Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA
CAPÍTULO 8
Habitación de Bruno
Poco después
Bruno no estaba nada feliz y parecía que podría fulminar con la mirada a quien se le cruzara enfrente. Había arruinado su misión de poner a salvo a Mirabel y solo le había causado más problemas, además de que había sido humillado al arrastrarlo de esa manera por el pueblo hacia la casita.
Bajo sus órdenes había sido llevado a su antigua habitación y atado a la enorme mano que apuntaba hacia arriba en la entrada de su habitación. Los hombres del pueblo lo habían dejado junto ahí y agregaron cuerdas, tan terrorífico le parecía. Una vez que hicieron eso, los hombres se retiraron (bastante rápidamente, por cierto) y habían cerrado la puerta tras de sí, pero ahora Bruno estaba siendo enfrentado por su madre.
-Bien, ahora me vas a explicar porqué quisiste robarte a Mirabel hace diez años, y qué quieres hacer con ella ahora- dijo la abuela cruzando los brazos.
El hombre la miró con ojos entrecerrados. Había sufrido tanto por su culpa y en su ausencia había hecho sufrir a Mirabel. No sabía cómo se atrevía a mencionar el incidente como si se preocupara por ella.
-No tengo nada que hablar contigo- escupió Bruno.
-Si no quieres que te expulsemos del Encanto, esta vez para siempre, deberías comenzar a hablar y darnos explciaciones- lo amenazó Alma. Bruno dejó escapar una risa sin humor: sabía que esa era una amenaza vacía.
-Ja, me gustaría que eso fuera factible pero sé que es casi imposible salir del Encanto. Créeme, lo he intentado- dijo Bruno frunciendo el entrecejo- si tú sabes cómo sacarme de este lugar maldito, deberías hacerlo inmediatamente, pero si lo haces me llevaré a Mirabel conmigo. No dejaré que sigas haciéndole daño y despreciándola por no tener poderes-
Vio a Alma entrecerrar los ojos.
-¿De eso se trata todo esto?¿Crees que estás protegiéndola, separándola de su familia?¿Le vas a decir a Julieta que la vas a separar de ella?-
-¿De una familia que la desprecia, que la hace sentir que no es valorada y que no la defiende de ti?- dijo Bruno sin mediar sus palabras- estaría mucho mejor lejos de todos ustedes, como yo lo he estado desde que estoy lejos de tus maquinaciones. Si Julieta la defendiera de ti, nada de esto hubiera pasado-
La abuela parecía molesta al escuchar eso, pero él sabía que no creía ni una palabra de lo que había dicho.
-Mirabel no irá a ningún lado- dijo Alma en un tono final- y tú tampoco hasta que el pueblo decida que hacer contigo-
La abuela le dio la espalda con una expresión furiosa y cerró la puerta tras de sí. Bruno sonrió tan pronto como lo dejaron solo al ver a las ratas acercarse a él y comenzar a roer las vainas con las que Isabela lo había atado, así como las cuerdas con las que los pobladores le habían atado a la mano de piedra. No tenía ninguna intención de quedarse ahí a escuchar los discursos engreídos de su madre.
Respiró hondo con paciencia mientras las ratas hacían su trabajo, recordando la razón por la que había estado ahí y lo habían podido atrapar. Decidió que haría un último intento de convencer a Mirabel de huir con él antes de que su visión se hiciera realidad.
x-x-x
Fuera de casita
Al mismo tiempo
Francisco se llevó las manos a la cabeza preocupado. Ahora se arrepentía de haber ayudado a la señora Alma a atrapar a Bruno, porque ni en sus más oscuras pesadillas se le había ocurrido que la mujer mayor tratara así a Mirabel y que no la escuchara cuando decía que Bruno era inocente.
¿Sería eso cierto, o Mirabel realmente estaba confundida?
Como fuera, estaba preocupado por ella por esa extraña manera en la que su abuela la había tratado y no podía regresar a casa hasta que estuviera tranquilo sabiendo que Mirabel estaba bien. Al ver que las puertas de casita no se abrirían por más que llamaba, Francisco apoyó la espalda en la pared y respiró hondo. Tenía que encontrar otra manera de entrar.
-Por favor déjame entrar… solo quiero asegurarme de que Mirabel esté bien- dijo el muchacho, sintiéndose un poco tonto de estar hablando con un edificio.
Cerró los ojos. ¡Qué estúpido había sido!
Francisco había sido amigo de Camilo desde que eran niños a pesar de ser un par de años mayor que él, pero desde hacía un año que había notado lo linda que era Mirabel y había quedado flechado al verla todos los días estar dispuesta a ayudar incluso sin tener un don.
¡Debió haberle dicho cómo se sentía de inmediato! Pero al no saber cómo acercarse a ella o de qué hablar con un miembro de la familia Madrigal, Francisco se había enfocado a hacerle preguntas sobre su familia, lo que Mirabel había interpretado que estaba interesado en su hermana y no en ella.
Eso era ridículo, Mirabel era la única chica en su corazón. ¿Pero cómo iba a decirle ahora que estaba encerrada en casita? Ese era el problema.
Tan pronto como se había decidido de confesarle la verdad había comenzado todo ese drama en el que se la había encontrado a la mitad de la noche corriendo hacia casita, y después de eso con la amenaza de que ella iba a destruir la magia, luego el rumor de que había desaparecido a la mitad de la noche y ahora esto.
-Ssssss…-
El corazón de Francisco dio un horrible vuelco tan pronto como sintió algo rodeando su cintura, y trató de separarse de la pared al ver con horror que lo que había sentido era una enorme boa constrictor.
-AAAAHH- exclamó él tratando de alejarse, pero la boa lo atrapó y comenzó a subirlo a la ventana que se encontraba justo sobre la puerta principal. Una vez que la boa lo subió, vio sorprendido que estaba en la habitación de niños, la cual tenía una maquina de coser y dos armarios. Sabía que esa era la habitación de Mirabel, pero ella no estaba ahí.
En el centro de la habitación estaba Antonio con una expresión alarmada, acompañado de un jaguar, un tucán y la boa que lo había subido a la habitación.
-Eh… yo…- comenzó a decir apenado.
-Shhh- dijo Antonio en un susurro- necesito tu ayuda para ayudar a Mirabel a escaparse de Isabela-
Francisco alzó las cejas, pero no desaprovecharía esa oportunidad.
x-x-x
Habitación de Isabela
Al mismo tiempo
Mirabel no estaba mejor que Bruno en la habitación de Isabela. Camilo había sido regañado por la abuela por haberla ayudado a escaparse de su habitación, y Mirabel incluso había visto a su tía Pepa sacando a su primo de una oreja de su habitación y estaba siendo vigilado por ella para que no se metiera en más problemas. Después de ello, la abuela había pedido a Isabela que vigile a Mirabel para que no ayude a Bruno a escaparse.
Aparentemente la solución de su hermana a sus intentos de escaparse a ayudar a su tío había sido atraparla en las vainas dentro de su habitación, igual que como había hecho a Bruno, pero la había dejado colgando del techo.
Mirabel no estaba nada feliz dentro de ese capullo de vainas, pero no estaba dispuesta a quedarse quieta y hacer las cosas fáciles para Isabela. Al principio su hermana parecía que estaba disfrutando la situación, pero pronto se arrepintió de haber aceptado vigilarla. La muchacha no planeaba hacer las cosas fáciles a su hermana mayor
-¡DEJAME SALIIIIIIIR!- gritó Mirabel por enésima vez, balanceándose en las vainas que la ataban, haciendo que se columpiara de un lado al otro- ¡ . !-
-Ugh, ¿quieres callarte, Mirabel?- gruñó Isabela tapándose los oídos, comenzando a fastidiarse por la resistencia de su hermana menor- estos gritos son una tortura-
-¡No hasta que me dejes ir!- dijo la muchacha con una expresión obstinada. Si ella la pasaba mal, se aseguraría de que Isabela la pasara peor- ¡ISAAAAAAAA!-
-¡BASTA!- grito Isabela también, estando a punto de perder la paciencia- ¡llevas una hora gritando! ¡Me duele la cabeza!-
-¡BÁJAME DE UNA VEZ! ¡ISAAAAAAAAAAAA!- dijo Mirabel peleando desesperada con las vainas, pero solo logrando enredarse más- ¡bájame, princesa presumida y egoísta!-
Mirabel no tenía idea del enojo que iba a causar en su hermana mayor, pero la vio volverse hacia ella con una expresión como si la hubiera abofeteado. Bajó a Mirabel tan bruscamente a nivel de sus ojos, que la muchacha gritó asustada.
-Wooooaaaaa…-
-¿EGOÍSTA YO?- gritó ella- ¡he tenido que ser perfecta toda mi vida, y tú no has hecho más que ECHAR TODO A PERDER!-
-Nada se echó a perder- respondió Mirabel frunciendo el entrecejo- todavía puedes casarte con ese gran pedazo de tonto-
-¡Nunca quise casarme con él!- gritó Isabela de regreso- ¡SOLO LO ESTABA HACIENDO POR LA FAMILIA!-
Tras esa declaración, Isabela se cubrió la boca sin poder creer lo que había dicho y varios cactus aparecieron en el suelo de su habitación. Mirabel la miró boquiabierta, pues no se había imaginado que su hermana estuviera a punto de casarse con alguien que no amaba.
-Isa, no… no tienes que hacer eso solo por la familia- dijo Mirabel un poco preocupada. Nuevamente lo que Bruno había dicho aparecía frente a sus ojos: su abuela decidiendo quien se tenía que casar con quién.
-¡Tengo qué! Es lo que la abuela quiere… que es lo mejor para la familia- dijo Isabela, sus ojos llenándose de lágrimas y las vainas que ataban a Mirabel se debilitaron. A pesar de que quería liberarse, no quería hacer sentir mal a su hermana para ello.
-Pero, ¿qué hay de lo que tú quieres?- dijo ella con preocupación.
Isabela cayó de rodillas y comenzó a llorar, haciendo que las vainas finalmente se rompieran, liberando por fin a Mirabel y ésta pudo ponerse de pie de nuevo sobre el suelo. A pesar de lo que le había hecho, la muchacha abrazó a su hermana.
-Hey, no tienes que hacer nada si no lo quieres- dijo Mirabel consolándola y frotando su espalda- apuesto a que eso está haciendo que la magia se debilite. El milagro sucedió para que estuviéramos seguros y felices. Y tú no lo estás siendo tan perfecta-
Isabela se volvió a su hermana.
-¿Eso significa que…?- comenzó a decir antes de poner una mano en el suelo. Una enorme palma de cera apareció bajo los pies de ambas, Mirabel tuvo que sostenerse de Isabela para no caerse. Cientos de cactus, jacarandas y otras plantas aparecieron en su habitación y por toda la casa.
-Todo esto es hermoso, aunque no sea perfecto. Deberías hacerlo más seguido- dijo Mirabel. Al escuchar eso, Isabela la abrazó dándole un fuerte apretón, cosa que la hizo sonreír.
-Gracias- dijo Isabela.
-Escucha, Isa. Abuela está cometiendo un terrible error con tío Bruno. Él solo trataba de protegerme de la abuela- dijo Mirabel- por favor, tienes que dejarme ir-
-¿Estás segura de eso?- preguntó la mayor.
-Sí, estoy segura. Confío en él- dijo Mirabel.
Isabela la miró y finalmente asintió. Al ver eso, Mirabel se lo agradeció y corrió hacia la puerta pensando en buscar a su tío Bruno para liberarlo y sacarlo de ahí. Tan pronto como se acercaba a la salida, la puerta de la habitación de Isabela se abrió y Mirabel chocó con alguien más, cayendo de espaldas con los ojos cerrados y llevándose consigo a la persona con la que había chocado.
Cuando abrió los ojos, Mirabel se encontró a unos centímetros del rostro sonrojado de Francisco.
-D…Debemos dejar de encontrarnos así- dijo Francisco en un susurro, aludiendo a la última vez que se había encontrado con ella y habían chocado. Mirabel lo miró extrañada mientras que él se ponía de pie y le ofrecía la mano.
-Gracias- dijo ella, preguntándose extrañada qué hacía dentro de casita y porqué se sonrojaba al verla, pero finalmente Mirabel aceptó su mano y se puso de pie. Vio a Antonio detrás de Francisco- ¿qué haces aquí?-
-Vine… yo…-
-Vino a ayudarme a sacarte de aquí- dijo Antonio al ver lo nervioso que estaba el muchacho- pero parece que ya lo solucionaste-
-Sí… ¡no!- exclamó Mirabel- ¡tenemos que ayudar a tío Bruno! Él está atrapado por mi culpa…-
Y diciendo esto, la muchacha salió de la habitación de Isabela dejándolos atrás y corrió hacia la torre de Bruno, pero nada la preparó para lo que se encontró en el techo bajo la ventana de la habitación de la abuela.
Para su sorpresa Bruno estaba de pie sobre las tejas, sosteniendo la vela mágica en sus manos, sus ojos de color verde brillando mientras miraba la cálida luz.
-No…- dijo Mirabel abriendo los ojos desmesuradamente.
-Ahí estás, mariposita- dijo Bruno con una sonrisa que le dio escalofríos a Mirabel a pesar de que estaba segura de su inocencia. Su tío se sentó en la orilla del techo, aún sosteniendo la vela en sus manos- parece que ya no voy a necesitar tu ayuda en conseguir esto-
La muchacha sintió un horrible vuelco. ¡Su tío iba a apagar la vela y destruir el milagro!
-No, no tienes que hacer eso, tío- dijo Mirabel asustada- no puedes destruir la magia que protege a todas las personas del Encanto-
-Tch tch… ¿crees que eso me importan esas personas?- dijo Bruno extendiendo su mano con toda la intención de soltar la vela y dejarla caer hacia el suelo. El corazón de Mirabel estuvo a punto de romperse al ver que su tío la había traicionado.
-Por favor, no hagas eso- dijo ella en tono de suplica, sintiéndose llena de impotencia antes de agregar- ¡si lo haces, no te lo voy a perdonar!-
Bruno borró su sonrisa al escuchar eso y no se movió mas que para mirar alternadamente la vela y a su sobrina. Finalmente dejó escapar un suspiro resignado y se levantó para trepar de regreso a la ventana, dejando la vela con cuidado en su sitio y bajando al segundo piso donde estaba Mirabel.
-Ya devolví esa estúpida vela, ¿ya estás feliz?- dijo Bruno en un tono fastidiado.
Como respuesta, Mirabel sonrió y lo abrazó por la cintura. Sintiéndose extrañado por eso, Bruno solo le dio unas palmaditas en la cabeza antes de finalmente abrazarla.
-Gracias, tío- dijo ella en un susurro.
-Ya, ya, no es para tanto- dijo Bruno separándose despacio de ella. Cuando lo hizo finalmente, Bruno tomó su mano y la miró a los ojos- ¿estás segura que te quieres quedar aquí después de lo que te dije? Aún no ha ocurrido lo que te dije que pasaría-
-Lo sé, pero no me puedo ir hasta que arregle lo que le sucede al milagro- sonrió Mirabel con una expresión llena de seguridad- pero creo que ya sé qué es lo que está causando el problema. ¿Viste que la vela está brillando más?-
Bruno sonrió sinceramente por primera vez, algo que le pareció muy extraño a Mirabel, y le dio un apretón en la mano.
-Sé que lograrás lo que te propongas, Mirabel. Eres la persona más terca que conozco- le dijo Bruno con una mirada cariñosa hacia ella, pero recordó las circunstancias en las que estaba ahí y borró su sonrisa- será mejor que me vaya antes que…-
-¡MIRABEL!- exclamó la abuela desde la parte inferior de la casita haciéndolos dar un salto.
Como reflejo, Mirabel empujó a Bruno detrás de una maceta para Alma no viera que su tío había podido escaparse de donde lo habían dejado. Pidiéndole con la mirada que no se moviera y haciendo una señal a Antonio de que escondiera a Francisco, la muchacha bajó al piso inferior para confrontar a su abuela.
-Abuela, todo está bien- dijo Mirabel emocionada- todo está bien, vamos a salvar el milagro, ¡ya sé cómo!-
-¿De qué estás hablando?- dijo la abuela señalando todas las plantas que Isabela había creado en su emoción, las cuales le daba un estilo extraño a casita- ¡mira nuestro hogar!¡Mira a tu hermana!-
La muchacha se dio cuenta de que Isabela estaba también en el pequeño patio de casita.
-Está bien, porque Isabela no estaba feliz y…-
-¡Claro que no estaba feliz!¡Tú arruinaste su propuesta!- la interrumpió la mujer mayor.
-No, ella necesitaba que la arruinara!- dijo Mirabel emocionada- ¡y luego comenzó a hacer todo esto de las plantas y la vela comenzó brillar más!¡Vamos a salvar la magia!-
-¡Tienes que detenerte, Mirabel!- exclamó la abuela. Ella la miró asustada por su reacción- ¡las grietas empezaron contigo!¡Bruno trató de llevarte porque se dio cuenta de que tú ibas a destruir la magia!¡Luisa está perdiendo su don, Isabela está fuera de control por tu culpa, Camilo se está comportando peor que nunca por tu culpa! ¡No sé porqué no obtuviste un don, pero no es una excusa para que dañes a tu familia!-
Mirabel quedó helada por un momento al escuchar eso, pero pronto salió de su sorpresa y frunció el entrecejo.
-Primero que nada, yo no he hecho nada más que tratar de ayudar a salvar el milagro, ¡no dañar a la familia!- escupió Mirabel con lágrimas de enojo en sus ojos- Bruno tenía razón, nunca seré lo suficientemente buena para ti, ¿verdad? Nadie nunca será lo suficientemente bueno para ti. Bruno no ha hecho más que protegerme, pero tú nunca escuchas. Él fue quien me salvó esa noche que me perdí en la montaña. Él no me robó por lo que vio en esa visión, ¡me robó para tratar de protegerme de ti!-
-¡NO TE ATREVAS A…!- comenzó a decir Alma levantando la mano. Tan pronto como vieron eso, Agustín y Julieta se interpusieron entre la abuela y Mirabel.
-¡MAMÁ!- exclamaron Julieta, Pepa y Bruno al mismo tiempo al ver que estaba a punto de golpear a Mirabel. Cuando las dos mujeres vieron a su hermano también en la casita abrieron los ojos desmesuradamente.
-¿Bruno?- dijo Julieta cubriéndose la boca con las manos al ver a su hermano ahí. El aludido cruzó el patio y también intentó empujar a Mirabel detrás de él para protegerla de su madre, pero ella los detuvo a los tres y siguió confrontando a su abuela. Bruno no dijo nada, pero puso las manos en los hombros de su sobrina sin dejar de mirar molesto a su madre.
-No lo entiendes, ¿verdad?- dijo Mirabel- ¡yo amo a mi familia, todos nosotros amamos a nuestra familia! Tú eres a la que no le importa…-
-NO VUELVAS A…-
-¡EL MILAGRO ESTÁ MURIENDO POR TU CULPA!- finalizó Mirabel con la voz quebrada.
Alma aún estaba frunciendo el entrecejo cuando Mirabel dijo eso, pero finalmente cayó en cuenta de lo que su nieta la estaba diciendo y abrió la boca sorprendida. No solo eso, sino que una horrible grieta apareció en el suelo y comenzó a subir por la pared hacia donde estaba la vela, rompiendo el marco de la ventana y tirándola a un lado.
-¡No…!- exclamó Mirabel al ver eso. Se soltó de Bruno y comenzó a correr- ¡casita, ayúdame a subir!-
La casa desprendió uno de los barandales y la ayudó a subir al techo donde Bruno había estado anteriormente para intentar rescatar la vela antes de que se apagara. Vio de reojo a Camilo y a Isabela tratar de hacer lo mismo, corriendo para tratar de alcanzarla.
-¡No, Mirabel!¡Regresa!- escuchó exclamar a Bruno tan pronto como comenzó a trepar, pero ella lo ignoró. ¡Tenía que salvar el milagro, no podía fallar!
-¡La casa está a punto de derrumbarse!- gritó Félix- ¡salgan todos!-
Escuchó un grito a su lado. Isabela había perdido sus poderes y había caído al suelo. Camilo se transformó en un hombre alto y trató de alcanzar el techo, pero su poder falló en el último momento y también cayó. Francisco no lo intentó, sino que solo tomó a Antonio en sus brazos y se echó a correr a la salida para ponerlo a salvo antes de intentar regresar a ayudarla, pero casita no lo dejó entrar de nuevo al comenzar a evacuar a todos los que estaban en el patio. Ahora solo dependía de ella.
"Puedo hacerlo, puedo hacerlo…" se repitió mentalmente mientras escuchaba los gritos de su familia pidiéndole que bajara. Trató de ignorar el ruido de las grietas formándose a su alrededor y concentrarse en lo que tenía que hacer: recuperar esa vela.
Por fin llegó al techo y trató de alcanzar la vela pero Mirabel era demasiado pequeña, a pesar de ponerse de puntitas apenas podía tocarla con la punta de sus dedos.
-Ugh…- se quejó, y sintió que las tejas de su casita la ayudaron para alcanzar la vela. Cerró sus manos alrededor de ella y vio con alivio que aún estaba encendida, aunque parecía estarse consumiendo. La protegió con su mano libre para que no se apagara.
Estaba pensando en como bajar de ahí cuando vio con horror que la torre a su lado comenzaba a derrumbarse. Tragó saliva sin poder moverse, pero la casita lo hizo por ella: las tejas se levantaron para hacerla bajar y una rampa de madera se creó para que se deslizara hacia el suelo como un resbaladero hasta que llegó al suelo. Aún así, la casa estaba colapsando sobre ella y Mirabel no hizo más que proteger la vela con su cuerpo y cubrirse la cabeza con su mano libre. Apretó los ojos y esperó lo peor.
-¡MIRABEL!- escuchó varias voces gritándole preocupadas.
Sintió algo blando y pesado caer sobre ella antes de que la casa se derrumbara. El chocar de los escombros en el suelo la hizo estremecerse, pero no sintió ningún dolor.
El ruido cesó y Mirabel siguió apretando los ojos sin atreverse a abrirlos. Sentía una presión en su tórax; trató de moverse pero estaba inmovilizada bajo los escombros. Cuando por fin se atrevió a abrir los ojos se dio cuenta de que el cristal de sus gafas estaba roto, pero lo poco que pudo ver fue que estaba atrapada entre escombros y rocas a su alrededor. La vela seguía en su mano pero no podía ver si aún estaba encendida después de todo eso. Comenzó a respirar agitadamente.
-Hey- dijo una voz en su oído- todo está bien, no te muevas-
-¿Tío Bruno?- dijo ella con voz asustada.
-Sí, aquí estoy- respondió él. Había algo en su voz que no estaba bien- no te muevas, espera a que nos ayuden a salir de aquí. ¿Estás herida?-
-No…-
Mirabel volvió a cerrar los ojos. Estaba muy asustada al estar atrapada debajo de los escombros, pero también tenía miedo de que la vela se hubiera apagado. Hizo el esfuerzo por doblar su cuello para mirar hacia abajo, lo suficiente para ver que la luz de la vela menguaba y se apagaba delante de sus ojos.
-No…- dijo ella con voz quebrada al perder la esperanza de arreglar el milagro, sabiendo que toda su familia perdería sus dones- no, no, no…-
-Shhh… todo está bien- dijo Bruno tratando de calmarla. Había algo extraño en su voz, pero Mirabel estaba demasiado afligida para notarlo- puedo escuchar que están moviendo los escombros, pronto nos liberarán de aquí…-
-Pero… la vela se apago…- dijo Mirabel con voz quebrada.
Hubo un breve silencio antes de que Bruno hablara.
x-x-x
Al mismo tiempo
Bruno no lo había pensado dos veces. Era obvio que Mirabel no iba a lograr salir de la casita antes de que se derrumbara, así que hizo lo único que pudo para protegerla, como llevaba haciendo todo ese tiempo, así que se lanzó sobre ella y dejó que la casa le cayera encima.
Afortunadamente la casita alcanzó a protegerlos, moviendo algunos muebles para formar una cubierta sobre ellos. Mientras el escombro caía sobre ellos, Bruno sintió un agudo dolor en su antebrazo izquierdo y un crujido que lo hizo gruñir. ¡Maldita sea! Conocía ese dolor, una vez cuando era joven y se había quebrado una pierna, así se sintió antes de que Julieta lo curara.
"No importa, solo que ella esté a salvo", pensó para sí mismo.
Los escombros dejaron de caer y el ruido terminó. Sus ojos le lloraban por el dolor y el polvo, pero un gemido asustado debajo de él hizo que su mente se olvidara por un momento de eso y trató de calmar a su sobrina.
-Hey. Todo está bien, no te muevas-
-¿Tío Bruno?- la escuchó decir muy asustada. ¿O acaso estaba herida? Se dio cuenta de que comenzó a moverse y su antebrazo protestó.
-Aquí estoy. No te muevas, espera a que nos ayuden. ¿Estás herida?-
-No-
Bruno respiró aliviado, al menos había valido la pena y su sobrina estaba a salvo. Seguía escuchándola respirar agitadamente, pero tenía la esperanza de que se tranquilizara.
-No…- la escuchó decir de pronto- no, no, no…-
-Shhh… todo está bien- dijo Bruno apretando los dientes. Cada movimiento de Mirabel o de su familia tratando de mover los escombros sobre ellos le causaba un horrible dolor en su brazo roto- puedo escuchar que están moviendo los escombros, pronto nos liberarán de aquí…-
-Pero… la vela se apago…- escuchó decir a Mirabel con voz quebrada.
Bruno tenía sentimientos encontrados sobre ello. Por un lado era un alivio saber que ya no tendría esas horribles visiones que hacían que la gente lo odiara o que le partieran la cabeza, pero por otro lado sabía lo mucho que su sobrina se había esforzado por salvar el milagro. Seguro se sentiría terrible.
-Lo siento tanto, mariposita- Mirabel dejó escapar un sollozo, pero Bruno volvió a hablar- lo importante es que no estás lastimada. Y al parecer nadie más de tu familia-
No sabía que otra cosa podía decir para hacerla sentir mejor, iba a ser difícil debajo del escombro y con lo que quedaba de la vela que ésta sobreviviera encendida. Y pensar que hacía unos momentos ella había hecho lo imposible, lo había convencido de desistir en su misión de apagar la vela, todo para que pasara eso.
Y sus sollozos lo estaban matando.
Por fin la familia logró liberarlos de los escombros. Apretando los dientes y deteniendo su antebrazo quebrado, Bruno se levantó de sobre su sobrina y como pudo logró sentarse en el suelo. Sus ojos no dejaban a Mirabel, quien se incorporó sentada también con lágrimas en los ojos y una expresión ausente mientras que Julieta la examinaba para ver si estaba herida. Vio a ese muchacho Francisco acercarse también a Mirabel para ver si estaba bien. La muchacha los ignoró y seguía sollozando en silencio con la mirada perdida.
Estuvo a punto de acercarse de nuevo a su sobrina para consolarla, pero Pepa se puso en cuclillas junto a él para ver si estaba herido, aunque Bruno no estaba sintiéndose generoso con su familia.
-Ugh, déjame en paz, mujer- gruñó él.
-Bruno, grandísimo idiota- dijo su hermana sacudiendo sus hombros y su cabello para quitarle el polvo de encima. Bruno siseó y apretó los dientes cuando Pepa tocó su antebrazo roto y fue cuando ella lo notó- ¡tu brazo!-
-Estoy bien, déjame en paz, Pepa…- gruñó él soltándose de Pepa. Aún no perdonaba a su familia y odiaba que se preocuparan por él- ouch, ¿quieres dejar de hacer eso?-
-Tienes el brazo roto, ¿por qué no lo dijiste antes?- dijo Pepa sacudiéndole el cabello de una manera que se sintió más como un zape antes de levantar la mirada- ¡Julieta! Te necesitamos aquí-
-No es necesario…- trató de protestar, pero su otra hermana ya se había levantado para dirigirse hacia él.
-Voy. No te muevas, Mirabel, regreso contigo en un momento- dijo Julieta dejando a su hija por un momento y volviéndose hacia su hermano con una cajita de primeros auxilios que la gente del pueblo les había llevado.
-Eh tú- exclamó Pepa llamando a Francisco- ayúdanos a traer un poco de agua limpia para que estos dos se quiten el polvo de la cara-
El muchacho obedeció y se apresuró a buscar algo de agua.
Algunos curiosos se habían acercado, pero la mayoría de las personas estaban ahí para ayudar a la familia a moverlos escombros y recuperar las pertenencias de todos. Vio a una muchacha bajita acercándose a Camilo y dándole un abrazo. Algunos aldeanos estaban alarmados de la presencia de Bruno y murmuraban entre sí. A él no le importaba mientras que Mirabel (y su familia, pero no lo admitiría en voz alta) estuvieran a salvo.
-Gracias, Bruno. Por salvar a mi niña… por todo lo que has hecho por ella- dijo Julieta en voz baja mientras tomaba su mano para inmovilizar su antebrazo.
-No lo hice por ustedes- dijo él entre dientes.
-Lo sé, pero como quiera te lo agradezco. Lamento… lamento tanto todo…- dijo ella con lágrimas en los ojos mientras que trabajaba. Bruno se relajó un poco y dejó que Julieta vendara su mano a regañadientes, lo haría solo para que Mirabel no se preocupara por él, la muy tonta seguramente se preocuparía.
-¿Bruno?-
Levantó la vista y vio a María llegar a las ruinas de casita llevando consigo una pala, pues había acudido a ayudar a la familia junto con el resto de las personas del pueblo, pero por su expresión era evidente que no se había esperado verlo ahí. La mujer soltó la pala y se llevó las manos a la boca.
-Em…-
Sintió un codazo en las costillas de parte de una de sus hermanas, haciendo que borrara su sonrisa.
-Vamos, di algo…- dijo Pepa.
-No te pongas muy familiar, Pepa, sigo enojado con ustedes- gruñó Bruno.
-Pfff… si Mirabel no te tiene miedo, no esperes que nosotros lo tengamos. Solo hazlo- dijo ella levantándose y alejándose de él.
Julieta estaba terminando de vendarlo cuando María corrió hacia él y saltó para abrazarlo, tirándolo al suelo hacia atrás junto con ella. Bruno volvió a apretar los dientes, pero no pudo evitar abrazarla también con su brazo sano.
-¡Con cuidado, María, está herido!- exclamó Julieta nada contenta por lo que vio, pero ni a María ni a Bruno les importó. Ella lo ayudó a incorporarse de nuevo sobre el suelo cuando por fin lo soltó.
-Lo siento- dijo ella.
-No lo sientas, lo disfruté- dijo Bruno sinceramente. Tomó una de sus manos con su mano sana- María, tengo que decírtelo antes de que otra cosa suceda: tenías razón, fui un cobarde y un idiota, debí haber peleado por ti, debí casarme contigo cuando tuve la oportunidad…-
María no dijo nada, solo le apartó un mechón de cabello del rostro. Iba a decir algo cuando ambos escucharon la voz preocupada de Julieta.
-¿Mirabel?¿Han visto a Mirabel?-
-Estaba aquí hace un minuto, yo la vi- dijo Camilo, quien estaba buscando cosas debajo de los escombros junto a Anita, antes de gritar- ¡Mira!-
Los dos miraron a donde la había dejado Julieta unos momentos antes, pero la muchacha ya no estaba ahí. Alarmado, Bruno trató de ponerse de pie y María lo ayudó a hacerlo. Toda la familia y la gente del pueblo dejó de tratar de encontrar las pertenencias de la familia debajo de los escombros y comenzó a buscar a Mirabel.
No había rastro de ella en los alrededores de lo que había sido la casita.
Al ver que su sobrina había desaparecido, Bruno se preocupó y se dispuso a seguir al resto de su familia cuando María tomó su brazo sano para detenerlo.
-Ven conmigo-
-María, tengo que buscar…-
-Lo sé, vamos a encontrarla- dijo ella seriamente. Bruno asintió y la siguió.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Como ven, las cosas se pusieron intensas y ahora Mirabel desapareció. Bruno y María se volvieron a encontrar después de todos esos años. Espero que les siga gustando la historia, muchas gracias por seguir leyendo. ¡Abrazos!
Abby L.
