Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 6
Hace ocho años.
—¿Y qué me dices de ese?
—Mmm. No —Bebí un sorbo de mi granizado de café, mirando a los transeúntes— Pero esa es guapa.
Con los ojos ocultos detrás de las gafas de sol, Sasuke se desplomó en la silla de la cafetería, completamente relajado.
—Puede que te gusten las chicas.
Puede que me gustara «él»… En realidad, me gustaba él. Pero también podía desear la luna y obtendría el mismo resultado.
—¿Sabes? Supongo que lo importante es la persona, no lo que tenga entre los pantalones.
—Creo que eso es demasiado maduro para mí —Se encogió de hombros y luego asintió— Pero seguro que tienes razón.
Era el Boxing Day y habíamos decidido evitar los centros comerciales abarrotados y las playas llenas de gente buscando una agradable y tranquila cafetería. Debido a su situación familiar tan desastrosa había convencido a mi padre el día anterior para que invitara a comer a Sasuke con nosotros en el Palmwoods Tavern. Sasuke decía que podía cocinar, pero a mi padre se le daba fatal. Además, había estado demasiado ocupado como para ir a comprar. Llevábamos más de una semana subsistiendo con comida para llevar. Salir a comer fuera era la única solución.
Y a mí me venía bien.
—¿Has llamado a tu hermana por Navidad? —pregunté— Hinata, ¿verdad?
—Sí —Una sombra cruzó su rostro— Es unos años más joven que yo. Nos llevamos bien, pero nunca hemos mantenido una relación muy estrecha. Vive al otro lado del país. Seguramente para no tener que pasar mucho tiempo con mi padre.
—¿Dijiste que tenía hijos?
Se encogió de hombros.
—En edad escolar. Son adorables. Sube fotos de ellos en Facebook.
Asentí.
—Si te soy sincero —continuó— hablo más contigo que con ella. Tal vez debería adoptarte como hermana pequeña y subir fotos tuyas en Facebook —Sonrió— ¿Qué te parece?
—Que no soy tu hermana pequeña.
Sasuke se quitó las gafas. De pronto tenía el ceño bastante fruncido, aunque el gesto no iba dirigido a mí.
—¿Qué?
—Ese imbécil de ahí que te está mirando —dijo— Sí, te veo. Quítale los ojos de encima.
Efectivamente, vi a un surfista, de pie en la barra, esperando su café. Sonrisa bonita. Cuerpazo. No como el de Sasuke, pero no todos podíamos ser la perfección personificada.
—¿No estábamos aquí sentados examinando a la gente que hay fuera? —pregunté.
Sasuke hizo caso omiso a mi comentario y siguió despotricando.
—¿Por qué no te pones una puta camiseta? Ahora no estás en la playa, capullo —Estaba claro que ya no nos preocupábamos por las palabrotas. Sasuke continuó mirando al chico mientras salía de la cafetería, con la boca apretada en una tensa línea y el cuerpo en alerta— Como respuesta a tu pregunta, ese tipo debe de tener por lo menos veinte años. Demasiado mayor para ti; solo eres una niña.
Ahora fui yo la que frunció el ceño.
—Pero no lo voy a ser siempre.
—Por ahora sí lo eres.
Viernes… en la actualidad.
A la mañana siguiente, gracias a los gin-tonics, me dolía un poco la cabeza. Volví a ponerme el bikini, unos pantalones cortos y una camiseta, me tomé un analgésico y me puse en movimiento. Caloundra, una localidad conocida por sus playas estaba a solo quince o veinte minutos conduciendo. Tardé un rato en encontrar aparcamiento en la playa Kings y después fui a la piscina de mar. Hacer surf me parecía un poco violento y tampoco estaba segura de que pudiera aguantar muchas olas en el estado en el que me encontraba.
Me dejé puestas las gafas de sol para no perder las retinas por la luz solar. Había un montón de familias y niños gritando alegres. El café y unos huevos benedictinos me harían resucitar. Logré encontrar una cafetería cerca de la playa donde sentarme y observar las palmeras, la arena blanca y la cristalina agua azul en el horizonte. Qué belleza.
Que yo supiera, el único acontecimiento programado para ese día era una cena barbacoa con la familia de Shizune. Lo que, por suerte, me daba un margen de un montón de horas para recomponerme. Entre el largo viaje que había hecho desde Sídney y la frecuencia con la que estaba bebiendo alcohol me sentía un poco débil. Necesitaba ese rato para relajarme.
Hice el trayecto de vuelta a casa con las ventanillas bajadas y disfrutando del aire fresco en la cara, lo que consiguió que casi volviera a sentirme una persona. Cuando llegué, para mi sorpresa, teniendo en cuenta que solo era mediodía, me encontré con el vehículo de Sasuke aparcado. Él mismo me estaba esperando en las escaleras de entrada con las manos en las caderas. Iba vestido con unos pantalones cargo y una camiseta con el logo de la empresa, con lo que no debería haber tenido un aspecto tan estupendo, pero, por supuesto, lo tenía.
—¿Dónde narices has estado?
Levanté las cejas.
—En la playa. ¿Por qué?
—¿Y no podías haber avisado a alguien adónde ibas o responder al teléfono?
Vaya.
—Se me olvidó mirarlo.
—¿Que se te olvidó mirarlo?
—Sí. ¿Puedes hacer el favor de decirme qué terrible emergencia ha ocurrido para justificar esta reacción por tu parte?
Sasuke ladeó la cabeza y me miró, apretando la mandíbula. Fruncía mucho el ceño, pero en su mirada noté cierta indecisión. Entonces se dio la vuelta y entró enfadado en la casa.
Madre mía. Pues nada.
Me quité los restos de arena que traía en las sandalias y recogí la toalla húmeda y el resto de mis cosas tomándome mi tiempo. Porque ninguna persona con dos dedos de frente se apresuraría a seguir a un oso malhumorado a su guarida. Poseía algunos instintos de supervivencia, aunque no solían hacerse notar muy a menudo. Además, ¿qué leches? Yo en pleno síndrome premenstrual tenía menos cambios de humor que este hombre.
—Creía que no querías mojarte el pelo —me dijo con tono acusador en cuanto entré. Estaba sentado en una de las sillas del comedor.
—Cambié de opinión.
Soltó un gruñido.
—En serio, ¿qué problema tienes? —pregunté, algo enfadada conmigo misma. A pesar de que me había aclarado en una de las duchas que había en la playa, tenía el largo pelo todo enredado y lleno de sal. Me lo recogí en alto para apartármelo del cuello, sudoroso. El día prometía ser sofocante— Siempre me recomendabas ir a la playa para que se me pasara la resaca. Creí que merecía la pena probarlo.
Otro gruñido.
—¿Es que ahora vamos a comunicarnos en el lenguaje de las cavernas? —pregunté— Porque no tengo muy claro que vaya a funcionar.
—No estoy de humor para tu sarcasmo.
—Yo tampoco estaba de humor para que me gritaran en la entrada como si fuera una niña pequeña que hubiera cometido alguna travesura. Así que supongo que estamos en paz.
El negro de sus ojos se volvió como el hielo.
—Sasuke —Agarré con fuerza la correa de mi bolso— ¿Qué te pasa?
—Tu padre me pidió que pasara por aquí y te recogiera —explicó, mirando a la pared más alejada— Quiere que estés presente en una reunión de negocios. Que te hagas una idea de cómo va todo. Ver lo que piensas.
—Anoche no mencionó nada de una reunión.
—Intenté llamarte para que lo supieras, pero no contestabas al teléfono.
—No, estaba dándome un baño en la playa —informé con voz tranquila y sin golpearle con el bolso en la cabeza, por mucho que me hubiera gustado. Por simple curiosidad, saqué el teléfono del bolso. Cinco llamadas perdidas. Eso era un número considerable— Después decidí desayunar y me dejé el teléfono en el vehículo. Cuando volví no me acordé de revisar las llamadas y mensajes que tenía.
Volvió a apretar la mandíbula.
—Estaba preocupado.
—¿En serio?
—¿Y si hubieras tenido un accidente o algo parecido y no tuviera ni idea de dónde estabas?
—De acuerdo —Respiré hondo. Ahora por lo menos habíamos progresado. No es que no tuviera a gente que se preocupara por mí, pero esto me parecía un poco más fuerte de lo normal— ¿Qué te parece si en el futuro me aseguro de dejarte una nota?
—¿Y mirarás las llamadas y los mensajes que tengas?
—Lo haré.
Relajó un poco los hombros.
—Bien.
—Ahora, discúlpate por haberme echado la bronca en vez de hablarme de tus preocupaciones como un adulto.
Me miró directamente a la cara. Yo me quedé esperando.
Luego, por fin, soltó un suspiro y dijo:
—Lo siento. No debería haberte hablado de ese modo. Yo… solo…
—Estabas preocupado. Lo entiendo.
—¿Estás lista para irnos?
—No —Me rasqué el cuero cabelludo y noté la sal— Necesito una ducha rápida y cambiarme de ropa.
Respondió con un seco movimiento de barbilla.
—No tardes mucho, por favor, la gente está esperando.
La reunión era entre mi padre, Sasuke y los segundos al mando de los dos equipos de construcción. Se habló del progreso de los trabajos que actualmente se traían entre manos (aunque, con la gente de vacaciones y la inminente boda de mi padre, las cosas estaban un poco paradas), de cómo cuadrarlos con futuros proyectos y de cotilleos del sector. Entretanto, me quedé sentada en un rincón con una taza de café tomando unas pocas notas en el teléfono. En realidad, hasta que los otros hombres se marcharon, nadie me hizo mucho caso. Lo que me pareció bien.
—¿Estás entretenida con algún juego? —preguntó Sasuke— ¿Te hemos molestado?
—La verdad es que estoy haciendo algunas búsquedas y tomando unas cuantas notas. —Le ofrecí mi sonrisa más profesional— Parece que la empresa va tan bien como siempre. Si me uno a vosotros, Helga puede ponerme al día de todos los detalles administrativos. Pero si queréis que me encargue de hacer de enlace con algunos clientes y asuntos similares voy a necesitar ampliar los conocimientos básicos que ahora tengo de todo esto.
—Y eso te supondría un duro proceso de aprendizaje —dijo sin más.
Mi padre frunció ligeramente el ceño.
—Te dije que no sería fácil, cariño. Aunque por supuesto que nos tendrás para apoyarte en todo momento.
—Entonces supongo que también queréis que piense en maneras de expandiros, ¿no? —pregunté.
—Entre otras cosas.
—¿Está es la sala donde soléis hablar con posibles clientes?
—Sí —respondió mi padre— Si es que vienen. Normalmente, aquí solo solemos firmar papeles. Al principio somos nosotros los que vamos a verlos a ellos para echar un vistazo al lugar.
Asentí.
—De acuerdo.
—La oficina en conjunto podría ir mejor con un poco de trabajo y veo que aquí no tenéis ningún ordenador. Hoy en día muchos de vuestros proveedores solo tienen las listas de inventario y fotos en línea.
—Para eso están las tabletas. —Mi padre señaló con la mano el dispositivo que estaba en la mesa que tenía enfrente.
—Pues por la misma razón podríais considerar poner también aquí una pantalla de ordenador —dije— Entiendo que la mayoría de los proyectos os llegan por el boca a boca, ¿verdad?
—Cierto —contestó mi padre— referencias de contratistas y clientes.
—Seguramente sea porque vuestra página web es un asco. ¿La habéis actualizado en los últimos quince años? —ironicé— Si queréis llegar a más tendréis que ponerla al día. Para empezar, la información que ofrecéis es escasa. También podríais considerar subir imágenes de calidad de alguno de vuestros trabajos previos. E incluso quedaría bonito si las enmarcarais y las colgarais por aquí.
Sasuke solo parpadeó.
—¿De modo que tu contribución es que pongamos las cosas más bonitas?
—¿Qué tal si os actualizáis a este siglo y hacéis que la empresa sea más accesible a nuevos clientes potenciales?
—Ella tiene parte de razón —Mi padre se rascó la cabeza, reflexionando sobre todo lo que les había dicho.
—Tampoco tenéis un buen posicionamiento en las búsquedas en línea. Puede que merezca la pena mirarlo.
—Eso suena a un montón de dinero —se quejó Sasuke.
—¿Habláis de expandiros, pero no queréis invertir en mercadotecnia? —repliqué.
—Oye, ¿qué os está pasando? —inquirió mi padre con un tono algo elevado— Pensaba que ya habíais arreglado vuestras diferencias.
Sasuke se quedó callado, pero las malas vibraciones no decayeron ni un ápice.
—Eso es todo lo que tengo que contaros por ahora —Recogí mis cosas y me puse de pie— No te estreses, papá. Te casas mañana. Solo tienes que pensar en cosas felices.
Mi padre suspiró y también se puso de pie.
—¿Entonces ya hemos terminado?
—Sí —dijo Sasuke mientras daba golpecitos en la mesa con el bolígrafo.
—Cariño, ¿te apetece ayudarme a preparar el jardín trasero para la barbacoa de esta noche? —preguntó mi padre— Incluye subir escaleras y trepar a árboles para colocar luces.
—Suena estupendo. Pero antes me gustaría hablar un rato con Helga.
—Por supuesto.
La barbacoa del viernes por la noche consistió fundamentalmente en una cena con la extensa familia de Shizune, que había volado desde Darwin. Eran buena gente. Muy dicharacheros. Menos mal, ya que me sentía un poco abrumada por todo. Sí, hablaba con gente en el trabajo y hacía vida social de vez en cuando. Pero esto era más intenso. Ahora una barbacoa familiar implicaba unas dos docenas de personas y un escandaloso y exótico festín. Había una variedad increíble de alimentos. Panes y salsas turcas, platos enormes de entremeses, un sinfín de ensaladas distintas y deliciosas carnes a la parrilla. Antes de darme cuenta, me había llenado tanto que me era imposible comer más.
Y el plan de dar descanso a mi hígado una noche tampoco estaba yendo muy bien. Cada vez que terminaba un vaso, enseguida venía alguien y me ponía otro en la mano. El primo de Shizune era dueño de una pequeña bodega y había vino por todos lados. Un vino que estaba delicioso.
Mientras tanto, Sasuke seguía comunicándose conmigo con gruñidos y miradas hostiles. Un lenguaje de lo más intrincado. Tan rico, variado y lleno de matices. No. Logramos no acercarnos el uno al otro la mayor parte del tiempo.
—Sakura, ¿cómo estás, querida? —preguntó Shizune en voz alta. Creo que llevaba un par de copas de más. ¿Quizá por los nervios de antes de la boda?
—Bien, bien. ¿Y tú?
—Fantástica. ¿No es una noche maravillosa? —Me tomó por la cintura y me acercó a ella—. ¡Y tú estás increíble!
—Me pones el ego por las nubes.
—¿Qué? Solo digo la verdad.
Ambas nos reímos.
Me había puesto un vestido entallado a media pierna de Cambray que me gustaba especialmente. Tenía un bonito escote en forma de uve lo suficientemente bajo como para descartar llevar un sujetador normal, pero seguía siendo elegante. Llevaba los mismos peep toes que la noche anterior y me había recogido el pelo.
Shizune chasqueó la lengua.
—Se te ha puesto la nariz roja por el sol.
—Maldita sea.
Mi padre se acercó para inspeccionar la leve quemadura solar.
—Te dije que te pusieras un sombrero.
—Llevaba crema protectora.
Sasuke estaba cerca de nosotros. Casi nada más empezar la noche lo habían arrinconado dos hermanas de Shizune. Desde luego, no podía culparlas por su buen gusto con los hombres. Incluso aunque hoy me hubiera puesto de los nervios. No tenía por qué haber mostrado esa actitud en la reunión. Si no me quería en la empresa, solo tenía que ser valiente y decirlo.
Sonreí.
—También fui a nadar un rato a la playa esta mañana. Puede que me quemara allí.
—Tienes que tener más cuidado —dijo Shizune.
—No volverá a pasar. Lo prometo.
—Kizashi, su vaso está casi vacío. —Shizune tomó mi todavía medio llena copa de vino y se la pasó a mi padre.
—¿Qué estás bebiendo, cariño?
—El Sémillon, gracias.
En cuanto mi padre se marchó, Shizune me susurró al oído.
—Qué raro que no haya venido Tayuya.
—¿Estaba invitada?
—Sasuke suele traerla a este tipo de cosas. Me pregunto si habrán discutido. Está más bajo de ánimo de lo que habría esperado —Recorrió con la mirada el par de docenas de invitados a la barbacoa— Estás realmente encantadora esta noche, querida.
—Tú también.
Me dio un abrazo con aquel glamuroso caftán arremolinándose a su alrededor en un derroche de colores.
—Sasuke terminará recuperando el juicio y estoy segura de que volveréis a ser buenos amigos.
—Lo estamos llevando bien —señalé— Aunque, por desgracia, parece que tengo un don para enfadarlo.
—Sí, tu padre lo mencionó…
Shizune se volvió hacia donde sus hermanas seguían acaparando a Sasuke. Sus hermanas eran igual de hermosas que ella. Quizá por eso él no se había llevado a Tayuya. Acostarse con alguien en las bodas era una bonita y añeja tradición. Como era de esperar, Sasuke estaba deslumbrante. Iba con unos pantalones negros y una camisa blanca, remangada hasta los codos, que llevaba con un par de botones abiertos en el cuello. Malditos fueran él y esa belleza tan viril que poseía y que ostentaba frente a mis narices.
—Debe de resultarle muy extraño haberte conocido cuando eras una adolescente y que, de la noche a la mañana, vuelva a verte hecha toda una mujer y tan guapa —afirmó Shizune— Se le ve muy empeñado en vigilarte esta noche.
Me lamí los labios.
—Tal vez piensa que me voy a poner a bailar encima de una mesa en cualquier momento.
Shizune se rio.
—Eso sería todo un espectáculo.
—Aquí tienes.
Mi padre me dio una copa de vino llena. Y teniendo en cuenta su tamaño, como me bebiera todo ese vino podía liarla bien gorda.
—Gracias.
—¿Qué tal la visita a la oficina de hoy? —preguntó Shizune.
—A Helga le encanta la idea de que Sakura la releve —dijo mi padre— Y, por lo que a ella respecta, cuanto antes mejor.
—Porque Helga tiene lugares mejores en los que pasar el rato —Sonreí— Me enseñó un montón de fotos de su jardín y de sus nietos. Incluso tiene en mente un gran plan para dar un golpe de estado y ocupar la presidencia del club local de croquet.
—Bien por ella. Ahora todo depende de ti, cariño.
Shizune se puso a aplaudir.
—Tengo mucha ilusión porque esto funcione y te tengamos mucho más cerca de nosotros, Sakura.
—Yo también. A tu tía le gustaría hablar cuando estés lista. —Mi padre le ofreció un brazo a Shizune y se marcharon.
En ese momento, Sasuke debió de sentir que lo estaba observando y me miró. Entonces comenzamos una muy madura y civilizada guerra de miradas. Ni loca iba a ser la primera que apartara la vista, daba igual lo alterada que me hiciera sentir por dentro. Seguro que él estaba pensando en distintas formas de matarme. Sería mejor que esa noche durmiera con la puerta cerrada. Con una silla bloqueando el pomo o algo parecido. Era importante planearlo con tiempo.
Al final, se excusó con sus acompañantes y se acercó a mí decidido.
—Sakura.
—Si te supone un problema que acepte el trabajo, me gustaría que me lo dijeras. En serio.
Él alzó ambas cejas.
—Vas directa al grano.
—Creo que es lo mejor, ¿no te parece?
No dijo nada.
—Sí o no, Sasuke. Es muy sencillo —insistí, hablando en voz baja— No te preocupes por mi padre. Simplemente le diré que no me interesa. Pero esta vez quiero tu opinión sincera.
—¿Mi opinión sincera? —preguntó con sonrisa de tiburón— Muy bien. Creo que, si vuelves y aceptas el trabajo, te aburrirás al poco tiempo y te marcharás y volverás a dejar un lío de cojones.
—¿Eso es lo que piensas?
Alzó la barbilla.
—Sí, eso es lo que pienso.
—Vaya. De acuerdo —Sinceramente, me había dejado un poco consternada. Dejé caer los hombros. Sentí como si todo el aire hubiera abandonado mis pulmones. Creía que nos estábamos llevando mejor. Qué rápido podían cambiar las cosas— Gracias por ser tan sincero conmigo. Tan brutalmente sincero.
—De nada.
Me bebí la mitad de la copa. Era necesario.
—Mira —empezó él— cuando hoy he llegado a casa y no estabas… Durante un segundo, he pensado que habías hecho las maletas y habías vuelto a Sídney.
Me quedé congelada.
—Espera, ¿qué?
—Sí. Creía que te habías ido sin decir palabra.
—Pero si todas mis cosas seguían allí —Arrugué mi quemada nariz con incredulidad— Solo fui a la playa.
—Cierto. Enseguida me di cuenta —Hizo un gesto de asentimiento— Pero ¿no te parece revelador que yo creyera que quizá te habías ido, que encontrara esa idea creíble, aunque solo fuera un segundo?
—Sí, Sasuke. Demuestra lo neurótico que eres.
—No puedes evitar hacerte la listilla, ¿verdad? —Esbozó una amplia sonrisa antes de tragar saliva— Pero ahí está la clave. No confío en ti, pequeña. A eso se reduce todo.
—No «quieres» confiar en mí.
—Tal vez. ¿Hay alguna diferencia?
Mi sonrisa estuvo a punto de desvanecerse.
—Así que en realidad da igual lo que haga o diga. Nunca vas a perdonarme.
Él alzó el vaso en mi dirección.
—Que pases buena noche.
KARIN: Si estás despierta, tenemos que hablar. Y si no, deberíamos hablar de todos modos.
YO: Estoy despierta y bien despierta.
KARIN: Te llamo.
—Tienes que ponerme al día —dijo Karin en cuanto respondí al teléfono.
—Hola para ti también.
—¿Cómo va todo en la tierra del eterno sol?
Solté un resoplido.
—¿Seguro que quieres saberlo?
—Oh, Dios, conozco ese tono de voz. ¿Qué has hecho?
—Está bien —Tomé una profunda bocanada de aire— Hablamos y lo abracé.
—¿Lo abrazaste o te abalanzaste sobre él? Dime la verdad.
—Solo lo abracé, en serio —dije— Mi pelvis se comportó de la forma más recatada posible.
—Ajá. ¿Y ya está?
—Por lo visto, eso fue suficiente. Se ha pasado todo el día de un humor de perros.
—Menudo capullo.
—Oh, sí —acordé yo— No confía en mí y soy lo peor.
—No sé. Debiste darle un abrazo de la leche.
—Ni siquiera le acaricié la espalda. Fue todo muy contenido —Me dejé caer sobre la cama— ¿Qué tal Mei y todo lo demás?
—Bien, estupendamente. Somos unos aburridos vejestorios. Ahora tenemos que vivir la vida a través de ti. ¿Qué más me cuentas?
—Mmm, conocí a la novia. Aunque él dice que es más bien una amiga.
—Oh.
—Abogada. Espectacular. Delgada.
—Que le den —dijo ella.
—Sí.
—¿Vas a intentar volver a abrazarlo?
—No creo que lo recibiera de muy buen agrado —respondí— ¿Qué quieres que haga? ¿Lo ataco en los pasillos a oscuras? ¿Me acerco sigilosamente cuando esté dormido?
—Estoy segura de que ambas opciones se considerarían como una agresión.
—Entonces mejor no. De todos modos, ahora mismo preferiría darle una patada.
—Mmm.
—Nos estábamos llevando muy bien —expliqué— Incluso compartimos pensamientos y sentimientos.
—Los sentimientos son aterradores.
No dije nada. Karin continuó:
—Sobre todo para alguien como tú, que normalmente los evita.
—¿Esa es tu opinión profesional?
—Mi opinión profesional es que, entre el divorcio tan complicado de tus padres y este tipo rechazándote a lo grande cuando tenías dieciocho años, decidiste no involucrarte sentimentalmente con nadie —apuntó— En su mayor parte al menos. Así era más seguro, ¿verdad?
—No digo que las emociones sean el enemigo, porque parecería una loca. Pero todos sabemos que lo son.
—Sí, pero ahora has permitido que regresen a tu vida y están pasando cosas.
—Ya no… Él se ha cerrado a mí por completo —reconocí.
Ella soltó un sonido gutural.
—Siento que todo se haya ido a pique.
—Sobreviviré. Gracias por escucharme y proporcionarme un diagnóstico.
—No tienes por qué darlas. Llámame si estás a punto de cometer alguna locura más grande de lo normal y necesitas hablar.
—Ja. Seguro. Te lo prometo.
—Buenas noches.
