Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA
CAPÍTULO 9
Arroyo fuera del encanto
La mañana siguiente
Mirabel podría apostar que estaba teniendo una pesadilla cuando vio a casita caer y ser destruída, además de que su tío había sido herido por su culpa, la había intentado salvar de los escombros.
La mirada de la abuela al ver la casa destruída y la vela apagada se quedó tatuada en su mente y no había podido quitarse la culpa. ¡Si ella había intentado proteger el milagro! Pero tal y como Bruno lo había profetizado, ella trajo la destrucción del milagro y había herido a toda su familia. Había visto la expresión descorazonada de Camilo al ver su casa en pedazos.
La joven no había podido soportarlo: huyó de su casa y del Encanto por la abertura en las montañas.
Horas más tarde, después de haber llorado toda la noche ella sola a la orilla del arrollo, la abuela la había encontrado. Mirabel se había apresurado a disculparse por lo que había dicho, culpándose por la caída de la casita y la destrucción de la magia, pero lo que pasó después hizo que la muchacha sintiera que estaba soñando. La expresión de su abuela, esa que había desaparecido desde el momento en el que ella no había obtenido su puerta a los cinco años, regresó después de que se disculpara con ella.
-Tú nunca has lastimado a nuestra familia, Mirabel. Todo lo malo que nos ha sucedido ha sido por mi culpa-
Después de todo lo que pasó, de que su abuela le explicó el trauma de su juventud y la razón de su miedo irracional que tenía de perder el milagro y por ende, su hogar, Mirabel se sentó con ella a decirle lo que ella pensaba que tenían que hacer para mejorar las cosas.
-Tenemos que cambiar las cosas, abuela- dijo Mirabel- Isabela no es feliz con su compromiso con Mariano, esa farsa tiene que terminar de inmediato. Además, ella es feliz creando otro tipo de plantas, debes dejar que desarrolle su creatividad. Y basta de dictar quien se casa con quien, como pasó con Bruno-
-Tienes razón. Es posible que me haya pasado con ellos- dijo la abuela bajando la cabeza- creí que estaba protegiendo a Bruno de una mujer que lo separaría de la familia que lo amaba, pero sé que fue un error, igual que lo de Isabela es un error-
La muchacha sonrió al escuchar eso, comenzando a creer que el arrepentimiento de la abuela era sincero.
-Y Luisa- continuó Mirabel- no puede seguir haciendo todos los quehaceres del pueblo. Hay que decirle a don Edgar que repare su corral de una vez por todas y deje de mandarla a recoger a sus burros cada vez que se le escapan. Ella ya está cargando demasiado. De ahora en delante para todos nosotros el bienestar de nuestra familia estará primero y el pueblo después-
-De acuerdo- dijo la abuela asintiendo. Mirabel continuó.
-Tía Pepa, debes dejar que exprese sus emociones. Un poco de lluvia y viento no ha hecho mal a nadie-
-Bien- dijo Alma a regañadientes. En ese punto no estaba muy de acuerdo, pero en el fondo sabía que su nieta tenía razón.
-Y finalmente está el asunto de tío Bruno- dijo Mirabel con convicción a pesar de la expresión que puso la abuela al escuchar el nombre de su hijo- tienes que dejarlo regresar a casa con nosotros si así lo desea-
Pudo ver a la abuela fruncir el entrecejo, seguramente porque no estaba nada contenta con la sugerencia de Mirabel, pero ésta no iba a quitar el dedo del renglón. Su tío regresaba a casa o ella no lo haría.
-Mirabel, estoy tratando de protegerte. Bruno trató de robarte cuando eras niña…-
-Lo hizo solamente porque no quería que sufriera lo que él pasó- le explicó Mirabel- Bruno sabía cómo ibas a reaccionar cuando supieras que no tenía un don o si llegabas a saber sobre esa visión que tuvo. Sé que su solución era la equivocada, pero su intención siempre había sido protegerme y lo viste cuando lo hizo al ver que los escombros iban a caer sobre mí-
La abuela no dijo nada y suspiró de nuevo al bajar los ojos. Vio que los ojos de su abuela comenzaron a humedecerse con genuina tristeza.
-Tengo mucho de qué disculparme contigo…- comenzó a decir.
-Ya lo hiciste, ahora faltan los demás incluyendo a Bruno- la interrumpió Mirabel tomando su mano con firmeza- regresemos a casa, sé que mis padres deben estar muy asustados y ya los preocupé lo suficiente-
Ambas comenzaron a caminar de regreso hacia el Encanto cuando un caballo apareció de pronto entre los árboles y se detuvo frente a ellas dos. En él estaba Bruno y María, el primero saltó tan pronto como el caballo se detuvo.
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Al mismo tiempo
Bruno estaba comenzando a preocuparse después de haber pasado toda la noche con María buscando a Mirabel, y su sobrina aún no había aparecido. María había traído su caballo y lo utilizaron para cubrir más terreno con más rapidez.
-Quizá salió del Encanto- observó María haciendo girar al caballo hacia la abertura que se había formado en las montañas que lo rodeaban con una expresión preocupada- debe sentirse derrotada por no haber podido salvar la magia-
Bruno pensaba lo mismo que ella, que en esos momentos la muchacha debía sentirse terrible por no haber logrado salvar el milagro después de todo lo que había hecho y de todos sus esfuerzos. Incluso él, que había querido destruir la magia en el pasado, hubiera preferido mil veces seguir viviendo con esa maldición a hacer que Mirabel se sintiera tan derrotada como la había visto antes de que desapareciera.
Ahora entendía que a pesar de que nadie se hubiera dado cuenta, su sobrina sí tenía un don: el de ver lo mejor en todas las personas, excepto en ella misma.
-Bruno, mira- dijo de pronto la voz de María lo sacó de sus pensamientos, levantó la mirada y vio a la mujer señalando hacia delante.
Cuando lo hizo, Bruno vio a Mirabel junto al río como si quisiera sacar sus pies del agua y con horror vio que la abuela Alma estaba con ella. Sin dejar que María pueda añadir nada más, Bruno le quitó las riendas de la mano y dirigió al caballo hacia las dos mujeres a toda prisa.
-¡Hey!- se quejó ella volviéndose hacia él, pero al ver la expresión del hombre no dijo nada más.
"No puedo dejar que mi madre la haga sentir peor"; pensó Bruno.
Un par de minutos después, Bruno detuvo el caballo frente a las dos mujeres antes de devolver las riendas a María y dio un salto hacia el suelo para dirigirse hacia ella.
-¡Ella no hizo nada, fui yo el que causó todo esto!- exclamó Bruno caminando hacia ellas con una expresión más terrorífica de lo que Mirabel la había visto, incluso sin los ojos brillantes- yo era el que quería que me trajera la vela para destruir la magia, pero ella solo quería salvarla. ¿Y sabes algo? ¡Ni tú ni nadie en la familia se merece a esa niña tonta!-
-Bruno…- comenzó a decir Mirabel, pero su tío continuó.
-¡No me importa lo que pienses de mí, pero si vas a…!-
-¡Bruno!- dijo Mirabel alzando la voz y tomando el brazo de su tío para que se tranquilizara. Era evidente que la adrenalina estaba hablando por él- está todo bien, ya hablamos y resolvimos todo-
-¿Qué?- parpadeó Bruno sin entender. Al parecer era una opción que no se le había ocurrido antes.
-Ya resolví mis diferencias con mi abuela y todo está bien- dijo Mirabel sin soltarlo, dando un paso hacia Alma y haciendo que su tío hiciera lo mismo- y de hecho, hay algo que ella quiere decirte, ¿verdad, abuelita?-
Bruno miró a Mirabel. Su sobrina los ojos hinchados y enrojecidos pero le sonreía, vio que la luz por fin había regresado a ellos después de haberla perdida durante el día anterior. Alma también tenía los ojos enrojecidos, su mirada estaba en el suelo y Bruno nunca había visto antes la expresión que tenía: parecía tener miedo de hablar con él.
Normalmente no escucharía nada de lo que su madre quisiera decirle, pero no podía negarse a lo que Mirabel le estaba pidiendo.
-Bruno, yo… tengo mucho de qué disculparme contigo- comenzó a decir Alma. Mirabel lo soltó y dio un paso atrás para darles un poco de espacio, y Alma tomó a Bruno por su mano sana- no había caído en cuenta de todo lo que todos te hemos hecho sufrir, comenzando por mí. En mi afán por mantener nuestro hogar seguro elegí a la gente en vez de a mi propio hijo, y ese es un error que quiero reparar… si es que no es demasiado tarde-
Levantó la mirada hacia María, quien había bajado del caballo y estaba junto a Mirabel, antes de volver su vista a Bruno.
-Lo que les hice a los dos, a María y a ti, fue imperdonable…- continuó la abuela- si me lo permites, quisiera pasar el resto de mi vida ganándome tu perdón. Quiero que sepas que… aunque no lo haya demostrado, para mí tú eres lo más importante, no un poder que tengas-
Bruno tragó saliva sin saber que responder. Nunca, ni en un millón de años había imaginado a su madre pidiéndole perdón por lo que había sufrido. Su sobrina podía hacer magia porque había logrado que su madre le pidiera perdón y dijera que se equivocó, algo que jamás había creído posible ni había visto que pasara en cincuenta años. Algo se movió en el interior de su pecho al ver a su madre tan quebrada y arrepentida que lo había dispuesto a ser generoso. Miró de reojo a María y a Mirabel, ambas estaban mirándolos con una sonrisa y la segunda con lágrimas en los ojos.
Soltó sus manos y se llevó la suya detrás de su cabeza.
-Está bien, mamá, te perdono- dijo Bruno en un gruñido bajo sin volverse a mirarla- vamos a…-
Pero no alcanzó a terminar su frase porque Alma lo abrazó volviendo a llorar. Bruno se sobresaltó, pero la abrazó también sintiendo sus hombros un poco más ligeros.
-Lo siento tanto, Brunito…-
Cuando finalmente se soltaron, Mirabel se acercó a Bruno y lo abrazó por la cintura con una sonrisa orgullosa. Su tío le dio unas palmaditas en la cabeza como respuesta.
-Ya, ya, no es para tanto- dijo Bruno con una sonrisa cariñosa- pero será mejor que regreses, toda tu familia te está buscando, están muy preocupados-
Mirabel asintió con una sonrisa.
-Adelántense ustedes- les dijo María poniendo las riendas en la mano de Mirabel con una sonrisa- nosotros los seguimos-
-Pero tío Bruno está lastimado, no podemos dejarlo atrás- protestó Mirabel. Bruno le dio un empujón con su mano sana.
-Apresúrate, tus papás estaban muy preocupados cuando los dejamos- dijo Bruno guiñándole un ojo- nosotros regresaremos a pie-
Eso finalmente convenció a la muchacha de subir al caballo y Alma subió detrás de ella, dirigiéndose de regreso al Encanto y donde estaban los escombros de lo que había sido la casita. Al verlas alejarse, Bruno tomó la mano de María con su mano sana y le dio un leve apretón.
-Tú y yo tenemos muchas cosas de qué hablar- dijo en voz baja.
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Casa Madrigal
Meses después
Los siguientes días habían sido un sueño para Mirabel. Tan pronto como regresó con la abuela, sus padres se habían apresurado a ella para abrazarla aliviados de que nada malo le hubiera pasado.
-Mi pequeñita- dijo Agustín, él fue quien le dio el abrazo más prolongado sin querer soltarla- creí que te habíamos perdido…-
-Estoy bien, papá- le dijo Mirabel abrazándolo de regreso. Julieta también la abrazó con cariño y alivio.
-Estaba tan preocupada, mi vida, no podíamos encontrarte- le dijo a su hija.
Después de todos los reencuentros, la abuela se había disculpado con todos los miembros de la familia por la manera en la que los había tratado y presionado durante los años. También introdujo a Bruno de nuevo en la familia, explicándoles lo que había pasado en realidad. Todos tomaron turnos disculpándose con él, algo que él aceptó sin pensarlo mucho porque sabía lo que todos creían de él, que había tratado de robar a Mirabel con malas intenciones.
No solo su familia abrazó a Mirabel tan pronto como llegó, sino que Francisco regresó de haberla buscado toda la noche al agua que toda su familia. El muchacho la miró con enormes ojos y una expresión aliviada, y se apresuró a abrazarla aliviado. La muchacha se sobresaltó cuando eso sucedió y sus mejillas se encendieron de color rojo. Cuando Francisco le dijo que la dejaría para que ella y su familia descanse, se despidió de ella besando el dorso de su mano.
-Oh…- dijo Mirabel tan pronto como vio a Francisco dirigirse a su casa, seguramente para descansar. Sus ojos se abrieron aún más al caer en cuenta de lo que significaba lo que había pasado- OH…-
La reacción de Mirabel al darse cuenta de los sentimientos de Francisco hizo que toda su familia se echara a reír tan pronto como el muchacho se fue.
-Felicidades, Mira, fuiste la última en darte cuenta- se burló Camilo.
Todos en su familia (y en el Encanto) estaban muy agotados por haberla buscado toda la noche, además de que estaban preocupados por no tener donde vivir y ninguna otra ropa más que lo que llevaban puesto el día anterior antes de que la casita se derrumbara. El padre José les ofreció la iglesia para que durmieran esa noche y la gente del pueblo les llevó mantas y artículos de higiene personal. La familia había aceptado ese refugio temporal y se durmieron casi de inmediato, aunque Mirabel tuvo que dormir en medio de sus padres a pesar de sus protestas.
El único miembro de la familia que no se quedó en la iglesia con ellos fue Bruno, quien les dijo que tenía mucho que ponerse al corriente con María, pero que los vería al día siguiente por la mañana.
Al día siguiente, la familia regresó a las ruinas de la casita para comenzar a ver la reconstrucción. Para sorpresa de todos, todo el pueblo salió de sus casas y comenzaron a ayudar a rehacer todo lo que se había perdido.
El pueblo se puso manos a la obra junto a la familia, pero aún había algunas personas que se alarmaban al ver a Bruno de regreso con ellos. Cada vez que alguien le hacía caras o miraban mal a Bruno se ganaba la furia de alguna de sus hermanas o sobrinos, y nadie daba más miedo que Pepa enojada.
La segunda noche que se quedaron a dormir en la iglesia, Mirabel prácticamente arrastró a toda su familia a una reunión e hizo que Bruno se quedara para hablar. Logró convencer a Luisa, Isabela y el resto de la familia que hablara sobre todo lo que lo hacía sentir mal. Sus hermanas relataron lo que ya habían hablado con Mirabel sobre sus problemas; animados por ellos Dolores, Camilo y Pepa hablaron de sus problemas también.
Cuando llegó al turno de Bruno, éste no dijo nada y Mirabel tuvo que comenzar por él, tocando el tema de la gente culpándolo de lo que había visto en sus visiones, de la familia dejándolo solo cuando era amenazado y sobre todo el asunto con María. La abuela volvió a disculparse con él y con toda la familia por sus errores.
Después de esa plática, todos los Madrigal se sintieron más ligeros, y fue la primera vez que Bruno se quedó a pasar la noche con el resto de la familia, aunque se mantuvo un poco separado del resto.
La tercera noche Mirabel convenció a los trillizos que se reunieran a hablar por separado, así que el resto de la familia se puso a jugar cartas mientras que los tres hermanos tenían su pequeña reunión. Cuando se dieron cuenta, Julieta estaba dormida donde había estado sentada, con Bruno dormido con la cabeza en su regazo y Pepa en el abdomen de su hermano, así que decidieron dejarlos así por esa noche y solo los cubrieron con mantas.
Bruno tardó un par de semanas en realmente integrarse a la familia, pero finalmente volver a sonreír sinceramente. La primera vez que lo hizo fue cuando una de sus ratas asustó a Isabela al aparecer frente a ella una mañana, haciendo que la chica se enredara con su manta y cayera sobre Agustín, algo que lo hizo reír como al resto de la familia. Desde entonces, Mirabel y Antonio eran quienes solían comenzar la conversación con Bruno para que la familia conversara con él. Después de ellos, Camilo se unió haciendo bromas a su tío, lo que hizo que los demás se unieran aunque sea para que el muchacho dejara de molestarlo.
Durante los siguientes días, la familia se dividió para dormir en varias casas del Encanto porque no podían seguir durmiendo en la Iglesia. Isabela y Dolores en la señora Pezmuerto, Mirabel y Luisa en casa de Anita y Cecilia, Camilo y Antonio en casa de Francisco (cosa que el mayor aprovechó para molestar al pretendiente de su prima), la abuela en casa de los Guzmán y finalmente las parejas en casa de Osvaldo y de la señora Ozma. Bruno se quedó en casa de María, algo que no los sorprendió en lo más mínimo.
Mirabel también ayudó a su hermana mayor a romper con Mariano y guió a éste hacia Dolores, quien secretamente estaba enamorada de él.
Por fin algunos meses después terminaron de reconstruir la casita con varias habitaciones extras para que Mirabel tuviera su propia habitación, además de otras para invitados o en caso de que la familia creciera en el futuro.
Cuando por fin terminaron la construcción, todo el pueblo se reunió para inaugurar la casita recién reconstruida.
-Creo que el honor de colocar la última pieza de nuestra nueva casa debe ser de Mirabel- anunció la abuela cuando se le presentó el pomo de la puerta- ella fue la que logró reunirnos a todos-
Mirabel se quedó boquiabierta al escuchar eso y al ver a la abuela poner el pomo en sus manos mientras que todos asentían de acuerdo.
-Y… yo…- balbuceó ella mirando a su familia sin poder creer que se le haya dado ese papel.
-Vamos, Mirabel- dijo Bruno empujándola ligeramente hacia la puerta y haciendo una señal a Antonio para que tomara su brazo- no te hagas del rogar-
Con una sonrisa y los ánimos de su familia y de todas las personas del Encanto, Mirabel caminó hacia la puerta y colocó el pomo en su sitio. Para su sorpresa, el pomo comenzó a brillar tan pronto como hizo eso, y su brillo se extendió del pomo al resto de la puerta, y después se extendió al resto de la casita.
-Wow…- dijo Mirabel dando un paso atrás sin aliento, exclamación que hizo eco en el resto de la gente del Encanto. La casita comenzó a moverse como antes, saludándolos e invitándoles a pasar.
Lo primero que vieron fue el jaguar de Antonio regresar y dejar que el niño lo acaricie y lo monte, el resto de su familia recuperando sus poderes: Isabela produciendo las flores que le gustaban y Luisa levantando cosas pesadas de nuevo.
Pero lo primero que Mirabel pensó fue en su familia tenía su milagro de vuelta, pero esa palabra la hizo recordar a su tío que había referido lo mucho que odiaba su don. Se volvió preocupada hacia Bruno.
-Tío Bruno, lo siento mucho- dijo ella con una expresión mortificada que sorprendió a todos, comenzando con él. Como respuesta, su tío le dio palmaditas en su cabeza con su mano sana.
-No seas ridícula, mariposita- le dijo Bruno rodando los ojos al ver su reacción, quien estaba de pie de la mano de María- tú fuiste quien me convenció de renunciar a mi idea de destruir la magia. Ahora déjanos entrar a la casa-
Mirabel tomó el brazo de su tío y entró con él a la casita, seguida del resto de su familia y de algunas de las personas que los habían ayudado.
Casita era igual a la que existía en el pasado, pero la muchacha notó que no solo la puerta era diferente, sino el arco sobre la misma y algunos detalles de mariposa estaban repartidos por todas las paredes y en algunas partes del las puertas de la parte inferior de casita.
Aún estaba admirado esto cuando notó a Francisco mirándola de reojo y volviéndose a otro lado y sonrojándose. Sintió un empujón.
-Vamos, ve a hablar con él- le dijo Isabela. Mirabel se sonrojó al escuchar eso, pero frunció el entrecejo y se dirigió hacia el sitio donde estaba el muchacho.
-Eh… hola, Mirabel- le dijo Francisco con una sonrisa un poco nerviosa al verla frunciendo el entrecejo- escucha, lamento haberte abrazado así el otro día, es que había estado muy preocupado y…-
-Esta bien- dijo ella con una leve sonrisa. El muchacho respiró aliviado y sonrió.
-No había tenido la oportunidad de decírtelo antes, a pesar de que he querido hacerlo antes- dijo él jugando con sus manos- pero quiero que sepas… que yo… quizá confundiste mis intenciones porque soy medio tonto para expresar mis sentimientos pero tú… tú eres…- Francisco respiró hondo antes de continuar- estoy enamorado de ti, Mirabel-
La muchacha sonrió al verlo inclinarse hacia ella para besar su mejilla, pero Mirabel puso sus manos en sus hombros para ponerse de puntillas y darle un rápido beso en los labios, lo que los hizo sonreír sonrojados.
Toda la familia sonrió al ver eso, comenzando por sus dos hermanas. Camilo dio un grito de "Ya era hora" antes de que Dolores le diera un zape, aunque nadie supo si fue por haber gritado o por lo que dijo.
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Poco después
Tras celebrar con todo el pueblo que la magia regresó al Encanto, la familia pidió un poco de privacidad y se dirigieron al segundo piso para conocer sus nuevas habitaciones. Las puertas estaban brillando como antes de sus ceremonias.
Cada uno entró a sus nuevas habitaciones encontrándolas muy parecidas a las anteriores, solo en una disposición diferente. La habitación de la abuela ahora estaba en el sitio donde era el cuarto de niños y ahora era de un solo piso. Cada uno de los miembros de la familia tuvo que buscar la suya con las iniciales en el pomo de la puerta, encontrando una habitación similar a la que tenían antes de que se extinguiera la magia.
La única excepción fue Bruno, cuya habitación ya no estaba en una torre por separado, sino junto a la de Julieta. Su interior también era diferente era mucho más pequeño y acogedor que la torre con arena. Había una cueva de visiones con una entrada discreta, una sala de estar con un radio y una televisión a colores, un sofá nuevo y bastante cómodo con un taburete para subir los pies, además de construcciones de madera para sus ratas. También tenía una alcoba separada más privada con una cama lo bastante grande para dos personas. Detrás de la televisión había un atajo hacia la cocina para que pudiera ir y venir sin ser visto si había algún evento al que el pueblo asistiría.
-Tu cuarto nuevo está genial, tío- dijo Mirabel. Su habitación había sido examinada por ella y por Antonio, quien llevaba a una de sus ratas en la mano.
-Tío Bruno, te olvidaste a Mariana- dijo Antonio entregándole la rata a su tío- no está muy contenta-
-Ummm… voy a tener que compensarla- dijo Bruno guiñándole el ojo.
-Estoy seguro de que a tía María le encantará vivir aquí- comentó Camilo con una sonrisa traviesa, ganándose una risita de parte de su hermano y de Mirabel, su tío solamente rodó los ojos ante ese comentario.
Finalmente llegaron a la última habitación, que Mirabel supuso que sería la suya por la M en el pomo. No lo diría en voz alta, pero tenía mucho miedo de que fuera a desaparecer de nuevo como había hecho todos esos años antes. Sus padres y la abuela se veían nerviosos y seguramente estaban pensando lo mismo, pero Bruno tenía una sonrisa segura y traviesa, como supiera algo que ella no.
Animada por la expresión de Bruno, Mirabel puso su mano en el pomo de la puerta con los ojos cerrados, pero una exclamación de sorpresa de parte de su familia la hizo dar un respingo y abrirlos.
Y ahí estaba delante de sus ojos, la puerta. ¡Su puerta! Tenía su silueta, igual que la de la puerta de la entrada de casita, pero en sus manos tenía la vela mágica. Con sorpresa se dio cuenta de que su habitación ahora estaba donde antes estaba la de la abuela.
-Wooooow- dijo Camilo con emoción- ¡la habitación de Mira!¡Abre la puerta, quiero ver!-
Mirabel se volvió hacia atrás para ver a sus hermanas y primos esperando emocionados a que abriera la puerta, y los mayores también, aunque eran un poco más hábiles en esconder su emoción, así que decidió complacerlos. Giró el pomo y empujó la puerta.
Una colectiva exclamación de admiración de todos los presentes se escuchó tan pronto como Mirabel abrió la puerta. En su interior había una hermosa habitación de dos pisos como había sido la de la abuela. El primer piso tenía una sala de estar, una máquina de coser nueva, una caja con hilos de todos los colores que Mirabel podía imaginar y un armario que era más grande por dentro que por fuera, con cientos de telas de todos los tipos y colores en su interior. En el segundo piso había una cama grande, un ropero mucho más grande que el que tenía antes y un hermoso peinador.
Tal vez no era tan grande como el de Isabela o de Antonio, pero Mirabel se sintió feliz de por fin tener una habitación para ella sola.
-Ya era hora- comentó ella en voz baja con una sonrisa.
-¿Y cuál es tu don, Mirabel?- preguntó Antonio.
-El mismo que ya tenía antes de todo esto- dijo Bruno y, al ver la expresión confundida de los demás- ella fue quien unió a esta familia-
-Por supuesto- dijo Agustín con orgullo- mi hija no necesita ninguna magia para ser extraordinaria-
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FIN
¡Hola a todos! Espero que les haya gustado esta historia. Sé que algunos se decepcionarán porque lo de la abuela fue parecido a la película, pero no podía ser diferente, Mirabel terminaría perdonando a la abuela y Bruno se reconciliaría con ella, aunque fuera solo por hacer feliz a su sobrina.
Muchas gracias por haber leído y llegado hasta aquí. Abrazos.
Abby L.
