Capítulo 6
Hermione Granger aferró su morral de contrabando, e hizo todo lo que pudo por no aparentar dirigirse a la habitación de Snape.
¿A quién estaba engañando? Desde el artículo de Skeeter todos en el mundo mágico sabían que había pasado la mayor parte de dos décadas intentando arrancar al hombre de las garras de un coma prolongado. No tenía sentido fingir que sólo era otro paciente para ella. Incluso sin el morreo, (porque nadie sabía eso, incluido el hombre en cuestión, y en consecuencia estaba haciendo todo lo que podía por no pensar en ello, muchasgracias), estaba destinada a tener un interés personal en el bienestar del hombre. No había razón para que se deslizara por los pasillos como un malhechor dirigiéndose a una tarea. Era la directora del hospital, después de todo. Podía ir dondequiera que condenadamente quisiera.
Entonces, ¿qué pasaba si, estrictamente hablando, ya no era su paciente? En el momento que había pasado todos sus exámenes neurológicos, (…y chico, lo había hecho; sus resultados de Coeficiente Intelectual harían llorar de envidia a un Doctorado en Física por Oxford. Memoria eidética. Por supuesto que la tenía. Bastardo) en ese mismo momento, había salido de su dominio oficial, y entrado a manos de Rehabilitación y Recuperación. Oh, ella todavía era ostensiblemente la líder de su caso, pero era puramente un título honorífico. En este punto, no había nada mal en él que la terapia física, comida copiosa, y reconstituyentes sobresalientes no curarían. Así que pertenecía a Hestia Jones ahora, los dioses lo ayuden. Era una absoluta tirana en lo que concernía a la rehabilitación. Y si había una cosa que Hestia no soportaba, era que se entrometieran con sus pacientes. Incluso si la entrometida en cuestión era su ostensible jefa.
Así que era mejor, en conjunto, ser circunspecta. Él estaba comiendo sólidos, pero el protocolo de Hestia lo tenía restringido a raciones regulares de dieta blanda. Ridículo. Hermione se había mantenido ojo avizor en sus informes diarios; Snape no había informado del más leve indicio de molestias digestivas. Simplemente enviaba de vuelta bandeja limpia tras bandeja limpia. No había razón por la que no pudiera tomar comida más agradable, y ciertamente le irían bien unas calorías extra. El hombre estaba ganando peso lentamente, pero tenía el metabolismo de un lebrel; iba a llevar un tiempo devolverlo a su talla adecuada.
Así que, alivió su conciencia culpable por entrometerse con él organizando esta visita en particular para que coincidiera con su almuerzo. Dado su gruñir sobre la cocina, estaba bastante segura de que disfrutaría lo que había en su morral un poco más que lo que le habían servido hasta este momento… y si el precio era pasar media hora en compañía de ella, bueno, eso es lo que tendría que pagar.
Llamó a la puerta, esperó su respuesta. Aunque estaba abierta, siempre insistía que a los pacientes conscientes les fuera concedida esa cortesía siempre que fuera posible. Era un cambio de protocolo, pero importante, sentía, para preservar la dignidad que el cuidado médico por su propia naturaleza solía socavar.
"Pase." Su profundo arrastre no tenía todavía toda su fuerza, pero estaba ganando timbre cada día.
"Buenas tardes, Profesor."
"Madame Directora." Dijo esto en tono neutro, como si no hubiera decidido todavía si se alegraba o no de su presencia. "¿A qué debo este honor? ¿Más borrones de tinta fascinantes para mi examen?"
Ella resopló, desempacó su morral sobre la mesa ante él, y vio que tenía su atención inmediata. "No, como le dije ayer, ha terminado con todo eso. Sobresaliente. Ya no es oficialmente mi paciente. Estoy aquí puramente como visitante, una visitante que" hizo un gesto hacia varios envases cerrados, "le trae ofrendas para su almuerzo. A menos, por supuesto, que esté sintiéndose satisfecho con su dieta blanda."
Ella miró intencionadamente a su mayormente comido plato de pollo hervido y puré de patata. Aunque su rostro no tenía expresión, lo apartó de sí sin un segundo vistazo.
"Madame," dijo él, con gran dignidad, "por emocionante que sea mi dieta blanda, creo que estoy abierto a otras formas de nutrición."
"Excelente," dijo ella, y le pasó un pulcro envase. "Estoy encantada de oírlo. De otro modo, habría tenido que comérmelo todo yo misma. Maíz dulce fresco y sopa de pimienta con queso. Cocinado anoche; bastante bueno si tengo que decirlo yo misma." Rebuscó y sacó una encantadora, lustrosa trenza de pan. "Challah. También hecho en casa. Acompañamiento: ¿mantequilla salada, o aceite de oliva, o tapenada?"
"Todo." Su elegante mano movió hábilmente sus ofrendas a su lado de la mesa. Entonces hizo un gesto distraído a la silla vacía frente a él, mientras arreglaba su nuevo almuerzo a su gusto.
Levantó la tapa de su vasija de sopa. Su encantamiento de estasis había mantenido la temperatura de la sopa, de modo que salió un fragante vapor en el momento que levantó la tapa. Gimió un poco, inclinó su nariz de halcón más cerca del envase e inhaló.
Hermione sonrió para sí misma. Abrió su propio cuenco y atacó. Con su visión periférica, notó que la cuchara que él usaba para elevar el líquido a su boca ya no giraba con la parálisis del enfermo. Hacía su camino con seguridad, y expeditivamente, hasta su boca. Realmente estaba progresando extraordinariamente deprisa. Él volcó la cuchara, cerró los ojos, y saboreó.
"Base de caldo de pollo." Proclamó mientras sus pestañas barrían abiertas. ¿Qué justicia había en el mundo cuando un hombre acababa con pestañas como ésas?
Hermione asintió, divertida por sus propios pensamientos. "¿Es eso una pregunta? Sí, comencé con caldo de pollo. Hago el mío propio."
"Naturalmente." Dijo él, volvió a levantar la cuchara. "Cualquier chef que merezca su salario hace el suyo propio." Otra cucharada se volcó dentro de su boca. "Cebolla, sal, pimienta negra, por supuesto. Chipotle. ¿Molido?" Por el tono, Hermione tomó la pregunta como retórica. Él volvió a probar. "No. El pimiento entero, probablemente seco, luego reconstituido antes de ser cortado para la base." Volvió a musitar. "Maíz fresco. Un chorrito de crema. Y termina con una llovizna de aceite de ajo y queso de leche de oveja… feta, después de cocinar."
Hermione cerró la boca, que se había abierto durante su recitación. "¿Por qué todavía me sorprenden sus bizarros talentos? ¿Todos los maestros de pociones pueden hacer eso?"
La arrogante sonrisa en su rostro era Snape de libro. "Difícilmente. Horace, por ejemplo, no podía distinguir una base de jengibre o de cúrcuma por el olfato o el gusto." Su sonrisa burlona se profundizó, "Un hecho del que me aproveché al máximo en el colegio. Alucinante lo que le ocurre a una poción de vigilia cuando sustituyes uno por otro. El profesor pasó toda la sesión dormitando pacíficamente."
Hermione rio, y extendió la mano para arrancar un pedazo de challah de la hogaza. Registró, pero ignoró la indignada reacción de Snape cuando mordió una esquina. Ella había hecho el pan, después de todo, tenía derecho a tomar un poco.
Él movió funestamente toda la hogaza a su lado de la mesa. Entonces untó un poco de tapenada, y se lo metió limpiamente en la boca. "Aceitunas Kalamata. Aceite de oliva. Ajo. Filetes de anchoa. Limón. Albahaca." Preparó otro pedazo. "Saborear es una habilidad que perfeccioné al servicio del Señor Tenebroso. Las cenas con mis correligionarios solían involucrar… ingredientes inesperados."
"Ugh. Bueno, eso suena atrozmente estresante. ¿Eran pociones, o venenos?"
Él se encogió de hombros. "Ambos, a veces. Y a veces, simplemente… adiciones menos higiénicas."
Hermione frunció el ceño, "¿Y cómo les beneficiaría eso?"
"Nunca subestime el valor percibido de la venganza para quien la busca. Por mezquina que la venganza pueda parecer."
Comieron en silencio por un momento. Hermione reanudó la conversación.
"Su rehabilitación parece estar yendo bastante bien. Su archivo indica que ha ganado casi un 30% de fuerza esta semana."
Él frunció el ceño. "Ganaría más si los reconstituyentes en este lugar no fueran tan condenadamente flojos."
Hermione suspiró. "Como bien sabe, ya que le proporcioné tres estudios diferentes ayer, los resultados a largo plazo son superiores cuando el ejercicio produce la mayor parte de la ganancia. La ganancia de fuerza a base de pociones simplemente no tiene el mismo poder de permanencia."
Él resopló. "No con mis reconstituyentes."
Hermione asintió. "Como usted diga. Algún día me encantaría que me lo demostrara. Pero sea como sea, no se le permite elaborar todavía. Hasta que se le permita, simplemente tendremos que utilizar lo que tenemos, y lo que tenemos requiere tiempo y ejercicio."
"La Medibruja Jones es una sádica."
Hermione aspiró por la nariz. "Quizá. Pero devolverá esos enjutos miembros suyos a toda su fuerza más rápido que cualquier otra persona que conozca. Además, debería sentirse en casa con ella."
Él hizo una pausa, sorprendido por un momento, y luego dio un resoplido que en otro hombre habría sido una risa.
Hermione ocultó su amplia sonrisa, y regresó a su sopa.
En sólo unos momentos, Snape arañó las últimas gotas de su cuenco. Después de examinar su cuenco, volvió una mirada avariciosa hacia el de ella. Hermione encontró su mirada con una expresión suave, puso los ojos en blanco, y le pasó su cuenco. "Tenga. Adelante. Tómelo."
Snape se aplicó con callada determinación al resto del almuerzo de ella. Unos minutos después, dejó su cuchara y suspiró.
"Gracias. Eso fue… adecuado."
"¿Lo fue?" Dijo ella, alzando una ceja. Había notado que él se molestaba cuando hacía eso. "Prácticamente inhaló el cuenco. Y el mío para colmo. Odiaría ver lo que sucedería si realmente le trajera algo bueno."
Él hizo una pausa de un segundo, como considerando su respuesta. "En primer lugar, no inhalo mi comida. Si merece la pena comerla, como ésta lo era, la saboreo. En segundo lugar, habiendo sufrido enseñarle durante muchos años dolorosos," dijo, "asumo que subestimarla todavía es el modo más seguro de asegurar más esfuerzo por su parte. A menos que su naturaleza básica haya cambiado, por supuesto."
Hermione, resopló, sacudió la cabeza. "Probablemente no."
"Precisamente. Y así, le digo, que tendrá que trabajar más duro que una buena sopa para ganarse mi aprobación. Un filete perfectamente cocinado no estaría mal. Con patatas gratinadas y crema de espinacas. Y un bote de crema. Chocolate. Chocolate negro. Más adelante. Mientras tanto, ¿tiene algo más en ese bolso?"
"Bueno, Profesor, resulta que tengo tres artículos más en mi bolso. El primero es la copia de su historial médico que solicitó, los veinte años completos. Debería curar cualquier insomnio que pueda experimentar. Es un poco romper el protocolo que se lo entregue, así que notará que está encantado para parecer inocuo. Asumo que será discreto cuando lo revise. La contraseña es "Casuario."
Él asintió, le cogió el montón de archivos minimizados, hizo un imperioso gesto para que continuara.
"El segundo artículo en mi bolso es un número de Encantamientos Hoy, con una encantadora sección sobre la simplificación de encantamientos de transustanciación… reduce los movimientos de varita a casi nada. Toda una hazaña, como estoy segura que acordará, pero no pienso que lo que está buscando es material de lectura, ¿verdad?"
Snape, que había comenzado a golpetear los dedos durante su recitación, la miró siniestramente. "Mujer, si tiene la mitad de la mente que el mundo proclama que tiene, reconocería que lo que estoy inquiriendo es si tiene comida adicional."
"¡Vaya, estamos irascibles! Bueno, puede tomar el resto de la tapenada, untada sobre el pollo que tiene ahí. O, si resultara estar buscando algo más dulce, sí tengo un artículo de comida más aquí. Pero lamento informarle que es excesivamente inapropiado. Hestia Jones me quitaría la varita si me pillara dándole tal artículo a uno de sus pacientes con dieta blanda."
Snape se inclinó hacia delante, arrastró en lo que sonó como una voz deliberadamente sexy, "¿En efecto? ¿Inapropiado? Dígame, ¿ese artículo dulce también es rico?"
Las hormonas de Hermione dieron un salto loco. Wow. De verdad necesitaba sexo, ¿no? Estaba relativamente segura de que él no estaba intentando calentarla. Sólo estaba… Snapeando.
"Mucho." Ella habló alto, en un esfuerzo por romper la tensión que parecía haber brotado de la nada, y simultáneamente distraerlo del rubor de excitación que seguramente incluso ahora estaba subiendo por su cuello, "Nos he traído una barra de Irlandés Salvaje para compartir. Para compartir, ¿le importa? No va comérsela toda."
Él se encogió de hombros como mínimo acuerdo.
"El Irlandés Salvaje es todo un furor estos días. Compañía de Dublín. Elaboradores de barras de chocolate artesanal. Mínimamente procesado a partir de grano de cacao de Sudamérica. Ligeramente dulce. Muy rico, y muy muy prohibido en una dieta blanda. La sádica Hestia Jones encontraría un método lento y doloroso de matarme."
Los dedos de él, que se habían deslizado más cerca mientras estaba pronunciando las virtudes de su ofrenda, se lanzaron adelante y pellizcaron la barra de sus manos desprevenidas. Ella gritó, lo que llevó una sonrisa burlona al rostro de él.
"Eso debería servir."
La sanadora en ella notó con orgullo cuán fácilmente desenvolvió el artículo. El control motor fino parecía maravilloso. La mujer en ella hizo todo lo que pudo por no pensar en cuán inteligentes se habían sentido esos diestros dedos contra su pecho.
Él olisqueó la barra, le dedicó la misma agitación de fosas nasales que le daba a cualquier ingrediente de pociones. Rompió un trozo con los dientes. Musitó de placer. "Bueno, entonces, Madame Directora," dijo, pasándole una pequeña onza cuadrada, satisfaciendo, para su mente, su insistencia por compartir. "Ya que es mi actual fuente de placer gustativo," dijo, enunciando cada palabra, "haré todo lo que pueda" hizo una pausa para dar énfasis, "para asegurarme de que no quede evidencia en absoluto de su transgresión. Madame Hestia nunca lo sabrá por mí."
Fin del Capítulo 6
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N/A Estoy de regreso de mi retiro de yoga. No hay nada como cuatro días de relajación profunda para hacer fluir los jugos creativos. Pero era un retiro vegano… ¿adivináis qué tipo de comida eché en falta? Hablando de ello, voy por una onza de chocolate semi-dulce. Casi tan delicioso como Severus en plena forma. ¡Mmm!
N/T 'Challah' es un pan con levadura rico en huevo, habitualmente trenzado antes de hornearlo, de tradición judía. 'Tapenada' es el nombre provenzal de un condimento consistente en aceitunas, alcaparras y anchoas finamente cortadas. 'Chipotle' es una especie de chile picante ahumado empleado en la cocina mejicana. Las aceitunas 'Kalamata' son grandes, marrón oscuro, de textura suave y carnosa, nombradas por la ciudad de Kalamata en el sur del Peloponeso, Grecia.
