Atardecer en el Reino de Yasha
Notes:
- Los personajes de esta historia pertenecen al grupo de mangakas Clamp.
- Contenido R18.
- La historia es completamente de mi autoría.
Aclaraciones
-Eunuco: Un eunuco es un varón castrado. La privación de los genitales externos masculinos, a cambio de todo lo que se les quitaba se les otorgaba mucho poder y privilegios. Ellos, a cambio se convierten en leales hombres de confianza de reyes y emperadores.
-Kimono: es una prenda japonesa envuelta en forma de T con mangas cuadradas y un cuerpo rectangular
-Obi: Se trata de la faja ancha y de tela fuerte que es usada para "sostener" el kimono.
-Juban: Es una especie de camisa que se coloca debajo del Yukata. Está cortado a la manera del Kimono tradicional y es muy ligero
-Haori y Obi: prendas largas que se llevan sobre el kimono para resguardarse del frío
I
La mañana había despertado más fría de lo habitual en el reino de Ashura, una manta blanca y fría había cubierto sus tierras, provocando el intenso frío y la poca visibilidad de las grandes montañas que rodeaban el reino.
Las chimeneas de los hogares se comenzaban a encender, el cruel frío se estaba haciendo insoportable y aún que los residentes de este reino estaban acostumbrados a este intenso frío, muchos sabían que este clima traía consigo algo más helado que el mismo hielo.
En el castillo, los subordinados se movían presurosos por los pasillos, las actividades habían dado inicio así que algunos estaban encargados de la limpieza, otros preparaban los desayunos y algunos organizaban las actividades del día, este último era Yemon, un sirviente extranjero proveniente del reino vecino, Yasha, al igual que muchos habitantes de ese país, Yemon huyó de la guerra buscando refugio de su cruel Rey en el país de Ashura.
Yemon fue aceptado por la familia real cuando la Reina Nadeshiko Kinomoto lo escogió de entre los niños eunucos que habían llegado a sus tierras, pues en él sintió un fuerte vínculo con su hija, le encomendó la misión de cuidar a la princesa quien se había quedado recientemente sin su hermano mayor, intentando así llenar algo de ese vacío en el corazón de la joven, pero no solo fue ese el motivo por el cual se le permitió al joven varón estar cerca de la princesa, fue su condición de Eunuco, práctica que sólo en el reino de Yasha aún se permitían, la cual consistía en castrar a los niños para convertirlos en los hombres que se encargaran de cuidar a las mujeres, crueles prácticas que en el país de Ashura estaban completamente prohibidas, pero que ahora convenientemente servían para los motivos de la reina, ya que era bien sabido que aparte de asegurar que la princesa no corriera riesgos carnales en manos de un hombre, sería protegida, pues los hombres de Yasha eran bien entrenados desde su tierna edad.
El joven sirviente de 20 años, de piel clara y ojos ligeramente entrecerrados, ya era un maestro en el arte de la espada y del Kung Fu, siempre mentalizado en aprender sobre las antiguas escrituras para cuando su tiempo libre se le permitía, pues la mayoría del tiempo la pasaba junto a la princesa, de la cual se había convertido en un gran amigo y consejero.
El joven organizaba a la servidumbre para que pronto lleven a sus respectivas habitaciones las comidas ya preparadas, tomando él el desayuno de la princesa Sakura.
Con la bandeja en sus manos se dirigió por el largo pasillo adornado con flores en dirección a los aposentos, al llegar a la puerta corrediza se inclina y la habré despacio, con su cabeza agachada saluda cordialmente, como debe ser ante la realeza, pero, al no recibir una satisfactoria respuesta levanta su mirada, la joven dama aún yacía dormida en su elegante futon, con la tenue luz que lograba entrar en la habitación.
La heredera al trono aún duerme y no de la manera más correcta, en innumerables ocasiones se le ha intentado enseñar la forma más correcta de hacerlo, pero con ella era casi imposible, Yemon ya tenía pocas esperanzas de poder lograrlo.
Estando las sábanas desparramadas y su kimono de seda enredado en su cuerpo dejando ver sus delicadas piernas, el eunuco simplemente dio un suspiro de cansancio, aunque era íntimo amigo de la princesa, también cumplía el rol de educar y protegerla y ver que no era capaz de enseñarle algo tan básico le agotaba mentalmente, así que acomodó la cabeza de la mujer en la almohada, estiró su kimono y la cubrió con las sábanas dejándola como debería de haberla encontrado, imaginándose que algún día su arduo trabajo daba frutos.
Se puso en cuclillas al costado de la cama y tocó uno de los hombros de la joven para poder despertarla, pero fue imposible, la princesa siempre a tenido un sueño profundo, así que el eunuco se levantó y abrió las cortinas de la ventana, dejando entrar la luz del día en la habitación.
Los ojos color esmeralda se abren muy despacio, lo mira y le regala una pequeña sonrisa, esta vez había despertado de buen humor.
— Muy buenos días mi señora, le he traído su desayuno, hoy tendrá una agenda muy apretada así que por favor aliméntese bien para que comience el día.
— Tan temprano Yemon, ni siquiera cantan los pájaros. — Menciona bostezando y estirando su cuerpo, para volver acostarse en la cama y cubrirse en dirección contraria al eunuco.
— Los pájaros cantan en la madrugada mi señora, horario que es imposible despertarla.
— Es verdad —Sonríe.
— Levántese por favor...
— Que molesto eres, de seguro tu despiertas con las gallinas con tu estricto horario —Menciona estirando su cuerpo—
— Le he comentado un montón de veces la importancia de la puntualidad, los valores que reflejan una persona que es puntual, como demuestran su carácter, orden y disciplina, ser puntual la hace merecedora de confianza. Si usted fuera puntual en su horario, si me escuchara si quiera, sería la reina perfecta, pero, aún le falta mucho por aprender.
— Yemon, ya me voy a levantar.
Yemon sonrió victorioso pues sabía que una pequeña reprimenda harían que la princesa se levantara y comenzara por fin con su día, ella se dirigió a un pequeño pedestal que estaba en el centro de la habitación, estiró sus brazos y el sirviente comenzó a desprenderla de su ropa de cama para comenzar a colocarle un elegante kimono color palo rosa seleccionado por él mismo.
— Mi señora, hoy tendrá una reunión con su padre, los asuntos de esta reunión serán escoger a su futuro pretendiente.
— Papá realmente insiste en eso. —mencionó algo disgustada.
— Considere que su padre ha sido bastante amable, en otras circunstancias usted simplemente debería aceptar su decisión, en mi opinión el Rey le da demasiada libertad.
— Yo ya mencioné a quién quiero como esposo una vez y por poco me da un azote.
— Me atrevo a decir que usted fue muy imprudente, además el Rey de Yasha se a ocultado detrás de sus murallas desde hace ya 15 años —Dijo aclarando su voz para que Sakura volviera a ponerle atención —Su padre detesta a ese hombre ¿Cómo cree usted que él aceptará un matrimonio entre usted y el Rey Li?.
— El Rey Li... me gustaría poder conversar con él alguna vez... — Suspiró mientras Yemon apretaba firmemente su cinturón.
La princesa Sakura, la estrella más hermosa del reino de Ashura, una joven alegre, optimista y sobre todas las cosas una princesa muy devota, dedicada en su tiempo libre a caminar por la ciudadela y convivir con los pueblerinos quienes le adoraban, siendo la segunda hija de los reyes, Sakura se había criado bajo la tutela y protección de su hermano mayor, el príncipe Touya, quien falleció en la cruel guerra, la cual no sólo la apartó de su hermano sino que también logró quitarle toda la gentileza a su querido padre, cualidad la cual antes caracterizaba al Rey, estas razones y muchas otras hacen que Sakura odiara la guerra y las disputas territoriales, es por eso que su idea de querer concretar un matrimonio con Syaoran Li, el actual Rey de Yasha estaba fijo en sus planes.
Yemon terminó de ayudar a vestir a la princesa y esta apenas vio una oportunidad de escaparse del eunuco lo hizo, corrió por los pasillos en dirección al pequeño lago que se encontraba en los jardines reales, le gustaba huir de su sirviente, como ejercicio matutino, sabía que él siempre le alcanzaría pues Yemon se encargaba de protegerla y de muchas veces a escondidas a entrenarla por algún posible caso agresión hacia ella. La emoción de romper con el protocolo la emocionaba y la hacía sentir en completa libertad.
Al salir de palacio logró sentir el frío en su cuerpo, respiró hondo y caminó hacia el lago muy segura de sí, esperaba que estuviera congelado para deslizarse por él y obligar a Yemon a patinar con ella, pero no fue así, el agua del lago simplemente estaba fría.
Un poco desanimada se sacó sus zapatos mientras escuchaba a los guardias venir por ella.
—¡Yemon! — Gritó la princesa tratando de llamar la atención del eunuco quien estaba con la guardia de la princesa a unos pasos de ella.
— Dígame mi princesa. — Se acercó, con su respiración agitada. — Dile a la guardia que se retire, voy a mojar mis pies.
— ¿Con este frío mi señora?, podría resfriarse, no puedo dejarla hacer eso y mucho menos sin guardia. — dijo desafiando su orden y corriendo rápido hacia ella para lograr alcanzarla. Sakura entró al lago antes de ser atrapada, adoraba a su eunuco, pero había ocasiones que debía recordarle su lugar.
— Te dije que se vayan y agradéceme que te dejé estar cerca mío el día de hoy.
— Como usted diga, mi señora.
Contestó Yemon para luego ordenar a los guardias rodear el lugar para evitar la entrada de algún intruso mientras la princesa estaba en el lago, levantando su kimono regresó rápidamente a su lado resguardando su seguridad y esperando que ella no haga una de sus locuras, pero ya era tarde, la princesa hizo un pequeño estornudo al estar en el agua fría.
— Le dije que estaba muy helada, por favor salga de ahí.
Sakura no hizo caso y se metió a juguetear, el eunuco un poco disgustado miraba como la princesa arruinaba su perfecto kimono rosado, pero verla sonreír le provocaba una pequeña alegría que sobrepasaba su disgusto.
— Yemon ven, acompáñame — Dijo estirando su mano e invitándolo a entrar.
— No mi señora, no insista por favor, si entro será para sacarla de ahí.
— El agua esta exquisita, quiero meter todo mi cuerpo en el lago, no entiendo por que a los de Yasha no les gusta el frío.
— Nuestro clima es subtropical, los inviernos en Yasha son muy templados comparados con los de Ashura.
—Entonces sus cuerpos no deben estar ambientados para el frío como nosotros, pobre Yemon.
Yemon interrumpió la conversación con un silencio pues no deseaba continuar esa conversación que normalmente hacía la princesa solo para lograr hablar del Rey Li, pero Sakura al no tener respuesta camino más a la profundidad, amenazando al eunuco.
— Por favor, tendrá un resfriado y arruinará su kimono por completo.
— No es mi único kimono.
Yemon al ver como la princesa caminaba con una mirada desafiante levantó su ropa y caminó rápido detrás de ella, Sakura intentó huir divertida, hasta que fue alcanzada.
— Venga ya, no me dé más problemas.
Sakura siguió escapando intentando lanzarse al agua, pero él logró tomarla y la sostuvo sobre su hombro, Sakura golpeaba su espalda, pero el eunuco era lo suficientemente fuerte para poder contenerla
El rey y la reina les observaban divertidos, ellos ya habían desayunado y estaban dando su paseo matutino antes de que el Rey retomara sus labores, se acercaron a su hija quien discutía con su sirviente.
— Sakura no para de darle problemas al pobre de Yemon, me temo que nuestra hija, nunca madurará. — Dijo la reina ocultando su sonrisa detrás de su abanico.
— Mamá qué mala eres — dijo acercándose y abrazándola.
— ¿Qué hacías en el agua con este frío? — preguntó el rey un poco disgustado — ¿Acaso quieres enfermarte?
— Perdón.
El rey Fujitaka Kinomoto siempre fue un hombre amable, con una personalidad muy alegre, pero después de los sucesos de la guerra y el desafortunado deceso de su primogénito, su carácter amable había cambiado drásticamente.
— No quiero verte haciendo el ridículo por palacio en vista de todos.
— Lo entiendo papá, me retiro.
Sakura solo se apartó de ahí, a veces su nuevo padre le desesperaba y le hacía extrañar al padre que alguna vez solo le dirigía alegres palabras. Yemon se reverencio antes sus reyes y siguió de cerca a Sakura, Fujitaka le observó con desconfianza.
— Sakura ya está grande para que ese joven esté cerca de ella todo el día, una futura reina no debería depender de la servidumbre, menos de un escolta.
— Yemon ha hecho un excelente trabajo, es su mano derecha y aunque quisiera jamás podría deshonrar a nuestra hija, no veo el problema con que estén juntos.
— Como quieras.
II
Yemon rara vez contradecía a la princesa y aún que esta le había permitido tomarse las suficientes libertades como para que cualquier otro sirviente estuviera celoso de su posición, el joven se negaba a tomarlas, pues consideraba que se las había ganado ya que nunca había hecho mal uso de su condición física como Eunuco para tomar alguna ventaja sobre ella, Sakura confiaba en él y sentía que esa era su gran recompensa, estaba orgulloso de aquello.
Al entrar a la habitación, vio la ropa de la princesa desparramada por el lugar, ella estaba en el pedestal nuevamente solo con su juban, esperándolo.
— No voy a dejar que arruine mi día, así que me pondré mi kimono y saldré de esta habitación.
Yemon sonrió y se acercó a ella tomando una de las toallas que guardaba en el armario de la princesa, secó sus pies los cuales estaban muy fríos y nuevamente caminó en dirección al ropero, tenía que elegir otro de sus kimonos para la reunión con el Rey, Sakura comenzó a soltar su kimono dejando su pecho descubierto, Yemon quien traía su cambio de ropa, la observo un poco disgustado.
— Le he dicho que no se saque la juban ni deje al descubierto su cuerpo ante mi.
— ¿Cuál es el problema? Lo has visto un montón de veces. — dijo con total despreocupación.
— Por favor no lo haga...
Sakura le observó, él caminó hacia su espalda mirando en otra dirección con un leve sonrojo en sus mejillas, se sintió avergonzada y finalmente terminó ocultando sus pechos.
— Lamento hacerla sentir incómoda, usted es muy hermosa, pero es demasiado confiada y a veces temo por su seguridad.
— ¿Te gusta tu princesa? — Mencionó burlona y coqueta mientras le enseñaba su espalda haciendo que su juban cayera, él sostuvo la ropa y la colocó en su lugar.
— No distorsione mis palabras.
— Yo confío en ti, nos conocemos desde niños.
— Y eso me enorgullece, pero usted no confía solamente en mí, deposita su confianza de forma muy fácil en otros, aún no olvido cuando intentaron raptarla por que usted le creyó en las habladurías de ese anciano.
—Ya comienzas con el sermón.
Yemon arrugó su nariz y apretó fuertemente el obi de su Kimono, haciendo que Sakura le golpeará las manos para que dejara de apretar.
— Mi señora, debo recordarle sus responsabilidades de hoy, así que siéntese, por favor.
Sakura hizo un chasquido con sus labios mientras se sentaba en la pequeña mesa, Yemon preparaba la mesa colocando el mantel y la comida que había traído, ella comenzó a ayudarlo, pero él no se lo permitió.
— Tanta formalidad hasta para el desayuno. —Dijo con un pequeño, pero notorio tono de disgusto en su voz, mientras recibía una taza de té.
— Usted pronto será nombrada reina y es muy importante que sepa usar siempre las formalidades, por ejemplo, su padre respeta mucho la puntualidad y sus valores y esos sacrificios han logrado hacer que el pueblo le adore, por eso cada amanecer al verla tan dormida y cambiando el horario sólo por que deseó dormir una hora más me preocupa tanto que me hace llorar — Sakura hizo un pequeño gesto infantil de despreció mientras tomaba el té con miel que le habían preparado para el frío.
Yemon sacó de sus bolsillos un pequeño papel donde normalmente anotaba el itinerario de la princesa, a ella le gustaba verlo hacer eso cada mañana, pues encontraba curiosa su modo tan metódico y cronológico de vivir.
— Una vez haya terminado iremos directamente a su clase de escritura, para terminar la mañana con su clase de economía, luego será el almuerzo para dar paso a la reunión en el salón del Rey donde se discutirá sus propuestas de pretendientes y luego...
— Y luego iré a pasear por el pueblo y a divertirme. —Interrumpió.
— No mientras yo esté a cargo de su agenda.
Sakura tomó la pequeña tetera con agua e intentó servirle al eunuco al ver que su taza no contenía té, Yemon se lo impidió, pero ella golpeó sutil, pero ruidosamente su mano.
—Te serviré té y pobre de ti que te niegues, siempre he creído que un par de azotes te harían muy bien.
— Con gusto recibiré los azotes si usted deja de hacer cosas fuera de lugar.
—Déjame rectificar eso último, aquí el único que está fuera de lugar es un sirviente quien se atreve a contradecir a su futura Reina.
Yemon solo pudo arrugar su nariz con esto último, Sakura insistió hasta que él se vio obligado a ofrecer su taza, sonrió victoriosa.
— Dime Yemon, tu ya debes saber a quien seleccionarán como mi futuro esposo, ¿No?
Yemon ignoró su pregunta enfocado en su taza de té.
— Sé que lo sabes y muero de curiosidad.
Yemon abrió los ojos y la miró intimidándola, ya que nunca la observaba con una mirada tan fría, pero Sakura siguió firme en su posición logrando que el eunuco diera un suspiro de resignación.
— No hay ningún pretendiente seleccionado por el Rey, él realmente desea que sea usted quien elija a su esposo, pero si yo fuera él le escogería un marido adecuado y la obligaría a casarse calladita.
Sakura mostró una sonrisa burlona con esto último dicho.
— Has intentado controlarme toda tu vida, Yemon, pero eres un tonto eunuco, sabes que siempre haré lo que quiero.
— Entonces dígame, ¿ninguno de los reyes de los reinos vecinos le atrae?.
Sakura quedó pensando por un momento mientras se llevaba un panecillo dulce a la boca, sus ojos verdes brillaron.
— Creo que Fai D. Flourite me atrae bastante, es muy educado y siempre tiene una sonrisa en su rostro, además su cabello es tan hermoso.
— Claro, un cabello brillante como el sol y unos ojos azules cual cielo profundo será muy conveniente para el reino de Ashura.
— ¿Esos son celos? — Sonrió divertida.
— Sabe muy bien que no.
— Aunque debo agregar que me da la impresión de que a Fay le gustan demasiado las caricias femeninas. — dijo arrugando un poco la nariz nuevamente.
— Y las masculinas y las de todo tipo, de todos modos a la mayoría de los hombres les gustan las caricias femeninas, si esas son sus limitantes pues me parece que no se casará nunca.
— Ah ¿si?¿A ti también te gustan las caricias femeninas?. — Sakura tiró de su kimono levantándose de la mesa — No me gustó lo que dijiste, así que cállate mientras hablo y entrégame tu opinión cuando te la pida ¿escuchaste?
— Discúlpeme, mi señora.
Yemon sólo agacho su cabeza, Sakura salió de su habitación caminando por el pasillo y un silencio incómodo se formó entre ambos, pero con la princesa poco tiempo duraba un ambiente así y sin aviso retomó la conversación donde se había quedado.
— Eriol Hiragisawa también es una buena opción, es muy agradable estar con él y me rio bastante aunque tal vez, sea muy mayor para mi...
— Su reino contribuiría a la economía de Ashura, además la pasó muy bien conversando con él en la fiesta, le permitió bailar tres piezas si mal no recuerdo— agregó Yemon.
— Es verdad, pero no hay economía que dure estando en guerra, y esa fiesta terminó siendo algo... bueno, ni siquiera recuerdo mucho de ella ¿y tu?.— Sonrió ocultando su sonrisa con su kimono y mirando a Yemon quien venía detrás de ella sonrojado.
— Terminamos muertos de borrachos en mi cuarto esa noche ¿recuerdas?. — agregó la princesa.
— Lamentó profundamente mis actos de esa noche y lo que más lamento es que la reina me viera en esas condiciones.
— ¡Ay! por favor, lo volverías hacer si pudieras y agradece que no llegará antes.
— ¿Por qué dice eso?
— ¿Sabes?, me hubiera gustado mucho que Syaoran Li estuviera en esa fiesta, le envíe invitación y ni siquiera contestó, que descortés — Dijo un poco triste.
—¿Cómo? Usted le envió una...! — Ni al caso pensó, guardándose el comentario.
— Bueno, aún no lo conozco lo suficiente, lo sé, pero dicen que es muy atractivo, tenemos la misma edad y somos los reinos más cercanos, además...
— Mi señora por favor, usted es muy testaruda.
— ¿Qué dijiste? — Sakura se detuvo y se volteó para mirarlo directamente a los ojos.
— Aún que me mande azotar debo decírselo — esta vez no dio pie atrás— No sabemos en qué condiciones está ese hombre, sólo hemos escuchado rumores dado que después de la guerra él se escondió detrás de las murallas de su reino al haberla su padre perdido, además...
— ¿Asesinó a mi hermano? ¿Eso ibas a decir? — interrumpió Sakura dándole la espalda para continuar.
— Dime ¿Puedo culparlo? Yo tenía apenas diez años y él también, ¿Él asesinó a mi hermano? ¿Un niño de diez años? imposible, fueron las disputas territoriales, la poca conversación, el odio irracional de ambos reyes, mi padre actuó mal, entiendo que si no lo hacía habríamos sufrido graves consecuencias, dado que el Rey de Yasha era un hombre particularmente cruel, pero, seguir a los herederos del reino, ¿Qué pretende?.
— El Rey Kinomoto mató tanto al Rey de Yasha como a sus hijas, el príncipe heredero fue el único que logró escapar, pero al escapar él es usted la que más peligra dado que necesitamos a ese hombre muerto para que usted no tenga problemas al reinar cuando sea la reina de Ashura.
— Es por eso que si yo tuviera la oportunidad de concretar un vínculo tan importante como el matrimonio, nuestros reinos se unirían y por fin conseguiremos paz, el pueblo dejaría de lamentar a sus fallecidos y la comida prosperará.
— Mi señora ¿Qué le hace pensar que Syaoran Li querría casarse con usted?, imagínese, usted es hija de quién mató a su padre y sus hermanas, él debe...
Yemon no pudo terminar la frase al ver los ojos de Sakura, su futura reina realmente deseaba un mejor futuro para su reino, él era testigo de aquello y por eso la respetaba y cuidaba tanto, pensaba que el futuro de Ashura estaba en buenas manos mientras Sakura fuera la futura Reina, pero, era bien sabido que ese matrimonio que Sakura deseaba realizar jamás sería concretado, pues el Rey Fujitaka buscaba al joven Rey desde que la guerra había comenzado y en sus ojos se podía ver el profundo odio que el Rey sentía hacia la Dinastía Li desde el fallecimiento de su primogénito.
— No sé si me odie o no, no sé si me ame o no, tengo que preguntárselo directamente a él.
— Usted se arriesgaría demasiado acercándose a un hombre como él, yo no lo permitiré. — Esto último había sido innecesario expresarlo pensó el eunuco al ver que la pálida piel de la princesa enrojeció de rabia, Yemon retrocedió un paso abriendo sus ojos, presintiendo lo peor.
— Tú no me vas a decir que— Sakura comenzó a sentir un fuerte dolor en su pecho que le imposibilitaba seguir hablando, le temblaron las piernas y Yemon logró sostenerla mientras ella seguía tosiendo.
— ¡Qué le dije en el lago!
Ella seguía presionando su boca contra la fuerte tos, sabía que pronto comenzarán a brotar pétalos de ciruelo acusando su enfermedad, y no deseaba que Yemon la viera, pero fue inevitable ya que uno de ellos cayó en las manos del joven eunuco.
— ¡Princesa! —Su voz y su rostro reflejaban su miedo —¿Desde cuándo padece de este mal?.
Sakura pálida sujeto la mano de Yemon donde sostenía el pétalo.
— No puedes contárselo a nadie, te lo prohíbo... por favor... Yemon...
Yemon había leído en los antiguos pergaminos de la biblioteca de palacio sobre una extraña enfermedad que sólo padecían los herederos de Ashura, denominada enfermedad de Hanahaki, más bien una maldición la cuál consistía en que si un hijo de Ashura no era correspondido en el amor este enfermería inundando sus pulmones de pétalos.
Estaba confundido pues no había visto indicios de que su Reina estuviera enamorada de alguien ya que él estaba la mayor parte del tiempo con ella, aunque sí había notado su melancólica y su mirada perdida en el norte en dirección al reino de Yasha.
Sakura cayó desmayada en sus brazos y Yemon la levantó para llevarla de vuelta a su dormitorio donde la recostó en su cama, llamó a los guardias los cuales rápidamente se acercaron y el eunuco mandó a informar a la reina sobre el estado de salud de su hija.
III
Un suave, pero frío viento hizo bailar los pétalos que estaban sobre el cuerpo de Sakura, Yemon se dirigió a la ventana para cerrarla, pero antes de hacerlo se quedó unos segundos mirando el horizonte queriendo ver que tanto observa la princesa desde ahí, y aún que la vista sólo mostraba los hermosos jardines de palacio era claro que la princesa viajaba más allá de las blancas montañas que rodeaban el reino, hasta llegar a las rojas montañas de Ashura.
Sakura le observaba y le preguntó qué es lo que veía y él solo se dispuso a cerrar la ventana.
Se acercó a ella y le tomó la mano para verificar su pulso, se había debilitado, Yemon la sostuvo y le dio de beber agua, retiró de su vestimenta los pétalos de ciruelo antes de que llegará la Reina a quien se le podían sentir desde lejos sus pisadas, sorprendiendo a todo aquel con quien se cruzaba en su camino, pues la reina jamás perdía su compostura, pero el miedo de perder a otro de sus hijos la supera, abrió las puertas de par en par y vio a su hija con un semblante tranquilo, pero un tanto adolorido mientras era atendida por el eunuco, Yemon al verla agacho su cabeza en reverencia ante su reina, pero esta con su mano hizo que la levantara.
— Yemon, ¿Cómo está Sakura?
— Mi Reina, la princesa ha sufrido un desmayo, supongo que puede ser deshidratación, pero de todos modos mande a llamar a un médico para que sea atendida.
— Muchas gracias, déjame sola con ella.
Yemon se retiró del lugar en silencio, Sakura abrió sus ojos y observó a su madre entregando una pequeña sonrisa.
— ¿Qué sucedió? cuéntame.
— Es como dice Yemon, madre no te preocupes.
— Yemon es completamente devoto a ti, hará todo lo que tu le digas, y sé que tu intentas ocultarme algo, te conozco mi niña, lo sabes, así que no me ocultes nada, no puedes mentirme.
— Mamá...
Sakura presionó sus labios un momento antes de poder contarle a su madre lo que padecía, sabía que mentirle era un desperdicio de tiempo pues ella siempre intuía lo que Sakura sentía.
— Estoy enferma, madre, creo que es la maldición de Hanahaki... El mismo mal que mi hermano sufrió por Yukito.
Un sentimiento de angustia invadió el pecho de la Reina Nadeshiko, quien presionó sus manos por los nervios, su hija estaba enferma, la misma enfermedad que su primogénito.
— Dime, ¿Quién te ha provocado esta enfermedad? — Dijo presionando un poco los brazos de su hija.
— No... no estoy segura.
— ¿Acaso es Yemon?.
— Pero madre, sabes que no.
— ¿Quién entonces? Yemon es el único que está siempre cerca tuyo, no me ocultes la verdad.
— No lo sé...
Sakura comenzó a llorar angustiada, Nadeshiko la abrazó para consolarla, deseaba llorar también, pero se contuvo, la angustia tenía su pecho apretado, esa enfermedad nuevamente la destruía, recordó cuando vio a Touya padecer del mismo mal, enfermedad que lo encaminó a la guerra dado que la persona que él amaba estaba obligado a ir y él le siguió. Ella sabía que la enfermedad de Hanahaki provenía desde el corazón y que no había cura para este mal más que lograr tener un amor correspondido, la única solución era descubrir quién era la persona que había enfermado el corazón de su hija.
Cuando Sakura cayó dormida salió de la habitación y al encontrarse con el eunuco lo arrinconó contra la pared para sacarle una respuesta.
— Dame un nombre Yemon. — Dijo intimidando al sirviente.
— Mi reina de verdad que no lo sé. — Yemon sabía que todo lo testaruda que era Sakura provenían de los genes de la reina, aun así quería mantener la privacidad de la princesa, pero sabía que poco duraría.
— En estas circunstancias al único que puedo culpar es a ti, así que si no quieres que el Rey corte tu cabeza dame un nombre, sé muy bien que estas enamorado de ella jovencito, ¿Estás seguro de que no eres tu?
— No mi señora se equivoca, yo... yo no soy esa persona.
— ¿Quién entonces?
En contra de su voluntad le explicó todo lo que había sucedido antes de su colapso, principalmente sobre el interés de la princesa por el actual Rey de Yasha.
— Además, leí en unos textos que la enfermedad representa a la persona amada a través de los pétalos.
La reina le miró un poco confundida.
— Los reyes de Yasha llevan el apellido Li, el cuál significa Ciruelo y los pétalos que la princesa expulsó... eran de árbol de ciruelo...
Fue entonces cuando Nadeshiko palideció aún más y llegó a la conclusión de que Sakura fantaseaba con el Rey Li por su afán de querer que su reino este en paz, Yemon de alguna forma aceptó la resolución de su reina.
— Yemon, iré a informarle a Fuji- quiero decir al Rey, sobre la salud de nuestra hija, infórmame de todo apenas termine de atender a Sakura el doctor y también dime si sigue preguntando por el Rey Li — Yemon hizo una reverencia, Nadeshiko a paso rápido y silencioso se retiró del lugar.
Pronto un médico llegó a palacio para atender a la princesa, la enfermedad de Hanahaki era poco conocida y sus síntomas se podían confundir fácilmente con un fuerte resfriado sí se ocultaba cierta información, lo cual tanto Sakura como Yemon hicieron.
IV
Al despertar Sakura se sintió más aliviada, podía respirar con normalidad, así que se vistió sin la ayuda de Yemon, tomó su medicina y salió de su cuarto, Yemon quien venía desde la cocina con una bandeja para la merienda alcanzo a ver como la princesa salía de su habitación con sigilo, Yemon la alcanzó y la tomó del brazo impidiéndole escapar.
— Debe descansar.
— Me presentaré con papá.
— La acompañaré, pero debe abrigarse más.
— Yemon esta enfermedad no es un resfrío, no necesito.
— Espérame aquí— interrumpió— Le traeré su abrigo.
Solo sonrío y espero paciente en el pasillo, pero sintió como el frío congelaba su pecho nuevamente, volvió a sentirse débil, se sostuvo en la pared y con su pecho obstruido, tosio y nuevamente boto un par de pétalos de ciruelo, los observo aterrorizaba ya que había podido ocultar muy bien su enfermedad, pero ahora ya casi era imposible, sintió como Yemon abrigaba su espalda con un obi, le miró y se abalanzó hacia él abrazándolo
— Yemon, tengo miedo, no se que hacer.
— Buscaremos una solución, no se preocupe, si lo necesita yo mismo la llevaré ante Syaoran Li, de ser necesario.
Los ojos de Sakura sonrieron al verlo, pero sabía que tal vez esa no sería la solución.
Llegando a la sala del trono, Sakura se presentó ante su padre quien al verla preguntó por su salud, Sakura solo guardo silencio, no deseaba contarle la verdad a su padre, pero tampoco mentirle, entonces Yemon informó lo que el doctor había mencionado
—"Un resfriado común, el cual debe ser cuidado con reposo" según indica el médico.
Nadeshiko observó a Sakura y ambas le ocultaron al rey la verdad, el Rey Fujitaka invitó a su hija a sentarse cerca del trono junto a ellos como era su lugar, pero Sakura se negó y solicitó ser escuchada.
— Padre, mi Rey, he seleccionado al candidato ideal para gobernar junto a mi.
Fujitaka sorprendido y entusiasmado le pide el nombre de su futuro yerno, Nadeshiko solo cerró los ojos y Yemon comenzaba a rezarle a los Dioses deseando que no vaya a nombrar al susodicho Rey.
— Me gustaría concretar un compromiso con el Rey de Yasha, Syaoran Li, mi Rey, ya que él es el único candidato capaz de detener esta sangrienta guerra estando a mi lado.
— ¿Qué clase de mala broma es esta? — El rey alzó la voz — Ya te había dicho que jamás te-
— Padre — interrumpió — Hoy te hablo no como tu hija, si no como la futura reina de Ashura. —Sakura levantó su mirada firme y determinante. — Creó que esta guerra se debe acabar, solo inocentes están perdiendo sus vidas y sus hogares en una guerra sin sentido, inducida por el odio.
— ¿Una guerra sin sentido dices?
— Padre, por favor, el hombre que asesino a Touya a muerto por tu propia mano, la paz debió de ser un hecho desde su momento, pero usted sigue cegado por el odio, es usted quien debe detenerse, por favor, padre, mi hermano jamás hubiera querido que ensuciara sus manos así, además del rey usted mató a las hijas herederas, jóvenes mujeres como yo, ellas no tenían culpa y usted...
— !Basta ya¡ — Alzó la voz levantándose del trono — No sabes lo que es perder un hijo, no sabes lo que es sentir que te lo pueden arrebatar todo, fui un rey generoso, escuche las peticiones del otro reino, fui confiado y se me trató como a un bufón.
El rey acarició sus sienes y acomodo sus lentes, realmente estaba disgustado al no lograba razonar con su propia hija y eso le disgustaba, se sentó nuevamente y continuó.
— La guerra no es asunto de una princesa, te casarás con quién yo decida, yo mismo buscaré a tu pretendiente. —Miró a Yemon quien estaba detrás de la princesa y se dirigió a él — Eunuco, retira a tu princesa, resguarda su salud y asegúrate de que no salga de sus aposentos hasta que yo de la orden.
— Padre... — Sakura intentó acercarse, pero un par de guardias se interpusieron.
— No sé en qué mundo vives, pero esto es una guerra y no acabará hasta tener la cabeza del Rey.
Yemon con su cabeza agachada y sin mirar al Rey, poco a poco comenzó a jalar a Sakura pues ella no quería dejar su lugar, pero antes de que el Rey usará a los guardias para sacar a su hija de ahí, Yemon ya la tenía fuera de la sala del trono.
V
— ¿Lo escuchaste? Papá no quiere entender, quiere vivir lleno de odio, me sacó del salón como si fuera cualquier cosa, soy su hija — Dijo con total frustración en sus palabras.
Sakura daba vueltas por su habitación, Yemon sólo la escuchaba, cuando una fuerte tos comenzó a molestar a la princesa nuevamente interrumpiendo la conversación, Yemon se levantó para auxiliarla, pero antes de que lo hiciera Sakura lo detuvo con un gesto de su mano y continuo.
— Estoy harta de intentar esto, soy la única que intenta detener a un hombre que ya no está capacitado para ser Rey.
— ¡Princesa! —Alzó la voz Yemon — No debe hablar así del Rey.
— ¡Cállate! — Gritó con impotencia y lágrimas en sus ojos, algunos pétalos salieron de su boca y se tapó con la manga de su kimono al darse cuenta, pero, su rabia seguía ahí.
— Hay miles de personas muriendo afuera por tratar de traspasar las puertas de Yasha e ir como sádicos tras la cabeza de un hombre, miles de niños extrañando a sus padres en sus hogares, gente con hambre, yo soy quién habla con mi pueblo no él, yo soy quién escucha sus lamentos no él, tú tampoco los escuchas por que vives cómodamente aquí, te he oído decirles "Plebeyos" cuando visito sus cabañas, ¿Cómo pueden ser tan crueles teniendo en sus manos la solución a estos conflictos? Estoy enferma tal vez nunca llegue a ser reina por que lo más probable es que no sobreviva a esta enfermedad y estas personas que se acercan a hablarme a pedirme que haga algo seguirán sufriendo solo por nacer bajo el reinado de un hombre que ya perdió la cabeza.
Cayó de rodillas delante de su sirviente, quien de un salto llegó hasta ella para socorrerla, su pecho volvió a dolerle ya no podía ocultar sus dolores, se sentía agotada y desanimada, nada estaba saliendo como ella planeaba.
Yemon alzó sus brazos invitándola a su regazo, Sakura sin contenerse correspondió y lo abrazó sintiéndose protegida y confortable en su pecho, realmente necesitaba eso, volvió a llorar y a sentirse débil, su tos no le permitía hablar ni disfrutar del confort que se le estaba ofreciendo, el frío entumece sus manos y pies, Yemon la tomó en brazos y la recostó en su cama, al dejarla intento separarse, pero ella no se lo permitió.
— No te vayas aún Yemon, se siente muy cálido que alguien te abraza ¿Verdad?.
— Si... pero no debo hacerlo
— Solo por hoy quédate un rato más así conmigo.
Ante tales palabras no pudo negarse a la petición de su princesa, Sakura no dejo de abrazarlo y verla más aliviada de su dolor le reconfortaba.
Sakura cruzó su mirada con la de él y su vista viajó desde sus verdes ojos hasta sus delicados labios, sintiéndose tan atraído por el deseo de querer tocarlos que no tuvo la capacidad de contener sus propias manos, la princesa aún sintiéndose débil, permitió que su sirviente prosiguiera ya que gracias a él su cuerpo estaba tibio y su pecho había dejado de doler, cerró sus ojos y se entregó a las caricias, cuando sintió los labios de Yemon sobre los suyos se sorprendió, pero saboreó aquel húmedo beso.
Yemon había besado a su princesa y aunque él jamás planeó hacerlo su cuerpo lo hizo por él, despertó del trance que lo habían inducido esos labios y al enfrentarse a los ojos verdes de su princesa se apartó, asustándola, su movimiento había sido brusco y rápido, salió de la habitación sin aviso y sin darse cuenta entró en la cocina asustando a la servidumbre, preocupados le ofrecieron algo de beber.
— No, gracias, solo hágale un té de hierbas a la princesa, yo se lo llevaré.
Le observaron pues se notaba nervioso, sus pensamientos le atormentaban, sus manos temblaban, cerró sus ojos intentando tranquilizarse, pero el beso volvía hacerse presente, saboreó sus labios y tomó el té que la sirvienta había preparado, caminó hasta la habitación de la princesa, pero se detuvo ante las puertas corredizas, sus manos aún temblaban y sus piernas también, presionó su tabique nasal y apenas escucho su nombre entró en la habitación, ella estaba en la ventana dejando que el viento y el frío entraran al cuarto, tenía la mirada perdida en dirección al norte donde en el reino de Yasha daba un rojo atardecer, al verla arrugó su entrecejo y se acercó hasta hacer que ella sintiera el olor de las hierbas de su té, ella se acomodo al recibirla y él aprovechó para cerrar las ventanas.
— Dime Yemon, tu que siempre escuchas, cuéntame como es el Rey de Yasha. —preguntó mientras olía el olor de las hierbas, las cuales aliviaban el dolor de su pecho, sobre el beso no hizo mención, sorprendiendo al eunuco quien agacho su cabeza con una mirada triste y contestó la pregunta.
— No puedo hablar mucho de un hombre que está encerrado, mi señora.
— Entonces... Cuéntame ¿Extrañas tu país? ¿Extrañas las tierras donde fuiste criado?.
— Debo admitir que algunas veces deseo volver a caminar por los campos de trigo que había en mi pueblo natal, pero, a mi ya no me queda nada en ese reino.
— Debe ser un paisaje digno de admirar, dime, ¿Y tu madre?
— No lo sé mi señora, no volví a tener información de ella después de la guerra.
— oh, Diez años sin ver a ninguno de tus familiares, yo realmente no podría soportar algo así.
— Si me hubiera quedado habría muerto, como murieron mis familiares.
Sakura bajó la taza de té, logró notar la tristeza de su voz y aún que Yemon siempre intentaba ocultar sus sentimientos ella quien conocía al eunuco le era muy fácil poder descubrirlo.
— Realmente lamento que hayas perdido a toda tu familia por culpa de esta guerra.
Sakura se acercó a él y se sentó en frente quedando cara a cara, él inclinó su cabeza y ella la levantó con su mano desde su mentón.
— Tu has sido víctima de las malas decisiones de nuestros reyes, de la decisión de mi padre — La princesa se inclinó agachando su cabeza y pidió
— Por favor perdóname, Yemon, perdona al Reino de Ashura.
El eunuco sorprendido y con sus ojos llenos de lágrimas levantó el rostro de la princesa y tomó sus manos sonriendo de una manera tal que provocó un sonrojo en las mejillas de Sakura haciéndola volver a recordar aquel beso.
— Usted será una Reina excepcional, lo único que agradezco de esta cruel guerra es el poder servirle, mi reina, sé que usted sabrá guiar a su pueblo, estoy completamente seguro de que cuando usted suba al trono las tristezas de hoy, solo serán un mal recuerdo mañana.
— Gracias por entregarme esa confianza — Sonrío — pero, debo confesarte que poseo sentimientos egoístas los cuáles me avergüenzan. — él la miró sorprendido — Lo único que agradezco de esta guerra es que te haya traído a mi, realmente el tenerte a mi lado me ha ayudado a superar la soledad que dejó mi hermano con su partida.
Sakura le abrazó y él correspondió al abrazo sosteniéndola, sintiendo su aroma, su calor y es que hace mucho tiempo que sentimientos de amor había florecido dentro de él por la mujer que sería su reina, sabía que nada de eso podía ser posible, pero compartir con ella le eran realmente suficientes.
Sakura le miró a los ojos y con una firme determinación le comento que por todo aquellos ella debía casarse con el Rey Li.
— Tú eres el único que puede ayudarme.
— No veo cómo ayudarle ¿Qué planea?. — dijo fríamente con un tono de desánimo.
Sakura suspiró desilusionada, con su mano tocó su pecho, pequeñas punzadas le estaban atormentando otra vez, respiro profundo, alzó su mirada y dijo:
— Quiero ir contigo a Yasha
— Por Dios. —Yemon cerró sus ojos por un momento presionando su tabique nasal.
— ¿Acaso no estás de acuerdo con mi decisión?
— Quiero que sea feliz y casarse con ese hombre tal vez no sea la opción que usted espera realmente, no sabe nada de él.
— Yo sé mucho de él — Dijo completamente convencida de lo que decía, esto a Yemon le disgustó de sobremanera. — De hecho, estoy más que segura de que sé más de él que él mismo.
Yemon ya completamente disgustado por la terquedad de la princesa se levantó de golpe mostrando su enojo e impuso su altura ante ella.
— Ya basta de ser infantil y vivir en sueños ridículos, usted vive una fantasía, observando por esa estúpida ventana, ¿Cree que él la ve a usted? ¿Qué la ha considerado?.
Sakura se levantó alcanzando su altura, aunque solo le miraba decidió no reaccionar ante la actitud soberbia de su sirviente, actitud poco habitual en él, así que le ignoró y le dio la espalda, pero grande fue su sorpresa al ser jalada por el eunuco girándola en su dirección, volviéndose a encontrar con su mirada.
— Escúcheme ya, él está a kilómetros de aquí, no es verdad que el amor traspasa fronteras, tampoco existe el destino, ya deje de vivir en ilusiones falsas que sólo encuentra en los libros que tanto le gusta leer.
— He estado con él —Afirmó muy segura de lo decía, impresionándolo.
— ¿Cómo dice? — Yemon entrando en cólera y como nunca abrió sus ojos dejando ver su intenso color ámbar, estaba sorprendido a tal punto que presionó el brazo de la princesa, causándole dolor.
— ¿En qué momento usted fue engañada? ¿Cómo se me pudo escapar algo así?.
Sakura se soltó de su agarré.
— ¿Qué te sorprende?
— Porque es imposible —Gritó irritado.
— Escúchame bien, la noche en que se supo que el rey de Yasha había caído tus ojos se sorprendieron de tal manera que me di cuenta en ese mismo instante con quien yo estaba tratando, mis sospechas fueran aclaradas solo con tu mirada.
— ¿Qué?.— Yemon retrocedió un paso como pidiendo tiempo, intrigado por la información que se le estaba dando y que no lograba entender, pero ella no se detuvo.
— Todos gritaban de alegría, hasta los del pueblo de Yasha, pero tú lloraste en los jardines reales, rechazaste mi compañía y pude sentir cuánto dolor había en tu corazón al saber que tu padre había muerto. — Yemon se llevó la mano a su boca, sorprendido. — Estabas tan enojado que al verme explotaste y me gritaste "Ahora por fin la Dinastía Li está destruida, felicitaciones" nunca pude olvidar esas palabras y me dolían porque entendía completamente tu dolor, luego al siguiente día volviste a ser el sirviente de la familia real, luego en la fiesta Eriol y Yamasaki te observan por un momento y notaron tu parecido con el Rey de Yasha, fue entonces cuando decidiste cambiar tu aspecto, usando ese sombrero y estirando tu cabello hasta deformar tu mirada ¿no es así?.
— Yo... no sé de qué habla... — Sakura suspiro y siguió.
— Una vez te permití tocarme en los baños ¿Lo recuerdas? Y te costó tanto esconder tu hombría que tuviste que escapar, como un cobarde.
Cada paso que el eunuco retrocedió ella lo seguía hasta acorralarlo contra la pared.
— ¿Crees que no me daría cuenta? ¿Crees que no se diferenciar entre un hombre y un Eunuco?
Yemon acorralado entre la pared y la princesa intentó esconder su rostro con su vestimenta, deseaba que la pared lo absorbiera, se sentía tan avergonzado y expuesto que no era capaz de dar la cara, la miró y ella seguía ahí intacta, como la futura reina que era, seguía atormentándolo con sus ojos esmeralda.
— Dime —La voz de Sakura logró sacarlo de su trance— ¿Qué sucedió con tu madre?
— Mi madre... Yelang Li — Observó en silencio por un momento la ventana como si la nostalgia le hubiera atraído para finalmente continuar. — Ella era la reina de Yasha, era la única de esos dos que poseía la sabiduría y el temple necesario para llevar a cabo una labor tan noble como gobernar, no como padre, ese hombre nunca entendió y terminó matando a mamá por celos, a todos, a todo lo que yo amaba él lo destruyó, él llevó a la guerra a mis hermanas sin tener la real necesidad de hacerlo.
Abrió los ojos al decir esto último, pues ya era más que obvio que se había puesto en completa evidencia, levantó su mirada y esos ojos verdes ahora le miraban con compasión, Sakura se acercó aún más y estiró su cuello para tomar sus labios, pero él la esquivó, dejando que su beso alcanzara solo su mejilla, aún así ella continuó por un tierno momento haciéndolo temblar.
— No lo haga princesa.
— Solo quería ayudarte a aliviar tu dolor, mi príncipe. — susurró en su oído mientras que con sus brazos atrapaba su cuello.
— ¿Príncipe? — Exclamó exaltado.
— No, más bien Rey. —Rectificó.
— Basta, yo... ¡No debo!.
— ¿No sientes deseos de volver a besarme? o ¿de tocarme como esa vez?—preguntó acercando sus delicados dedos a los labios de él.
— Usted... ¿lo recuerda?...
— No estaba tan ebria como para no recordar algo tan importante.
— Lo lamentó, lo lamento mucho.
— ¿Por qué? Yo fui quién te beso.
— Si, pero usted no estaba en condiciones y yo me aproveché.
— Yo te deseaba en ese momento y ahora también, si tu no te hubieras detenido nada lo habría hecho, Yemon, bésame, dame un poco de tu cariño, olvida el dolor.
Sakura acercó peligrosamente sus labios a los de él, Yemon titubeó, pero ese instante en que sus ojos miraron los labios carmesí fue cuándo su cuerpo dejo de escuchar a su mente y sus manos atraparon la espalda de ella atrayéndola, recibiendo su beso, sintiendo y saboreando el dulce sabor de los labios de su reina y por un instante pudo decir que la mujer que había deseado desde que era un niño era suya.
— Si tan solo hubieran sido otras circunstancias en las que nos hubiéramos conocido estoy seguro que de todas maneras me habría enamorado de usted.
Sakura sonrió y volvió a besarlo, él dejándose llevar por sus deseos tomó su cintura y masajeo la delicada espalda provocando un pequeño gemido en los labios de ella, quién se aferró aún más a ese húmedo beso, ninguno de los dos se resistía al otro y aún que Yemon aún tenía dudas, no lograba controlar sus propias manos quienes se aferraban a las prendas de la princesa intentando tocar un poco más de esa blanca y suave piel, y como negarles el placer que habían deseado desde hace tantos años, pensó, si su propio corazón latía como si se fuera a salir de su cuerpo y su lengua no dejaba de intentar atrapar la de Sakura. Por un instante de razonamiento intentó alejarse de ese lujurioso deseo que nublaba su mente, separándose de ella.
Intentado tener algo de razonamiento se soltó del agarre de la princesa, pero se sintió débil como si toda su fuerza había sido absorbida por sus nervios, y mientras caía al suelo con la respiración agitada intentaba calmar su corazón, su sombrero cayó dejando salir su larga cabellera castaña, intentó tomar el sombrero, pero la princesa lo pateó.
— Déjame verte.
Los ojos verdes le perseguían y Sakura se aferró a su espalda, curiosa aprovechó para oler su cabello y se posicionó sobre él atrapándolo entre sus brazos.
—Yemon... Syaoran... ¿Cómo debo llamarte?.
Sakura deseaba más, deseaba sentir las manos de Yemon sobre ella, deseaba que le tocará de forma atrevida, quería ahogar el dolor que lastimaba su pecho cada vez que pensaba en él, cada vez que sentía su aroma, ese aroma que le hacía temblar las piernas y que tocaba su corazón, Sakura desató su propio kimono dejando al descubierto sus tiernos pechos para él, Yemon miro hacia un costado evitándolos, pero ella no se lo permitió y colocó las grandes y ásperas manos de él sobre ellos, como si tuvieran conciencia propia sus manos comenzaron a acariciar los duros pezones rosados, Sakura gimió sintiendo placer en su pecho por vez primera, se acercó a él y mordió su oreja izquierda mientras introducía su delicada mano dentro del kimono de Yemon, se sorprendió, pero la dejó continuar, si ella deseaba seguir ¿Quién era él para detenerla? ese cuerpo le pertenecía a su reina, simplemente se entregó a ella y a su propio deseo.
— Yemon... —Susurró
— Mi princesa, sólo por hoy dígame Syaoran...
Sakura sonrió, se levantó y lo condujo hasta su cama acostándose en ella, ofreciendo sus brazos para que él la acompañara y sin dudar así lo hizo, sintiéndose extraño mientras tenía a la princesa debajo de él, en esa posición que solo había visto en los libros más ocultos de la biblioteca del reino y que había fantaseado practicar con la mujer que ahora tenía a su merced.
— Continúa, Syaoran... —Syaoran se detuvo un momento para observarla, de alguna forma no lograba creer todo lo que estaba pasando frente a sus ojos.
— Cruzar esta línea, tal vez sea demasiado imprudente, mi princesa.
— Deja de pensar, yo necesito sentir tu calidez en mi. — Sakura guio la mano de él hacia su pecho — Fue tanto mi deseo por ti que mi cuerpo se llegó a enfermar, yo de verdad deseo estar contigo, las manos de Syaoran logran aliviar con su calor el frío de esta enfermedad.
Syaoran guiado por aquellas palabras tomó los pechos de la princesa, comenzó a besarlos y lamerlos de forma instintiva, con sus manos acariciaba las piernas de la princesa atrapando sus firmes glúteos, haciéndola temblar, cada espacio inexplorado en el cuerpo de la chica él deseaba profanarlo.
Desvistió por completo a la princesa mientras ella hacía lo mismo con él, al quitarse la última prenda, ambos de forma tímida se ocultaron bajo las sábanas y sonrieron, se habían visto completamente desnudos por primera vez.
— ¿Por que estas tan avergonzado? tu me habías visto desnuda antes,
— Siempre es sorpresa.
— La sorprendida debería ser yo, ¿Qué clase de eunuco eres?.
Dijo esto mientras acariciaba con su pie la entrepierna del chico quien se sobresalto al sentirla
— ¡No haga eso!
Ella comenzó a reír y atraídos por su acercamiento comenzaron a besarse nuevamente, y Syaoran se posicionó sobre Sakura quien exploraba su firme espalda haciéndola sentir cada vez más extraña, una ardiente calor recorría todo su cuerpo emanando desde su entrepierna pidiéndole más de él, Syaoran podía sentir como su miembro se ponía cada vez más duro provocando dolor, ya había perdido la cordura y cada vez sus gemidos eran más graves e intensos, tomó de forma precipitada la cintura de la princesa y masajeando su miembro contra la delicada entrada de ella, comenzó a hacer suaves movimientos vaivenes con su cadera, provocando fuertes espasmos en la princesa, quién comenzó a imitarlo moviendo sus caderas, sorprendida le siguió el juego pues ya su cuerpo comenzaba a pedir a gritos que el invasor entrará en ella, así que aferrándose aún más a él inclinó sus caderas provocando que éste se introdujera en ella, ambos dieron pequeños gemidos, sintiendo como sus cuerpos se entregaban al doloroso placer, Syaoran profundizó más y Sakura sintió un fuerte dolor que poco a poco se iba apaciguando.
— ¿Te duele?
— Creo que tengo que acostumbrarme, no te preocupes...
Syaoran comenzó a moverse nuevamente, entrando y saliendo lentamente, sintiendo como la electricidad recorría todo su cuerpo, la beso nuevamente, ver como Sakura se retorcía de placer debajo de él le excitaba, su respiración se agitaba aún más y sentir como sus delicadas manos recorrían su figura le hacían temblar, al ver que Sakura ya se había acostumbrado a él las suaves embestidas pronto se volvieron más violentas y más llenas de placer, Sakura se habría más de piernas sintiendo más profundo el miembro del supuesto eunuco, ella sonrió al recordar aquello, se aferró a las sábanas al sentir el placer recorrer su cuerpo cada vez más fuerte, soltando varios gemidos, llamándolo, él seguía jugando con sus caderas, le gustaba ver cómo se movían los pechos de ella al movimiento de sus embestidas, pensó que nunca podría hacer aquello, ya que al esconderse como un eunuco creía que moriría sin probar el delicioso néctar del amor, pero ahora disfrutaba de él donde solo podía pensar en Sakura, se sentía afortunado.
— aah... Se siente extraño... Syaoran... Como si...— Sin saberlo, ambos estaban al límite.
Sakura se aferró a su cuello y Syaoran la abrazó dándole las últimas y violentas estocada las cuales los llevó al clímax, ambos ahogaron sus gemidos en besos para luego caer rendidos en la cama, Sakura se durmió por unos minutos y él aprovechó para observar aún más de lo que ya lo había hecho, la cubrió con las sábanas dando un último vistazo, pero cuando se disponía a retirarse de la habitación, ella lo retuvo con su pierna y coquetamente le sonrió oculta entre las sábanas, Syaoran le devolvió la sonrisa, sabía que la noche aún no terminaba.
VI
Por primera vez Sakura había despertado antes que él, le observó dormir y después de un rato se percató de que el dolor de su pecho había desaparecido, la cura estaba frente a sus ojos, su amor era correspondido, suspiro aliviada.
Syaoran despertó y lo primero que vio fue la sonrisa de la princesa, se sonrojo y cubrió con las sábanas su torso descubierto.
— Anoche vi todo, no tienes para que ocultarte. —Dijo acariciando su cabello.
— De todos modos.
Sakura le abrazó recostándose en su pecho para luego besarlo, al momento de separarse él preguntó.
— Sakura dime ¿Cuándo comenzaste a sospechar de que era un Li?
— Desde que te conocí, fisgoneé tus pertenencias y encontré algunos recuerdos que tenías ocultos y... — Pensó antes de decir lo que tenía en mente — Te ví cuando le suplicabas a tu escolta que no te dejara aquí.
Syaoran recordó aquel momento también.
— Esa noche fue la peor noche de mi vida, no solo mis hermanas habían muerto en batalla, si no que mi padre también había caído, por fin... si tan solo hubiera muerto un par de horas antes no nos habríamos conocido, no me habrían enviado aquí, para ocultarme de él y de tu padre, pero, yo ya estaba entre los niños eunucos, y mi escolta decidió que me escondiera hasta que fuera un hombre y pudiera volver.
— Siempre me pregunté, teniendo tantas oportunidades para huir ¿Por qué nunca lo hiciste?. — Syaoran se levantó de la cama y miró a Sakura.
— Mis hermanas ya no están, mi madre tampoco, el pueblo no me reconocerá como su Rey pues de seguro piensan que los abandoné y no los culpo ya que así fue, así que decidí quedarme donde me siento como en una familia, eres lo que más amo, sé que es egoísta lo que digo, pero, no quiero estar solo otra vez, Sakura, tu llenaste ese vacío que la partida de mi familia dejó, yo... debo admitir que la odiaba al principio, envidiaba todo lo que tenía y en algún momento me sentí feliz al verla llorar por su hermano, pero usted siempre se levantaba, siempre sonreía, me acogió en ese entonces y ahora me doy cuenta que era así conmigo aún sabiendo que era hijo del Rey de Yasha.
— Syaoran yo siempre supe lo que sentías, en tus ojos había tanta pena y tanto odio, recuerdo muy bien esa mirada intimidante que hacías sin darte cuenta.
— Lo siento...
— Sabes algo Syaoran —Dijo apoyando su cabeza en el hombro de él — siempre fui "enamoradiza" — Sonrío un poco avergonzada.
— ¿Se supone que debo sorprenderme?—mencionó.
— No seas pesado, siempre me gustaba algún chico, recuerdo que en ese tiempo me gustaba el amigo de mi hermano, pero cuando te vi la primera vez sentí algo extraño, una cálida palpitación en mi pecho y también sentí tu frialdad hacía mí, así que me empeñe en hacer que me quisieras, quería hacerte ver como era yo, ver si mi verdadera forma te gustaba, y también quería verte sonreír, por que yo desde el momento en que mamá te presento ante mi, ese día comencé a amarte, sé que suena extraño, pero es así, te amo Syaoran.
— Te amo, Sakura— Reafirmó mirándola a los ojos.
— Entonces Rey Li, es hora de que tomes mi mano, pídeme en matrimonio ante mi padre.
— ¿Un eunuco pidiéndole la mano de una princesa?
— ¿Con qué cara dices eso después de lo de anoche? Pídeme siendo el Rey de Yasha, tienes que volver a tu hogar y volver por mi.
— No me aceptarán, los abandoné yo debí volver hace mucho y no lo hice.
Sakura tomó sus manos y las besó.
— Syaoran, tú y yo podríamos cambiar las cosas, el curso de esta guerra insana, nuestros reinos prosperarán estando nosotros juntos, los sabes.
Syaoran la atrajo hacia él y la abrazo desde la espalda suspirando en su cuello, se había acostumbrado a su vida de eunuco y aún que había deseado volver a su hogar en innumerables ocasiones, el querer estar con ella se lo impedía, pero, Sakura tenía razón, la guerra debía terminar y debían convencer al rey de olvidar ese odio irracional y aunque posiblemente pierda a Sakura para siempre, él debía volver con su reino y tomar su lugar como el Rey de Yasha.
— Haré lo que tu deseas mi princesa, que tu seas la reina de Yasha será mi completa felicidad y el beneficio más grande para mi pueblo.
Sakura sonrió sonrojada y beso a Syaoran, realmente no había dejado de besarlo desde que Syaoran se lo permitió.
— Tienes que hacerlo pronto porque no sé cuánto aguantaré sin estar a tu lado. —ambos sonrieron.
Nuevamente se besaron y volvieron a caer rendidos en las sábanas jugueteando entre ellas hasta que el sol ya iluminaba la habitación por completo, Syaoran se levantó y se dispuso a colocarse su ropa, pero Sakura decidió ayudarlo y aún que lo hizo pésimo, él sólo le sonrió corrigiendo cada error en su vestimenta, pronto la vistió a ella saboreando su cuello en el proceso y tocando sus pechos, deseo que había querido hacer desde hace ya muchos años.
— Iré por su desayuno, aunque es bastante tarde ya —Silenció un momento preocupado por los sirvientes quiénes debieron notar su ausencia — Recuerde que no puede salir porque está castigada toda esta semana, y espero que nadie haya notado que pase con usted la noche.
— ¿Crees que alguien lo haya notado? —preguntó nerviosa. — Lo... lo dudo.
Esta vez Yemon la beso para despedirse, un tierno beso que duró más de lo esperado, al alejarse ambos sonrieron tímidamente, Yemon cerró las puertas sin dejar de mirarla, ella lo observaba con una tierna sonrisa desde la ventana.
VII
Syaoran siendo nuevamente Yemon, se dirigió a la cocina para preparar el desayuno de la princesa, se dio cuenta que algunos sirvientes le observaban y notó que faltaban algunos en sus respectivos lugares de trabajo, se sentía en el ambiente una incomodidad, preguntó qué sucedía, pero no obtuvo respuesta.
Una vez terminado de hacer el desayuno se dirigió donde la princesa, caminó rápido, pero antes de llegar fue interceptado por los guardias del Rey, quienes habían descubierto que el eunuco había pasado la noche con la princesa Sakura, Syaoran al verlos supo en ese momento que no volvería a ver a Sakura, sólo agacho la cabeza con decepción entregándose a los guardias quiénes lo golpearon y amarraron, para llevarlo ante el Rey.
Syaoran creyó que lo llevarían a la sala del trono para ser juzgado, pero no fue así, pasaron por el castillo y salieron a la parte sur, caminando directo al salón de las sentencias, supo en ese entonces que ni siquiera podría tener un juicio justo, al llegar, noto qué varias personas se encontraban en el lugar, algunos sirvientes del castillo con quienes trabajaba codo a codo, el alto mando de Ashura y sus reyes.
El Rey al verlo se acercó a paso acelerado y preguntó respecto a los rumores que habían llegado a sus oídos respecto a él y a su hija.
— ¿Acaso es verdad, que no eres Eunuco y que has mancillado el honor de mi hija?
— Yo... realmente amo a su hija, Rey.
Le propinó una bofetada en su rostro logrando hacer que su sombrero se soltará y cayera dejando caer su larga cabellera, el Rey estaba completamente decepcionado, pero sentía familiar la situación del chico ya que alguna vez estuvo en su misma situación, también había sido un muchacho pobre enamorado de una princesa.
— Entiendo que la ames y en otras circunstancias lo habría permitido con gusto, pero ahora...
El rey Fujitaka agudizó su vista y al ver al joven con su cabellera suelta y sus ojos abiertos logro notar el enorme parecido de Yemon con la imagen del antiguo Rey de Yasha, los murmullo no se hicieron esperar, el Rey sorprendido retrocedió, tenía frente a él a su peor enemigo, una vez más alguien de Yasha se había reído de él.
Todos comenzaron a gritar, "el Rey de Yasha había logrado infiltrarse en el reino de Ashura".
El Rey indignado y sorprendido se dirigió al lado de su esposa quién le estiró la mano para acercarse, pero él la rechazó y volteo la vista para volver a verlo una vez más.
Uno de los altos mandos a quienes se le permitía hablar en un juicio, indignado por la situación, se dirigió hacia Syaoran y exclamó al público presente.
— Entre nosotros, el Rey de Yasha — Alzó la voz incitando al odio con sus palabras — El heredero del reino de Yasha, un pueblo maldito por su realeza, ha deshonrado a la princesa, a nuestra princesa quién sabemos que es tan pura de corazón que entrega su confianza hasta a un sujeto como él, la ha engañado, le ha susurrado en su oído, la a convencido de casarse con él lo más probable es que deseara raptarla para cuando hayamos bajado la guardia, hacerla suya le haría dueño de nuestro reino usando maliciosamente la "diplomacia de un matrimonio arreglado". Mi rey, creo que lo más justo es sentenciar a muerte, enseñarle a Yasha que no somos quienes ellos creen que no nos pueden engañar ya más!
Ante tal sentencia todos aplaudieron en el gran salón, Syaoran quien había sido golpeado mantuvo su cabeza erguida como en la posesión de un rey.
— Voy a ser claro, al igual que muchos de los del pueblo de Yasha hui de mi padre el rey, pues él fue el culpable de toda desgracia que llegó a las familias de mi reino, incluyendo la mía.
— En vez de afrontar, prefirió huir, entonces cuéntenos su señoría ¿En qué momento volvería a Yasha a retomar su lugar? ¿Cuándo haya dejado un heredero en nuestra futura reina tal vez?
Al escuchar tales palabras se sintió tan ofendido que su mirada se volvió fría, haciendo que el Rey Fujitaka lograra recordar como esa misma mirada había asesinado a su hijo en batalla.
El Rey incentivado por el odio y las injustas palabras, caminó hacia Syaoran y él mismo lo arrastró hasta un pilar de madera que había en el centro del salón, los guardias amarraron las manos del prisionero, el Rey desenfundo su daga y puso el arma en el cuello de Syaoran, Nadeshiko se dirigió hacia él e intervino colocando su mano sobre la del Rey.
— Fujitaka, es solo un niño, míralo, tiene la edad de nuestra hija. — Con un nudo en su garganta Nadeshiko le pedía piedad a su marido, pero este no cedía. — Sakura lo ama, ella era la de la idea de que un matrimonio entre ambos reinos sería la solución a esta guerra, ellos son la solución, Fujitaka por favor. — el Rey fue imparcial, ordenó que alejaran a la reina de él.
— Lo entiendo — Susurró Syaoran con una voz asustada.
— ¿Cómo dices?
— Entiendo el odio que siente, mi padre también me lo arrebató todo y soy la viva imagen de ese maldito hombre, me esforcé en verme diferente por ese mismo hecho, hace unos años habría aceptado esta muerte con gusto, pero hoy no, hoy no quiero morir, hoy quiero estar con Sakura, quiero volver a mi hogar con ella.
El Rey decidió no escuchar más y con un simple movimiento cortó el cuello del joven haciendo que este sintiera el frío filo de la daga pasar por su garganta, la sangre comenzó a brotar rápidamente, el Rey soltó la daga dejándola caer a sus pies, sus manos temblaban, el viento soplaba fuerte como si un mal augurio se estuviera acercando al reino.
— Saku... — Susurró Syaoran débilmente.
Ya no podía decir palabra, las lágrimas nublaban su vista, pero sus ojos seguían buscando a Sakura para verla por última vez, solo se encontró con miradas frías de asombro y disgusto, recordó los cálido labios de Sakura cuando sintió su sangre caliente caer por su cuello, la siguió buscando en la multitud, pero esta nunca apareció, para él ella aún esperaba en la ventana de sus aposentos, su vista comenzó a nublarse y unas cálidas manos sostuvieron su frío rostro ya a duras penas alzó su vista y grande fue su sorpresa al volver a ver después de años el rostro de su madre a quien había extrañado tanto.
— Madre... - Sonrió.
Nadeshiko con un nudo en su garganta, desató al joven y lo sostuvo entre sus brazos mientras éste agonizaba pensando que su madre había venido por él.
Nadeshiko con sollozos lo acompañó abrazándolo hasta que dejó de respirar, la reina sentía como su pecho se comprimía por la tristeza, y cuando ya no escucho murmullos alzó la vista y como presentía pudo ver a su hija enfrente de ella.
Sakura le había estado buscando por los pasillos del reino, preguntando y recibiendo falsa información para despistar, una punzada en su pecho le preocupaba, una sirvienta amiga de ella la detuvo y le indico que fuera al salón de las sentencias, y cuando por fin pudo llegar al lugar ya todo estaba hecho.
Sakura no expresaba nada, sólo se inclinó y cerró los ojos de Syaoran con su mano temblorosa, por alguna razon no podia llorar, pero su alma gritaba por dentro, Nadeshiko toco su hombro, pero con mucho cuidado tomó al joven en sus brazos sorprendiendo a gran parte del público pues nunca pensaron que la princesa se pudiera el cuerpo, Fujitaka se acercó a ella, estaba como perdida sosteniendo a aquel hombre entre sus brazos, pero cuando sintió a su padre acercarse reaccionó y le miró con tal frialdad que le hizo detenerse.
— Usted no es un Rey, usted es un asesino, no tengo palabras que describan la decepción que tengo sobre usted, si aún hay algo del padre al cual amé, quiero que me deje y me olvide.
Sakura caminó hacía el castillo alejándose de todos, nadie pronunció palabra alguna ante la presencia de la princesa, su madre intentó seguirla, pero se negó.
— Lo siento madre, mi destino ya fue escrito por su Rey, sepa que anoche tuve la esperanza de que todo saldría bien, Syaoran logró sanar mi enfermedad, me sentí feliz estando entre sus brazos, tan cálido. — sonrío unos instantes — pero, poco duró, la cura ya no está y mi dolor a vuelto aún más fuerte — Nadeshiko al mirar, logró ver que el pecho de Syaoran estaba lleno de pétalos de ciruelo — Mi enfermedad no me permitirá vivir y usted lo sabe, déjeme ir con él por favor, sé que me está esperando, es lo único que le pido.
La reina soló beso la frente de su hija y la dejó partir viendo como su pequeña desaparecía entre las sombras del castillo, la reina cayó sobre sus piernas y pétalos de cerezos cayeron de su boca.
Nadie se atrevió a interrumpir el camino de la princesa, nadie se atrevió a volver a decir palabra, Fujitaka solo se sentó en el suelo golpeando su cabeza, su venganza había sido más fría de lo que esperaba, se preguntaba si su hijo estaría orgulloso de él o completamente decepcionado pues sabía que hacer sufrir a Sakura era la peor ofensa que le podrían ofrecer a Touya.
Sakura salió del castillo y camino por los jardines llegando a su carruaje donde ya a duras penas colocó el pesado cuerpo de Syaoran, miro sus labios y notó como una línea de sangre bajaba de ellos, la limpió con su kimono y aprovechó para besarlo, acaricio y desenredo el suave cabello con el cuál había jugado toda la noche anterior.
— Tanta felicidad la de ayer y hoy míranos.
Dijo con total amargura, le observó por unos instantes más y lloró en su pecho, comenzó a toser y no paraban de brotar pétalos de ciruelo de su boca, volvió a besarlo y decidida tomó firmemente las riendas del caballo y lo dirigió hacia el Reino de Yasha.
Un viaje que duró todo un día y una noche, a cada galope su pecho se sentía más pesado, le faltaba el aire y el frío era más penetrante que nunca, su rastro dejado por el carruaje estaba lleno de pétalos por el camino de tierra, pero ya nada importaba ya que había sentido que había perdido parte de su alma al ver a Syaoran en el suelo con su cuello ensangrentado, volvió a llorar al recordar tal escena y llegando ya a su destino, sintió el frío que hacían sentir las sombras de la gran muralla de Yasha, al llegar a las puertas, Sakura anunció sobre la llegada del Rey a los guardias que estaban en los altos, logrando mostrar el rostro de Syaoran, los guardias lo reconocieron y el sonido de unos cuernos comenzaron a resonar, el reino de Yasha le abría las puertas a su Rey.
El sol salió por las aperturas de las puertas dándoles la bienvenida al reino, dejándoles sentir su calor, Sakura volvió a toser, pero de alguna forma ya no sentía el punzante dolor en su pecho, ya no dolía, sólo sentía como su corazón palpitaba cada vez más lento, dejo que el caballo se guiará sólo por el sendero y se sentó en el carruaje junto a Syaoran.
— Llegamos, ¿Estás feliz? Syaoran, estamos en tu hogar, por fin puedo ver los campos de trigo que mencionabas, son realmente hermosos — El rostro de Syaoran parecía apacible, hasta feliz, Sakura sonrió satisfecha al verlo, apoyó su cabeza en su hombro, entrelazo los dedos de sus manos y cerró sus ojos, por fin, junto a su amado habían logrado conocer al reino de Yasha.
Fin
Notas finales
Gracias por darme un poco de tu tiempo en leer esta historia, tenía pensado incluir mas personajes, pero como hace varios años que no escribía así, decidí probar con algo mas ligero, y la verdad me sorprende por que más de 12mil palabras para alguien que antes hacia caps de solo 1200 es un logro jaja
Esperando que dejen sus comentarios si el fanfic a sido de su agrado, me despido,
Vorono.
