Bueno, posiblemente este será el único fanfic que haga sobre Hunter x Hunter sobre Gyro, el personaje del que no sabemos nada sobre su paradero, pero que me fascino cuando narraron su historia. En fin, disfruten la lectura (aunque es un poco corta, igual espero que les agrade).

Disclaimer

Todos los derechos de localizaciones y personajes pertenecientes al universo de Hunter x Hunter son propiedad de Yoshihiro Togashi. La historia de este fanfic, sin embargo, si es de mi propiedad.


Nuevo rey se alza

Todo estaba perdido. Perdido como este mundo me hizo saber cuándo solo era un pequeño luego de matar a mi padre. El cadáver de él, regado por toda la sala después de sus típicas borracheras es uno de mis mejores recuerdos (sino el mejor). Saber que mis manos podían provocar esta destrucción a quien yo consideraba un dios me demostraba que nadie estaría lejos de mi alcance. Todos los que alguna vez me golpearon o me menospreciaron por mi lamentable estatus social sufrirían, pero todo a su debido tiempo. En ese momento solo tomé lo poco de valor que ocultaba mi padre de mí, escondiéndolo entre sus cosas. Siempre había para su alcohol y placeres, pero yo tenía que sufrir con alimentos precarios de mierda. Sin embargo, he de admitir que sin este dinero oculto mis posibilidades de comprar el material para subsistir fuera de toda esta mugre.

Lejos de esa vida de trabajo impuesto por mi progenitor, rápidamente me di cuenta lo versado que era para la química. Con un aprendizaje aquí y allá, esto me llevó poco a poco cerca de los drogadictos cuyas vidas ya eran una mierda antes de conocerme, suplicando más mientras la droga que hice los destruía lentamente haciéndoles creer que llegaban en un estado de éxtasis (pobres diablos). Su aspecto demacrado, las pupilas dilatadas y sus dedos retorciéndose eran mi droga adictiva. Como conejillos de indias fue fácil. Droga gratis, cual sea atrae a buena clientela que no tienen ni para comprarse un mísero vaso de agua.

Lo había logrado. Años de intentos, más intentos, más intentos. Dieron sus frutos como arboles en épocas de cosechas. Después de eso, la fundación de NGL fue más fácil de lo que pensé. Un país al borde del colapso económico salvado por mí, reeducando a sus habitantes poco instruidos en las letras convirtiéndolos en comunidades casi tan arcaicas, lejos de toda tecnología "venenosa" para el alma. Tomar el control y, sin que ellos lo supieran, ser parte del país que envenenaba a otros era un placer que disfrutaba desde mi trono oculto. Solo pequeños grupos de personas, casi tan vacías del alma como yo sabían de esto y, siendo sincero, de no por ellos los planes hubieran tardado más.

Pero ahora, mientras estas horripilantes criaturas devoran mi carne, me doy cuenta que todo mi esfuerzo por sumir al mundo en un dolor agonizante no tendrá las repercusiones que tanto soñé. Mis avances por llevar esa miseria desaparecerán igual que los castillos de arena cerca de la orilla del mar, llevadas por el oleaje constante.

La oscuridad de la nada me envolvió. Si había cielo o infierno, no era digno de ninguno de los dos (como lo sería, para mis seguidores era una excelente persona, pero en el bajo mundo era un monstruo desalmado). Solo estaba en este vacío. Aquí, lentamente, nada tiene valor. Segundos y minutos valían lo mismo, no sintiendo para nada el transcurrir del tiempo. Este era mi final. El final de mi meta; El final de vida; El final de mi destino; El final de…

— ¡No! ¡Esto no acabará así! ¡No puedo permitirlo! — Gritó otra parte de mí que se negaba a rendirse. Esta voz que se negaba a ser devorada en el abismo.

Reaccioné a tiempo gracias a esa voz interna de mí. ¿Dejaría todo por algo tan simple como la muerte? ¡No! Esto no era el fin. Lo presentía con cada célula de mi ser (demostrándome que no era el final de mi destructivo camino).

Esforzándome llevé mis manos a lo que se supone que era mi cabeza. Perforé mi cara con mis dedos, brotando una sensación humeante, como si estos fuesen fierros ardientes. Agarré mi carne y la desprendía, soportando el dolor que con ello traía. La luz, que era inexistente antes, se abría paso a través de mi cuerpo, iluminándose en todo este vacío. El sonido, el olor, el tacto y demás sentidos regresaban en una devastadora explosión de sentimientos. De mi garganta algo quiso brotar y lo dejé escapar:

— ¡AAAAhhhhh! — Grité hasta que mis pulmones no pudieron más.

Esas mismas criaturas, esas quimeras horripilantes que me dieron fin antes, me miraban estupefactos. Parecían temerme, como un signo de respeto. Como si en lo profundo de ellos supieran quien era yo.

— Ahora ya tienes Nen. Por pocos mueres. — Avisó uno de ellos, limpiando sus puños ensangrentados.

Levanté la vista mientras escupía la sangre. Mi cuerpo quimérico parecía molido, con demasiados golpes aquí y allá. Pero esa energía, Ese "Nen" del que me hablaba me envolvía. Esto fue lo que me trajo. Esto me dio una segunda oportunidad.

Me miré. Miré a mi alrededor, este nuevo mundo del que ahora era parte, y no podía estar más feliz. Ojalá supiera donde está Zaiqahal para contarle esta nueva perspectiva.


La rebelión de las quimeras comenzó cuando una gran parte de la población de NGL fue masacrada para alimentar a la reina. Cada uno eligió su bando a conveniencia de sus ideales. Casi todos, ya sea por lealtad, o porque su sangre les hacía seguir a este rey cuya aura era peligrosa. Incluso yo, con cierto poder que mantenía a tope para no resaltar, sabía que enfrentarme a él era una misión suicida.

Así que estaba bien tal como las cosas se encontraban. Si pude volver a tener mi consienta devuelta en mi cuerpo, mis mejores hombres también lo lograrían. Tomé un viejo abrigo del que una vez fue mis cuarteles y escapé del país. Mi apariencia quimérica no resaltaba como mis congéneres nacidos de la reina, lo que era una ventaja. Con suerte nadie notaría mi nueva apariencia.

Pasados los días, en una ciudad del país vecino, dos niños pasaron a mi lado. Uno tenía el cabello albino y el otro era de un color negro puntiagudo. Ambos tenían un aura interesante y demostraban ser usuarios de Nen bien versados. Pude ocultar mi presencia de ellos, pasar desapercibido mientras corrían y expresaban su deseo de detener a las hormigas quimeras. De haberme tenido que enfrentar a ellos, de haber sido necesario alguna especie de innecesaria pelea, nuestros destinos pudieron terminar de una forma distinta (yo los mataba, ellos a mí; o ambos caíamos en el acto, quien sabe). Pero al final, me alegro que este enfrentamiento no se haya dado. Tal vez a futuro, con lo intrigado que me dejaron los dos, desee enfrentármeles. Tal vez, nuestros destinos estarán ligados.


Meteor City, el basurero del mundo, el mejor sitio para iniciar mi plan. Varías quimeras ya recorrían las calles sin miedo. Solo si eras un problema, como ese grupo de idiotas que estaban atacando la gente, realmente los de aquí les importaba una mierda si fueras hasta un alíen del espacio exterior.

— Quiero que reproduzcas esto. — Entregué al locutor de radio la cinta, junto con una pequeña bolsa de dinero.

Sus ojos brillaron por la suma de monedas de oro que acariciaba con ambas manos, lamiéndose los dientes grotescamente.

— Si es lo que deseas. — Sonrió, dándome repugnancia.

Cuando todo esto finalice, recuperar esta inversión tendrá un millón de veces más beneficios. Todos los que unas trabajaron conmigo muy cercanamente reconocerán los códigos dichos entre líneas del mensaje.

Después de eso, la espera fue fugaz en el bunker del que me apropié convenciendo a puños a su antiguo dueño. Con la caída de ese "rey" junto con la muerte ocultada del presidente Netero, la caza de las hormigas quimeras por parte de muchos Hunters comenzó inmediatamente en los países que no los consideraban seres vivos. Solo bastó un par de días para escuchar los primeros pasos en lo que era mi nuevo cuartel temporal.

Un lobo un poco calvo en partes entraba con una sonrisa jactante. No necesitaba analizarlo mucho con la mirada para reconocer de quien se trataba. Detrás de él había un grupo de personas que me eran indiferentes por ahora.

— Gyro. Sabía que no podías morir tan fácil, aunque si lo hacías significaba que yo ganaba por tener que vivir con esta apariencia. — Expresó con alegría.

— Zaiqahal, es bueno saber que sigues en el mundo de los vivos, viejo amigo. — Dije, no pudiendo reprimir una leve sonrisa (era mi mejor amigo y realmente apreciaba que su vida y ser no se hayan extinguido con todo lo que pasamos).

— Llámame Welfin. — Miró su cuerpo. — Es más acorde.

Solté una leve carcajada mientras él se daba golpecitos en su cuerpo de lobo (o las partes que parecían de lobo).

Permanecimos en silencio, antes que él dijera:

— Ya tienes nuestro nuevo rumbo, ¿no es cierto? — Indagó Welfin, sin dejar de sonreír.

Durante años vivimos al borde de la sociedad. Trazamos planes para traer desesperación y dolor a otros. Toda nuestra burbuja explotó por culpa de las hormigas quimeras, pero esto solo dejó abierta una posibilidad más grande. Una que ahora iba a aprovechar.

— Esta guía que conseguí menciona algo sobre un continente oscuro. — Expresé, agarrando de un extante de libros una guía especial. — Me sorprendí de todo lo que aprender cuando torturas a los Hunters correctos. — Dije, sonriendo con la misma emoción que mi amigo.

Un solo monstruo de estos lares, una sola cosa fuera de su territorio devastaría el bioma nativo. La salvación solo podría llegar de alguien que haya vivido

Welfin tomó el libro, le dio una ojeada y, con la misma sonrisa de antes dijo:

— ¿Quieres ir al continente oscuro?

— Vamos a ir al continente oscuro. — Aclaré, con una sonrisa aún más grande.

— ¿Cuándo crees que estaremos listos para ir?

— Oh, créeme, viejo amigo, las cosas están tomando su curso mientras hablamos. — Welfin, junto con los demás, parecían confundidos. — Solo digamos que he oído susurros sobre un rey que desea ir a este continente cueste lo que cueste. Y lo mejor, nosotros estaremos en él.

Todos se arrodillaron ante mí al percatarse de mi ingenio y poderío. Ellos aceptaban con buena gana ser una extensión de mí y dispuestos a todo. Eso ponía una sonrisa en mi rostro del que estaba orgulloso de mostrar.

Mi jugada estaba en movimiento. Nada ni nadie se interpondrá en mi camino. Este mundo sufriría, cayendo en una desesperación jamás conocida, y será por propia mi mano.

EL FIN


Bueno, espero que les haya gustado esta historia corta. No olviden dejar sus reviews para conocer sus opiniones.

Sin más que decir, hasta la próxima ;D