela- JAJAJAJAJAJA-

-¡No!- exclamó Camilo- ¡necesitábamos nuestros poderes para encontrar a Mirabel!-

Aquello le pereció gracioso a su tío, porque rompió en carcajadas.

-¿Mirabel? Tch, tch, yo ya no me preocuparía por ella, Camilito…-

Camilo dejó escapar una exclamación de horror al ver que lo que Bruno estaba apretando en su mano eran las gafas verdes de Mirabel, las cuales estaban rotas y con una mancha de sangre en uno de los lentes. Y fue cuando el muchacho notó el bulto colorido en el suelo, detrás de su malvado tío.

Mirabel estaba tumbada con su vientre en el suelo en una posición bizarra, en medio de un charco de sangre. Tenía un corte horizontal en el cuello y aun machete hundido en la espalda. Sus ojos estaban vacíos y una lágrima se había quedado detenida en su mejilla.

"No, Mirabel no…", pensó desesperado.

Camilo dejó escapar un grito que fue ahogado por las risas de su malvado tío.

Camilo despertó gritando y bañado en su propio sudor, respirando agitadamente sin saber qué era sueño y que era realidad en ese punto. Puso una mano en su pecho y trató de controlar su respiración tan pronto como se dio cuenta de que todo había sido una pesadilla.

-Ugh…- gimió Camilo poniéndose una mano en la frente- todo está bien, Mira va a estar bien-

Se levantó y se dirigió al baño a mojarse la cara. Esa horrible pesadilla lo había dejado muy nervioso.

x-x-x

Al mismo tiempo

Mirabel miró la expresión de la mujer que venía caminando hacia ella. Sus ojos tenían una expresión no asustada como la mayoría de las personas del Encanto cuando hablaban de Bruno, sino más bien había algo esperanzado en su mirada.

-Dijiste Bruno, ¿verdad?- repitió ella.

La muchacha comenzó a buscar rápidamente en su mente una buena excusa para haber pronunciado ese nombre. A pesar de todo, Bruno la había salvado la noche anterior y la había llevado a un lugar seguro, no quería traicionarlo revelando su presencia a las personas del Encanto.

-Yo no… eh…-

-¡Mira nada más quién está aquí!- una tercera voz las llamó.

Mirabel y la mujer se volvieron simultáneamente hacia la voz, y vieron que grupo de personas que pasaba por ahí se había detenido a mirarlas.

-¡Ahí está la muchacha!- dijo uno de los hombre señalando a Mirabel sin ninguna vergüenza- ¡es la que va a destruir la magia!-

La mujer que le había preguntado sobre Bruno parecía confundida al escucharlos decir eso y se volvió a Mirabel con una expresión interrogante. La aludida tragó saliva preocupada al escuchar eso y dio una paso atrás, como queriéndose esconder detrás de la mujer hasta que se fueran.

Desafortunadamente no lo hicieron.

-Sí, yo mismo lo escuché de la señora Guzmán- dijo otro hombre al ver que algunas personas habían salido de sus casas para ver qué eran los gritos- dijo que la familia finalmente encontró la última visión de Bruno, ¡ella va a destruir la magia!-

Mirabel dio otro paso atrás asustada al ver las expresiones agresivas de la gente en su dirección, pero tropezó y cayó sentada al suelo. Uno de ellos tomó una piedra del suelo con la clara intención de lanzarla contra ella cuando la mujer se interpuso entre ellos.

-Basta- dijo la mujer. Mirabel no podía ver su cara, pero tenía las manos en las caderas en una postura desafiante- debería darles vergüenza a todos ustedes, rebajarse a atacarla así-

-Tú no te metas donde no te llaman, María- dijo el hombre que había tomado la piedra mientras levantaba la mano, dispuesta a lanzarla- hazte a un lado y déjanos encargarnos de este problema nosotros mismos, o también te golpearemos-

-Pfff… ¿qué esperas tratando de razonar con María? Es por histérica que su esposo la dejó- dijo otro hombre antes de volverse a ella- creí que a ti no te agradaban los Madrigal-

-Exacto, ella es una Madrigal- dijo la mujer llamada María, pero la adolescente sintió algo de amargura en su voz al pronunciar el nombre de su familia y al agregar- ya saben cómo se va a poner la matriarca de la familia si le hacen daño a su nieta-

Al parecer ese argumento los convenció de dejarla en paz, y las personas que querían atacarla se dispersaron murmurando molestos contra ella. Antes de que Mirabel entendiera lo que estaba pasando, María se inclinó hacia ella para tomarla de los hombros y hacerla ponerse de pie con relativa facilidad.

-¿Te encuentras bien?- preguntó ella.

-Yo… sí, gracias- mintió Mirabel. No podía admitir delante de nadie lo terrible que se sentía después de eso. No optó sino en intentar irse, sacudiéndose y disponiéndose a regresar a casita a esconderse debajo de su cama para pensar en qué haría ahora, pero María tomó su mano y la arrastró al interior de una casa- ¿a dónde me…?-

-Tienes una herida y un moretón en la frente si no te has dado cuenta- dijo la mujer.

-Lo sé, ya me…- dijo la chica pero se interrumpió. No debía decir que Bruno había limpiado su herida porque le causaría problemas y no quería que la gente lo estuviera cazando si sabían que seguía en el Encanto.

María la hizo sentarse en una silla junto a la puerta y se fue por un momento antes de regresar con agua y algunos paños.

-¿Qué hacías en la montaña a esta hora de la mañana?- dijo María mientras ponía agua fresca en su frente. Mirabel bajó los ojos sin querer responderle. El ardor de la herida le provocó una mueca- vas a estar bien, es solo una herida pequeña y está sorprendentemente limpia-

-Gracias- dijo Mirabel derrotada. El enfrentamiento con ese grupo de personas la preocupó. ¿Acaso su familia iba a reaccionar igual a la noticia de que era la que iba a destruir el milagro? Esperaba que no fuera así.

Después de un rato de silencio, María la miró preocupada y sirvió una taza de café, poniéndola en manos de la adolescente.

-Lamento mucho que te haya pasado eso, Mirabel- dijo la mujer tristemente- la gente suele tener miedo a lo que no entiende-

Mirabel asintió recordando que su tío le había dicho lo mismo sobre sus visiones. Dio un sorbo a su taza de café bajo la mirada de la mujer, quien estaba esperando la respuesta de qué hacía en la montaña a esa hora, aunque Mirabel no estaba dispuesta a decirle nada. María esperó pacientemente a que terminara el café y cuando lo hizo se puso de pie y se ofreció a acompañarla a su casa sin volverle a preguntar nada.

-No quiero que vayas sola para que vuelvan a atacarte así- le había dicho María cuando la muchacha trató de evitar que la acompañara. A pesar de sus reclamos, Mirabel estaba aliviada de que la mujer la acompañara. No quería tener que enfrentar las miradas de las personas del Encanto ella sola.

Las dos cruzaron el pueblo sin mayor incidente porque la mayoría de los habitantes apenas estaban despertando y aún no miraban hacia el exterior otros se abstuvieron de hablar porque iba acompañada. Se encontraron con algunas personas que las miraron mal, pero el incidente en el borde del pueblo no se repitió.

Cuando ya estaba a unos pasos de la casita, María se detuvo.

-Aquí me despido de ti, yo no soy bienvenida en tu casa- dijo María.

-¿Qué?¿Por qué?- dijo Mirabel confundida. María le pareció una mujer muy maternal y amable, no se podía imaginar porqué casita o la abuela tuvieran algo en su contra, pero sí recordó lo que ese aldeano dijo sobre que "no le agradaban los Madrigal" y supuso que eso tenía algo que ver.

-Mientras tanto, un consejo- le dijo María en voz baja, ignorando su pregunta- si viste a Bruno en las montañas, creo que deberías mantenerlo en secreto de tu familia. Él podría estar en problemas bastantes serios si llegas a decir algo. Si necesitas una coartada sobre donde estuviste toda esta noche, puedes decirle que yo insistí en que te quedaras conmigo-

Mirabel la miró sorprendida antes de que ella agregara con una sonrisa triste.

-Te veo después, mariposita-

Con eso, María dio media vuelta y caminó de regreso a su casa. Mirabel se quedó viendo con los ojos abiertos enormemente, debatiéndose mentalmente si debía correr tras ella para interrogarla sobre lo que acababa de decirle o enfrentar a su familia, finalmente optó por lo segundo.

-Casita, ábreme- dijo corriendo hacia la entrada.

Si hubiera podido ver el rostro de María, Mirabel habría encontrado una sonrisa esperanzada en sus labios.

x-x-x

Casita

Al mismo tiempo

Julieta estaba buscando a Mirabel por enésima vez en la habitación de los niños cuando escuchó la voz de su hija menor en la entrada principal de la casita. Se asomó por la ventana y vio que, en efecto, era Mirabel llegando de regreso a casa, quien estaba siendo acompañada de una mujer que reconoció enseguida.

"¿María?¿Qué está haciendo con Mirabel?", se preguntó.

No importaba, su hija estaba de regreso sana y salva.

Bajó rápidamente a la entrada y apartó a Camilo para alcanzar a su hija primero. Mirabel parecía estar cansada y algo confundida pero bien, pero fue entonces cuando vio esa fea herida y el golpe en su cabeza. Se acercó a su hija y tomó su rostro con sus manos.

-Mira, mi amor, ¿qué te pasó?- dijo Julieta, pero no esperó a la respuesta porque tomó su mano y la condujo a la cocina, haciéndola sentarse en una silla. La cocina estaba desierta, salvo ellas dos y Camilo, quien las siguió- no te muevas, mija, voy a tratar de hacer algo para curarte-

-¿Tratar?- le dijo Mirabel mientras Julieta encendía el fuego de la cocina y comenzaba a cocinar las arepas- mamá, ¿de qué hablas?-

-¿No te has dado cuenta, Mira? Desde anoche nuestros poderes no están funcionando como deben- le dijo Camilo, quien había estado siguiéndolas, señalando su cabeza- cabeza de bebé, ¿recuerdas?-

-Bueno, espero que esto funcione- dijo Julieta nerviosamente mientras que tomaba un poco de masa y la aplanaba para ponerla al fuego. Mirabel estaba aliviada de estar en casa y estuvo a punto de decirle a su madre que estaba bien, que no le dolía cuando la puerta de la cocina se abrió de golpe.

-¡Hasta que por fin apareces!- la voz de la abuela hizo que los tres dieran un respingo de sorpresa. Alma entró a la cocina con una expresión de decepción y fastidio. Camilo se encogió en una esquina tratando de pasar desapercibido. Mirabel la miró nerviosa, ya sabía el regaño que se venía.

Julieta se sintió incómoda tan pronto como la vio entrar a la cocina, su instinto era proteger a su hija, pero al mismo tiempo no se atrevía a ir en contra de su madre. Cerró los ojos y respiró hondo antes de hablar.

-Mamá, dale oportunidad de recuperarse, tuvo una noche muy…- comenzó a decir, pero su madre la cortó.

-Nada de eso, Julieta- dijo la abuela- ¡esta niña arruinó la propuesta de Isabela, va a destruir la magia y huyó de la casa para escapar de las consecuencias de sus acciones!-

Julieta se volvió a su hija, y vio a Mirabel cerrar los ojos asustada, como si esperara un golpe. Nunca había visto a su hija tan asustada de la abuela, como si realmente creyera que iba a lastimarla.

Julieta miró preocupada a Alma antes de tomar una arepa para ponerla en la mano de su hija, interponiéndose entre ella y la abuela para darle oportunidad de comer la arepa y curar la herida de su frente. Vio a Mirabel mirarla confundida por un momento antes de animarse a morderla y tragar, pero la herida permaneció en su frente.

Frustrada, Julieta tomó nuevamente el rostro de la chica y le quitó un rizo de la frente para despejarla. Abrió un cajón de la cocina y sacó un vendaje para ponerlo en su frente.

-Ay, Mira, lo siento mucho…-

-Está bien, mamá- dijo Mirabel sonriéndole, Julieta sabía que era para tranquilizarla- no es para tanto, ya lo harás cuando arregle lo que pasa con la magia-

Por un momento las dos se habían olvidad de que la abuela estaba ahí, pero pronto ésta hizo su presencia notarse.

-Bien, ya viste que no funciona tu don y que no vas a poder curarla, ahora sí podemos hablar- dijo la abuela.

-Abuela, Mirabel está lastimada y necesita descansar. Ese golpe no se ve bien- le dijo Camilo, por fin animándose a hablar. La abuela lo ignoró y estuvo a punto de preguntarle algo, pero el resto de la familia entró a la cocina.

-¡Mirabel!- exclamó aliviada Luisa, tomando a su hermanita y levantándola con facilidad, como si pesara menos que una pluma. Todos vieron vio asombrados que el don de su nieta había regresado.

"Parece que Luisa recuperó su don", pensó Julieta "quizá la presencia de Mirabel dentro de casita ayuda".

Pero eso no fue lo que pensó la abuela.

-¡SILENCIO!- ladró la abuela- no más distracciones, ¿dónde estuviste todo esto tiempo?-

Julieta vio a Mirabel dudar unos segundos como si estuviera armando una explicación, pero casi de inmediato respondió.

-Creí que podía encontrar algo que nos sirviera para salvar el milagro en las montañas, pero me perdí en la oscuridad y también me caí. Y unas personas me atacaron, me querían lanzar piedras porque escucharon sobre la visión. Y… una mujer llamada María me encontró y me dejó pasar la noche en su…-

Pero se interrumpió al ver la reacción que provocó al mencionar ese nombre. Julieta sacudió la cabeza, como diciéndole que se detuviera, y la abuela parecía estar aún más enojada que antes, como si le acabaran de dar una bofetada.

-¡No menciones el nombre de esa mujer en bajo ese techo!- estalló la abuela- ¡esa trepadora, manipuladora y buena para nada no ha hecho sino causar dolor y problemas en nuestra familia! ¡Aléjate de ella!-

Julieta miró de reojo a su madre. Sabía lo mucho que odiaba a María Fernández por haberse atrevido a llenar a Bruno de autoestima cuando eran jóvenes, causando que éste escapara brevemente del control de la abuela y por ello Alma jamás la perdonaría. Era una mujer buena que pudo haber sido su cuñada, si Alma no hubiera arreglado con sus padres su boda con otro hombre para alejarla de Bruno. Desde entonces, no era secreto que María odiaba a los Madrigal con todo su ser, pero Mirabel no tenía manera de saber eso porque todo había sucedido antes de que ella naciera.

-Lo siento, no sabía- dijo Mirabel bajando los ojos.

-¿Y qué hiciste con la visión? Porque desapareció tan pronto como regresé, y tú fuiste la última persona que estuvo en la cocina- dijo la abuela. Mirabel pareció dudar de nuevo y bajar la mirada, como si estuviera tratando de inventar una excusa.

-Yo no la tomé, no sé quien lo hizo- dijo finalmente.

-Mirabel…- dijo la abuela mirándola con una expresión de que no le había creído, pero la muchacha se encogió de hombros de nuevo.

-Bueno, será mejor que te vayas a descansar, debiste pasar una noche difícil…- comenzó a decir Julieta.

-Tienes razón, Julieta, quizá será mejor que Mirabel se mantenga confinada en su habitación mientras que averiguamos que es lo que significa la visión que encontró- dijo Alma de pronto, interrumpiendo sus pensamientos- por el bien de todos-

Todos en la cocina miraron a la abuela como si le acabara de salir otra cabeza. Nadie podía creer lo que acababan de escuchar.

-¿Confinada quiere decir, encerrada?- dijo Camilo, siendo el único que se atrevió a romper el silencio.

-¿Qué?- exclamó Julieta finalmente- mamá, eso no es necesario…-

-Será por un tiempo corto, mientras encontramos una manera de detener la profecía- dijo la abuela- es solo para protegerla y que no se repitan esos eventos en los que la atacaron-

Julieta vio a Mirabel volviéndose a ella con enormes ojos, sin atreverse a hablar pero como si le suplicara en silencio que no dejara que la abuela le hiciera eso, pero ella no se sentía con el valor necesario para enfrentarse a su madre. Mirabel tampoco se atrevió a negarse.

-Bien, eso lo decide- dijo la abuela al no escuchar ninguna objeción- vamos a tu habitación, Mirabel, donde no sigas haciendo daño-

Mirabel se volvió a Julieta de nuevo por un momento con una expresión herida, pero no dijo nada y subió cabizbaja a su habitación seguida de la abuela, quien caminó con esa dirección también para asegurarse de que su orden se cumpliera. Julieta se quedó mirándola con una expresión culpable mientras su hija desparecía tras única puerta que no brillaba.

-Tía, ¿en serio vas a dejar que la abuela le haga eso?- dijo Camilo en voz baja volviéndose hacia ella sin poder creer lo que acababa de escuchar.

Julieta no respondió. Ella misma se preguntaba eso también.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Mirabel regresó a casa y no está muy contenta con la decisión de la abuela. Camilo y Julieta están sorprendidos de la agresividad de Alma. Ya verán lo que sigue.

Muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews. Abrazos.

Abby L.