Luna: gracias por tus comentarios. Creo que la historia de la familia Stark desde que comenzó la saga, fue una de anhelar un reencuentro que nunca sucedió. En el caso de Arya, luego de ver la cabeza de su padre rodar por las escaleras, ella hace todo lo posible por volver con su madre y sus hermanos. Incluso, cuando cruza al otro continente, uno de los nombres que usa es, justamente, Cat. ... Y lo mismo con Catelyn. Absolutamente todo lo que hace son actos desesperados para reunir a su familia desperdigada por el continente ... Festín de Freys para Nymeria! Jua! Hay carnes más ricas ;)

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5. ¡Madre!

Catelyn.

Apenas si pudo aguantar un gemido cuando su tío cinchó y retiró la flecha de su espalda, e hizo un gran esfuerzo para no gritar cuando la ayudó a ponerse en pie. Caminar fue un martirio también. Y peor fue encontrase con la puerta trancada y darse cuenta que no podrían volver al salón.

Su tío le ordenó quitarse del camino y llamó a los dos lobos. Parecía como si pudiera comunicarse con ellos. Les señaló la puerta y esperó. Ambos lobos cargaron con todas sus fuerzas contra la madera, una y otra vez hasta que algo cedió. Se escuchó un pequeño chasquido y por fin pudieron ver una rajadura en la madera y que una de las bisagras cayó al piso. Brynden Tully terminó de tirar la puerta con su espada. Pronto se encontraron dentro del edificio de nuevo.

Los lobos corrían por los corredores. Catelyn intentaba mantener el ritmo, pero el dolor en su espalda no le permitía. Su tío le daba ánimos para que siguiera. Al ver que ella cayó al piso de nuevo intentó levantarla en sus brazos.

- No – dijo Catelyn negando con su cabeza. – Solo te entorpezco y te hago ir más lento. Yo estoy bien. déjame acá. Ve tú. Los alcanzo en unos minutos. ¡Ve!

Recostada contra una pared vio a su tío y los lobos desaparecer en un recoveco del corredor. Juntó fuerza, se apoyó en la pared y comenzó a renguear lo más rápido que sus pies la podían llevar en dirección al salón principal. Por más que quisiera estar ahí, los sonidos que le llegaban a sus oídos no eran para nada alentadores. Primero gritos de dolor e insultos. Luego unos rugidos feroces y más gritos con mucha confusión. Gritos de dolor y de guerra. Y luego el inconfundible sonido del metal golpeando contra metal.

Cuando por fin llegó al salón, lo primero que hizo fue agudizar su mirada en busca de su hijo. Y ahí estaba, haciendo caso omiso a la flecha en su brazo y en su pierna, enfrentándose valerosamente a sus enemigos, agarrando a Walder Frey por la espalda y amenazándolo con una espada en su cuello.

Los soldados de su hijo habían sido tomados por sorpresa por el ataque repentino e inesperado de sus aliados, pero todo había cambiado cuando los lobos hicieron su entrada al salón. La sangre en el piso y los cuerpos mutilados, sumado a las expresiones de absoluto terror en los que todavía estaban de pie eran prueba suficiente de la masacre que acababa de ocurrir.

La pelea había terminado y la emboscada había fallado. Lord Walder Frey ordenó a sus hombres que bajaran sus armas y se rindieran. Catelyn se sorprendió al ver a Maege Mormont escupir el cuerpo inerte de Roose Bolton en el piso y al ver a otros hombres con el blasón del hombre desollado bajar sus espadas y rendirse. ¿Sería que ellos también eran parte del complot?

Los traidores habían sido derrotados y se habían rendido. Pero los hombres que defendían a su hijo, a quienes ella conocía bien y en quienes confiaba ciegamente, se rehusaron a guardar sus armas tan fácilmente. Esta traición les había pegado en lo mas profundo de su ser. Lo pudo ver en los ojos de su hijo y sus hombres: ningún traidor saldría vivo de esta artimaña deshonrosa.

El alivio de ver a su hijo sano y salvo pronto dio paso al miedo. ¿Y su había más traidores? Nymeria se acercó a su lado y ella comenzó a acariciar su pelo con sus manos ensangrentadas. Caminó lentamente hacia Robb, pero una sombra fugaz en la puerta del salón llamó su atención.

-¡Madre!

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Arya

Arya corrió tan rápido como pudo. Era una trampa, y ella lo sabía. Su madre y su hermano estaban adentro. Debía llegar a ellos. ¿Pero cómo?

El portón de entrada al castillo estaba cerrado. No podía simplemente golpear a la puerta y pedir permiso. Tampoco podría trepar esos muros. Afortunadamente, ningún riesgo de este tipo fue necesario. Se encontró con un grupo de soldados acampados cerca de la entrada. Llevaban el estandarte de un gigante en pos de lucha. ¡Umber! Esos eran hombres de su hermano.

Se acercó cautelosamente y los observó por unos instantes. Aparentemente habían quedado afuera del castillo cuando las celebraciones comenzaron y ahora querían entrar en forma tardía.

- ¡Alto! – les gritó Arya

Los hombres la miraron con curiosidad y se rieron. - ¿Qué quieres niño?

-No soy un niño. Soy la hermana de su rey.

- ¡Ja! – se rieron los hombres. – No lo creo. La han casado con el Gnomo. Puede que tengas su altura, pero tampoco creo que seas el Gnomo.

- Soy Arya Stark. La hija más joven de Eddard Stark.

- Pff, ¿qué quieres, niño?

- ¿Van a entrar? – preguntó ella esperanzada señalando hacia los portones en la muralla.

- ¡Jua! Tú no eres un Stark. No eres más que un sucio mocoso que quiere colarse a una fiesta a la cual no fue invitado.

- ¡No! – Arya desesperaba. – Escuchen. No es una fiesta. Mi hermano y sus hombres han sido traicionados. Los van a matar a todos. Ayúdenme. Ayuden a su rey y sus compañeros. ¡Por favor! – Las lágrimas amenazaban con salir por sus ojos. No había llegado tan lejos para fracasar tan cerca.

Los hombres parecían haberla escuchado. Le estaban prestando atención. También prestaron atención a los gritos que llegaban del otro lado de las murallas. Los sonidos de pelea y batalla fueron suficientes para convencerlos.

- Mi hermano está en el salón. Su lobo está peleando con él, pero necesita ayuda. ¡Por favor!

Los soldados asintieron y, luego de unas palabras no muy amigables y una no muy sutil escaramuza con los guardias, lograron abrir el portón. La bienvenida a los Gemelos no fue muy agradable tampoco. Riñas y peleas por todos lados, carpas prendidas fuego, cuerpos por el piso. Arya nunca había estado en una batalla, pero sí había visto los estragos de una guerra. Esto era lo más parecido a un campo de batalla que ella se pudo imaginar.

Pero Arya no tenía tiempo de quedarse a luchar. Debía llegar a su familia. Sentía la rabia corriendo por sus venas. El sabor de la sangre. La carne desprendiéndose de los huesos saciaba su hambre. Se alimentaba del miedo que irradiaba de los hombres que enfrentaba. Solo se sosegó cuando su hermano le dijo que ya estaba y luego sintió una tranquilizadora mano pasando por su espalda.

Más que correr, Arya se sentía volar por los jardines, las puertas y los corredores. Ignoró la matanza a su alrededor y rápidamente se dirigió al edificio principal. Trató de seguir los sonidos esforzándose para no perderse en ese laberinto de corredores hasta que llegó a una gran puerta. Se tomó un segundo para absorber la escena frente a ella. Era lo mismo que había visto en su mente. Dentro de ese mar de gente logró distinguir a su hermano y su madre y clavó su mirada en ellos.

- ¡Madre!

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Yuppy! Se encontraron!

Final feliz? ... Esto sigue ...