8) Ojos en el norte

Catelyn.

El amor y la amistad entre sus hijas de los primeros días pronto cedieron su lugar a las habituales riñas y discusiones entre ellas. Y Catelyn no podía estar más feliz: las cosas están volviendo a la normalidad, pensó riéndose.

Pero toda la espera sin poder hacer nada le estaba empezando a irritar. Estaban atrapados en Aguas Dulces solo aguardando noticias. ¿Dónde estaba Robb? ¿Cómo le estaba yendo? ¿Ya había vencido a los Hijos de Hierro en Foso Cailin? ¿A dónde iría después? ¿Y como le estaba yendo a Nymeria? ¿Había encontrado ya a sus hermanos?

Ya no le preguntaba más a Arya al respecto para no preocuparla más de lo que ya estaba. Catelyn sabía que el instante en que su hija supiera algo se lo informaría, sea lo que sea.

De Robb era más fácil encontrar noticias ya que él escribía periódicamente. Edmure recibía cartas informándole sobre los avances en la guerra o dándole nuevas instrucciones. A veces Arya y Sansa recibían cartas de su hermano, quien había sido enterado de la aparición de su hermana. Pero más que nada era ella quien recibía esa preciada correspondencia.

El ejército de Robb había salido vencedor en Foso Cailin. Los Hijos de Hierro habían sido expulsados de la fortaleza y ahora no eran más que pequeños grupos de hombres mal armados desparramados por el norte. La estrategia de Robb había cambiado ahora. Parte de su ejército, compuesta en su mayoría por norteños, iban a recorrer el norte para eliminar a todos los hombres de las Islas de Hierro. Tenían la esperanza de sumar más soldados para sus rangos a medida que iban liberando castillos. El resto del ejército, en su mayoría de la Tierra de los Ríos, volverían al sur para seguir luchando contra el ejército de la capital. … ¿Y Robb? Robb estaba volviendo. Su hijo estaba volviendo.

.

.

.

Arya.

Extrañaba el frío. Desembarco del Rey era muy caluroso, muy apretado, muy asfixiante. Su huida por los campos había resultado lo opuesto, pero sin comida y sin techo nunca se pudo sentir realmente cómoda sabiendo que la muerte acechaba a cada paso. Ahora era libre, podía correr sin límites por ese territorio fresco y salvaje del norte que tanto añoraba.

A Arya le hubiera gustado estar ahí también, pero con tener a Nymeria en su lugar era suficiente. Por ahora.

Aire fresco y frío. Grandes campos verdes cubiertos de blanco. Espesos bosques.

Comida salada y tibia. Comida roja. Agua roja para saciar su sed. Alimentos de diferentes tipos y diferentes clases. Algunos tenían cuatro patas y pelambre. Otros eran pequeños con orejas largas y corrían muy rápido. Algunos nadaban y otros volaban … Algunos tenían metal en sus manos y telas en sus cuerpos – esos saciaban otro tipo de sed …

Ya comenzaba a reconocer el terreno. Reconoció las torres y los árboles. Había corrido por estos lugares con su manada hace mucho tiempo, cuando no era más que un cachorro. Pero no podía quedarse a rememorar. Sus hermanos no estaban aquí. Ellos habían seguido al frío. Y ella seguiría al frío tras ellos.

Huellas. Diferentes tipos de huellas caminando juntas. Un par era grande y dejaba una marca profunda. Otras eran más pequeñas. Algunas venían de a cuatro patas. Éstas eran las que ella reconocía.

Aulló. Escuchó un aullido que le respondía. También escuchó esos aullidos incomprensibles que hacen los humanos.

- Paren.

Les gritó.

- Esperen.

Y ellos pararon y esperaron. Sus hermanos la estaban aguardando. Habían intentado que los humanos frenaran y volvieran, pero no lo habían conseguido. Los humanos habían continuado su marcha. Pero ya no. Ella aulló y los lobos le aullaron en respuesta.

Corrió. Sus hermanos la estaban esperando.

Estaban más grandes que la última vez que los había visto.

No estaban solos, como ella ya había sentido.

No conocía a los otros. Pero no le generaban desconfianza.

Sus hermanos la recibieron. Sus hermanos humanos la acariciaron. Los extraños miraban con cierta aprensión. Los humanos hablaban pero ella no entendía lo que decían.

Su hermano humano le sonrió.

.

.

Arya despertó de golpe.

- Madre, están a salvo. Están volviendo a casa.

.

.

.

Y ... de a poco se están reencontrando :)