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EPÍLOGO
Castillo MacArdley, 1617
Hacía ya dos años que Candy y Anny habitaban ese castillo y lo habían hecho su hogar. Y desde entonces, no habían vuelto a pensar ni una sola vez en regresar a su época, donde solo las esperaba la soledad y frialdad de un piso vacío y casi sin esperanzas de encontrar un trabajo estable y acorde a sus
estudios.
Allí habían encontrado nuevas y verdaderas amistades entre los
MacArdley, que las trataban como si estuvieran en el clan desde siempre. Pero a pesar de estar a gusto en compañía de su amiga, Candy a veces necesitaba evadirse para encontrar un momento de soledad para pensar, tal y como solía hacer a orillas del mar a la salida de Londres.
Por ello, aquel soleado día de
junio de 1617, Candy salió temprano de su dormitorio para caminar hasta el lago. Desde hacía varios días tenía la necesidad de recordar a su familia y todo lo dejado atrás en Londres. No es que los echara de menos y deseara regresar para estar con ellos, pero sentía que no podía olvidarlos, aunque no pudiera volver a verlos.
Y especialmente estaba sensible desde que alguien crecía dentro de ella.
Hacía ya cuatro meses que se había quedado embarazada y no podía evitar sentir cierto miedo a dar a luz en ese lugar y en esa época. Siempre había leído que en épocas atrás en el tiempo muchas mujeres morían en los partos por alguna complicación con los bebés, pero Paulina había intentado tranquilizarla prometiéndole que era una gran partera y que ninguna mujer del
clan había muerto en sus manos, algo que Anny había podido comprobar tras dar a luz hacía tres meses a una criatura excesivamente grande. Todo había salido sobre ruedas y Paulina había estado allí para comprobar el estado de ambos.
Por eso, ese día en el que se había despertado algo más nerviosa de lo normal, Candy se dirigió a ese hermoso lugar en el que Albert y ella habían hecho el amor por primera vez. La calma que había en las aguas del lago la calmaba de tal manera que se podría pasar un día entero admirando el paisaje.
-¿Estás bien?
La voz de Albert a su espalda le hizo sonreír. El guerrero se había despertado poco después que ella y había decidido vestirse para acompañarla y así comprobar si todo estaba bien.
Candy se giró con una sonrisa en los labios.
-Sí, es solo que quería pensar un rato en mi familia. Me preguntaba cómo estarían.
El guerrero se acercó a ella y se sentó a su lado sobre la hierba.
-¿Te gustaría volver?
-Ni en sueños... -Sonrió-. Aunque si pudiera enviarles algún mensaje para decirles que estoy bien y soy feliz, me encantaría hacerlo.
Albert la atrajo hacia él y la besó en la cabeza.
-Te ayudaría encantado, pero no sé cómo podría hacerse. Lo siento.
-No importa. -Candy lo miró y le acarició la barba-. Te amo. Eres mejor de lo que pensaba.
Albert sonrió y la abrazó.
-Yo también te amo, muchacha.
Cuando escuchó esa última palabra, Candy lo miró de reojo.
-Dijiste que te ibas a acostumbrar... -se defendió con socarronería.
-Dije que lo intentaría.
Albert se encogió de hombros con una amplia sonrisa en los labios que contagió a Candy . La joven se dejó abrazar por aquel guerrero que le había robado el corazón y ahora la acunaba con delicadeza contra su enorme pecho.
Era tan feliz que a veces temía despertar y comprobar que todo había sido un sueño, pero lo que se movía en ese momento en su vientre no formaba parte de ningún espejismo o visión. Era todo tan real que deseaba exprimir cada segundo. Y hasta ahora lo había conseguido.
La joven cerró los ojos y se dedicó a escuchar el sonido de los pájaros. El verano estaba próximo a llegar y todo en Escocia despertaba de un invierno que había sido demasiado frío. Pero todo eso formaba parte del pasado. Su presente y futuro estaban con Albert y el bebé que llevaba en sus entrañas. Todo estaba bien y había salido como el destino realmente deseaba que ocurriera.
Clara había tenido razón. Ella debía salvar a los MacArdley y así había sido. A esa extraña mujer le debía la vida de Albert y la suya propia. Y en ese momento, lanzó un agradecimiento eterno a las nubes, deseando que pudieran llevarle el mensaje a la mujer que la había ayudado a encontrar su lugar en el mundo.
F. I. N
Holaaaa, la verdad me pareció cortica la historia ya que estoy acostumbrada a 40 o más capítulos, pero les confieso que me encantó esta hermosa novela de título:
La Leyenda Del Guerrero
de la escritora
Emma G. Fraser.
Espero les haya gustado y disfrutado de la lectura, mil gracias por sus comentarios y estar siempre fieles a mis adaptaciones.
Un enorme abrazo y bendiciones.
Hasta la próxima.
Aby.
