2. Cinco hijos.

Catelyn

Cinco hijos tuve alguna vez, se lamentaba.

Cinco hijos todavía tienes, le decía una voz todas las noches.

Robb, ahora convertido en rey por su propio mérito, crecía fuerte y orgulloso. A veces lo miraba a través de la mesa mientras cenaban y se preguntaba cómo todo pudo haber cambiado tanto en tan poco tiempo. Daría lo que fuera para poder ir para atrás en el tiempo y poder tener a toda su familia consigo, incluso el bastardo sería bienvenido si ese fuera el precio que debería pagar para conseguirlo.

- Han casado a Sansa con el Gnomo – Robb leyó la misiva y levantó su mirada hacia la suya – No la lastimarán ahora.

- Supongo – suspiró Catelyn sin mucho entusiasmo.

- No hemos sabido nada sobre Arya en meses.

- No.

Robb le regaló una sonrisa triste, pero que para ella valía millones.

– Estoy seguro que ella está bien – fue todo lo que dijo él. – Pero Bran y Rickon – resopló con los dientes apretados. – Cuando agarre a ese traidor , te juro que … - El joven rey se mordió los labios y se quedó sin palabras para completar su frase.

- Cinco hijos tuve alguna vez. – La voz de Catelyn no fue más que un suspiro perdido en el salón – Y un esposo.

- Deberías irte a casa, madre – le dijo con su hijo ternura.

- ¿Cuál casa? ¿Un castillo vacío?

- Recuperaremos el Norte. Luego. Luego de todo esto.

- Lo se. – Ahora era la madre quien trataba de mostrarse segura y reconfortante.

- ¿La llevarás contigo? – le preguntó el muchacho señalando al gran lobo gris que dormitaba a los pies de su madre.

- ¿A dónde?

- A los Gemelos.

- ¿Acaso tu no vas a llevar a Viento Gris?

- Bueno, sí. Pero es diferente. Luego del casamiento voy a continuar hacia Foso Cailin y él me acompaña en las batallas. Pero quizás tú deberías volver aquí, a Aguas Dulces, después del casamiento del tío Edmure y esperar que la guerra termine.

- La loba viene conmigo - respondió ella en forma tajante sin dejar lugar a discusión.

Terminada la cena, Catelyn se retiró a su dormitorio acompañada, como siempre, por el gran lobo gris. Su familia y los sirvientes ya se habían acostumbrado a verla junto con el lobo, aunque eso no quería decir que ya no le temían. Para ella igual era un alivio ya que entonces nadie la molestaba. Ya en la privacidad en su dormitorio, se preparó para la noche y aceptó al lobo en su cama, como venía haciendo todos estos últimos meses desde que se habían encontrado (o mejor dicho, desde que el lobo la había encontrado a ella) en el bosque cuando ella volvía de su fallida negociación con Renly Baratheon.

Cinco hijos todavía tienes, una voz lejana le susurraba al oído mientras ella estaba en la cama, sus brazos abrazados al lobo acostado a su lado.

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Arya

Los días se sucedían en una eterna confusión. Correr, esconderse, correr de nuevo, esconderse de nuevo. Solo incertidumbre. Sus compañeros compartían la misma preocupación.

- ¡Estamos perdidos! – sollozó Pastel Caliente por la quinta vez ese mismo día. Resignado, jadeó sin aliento y agotando sus fuerzas se dejó caer sobre la tierra. – No tenemos comida y ni siquiera sabemos donde estamos.

- Te lo dije, yo se donde estamos – respondió Arya ya cansada por la quinta vez. – Ahora levántate y camina, llorón!

- ¿Cómo puedes saber? Todos los bosques son iguales.

- Lo he visto. Se dónde estamos y a dónde vamos.

- Quiero creerte Arry, de veras, pero tú no eres más que una pequeña niña que está tan perdida como nosotros. Y nunca has estado aquí. Eso es mentira.

- ¡No estoy mintiendo! – Arya agarró a su amigo por el cuello de su camisa y amenazó con golpearlo.

- ¡Basta! Ambos se quedan callados – Gendry los resongó. Siendo el mayor del grupo, siempre trataba de mostrarse como líder o guía con autoridad. – Yo también quisiera creerte Arya. ¿Cómo es que sabes para donde ir?

- Ya estuve por estos lados antes. Bueno, no yo en realidad, pero sí. Lo he visto. Conozco el camino.

Arya no sabía como explicarles la idea a sus compañeros. Éste era el camino que su lobo había tomado. Lo había visto a través de sus ojos. Y ahora Nymeria estaba con su familia, entonces ella debía seguir el mismo camino.

Pronto estaremos juntas, el lobo le susurraba en la noche.

Cinco hijos, un par de ojos azules se lamentaban en sus oídos.

Cinco hijos todavía tienes, Arya quería responder. Robb estaba en Aguas Dulces, eso era seguro. Sansa estaba viva, o por lo menos lo estaba cuando ella escapó de la capital. A sus dos hermanos pequeños los podía ver en sus sueños. Estaban caminando por una ruta que ella nunca había visto, en una tierra fría e inhóspita, que se hacía cada vez más fría y más inhóspita a medida que se alejaban de casa. Estaban juntos, pero no estaban solos. Arya no reconocía las caras ni las voces de las personas viajando con sus dos hermanitos, pero su presencia no le generaba ningún temor. Y Jon. Tampoco lo podía ver, pero sentía su presencia. Se alejaba cada vez más, pero seguía allí. En algún lugar.

Pronto estaremos juntos.