Capítulo 7

Cuatro quince de la madrugada. Hermione suspiró. Cuatro malditas horas de sueño. De nuevo. Estupendo.

Más bien podría salir de la cama. Ahora que estaba despierta, podía estar segura de que no conseguiría descansar más esta noche. Desde que había empleado en exceso el giratiempo para pasar por la escuela médica, su ventana de oportunidad para dormir era puramente de un intento.

Por supuesto, no podía culpar por completo a su escuela médica. Nunca había dormido bien con otra persona en la cama, ¿verdad? No con Ron, ni con Michael, y ciertamente no con Malcolm, a pesar del hecho de que era el más cortés compañero de cama que jamás había tenido. No hacía el cerdo. No robaba la ropa de cama. No roncaba ni resoplaba ni se agitaba. A todos los efectos, no veía razón por la que no debiera dormir tan bien con él como sin él.

Pero no lo hacía.

Suspiró. ¿Qué iba a hacer con Malcolm?

Era encantador. Era inteligente. Era dorado y estaba en forma y era guapo. La respetaba. Sus padres lo adoraban… Y estaba aburrida hasta la coronilla. No de él. En realidad no. Estaba más aburrida de cómo eran juntos. Conversaciones corteses, citas dos veces por semana. Incluso su vida sexual estaba coreografiada como una revista musical. Comienzo a las 10:15. Quinte minutos de arrumacos. Quince minutos de juegos previos. Quince minutos de sexo. Un beso afectuoso. Charla de almohada cortés, o planear el día por delante, y luego a las 11:15, él se quedaría dormido sin esfuerzo, y ella comenzaría el largo proceso de una hora de aquietar la charla en su mente de modo que también pudiera dormir.

Más temprano que tarde, iba a tener que retirarse de esta relación. Sexo semi-regular y la conveniencia de un acompañante a acontecimientos sociales eran malas razones para fingir una relación con un hombre decente. Él merecía algo mejor. Y también, razonó, lo merecía ella.

Había habido un período una vez, hace unos años, en que pensaba que él había estado preparado para enamorarse de ella. Las señales habían estado allí. Pero ella no había sentido lo mismo, así que no había hecho nada para animarlo en esa empresa. El resultado final, fue que sus sentimientos nacientes se habían marchitado bajo la escasez de sus afectos.

Él probablemente habría roto a estas alturas, pero simplemente era demasiado blando para dar el paso. La única cosa que le faltaba a Malcolm eran arrestos. Hermione suspiró. Bueno, ella tenía suficientes arrestos por ambos, ¿no? Decidió hacer el trabajo en los próximos días.

Mientras tanto, una cosa que NO iba a hacer era extrapolar otra relación fallida en un futuro sin amor. Ron había encontrado a alguien, ¿no? Ella tenía tanto amor para dar como él. Era lógico que también lo tuviera. No había motivo en la tierra por que no debiera ser tan capaz de amar profundamente como cualquier otra persona.

Simplemente no había encontrado la persona adecuada todavía.

Hermione Granger sorbió su té caliente, y esperó a que saliera el sol.

. . . . . . . . .

Durante los siguientes días, Severus Snape examinó los archivos que Granger Adulta le había dejado. Eran fascinantes. Esa Granger que había perseguido su liberación con obcecada determinación era evidente. Se había encargado de su caso poco después de su Maestría, y de inmediato había empleado sus poderes concedidos por Potter para procurar que fuera trasladado desde la mazmorra del hospital donde lo habían almacenado como una patata pudriéndose a la más hermosa habitación de las instalaciones.

Su razonamiento para abogar por el cambio se centró en las mismas teorías de información sensorial que había compartido con él antes… pero las notas no ocultaban del todo su verdadero sentido Gryffindor de indignada justicia de que su yo heroico simplemente había merecido algo mejor.

Aun así, había sido para su beneficio, ¿no? Le correspondía considerar qué otro tipo de ventajas podría proporcionarle el manto de héroe. Tomó una nota cuidadosa de hacerlo durante su siguiente período contemplativo.

Aunque sólo estaba a tres cuartos de camino a través de quince años de notas meticulosas, era obvio que él había permanecido entre las prioridades de Granger incluso después de su promoción a directora. Empleando una combinación de inteligencia y leve coerción, le había sonsacado la historia a su enfermera nocturna. Cómo los dos directores anteriores se habían retirado del trabajo con pacientes en cuanto habían ascendido. Granger, al parecer, se había negado a hacerlo. De acuerdo con su informante, la nueva directora había insistido en que su trabajo en los "casos sin esperanza" mantenía sus habilidades afiladas.

Además, descubrió que el marido de su informante se sentaba en el consejo de fideicomisarios. Un simple empujón le llevó a descubrir que los fideicomisarios seguían vacilantes entre la perplejidad por su buena fortuna al asegurar que un miembro del Trío Dorado liderara su institución (la recaudación de fondos se había triplicado desde su ascenso), y la indignación ante su resultante capacidad de forzarlos a adquirir cualquier aparato muggle que actualmente considerara indispensable. Aun así, al parecer no habían hecho movimiento alguno para obligarla a renunciar a su "afición." Sin duda se habían percatado del prestigio que sus extraordinarias innovaciones traían a sus santificados pasillos.

El más notable de sus logros, más allá de resucitar su persona, por supuesto, fue la creación de un tratamiento efectivo para el Síndrome Crónico por Cruciatus. Los archivos indicaban que él mismo había sido curado de la condición mientras estaba en su estado durmiente. Admitía que mientras los músculos y tendones le dolían por la cruel terapia física por la que estaba pasando, sus dolores de huesos crónicos parecían haber desaparecido por completo. Su mandíbula ya no se apretaba por la noche. Sus dedos de manos y pies ya no tenían espasmos cuando estaban fríos o inmóviles por mucho tiempo. Lo mejor de todo, los dolores de cabeza cegadores que lo habían inhabilitado no menos que semanalmente, no habían hecho ninguna aparición, a pesar del hecho de que ahora había pasado de la marca de dos semanas desde su despertar. Había tratado de mejorar todas estas condiciones antes de su encuentro con Nagini. Que ella hubiera tenido éxito donde él había fracasado sólo destacaba la magnitud de su logro.

Así que Granger Adulta obviamente había estado empleando su tiempo con grandes resultados. No había esperado menos; su ética de trabajo siempre había sido estelar. De hecho, estaba un poco sobrecargada, por lo que podía ver. Parecía cansada. Pero supuso que también lo había hecho él cuando su trabajo había llegado a una u otra cúspide.

Regresó al archivo. Tenía la sensación de que, aunque él no había sido su único proyecto, su coma, en particular, había sido la ballena blanca de Granger Adulta. Resopló, imaginando esos bulliciosos rizos metidos en el sombrero del capitán Ahab. A su útil informante también se le había escapado que había sido su perseverancia la que había cortado su matrimonio con la amenaza pelirroja.

Su informante había pensado que era una lástima. Él lo pensaba un buen viaje. Weasley nunca había sido lo suficientemente bueno para ella de todos modos.

Pero ahora su caso estaba resuelto. Mientras imaginaba que ella podría encontrar satisfacción en presenciar el retorno a la salud de su último proyecto, ¿qué estaba motivando sus frecuentes visitas? ¿Por qué estaba preparándole y trayéndole comida exquisita? ¿Con qué fin? ¿Simplemente deseaba regodearse en la evidencia de su gran éxito? ¿O había algo más en juego?

Además, había notado que a pesar de sus múltiples esfuerzos, no la había puesto nerviosa ni un poco con sus insultos. Incluso había respondido a su intencionado menosprecio de la calidad de su sopa sin señal de azoramiento.

Pero, ¿al más leve coqueteo? Se había sonrojado como la adolescente que una vez había sido. ¿Era así como manejaba las interacciones con todos los hombres? ¿No estaba acostumbrada al coqueteo informal? A esta edad, ¿no debería estarlo? Llevaba divorciada muchos años. ¿Estaban los hombres a su alrededor simplemente tan intimidados por su confiado intelecto que dejaban de verla como mujer, a pesar de sus atractivas cualidades?

¿O su reacción era peculiar con él?

En cualquier caso, Severus Snape se encontraba… intrigado.

Fin del Capítulo 7