Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 3
Hace nueve años.
—Dime otra vez cómo se llama —susurré, antes de sorber por la pajita del granizado tamaño extragigante que tenía.
Esa era una de las ventajas de ir al cine. Además de las palomitas y el aire acondicionado, por supuesto. A lo largo de todo ese sábado había hecho mucho calor y los ventiladores de casa lo único que hacían era mover aire caliente. Mi padre también se había quedado en casa trabajando para una reunión de trabajo. Cuando Sasuke llamó y sugirió que fuéramos a ver una película, no me lo pensé dos veces. Aunque en ningún momento dijo que fuera a traer a alguien. No era que estuviera celosa, porque aquello hubiera sido una tontería por mi parte.
—Ya te he dicho su nombre dos veces, pequeña.
—Sí, pero es la tercera con la que sales en unas semanas —me defendí— Me cuesta recordarlas a todas.
Él se encogió de hombros.
—Tengo un montón de amigas.
—Claro. Eres un tipo muy simpático.
—Sí, lo soy.
—Ya lleva quince minutos —dije— ¿Qué crees que está haciendo? ¿Peinándose y maquillándose? ¿Echándose aerosol bronceador? ¿Qué?
Sasuke esbozó una ligera sonrisa.
—Cierra el pico y mira la película.
—Creo que le asustan los vampiros.
—¿Vas a estar hablando todo el rato?
—Puede.
—Jesús. Elegiste esta solo para molestarme, ¿verdad? —preguntó él, con toda la frente arrugada al ver a Bella y a Edward intercambiándose miradas fervientes y acaloradas en la pantalla.
—¿En serio crees que es buena idea que una adolescente de dieciséis años decida a qué película debes llevar a tus citas? —inquirí en voz baja, aunque no había mucha gente en el cine. La película ya llevaba unas cuantas semanas en cartelera— Creo que esa es la pregunta que deberías hacerte.
—No es una cita. Solo somos amigos.
—¿Cómo dijiste que se llama?
—Shh. Estoy intentando concentrarme.
—¿Quieres que te cuente lo que va a pasar? Me he leído los libros como una docena de veces.
Sasuke me tiró una palomita.
—¡Qué grosero! —Me la quité del regazo de un manotazo— ¿Sabes? Tengo una teoría.
—¿Y cuál es?
—Que me estás usando como carabina.
Él parpadeó asombrado.
—¿Que estoy qué?
—Con esas mujeres —dije, moviendo la cabeza de un lado a otro porque estaba claro a lo que me refería— Lo que quiero decir es que, conmigo a vuestro lado, no pueden ponerse a hablar en serio contigo ni nada por el estilo. No hay posibilidad de que se produzca una conversación del tipo de «¿A dónde nos lleva esto? Hablemos de nuestra relación». Me estás usando como carabina sin ningún tapujo. Es un plan perverso, en serio. Quedas como el hombre bueno por apiadarse de mí y entretenerme, pero a la vez tienes un motivo para mantener a distancia a la última amiga de turno. Teniendo en cuenta la cantidad de mujeres con las que te ves, tiene todo el sentido del mundo. Reconócelo.
—No reconozco nada —resopló él— Quizá lo hago porque me gusta tu compañía. A veces eres graciosa. No eres un coñazo del todo.
—Gracias.
—Ahora, hazme tú un cumplido.
—No. Estoy segura de que ya tienes el ego bastante hinchado.
Más palomitas volaron en mi dirección.
—Para tener treinta y cuatro años, puedes llegar a ser bastante inmaduro, Sasuke.
—Para tener dieciséis años, eres una auténtica mocosa, Sakura.
Entonces me sonrió, así de simple. Y yo no pude hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.
Por desgracia, su cita decidió regresar en ese mismo instante. Nos quedamos en silencio, con los ojos fijos en la pantalla. Las películas eran más divertidas cuando Sasuke y yo cuchicheábamos tonterías.
Miércoles por la noche… en la actualidad.
Después de la cena me fue imposible conciliar el sueño. Estuve despierta alrededor de una hora, mirando en la oscuridad, sin dejar de pensar. Hacía mucho calor, tenía la almohada húmeda del sudor que me caía por la nuca. Podría haber encendido el aire acondicionado, pero echaba de menos los extraños sonidos nocturnos y el aroma de las franchipán de fuera.
Al final, me di por vencida y me levanté.
La habitación estaba lo suficientemente iluminada como para que no tuviera que encender la luz. Me puse el bikini, agarré una toalla y me dirigí al porche para bajar las escaleras traseras. En lo alto, una luna prácticamente llena brillaba intensamente, dando al ambiente un aire de tranquilidad y paz total. Bueno, casi total.
—¡Mierda! —grité al darme cuenta de que había alguien más en la piscina— No te había visto.
—Eso he supuesto —murmuró Sasuke.
El corazón empezó a latirme al doble de la velocidad habitual. No sé si por miedo a la situación en general o por miedo a él.
—¿Prefieres estar solo o puedo nadar un rato?
—Eres una adulta. Puedes hacer lo que te dé la real gana.
—Pero estamos en tu casa —señalé— y yo soy la invitada molesta.
—No eres exactamente molesta.
—Sí, claro. No cuela.
Estupendo. Dejé la toalla en un banco de madera y me dispuse a probar la temperatura del agua con los dedos de los pies. Estaba un poco fría, pero no demasiado. Me senté en el borde y di un pequeño impulso para meterme en la piscina. Solté un jadeo entrecortado cuando el agua se deslizó por mi pecho hasta llegar al cuello. Tenía los pezones enhiestos por el impacto, pero no me importó. Lo que el bikini no tapara lo haría la tenue iluminación. Dios, qué bien me sentía al poder deshacerme del calor por un rato.
—Nunca saltas a ciegas en nada —dijo él.
—Me gusta saber en dónde me estoy metiendo.
Sasuke nadó hacia un lateral, donde le esperaban un vaso y una botella de whisky.
—Solo he traído un vaso, pero podemos compartirlo si quieres.
—El whisky está asqueroso.
Se rio por lo bajo.
—¿Crees que es seguro beber dentro de una piscina estando solo?
—Sé lo que puedo aguantar —repuso él— Y momentos desesperados requieren medidas desesperadas.
Y yo no era una invitada «exactamente molesta», ¡unas narices! La gente siempre dice que el amor de juventud es maravilloso. Algo que siempre atesorarás en tus recuerdos. Pero la realidad es que apesta. Porque puede que, por ese primer amor, te pases el resto de tu vida buscando a esa persona en las demás.
Pero tras la reacción de Shizune y las palabras de mi padre, estaba más que dispuesta a terminar con la autoflagelación sobre mi relación con Sasuke. Y tampoco iba a seguir aguantando su mal humor y su poca determinación a olvidarse de lo que pasó y seguir adelante.
Estaba harta. En serio. Harta.
—Oh, vete a la mierda.
—¿Qué has dicho?
—Ya lo sabes, Sasuke, han pasado siete años —dije. O más bien grité. Da igual— Me comporté como una niñata y lo he reconocido. Me he disculpado muchas, muchas veces.
Se pasó una mano por la cara mojada.
—¿De verdad me acabas de mandar a la mierda?
—Esto es absurdo. Si no eres capaz de hacer el más mínimo intento por perdonarme, o al menos fingir que lo has olvidado, me iré a dormir al sofá de mi padre o ya veré dónde.
Me di la vuelta y fui directa a las escaleras.
—No puedes despertar a tu padre y a Shizune en mitad de la noche.
—Pues dormiré en mi vehículo.
—¿Lo dices en serio?
—Sí —Subí hasta la parte superior de la escalera de la piscina y me detuve para escurrirme el pelo— La vida es demasiado corta. Y para tu información, no salí de rositas de todo aquello. Perdí a mi mejor amigo y me echaron de un lugar que adoraba. No es exactamente lo que entiendo por pasar un buen rato.
—Espera, pequeña.
Se quedó al pie de la escalera. El agua le llegaba hasta prácticamente la cintura. Podría haberlo conseguido sin la visión actualizada de lo estupendo que estaba medio desnudo. Sin esos pectorales, el estómago firme y la uve de sus caderas que desaparecía bajo el bañador. Qué Dios me ayudara, si hasta tenía una línea de vello abdominal que se dirigía hacia el pubis. Mis fantasías sexuales con él ya eran lo suficientemente morbosas sin todos aquellos detalles, gracias. Cabría pensar que, después de tanto tiempo, mi imaginación habría pasado página. Pero no tuve tanta suerte. Supongo que mi imaginación carecía de «imaginación». Daba la impresión de que mi cerebro y mi vagina se habían quedado atascadas en el pasado. Ese hombre me había marcado. Aquello escapaba a mi control.
—Creo que de ahí viene gran parte del problema —dije— Como puedes ver, ya no soy ninguna «pequeña».
—No me digas.
—¿Qué? ¿Se suponía que no debía crecer?
Entonces miró mi cuerpo como si de verdad se sintiera ofendido. Jesús. El bikini tampoco era tan escaso.
—Dios, tienes razón —Solté un suspiro— Debería haberme dejado las tetas en casa. ¡Qué poco tacto por mi parte! Lo siento mucho, Sasuke. Culpa mía.
Él soltó un resoplido.
—No eres nada graciosa.
Vaya.
—¿Ese resoplido ha sido una especie de risa? Me alegra ver que puedes conectar con tu propia locura, teniendo en cuenta toda esta situación.
—¿Mi propia locura? —Puso gesto confundido— Ni siquiera sé de lo que estás hablando. Vuelve al agua.
—No.
—Sakura, por favor. Hablaremos del asunto si es lo que quieres —afirmó, con la mirada fija en la oscuridad— Vuelve al agua.
—¿Mi cuerpo te ofende?
—Dame fuerzas —murmuró, antes de subir los escalones hacía mí— No, tu cuerpo no me ofende. Pero creo que cuando cumpliste dieciocho vi suficiente de tus tetas.
Alcé una mano.
—Oye, respeta mi espacio personal. Atrás.
—No.
Y antes de que me diera tiempo a parpadear me levantó en sus brazos y me lanzó en medio de la piscina. Salí a la superficie, jadeando y balbuciendo.
—¡Eres un gilipollas!
Se tiró con un elegante salto a la piscina y en el momento en que salió le salpiqué con agua en la cara. Lo cual comenzó una guerra que, teniendo en cuenta su superior masa muscular y el tamaño de sus manazas, seguramente estaba destinada a perder. Pero estaba claro que tenía que empezarla, porque una guerra de agua era la forma más razonable de responder cuando alguien cuestionaba tu madurez.
—¡Para! ¡Para! —Me volví hacia un lado, tratando de proteger mi cuerpo completamente empapado e intentando retirarme el pelo mojado de los ojos para poder ver— Te odio.
Sasuke suspiró y se relajó en el agua.
—Sí, yo también te odio.
Me detuve en seco.
—¿En serio?
—No —Otro suspiro— Quédate, por favor.
—¿Dejarás de tratarme como un imbécil?
—No lo sé. Lo intentaré —Se fue hacia donde había dejado el vaso de whisky— ¿Te dejarás tú puesta la camiseta?
—Esa era mi intención. Excepto cuando vaya en bikini, por supuesto.
Masculló algo entre gruñidos, aunque no supe lo que dijo. Aproveche la oportunidad para recobrar el aliento y me puse a flotar bocarriba, a contemplar el cielo nocturno. Durante todo ese tiempo noté su mirada en mí, pero me dio igual. Mis tetas no eran de ningún modo las culpables de su mal humor. Él y su cara bonita tenían sus arrebatos de mal carácter sin necesidad de ninguna ayuda por mi parte. Puede que al final aquello funcionara, aunque solo de forma temporal. El tiempo suficiente para que Shizune y mi padre se casaran. O eso esperaba.
Sasuke dijo algo, pero al tener las orejas debajo del agua no pude oírlo con claridad. Me incorporé y me acerqué nadando a él.
—¿Qué?
Me miró desde el lateral de la piscina, con sus ojos negros sumidos entre las sombras.
—¿Así que tu mejor amigo?
—Lo eras. —Me encogí de hombros.
—¿Y qué me dices de la gente de tu edad en el sur? —preguntó— Pensaba que tenías amigos en el colegio.
—Claro que tuve. Un par de ellas —Me agarré al revestimiento de piedra, manteniéndome a flote— Pero no podía hablar con ellas del modo que lo hacía contigo. Llámame rara o lo que quieras. Solo… Me sentía más cómoda contigo.
Silencio.
—Seguro que te volví loco con mi parloteo incesante.
—No —dijo él— No era que no me salieras con alguna bobada de vez en cuando. Dios, alguna de esas brillantes ideas tuyas era… pero siempre me gustó oírte hablar.
—Nadie te obligó a asistir a la maratón de La guerra de las galaxias dos veces conmigo.
—Solo fueron las tres primeras películas…
Volví a alzar la mano.
—Lo reconozco, puede que mi enamoramiento adolescente por Hayden Christensen me llevara por el mal camino.
—Pequeña, pensabas que Jar Jar Binks era gracioso.
—Oye —espeté a la defensiva— Retíralo. Nunca dije eso. Nadie en su sano juicio pensaría eso.
Tomó un trago de whisky, aunque estaba bastante segura de que usó como escudo el vaso de cristal para esconder una ligera sonrisa.
Di patadas al agua con vagancia. No estar cubierta de sudor era una sensación estupenda.
—¿De verdad vas a seguir llamándome «pequeña»?
—Sí.
—Está bien, viejo.
—Siempre fuiste una mocosa. No sé ni cómo te aguantaba —Me salpicó con un poco de agua, aunque no de forma entusiasta, os lo aseguro— Si no bebes whisky, ¿entonces qué tomas?
—Ginebra.
Hizo un gesto de asentimiento.
—¿Qué te ha parecido Shizune? Es muy simpática, ¿verdad?
—Sí, me ha caído muy bien.
—¿Y qué pasa contigo y con ese tipo con el que tu padre creía que ibas a venir? ¿Qué hay detrás?
Mmm.
Volví la cara hacia un lado de la piscina y apoyé la barbilla en las manos.
—¿Quieres la verdad o una mentira piadosa que quizá sirva para que los próximos cinco días transcurran sin problemas? Tú decides. A mí me da lo mismo.
De nuevo esa mirada de recelo.
—Te agradezco las opciones. ¿Qué te parece si, por ahora, nos quedamos con la verdad?
—Me ha engañado.
—¿Qué? —preguntó indignado— ¿Estás de coña? Menudo imbécil.
—Sí. Mi amiga me acaba de contar hace un rato que lo vio con otra muy acaramelado en un rincón de un restaurante —Esbocé una medio sonrisa— Así que creo que puedo decir oficialmente que hemos terminado.
—Lo siento.
—Tampoco era que estuviéramos hechos el uno para el otro. Me atraía, pero faltaba algo —reconocí— Si te soy sincera, no me he quedado rota de dolor.
Seguía mirándome con el ceño fruncido.
—Eso es bueno, supongo. En cualquier caso… siento lo de los comentarios sobre tu vida amorosa durante la cena.
—Ah, está bien. Gracias.
Un gruñido.
—Siento haberte llamado «puto promiscuo».
Sasuke parpadeó.
—No me llamaste «puto promiscuo».
—¿No? Entonces solo debí pensarlo —dije— Pero estoy convencida de que estaba completamente equivocada y de que has sentido profundas y sinceras emociones por todas y cada una de las numerosas amigas que has tenido a lo largo de estos años. Solo por curiosidad, ¿te acuerdas de todos sus nombres?
Dejó caer los hombros y soltó una profunda bocanada de aire.
—Muy bien. Retiro mi disculpa.
—Bien.
—¿Sabes, pequeña? Casi parecías celosa.
—Creo que no, viejo. Solo estaba resaltando la hipocresía —repuse, riéndome.
Aunque me hubiera gustado fingir que todo era debido al influjo romántico de la luna reflejándose en el agua, estoy bastante segura de que la culpa de la súbita aceleración que sufrió el latido de mi corazón fue por la oscura y penetrante mirada que me lanzó. Estaba fuera de mi ambiente. Húmeda de una forma que nada tenía que ver con el agua. El malhumor y tomarse todo tan en serio no deberían ser tan excitantes.
Dejando a un lado mi enamoramiento de adolescente, me iban los hombres divertidos y fáciles de tratar. Solteros a los que les gustaban las mujeres y tenían pene, pero que no eran Sasuke. Esos eran los principales objetivos que me marcaba a la hora de tener una cita. No tenía ni idea de a lo que se había referido Shizune. Y decían que las mujeres no sabían lo que querían.
Sí. Un hurra por mí.
—Celosa, ¡anda ya! Me gustan más jóvenes y rápidos que tú.
Sasuke negó con la cabeza.
—No, no te gustan.
—Te aseguro que sí.
—No. Y no me malinterpretes, lo rápido puede ser divertido. Pero la mayoría de las veces lo que cuenta es tomárselo con calma. Dedicar el tiempo necesario para hacer bien el trabajo y asegurarse de que todos obtienen lo que necesitan —dijo tranquilamente, como si nada. Como si no estuviéramos hablando de sexo en absoluto— No dejes que ningún idiota te diga lo contrario.
Me quedé sin palabras.
—Bueno, me voy a la cama —Y dicho eso salió del agua con suma facilidad. Los músculos de sus brazos y espalda eran de otro mundo— ¿Estarás bien aquí sola?
—Por supuesto. Buenas noches.
Agarró la toalla, la botella de whisky y el vaso y subió las escaleras del porche. Si de frente te dejaba sin aliento, de espaldas no se quedaba atrás. Sin pensármelo dos veces incineré y enterré bien profunda la regla número uno. De ningún modo iba a dejar de mirar.
Sin lugar a dudas había cometido un error al no meter el vibrador en la maleta.
