Hola hermosuras!

Vengo con un nuevo capítulo, espero lo disfruten demasiado.

Advertencia: Rated M


Su cerebro sufrió una clara desconexión, no pudo hablar, solo se sorprendió demasiado al escuchar la frase de Gray, pensó que estaba imaginando cosas. Juvia siempre había soñado con ese momento, era real, claramente. Se preparó para recibir ese beso levantando su rostro ligeramente con el fin de alcanzar más rápido los labios del Fullbuster, se encontraba algo impaciente, quería besarlo lo más pronto posible. Tragó toda la saliva que tenía reunida en la boca y allí los labios del joven se unieron con los de ella.

Abrió sus piernas para que él pudiera acomodarse mejor encima de ella, se dejó llevar por el momento y sin pensar en nada más sintió como él colaba su mano bajo la camiseta de fútbol para empezar a toquetear su cuerpo.

Le quemaba, los roces de Gray la debilitaban haciendo que perdiera las fuerzas y todo el sentido común. Posó sus manos para abrazar suavemente al Fullbuster, respiró hondamente para sentir como su cuerpo ardía, se sentía demasiado extraña.

El profesor no iba a dejar pasar la oportunidad, no cuando estuvo a punto de perderla, ya estaba cansado de luchar en contra de sus sentimientos y aunque siempre quiso alejar a la mujer que le encantaba de su vida y de todo lo que su familia representaba, ella misma se había encargado de llegar, de meterse en temas peligrosos, debiéndole dinero a su progenitora. Juvia era imposible para Gray.

—¿Desea que continúe? -Le susurró muy bajito en su oído haciendo que toda la piel de la Loxar se erizará. Ella asintió con un ligero movimiento de su cabeza, con ese movimiento que él conocía de antemano que expresaba un sinfín de sentimientos.

—Lo haré entonces. -Estando de acuerdo con la proposición de su profesor nuevamente probó esos labios, esos que usaba para molestarla en la universidad y que ahora solo estaban concentrados en mimarla y complacerla.

Otro beso cargado de miles de emociones, largo, sensual, Gray estaba concentrado en ella, en su cuerpo, en lo hermoso que su corazón latía con fuerza por tenerla por fin a su merced, detestaba tener su brazo un tanto inmovilizado porque estaba completamente seguro que estaría brindándole mucho placer si contara con los dos en condiciones normales.

— La deseo tanto –Confesó para introducir su mano bajo la pantaloneta de la joven y descubrir que sus sospechas eran ciertas, que no traía ropa interior. Pegó un pequeño salto de la impresión por la sensación y llevo su mano a la muñeca de Gray para evitar lo que sucedía, pero no pudo combatir en contra de lo que estaba haciéndole, no tenía la voluntad suficiente, él por su parte encontró con destreza su montículo de carne, aquella parte en la que ella empezaría a sentir muy rico. Juvia solo dejaba que él la tocará, la reclamará, se adueñará de su cuerpo.

Movía su mano por la extensión, por la entrada de su zona más privada, preparándola para lo que tenía en mente, se sorprendió con esas manos tan expertas que tenía el profesor, creía firmemente que era bueno en todo.

—¿¡Gray como que te hirieron!? -No se lo esperaban, jamás al Fullbuster se le pasó por su inteligente mente que su mejor amigo pudiera entrar a su apartamento e interrumpirlo. Maldijo mentalmente y muy avergonzado retiró sus manos del cuerpo de la Loxar, levantándose de encima de ella.

—¡Perdón… yo.. no quería interrumpirlos! Continúen con lo que estaban haciendo. -las mejillas de la joven se colorearon tan rapido que solo quería morir de vergüenza, Natsu se encontraba tan preocupado por Gray que ingresó a la habitación sin percatarse que el pelinegro no estaba solo. Salió rápidamente y se maldijo mentalmente, siempre había estado a favor de Juvia y ahora se convertía en el que había entorpecido sus planes.

—¡Ya me voy! -Natsu tenía copias de sus llaves, él estaba autorizado para ingresar en su apartamento cuando quisiera y por motivos de seguridad estaba acostumbrado a entrar para validar el estado de Gray. Debió esperar un poco más, estaba seguro que, si hubiera llegado unos cuantos minutos después, el mocoso que deseaba su mejor amigo ya al menos estaba en intentos. Se sentía como el mayor de los tontos.

—¡No Natsu! No te vayas necesito hablar contigo. -Gray vio a Juvia totalmente abochornado, se levantó completamente de encima de ella mientras la pequeña peli azul llevaba sus manos a sus mejillas tratando de soportar el calor que en ese instante se le había acumulado todo en la cara.

—Luego hablamos, tranquilo. No sabía que tenías un invitado. -Y es que el Fullbuster no salía con nadie y los encuentros casuales los había eliminado de su vida. Sabía mejor que nadie que su mejor amigo necesitaba ese encuentro mejor que nadie.

—Estoy cocinando, quédate a cenar con nosotros. -y con esa frase terminó por convencerlo.

—¡Venga señorita! Debe comer. –Juvia lo miró, negó con su cabeza dándole a entender que no quería salir, iba a ser muy vergonzoso para ella ver a Natsu, no entendía como estaba actuando como si nada hubiera pasado. Solo esperaba que en ese instante se la tragara la tierra.

—¿No tiene hambre? ¿Qué fue lo último que comió? -Sabia que el interrogatorio había empezado y que tenía que comer o se armaría la tercera guerra mundial.

—Una caja de seis donas con una gaseosa muy fría. -Gray cerró los ojos totalmente en desacuerdo. Se sentó en la cama y ella también imitó su accionar sentándose al lado de él.

—Mi hijo necesita que usted tenga una alimentación sana. -Sus ojos se abrieron por completo tratando de observar que los ojos del Fullbuster no mintieran, anteriormente cuando lo había dicho se encontraba tan bloqueada que pensaba que se atribuía a sus sueños.

—Eso quiere decir que ¿Acepta? -Preguntó porque si la escogía sus problemas se solucionarían, porque Gajeel tendría su transplante, los de Tártaros su dinero, y ella su vida, todo volvería a ser como era antes.

—Luego hablaremos al respecto. -Asintió para abrazarlo fuertemente sorprendiendo al Fullbuster. Él la abrazó devuelta poniendo su mano sobre su cabello mojado.

—No hubiera asistido a su funeral… -Su frase se cortó, probablemente él hubiera muerto al enterarse de que algo le hubiera podido pasar a ella por culpa de su progenitora. Juvia no lo entendió, no sabía porque volvía a repetir esa frase, pero lo único que necesitaba en ese preciso momento eran esos brazos, sentir que alguien la acompañaba, que no estaba sola.

—Estaba muy asustada. -Que él hubiera recibido una bala por ella, que la estuviera cuidando, que la abrazará, quería quedarse ahí, entre ese pecho y brazos muy fuertes, era como magia, algo que claramente no podía ser cierto, pero iba a disfrutar mientras durará, cada segundo iba a aprovecharlo. Sabían que Natsu estaba afuera, pero en ese momento parecía sólo estar los dos en el universo. No podía mentir, él estaba probablemente peor de asustado que la Loxar cuando no lograba encontrarla.

—Yo la protegeré, no tiene porque preocuparse. -Se separó levemente para ver directamente esos ojos grises. Sonaba simplemente hermoso que tuviera algún respaldo, siempre Gajeel habia estado ahí cuando lo necesitaba, después de que enfermara se sentía completamente sola.

—Gracias por salvarme. -Se aferró nuevamente a su cuerpo algo avergonzada, en ese momento no quería verlo al rostro, él respiró profundo, asimilando del todo que había podido llegar a tiempo y que ella estaba con él.

—¡Auch!

—Perdón, perdón, perdón. -Juvia revisó rápidamente la herida del joven, ya que su movimiento fue algo fuerte y había logrado que sintiera su herida.

—No fue nada, tranquila. -Ella asintió para nuevamente abrazarse a él como una garrapata con mucho más cuidado, no podía culparla, no la iba a apartar, la necesitaba tanto como ella a él y sin decir nada se quedó así, con Juvia en su cuerpo, llevando su mano a su rostro para acariciarlo suavemente teniendo especial cuidado de no tocar sus heridas.

Nunca, jamás pensó que pudiera estar con ella, siempre quiso protegerla, pero ahora entendía que entre más la apartaba el destino estaba dispuesto a ponérsela en frente. No quería que Juvia siguiera saliendo herida por su culpa, no, estaba dispuesto a hacer todo lo que estaba en sus manos para que ella estuviera bien, a salvo.

—¿No huele a quemado? -Gray se levantó enseguida recordando exactamente lo que estaba haciendo antes de entrar a "salvar" a Juvia, estaba preparando la cena. Corrió para ir a la cocina, no sin antes devolverse a su habitación cuando llegó al pasillo.

—¡Hace algo de frío, por favor cúbrase! -Y Juvia bajó su mirada a su cuerpo para ver sus pechos que eran notables por la fina tela de la camiseta que su cabello mojado había hecho más visible, entendió cubriéndolos enseguida con sus manos. Recordó que él había estado tocando ese lugar, su cara se enrojeció en seguida para caer noqueada encima de la cama del joven, nunca había sido tocada así con anterioridad y había sido simplemente fantástico. Su nariz olfateó la ropa de cama del Fullbuster, todo olía a él, mordió su labio inferior moviéndose de un lado a otro totalmente emocionada.

—¡Te llame muchas veces! -Natsu ya estaba en la cocina, alejando todas las cosas del fuego, el postre se había logrado cocinar más de la cuenta, con respecto a todo lo demás estaba a salvo.

—Wendy me estaba curando, ¿Cómo querías que te contestará? -Con velocidad sirvió la comida centrándose, Gray tenía muchas habilidades, entre ellas cocinar como los dioses. —¡Fuiste tu quien debió preguntar antes de entrar!

—¡Ay perdón, no sabía que por fin habías dejado de ser un princeso y que ya estabas haciendo el mocoso con ella! -Una pequeña risita se le escapó de los labios, no entendía como había sucedido y es que ella lo hacía perder la cabeza completamente. En sus cinco sentidos jamás hubiera llegado a hacer lo que minutos antes estaba haciendo con la chica.

— Gracias por interrumpirnos, no quiero que ella piense que me estaba aprovechando de lo vulnerable que se encuentra. -Los ojos verdes se volvieron blancos mostrando su total desacuerdo con esa aseveración, sabía mejor que nadie que Juvia tenía cierta atracción por Gray y que era la mejor candidata para ser la madre del pequeño.

— Ni siquiera debería concretar el trato con ella. Sería preferible darle el dinero y ya, me siento indirectamente responsable por lo que le esta sucediendo. -Susurró notablemente confundido y muy contrariado.

— ¿Y qué le vas a decir? Ya se que le debes dinero a Tártaros, es más, mi mamá es la líder, yo arreglo con ella. —¡Shhh baja la voz maldita sea, te puede escuchar! -Susurró verificando que la Loxar no estuviera cerca y que hubiera logrado percibir la delicada conversación que estaban teniendo.

—¡No seas idiota, Gray! No hay forma que le expliques como sabes todo, te va a descubrir tarde o temprano si abres la boca, tienes que limitarte a lo que ella te ha contado. -Cuánta razón tenia ese pelirosado y Gray lo sabía. —Si te sientes mal solo hazla pasar por un tratamiento para implantarle al mocoso y ya, listo, todo resuelto. -Fulminó a Natsu con la mirada para llevar la comida a la mesa, buscando que estuviera lo mejor presentada y apetecible posible para ella. —Ya conoces mi opinión al respecto.

—Si si si, ya se que no confías en los médicos y que pueden embarazarla con otro semen, en mi humilde opinión ves muchos documentales que te vuelven muy panaroico. -Gray respiró hondamente, suspirando para encontrar la calma.

—Fue un caso de la vida real, ese imbecil tiene más de cien hijos y no permitiré que me engañen con un bebé que no es mío.

—Te la quieres comer, no me mientas, esas son solo excusas. -Por supuesto que se encontraba muy atento a que ella no escuchara absolutamente nada, no podía negarle la verdad absoluta a su mejor amigo, antes cuando estaban los dos en esa habitación lo único que deseaba era que pasará, besarla era una experiencia que lo llevaba a otra dimensión. No quería ni imaginar lo que significaría que ella y él estuvieran juntos de esa manera.

—Baja la voz, no te lo voy a repetir. -Natsu sonrió mostrándole que le encantaba molestarlo.

—Pero, si me dices que ella tiene novio, ¿Cómo sabes que no será de él? -Era una excelente pregunta que lo dejó pensativo.

— Por una extraña razón confío en ella. No creo que sea capaz de traicionarme. -Aunque cabía una posibilidad, una pequeña duda se implantó en él.

— Después de casi suicidarse lo dudo, tú vas a ser su héroe, alguien al que le debe todo, su fidelidad, respeto, su vida. -Él asintió convenciéndose de eso y es que lucia tan desesperada.

— Pero no quiero ser alguien a quien deba venerar ni nada por el estilo, estuvo al límite de cometer una locura por culpa de mi progenitora, si ya hay cosas que no le puedo perdonar, esta ha sido la peor de todas. -Se encontraba notablemente decepcionado de Mika, solo deseaba que su familia fuera normal, poder presentársela, sin embargo, eso claramente nunca iba a pasar.

— La forma en la que jugó con nosotros en todo el día, nuestros padres son una cosa bárbara. -La señal proveniente del teléfono de Juvia bajo extrañas circunstancias siempre les daba una ubicación errada de la joven, dado lo anterior, todo el día estuvieron dedicados a la búsqueda de la estudiante, solo al final cuando pensaron que ya todo estaba perdido, él logró hallarla, encontrarla, ponerla a salvo de todo peligro con la última ubicación que le había mostrado y que si correspondía.

— Es tenebroso, ella me aterra.

— Nos aterra … Hablé con mi hermano, si fue él quien les disparó. -Gray llevó la mano a su frente cubriéndose los ojos tratando de soportar todo lo que estaba sucedidendo, en realidad la situación lo superaba completamente. — Él no sabía quién era ella, le pidió que dejará disponible todos los órganos que pudieran disponer, imaginó que quería salvar a muchas personas con su muerte.

—¡Tienes que decirle que es mía! Que no puede atacarla de nuevo. -Conocía muy bien al pelinegro, sabía que era temerario, bastante violento, alguien que llevaba más de cien muertos encima, alguien que no descansaba hasta cumplir su objetivo y no quería que Juvia resultará muerta por lo efectivo que solía ser en su trabajo.

—¿Tuya? -Natsu sonrió grandemente. —Ya en la zona todos saben que no pueden volver a tocar a Juvia. Tranquilo. -No le gustaba para nada la situación, estaba muy conflictuado, en ese instante no deseaba tomar ninguna decisión porque sabía que bajó todos los frentes iban a ser terribles las consecuencias.

—En la zona, pero Tártaros es otro lío, con solo una orden de esa mujer… -Y calló porque el solo hecho de imaginarlo le erizaba todo el cuerpo.

—Y perdí todo el dinero que aposté, ganó el número 4.

—Ya te he dicho que no es bueno que sigas apostando en carreras de caballos. Ya que se encuentran arregladas. -Y lo entendió a la perfección, solo bastó una mirada para que supiera que Natsu había escuchado a Juvia acercarse, su mejor amigo tenía una audición privilegiada, por lo que cambió de tema tan velozmente que, aunque lo tomó por sorpresa, manejó la situación como debía ser.

—Buenas noches. -Timida, completamente avergonzada se protegía poniendo su mano en su antebrazo, haciendo una barrera con su cuerpo sin que ella lo notara.

—¡Amiga me alegro que estés bien! -La tomó por sorpresa, no habían sido más de dos ocasiones en las que los dos habían hablado, pero él la estaba tratando como si hubieran sido amigos desde la infancia.

Se cortó la conexión de servicio, su cerebro había perdido todo enlace con el resto de su cuerpo, por lo que quedó congelado solo por verla, que linda se veía con su saco puesto, que en realidad le quedaba algo grande, se veía adorable y bastante tierna. Natsu, ya conocía la debilidad de Gray, esa peli azul con solo existir noqueaba a su mejor amigo.

El pelirosa la guio al comedor con mucho entusiasmo, pero mucho cuidado, le corrió la silla y la ayudó a sentarse para acomodarla. Los dos se sentaron a acompañar a Juvia en el comedor, algo incomoda vio fijamente el tenedor que tenía en frente, sin ánimos de nada más.

—No fue mi intención molestarlos, involucrarlos en mis problemas. -Se disculpó para ver cómo Gray la miraba desde su lugar. Debía asumir que Natsu sabía todo, era el mejor amigo del pelinegro, lo que no se imaginaba era que ellos ya sabían que ella era la que se había mandado asesinar.

—Nunca será una molestia, señorita. -Se apresuró en hablar, Natsu le regaló esa mirada a Gray y él se la devolvió advirtiéndole que no debía molestarlo con ella en ese momento.

—Yo ayude a encontrarte. -Dijo Natsu sonriendo, orgulloso - Y se rompió nuevamente, no era tan fuerte como para soportar todo aquello sin derramar más lágrimas, se limpió con las mangas del saco de Gray.

— Perdón, te prometo que no volveré a hablar de eso, ven no llores más. – Natsu se disculpó para empezar a decir cosas chistosas y alegrar a la peli azul que aún se encontraba bastante afectada, el muchacho estuvo contándole historias por varios minutos mientras Gray no dejaba de estar atormentado por todo lo que ella había tenido que pasar.

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— Que bueno que me contestaste, Juvia, no sabes, va a sonar muy extraño lo que te voy a decir, pero, tenía un dolor en el pecho, una angustia que no sé cómo explicar por ti. – Juvia suspiró profundamente, con un nudo en la garganta, no quería preocupar a nadie, no deseaba que nadie sufriera por culpa de ella y Meredy tenía un sexto sentido, sabía perfectamente cuando su mejor amiga se metía en problemas.

— ¿Sí? Estoy bien, tranquila. Debo contarte algo que sucedió.

— ¿Qué paso? ¡Dímelo ahora! – Sabía que su decisión en un momento de desesperanza pura hubiera afectado a muchos en su vida, se sentía tan sola cuando contacto a Zeref, pero sabía que contaba incondicionalmente con Meredy y ahora con su profesor de cabellos negros.

— Tranquila, no es nada por lo que debas preocuparte, pero debemos hablar seriamente. –La tranquilizó, pero no le adelanto nada, la dejó con la duda, debía pensar como se lo iba a contar y más cuando no le podía decir por teléfono que iba a aceptar el trato de ser madre de un pequeño bebe.

— Adelántame algo, por favor, no me dejes así.

— No voy a ir a la universidad mañana, pero cuando nos encontremos te lo contaré todo. –No podía mencionar al Fullbuster, eso estaba más que claro, sin embargo, debía decirle que estaba en problemas con Tártaros, que iba a aceptar el trato.

—Señorita Loxar, en el mueble del baño hay una caja de cepillos de dientes sin usar, por favor tome uno. Si necesita algo adicional por favor comuníquemelo y se lo conseguiré. –Él estaba golpeando en la lámina de madera llamando la atención de la muchacha.

— Debo colgar, después hablamos, cuídate mucho.

— Esta bien, Descansa.

— Gracias, y Meredy …te quiero muchísimo.

— Yo también tonta, no te imaginas cuánto. –La jovencita sonrió para colgar la llamada que tenía en curso.

— ¿Puedo entrar un momento, señorita? –Juvia se acercó a la puerta para abrirla, no pudo evitar sonrojarse al verlo al rostro y es que estaban solos de nuevo, en el mismo lugar donde minutos atrás habían estado a punto de hacer unas cuantas cosas.

— No necesita preguntarme, esta es su habitación.

— Voy a sacar solo unas cobijas. –Le explicó y entró lo más rápido posible, necesitaba huir, no estaba seguro de lo que iba a pasar si nuevamente lo atacaban sus ideas sin sentido común.

— Voy a dormir en la sala, si necesita algo no dude en comunicármelo.

— Yo duermo ahí, por favor no se moleste, no permitiré que duerma en la sala incómodo.

— ¿Quiere que duerma en la cama con usted entonces? – Su rostro se tornó muy rojo, él sonrió malvadamente para salir y cerrar la puerta tras de sí, sería muy difícil conciliar el sueño sabiendo que iban a estar en el mismo lugar, toda la noche.

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No estaba muy de acuerdo con que él estuviera durmiendo en el sillón y ella si cómoda en la cama del Fullbuster, más cuando el profesor estaba herido. No había podido dormir y ya eran avanzadas horas de la noche. Decidida salió con la almohada y una cobija, deseaba preguntarle si ya se había tomado su medicamento, necesitaba desesperadamente comprobar que él estaba bien.

Y estaba profundamente dormido, Gray se veía bastante apuesto durmiendo, indefenso, muy hermoso, si, definitivamente le encantaba verlo sin camiseta. No lo despertó por lo que se acomodó muy silenciosa en el otro sillón, viéndolo profundamente hasta que al fin pudo quedarse dormida.

No había siquiera aparecido los primeros rayos del sol, cuando la alama ya sonaba insistentemente. Gray encendió la lámpara para descubrir que una peliazul descansaba frente a él en el sofá vecino, sonrió para negar con desaprobación con su cabeza, le había dado instrucciones claras pidiéndole que descansará en su habitación, sin embargo, eso ya no tenía sentido porque la admiró retrasando su itinerario por algunos minutos, pensó en ese instante en una idea totalmente fuera del lugar, solo deseó poder verla así todos los días de su vida y desechó ese pensamiento, su vida era un caos total.

Se levantó para empezar su día, revisando las pastillas que debía tomar, salió a su balcón para ejercitarse, debía aprovechar el tiempo. Se bañó, vistió, preparó el desayunó y ella no se había movido en lo absoluto, solo podía pensar que tenía un sueño pesado, dudo en despertarla, tal vez solo debía dejarla dormir mientras él salía y atendía sus obligaciones.

— Señorita, Me voy, queda en su casa. –Tratando de asimilar las cosas se rascó uno de sus ojos, adormilada. Con rapidez entendió que se encontraba en la casa del Fullbuster y no quería causar muchas más molestias.

— ¿Podría llevarme a mi casa? –Él miró su reloj. — Pero no puedo esperar que termine de desayunar.

— No importa, como algo en mi casa. -asintió para ver como ella se levantaba.

— ¿Cómo se siente?

— Muy bien, fantástico.

— Me alegro mucho, profesor. –Estaba seguro que esa sonrisa que le regaló le había hecho completamente el día, que bonito se sentía despertarla, ver cómo le regalaba sonrisas, sentir que se preocupaba por él.

— Me voy a cambiar, ya vuelvo. – Corrió para buscar su ropa, se cambió, sin embargo, secuestró el saco del profesor con la excusa de que su chaqueta no estaba seca. Bajaron juntos al parqueadero después de cerrar el apartamento del joven, en silencio, Gray estaba inmerso en todo lo que tenía que hacer, revisando su celular, abrió las puertas para percibir como ella se subía delante de la camioneta, como si fuera su novia.

Encendió la radio, buscando una emisora conocida, mientras él recibía una llamada y hablaba de temas de los cuales no tenía conocimiento, pero parecían bastante importantes. Sus manos, marcadas por sus venas lucían muy sexys encima del volante, sí, amaba ver como conducía.

Andar en esa camioneta se sentía ya muy familiar para ella, podía sentir el olor a nuevo en sus fosas nasales, vio como el finalizaba su conversación después de unos cuantos minutos.

— Perdón, era importante.

— Tranquilo no se preocupe.

— Anoche estuve pensando en nuestra situación, puedo prestarle el dinero, no es necesario que concretemos el trato. – Juvia se quedó viendo fijamente al muchacho.

— No tengo la capacidad de pagarle esa suma. Seré la madre de su hijo. –No podía ser muy insistente porque iba a sospechar que él sabía más de la cuenta, le regalaría el dinero si fuera necesario, pero, muy en el fondo, deseaba que esa linda señorita fuera la madre de su hijo.

— Debo ser claro con usted, no confió en la inseminación artificial, por eso los dos tendríamos que … naturalmente tener encuentros sexuales. – Era una situación que lo superaba un poco, era un tema que no era normal.

— ¿Tiene algún problema con que eso sea conmigo? –Desesperadamente deseaba tener ese encuentro con ella, aunque no podía aceptárselo tan de frente.

— No ¿y usted? – Ella negó con un sutil y lindo sonrojo en sus mejillas.

— La concepción de mi hijo es como una operación, estratégica, sumamente importante, en la cual debemos ser muy cautelosos, inteligentes y responsables, se debe cumplir cada acuerdo a cabalidad, al pie de la letra...— Debe tener un nombre esa operación. – Juvia a veces lo desconcertaba, cuando él estaba diciendo cosas serias salía con algo completamente fuera del lugar.

— Operación Greige. –Dijo, poniendo un color aleatorio a la operación, Gray asintió sin darle importancia. — No debe sentirse como si me estuviera vendiendo su cuerpo o una parte de él, yo jamás le recriminare el hecho de lo que estamos haciendo, porque haría cualquier cosa para tener un pequeño.

— No lo tomaré como eso entonces, me enfocaré en que debemos cumplir con la misión, la importante tarea de traer a su hijo al mundo. - Él afirmó dándole toda la razón.

— No tomará una decisión apresurada o bajo presión, por lo que no hablaremos del asunto hasta el domingo, estos cuatro días va a pensar con cabeza fría si realmente está preparada para que iniciemos con esta operación, con que entablemos este tipo de trato.

— No tengo nada que pensar, quiero ser la madre de su hijo. – Cuatro días eran mucho tiempo, no deseaba que Gray cambiara de opinión y no poder tener el dinero que claramente necesitaba.

— Confíe en mi palabra, no me retractaré porque ya he decidido que sea usted, sus exámenes lucen perfectos, es joven, bella y ambos saldríamos beneficiados de este trato. – Lo dijo como si pudiera leerle la mente, ella asintió, él era el que ponía las condiciones. Se estiro un poco para llegar a la guantera del auto y le pasó una hoja de papel para que lo tuviera en su poder.

— Esta es mi prueba de VIH y el resultado de control con el especialista. –Su corazón se detuvo un poco, sintió como todo se estaba dando para que los dos estuvieran juntos.

— Por favor cuídese mucho. – Gray asintió.

— Si me necesita llámeme, no importa la hora que sea la atenderé. – Movió su cabeza para darle a entender que había comprendido lo mucho que le preocupaba su seguridad.

— Gracias por todo lo que ha hecho por mí. –Moría en ese instante por darle un beso, sin embargo, se contuvo para bajar del auto y despedirse con su mano.

— Hablaremos el domingo. –Camino para ingresar en su edificio, viendo como el auto arrancaba cuando él se había cerciorado que se encontraba a salvo. Se encontraba feliz, ya todo poco a poco se estaba solucionando.

Su sonrisa desapareció al ver a una peli azul en su puerta, continuó su camino hacia su apartamento sin detenerse, respirando profundamente ya que aún tenía ese sentimiento feo en contra de Levy y no quería decir cosas malas de las que probablemente se podría arrepentir más adelante.

— ¿Te divertiste burlándote de mí? –Juvia respiró hondamente al escuchar el reclamo de Levy, no tenía intención de pelear, solo quería llegar a casa y descansar.

— ¿Crees que jugaría con algo tan delicado? ¡Jamás bromearía con la vida de mi hermano! En realidad, iban a matarme. – Endureció su voz para verla a sus ojos, con los golpes en su rostro, con la confianza de ahora contar con el dinero y haber sido quien había traído la solución.

— Pues aún te veo viva. – Se sintió brutalmente ofendida por ese comentario, nunca habían existido algún malentendido o altercado entre las dos, sin embargo, en ese momento lucían como un par de enemigas en vez de familia.

— Conseguí el dinero por otro medio, no fue necesario dar mi vida a cambio. –Levy levantó su ceja para negar con su cabeza, se encontraba demasiado enojada y es que pensó que Juvia iba a morir por su culpa y hubiera sido algo que jamás se hubiera podido perdonar.

— ¿Cómo? ¿Le hiciste caso a Keith y te vendiste por un par de dólares? ¿Al hombre que te trajo en ese vehículo costoso? –Su mano se levantó por instinto, pero en el aire la cordura volvió a ella evitando que se estrellará contra la mejilla de la McGarden, volvió la mano a su lugar para apretarla con fuerza tratando de soportar la ira.

Sus mejillas se enrojecieron de inmediato pues la rabia le estaba recorriendo el cuerpo con rápidez, a una velocidad que no sería prudente para mantener una relación de cordialidad con la muchacha.

— Lo que haga o deje de hacer con mi cuerpo es mi maldito problema, de todas las personas en el mundo tu eres la que menos tiene derecho a recriminarme en lo absoluto. Permiso – Y sin delicadeza alguna la empujó con fuerza y la hizo a un lado para entrar en su casa, ella respiró profundo, Juvia tenía toda la razón.

— Vine para pedirte que no le digas nada a Gajeel. – Juvia le dedico una mirada asesina, ingresó en su apartamento para lanzarle la puerta en la cara, con fuerza, haciéndola sonar de una manera estruendosa haciéndole entender que ya no quería hablar con ella.

— ¡Cuando tenga el dinero en mis manos te llamaré, por lo pronto, lárgate de mi casa! –Sentenció para caminar dentro del apartamento.

— ¿Te refieres al apartamento que tienes arrendado con mi novio? –Se hizo la sorda, en realidad ya no quería escuchar a esa mujer que no reconocía en lo absoluto. No podría creer lo que ella le había dicho, juzgarla cuando la que había iniciado el problema con Tártaros había sido ella, en realidad se sentía bastante molesta.

Llegó a su habitación y respiró profundamente, mordiendo su labio inferior al ver aquella ropa que había preparado para su funeral.

—Gracias por aparecer profesor, por salvarme. – Y si ya estaba enamorada de ese hombre en ese momento se encontraba mucho más.

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Vio la hora en su reloj, como por milésima vez, no había recibido un mensaje, una llamada, Juvia no había dado señales de vida y pensaba que se había arrepentido, era el domingo en la noche y ese fue el día que le había dado como plazo. ¿Y si había conseguido el dinero en otra parte y ya no lo necesitaba?

Su mente era muy pesimista, horriblemente catastrófica, sin embargo, tenía todo preparado para hablar con ella. El timbre de su casa sonó deteniéndole el corazón, casi corriendo se fue a atender la puerta y la vio, era ella, se encontraba tan hermosa que creía jamás haberla visto así con anterioridad.

— No tuve nada que pensar. – Con un miedo que le invadía el cuerpo el muchacho asintió.

— Por favor siga. –Cerro la puerta y se dirigió rápidamente al sillón.

— Debemos hablar del contrato. –Ella se extrañó, ¿Contrato? Estaba igualmente nerviosa, no se había movido de su lugar, se había quedado prácticamente en la puerta.

—¿Señorita, se va a sentar o prefiere que le explique todos los términos ahí? -La muchacha negó y se sentó en la orilla del sillón, sus ojos no se podían despegar del lugar. Todo era terriblemente extraño y no podía evitar ponerse nerviosa, lo iban a hacer, ella iba a ser la madre de su hijo, él la había elegido solo a ella.

Llevó las manos a su rostro, se sonrojó al conocer a donde se dirigían sus pensamientos, Gray encima de ella mientras entraba una y otra vez en su interior, en la intimidad que pensó jamás poder tener, ni con la lámpara de Aladino.

—¿Me está escuchando? -la joven asintió, pero había perdido todo el hilo de la conversación. Vio directamente el papel que su profesor tenía en sus manos y que lo estaba sosteniendo en una distancia cercana para que ella lo tomará.

—¡Lea el contrato por favor! -Juvia recibió la hoja impresa, elaborada, tenía su nombre, él ya lo había considerado con anterioridad, él quería que fuera ella, Gray Fullbuster deseaba el cuerpo de Juvia Loxar y no precisamente por sus genes, por lo que no fue una casualidad, el estar en ese lugar con ese documento no era una improvisación.

—Si tiene alguna pregunta no dude en comunicármela. -siempre le daba miedo preguntarle, ya que él en clase la trataba como si fuera una completa idiota. Protestó en su mente, eran demasiadas páginas, Gray era extremadamente cuidadoso y ese tipo de cosas ya representaba todo un riesgo para él. Juvia escaneó lo más rápido posible todas aquellas frases, esas que no podía saltar, se debía tomar su tiempo. Era necesario, sin embargo, el papel tenía cierto grado de dificultad, debía estar asesorado por un abogado, él mejor de todo Magnolia, de eso no había duda.

—¿No podré conocer al bebé? -releyó ese item que especificaba que la Loxar debía entregarlo tan pronto diera a luz, sin siquiera verlo, abrazarlo, amamantarlo o conocerlo. —Es lo mejor para mi hijo, no quiero que tenga un vínculo que después deba romper. -lo dijo con tanta naturalidad que dolían ligeramente sus palabras, debía acostumbrarse. Asintió, eso no era algo nuevo, sabía que debía entregarlo, que no iba a ser su mamá, aunque un vínculo de madre e hijo se forjaría, pues competirían el mismo cuerpo.

Debía mentalizarse en no tomarle cariño a la criatura y poder dárselo a su profesor. —¿Qué pasa si tengo un embarazo múltiple? -Los ojos grises del joven se posaron en ella, no había contemplado el hecho de que pudiera tener más de un bebé y era un detalle que se le había escapado por completo de su alcance.

—¿Es posible que suceda? ¿En su familia han existido embarazos múltiples?

—No… debo confesar que no lo sé.

—Me entregará a los dos. -sonaba demasiado triste para Juvia, separarse de sus bebes. —¿Y si tengo tres? -Ella mejor que nadie sabía que no podría hacerse cargo del pequeño, en caso de dividir la custodia, que él se quedará con uno y ella con el otro, debía ser realista, tendría que dárselos a él.

—Me entregará a cada uno de mis hijos. -Pronunció con tono de exasperación por su pregunta repetitiva, escribiendo en su respectiva copia del contrato esa nueva cláusula. Eran bastantes condiciones, Juvia estaba asombrada por los numerosos ítems, pero aún así continuó leyendo después de la aclaración, ya que en el peor de los casos el podría sacar ventaja de cualquier cosa que haya firmado.

—Numeral veinticinco, ¿Cómo que tendrá el derecho de decidir si continúo o no con mi embarazo?

—En caso de que mi hijo venga con alguna malformación o una incapacidad muy grave, seré el que decida si continúa o no. -Juvia negó con la cabeza, no le parecía Justo, podría ser una posibilidad, pero no deseaba pensar en el simple hecho de venir con alguna anomalía que pudiera disponer de una vida como si fuera un objeto que podía botar a la basura y volverse a hacer, como si fuera un producto que no podía tener alguna imperfección o algún margen de error.

—Yo también quiero poder decidir sobre darle continuidad o no. -Gray sonrió como si lo que Juvia acaba de decir fuera demasiado estúpido y bastante divertido.

—Señorita Loxar, usted es la herramienta por la cual tendré a mi hijo. -lucia como el profesor Fullbuster en ese instante, no entendía a donde se había ido la bondad que le profesaba. Agachó la cabeza, lo peor de la situación es que el Fullbuster tenía toda la razón, ella simplemente iba a tomar el dinero renunciando a todos los derechos. No podía refutar en lo absoluto y él se lo quería recordar con esas simples palabras, con esas dolorosas y muy hirientes palabras.

—No tendrán encuentros sexuales con otras personas mientras se logra la concepción y para Juvia durante todo el periodo del embarazo. —Sería peligroso para usted o para mi. -se apresuró en hablar, no estaba dispuesto a aceptar que ella se involucrara con otros hombres mientras estaba con él.

—No usaremos protección y no estaré expuesto a una infección de transmisión sexual, tampoco la expondré señorita Loxar. -Estaba segura que ella no tenía ninguna enfermedad por lo que esa cláusula la beneficiaria a ella, tampoco se sentiría cómoda pensando que él podría estar con otra mientras se involucraba sexualmente con ella. Por su mente pasó que el sería únicamente de ella y eso le agradaba.

—El dinero me lo dará por adelantado. -Agregó, necesitaba urgentemente los recursos, no podría esperar a quedar embarazada. Lo dudó porque podría escaparse con el dinero, pero sabía que lo necesitaba, la herida en su rostro le recordaba por todo lo que había pasado.

—Soy su alumna, no huiré con el dinero, es mi única condición... Se lo devolveré si no concretamos el trato. -Tendría que convencerlo, tenía una mirada fija, bastante fuerte.

—Lo sé, tendrá que devolverme hasta el último centavo si me traiciona. -la interrumpió con su típico tono autoritario, ella infló sus cachetes en desacuerdo, Gray miró su papel a la velocidad de la luz ya que esa reacción le había parecido completamente adorable.

—Cabe recordarle que esto es un secreto, nadie puede enterarse y si en la universidad la llegasen a descubrir no haré absolutamente nada para salvar su pellejo, es más, diré que usted me acosó hasta que esto sucedió, todo para proteger mi carrera. ¿Entiende?

—No necesito que usted ni nadie me defienda. Se cuidarme sola y aceptar mis responsabilidades. -pusó sus ojos nuevamente en el papel para continuar leyendo, algo enojada, la entristecía un poco su corazón el saber que no viviría un cuento de hadas como siempre lo esperó. No esperaba que él la protegiera, sabía que la iba a apuñalar por la espalda si se presentaba la oportunidad únicamente con la intención de salvarse. Volvió sus ojos al papel tratando de ahogar la tristeza que la abordó en ese instante.

—¿Le sucede algo? -Ella negó con un movimiento. No podía doblegarse en ese instante, Gray debía ser claro con cada uno de los puntos.

—¿Desea una niña? Pero el sexo lo da usted. -Desvió la atención con esa pregunta tratando de que no se diera cuenta que le afectaría el hecho de que él pusiera todas las responsabilidades en sus hombros, Gray asintió.

—Sí, lo sé, pero como usted hace todo lo contrario a lo que yo le pido, por eso le indico que quiero una niña, para que me de un niño. -Un hijo, un varón, ese era el deseo del joven y ella lo comprendió, aunque sabía que no dependía de ninguno de los dos.

—Ojalá. -Sonrió levemente para volver sus ojos al papel, se quedaron en silencio algunos segundos mientras ella terminaba de leer y comprender todos los puntos.

—Los encuentros serán de mutuo acuerdo y ambas partes deben estar conformes con lo que se hará en cada uno de ellos. Numeral cuarenta. -Gray se rascó el cuello algo incómodo, como si estuviera buscando el valor de cualquier parte.

—¿Profesor puedo hacerle una pregunta? -Respiró profundamente con algo de temor.

–¿Qué desea saber?

—¿Usted es gay? -No lo había hecho con intención, ni siquiera supo en qué momento esas palabras salieron de su boca, se maldijó mentalmente porque si él se enojaba podía echarse para atrás y perder irremediablemente el avance que tenía. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensar en eso, Gray la tomó rápidamente del mentón apretándola de las mejillas con sus dedos en un movimiento muy sutil pero salvaje, pusó su rostro a milímetros de la joven arrancandole un suspiro por su cercanía, por lo que representaba, no se esperó ese movimiento, la tomó desprevenida, totalmente desarmada.

Se asustó, demasiado, su corazón se detuvo, ese simple acto le robó todo el aire a Juvia y estaba en graves aprietos, ya que su respiración automática se había desactivado. Sintió como sus mejillas se sonrojaban enseguida y tragó toda la saliva que tenía en la boca al sentir su respiración sobre su piel. Su delicioso aliento varonil.

—¿Cree que soy gay, señorita? -Lucia totalmente enfadado y Juvia no entendía por completo porque su cuerpo había dejado de responderle. Era terriblemente sensual, bastante dominante y temible. Quería que la tomara, sí, no podía engañarse, lo quería solo para ella.

—¿No lo es? -pronunció su pregunta con un tono de burla, lo retó únicamente con el deseo de saber hasta donde sería capaz de llegar, nunca se imaginó tenerlo así, jamás llegó a pasar por su mente que eso sucedería, su profesor inalcanzable estaba amenazandola con sus acciones y en la mejor de las situaciones estarían tocándose sin control alguno.

El joven sonrió con superioridad, levantó su ceja para emitir una expresión de seriedad borrando su sonrisa, si que merecía un castigo por su atrevimiento, era su oportunidad para hacerle pagar por cada una de sus maldades. —Déjeme hacerla cambiar de opinión – Juvia mordió su labio inferior provocando al Fullbuster, su cara de deseo lo prendió de inmediato, siempre lucia indefensa y demasiado inocente, por lo que verla con esa actitud lo estaba enloqueciendo, lo estaba descolocando completamente.

Paseó su dedo pulgar ligeramente por los labios de la jovencita. Observando, detallando cada acción, Juvia sintió como ese dedo se colaba entre la abertura de sus labios e ingresaba levemente a su boca. Era virgen, más no inocente, había leído bastantes novelas eroticas como para saber que debía hacer después, lo chupó sin usar sus dientes y Gray sonrió de nuevo. Esa sonrisa se estaba volviendo su nueva adicción, ¡Diablos! Si que la prendía esa expresión.

Mentiría si dijera que no le había gustado ese acercamiento, de hecho, jamás se imaginó una historia de amor, sabia que eso no encajaba para nada con la personalidad del profesor y simplemente no le importaba, no estaban ahí para hacer el amor o para entablar una relación con su malgeniado maestro, Juvia iba a tener sexo por primera vez en su vida para lograr traer al mundo a su hijo e iba a disfrutar la experiencia.

—Soy algo testaruda, ¿Cree que puede hacerme cambiar de opinión? -No lo dudó, no se dedicó a pensar en nada más que no fueran los dos en ese espacio de universo, en que estaba mal, que podían meterse en muchos problemas, en cambio eliminó la distancia que los separaba para ferozmente adueñarse de sus labios, la joven trató de seguir el ritmo, cerró sus ojos, sacó su lengua dudosa e inexperta, se dejó llevar.

Se imaginó tantas veces ese momento en la noche antes de irse a dormir, él era lo que su mente le traía, fantasear con Gray Fullbuster era uno de sus pasatiempos favoritos, sin embargo, ya no estaba soñando, él estaba ahí y era muy real, él era quien la estaba tocando y no un producto de su imaginación. —Loxar, usted no conoce lo que soy capaz de hacer. -se separó, pero para quedar a milímetros de sus labios, su voz extremadamente sensual entró por su oído para llegar en milisegundos a su cerebro y pasar como un corrientazo por todo su sistema nervioso erizando cada uno de sus vellos. Respiró hondamente y tuvo un pequeño corto circuito, pues no pudo siquiera parpadear ya que eso había sido totalmente erotico para ella, esa frase después de ese beso la había noqueado por completo.

—Enseñeme lo que es capaz de hacer, Gray-sama -estaba nerviosa, es cierto, era su primera vez, sin embargo, no quería parecer como la pequeña sin experiencia, por eso no se lo comentó. Trató de corresponderle, de ahogar su nerviosismo, de parecer toda una experta. Y a él lo enloqueció escuchar como lo había nombrado, esa pequeña palabra lo hizo darse cuenta que era mucho mayor, que ella era su estudiante, que había esperado mucho ese momento, que por fin la tendría solo para él.

—Loxar -Susurró perdiendo la última neurona que estaba en contra de lo que estaban haciendo, de nuevo esa sensación, sus labios eran simplemente adictivos, ella había clavado sus dedos en las hebras negras del joven, mientras que la mano de Gray ya había bajado para posarse en la nuca de la muchacha.

Estiró su cuello, echando la cabeza hacia atrás permitiendo que él la tocará, la besará. Sus labios bajaron arrancándole suspiros, era un sueño, Juvia aún no se lo terminaba de creer del todo, pero se sentía en el paraíso.

—¡Repita que soy gay! -No lo pudo hacer, al menos no quería que él se detuviera, su cuerpo pedía a gritos sus caricias, sus toques, todo de él.

—Gray-sama. -expectante la miró desafiante, si ella decía algo acerca de su sexualidad de nuevo estaba completamente seguro que no iba a responder, la haría gritar de placer hasta que pensara lo contrario.

—¡Dígalo! -Ella sonrió para negar con la cabeza.

—Señorita Loxar, ¡Dígalo! -y lo dijo porque sabía que él estaba esperando una disculpa para hacer lo que tenía que hacer.

—En la facultad todos creemos que usted es gay, Natsu me lo confirmó. -él joven arqueó su ceja bastante incrédulo por lo que acaba de escuchar, Juvia había voluntariamente firmado su sentencia y ya no tenía más dudas, debía hacerla cambiar de opinión a toda costa.

Desde su espalda la pegó a su cuerpo con un empujón, un gemido salió de Juvia por la sorpresa sonrojandola sin remedio. Se acercó lentamente a su oído para morderle el lóbulo.

—Si supiera que me fascinan las que lucen como un angelito, que no rompen un plato, las que tienen grandes senos y bonitos ojos. Las que se ven terriblemente eroticas e indefensas, las que gritan por más cuando se les da con fuerza. -Juvia pasó toda la saliva que tenía en la boca, no se había desmayado de puro milagro, pero su cuerpo ya había empezado a temblar.

—Entonces. ¿Qué está esperando para darme con fuerza? -La tomó del brazo y ella lo siguió, como si no tuviera uso de razón actuando como si fuera un ser manipulable. Cuando estuvieron frente a la cama la vio a los ojos, estaba solicitando con esa simple mirada su permiso y Juvia ya había probado la fruta prohibida al solo saborear esos labios. Su mirada azul le indicaba que quería que pasará, que lo deseaba más que a nadie en el mundo.

—Hágame lo que usted quiera, Gray-sama. -susurró frente a su boca, indicándole que podía seguir, que estaría bien, no habían firmado nada, de hecho, el contrato había quedado olvidado, las hojas yacían en el piso sin ningún valor, en ese instante solo eran dos personas dejándose llevar por sus deseos más profundos, por los más carnales.

—¡Acuéstese boca abajo! – ella asintió, se acostó acomodándose en la suave cama, expectante, algo nerviosa. Volteó su rostro para verlo y percibió como se deshacía de su camiseta, paseó su lengua por su labio inferior de manera involuntaria, el torso del joven era simplemente apetecible.

Cerró los ojos algo nerviosa al percibir como se subía en la cama, volvió a poner la cara en la almohada y respiró hondamente tratando de tranquilizar a su alocado corazón que latía con fuerza amenazando con escaparse de su pecho. Se volvió gelatina al sentir como él le corría el cabello descubriendo su cuello, se le escapó un pequeño gemido cuando sintió sus labios sobre su piel, como la probaba, la erizaba, la poseía.

—Delicioso cuello, señorita. -cerró los ojos sintiendo sus caricias, disfrutando de las hermosas sensaciones que le causaba. Se lamentaba de no poder presumir con nadie que él había sido suyo, que ella había perdido la virginidad con el profesor más guapo de toda la facultad, sin atreverse a mentir indicaría que era el más apetecible de toda la universidad.

Con una mano la sostuvo ligeramente desde el vientre levantándola. —¡Apóyese! -Juvia se apoyó en sus antebrazos mientras él le subía la blusa y se la quitaba haciendo que Juvia finalmente lo ayudará sacándosela por el final de sus manos. Volvió al colchón sintiendo como él le desabrochaba el sostén y apartaba los dos lados liberando su espalda.

No tenía ningún tipo de afán. Disfrutaría de ella, de ese momento, de esos labios que siempre estuvo tentado a besar y que por sus impedimentos no lo pudo hacer antes. Bajó los dos tirantes descubriendo sus hombros y apreció la espalda de la muchacha, tenía algunos morados en el lugar. Gray mordió su labio inferior mientras su cuerpo era invadido por un calor insoportable.

Ella por su parte sintió sus dedos sobre una sección de su espalda, era una marca extraña, pero bastante bonita para sus ojos grises, de inmediato llamó su atención.

—Es una marca de nacimiento. -pronunció al saber que había delineado el corazón que tenía en su piel, esa de color café claro.

—Quiero que mi hijo la tenga. -la chica asintió para sentir como le daba un casto beso en ella. Nunca se sintió tan agradecida de tener la marca, no quería que se separa de ella, sus besos se sentían extrañamente, como si estuviera en el paraíso mismo.

Repartió suaves besos por la espalda desnuda de la joven, se sintió relajada, olvidando que era su profesor, que no era su novio, solo dejó que pasará. Placentero, era totalmente exquisito sentir esos besos sobre su piel, se estaba adueñado de cada milímetro de su ser.

Odiaba ver esas marcas en su espalda, sin embargo, continuó para subir la falda de prenses ligeramente y así enloquecer al descubrir aquellas medias de liguero, se veía simplemente perfecta. Su debilidad, jamás pensó que ver a una mujer, no, que ver a Juvia usando esa ropa lo elevara tanto. La sección blanquecina que se veía de su pierna le hacía una dulce invitación para conocer mucho más.

Y no dudó en aceptar su indecente invitación. Sensual, le encantaba verle esas prendas, levantó la falda para acomodarla en la espalda, su braga del mismo color de sus medias y con las arandelas que la adornaban le permitió ver su trasero rendondo, demasiado apetecible y muy hermoso.

—Abra las piernas. -Asintió ahogando su nerviosismo, le hizo espacio haciendo lo que le decía, escuchó como la cama traqueaba causado por el movimiento del joven que se acomodó entre sus piernas, emitió un gritillo al sentir esa parte del cuerpo de su profesor pegada a ella, el joven aún contaba con su pantalón, pero claramente fue bastante estimulante para la estudiante sentir el roce sobre el sur de su anatomía.

—Que rico, Loxar. -y le regaló una serie de caricias para en seguida apretarlas con fogosidad. La joven arqueó su espalda para morder su labio inferior al sentir el primer apretón, las dos manos del joven estaban ocupadas en su totalidad. Sentir el contacto de Gray la hacía sonrojarse y agradecía en ese instante darle la espalda ya que estaba muy avergonzada. Firmes, Gray estaba encantado con ese par de atributos.

Con su Jean puesto empezó a moverse estimulando a la joven. Deseándolo, necesitándolo, Juvia lo quería dentro de ella, así que imitó su movimiento, llevando su trasero a su encuentro, refregándose, sintiendo una deliciosa sensación por la fricción.

—Gray-sama -Su voz se encontraba ahogada contra la almohada.

—Loxar, su trasero es… -pensó por segundos lo que iba a decir ya que el placer lo hacía pensar en palabras totalmente groseras y fuera de su culta personalidad.

—Exuberante, delicioso, exquisito. -su voz ronca y ya llevada por el placer hicieron que su corazón bombeara con fuerza.

—Está noche es todo suyo, Gray-sama. -lo sacó y él siguió empujándo su cadera contra ella, provocando mucha más excitación en la joven.

Se le escapó un grito al sentir el mordisco en una de sus nalgas, había sido bastante suave, pero la sorpresa y la sensación la tomaron desprevenida. Todo iba bien, ella no quería arruinarlo, tenía que decirle que era su primera vez o él debía saberlo, pero simplemente no podía pronunciar palabra cuando lo intentaba.

Con algo de fuerza le dio media vuelta para poder observarla, su cabello algo desordenado y sus pechos ligeramente descubiertos le dieron un cuadro perfecto y demasiado erotico a Gray. Su rostro sonrojado le dio cierta satisfacción al Fullbuster, se veía indefensa y muy avergonzada, pero terriblemente hermosa para él. Le quitó su sostén y si le preguntaban en ese instante diría sin miedo a equivocarse que eran los pechos más preciosos que había visto.

Se acercó a ella robandole un suspiro, la tocó suavemente y Juvia inmediatamente cerró sus ojos disfrutando de las caricias en su cuerpo, de lo bien que se sentía, era un placer bastante hermoso e indescriptible. Era sensible y su cuerpo entero se llenó de un calor intenso, en definitiva, sus pechos eran una zona terriblemente erógena.

No entendía como había esperado tanto para intimar con un hombre, probablemente estaba esperando a alguien como su profesor con la experiencia suficiente para hacerla temblar, pero no se arrepentiría nunca de que fuera él, Gray sabía cómo ejecutar cada movimiento, el joven Fullbuster era un experto y ella se encontraba bastante excitada al solo ser tocada y besada por ese hombre.

Abrió los ojos inmediatamente cuando sintió la lengua sobre sus pechos, un delicioso y exquisito placer se alojaba en su vientre bajo por las caricias que le suministraba. Haló hacia él con sus dientes haciéndola arquear la espalda mientras toqueteaba con descaro el otro.

—¿Le gusta? -preguntó con cierto grado de superioridad, sabiendo que tenía todo el control, que la peli azul estaba siendo obediente y eso le encantaba.

—A Juvia le gusta. - atinó a decir mientas mordía su labio inferior demostrando el gusto de la sensación.

—Es demasiado sensible. -y ese hombre la estaba llevando muy rápido a la gloria. Su lengua le dio atención rápidamente al otro pecho donde al succionar de él le provocó ciertos gimoteos que estaban prendiendo al Fullbuster.

Su mano se coló por entre los dos bajando por su vientre, sus piernas traicioneras se abrieron ante él y permitieron que acariciara su montículo de carne, su zona más privada.

—Ya está muy mojada. -debía sentirse terrible porque no podía ocultarlo, era una reacción de su cuerpo, totalmente involuntaria.

—¿Ve lo que provoca en Juvia? -respondió con una pregunta y una sonrisita demasiado inocente. Subió lentamente a sus labios para adueñarse de ellos, esa mujer simplemente era hermosa para él.

—No se detenga, por favor. -se restregaba en el colchon de puro placer mientras no quitaba la mirada de él.

—Loxar. -susurró para continuar dándole atención a sus zonas erógenas. Apretó los cabellos del joven al sentirse en el cielo. Seguía acariciando su zona íntima por encima de las bragas mientras sus pechos le estaban provocando mucho placer.

—¡Ahg! -gimió y mordió su labio rápidamente, no quería ser escandalosa, sin embargo, él placer le estaba poniendo muy difícil la tarea. Sus miradas se cruzaron y se quedaron allí, observándose con cierta complicidad y un cargue del deseo hasta que su cuerpo sintió una ligera convulsión liberando una hermosa sensación.

Subió ligera y nuevamente a sus labios para adueñarse de su boca, algo confundida trató de recuperarse, mientras seguía sus labios. Hace unos cuantos minutos su cosa favorita en el mundo era besarse con Gray, pero ahora había cambiado de opinión abruptamente, su acto favorito ahora era que él le chupara los pechos, se sentía jodidamente erotico y demasiado placentero.

— Fue increíble. -susurró mientras el sonreía al ver ese rostro inocente.

—Juvia quiere más.

—Es una lástima que no le pueda contar a su amiguita y a sus compañeros que no soy gay. -Juvia sonrió sintiéndose demasiado culpable por lo dicho, pero agradecía que por esas palabras que dijo él estuviera encima de ella haciéndole todo eso.

—Será todo un suplicio no poderles contar que Juvia estuvo bajo este musculoso cuerpo. -la joven delineó los músculos de la espalda del joven, sonrió y permitió que ella lo tocara, solo se había encargado de obedecerlo y se sentía muy bien cuando tenía iniciativa de tocarlo.

Bajó lentamente hasta agarrar la cola del joven por medio del Jean y él levantó su ceja algo arrogante, pues debía ocultar que le encantaba los toques de ella, sus caricias, sus besos.

Se sentó en la cama y la tomó de las manos para jalarla hacía él, la dejó frente e igualmente sentada mientras como un depredador observaba a su indefensa presa, ya se acercaba el momento, ya serían solo uno y quería que eso sucediera lo más pronto posible.

—¡Quítese las botas! -Ella subió su pierna al hombro del Fullbuster mientras apoyaba uno de sus antebrazos en el colchón, con una extraña sensualidad que no sabía que tenía y agradeciendo su flexibilidad, se sintió algo expuesta ya que estaba ahí mostrándole absolutamente todo a Gray mientas él no despegaba su mirada de ella, bajó la cremallera de la bota lentamente mientras él solo observaba. La ayudó a quitársela jalándola del tacón y la chica repitió su movimiento con la otra pierna, pero antes de dejarla bajar esa pierna le dio un beso por encima de su prenda provocándole un sonrojo mucho más grande a la Loxar.

Juvia se encontraba sumamente nerviosa, sin embargo, él solo hecho de estar frente a él, después de desearlo por tanto tiempo hacía que se le olvidaran ciertos detalles. La joven tocó el borde de sus medias para quitárselas, pero él apartó las manos de su piel impidiéndosela.

— ¡Déjelas! – asintió un poco confundida, pero imaginaba que le gustaba vérselas puestas y es que sus largas piernas se veían hermosas. —La falda -Juvia bajó la cremallera obedientemente, se deshizo de su botón y se detuvo para verlo al rostro.

—¡Quitemela! -Trató de imitarlo, pero no sonaba tan mandona como él. El joven sonrió ladeadamente haciendo que el corazón de Juvia se detuviera por completo, era muy pocas las veces en la que él sonreía, no quería borrar esa sonrisa de su memoria jamás.

—No me lo tiene que decir. -La chica sonrió mientras apartaba la mirada, bajándola porque ese sonrojo estaba más que presente en todo su rostro.

—¡Tóqueme! -Juvia se acercó a la boca del Fullbuster para besarlo, por propia iniciativa, la conexión de ambos era innegable, el muchacho la tomó de las mejillas para sostenerla y continuar con su beso, bajó una de ellas para tomar la de la peli azul y la guió por debajo hacia su pecho fuerte, tonificado.

Su corazón volvió a latir, pero esta vez a un ritmo descomunal, ahogó un suspiro cuando bajó sus manos hasta tocar aquella parte del profesor, sentir su vello pubico hizo desearlo mucho más. Cerró los ojos algo impresionada al mismo tiempo que sentía como él jugueteaba con su labio inferior.

La guió moviendo la mano de Juvia como le gustaba, al ritmo y la velocidad que le provocaban placer, los movimientos, Juvia debía recordarlos, estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no avergonzarse, pero era inútil cuando la situación la superaba un poco.

Era grande, ya estaba listo para entrar en su interior y ella no había tenido oportunidad de ensayar con nadie. Sintió una gran ola de calor al ver como el joven ahogaba un gemido en la boca de Juvia, nunca en su vida su cuerpo había sentido tanto placer por una chica, pero ella era especial, ella era su ángel.

—Loxar. -sus ojos azules lo descifraron al instante, ya era el momento, puso su frente en el pecho del joven, escondiéndose de la realidad como una pequeña e indefensa.

—Si desea arrepentirse… -en ese instante claramente no deseaba que esa jovencita se fuera, no quería dejar pasar la oportunidad de hacerla suya, pero no quería forzarla.

—No, Juvia no se arrepiente, quiere que esto suceda, será quien traerá a su hijo. -el joven sonrió demarcando su victoria ya que esa expresión estaba fuera de su alcance y ella no podía verla. Suavemente le regaló un beso en la cabellera a la joven.

—Solo, sea gentil. -No pudo decir absolutamente nada sobre su virginidad, las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.

—Lo intentaré, sin embargo, no le prometo nada. -suavemente la acostó en la cama, actuando como si en ese instante fuera de cristal y muy probablemente fuera a romperse, la dejó allí mientras se levantaba, se deshacía de sus prendas restantes y Juvia vio directamente aquello que estaba estimulando minutos atrás, no sabía si quiera si todo eso iba a caber dentro de ella.

Era bastante arrogante, su ego se subió al infinito al ver como su pequeña estudiante reaccionaba ante su parte más íntima. Verla en la cama prácticamente desnuda era un cuadro perfecto, para completarlo solo debía entrar en ella y escucharla gemir de placer.

Desde su posición le bajó la falda y la braga dejándola únicamente con las medias de liguero, se las acomodó para finalmente darle un beso en la sección blanquecina que quedaba descubierta de su pierna.

Subió las piernas de la joven hacia los lados desde las rodillas, Juvia mordió su labio inferior terriblemente nerviosa porque sabía lo que se aproximaba, estaba totalmente expuesta y abierta ante él. Pusó sus manos al frente y Juvia lo imitó, el Fullbuster guió las manos de la loxar a sus muñecas e hizo lo mismo, tomó suavemente las muñecas de la peli azul y estirando los brazos se aferraron el uno al otro. Aunque, Gray en ese instante percibió el nerviosismo de la Loxar. Pensó por un instante que era virgen, pero luego recordó que vivía con un hombre, ese de cabellos negros que no iba para nada con la personalidad de Juvia. Entró en ella sin ponerse a pensar en nada más, algo rabioso porque sabía que era un maldito trato, que ella supuestamente le pertenecía a otro.

Incomodo, pero no había sido tan doloroso como se lo imaginó, ya había pasado, Gray y ella eran uno en ese instante y no podía ser más extrañamente hermoso. Sus nervios se estaban esfumando de a poco, ya no había marcha atrás.

Lo vio en su rostro, pero fue bastante considerable a cómo solía serlo con otras mujeres. ¿Acaso el novio de la jovencita lo tenía más pequeño? Sonrió mentalmente por donde sus pensamientos estaban siendo conducidos y nuevamente su ego se elevó hasta las nubes.

—¿Está bien? -Juvia afirmó apretando con fuerza las muñecas del joven.—No parece estarlo. -dibujando una sonrisa en sus labios trató de acostumbrarse a la sensación, de relajarse y disfrutarlo, su profesor estaba en su interior y no podía creérselo.

—No se detenga, por favor continúe. - retrocedió lentamente para de nuevo volver en una estocada, Juvia respiró profundamente y cerró los ojos ante el movimiento. Para Gray se sentía estupendo el interior de la peli azul, era una sensación que no había experimentado, ya que se sentía diferente, más apretado en su interior.

Sus pechos rebotando, su pequeña cintura, sus cabellos regados por aquella blanca cobija. Su cuerpo era totalmente atrayente y no quería que ese momento acabará, aquel ángel se había entregado a él y Gray necesitaba mucho más, en ese instante ella era lo que su cuerpo le demandaba.

—¡Loxar! -Juvia abrió los ojos y aunque no era la primera vez del Fullbuster, se sentía ligeramente angustiado porque ella no lo estuviera disfrutando. Se había entregado a él por necesidad, necesitaba el dinero, Gray pensaba que estaba pasando un momento traumático. Lo que no sabía es que Juvia estaba totalmente encantada con lo que estaba sucediendo, ella era la que lo deseaba desde que lo conoció, quedó bobamente enamorada de su físico e inteligencia.

—Dígame, ¿Cómo le gusta que se lo hagan? ¿Estoy siendo muy rudo? -le impresionaba que hubiera mostrado un ligero acto de preocupación.

—Juvia no lo sabe. -la cara de confusión del Fullbuster fue notable.

— Si es usted le gusta de cualquier forma. -y asintió para proseguir con su sensual movimiento. La embestía con elegancia y experticia, la joven llevó su pulgar a sus labios, soltando al Fullbuster tratando de soportar el ahora placer que su cuerpo estaba experimentando.

Se sentía profundo dentro de ella, calculaba el ritmo, concentrado en ella, siguió con su movimiento oscilatorio. Natsu tenía la entera razón, tenía tantas ganas de estar con Juvia que el placer que estaba experimentando era sublime. Intentó negarse tantas veces, ahora se arrepentía de no haberlo hecho antes y permitir que la golpearan, se acomodó apoyando su cuerpo en la cama después de soltarla. Llevó su boca al pezón de la joven, arrancándole un gemido, Gray tenía bastante experiencia y claro que la iba a usar para complacerla.

La tenía aprisionada contra su cuerpo mientras empujaba en su interior, su rostro ya a milímetros de ella permitió que la joven le robara un beso demasiado corto y tierno, él la besó de vuelta, guiado por el placer, fuerte, salvaje, muy necesitado de su estudiante que lo sacaba de casillas.

Sentir el peso de Gray sobre su cuerpo ya lo había experimentado, era soportable, el joven ya había estado en esa posición, primero cuando cayó encima de ella en la tienda y después al salvarle la vida, ahora la tercera era la vencida, no permitía que él se fuera, jamás lo soltaría.

Hace mucho no intimaba con una mujer, por lo que por un momento estaba buscando su propio beneficio. Metió su cabeza en la curvatura del cuello de la joven, tranquilizándose y volviendo a buscar el placer de su estudiante.

La joven emitió un pequeño gemido que le hizo pasar inmediatamente saliva a Gray. A ella le encantaba, le fascinaba, no dejaba de ser un poco incómodo, pero estaba con él y eso hacía que su excitación la ayudará, que la experiencia fuera de otro universo.

—¿Quiere que vaya más lento? -la joven negó totalmente emocionada, sentía que se preocupaba por ella y la hacía completamente feliz el hecho de saber que le importaba, que se preocupaba por su bienestar. Así se sentía bastante bien.

—Me gusta mucho como me lo hace -susurró totalmente excitada. Haciendo que Gray sonriera. —¡Más! -imploró con su voz vuelta un manojo de placer. El rostro y cuerpo del profesor eran hermosos, no lo deseaba soltar por lo que se aferró tanto a él que al intentar cambiar su posición Juvia se lo impidió empujándolo hacia ella.

—Gray-sama -Gimió mientras lo sostenía. Se veía tan hermosa que simplemente continuó con su movimiento, tenía tanto en mente con ella, tantas posiciones, tanto que hacerle, sin embargo, continuó en ese mismo lugar para escuchar de vez en cuando esos gemidos que ella no quería permitir salir de sus labios.

Arqueó su espalda al sentir como toqueteaba de nuevo sus pechos, sonrió, empujándolo más a su cuerpo, siempre pensó que sus pechos eran innecesariamente grandes, ahora entendía que eran solo para él. No pensó si quiera que sus golpes aún dolían, en ese momento solo deseaba que el profesor estuviera enteramente satisfecho con ella, su deseo más profundo era que él se enamorara de toda ella y Gray sabía que esos ojos azules querían decirle algo, conocía mejor que nadie que aunque intentó hacerse el fuerte , ella había terminado ganando como le aseguró, finalmente ella iba a ser la madre de su hijo.

Con mimos acarició los golpes de su rostro, la joven gimió de dolor, apretando fuerte sus ojos, ya que aún dolían y bastante.

—Si me entero quien le hizo esto, lo mato. -eran fuertes declaraciones, abrió los ojos y siguió sintiendo como con delicadeza besaba sus heridas.

—Son personas peligrosas. Es mejor que no lo sepa. -y suavemente acarició el rostro del Fullbuster, nunca le iba a decir que eran los de Tártaros, sabía que los hombres podían llegar a ser muy impulsivos como ellos solos. Era gracioso para ella, sus palabras eran suaves y hermosas, contrarrestando con lo veloz que se movía dentro. Sus labios se juntaron nuevamente, mostrando la necesidad que sentía de él y que claramente no dejaría que le hicieran daño, protegería a ese hombre.

—Déjeme ver su espalda. -salió de su interior y Juvia se sintió totalmente vacía sin él, se volteó ligeramente para quedar de lado, al ver sus morados se sintió culpable por estar haciendo peso en ella, suavemente tocó su espalda para darle unos cuantos besos, la peli azul no quería que se acabara ese momento, quería sentirse la persona más especial para Gray. Entró en ella nuevamente, apretujó los pechos de la Loxar mientras ella mordía su labio inferior volviendo a sus negocios.

—Que hermosa es. -levantó su pierna hacia un lado para entrar mucho más profundo y Juvia se concentró en el placer, era grande, mucho, sintió como le acariciaban su botón rosa haciendo mucho más hermosa la sensación, Gray sabía tocar en las zonas adecuadas para llevarla a la gloria.

Ya estaba próximo en llegar, emitió sensualmente gemidos que hicieron derretirse a la Loxar por completo.

—Loxar, no puedo más. -las manos varoniles de ese hombre sobre su cuerpo, los gemidos, el placer, mordió su labio inferior ya que sentía una hermosa sensación en el sur de su anatomía, su respiración completamente agitada y su corazón bombeando sin control eran un preludio a la liberación de su cuerpo, todo se puso en blanco en su mente y enseguida sintió como su profesor profesaba con un sensual gemido una sensación de alivio.

Parecía que ya todo había terminado, jamás en su vida había sentido tan impresionante y sublime sensación. Se encontraba exhausta, sudada, completamente expuesta ante él y era el mejor día de su vida.

Sintió como acariciaba sus cabellos azules y como olfateaba su cabello que en ese instante tenía aún un ligero toque de olor a lavanda. Mientras se recuperaba agradecía que aún siguiera tocándola, por ella estaría así todo el tiempo. Gray observó la mano que había usado para estimularla y notó que tenía rastros de sangre, se alarmó y se levantó de inmediato, la joven estaba sangrando.

—¿Le hice daño? -Juvia negó y bajó su mirada a su cuerpo, habían rastros de él en ella, pero la sangre lucia ligeramente escandalosa. —No, yo... -tragó duro toda la saliva que tenía acumulada en la boca. —No me hizo daño. -trató de entender porque entonces ella estaba sangrando y vino a su mente como la peor de las noticias.

—¿Usted era...? -y ni siquiera pudo pronunciar su pregunta completa de lo impresionado que se encontraba. La joven un tanto avergonzada asintió.

—Esta es mi primera vez. -se puso blanco como un papel, se levantó y fue de inmediato al baño para tratar de soportar la noticia, ya lo sospechaba, la sensación, sus movimientos nerviosos y un tanto inexpertos, Gray había robado su inocencia.

Por un lado se sentía muy feliz, nadie había tocado a la chica con anterioridad, había sido el encargado de mostrarle el mundo del placer y sonrió bobamente emocionado, pero por otro lado recapituló lo que había sucedido, ni siquiera se había comportado de una manera especial, para ser su primera vez, había sido un tanto rudo con ella.

Tomó una gran cantidad de papel después de segundos en el baño y se acercó a ella, Juvia trataba de descifrar si se encontraba enojado, no, estaba más bien un poco arrepentido.

—No se mueva. -la joven asintió y se sonrojó violentamente al ver como se acercaba a ella y la limpiaba.

—No tiene porque hacerlo, yo lo hago. -el joven negó con la cabeza, él quería, Juvia dibujó una pequeña sonrisa, se encontraba totalmente impresionada, sabía que Gray era noble, amaba al hombre que era fuera de la universidad.

Con sus propios ojos lo comprobó, sí, había robado su inocencia y con delicadeza se encargó de enmendar un poco el desastre causado. Le quitó las medias y descubrió sus piernas. Era hermosa, bastante. Se levantó para ir al baño y lanzar todo a la caneca, la noticia aún rondaba en su mente peligrosamente.

—¿Por qué no me lo dijo? -se encontraba enojado, pero más que eso sentía una gran culpa recorrerle el cuerpo, desde la médula espinal.

—¿Hubiera cambiado en algo su decisión? -Se arropó con la cobija algo avergonzada.

—¡Por supuesto! Yo… -No lo expresó con palabras, claramente si hubiera sabido ese pequeño detalle el encuentro hubiera sido diferente, mucho más cuidadoso con ella.

—Entonces me alegro de no habérselo dicho. -sonrió para recuperar el aliento. Gray vio la sonrisa en el rostro de la Loxar, no era una expresión de una mujer que había sido forzada, ese pequeño acto le había demostrado que lo había disfrutado y demasiado.

—Espere, no se levante. -la empujó suavemente dejándola acostada en la cama. La joven asintió y vio a su profesor al rostro, mordió su labio inferior, verlo con ligeras gotas de sudor, su cabello negro ligeramente alborotado, no, no estaba soñando él acababa de robar su virginidad y no podía sentirse mejor.

Gray no sabía realmente como actuar, nunca antes había estado con una Virgen y mucho menos en las condiciones en las que habían intimado.

—¿Desea que la abrace? -no quería que se sintiera usada, no era su novio, pero tampoco era alguien frío y desinteresado cómo actuaba frente a las personas. Le importaba bastante en ese momento lo que había pasado con ella y más porque se trataba de Juvia.

—Solo si usted quiere hacerlo. -el joven asintió y ella se acercó quedando frente a él, pasó sus brazos por el cuerpo de la Loxar. Sus ojos azules no se despegaban de él, debía estar soñando, ser abrazada por él, su corazón desenfrenado se detuvo al sentir ese beso en la frente que él le dio. Ella se acomodó en el pecho del profesor, era un sueño, no podía creer que el profesor que era todo un demonio, que la había hecho perder su materia y la beca, el que la hizo llorar en repetidas ocasiones, ahora estuviera abrazándola tiernamente después de haberla tomado.

—¿Se siente bien? ¿La lastimé? -no estaba seguro de preguntarle, pero debía hacerlo.

—No, no me duele. Estuvo muy ... especial. -sonrió la jovencita con algo de ensoñación. —¿Eso quiere decir que esta lista para la segunda ronda?

—¿Ah? -Juvia vio el rostro del muchacho, hablaba muy en serio…


Si llegaron hasta aquí muchísimas gracias, no contestaré sus hermosos reviews, pero si quieren dejarme uno no lo duden, siempre los leo y me alegro leyendo sus percepciones del capítulo. Los quiero demasiado!