Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 5
Hace ocho años.
—¿Chocaste la camioneta de Sasuke directamente contra un poste?
—En realidad fue marcha atrás.
Por lo visto, el dato adicional no ayudó. El rostro de mi padre continuó contraído y tremendamente disgustado.
—Estábamos practicando el aparcamiento en batería marcha atrás y Sasuke creyó que era mejor no hacerlo cerca de otros vehículos —expliqué— Así que tomamos como referencia un cubo de basura en un lado y el poste en el otro.
—Y te diste con el poste.
—Sí.
—No con el cubo, que podría haberse caído y poner todo perdido de basura, pero no se habría roto nada.
—Papá, no lo hice aposta. Fue un accidente.
—La verdad es que lo estuvo haciendo bastante bien un rato —dijo Sasuke, sentado en el sofá con una botella de cerveza en la mano— Hasta que el pie se le resbaló del embrague y… ¡zas!
Ahora la mirada de disgusto de mi padre fue para Sasuke.
—¿Qué tal el cuello? —pregunté.
Sasuke se encogió de hombros.
—Viviré. Aunque el portón trasero de la camioneta está bastante jodido.
—Esa lengua —gruñó mi padre.
—Lo siento.
Alcé las manos.
—Necesito practicar si quiero aprobar el examen. Tengo diecisiete años, como bien sabes.
—Sí, y por lo visto también tienes edad para chocar los vehículos contra cosas.
Sasuke se rio por lo bajo y bebió otro trago de cerveza antes de frotarse el hombro. Tenía unos hombros muy bonitos, anchos y musculosos. Esperaba no habérselos dañado del todo.
—¿Sabes? Esto está siendo muy difícil. Ahora mismo me siento muy mal —dije— ¿Es necesario que te recuerde que te llamamos y dijiste que dejabas que Sasuke me enseñara a conducir?
—Pero no esperaba que te chocaras con nada o le rompieras la camioneta en la primera clase —Mi padre empezó a caminar de un lado a otro, lo que nunca era buena señal— ¡Santo Dios! ¿Esto es lo que significa tener una hija adolescente?
—Puede que no te hayas dado cuenta, pero llevo siendo adolescente hace unos cuantos años —dije, acurrucada en un rincón del sofá.
No me iba a poner a llorar, porque sería una estupidez.
Mi padre no tenía por qué enterarse de que me había deshecho en lágrimas después del accidente. Puede que el impacto no pareciera gran cosa a ojos de un espectador, pero había sacudido nuestros cuerpos de forma violenta. Sasuke, por supuesto, se había tomado todo el asunto con una tranquilidad exasperante, aunque a mí me había dejado consternada.
Eso sí: no iba a dejar que mi padre se diera cuenta.
—Míralo por el lado bueno —señalé— Solo tienes que aguantarme seis semanas al año. ¿Cuántos vehículos puedo estropear en tan poco tiempo?
—Será mejor que no lo descubramos —masculló Sasuke.
—Cariño, sabes que no me refiero a eso.
—Siento haberla liado y haber interrumpido tu trabajo.
Con las manos en las caderas, mi padre agachó la cabeza y respiró hondo varias veces.
—Está bien, me lo merecía.
Silencio.
—Déjame que te deje algo muy claro —continuó al cabo de unos segundos, mirándome fijamente— Sakura, eres mi hija y te quiero. Cuando me llamaste para decirme que habías tenido un accidente, me llevé el susto de mi vida.
No estaba muy convencida.
—La idea de que no puedo protegerte… de que hay cosas en este mundo que pueden hacerte daño… —Soltó un suspiro— Solo me alegro mucho de que estés bien.
Tragué saliva.
—De acuerdo.
—Y de todos modos este idiota se merece tener un vehículo de empresa.
Sasuke esbozó una cándida sonrisa antes de levantar la cerveza en mi dirección.
—Muy bien, pequeña. Sabría que al final me vendrías bien en algo.
Mi padre se echó a reír.
—Si ella lo abolla, al menos la reclamación al seguro se hará a través de la empresa.
Por extraño que parezca, Sasuke dejó de sonreír al oír aquello.
Jueves por la noche… en la actualidad.
Cuando llegué a la piscina, Sasuke ya estaba en el agua, flotando alegremente en el lado más profundo. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad, ya que la iluminación era tenue. Lo justo para poder bajar las escaleras sin caerte de bruces.
—Hola —dije en voz baja.
—Hola.
Sentí, más que vi, su mirada sobre mi cara, sobre todo mi cuerpo. Como era de esperar, a mis pezones les encantó tanta atención. ¡Traidores!
Aunque era posible que se hubiera fijado en ellos en el bar, esto era nuevo e inesperado. Muy diferente a la forma en la que solía mirarme. En el pasado siempre me había mirado con el cariño con el que se observa a un cachorro. No sé. Puede que solo me lo estuviera imaginando.
—Salta —me animó.
—No.
Su risa era grave, profunda y perfecta. Puede que aquello no fuera tan buena idea.
—Sasuke, tú más que nadie deberías saber que no es prudente alentarme a hacer cosas al tuntún.
Él soltó un resoplido. Entonces nadó con sus fuertes brazos hasta que llegó al borde de la piscina.
—Pero ahora no se trata de tomar una decisión sin pensarla. Esto es solo por diversión. Salta, Sakura.
Con mucho cuidado, entré en el agua… usando las escaleras.
—No lo voy a hacer.
—Qué bikini más bonito.
—Gracias. —Me metí hasta que el agua me llegó a los hombros. Me había recogido los rizos que tanto habían tardado en arreglarme en un moño— No me salpiques. No quiero que esta noche se me moje el pelo.
—Como quieras.
En el borde, vi la botella de whisky escocés, otra de ginebra y otra de tónica. Incluso había cortado un limón en rodajas. Para que luego dudara de su hospitalidad.
—No sé si he elegido una buena marca. El tipo de la tienda me dijo que esta era la mejor.
Me coloqué a su lado y examiné la botella de ginebra.
—Hendrick es perfecto. Gracias.
—¿Lo es? Bien.
—Mi hígado nunca sobrevivirá a este viaje.
Él se rio.
—Yo tampoco suelo beber tanto.
—¿Te estoy llevando a la bebida?
—Puede que un poco.
Me miró y después se entretuvo sirviendo la ginebra, la tónica y, por último, aunque no menos importante, la rodaja de limón. Un gin- tonic sin una rodaja de limón no sirve para nada y no permitáis que nadie os diga lo contrario.
—No sé si sentirme honrada u ofendida.
—Pequeña, ¿por qué no nos limitamos a ser nosotros mismos? —Soltó un suspiro y me pasó la bebida— Toma.
—Gracias.
En cuanto se sirvió sus de dos a tres dedos de whisky sin hielo chocó su vaso contra el mío.
—Chin-chin.
—Por empezar a ser nosotros mismos.
Ambos nos dedicamos a beber de nuestros vasos, el uno al lado del otro, flotando en el borde de la piscina. Se le veía impresionante con el pelo mojado echado hacia atrás y los músculos de sus hombros y brazos al aire. Sentía el corazón latiendo desaforado dentro de mi pecho, enloquecido por nada. Porque no estaba pasando nada y tampoco iba a suceder nada. Estaba claro. Bueno, quizá, y si tenía mucha suerte, puede que al final termináramos volviendo a ser amigos o algo parecido. Y entonces no lo habría perdido para siempre.
Eso sería estupendo.
—¿Qué tal van las cosas con tu madre? Pero de verdad.
—Bien. Aunque ya sabes que ella y yo siempre nos hemos llevado bien —Me encogí de hombros— Ella tiene su vida y yo tengo la mía. La mayor parte del tiempo solo quiere estar en su estudio, viajar para pintar o dar sus clases. Ese es todo su mundo.
—Creí que habías seguido su vena artística durante una temporada.
—¿Yo? —Me eché a reír— No. Pinto bien, pero no como ella. Siempre he preferido los libros a los pinceles.
—¿Y lo de escribir? ¿Siempre tuviste un diario?
—Sí. Está lleno de detalles lascivos sobre ti.
—Qué bien —repuso secamente— ¿Pero probaste a hacer periodismo?
—Fui a un par de clases y sinceramente… —Negué con la cabeza— Eran tremendamente duros y competitivos. Ahí fue cuando me di cuenta de que, si no estaba dispuesta a mostrar esa actitud tan despiadada, no me gustaba tanto como pensaba.
—Mmm.
—Simplemente, no era lo mío.
Sasuke dio otro sorbo al whisky.
—¿Y qué me dices de todos esos viajes que dijiste que querías hacer?
—Viajar por todo el mundo cuesta un montón. Además, en mi actual puesto de trabajo no les hace mucha gracia que los empleados nos tomemos vacaciones al mismo tiempo. Lo que hace bastante difícil planear un viaje como Dios manda. Pero algún día lo haré.
Hizo un gesto de asentimiento, pero después se limitó a mirarme sin decir nada.
—¿Y qué me dices de ti?
—¿De mí?
—¿Así que Tayuya?
—Ya tocamos ese asunto. Háblame de tus amigos.
—No. Ahora es mi turno de preguntar —dije, dando un buen sorbo al gin- tonic. Ah, los placeres de la vida— ¿Qué tal con tu padre? ¿Ha superado que no trabajes detrás de un escritorio?
Su risa fue breve y reflejó una pizca de dolor.
—Así que es cierto que solía hablar contigo de todo tipo de cosas, ¿verdad? Me considera una causa perdida. Mi hermana es la que se encarga de hacerlo feliz. Tiene dos niños pequeños y dirige una sucursal bancaria. Es Superwoman.
—Vaya. Bien por ella.
—Sí. En cuanto a mí, sigue pensando que solo me dedico a golpear trastos con un martillo. Lo que lo convierte en una conversación muy interesante en Navidad.
—Si hubieras seguido los pasos de tu padre y te hubieras dedicado a las finanzas...
—Exacto.
Solté un resoplido.
—Menuda tontería, aunque seguro que estarías precioso con traje. Construyes casas para las personas. Ayudas a crear esas fabulosas obras de arte en forma de edificios a lo largo de la costa. Si no es capaz de verlo, pasa de él.
Sonrió.
—Gracias.
—Es la verdad.
—Tal vez debería llevarte como acompañante las próximas Navidades, para que puedas defender a este pobre viejo —bromeó.
—Me interesa.
—Lo tendré en cuenta. —Se rio— ¿Tienes muchos amigos en el sur?
—Tengo a mis dos compañeras de piso, Karin y su novia, Mei. Son buena gente.
—Bien.
—Si te soy sincera, cuesta mucho encontrar espíritus afines con los que realmente puedas ser tú misma. No sé si alguna vez te diste cuenta, pero tengo un sentido del humor que puede resultar un tanto raro… La gente no siempre me entiende. Así que no tengo muchos amigos, solo un par de amigas íntimas.
Él volvió a asentir.
—No abundan las personas con las que se pueda ser uno mismo —dije.
—Tienes razón. —Su mirada se tornó seria.
—¿Por qué me miras así?
—No quiero interrumpir nuestra fase de ser nosotros mismos —empezó— pero siento curiosidad por algunas cosas…
—¿Cómo cuáles?
Él gimió y se echó el pelo hacia atrás.
—Casi que prefiero no preguntar, pero necesito saberlo. Esa noche, ¿qué es exactamente lo que tu mente de dieciocho años imaginaba que sucedería?
Hice una mueca.
—¿En serio?
—Sí. Lo siento.
Podía ahogarme a mí misma. Puede que funcionara.
—Es que… no consigo entenderlo —prosiguió él— ¿Hice algo que te llevara a pensar que había algo más entre nosotros?
—Mierda. De acuerdo —Di buena cuenta de mi bebida porque se trataba de una situación de emergencia total— No fue nada de lo que hiciste, aparte de respirar… y ya sabes, la ciencia dice que no puedes dejar de hacer eso y seguir con vida. Así que no fue por tu culpa.
—Bien.
Hice otra mueca.
—Supongo que pensé que, si podía expresar a lo grande mi deseo y amor eterno por ti, entonces te percatarías de mi floreciente condición de mujer.
—¿Y esa era la parte en la que me enseñabas los pechos?
—Sí —reconocí— Pero no puedes pasar por alto las palabras, Sasuke. Porque hubo palabras. Estuve practicando mi discurso horas y horas. Aunque luego me olvidé de la mayor parte por el pánico que sentí y el alcohol que había tomado. Eran palabras poéticas, de peso, que se suponía influirían en ti y te decantarían a favor de la rectitud y determinación de mi causa.
—¿En la rectitud de tu causa? —Alzó ambas cejas y sí, también bebió— Jesús. ¿Y qué se suponía que tenía que hacer yo?
—No lo sé. ¿Quedarte extasiado?
—Venga, en serio. ¿Cómo pensaste que reaccionaría?
—¿Que cómo pensé que reaccionarias? —Suspiré— Así, en frío, todo apuntaba a que seguramente me dirías que dejara de comportarme como una imbécil y que me volviera a poner la ropa.
Él soltó un bufido.
—Suena bien.
—Pero, por supuesto, en el fondo también tenía la pequeñísima esperanza de que de pronto te quedaras atónito y sorprendido al darte cuenta de que sentías lo mismo por mí. Y después vendría la tanda de los besos apasionados y la parte de la noche en que perdería la virginidad.
—Joder, ¿se suponía que tenía que desvirgarte en medio del pasillo de la casa de tu padre? —preguntó con gesto algo consternado— Debes de pensar que tengo un buen par de pelotas.
Me reí.
—En la fantasía terminábamos yéndonos a otro lugar. A tu casa. Tal vez a tu camioneta. Donde hubiera menos posibilidades de que nos descubrieran.
—Ajá. ¿Y cómo creíste que iba a reaccionar tu padre?
—Espera un momento —Levanté una mano— Al fin, ¡por fin! tenía dieciocho años. Su opinión en todo el asunto no me importaba mucho. Pero en mi escenario ideal, al día siguiente habríamos ido a verle los dos juntos de la mano y le habríamos contado que nos habíamos enamorado y que estábamos destinados a estar juntos. Puede que hasta hubiera de por medio un anillo de compromiso. No lo sé... esa parte estaba un poco incompleta.
—Joder —dijo él, negando con la cabeza.
—Eso ya lo has dicho.
—Merece la pena repetirlo —Se frotó la cara para quitarse el agua— Sabía que no tenía que haber preguntado.
—Sí, pero lo has hecho. Demasiado tarde para arrepentirse. Era joven, tonta y estaba enamorada —expliqué— No tuve muy en cuenta la realidad, las consecuencias ni cosas como esas. A eso le añades el alcohol… y eso fue todo.
Sasuke masculló algo por lo bajo.
—¿Qué has dicho? —pregunté.
—Que no estabas enamorada de mí. Solo creías que lo estabas.
Ah, no.
—Sasuke, reconozco que gran parte de lo que sucedió fue porque lo malinterpreté, estaba completamente equivocada o incluso por pura estupidez. Pero no me digas cómo me sentía. Porque sé perfectamente cómo me sentía.
—¿Ah, sí? —dijo con tono sarcástico.
—Sí. Que fuera una adolescente no significa que no lo estuviera.
—No lo tengo muy claro.
—Oh, venga ya —dije— Es un hecho que mucha gente conoce a sus parejas cuando son jóvenes.
—Puede —repuso él— Pero analicemos tus sentimientos en un contexto más amplio.
—Bien.
Se detuvo a beber otro sorbo de whisky, aunque estaba claro que estaba reflexionando sobre el asunto.
—Entonces, ¿debo entender que en todos los años que han pasado desde que sucedió aquello no has conocido a nadie, ni has estado con nadie de… digamos… una forma íntima y real como nuestra amistad platónica y no te has dado cuenta de que sientes por esa persona más de lo que sentías por mí?
—No —dije simple y llanamente.
—¿No?
—No.
Arrugó la frente antes de negar con la cabeza.
—Puede que todavía no te hayas enamorado de verdad.
—Me enamoré. Sufrí un montón. Y al final logré recomponerme y seguir adelante.
Un gruñido.
—Y también me gustaría añadir —continué— que el sexo no equivale necesariamente a una auténtica intimidad. Desde el punto de vista físico es esencial, eso es cierto. Pero compartir tus pensamientos más profundos, tu corazón y tu alma, ser quien realmente eres delante de alguien… ese es un nivel completamente diferente.
—Eras una adolescente. Todavía no sabías quién eras realmente —Soltó un suspiró— Y por lo visto tampoco sabías nada sobre sexo.
—No seas tan condescendiente. Estaba empezando a descubrirlo.
Otro maldito movimiento de cabeza.
—Oye, has sido tú el que ha preguntado. Siento si no te ha gustado la respuesta, pero es la verdad. De todas formas, da igual, puedes seguir creyendo lo que quieras —Me encogí de hombros y tomé otro sorbo de mi bebida— Tú sí has estado enamorado, ¿verdad?
—Una o dos veces.
—¿Y a qué edad te enamoraste por primera vez?
Antes de responder, volvió a suspirar, metió la cabeza debajo del agua (procurando que el vaso de whisky permaneciera intacto, por supuesto) y salió al cabo de un instante.
—No lo sé. A tu edad. Puede que unos años más joven.
—¿De quién?
—De una chica con la que trabajé. Era una de las vendedoras de una empresa de materiales de construcción —Esbozó una sonrisa— Compré un montón de cosas que no necesitaba solo para poder verla todos los días. Estuve a punto de arruinarme.
Me reí.
—Vivimos juntos durante un año más o menos —La sonrisa desapareció de su rostro— Pero quiso casarse y tener niños y yo no.
—¿Crees que alguna vez querrás?
—No lo sé —Me miró con los ojos entrecerrados— ¿Y tú? ¿Quieres el lote completo de matrimonio con hijos, pequeña?
Sonreí.
—Suena adorable. Aunque, sinceramente, tampoco lo sé. Ninguno de los hombres con los que he salido ha despertado ese tipo de interés en mí.
—Todavía tienes mucho tiempo por delante.
—Comprometerte a estar con alguien día tras día es una responsabilidad enorme —Moví la mano por la superficie del agua y me quedé mirando las ondas— Aceptas pasar el resto de tu vida con esa persona, pero hay un montón de cosas que pueden salir mal. No quiero elegir al hombre equivocado y terminar divorciada como mis padres.
—Mmm.
—Acabaron detestándose. No fue nada agradable. Ahora están bien, sí, pero lo cierto es que no quieren saber nada el uno del otro.
—Entiendo lo que dices. Es un riesgo.
—Lo es —Emití un quejido— Dios, esta conversación se está volviendo demasiado sensiblera.
Sasuke se terminó su whisky.
—Será mejor que me vaya a la cama. No todos estamos de vacaciones y podemos dormir lo que nos dé la gana.
—Venga ya —También me terminé el gin-tonic y dejé el vaso a un lado de la piscina— Te levantarías pronto de todos modos. Eres uno de esos bichos raros a los que les encanta madrugar.
Sonrió.
Extendí los brazos. Al verme, frunció el ceño y se detuvo.
—No puedes tenerlo todo a la vez, Sasuke. O bajo tu platónica mirada sigo siendo una niña, en cuyo caso nos abrazamos, o me consideras algo tentador, en cuyo caso tienes todo el derecho del mundo a mantener las distancias.
Entornó los ojos aún más y luego tragó saliva.
—Supongo que un buen abrazo estaría bien.
Me acerqué a él, le rodeé el cuello con los brazos y apoyé la cabeza en su hombro. Caramba, qué bien me sentía. Con toda esa cálida piel y ese cuerpo musculoso presionando contra mí… Bueno, he de reconocer que yo era la que hacía la mayor parte de esa presión, si no toda. Y que era innecesaria. Él, por su parte, vaciló y me dio un par de palmaditas en la espalda con esas manos enormes que tenía. Pero no se alejó. Bajo su piel salobre pude detectar un atisbo de su aroma, de su colonia. Ese hombre me hacía la boca agua. Y ni siquiera me sentí mal por ponerlo en esta situación.
—¿Lo ves? ¿A que no ha sido tan malo? —pregunté.
Le oí tomar una profunda bocanada de aire.
—No.
Suspiré de alegría.
—Bueno, se acabó —Noté sus fuertes manos en mis caderas, separándonos. Volvía a tener esa sonrisa forzada— Hora de irse a la cama. Yo… ah… sí…
—Gracias por la conversación —Fui hacia las escaleras— ¿Llevo las botellas dentro?
—No. Ve a dormir —dijo— Ya me encargo yo. Buenas noches.
