Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 11

Hace siete años.

—¿Sabes, Sasuke? Nunca he sido una gran forofa de tus novias.

—Me dejas muy sorprendido —dijo con tono monótono— Aunque siempre tuve la sensación de que escondías algo detrás de esa adulación y todas esas cosas bonitas que decías sobre ellas.

Hice caso omiso de su sarcasmo.

—Pero esta… ¿Cómo has dicho que se llama?

Sasuke sonrió, ofreciendo un perfil perfecto mientras el sol se ponía sobre el océano.

—Serena.

—Eso, Serena —Lo grabé a fuego en mi memoria— Pues Serena tiene la mayor cara de asco que he visto en mi vida.

Se echó a reír y me tiró un poco de arena con el pie. Estábamos dando un paseo por la playa de Mooloolaba, con los zapatos en la mano, sintiendo la cálida arena bajo los pies y la fresca brisa que provenía del agua. Uno de esos momentos tranquilos. La cita de Sasuke, mientras tanto, estaba sentada en uno de los bares de moda de la playa, con un vodka con tónica, leyendo la revista Vogue e intercambiando mensajes con alguien desde su teléfono. No quería que se le rayara la pedicura. Lo que por lo visto hacía la arena.

—No seas mala —dijo él.

Me encogí de hombros.

—Solo estoy constatando un hecho. En el momento en que lo declaren deporte olímpico, tiene la gloria asegurada. Se va a llevar todas las putas medallas de oro.

—Esa boca.

—Ya tengo dieciocho —Puse los ojos en blanco— ¿No se te ocurrió preguntarle si le gustaba la playa antes de traerla aquí para una cita?

—¿A quién no le gusta tomarse algo al lado del agua y pasear por la playa?

—Por lo que parece, a Serena.

—Pensé que sería romántico —En cuanto me vio reír, preguntó— ¿Qué?

Y encima tuvo el descaro de parecer ofendido.

—Oh, por favor. Me estás contando una patraña. Si de verdad querías ser romántico con ella no me habrías traído —Negué con la cabeza— Te has cansado de ella, reconócelo. No volveré a ver a Serena.

Alzó un hombro.

—Tiene unos gustos muy caros. Pero es simpática.

—No es simpática. Está buena, que es diferente.

No respondió.

—¿Alguna vez has pensado en salir con alguien con quien de verdad te apetezca estar fuera de la cama? ¿Con quien te lo pases bien con la ropa puesta? —Fui hacia la orilla en busca de conchas. Pequeñas olas rompían en ella y me mojaban los pies— Oh, el agua está estupenda. ¿A que no te atreves a meterte?

—¿Qué? —Una ligera arruga apareció en su frente— Tengo los jeans y la camiseta puestos. No voy a entrar.

—Es un reto, Sasuke. No puedes rechazarlo.

—Claro que puedo.

—Siete años de mal sexo.

—No hables de sexo —gruñó— Todavía estoy asimilando que ya tienes la edad legal para beber.

—Doble reto.

—Pequeña.

Me adentré un poco más en el mar, dando patadas al agua para salpicarlo. Al ver que no era suficiente, ahuequé las manos para mojarle como Dios mandaba.

—Deja de ser tan superficial, Sasuke. Y vente conmigo a las profundidades.

—Te estás empapando el vestido y está viniendo una ola.

—No me importa. Me estoy divirtiendo.

—Sakura. —Avanzó unos pasos; los suficientes para mojarse la parte inferior de los jeans. Después me hizo un gesto con la mano para que fuera hacia él. Pero me fijé en que estaba sonriendo; señal de que también se lo estaba pasando bien— Venga, no hagas el loco.

Lo salpiqué un poco más y, efectivamente, al cabo de un instante una ola me alcanzó, haciendo que la falda hasta las rodillas del vestido de algodón amarillo que llevaba se me pegara a los muslos y al trasero. ¿Pero qué narices? Me caí de espaldas (podéis imaginaros la elegancia con la que me zambullí). Cuando logré salir a la superficie, farfullando, me lo encontré riendo, con una sonrisa de oreja a oreja. La mejor imagen que el mundo podía ofrecerme.

—¿Estás contenta? —preguntó, ahora con el agua llegándole hasta las rodillas.

—Casi —Con mechones de pelo colgando alrededor de mi cara como si fuera un monstruo marino y empapada de la cabeza a los pies, me abalancé sobre él y le di un abrazo de cuerpo entero— Ah, ¿no es estupendo?

—Sí, fantástico —repuso él— Gracias.

Entonces me hizo la mujer más feliz del planeta y se quitó la camiseta azul marino. Dios, tenía un cuerpo de infarto. Músculos esculpidos. Digno de mirar.

—Ven aquí —dijo— Pequeña, tu vestido… Anda, ponte esto.

—¡Ups! —Me puse a reír. El agua había hecho que el vestido se me transparentara un poco. Sasuke negó con la cabeza— Pero ya estás mojado. Podrías meterte un rato.

Y eso fue lo que hizo, tirándome hacia la siguiente ola antes de zambullirse en ella.

Martes… en la actualidad.

—¿Cómo lo llevas?

—¿Quieres la respuesta sincera o la fácil? —pregunté.

Sasuke ni siquiera pestañeó.

—La sincera. Siempre.

—Bueno, hasta donde puedo decir, los archivos de Helga se basan en una especie de sistema numerológico místico que se remonta al principio de los tiempos —dije con la vista clavada en la pantalla del ordenador. Era alrededor del mediodía, pero llevar allí desde bien temprano y todas las tazas de café que me había tomado me habían pasado factura— Es posible que tengamos que acudir a La clave de Salomón para resolverlo. Eso, o a los Manuscritos del mar Muerto. Aunque todavía no estoy muy segura. En realidad, todo está aquí, lo sé. Pero todavía no he podido encontrar la mitad —Sasuke se quedó callado— Lo resolveré —dije, decidida.

—Sé que lo harás.

Le sonreí brevemente.

—Tus mensajes están en el escritorio, y también tengo como un billón de preguntas para cuando tengas un minuto.

—De acuerdo. —Apoyó los codos en la parte más alta del mostrador de recepción— ¿Alguien te ha molestado?

—¿Qué? —Tardé unos segundos en darme de cuenta de a qué se refería— ¿Por el incidente de las tetas de hace tanto tiempo?

—Sí.

Alcé un hombro.

—No, solo un par de miradas divertidas. Lo previsible.

—Avísame si va a más.

—Muy bien.

Solo Dios sabía la cantidad de chismes que podrían circular si la gente se enterara de que estábamos juntos. Si es que estábamos juntos, claro estaba. Algo éramos, aunque no sabía muy bien qué. Bueno, cada cosa a su tiempo.

—Voy a hacer un par de llamadas y luego responderé a tus preguntas —dijo, de camino a su despacho.

Seguro que era un error comerse al jefe con los ojos, pero el polo de la compañía, los pantalones cargo y las botas de punta de acero le quedaban de muerte. En serio.

—¡Sakura! —gritó casi en cuanto entró en su despacho— Ven aquí, por favor.

Puse el teléfono en modo buzón de voz y me alisé el vestido negro de algodón fit & flare estilo retro. Cuando hice la maleta, no estaba pensando precisamente en meter ropa de trabajo. Además, necesitaba hacer la colada. Podía parecer un poco informal, pero con las sandalias, un brazalete de plata y la elegante coleta, me atrevo a decir que se me veía bien. Incluso competente. No como para enfrentarme al indescifrable reino de información de Helga, pero sí como para parecer que tenía una idea de lo que hacía.

Al detenerme en el umbral de la puerta, Sasuke levantó la vista sentado ante su escritorio.

—¿Ha llamado Tayuya?

—Sí.

Simplemente se me quedó mirando.

—No he sido borde ni nada parecido, si eso es lo que te preocupa —indiqué— Creo que ni siquiera se ha dado cuenta de que era yo. Supongo que porque no esperaba que fuera yo la que contestara el teléfono.

—¿Qué ha dicho?

—Solo que quiere hablar contigo.

Había dejado las gafas de sol, la tableta y otras cuantas cosas en un lado del escritorio. La verdad es que era bastante limpio y ordenado. Su despacho era bastante sencillo, con muebles de aspecto robusto y una estantería llena de archivos.

Y en ese momento estaba sentado en su silla de oficina, mirándome.

—¿Qué? —pregunté.

—Cierra la puerta.

Fruncí el ceño, pero hice lo que me pedía.

—Echa el pestillo.

—Mira, los dos estamos muy liados —dije— Si tenemos que hablar de esto, ¿no podemos hacerlo después, por favor?

Se levantó de la silla y rodeó el escritorio.

—Estás estresada.

—Tengo un montón de cosas que hacer —Me crucé de brazos— Y me gustaría tener todo organizado y listo para cuando venga la persona sustituta.

Pasó por delante de mí y echó el pestillo.

—¿Te molesta que haya llamado? —quiso saber.

Me encogí de hombros.

—¿Le devolverás la llamada? —pregunté yo.

—Responde a mi pregunta.

—Responde tú a la mía —dije con un tono cada vez más duro.

Me miró a los ojos como si fuera capaz de leerme la mente o algo por el estilo. Dios, esperaba que no pudiera.

—En la boda me dijo que te llamaría después de unos días —expliqué— Así que no me ha sorprendido.

—Eso no me dice cómo te sientes.

—Y nada de esto me dice si vas a devolverle o no la llamada.

—Vaya una actitud que está mostrando mi nueva empleada —dijo con gesto neutro. Inexpresivo.

—Contesta a la pregunta, Sasuke. —Empezaba a sentirme demasiado frustrada. Cerré las manos formando sendos puños—. ¿Y bien?

No dijo nada.

—¿Por qué te estás comportando como un gilipollas con respecto a este asunto?

Él alzó la barbilla.

—¿Le hablas a tu jefe con esa boca?

—Le chupo la polla con esta boca.

Por un momento, cerró los ojos y se humedeció los labios.

—Caray, eres una mocosa muy difícil.

—¿No estoy cualificada para el trabajo? Qué lástima.

—Oh, preciosa —dijo, invadiendo mi espacio personal con una especie de oscura advertencia en su mirada— No tienes ni idea.

Su boca se apoderó de la mía, su lengua exigiendo entrar. Por supuesto que le di permiso, siempre se lo daría. No podía hacer otra cosa.

A pesar de la distracción que había supuesto la llamada de Tayuya, el sistema numérico de Helga y cualquier otro asunto que estuviera estresando mi mente, solo había espacio para él. Nuestros dientes chocaron, las lenguas se enredaron, inclinamos las cabezas para tener mejor acceso el uno al otro. Me besó hasta dejarme sin aliento, aplastando todas las dudas y temores que ni siquiera sabía que tenía. Me sostuvo la cara con las manos. Luego las deslizó por mi cuello, seguidas de su ardiente boca. Con una mano me agarró de la nuca mientras que con la otra tiró del tirante del vestido, allanando el camino para sus excitantes besos. Me masajeó los pechos por encima de la tela, succionado con su boca. Le tiré del pelo, atrayéndolo contra mí. En lo referente a hacerlo en el trabajo, era mi primera vez y estaba siendo memorable.

Hasta que alguien llamó a la puerta y ambos nos quedamos petrificados.

—Jefe, ¿estás dentro? —preguntó una voz.

—¿Qué pasa?

—Tengo una duda con respecto al trabajo de Meriel.

—Estoy contigo dentro de cinco minutos, Neil —dijo Sasuke— Estoy terminando de repasar unos detalles con Sakura.

—Entendido.

Unos pasos pesados se alejaron de la puerta. Con las manos en mi cintura, me llevó al interior del despacho.

—Inclínate sobre el escritorio. Va a ser rápido.

—¿Q… Qué?

—Ahora, por favor.

Me dio la vuelta, instándome con una mano en la espalda a que me inclinara sobre la mesa. Después noté que me subía la falda y me bajaba la ropa interior hasta las rodillas. Desde luego, no se andaba con tonterías.

—No irás en serio.

—¿Eso es un no? —preguntó, deteniéndose.

—Por supuesto que no —Afiancé la postura— Date prisa antes de que venga alguien más.

—Recuerda que solo estamos repasando. Tienes que estar callada.

Entonces me dio una palmada en una nalga y… Dios bendito. Tuve que morderme el labio para no gritar. Mis pechos se aplastaron contra el escritorio mientras mis pulmones luchaban por conseguir más oxígeno. Tensé todos los músculos de las piernas elevando el trasero en busca de más. Me dio otra palmada en la otra nalga, calentándome ambos glúteos. Seguro que ya los tenía rosas. ¿Qué tenía ese hombre con los azotes? Si no me provocaran tanto placer, se hubiera enterado de lo que era bueno.

—Me encanta esta imagen, Sakura.

Le habría replicado de forma sarcástica, pero había dejado atrás todo pensamiento coherente. No tenía palabras.

—¿Estás húmeda, preciosa?

—Mmm —asentí.

Pasó una mano por debajo de mi estómago, en busca del clítoris y los labios vaginales. Me los acarició con la punta de los dedos, excitándome aún más. Durante todo ese tiempo, no dejó de frotar su enhiesta erección, todavía dentro de la ropa, contra mí. Me penetró con dos dedos con suavidad, moviéndolos despacio. Pero no había tiempo para más juegos preliminares. En cuanto obtuvo una respuesta satisfactoria a mi buena predisposición, retrocedió y pude oír el sonido de la hebilla del cinturón y la cremallera de los pantalones. Temblé de expectación. Imposible no hacerlo sabiendo lo que ahora sabía. Sasuke era extremadamente talentoso en esas lides. Aunque ahora no podía verle como me hubiera gustado, lo que me molestaba bastante. Ofrecía una imagen espléndida incluso medio desnudo. Pero en el ángulo en el que estaba no podía volverme lo suficiente para mirarlo. Me estaba perdiendo una visión espectacular. Aun así, a pesar de estar de cara al escritorio y sin poder mirar, saber lo que estaba a punto de hacerme también tuvo su punto de emoción.

El grueso glande pujó contra mi entrada. Alcé las caderas, buscándolo. Me penetró hasta el fondo con una dura estocada.

—Madre mía —murmuró— Esto cada vez es mejor. No me extraña que no tenga suficiente de ti.

Retrocedió y embistió con más fuerza, sin darme tiempo a recuperar el aliento. Había enrollado mi coleta en un puño y me estaba follando a conciencia. Me vi abrumada por un mundo de sensaciones. Con esa postura, su polla hacía maravillas en mi interior, tocando un punto tremendamente sensible. Mis pechos golpeaban contra la mesa una y otra vez. Tenía la vagina en llamas. Sus caderas chocaban con mi trasero y tuve que morderme los labios para contener todos los gemidos y gruñidos que amenazaban con escapar de mi boca. Era cierto que teníamos que hablar de algunas cosas. Pero mientras tanto, el sexo duro, aquella sesión salvaje, estaba siendo un método perfecto de comunicación. Me puse de puntillas, empujando hacia atrás, tomando todo lo que él podía ofrecerme.

—Eso es —gruñó él.

Cuando extendió la mano para volver a alcanzarme el clítoris, supe que estaba perdida. Una caricia, dos…

—¡Sasuke! —grité. Esperaba que no muy alto.

Cerré los párpados, una plétora de estrellas explotó en mi interior. Mi cuerpo, mi mente. Toda yo estaba invadida por la euforia. Una oleada interminable de dicha que me arrasaba por dentro. Mi orgasmo desencadenó el suyo, sus caderas se estrellaron contra mí. Enterró su polla todo lo que pudo y me agarró con fuerza. Fue un momento perfecto.

Me acarició la espalda, los muslos desnudos. Después se retiró y oí los sonidos que hacía al vestirse. Tardé un minuto en encontrar la energía suficiente para despegarme de su escritorio. Cuando por fin lo hice, Sasuke ya me estaba subiendo la ropa interior y alisándome la falda.

—Nunca he tenido relaciones sexuales en el trabajo —dije, con la voz un poco áspera— He oído que ese tipo de cosas no están muy bien vistas.

Me rodeó la cintura con los brazos y me atrajo hacia él.

—Esto era importante.

—Mmm.

Me besó en el cuello, en la mejilla.

—Y ahora dime, Sakura. ¿Crees que voy a llamar a otras mujeres?

—Supongo que la respuesta es que no.

—Vaya que lo es —Su voz retumbó en mi oído mientras me abrazaba con más fuerza— Ella y yo hemos terminado. La otra noche le dije todo lo que tenía que decirle. ¿Estamos?

—Estamos.

—No te faltaría al respeto de ese modo.

Tragué saliva.

—Entendido.

—Bien —dijo él. Entonces frunció el ceño— ¿Has mordido los documentos financieros que tenía encima de la mesa?

—Dijiste que tenía que estar callada.

Me dio la vuelta, estudiándome. Me frotó el labio inferior con el pulgar y me acarició la mejilla con los nudillos. Aproveché la oportunidad para peinarlo con los dedos, más que complacida con su aspecto desaliñado. En mi cabeza, sus palabras no paraban de dar vueltas y vueltas. No iba a llamarla. No me faltaría al respeto de esa manera. Eso tenía que ser importante, significativo. Seguro que quería decir que era mío.

—Por cierto, hoy he hablado con la familia de Helga —dijo en voz baja— Está estable, está mejorando.

—Me alegro. Estaba preocupada.

—Ahora se te ve mucho menos estresada —Sonrió y me besó suavemente en los labios. En sus ojos brilló una especie de satisfacción masculina— De hecho, se te ve muy bien follada.

—Ese ego, Sasuke.

—En absoluto. Es importante mostrarse orgulloso del trabajo bien hecho.

Sonreí.

—Y esta noche volveré a hacértelo —continuó en un ronco murmullo— Aunque más despacio y de forma mucho más sonora.

Me humedecí los labios hinchados.

—¿Ah, sí? Estoy deseando que llegue el momento.

—Creo que deberíamos intercambiar anécdotas malas que hayamos tenido durante el sexo.

Sasuke levantó la vista de su filete y ensalada y enarcó una ceja.

—Ya sabes —continué— como parte de nuestra fase de conocernos siendo adultos.

Hice una pausa para tomar un sorbo de vino. Bueno, puede que ya llevara unos cuantos vasos. Había tenido un día duro en todos los sentidos.

—Sinceramente, es la peor idea que he oído nunca.

—¿Qué? ¿Por qué?

Sasuke se limitó a seguir masticando.

—Una compañera de habitación me sorprendió haciéndolo. Rompí una cama. Mordí sin querer a un tipo y otro terminó con la espalda hecha polvo cuando intentábamos follar contra la pared —dije— Tuve que llevar al pobre al hospital —Sasuke dejó caer los cubiertos y se quedó mirando a la nada con gesto dolorido— Te toca.

Sonreí de oreja a oreja.

—No, absolutamente no.

—¿Por qué no? —pregunté. O más bien gimoteé. Lo que fuera.

Levantó un dedo.

—En primer lugar, porque odio imaginarme a otro tocándote.

—¿Estás celoso? ¡Qué simpático!

La cara que puso dio a entender que no estaba muy de acuerdo.

—¿Cuáles son las otras razones?

—En segundo lugar —otro dedo se unió al primero— eres mi mujer. Se supone que tengo que impresionarte para que creas que soy perfecto y que no hago nada mal. Ese es mi cometido aquí. No parecer un estúpido incompetente.

—Sí… el problema es que te conozco demasiado bien —dije— ¿Te conformarías si te digo que creo que eres casi perfecto e increíblemente sensual?

Lo pensó durante un instante y luego hizo un gesto de asentimiento.

—Sí. Eso me sirve.

—Pero sigo queriendo oír tus anécdotas.

—No te voy a contar nada —Volvió a hacerse con los cubiertos y se terminó lo poco que le quedaba de comida en el plato— ¿Sueles hablar de este tipo de cosas con otros hombres?

—No, por supuesto que no —respondí, arrugando la nariz— Esta clase de anécdotas es embarazosa.

—Así que, básicamente, soy un privilegiado.

—Confío en ti —Me encogí de hombros— Y estoy acostumbrada a hablar contigo de prácticamente todo.

Sasuke negó con la cabeza.

—Nunca sabía qué decir cuando te quejabas de tu período.

—Es verdad, tu mirada adoptaba esa expresión… Yo creo que era pánico puro y duro —Me eché a reír— Qué buenos tiempos aquellos —Me miró de forma severa— ¿Te das cuenta de que solo lo hacía para tomarte el pelo?

—Sí, lo sé.

—Oh, por favor. Te encantaba cuando venía y ponía patas arriba tu mundo tan aburrido, serio y ordenado.

—Cierto —Torció la comisura de la boca, formando el atisbo de una sonrisa— Está bien. ¿Cómo rompiste la cama?

—Bueno, eso fue durante la universidad —señalé— Era una de esas camas individuales de pino y supongo que había tenido demasiada actividad para lo vieja que era. Algunas de las láminas del somier cedieron y el colchón cayó directamente al suelo, haciendo muchísimo ruido.

Su sonrisa se hizo más grande.

—¡Tu turno!

—No.

—Venga, solo una.

—Déjalo, Sakura. No te voy a contar nada.

Le sonreí, él me sonrió y… mierda. Volvía a estar irremediablemente perdida. Los sentimientos eran lo peor.

—Te compré tarjetas de cumpleaños cada año y nunca te las envié —confesé— ¿No te parece raro?

Suavizó la mirada.

—No, la verdad es que no.

—Todavía las tengo guardadas en una caja en mi habitación de casa.

—¿Escribiste algo en ellas?

—Sí —Exhalé— Ahí es donde están escondidos los poemas malos de los que te hablé.

—Tal vez podrías dármelas en algún momento.

Asentí levemente.

—Tal vez.

Silencio.

—¿Cómo mordiste a alguien sin querer? —inquirió con un tono de voz similar a como si acabara de confesarle que era una asesina.

—Ah, bueno…

—Fue en el pene, ¿verdad?

—Por supuesto. En cualquier otro sitio hubiera sido una nimiedad.

Entrecerró los ojos.

—Estábamos haciendo el tonto después de cenar en su casa —dije— Me metí debajo de la mesa para hacerle una mamada, pero había menos espacio del que creí. Él se excitó, alzó la rodilla y me golpeó y…

—¡Ay!

—Si te soy sincera no fue tan malo —suspiré— No hubo sangre ni nada parecido. Le pusimos hielo encima y la hinchazón fue bajando.

—Qué divertido —dijo secamente.

Me puse a reír. El estado de semi-embriaguez en el que me encontraba provocó que me sumiera en una cómoda calidez. Entre eso y la compañía, había pocas cosas que no diría o haría. Sasuke siempre había sido muy peligroso para mí en todos los sentidos.

—¿En qué estás pensando? —preguntó.

—¿Preferirías que tuviera un comportamiento más socialmente aceptable? Que fuera más educada y no dijera lo primero que se me pasara por la cabeza.

Negó con la cabeza una sola vez.

—Rotundamente no.

Me quedé callada.

Sin decir una palabra, Sasuke se levantó de la silla y rodeó la mesa. Fuera, en la noche, un búho ululó desde las sombras de un árbol cercano. En el suelo, las velas de cítricos expedían finas columnas de humo que proyectaban sombras en el porche. Otra noche de verano perfecta. Sin embargo, algo en mi interior hacía que no me sintiera cómoda, que estuviera inquieta. Como si al contar todas esas tonterías me hubiera expuesto demasiado. No hay nada peor que dejar al descubierto todas tus inseguridades por accidente. Qué mal.

Sasuke se arrodilló junto a mi silla con la cara seria.

—Mírame, Sakura —Obedecí— Me gustas. Tal y como eres. Adoro cada pensamiento loco que cruza por tu cabeza y cada historia que tengas que contarme, por muy rara que sea… Quiero oírlas todas.

—Tú también me gustas.

Recorrí con los dedos su perfil, acariciando la suave piel debajo del ojo y el pómulo. La áspera barba de tres días. Sasuke volvió la cabeza y me besó la palma de la mano.

—Vamos dentro, preciosa.