Se sorprendió al ver a la mujer sentada en el piso, aferrándose a sus rodillas con fuerza mientras su rostro estaba escondido en su cuerpo, la reconoció por su cabello azul que caía por toda su parte delantera y porque prácticamente estaba sentada recostando parte de su espalda en su puerta, tenía que ser ella. De todos los lugares en el mundo jamás pensó encontrársela allí y eso lo enojó un poco, ya que, el hecho de llegar de improvisto a su hogar pasaba los límites, aunque si era sincero, amaba verla de nuevo, volver a encontrarse fuera de la universidad era hermoso.
—¡Señorita Loxar! -Aparentando enojo la haló de la muñeca, obligándola a parase del suelo frío. La joven había logrado quedarse dormida en ese lugar, en esa misma posición y es que después de haber llorado tanto no le fue difícil conciliar el sueño, ya eran horas avanzadas, Gray se había demorado mucho en llegar.
Fue algo violento el movimiento y mucho más doloroso para ella en el estado que se encontraba. —¿¡Qué hace acá!? -Se detuvo súbitamente al verla, su hermoso y angelical rostro ahora lleno de golpes y sangre seca. Se congeló, no tenía ni la menor idea de que decir o que hacer, se paralizó de inmediato al conocer el estado en el que se encontraba, su mirada llena de tristeza, sus ojos rojos cansados de tanto llorar, lo había noqueado dejándolo en completo shock.
—¿Se encuentra bien? ¿Qué le hicieron? -Sumamente preocupado la examinó rápidamente con un escaneo de su mirada, mal, Juvia estaba muy golpeada. Ella ignoró sus preguntas, no se sentía mentalmente preparada para contestar o bueno, en su mente esa vocesita le decía que a él no le iba a importar lo que había pasado. Se sentía tan sola y desprotegida.
—Por favor déjeme ser la madre de su hijo -Su voz era un delgado hilo, se iba a romper en cualquier momento. Sus palabras salieron como una súplica de ella, estaba segura que en ese momento podía arrodillarse ante él.
—¿¡Juvia, que fue lo que sucedió!? -Perdió el control, era la primera vez que la llamaba por su nombre aunque la había gritado llegándole a asustar, en otra oportunidad para la Loxar hubiera sido hermoso, pero ahora nada en la vida tenía sentido, no cuando se sentía tan desesperada, angustiada, tan jodidamente sola.
La confundía esa mirada, sabía mejor que nadie que no le importaba en lo más mínimo al profesor, con sus acciones y su actitud en los días anteriores le había dejado muy en claro que ella no era más que una estudiante para él, pero en su rostro parecía que le importaba, negó inmediatamente con su cabeza, no podía hacerse ilusiones.
—¿Qué le hicieron? -Por la mente de Gray pasaron muchas cosas, llegó a pensar hasta que su estudiante se encontraba maquillada en una cruel estrategia para llamar su atención, sin embargo, se dio cuenta que era muy real, que ella no se encontraba para nada bien, no podía ser tan buena actriz.
—Necesito el dinero. -Susurró casi sin fuerza, no podía hablar, no cuando le habían dejado muy en claro que la matarían si buscaba ayuda de las autoridades.
—¿Acaso no entiende lo que le estoy preguntando? -la zarandeó porque no contestaba las preguntas y eso hacía que el corazón de Gray se estrujará en un doloroso sentimiento de impotencia.
—Por favor, déjeme ser la madre de su hijo, necesito el dinero. -volvió a decir, como si de un loro que solo copiaba palabras se tratará, exasperandolo mucho más al no encontrar respuesta de su parte.
—¡Juvia no lo repetiré de nuevo! ¿Quién le hizo esto?
—Por favor diga que si, Gray-Sama. -el alma de Juvia estaba rota y el profesor lo sabía, pero los nervios, tal vez la conmoción por lo sucedido lo hicieron nublar su sentido común.
—¡Vamos con la policía! -la jovencita negó dando pasos hacia atrás notablemente asustada. —La policía no. -había sido suficiente la amenaza para implantar miedo en ella, no, si iba a la estación firmaría su sentencia de muerte, estaba segura que no iban a dudar en acabar con su vida y con la de Levy, de paso con la de su hermano Gajeel.
—Tenemos que ir a la policía, denunciar lo que le hicieron. -su ropa estaba intacta, dudaba que la hubieran atacado sexualmente, pero no podía saberlo cuando ella no contestaba sus preguntas.
—Juvia no puede ir a la policía. -dijo con su mirada pérdida en el horizonte. —Ellos la van a matar si los delata. -lo descubrió enseguida al notar aquella quemadura de cigarrillo en su frente, Sabia que ella estaba metida en algo peligroso, una revelación, conocía el modus operandi, negó con su cabeza perdiendo el control, sus manos empezaron a temblar y su corazón tomó un ritmo descomunal.
—Yo no le hice eso. -repitió una y otra vez mientras se dirigía a su puerta a abrirla, casi huyendo, perdiendo un poco el sentido común cambiando rápidamente de actitud.
—¿De que habla?
—Yo nunca la lastimaría. -Volvió a pronunciar mientras sus manos empezaban a temblar, solo quería abrir la puerta, pero de su notable nerviosísimo las llaves cayeron al suelo.
—No lo comprendo.. Solo necesito que me ayude, haga el trato conmigo. -de nuevo esa súplica en su desesperada voz, el Fullbuster negó con su cabeza, parecía que ya no escuchaba con toda claridad la voz de la Loxar.
—No quiero que me involucre en eso, no lo deseo. -y esas palabras fueron suficientes para romper lo poco que seguía en pie de la joven. Unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, no quería llorar delante de él, pero habían pasado tantas cosas que ya no lo podía soportar, su corazón se fragmentó en pequeños pedazos, esa era la única opción que tenía a parte de esa fatídica idea que rondaba en su cabeza, Gray era la única persona que podía ayudarla en ese instante y al saber que le estaba dando la espalda dejó de tener fuerzas, ya no tendría sentido luchar, había una forma para conseguir el dinero e iba a hacer lo posible por obtenerlo.
Sus lágrimas le dolieron como el mismo fuego del infierno, sin embargo, en ese instante que estaba fuera de si, solo quería huir sin pensar en nada ni nadie, no podía pensar con toda claridad.
Juvia asintió con su cabeza para respirar profundo, sin entender su actitud, pero sabiendo que no podía rogarle más, no cuando su corazón parecía hecho de piedra y recubierto de diamante impenetrable, Juvia en ese momento pensó que no le importaba que la hubieran golpeado. —Perdón por molestarlo. -Susurró para tomar del suelo su bolso dejando su dignidad allí tirada. Fue bastante ingenua al pensar que el demonio del hielo iba a interceder por ella, que iba a aceptar el trato, que al menos se iba a compadecer de su estado actual.
—Olvide lo qué pasó esta noche. -Juvia mordió su labio inferior apretando con fuerza la tira de su bolso, buscando el valor de donde claramente no lo tenía.
—No mencione que le propuse ser la madre de su hijo. -el joven le dio la espalda para abrir la puerta de su apartamento. Haciéndole mucho más daño a Juvia ya que sentía que no estaba presente, que era invisible, que no le importaba verla herida.
—Olvide que alguna vez me conoció. -y Gray cerró sus ojos ante esa última frase de Juvia, nunca, esa peli azul había hecho todo por él sin siquiera ser consciente de eso y era egoísta al no devolver el favor. Ella era un suceso muy bonito que se había presentado en su vida, el haber coincidido esa noche cambió la vida del Fullbuster por completo, aunque en ese momento no quisiera aceptarlo.
Volteó a verla reprimiendo las terribles ganas que tenia por abrazarla, curarla, decirle que todo iba a estar bien. Mandando sus pensamientos de no ayudarla a Plutón y seguir a su corazón, quería profundamente que ella fuera la madre de su hijo, aparte de todos los impedimentos sabía que muy en el fondo quería que fuera ella, pero no podía, no era ético.
—¡Loxar! – Juvia lo vio esperanzada, pensando que iba a ayudarla y que su vida podría continuar igual a esa de antes de toparse con esos malandros, antes de que Gajeel enfermara. Entonces, Mika, su madre, pasó por su mente e invadió cada uno de sus pensamientos, frenando por completo su accionar. — Salga por la puerta del servicio, no quiero que la vean así y me responsabilicen.
Justo en el corazón, como una daga cruel que atravesaba su corazón sin contemplaciones o dudas, no dijo nada, como un alma en pena se dirigió al ascensor, sintiendo como su ser se rompía en pedazos, sabiendo que estaba atrapada y que ya no tendría otra opción.
— No quiero que vaya a mi funeral. -Gray tapó sus oídos, no podía ya mantener una conversación normal con ella sin perder el control de sus acciones, su mundo se había derrumbado.
—No planeaba ir. -y la lastimó más que lo que esos hombres habían hecho, definitivamente con esa frase la mató. Entró en el elevador y le lanzó el celular que él le había regalado, haciendo que el aparato por la fuerza se deslizara hasta los pies del Fullbuster. Las puertas del ascensor se cerraron y Gray levantó el teléfono del suelo, entró en su apartamento con su corazón latiendo desesperado, con un agujero en su estómago, totalmente conmocionado por lo que acababa de pasar.
Le tomó prácticamente un minuto darse cuenta que había actuado mal por los pensamientos que invadieron su mente y lo asustaron trayendo a él traumas del pasado, su pequeña estudiante había llegado totalmente aterrada y golpeada a pedirle ayuda, no estaba pidiendo que le regalará el dinero, tampoco que la encubriera o que hiciera algo por ella. Solo le estaba pidiendo cerrar el trato, algo con lo que él se benificiaria. ¡Diablos! Sus golpes, no la había curado, debió haberla entrado a su apartamento, ofrecerle una bebida caliente mientras curaba sus heridas como lo había hecho en esa ocasión. Aclararle que todo estaría bien, que juntos encontrarían una solución, que no quería ir a su funeral porque el solo hecho de pensar en la muerte lo turbaba, lo asustaba demasiado, despertaba en él sus miedos más profundos.
No dudó en contactar a su psicólogo, esta situación se le salía completamente de las manos y estaba hiperventilando, perdiendo todo el control de si. No hubo respuesta inmediata, era muy tarde. Sus manos temblando no eran más que una señal que le mostraba que debía ir tras ella, no titubeó, tomó las llaves y su celular, debía ser una situación riesgosa para atreverse a llegar así ante él.
Corrió dejando todo tras de sí, no le importó ser su maestro, ella era un ser humano, alguien que necesitaba su ayuda. Se dirigió al ascensor, pero al ver que no subía rápido optó por bajar por las escaleras, corriendo, bajando una gran cantidad de pisos a un ritmo casi suicida por el peligro de sus acciones. Sabía que no podía dejarla irse así, que debía ayudarle.
Al salir a la calle buscó en todas direcciones con su mirada, no debía estar lejos, no pudo haberse ido tan rápido, en primera instancia ni siquiera supo cómo había entrado. La llamó en repetidas ocasiones tratando de que su voz llegará a ella, no estaba por ningún lado, volvió temiendo de que fuera demasiado tarde, la imaginó muerta en una imagen totalmente dolorosa y punzante para su cerebro y todo su ser se congeló, en el mismo lugar estuvo por varios minutos estando perdido, sin saber que hacer, como actuar, como seguir, sintiéndose como un niño perdido, totalmente vulnerable.
—"Si usted se va, dejará un vacío en la vida de todos lo que le aman, la vida es hermosa" – pudo escuchar esa preciosa voz grabada entre los recuerdos más valiosos que tenía, despertó y sacó las ideas que en ese momento fluian de su mente provocando el corto circuito entre el movimiento de su cuerpo y su cerebro, esas ideas que le habían provocado perder la conexión. Se regañó a sí mismo por perder el control y siguió los pasos que su psicólogo le había enseñado ya para momentos así, su corta crisis ya estaba superada. Volvió a entrar al edificio tomando el control de si mismo y bajó al parqueadero para buscar su auto. Arrancó con el único deseo de encontrarla.
—Ya voy. Ya voy por ti, Juvia. -y condujo su auto por las calles cercanas a su apartamento, por el barrio, buscando en cada mujer a la hermosa estudiante de cabellos azules, sin embargo, era como si se la hubiera tragado la tierra, no se encontraba en ninguna parte.
Las ideas pesimistas rondaban su mente y ¿Si la estaban esperando para asesinarla? ¿Si era el último día que tenía para entregar el dinero? Mordió su labio inferior totalmente angustiado, dando golpes al manubrio, colérico, totalmente iracundo al conocer que ella ya no estaba en ningún lugar, que muy probablemente la había perdido. Tal vez si su accionar hubiera sido diferente Juvia estaría bajo su cuerpo, disfrutando, gimiendo de entero placer, la estaría tocando después de haberla sanado, todo pudo haber sido totalmente diferente.
—Sabía que ese hombre no era bueno para usted. -susurró totalmente fastidiado y estresado. Sí, creía que el hombre de cabellos negros y muy largos que vio ese día en la fotografía tenía algo que ver, ella por sus propios medios no hubiera llegado tan lejos, a algo tan peligroso, era una mujer brillante, muy responsable, hermosa, noble y adicionalmente tenía dos trabajos, ella era lo que esperaba encontrar en una mujer, mientras que Gajeel lucía como un chico malo, como todo un delincuente bajo su mirada conservadora. Cerró sus ojos nuevamente, estaba totalmente enojado y ese pequeño detalle no lo dejaba pensar con toda claridad. Se preguntaba una y otra vez porque una dulce señorita había caído en esas garras, en semejante amenaza.
—¡Diablos! -Ahora se sentía culpable, si algo le pasaba a ella sabía que no se lo podría perdonar el resto de su vida. No podría cargar con otra muerte, negó con la cabeza, debía encontrarla y ayudarla, ahora le importaba muy poco que su madre se enterara y le hiciera la vida imposible, esta vez seguiría lo que le mandaba su corazón y lo que era correcto, luego asumiría las consecuencias con Mika Fullbuster.
Detuvo el auto, sacó el celular de Juvia de su abrigo, debía pensar con cabeza fría. No podía contactarla porque él tenía su teléfono, se volvió a repetir esa realidad, la pantalla se encendió de repente por el movimiento y la observó, esa mujer siempre había llamado su atención, se veía tan hermosa y feliz, muy distinta a cómo la acababa de ver, desesperada, bastante triste, un ángel caído, su ángel que pedía a gritos su ayuda. Junto a ella estaba Levy, no reconoció de quien se trataba, ¿Una hermana tal vez? Su cabello era igualmente azul como el de ella, pero mucho más oscuro, su mejor amiga Meredy y Gajeel estaba abrazando a las tres mujeres.
Meredy, como un rayo llegó a su mente ella debía saber donde se encontraba, era su mejor amiga, entre mujeres debían contarse todo. ¿Pero como hacía para contactarse con ella? Tenía su número en el registro de estudiantes, podía llamarla ahora mismo si lo deseaba, pero no podía involucrar a nadie más, no era correcto que ella supiera, aunque no sabía que tan enterada estaba. ¿Sabría ella que Juvia estaba intentando conquistar al Fullbuster? ¿Qué si llegaban a un trato se acostarían para hacer un hijo? No, definitivamente no era buena idea llamarla, y es que ¿Qué le iba a decir? Nada bueno saldría de esa conversación sin que lo involucraran y se enteraran de su intención de tener un hijo y que eso no dañara su reputación. Lyon, su primo también debía saber donde se encontraba, pues al ser novio de la peli rosada podía solo preguntarle y sacarlo de la duda, pero era la misma situación, no podría llamarlo, no cuando ellos no se habían hablado en años.
Gray sabía donde vivía su estudiante, así que sin más dudas dejó el teléfono en sus piernas y se encaminó al apartamento de la chica, eso si, no dejó de observar el camino, cada mujer en la calle, cada movimiento fuera de lo común, pero ella no estaba.
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Se encontraba sentado en el piso, casi en la misma posición en la que ella estaba horas atrás cuando estaba afuera de su apartamento, golpeó en repetidas ocasiones en su puerta, sin embargo, no escuchaba ningún ruido o veía alguna luz bajo su puerta o en las ventanas, estaba seguro que no estaba allí, hasta fue a su lugar de trabajo, era lógico que con golpes semejantes ella no estuviera trabajando y había vuelto a esperarla allí, porque no sabía en donde diablos podía estar.
Ya estaba saliendo el sol, había permanecido allí toda la noche esperándola, solo deseaba que estuviera a salvo en otra parte, tal vez con su peligroso "novio". Vio cómo se encendía la luz bajo la puerta de Lucy, maldijo, se levantó, sin embargo, no fue tan veloz como para esconderse de ella.
—¿Gray? ¿Qué haces acá? -Podría mentirle, inventarse algo totalmente fuera de contexto, como que quería visitarle, pero ella lo conocía bastante bien.
—La señorita Loxar dejó su celular en el aula, se lo vine a traer antes de irme a clase.
—¿Y por qué no se lo entregaste en la universidad? -Lo sabía, conocía mejor que nadie que era un mal mentiroso delante de Lucy.
—Algo extraño pasa con ella, solo quería saber si estaba bien. -Lucy asintió cerrando la puerta tras de sí, debia salir a trabajar como todos los días.
—No es para menos, en realidad no sé como esa pobre chica no le ha dado un colapso mental y/o físico. Con la universidad, sus trabajos, Gajeel. -Sus ojos grises se abrieron de repente, se dio cuenta que Lucy sabía por lo que Juvia pasaba, pero no tuvo la fuerza suficiente para preguntar. Gajeel, debía ser el hombre de cabellos negros.
—Sabes que mi interés por mis estudiantes es nulo, pero creo que ella está en problemas.
—Tu interés en tus estudiantes es nulo, pero cuando se trata de Juvia tu corazón frío y sin sentimientos pega un brinco ¿Verdad? -Gray suspiró profundamente dándose por vencido, esa frase provocó que se sonrojaran sus mejillas.
—Natsu debió haberte contado lo qué pasó esa noche con ella. -y la sonrisa pícara se desdibujó del rostro de la joven rápidamente al escuchar el nombre de su exnovio y padre de la niña que crecía en su interior.
—No me lo menciones. No quiero saber nada de él.
—Sabes que el té ama ¿No es así? -Lucy suspiró profundo y se rió irónicamente. —No me ama más que a su dinero.
—No quiero ponerme del lado de Natsu, pero lo entiendo.
—Por supuesto, entre niños ricos se entienden, ambos son hombres. -tal vez si Gray nunca le hubiera presentado a Natsu no hubiera tenido que pasar por ese sentimiento de abandono, por esa depresión que estaba atravesando. Tal vez en ese instante todo sería diferente.
—Sabes que Igneel es igual que mi madre.
—Lo sé y entonces no entiendo qué haces en la puerta de Juvia. ¿Pretendes enamorarla y luego dejarla porque personas como nosotras somos tan poca cosa para sus padres? ¿Hacerle lo mismo que Natsu a mi?
—Lucy, no voy a enamorar a la señorita, ella es mi estudiante, diez años menor que yo, es de un estrato muchísimo más bajo que el mio, no tiene nada que aportarle a mi familia, por donde lo mires esta muy mal. -se ofendió y mucho, porque no estaba mal no tener dinero, ya que no todos habían nacido con las mismas oportunidades que ellos.
—Eres igual que él. Por favor no me vuelvas a hablar. -profundamente enojada por las palabras de Gray tomó su bolso y salió furiosa del edificio. Sabía que esas últimas frases eran verdad, que tanto Natsu como él se fijaban bastante en las apariencias, que ella no tenía cadenas de hoteles o una multinacional gigante, de hecho era huérfana y de un estrato medio-bajo que lo único que podía ofrecerle a Natsu era su amor, su más sincero corazón que latía por él, pero en ese punto de su vida sabía que eso no era suficiente.
—¡Espera! No quise decir eso.
—¿No? Eso es lo que tú piensas. Yo ya estoy cansada de esto, no soy poca cosa por no tener dinero. -resopló para dar la vuelta y continuar con su camino.
—Lucy por favor vuelve. -ella se detuvo y negó con la cabeza con unas insoportables ganas de llorar, con ese nudo en la garganta que amenazaba con asesinarla lenta y dolorosamente.
—Has lo mismo que está haciendo Natsu, fingir que nunca he existido en sus vidas. -esquivó a Gray que se había atravesado en su camino mientras él la seguía al saber que sus palabras no habían sido las adecuadas.
—Lucy, tú eres muy especial para mi. Eres mi amiga, la que me apoyó mientras me recuperaba, la que estuvo ahí en cada intento de suicidio. -sus ojos chocolate se llenaron de lágrimas, de una tristeza absoluta.
—Lo sé y ¿tú? ¿Has estado conmigo cuando más te necesito? Corres a la puerta de esa chica cuando yo soy la que está embarazada y abandonada por Natsu, cuando se supone que yo soy tu mejor amiga.
—Lo siento, Lucy. Perdóname por lo que dije, tú eres mi amiga y estoy aquí porque Juvia es... es una situación complicada en mi vida. -susurró desordenándose sus cabellos negros. —Si te soy sincero, no sé porque llegue hasta este punto. Sabes que no importa lo que sienta mi corazón, mi madre nunca la aceptaría y quiero protegerla, está mejor fuera de mi vida.
—Es como si estuviera escuchando a Natsu, no los puedo culpar, todos los ricos deben ser iguales. Por favor deja a Juvia en paz, ella no merece pasar por esto que ustedes me están haciendo.
—Pero yo no te hago nada, no te enojes conmigo.
—Exacto, no haces nada. Nunca fuiste lo suficientemente valiente como para hacer algo, por mi, por ti, por Nano, por tu… —¡Ya basta! ¡No me metas en tus putos problemas, yo no fui el que te embarazó. Por un demonio, no te desquites conmigo! -Y Gray explotó en ese instante, se encontraba sumamente enojado y Lucy sabía que acababa de meterse en tierras prohibidas, que era una de las reglas, jamás mencionar lo que había pasado con Nano si él no se lo permitía. Claramente Gray no quería salir crucificado por peleas de pareja en el que no debía meterse o al menos en sus manos no estaba la solución, no podía obligar a Natsu para que aceptara y le diera su apellido a la niña y detestaba con todas sus fuerzas que ella hubiera pronunciado esas palabras, solo porque no estaba pasando un buen momento.
—Te duele la verdad ¿No es así? -y la quemó con la mirada.
—¿En realidad eres Lucy? La verdad, lo único que me duele es que la que se supone que es mi amiga, se meta con las situaciones más dolorosas en mi vida porque tiene problemas con su novio. Tú eres la que no me debe volver a hablar, de ahora en adelante me importa muy poco lo que pase contigo.
—Al menos yo si tendré a mi hijo. -Y Gray cerró los ojos tratando de soportar lo que Lucy acababa de decir, eso que lo había logrado lastimar, siempre lucia totalmente frío y sin sentimientos, sin embargo, era bastante sensible y muy sentimental.
—No escupas para arriba, Lucy. No cuando sabes mejor que nadie que nada está asegurado.
—Lo sé, lo dices por experiencia propia, tú escupías como tú madre Mika, te faltaba un baño de humildad. -No tenía la menor idea si eran las hormonas, si acaso estaba poseída por un ser maligno en vez de estar embarazada o si es que en ese instante todo se le había acumulado y había explotado con él, pero en ese momento en el que estaba sumamente preocupado por Juvia, no tenía ganas de aguantarse su actitud.
—Solo tengo una cosa que decirte, ¡Vete a la mierda!
—Ya estoy, ¿No lo ves? Pero gracias a esto se quien en realidad está ahí para mi y sé mejor que nadie que tú no, mucho menos Natsu, que para acostarse conmigo si estuvo, pero para asumir sus responsabilidades no, debe ser contagioso. -de nuevo una indirecta para Gray y estaba a una pisca de perder en control.
—Calmate, le puede hacer daño a la bebe.
—Como si en realidad te importara. -El Fullbuster suspiró profundo.
—Esta conversación no llegará a ningún lado. Me disculpo por la forma en la que te traté. La última vez que pelee con una mujer embarazada… -Gray hizo una pausa muy larga, como si le quemara todo el cuerpo recordar.
—Adiós, dile a Natsu que se vaya al infierno. -la jovencita se subió en el bus que se detuvo frente a ella. El muchacho suspiró profundo sacó su celular de su bolsillo y marcó un número guardado en sus contactos.
—Hola, ¿Cómo estás? -No esperó la respuesta del otro lado de la línea. —¿Podemos hablar? Acabo de perder el control y necesito tu ayuda.
—Sí, claro. Puedes venir cuando quieras. -asintió y colgó la llamada, debía verlo antes de comenzar sus clases, antes de encontrarse con ella en él aula, claro si es que iba, debía recibir un consejo de la persona más neutral que conocía, su psicólogo.
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Horas antes
Nada pasaba por su mente, ya no podía pensar con toda claridad aunque lo intentara muchas veces, sabía que ya no tendría que gastar más pensamientos en eso, no había marcha atrás, lo iba a hacer para salvar la vida de su hermano, para poderle pagar el dinero a Tártaros, era lo mejor para todos. La chica que se encontraba sentada en el suelo apoyadando su espalda contra el tronco de ese gran árbol estaba ahí, pero su ilusión, esperanza, el motor para seguir viviendo lo había perdido desde que había salido de ese edificio.
"No planeaba ir" -Esa frase la escuchó en sus oídos, llegando dolorosamente a su cerebro, ¿En realidad le importaba tan poco a su profesor que ni siquiera asistiría a su funeral? Apretó los ojos y dejó que las lágrimas invadieran su rostro, le dolía el corazón, demasiado, ya no podía soportarlo, era como si todo el mundo se le hubiera venido encima.
—Espero que cumpla su palabra y no vaya. -su mirada azul viajó a las estrellas, se imaginó cómo sería su funeral, quien iría, pensó en ese instante que sería el más triste y solo del mundo, solo asistiría Meredy y Lyon, ya que su hermano estaría hospitalizado y dudaba que Levy después de como la trató fuera a asistir, hasta ahí llegaba la lista de sus amigos, se sentía más sola que nunca.
—Bien, así es como debía ser. -Sus manos no las podía mover y su cara estaba tan roja que si continuaba en el exterior con esa temperatura no habría necesidad de contactar a esos hombres.
Débilmente se levantó, ya no tenía muchas fuerzas, sus lágrimas continuaban saliendo y su cuerpo experimentaba el mayor desasosiego y ansiedad al que no había sido expuesta en toda su vida. No tenía ni la menor idea de cómo salir de allá, estaba muy lejos del lugar al que quería ir, se acercó a la calle y esperó el bus.
El edificio del joven se veía desde la estación de autobuses, buscó en cada ventana el apartamento del joven, cual podría pertenecer a él. Sonrió irónicamente al pensar que él debía estar tomando un chocolate caliente, leyendo el periódico mientras lo calentaba su costosa y cálida chimenea.
Salió de sus pensamientos al ver que el autobús estaba a punto de irse, corrió a la puerta y se subió en el transporte, pasó su tarjeta dejando a su profesor atras. Se acomodó en la silla, adquiriendo calor nuevamente por la calefacción del autobús. Puso su cabeza en la ventana y cerró los ojos, no quería presenciar la mirada de los pasajeros que deseaban conocer el porque sangraba.
No tenía celular, tampoco es como si tuviera a quien llamar, por lo que el viaje fue enteramente para reflexionar y pensar en su vida, estaba desesperada, acorralada, bastante abrumada.
Pasó casi dos horas dentro de ese transporte, dándose fortaleza para cumplir lo que tenía que hacer, bajó del bus sabiendo que se encontraba en un barrio demasiado peligroso. Personas sospechosas se quedaron viendo a la jovencita.
Buscó en todas direcciones, no tenía ni idea qué hacer o como diablos había terminado en ese lugar, pero definitivamente ya no había marcha atrás. Ahogando su nerviosismo se acercó a un hombre que parecía estar pendiente a escuchar sus requerimientos.
—Juvia necesita deshacerse de alguien. -Habló en tercera persona porque en ese momento se encontraba bastante asustada.
—¿Quién es el maldito? ¿Quiere matar al que le hizo eso? -señaló su rostro y ella trató de ocultar sus golpes con la capota de su chaqueta.
—No, la persona que deben asesinar soy yo.
Hola hermosuras!!
Fin del capítulo, muchísimas gracias por todos sus reviews, esta vez tampoco los contestaré, pero no crean que no los leo, los llevo en mi corazoncito y les agradezco muchísimo por tomarse el tiempo de escribir su percepción. Si les gusto no olviden hacérmelo saber o si en definitiva tienen alguna queja o solicitud pueden diligenciar el cuadrito de ahí abajo, es gratis.
Les mando un beso y un abrazo psicológico!! Los quiero demasiado.
Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer.
