Los personajes no me pertenecen, sino a la escritora STEPHANIE MEYER. La historia si es de mi autoría. No publicar en otras páginas, categorías o traducir sin previo permiso. Está prohibida su copia total o parcial. Contiene escenas de acción y violencia; +18

Que vuelva a casa

— Por favor, señor — gimoteaba el hombre, arrodillado en el piso —. Por favor.

Aro Vulturi lo veía desde su silla elevada. Su trono.

Había visto esta escena un centenar de veces, pero pocas personas se iban con lo que habían ido a buscar.

El señor frente a él estaba desesperado. Había intentado hacer las cosas de la forma "correcta", había seguido los protocolos, esperado, confiado en el sistema y en la ley. Era un hombre honrado. Y le habían fallado.

Pero esto no era caridad.

El hombre no podía pagar con dinero así que lo tendría que hacer con un favor, pero ¿qué le podía ofrecer él que Aro necesitara o quisiera?

Tenía a media ciudad comiendo de la palma de su mano. Policías, detectives, abogados, jueces y otros ciudadanos sino ricos, poderosos. Pero este hombre era un ciudadano común…

— No puedes pagarlo.

La voz de Aro era calmada, no se filtraba ninguna emoción, y aún, así sonó autoritaria. Envolvió la habitación entera, como el rugido de un león dejando en claro cuál era su territorio.

— Por favor, señor — volvió a gimotear el hombre —. Debe haber algo que pueda hacer.

Aro reprimió el impulso de verlo con repulsión. Nunca se acostumbraría a la imagen de un hombre rogando.

Tronó los dedos y en seguida uno de sus sirvientes le tendió el expediente. Se tomó su tiempo para leerlo con atención, para ver las fotografías y la información Aro sonrió de lado, al parecer el viejo si pudiera serle de ayuda.

— Estará hecho en menos de 48 horas — dijo por toda respuesta.

Se paró de su asiento y caminó hacia la salida.

— Oh, gracias, señor. Gracias, gracias — decía el hombre una y otra vez.

Sin necesidad de dar la orden, sus hombres sacaron al solicitante. No tardarían en sedarlo, subirlo a una camioneta y dejarlo en algún punto de la carretera, desorientado, pero vivo.

Salió al pasillo, encontrándose con la luz de la luna bañando sus finos pisos y paredes, y silencio. Su preciado silencio.

Caminó a su paso, yendo directamente a su estudio sin toparse a nadie en su trayecto.

Se sirvió un vaso de whisky de su reserva especial y dio un buen trago antes de levantar el teléfono.

Sonó una vez, luego se escuchó como levantaban el auricular del otro lado. Silencio.

— Llama a mi hija. Dile que vuelva a casa.


¡Hola! Les traigo esta nueva historia. Es muy diferente a Caronte, no va a ser tan extensa como esa y es un género que no he escrito antes, pero la idea ha estado en mi mente un tiempo y me emociona:3, así que he decidido traerles el summary y el prólogo. ¿Qué opinan? ¿Les interesaría seguir leyendo?

Muchas gracias por leer. Nos estamos leyendo(: