Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA
CAPÍTULO 7
Al mismo tiempo
Encerrada en su habitación, Mirabel ahora comprendía cada vez más el enojo de Bruno. ¡Si ella solo había estado tratando de salvar el milagro! Y su abuela (y el resto de su familia al no enfrentarla) se lo pagaba encerrándola en su cuarto para que no interfiera y no rompiera nada. Se abrazó a sí misma y apretó los ojos.
-Ugh… ¡esto es tan injusto!- siseó Mirabel en voz baja, apoyando su espalda en la puerta. No podía creer que su "malvado" tío la hubiera tratado mejor que su abuela.
"No puede ser, no me pudieron haber encerrado en serio, ¿verdad?", pensó ella.
Se giró hacia la puerta y su mano se posó tentativamente en el pomo, dudando unos segundos antes de tratar de girarlo. Nada, la habían encerrado de verdad. No quería llorar, pero sus sentimientos comenzaron a volverse abrumadores, sintió sus ojos humedecerse de frustración.
"Bruno tenía razón"; pensó Mirabel apretando los ojos para no llorar "no me aprecian porque no tengo un don y no les sirvo para nada. Nunca voy a ser lo suficientemente buena a los ojos de la abuela, solo porque el milagro decidió no darme un don".
Sin pensarlo golpeó la puerta con su puño con todas sus fuerzas, ganándose solamente una mano enrojecida. Frustrada al no poder hacer nada para salvar al milagro, nada para ayudar y que tendría que contentarse con esperar encerrada en su habitación, Mirabel se deslizó hacia el suelo, abrazando sus rodillas tan pronto como se sentó.
Una voz se escuchó del otro lado de la puerta.
-Mira, estoy segura de que tu abuela lo hace por tu bien, para que la gente del pueblo no te ataque otra vez- dijo Julieta.
"Por mi bien", repitió la chica mentalmente "como si la abuela considerara eso".
-Sí, claro- dijo Mirabel con voz quebrada.
-Tu abuela se preocupó mucho cuando dijiste que te habían atacado… y cuando mencionaste a María- dijo su madre.
Eso le recordó a Mirabel la extraña reacción de su familia cuando había mencionado a esa mujer: su expresión cuando la escuchó decir el nombre de Bruno, su consejo de no decir nada al respecto de él y la reacción de su abuela y de su madre al escuchar que estuvo con ella.
-María no fue más que amable conmigo, e incluso me defendió cuando comenzaron a atacarme por culpa de la chismosa de la señora Guzmán. ¿Cuál es su problema con ella?- preguntó Mirabel.
Escuchó un suspiro de Julieta.
-Hace como unos veinte años, Bruno conoció a María y comenzó a salir con ella- dijo Julieta en voz baja, que Mirabel apenas podía escuchar. La muchacha presionó el oído contra la puerta para escucharla- pasaban tanto tiempo juntos que él comenzó a descuidar su trabajo y la abuela lo notó. Cuando los confrontó, María defendió a Bruno y le dijo que podía negarse a usar su don si lo deseaba, decía que las visiones estaban teniendo consecuencias en su salud. Fue la primera vez que Bruno se atrevió a pelear con mamá, algo de lo que ella culpó a María. Eso hizo que tu abuela se diera cuenta de que María podía ser peligrosa para el milagro-
-¿Por qué sería peligrosa?- dijo Mirabel frunciendo el entrecejo, cada vez más molesta- si solo quería que tío Bruno estuviera bien-
Julieta hizo una pausa, como si el hecho que lo llamara "tío Bruno" la sorprendiera.
-Eso creímos, que solo se estaba preocupando por él- dijo Julieta- pero después tu abuela la encontró besando a otro hombre, así que insistió en que Bruno rompiera con ella. Bruno se resistió por poco más de un año antes de por fin hacerle caso y dejó de verla. Para que no se arrepintiera, mamá habló con los padres de María y ayudó a arreglar su matrimonio con ese otro hombre-
"Con razón ese hombre dijo que a María no le agrada mi familia"; pensó Mirabel recordando el incidente en el que María la había rescatado. También pensó en lo que dijo Bruno sobre que la abuela "termina dictando lo que puedes hacer o no, con quien te debes casar y controlando tu vida". La abuela le había impedido estar con la mujer a la que seguramente amaba, a juzgar por lo mucho que se había resistido en dejarla y por eso no se casó nunca.
-Si tratabas de convencerme que la abuela hace las cosas por mi bien, será mejor que no sigas perdiendo el tiempo- dijo Mirabel.
Escuchó a su madre suspirar resignada y sus pasos alejándose de su puerta. Mientras tanto, Mirabel miró por la ventana frunciendo el entrecejo y apretando los puños. Bruno tenía razón en todo, porque ella misma estaba comenzando a desear robar la vela y apagarla con sus propias manos.
x-x-x
Cueva de Bruno
Al mismo tiempo
Bruno había visto aliviado a María rescatar a Mirabel de la gente del pueblo que había comenzado a atacarla. Desafortunadamente, él ya había previsto que eso podría llegar a suceder, pero había elegido bien el sitio para dejarla.
Sabía que siempre podía confiar en que María haría lo correcto.
No era para él un secreto que su ex odiaba a toda su familia por lo que Alma le había hecho todos esos años atrás. Sabía bien que su madre había conspirado con Pablo Fernandez para que besara a María en contra de su voluntad delante de varios testigos en una ocasión y poder usar esa excusa para separarlos. Cuando no funcionó, Alma había buscado a la familia de María para forzarla a casarse con Pablo.
"Todo es mi culpa", dijo Bruno mientras que entraba a su cueva, aún pensando en ello "si tan solo hubiera sido más fuerte para detenerlo cuando tuve la oportunidad"
FLASHBACK
Habitación de Bruno
Veinte años antes
Bruno caminaba en círculos nerviosamente en la entrada de su habitación. La presión de su madre estaba comenzando a tener estragos en él, pero no quería… no iba a renunciar a María. Ella era la primera persona que conocía que lo hacía sentirse realmente valorado por quien realmente era, no por su don o lo que pudieran conseguir de él. Quien lo defendía cuando algún aldeano lo acusaba de ser un monstruo…
Ya había escuchado el rumor de que habían visto a María besando a Pablo, pero Bruno confiaba en ella cuando le dijo que la había acorralado y la había besado antes de que supiera que estaba pasando. ¡Si ella hasta se había fracturado la muñeca golpeándolo después, y había tenido que ser curada por Julieta! Aún así, su madre seguía demandándole que rompiera con ella.
Esa maraña una de sus ratas que utilizaba para poder comunicarse con ella le había llevado una nota de María diciéndole que era urgente que hablaran, y esa era la razón por la que estaba caminando en círculos: estaba preocupado de qué podía ser lo que quería discutir.
Finalmente María entró a su habitación y cerró la puerta tras de sí con una expresión asustada como nunca la había visto. Su rostro estaba pálido y su labio inferior temblaba. Corrió hacia Bruno tan pronto como cerró la puerta de su habitación y lo abrazó con fuerzas como si su vida dependiera de ello.
-¿M…María? Mi vida, estás temblando…- dijo Bruno asustado al abrazarla. Ella apoyó su frente en el pecho de él sin decir nada por unos momentos, como si estuviera tomando el valor de hablar.
-Bruno… mis padres… ellos me van a obligar a casarme con Pablo Fernandez en dos días- dijo María sin soltarlo- y sospecho que tu madre tuvo algo que ver con esto-
Al escuchar eso, Bruno sintió como si su corazón se rompiera. María iba a ser forzara a casarse con otro, a pesar de que ellos dos se amaban. ¡No podía permitirlo! No dejaría que ese rufián ni nadie más le quitara a la mujer que amaba. ¡Pelearía con él de ser necesario! Pero no atinó sino a abrazarla con fuerza.
-No… no puede ser. No puedes…- dijo Bruno.
-Tenemos que hacer algo antes de que eso suceda y sea demasiado tarde- dijo María tomando nerviosamente las manos de él- Bruno, casémonos esta misma noche, sin que nadie lo sepa para que no puedan detenernos…-
Bruno tembló al escuchar la solución que ella tenía en mente. Claro que amaba a María y claro que quería casarse con ella, pero si hacía las cosas así enfurecería a su madre. Ya había sido bastante desafiante al negarse a dejarla, pero si llegaba a la mesa la siguiente mañana y anunciaba que se había casado con María sin avisarles, Alma seguramente lo expulsaría de la casa, y él no quería perder a su familia. Tampoco quería perder a María. ¿Qué era lo que debía hacer?
-Yo… María, no podemos hacer eso. Eso hará que nos expulsen de nuestras familias, y posiblemente del Encanto- dijo Bruno- además, el padre Flores nunca accederá a casarnos, nunca hará nada en contra de los deseos de mamá, además de que me odia desde que le dije que se quedaría calvo-
-Entonces huyamos juntos del Encanto- insistió María apretando sus manos mientras hablaba, cada vez más desesperada- Bruno, no podemos quedarnos sin hacer nada. Yo te amo, y quiero pensar que me amas también…-
-Yo también te amo pero… no podemos hacer eso. Lo siento, María- dijo Bruno cabizbajo. Estaba dispuesto a pelear contra todo el mundo, menos contra su madre- tiene que haber otra solución que no nos separe de nuestras familias. No puedo…-
-Bruno…- dijo ella palideciendo aún más.
-Lo siento- dijo él sin aliento.
Por la expresión de María, Bruno supo inmediatamente que le había roto el corazón con su negativa. La vio tragar saliva y levantar los ojos llenos de lágrimas hacia él con su expresión desolada que se volvió una furiosa.
-Bruno, ¿en serio no estás dispuesto a pelear por…?- dijo María con voz quebrada antes de interrumpirse y agregar frotándose los ojos- bien, ya veo que tu madre te tiene bien controlado. Será como quieres, pero un día no muy lejano te arrepentirás de haber sido tan cobarde. Adiós, Bruno-
Con esas palabras, Bruno vio a María dar la vuelta y desaparecer tras la puerta de su habitación, dejándolo solo con sus pensamientos. En la siguiente hora, al menos diez veces Bruno estuvo a punto de salir corriendo detrás de ella para pedirle que le diera otra oportunidad de seguir con su plan pero nunca se movió de su sitio, tan asustado estaba de su madre que no se atrevió a contradecirla.
Desafortunadamente para él, María había tenido razón todo ese tiempo. Dos días después de esa conversación, Bruno y su familia fueron invitados a la boda y a pesar de que no deseaba asistir, Alma lo obligó a hacerlo. Al ver a María aceptar la mano de ese Pablo Fernandez con una expresión ausente y derrotada en su rostro, con toda la luz y la alegría habiendo desaparecido de sus hermosos ojos, Bruno supo inmediatamente que había cometido un error al no haber luchado por ella.
FIN DEL FLASHBACK
Abrumado por ese horrible recuerdo de María casándose con otro, Bruno se frotó los ojos y se abrazó a sí mismo. ¡Si tan solo hubiera tenido a María a su lado desde entonces! Pero no, los dos habían sufrido mucho por culpa de su cobardía.
De pronto sintió el familiar dolor de cabeza que le indicaba que la visión que llevaba días tratando de suprimir quería entrar a su mente. Gruñendo en voz alta, Bruno trató nuevamente de suprimirla, pero pensó que no podría soportar de nuevo el dolor de la cabeza que lo acompañaba, así que caminó a una sección de su cueva donde tenía un poco de arena de su habitación y dejó la que visión llegara.
-Bien, enséñame qué es lo que quieres…-
Vio nuevamente la casa rompiéndose y la vela apagándose, y a Mirabel delante de ella, tal y como lo había visto hacía todos esos años cuando intentó robarse a su sobrina. Mientras Bruno miraba con atención la visión cambió. Ahora vio a Mirabel con la vela en la mano y sus brazos extendidos junto frente a él, como si estuviera ofreciéndole la vela.
-Eso ya lo sé- gruñó Bruno- ¿es todo?-
Pero la visión volvió a cambiar, ahora vió a Mirabel llorando en el suelo junto a la puerta de su habitación, abrazando sus rodillas, golpeando la puerta como si estuviera encerrada. Después vio Alma y Mirabel enfrascadas en una discusión, y vio a la mujer mayor levantar la mano para golpearla.
"¡No!", pensó Bruno frunciendo el entrecejo "mamá no se atrevería a golpear a Mirabel". ¿O sí? Bruno ya no estaba tan seguro.
-No puedo dejar las cosas así- dijo Bruno poniéndose de pie- tengo que hacer algo-
Frunciendo el entrecejo, se puso su ruana verde, puso un par de ratas en su hombro y se apresuró a salir de su cueva. Quizá era hora de regresar a casa.
x-x-x
Casa Madrigal
Poco después
Camilo miró de reojo la habitación de Mirabel. Sabía que la abuela estaba actuando extraño, pues esa orden de prácticamente encerrar a su prima en su habitación le había parecido algo muy extremo incluso para ella.
-¿Por qué la abuela odia tanto a Mirabel?- le había preguntado Camilo a su mamá.
-No seas ridículo, Camilo, no la odia- dijo Pepa distraídamente- estoy segura de que lo hace por su bien. Si llega a romper la magia como dice la visión, todo el pueblo la odiará y estará en peligro-
El muchacho no se había creído para nada esa explicación. Mirabel no había hecho nada que mereciera odio, y estaba seguro que, a pesar de que ella no se beneficiaría, lo que hacía era para tratar de salvar el milagro y no romperlo.
Decidido a no dejar las cosas así, Camilo tomó algunos bocadillos de la cocina, salió de la casita y miró la fachada.
-Casita, ayúdame a subir al cuarto de Mira- dijo Camilo. La casita no se movió, como diciéndole que no sabía si debía hacer lo que él quería- vamos, abuela te dijo que no la dejaras salir, no que impidieras que alguien más entrara-
Al parecer su lógica funcionó y la casita sacó algunos ladrillos para que Camilo pudiera trepar la fachada hacia el cuarto de Mirabel. Con un rápido "gracias"; el chico trepó y entró por la ventana, encontrando a su prima sentada en el el suelo con su espalda contra la puerta. Mirabel levantó la vista al escucharlo entrar, pero no se levantó.
-Hey, Mira- dijo Camilo caminando hacia ella- te traje algo de comer-
-No tengo hambre- dijo ella escondiendo de nuevo su rostro entre sus brazos.
Camilo suspiró y se sentó a su lado. No sabía cómo podía animarla, así que solo la abrazó sin decir nada, apoyando su cabeza en el hombro de ella.
-Ugh, tu cabello me pica la nariz- dijo él.
-Pfff… eso es tu culpa- dijo Mirabel con una expresión que pretendía se molesta, pero dejando escapar una risita.
Feliz por haberla hecho sonreír, Camilo sonrió también e iba a decir algo cuando vio una rata acercarse a ellos. Sabiendo lo mucho que le asustaban a su prima, el muchacho trató de espantarla.
-Shuuuu, vete- dijo Camilo, pero la rata seguía intentando acercarse a ellos. Se levantó y tomó la escoba que estaba detrás de la puerta- eh… Mira, no te asustes, pero hay una rata, será mejor que te subas a la cama mientras la mato-
Pero Mirabel levantó la cabeza de golpe y miró a la rata.
-No, espera- dijo ella extendiendo su mano en el suelo. La rata se acercó a ella y le entregó el trozo de papel que llevaba en el hocico. Mirabel la tomó y la desdobló, era a una nota que constaba de cuatro palabras escritas con la letra que no reconoció, pero ella sabía que solo una persona enviaba mensajes con ratas.
Mira por la ventana.
Camilo vio que Mirabel se levantó de golpe y corrió a la ventana. Él la siguió y miró también, solo para casi caer de espaldas al ver que se trataba nada menos que de Bruno Madrigal, quien estaba de pie detrás de una de las palmas de cera que creían muy cerca de casita, cubierto por su ruana verde y la capucha de la misma.
-Pero si él es…- comenzó a decir Camilo asustado, pero Mirabel saltó hacia él tan rápido como pudo para cubrir su boca y sacudió la cabeza. El muchacho tardó unos segundos en entender la reacción de su prima hasta que cayó en cuenta de que era porque Dolores seguramente estaría escuchando todo lo que conversaran.
Mirabel lo soltó poniendo un dedo sobre sus labios y le dio la espalda para sacar algo de su armario. La vio tomar un papel y lápiz, y apoyarse en la orilla de la ventana para escribir.
Todo está bien, confío en él.
Camilo alzó las cejas al leer eso. Mirabel había vuelto a asomarse a la ventana y estaba haciendo algunas señas a Bruno. No sabía cómo su prima lo conocía o porqué confiaría en él, pero era evidente que Mirabel quería salir de su encierro y hablar con él.
¿Debía confiar en el criterio de su prima? No estaba seguro, pero definitivamente no podía confiar en el criterio de la abuela después de lo que había presenciado horas antes. Decidió que iba a ayudar a Mirabel, pero la mantendría vigilada para asegurarse de que no se hubiera equivocado al confiar en Bruno.
Y para eso, Camilo ya tenía un plan, solo faltaba que su don siguiera funcionando.
El muchacho cerró los ojos y se concentró. Aunque su don estaba comenzando a fallar, tenía que hacerlo, tenía que engañar no solo a la familia, sino a casita también, y eso no era muy fácil. Respiró hondo e hizo su intento: la transformación salió perfecta.
Al ver a su primo transformado en una versión idéntica a ella misma, Mirabel se alarmó, seguramente adivinando lo que su primo quería hacer.
-No, Camilo, no es…- comenzó a decir, pero esta vez fue el turno de Camilo de cubrir su boca para que no hablara de más y su hermana los escuchara. Si iba a ayudarla, tenían que coordinarlo muy bien y Dolores no debía escuchar nada. Le guiñó el ojo y tomó el papel y lápiz que ella había usado antes.
Recuerda que Dolores está escuchando. Tengo una idea para que puedas ir a hablar con él, solo di lo que voy a escribir.
Mirabel alzó las cejas mientras que veía a su primo escribir y asintió. Camilo soltó su boca y siguió escribiendo.
-Vamos, anímate, Mira- dijo Camilo en voz alta, aún escribiendo. Terminó y le pasó el papel- si quieres, podemos jugar a las cartas como cuando éramos pequeños-
-Ya no tenemos cinco años. Será mejor que te vayas, Camilo- dijo Mirabel leyendo lo que su primo había escrito.
-Hey, no tienes que ser tan enojona. Yo solo quería que ayudarte, pero si te vas a poner así mejor me voy- dijo Camilo.
-No necesito tu ayuda- dijo Mirabel en el tono más convincente que pudo- así que vete por donde llegaste-
-Ugh, está bien, amargada- dijo él- por eso nadie te aguanta-
Una vez que Camilo terminó de hablar, entre ambos ataron las sábanas de la habitación y las usaron para que Mirabel bajara por la ventana. Camilo, aún con la apariencia de su prima, sonrió travieso al verla correr hacia donde Bruno estaba escondido.
x-x-x
Al mismo tiempo
Con una sonrisa agradecida hacia su primo, Mirabel salió de casita por la ventana y corrió hacia donde Bruno se había estado escondiendo. No sabía que era lo que había hecho que su reservado tío saliera de su cueva y se arriesgara a acercarse tanto a casita, pero debía ser algo grave.
"¿Pero qué estaba pensando, viniendo aquí?", pensó ella preocupada.
Rápidamente llegó a donde estaban esas palmas de cera cerca que casita y se detuvo frente a su tío, quien inmediatamente tomó su rostro entre sus manos y entrecerró los ojos como si estuviera examinándolo.
-Julieta no te ha curado- siseó Bruno en un tono enfadado. Había algo extraño en su apariencia, pero Mirabel no podía decir exactamente qué era. Tenía una expresión preocupada pero no era eso lo que notaba diferente.
-Intentó hacerlo tan pronto como regresé a casa, pero su don no funcionó- dijo Mirabel en voz baja- ¿qué estás haciendo aquí? Si llegan a encontrarte…-
-Todavía tengo unos segundos para lo que tengo que decirte- dijo Bruno, finalmente soltando su rostro. Y fue entonces cuando Mirabel cayó en cuenta de lo que le había parecido extraño en el rostro de él: que los ojos de su tío no brillaban de color verde como las últimas dos veces que lo había visto.
-Tuviste una visión…- dijo ella.
-Te vi a ti. Estabas en el suelo de tu cuarto llorando- dijo Bruno asintiendo seriamente- y vi a tu abuela a punto de golpearte-
-Sí estaba en mi habitación, pero eso no ha pasado- dijo Mirabel poniendo una mano en el hombro de él- no te preocupes-
Vio la preocupación en el rostro de Bruno comenzar a desaparecer y relajarse, pero volvió a fruncir el entrecejo con una expresión decidida.
-Bien, eso significa que aún estoy a tiempo para impedir que ese futuro ocurra- dijo Bruno visiblemente aliviado antes de tomar la mano de Mirabel y tirar de ella- vamos-
-¿A dónde…?- dijo Mirabel confundida.
-No puedo quedarme cruzado de brazos mientras que ella te sigue lastimando aquí y nadie te ayuda- dijo él tirando de su mano- vienes conmigo-
-No, tío, no puedo hacer eso- dijo ella deteniéndose al escuchar eso, sacudiendo la cabeza y tratando de soltarse de él- tengo que salvar el milagro primero-
Bruno parpadeó boquiabierto sin soltarla, como si no pudiera creer lo que su sobrina le acababa de decir. Por fin pareció salir de su sorpresa.
-Las ratas me dijeron que tu abuela te encerró en tu habitación y que nadie te defendió, ni siquiera tus padres- dijo Bruno frunció el entrecejo- ¿y todavía quieres quedarte a salvar un milagro que solo les sirve a ellos?-
Mirabel dudó unos segundos. Claro que estaba furiosa con lo que había pasado, pero sabía lo difícil que era para los trillizos o para el resto de la familia resistirse a las órdenes de la abuela. Ella misma tenía dificultades para ello, pero habían comenzado a hacerlo. Su madre logró detener el interrogatorio de la abuela para intentar curarla primero, Camilo la ayudó a escaparse por la ventana de su habitación, su padre trató de esconder la visión para que no se metiera en problemas. Todos ellos querían ayudarle aunque no confrontaran directamente a la abuela.
-Es como tú lo dijiste antes, que no podías enfrentarte a mi abuela- le dijo Mirabel- mamá también tiene ese problema, aunque quiera hacerlo-
Bruno se mordió el labio y estuvo a punto de soltar su brazo cuando los dos escucharon una voz detrás de ellos.
-¡Ahí está!-
Cuando se dieron cuenta, los dos estaban rodeados por varias personas del pueblo llevando palos y otras herramientas, acompañados por la abuela, Isabela y Dolores. También identificó en la multitud a Francisco, quien llevaba su bastón de pastor y parecía estar genuinamente preocupado por ella. Mirabel se sintió inmediatamente terrible por haber olvidado que Dolores los escuchaba y no haber hablado con él a las afueras del Encanto, a donde su poder no alcanzaba a llegar.
Vio a Bruno soltar su brazo y empujarla detrás de él mientras que volvía a encender sus ojos de color verde brillante en un intento de asustar a los otros. Algunos de los hombres que habían llegado perdieron su valor y se fueron corriendo, desafortunadamente la mayoría permaneció ahí aunque ninguno se atrevió a acercarse más a ella.
-Isabela, haz lo que acordamos- dijo la abuela. Mirabel vio a su hermana asentir y largas vainas aparecieron del suelo bajo sus pies, atando a las manos de Bruno sobre su espalda y sus brazos contra su torso.
-Ugh…- gruñó Bruno tratando en vano de soltarse. Mirabel vio a algunas de sus ratas escaparon de su ruana y desaparecieron entre la hierba.
-No…- exclamó Mirabel cubriéndose la boca con las manos, pero nadie le prestó atención, todos estaban mirando el intercambio entre Bruno y la abuela, quienes parecían mirarse con verdadero odio.
-Por fin muestras tu cara, Bruno- dijo la abuela mostrándole una expresión furiosa que Mirabel reconoció muy bien- creí que te ibas a mantener toda la vida escondido como una rata después de lo que hiciste-
-No podía seguir escondiéndome si tú sigues lastimando a Mirabel y al resto de la familia- dijo Bruno apretando los dientes.
-¿Qué?- dijo Francisco sorprendido, sus ojos sobre la muchacha. Algunos aldeanos se miraron entre sí ante esa extraña declaración.
-¡Ya nos cansamos de tus mentiras, Bruno!- dijo la abuela ignorando la pregunta de Francisco- te llevaremos a casita mientras que el consejo del pueblo se reúne y decide que debemos hacer contigo. Fuimos demasiado blandos contigo cuando trataste de secuestrar a Mirabel la primera vez hace diez años, pero que lo volvieras a intentar…-
-¡No estaba tratando de secuestrarme, abuela!- dijo Mirabel en voz alta mientras dos personas del pueblo por fin se acercaron a Bruno con la intención de arrastrarlo a la casita- ¡no, déjenlo! Él solo estaba tratando de protegerme-
-Pfff, tonterías- dijo la abuela, y agregó en voz alta cuando la gente comenzó a dudar- esta niña solo dice tonterías por el trauma que acaba de…-
-¡No es cierto!¡Abuela, tío Bruno solo estaba tratando de protegerme! Estaba preocupado por mí- dijo Mirabel tratando de detener a las dos personas que comenzaron a arrastrar a Bruno hacia casita- por favor, tienes que escuchar…-
-¡Por una vez en cierra la boca, Mirabel!- le dijo la abuela en un tono tan agresivo que la chica se calló por un momento asustada, sacudiendo la cabeza. No reaccionó hasta que uno de los hombres del pueblo la tomó de los brazos, levantándola unos centímetros del suelo, y comenzó a llevarla hacia la casita también.
-¡No!¡Suéltenme!- gritó Mirabel forcejeando para soltarse de ellos- por favor, Bruno no hizo nada malo…-
Por fin aquello hizo que Francisco reaccionara y se dirigiera hacia ese hombre, dándole un empujón para que liberara a Mirabel.
-¡Quítale las manos de encima!- exclamó el muchacho. La abuela gruñó molesta y se volvió hacia ellos.
-No quería que llegara a esto pero…- dijo la abuela asintiendo- Isabela…-
La aludida asintió y uso su poder de nuevo para atar a Mirabel y Francisco de la misma manera que había hecho a Bruno. El hombre que había sido empujado por el muchacho tomó nuevamente a Mirabel para arrastrarla hacia la casita y pateó a Francisco en las costillas antes de dejarlo ahí.
-¡No!¡Mirabel!- exclamó Francisco.
Cuando el muchacho por fin se pudo soltar, era demasiado tarde y Mirabel ya había sido llevada a casita. El muchacho se puso de pie y corrió hacia ella, pero sus puertas no se abrieron para él.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Como ven, a la abuela se le fue la olla. No es que sea malvada, sino que genuinamente cree que Bruno tiene malas intenciones y que Mirabel no sabe lo que dice, ya que la ha visto ser muy errática en los últimos días, desapareciendo sin decir a donde iba. Ya verán cómo sigue todo esto. Muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews. Abrazos.
Abby L.
