Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 13
Jueves por la noche.
—¿Por qué habéis servido la mesa para cuatro?
—Porque he invitado a alguien a cenar —dijo Shizune mientras daba los toques finales a los platos de salmón, patatas baby y espárragos— ¿Puedes empezar a llevar estos, por favor, querido?
—¿A quién has invitado? —pregunté con una clara sospecha en mente.
Mi padre, mientras tanto, hacía lo que le habían mandado. El matrimonio lo había suavizado. Aunque diría que Shizune lo había domesticado hacía años.
La noche se había presentado demasiado húmeda y sin nada de brisa, así que decidimos meternos dentro y poner el aire acondicionado, lo que me dio la oportunidad de probar el nuevo comedor formal. Allí Shizune había escogido el mismo estilo de fusión de lo clásico con pinceladas modernas. Un precioso y antiguo aparador de caoba a juego con la mesa y las sillas, con las paredes pintadas de un tono azul pavo real. El toque de color era deslumbrante.
—Ah, Sasuke —dijo Shizune con su acostumbrada sonrisa serena— Llegas justo a tiempo.
Venía con un ramo de flores autóctonas en una mano y una botella de vino en la otra. Me alegró ver que traía una cara que delataba lo tremendamente incómodo que se sentía. Tal y como debía ser.
—¿Sigues pensando que esto es una buena idea? —preguntó mi padre sin molestarse en haber sonado demasiado directo.
—Somos una familia. Si bien es cierto que la hemos creado nosotros mismos —Shizune sacó una silla y se sentó con suma elegancia— Así que nos comportaremos como tal, con independencia de quién esté enfadado y decepcionado con quién.
Nadie se atrevió a llevarle la contraria.
—¿Para quién son esas flores, Sasuke? —preguntó con curiosidad— Son muy bonitas.
—Pensé que te gustarían —respondió él, retomando su sombría sonrisa.
Qué capullo.
—Qué detalle por tu parte. Ponlas en el aparador —señaló Shizune— Gracias.
Mi padre se sentó y se distrajo bebiéndose una cerveza.
—¿Cómo va el trabajo de Meriel?
—Bien —Sasuke hizo un gesto de asentimiento y se sentó a mi lado. Mierda— Sakura, ¿te apetece un poco de vino? Te gustaba el Sémillon, ¿verdad?
A Shizune se le iluminó la cara.
—Qué gesto más bonito, Sasuke. Estoy segura de que a Sakura le encantará tomar una copa.
—O también podría meter una pajita directamente en la botella —susurré.
—¿Qué has dicho, querida?
—Que sí me apetece una copa.
Sasuke sirvió la ofrenda alcohólica en la copa que tenía enfrente y la llenó casi hasta arriba. Muy inteligente por su parte.
—La cena tiene un aspecto estupendo —dije, levantando la copa en dirección a mi madrastra— Gracias por cocinarla para nosotros.
Shizune volvió a resplandecer.
—Un placer. Me encanta haber podido pasar más tiempo contigo.
—Hablando de eso, mañana regreso a Sídney —informé— La agencia de colocación ha llamado esta tarde con buenas noticias. Han encontrado a una mujer que puede sustituir a Helga y que empieza mañana por la mañana. Le he dejado un montón de instrucciones, estoy segura de que se las arreglará perfectamente.
Mi padre frunció el ceño.
—Creí que por lo menos podrías quedarte hasta el fin de semana.
—Prefiero evitar el tráfico del fin de semana —Le ofrecí una breve sonrisa.
—¿Te has pensado un poco más lo del trabajo? —preguntó Shizune, con los ojos abiertos y cargados de inocencia. ¡Ja!— Tu padre me ha dicho que has hecho un trabajo magnífico esta semana y estoy segura de que todos estaríamos encantados de tenerte aquí de forma permanente. ¿Verdad, Kizashi? ¿Sasuke?
—Por supuesto que sí —respondió mi padre.
Sasuke forzó una sonrisa.
—Claro. Esta semana has demostrado de sobra tu valía. El trabajo es tuyo si lo quieres.
—Gracias —repuse, contemplando mi plato.
—¿Qué te parece? —Mi padre me observó al otro lado de la mesa— ¿Cariño?
Todas las miradas estaban clavadas en mi persona. En menudo brete me estaban poniendo. Me llevé la copa de vino a la boca y le di un par de sorbos. Teniendo en cuenta el reciente desastre emocional, el escrutinio al que me estaban sometiendo era extremo. Con un poco de suerte, el corrector habría disimulado lo peor de mis ojeras. Un corazón roto no le venía nada bien al cutis. Pero yo tenía toda la culpa, por haber vuelto a caer en sus redes. Por pensar que de verdad teníamos una oportunidad. Que ambos éramos un desastre en las relaciones con nuestro propio encanto. Supongo que dos errores en realidad no daban como resultado un acierto.
—Puedes ir, dar las dos semanas de preaviso —dijo— y volver enseguida.
Tomé una profunda bocanada de aire.
—Gracias, papá, pero no. Yo…
—Es por Sasuke, ¿verdad? —inquirió mi padre con voz plana. Lúgubre.
—Ya hemos hablado de esto —intervino Shizune, colocando la mano en el brazo de mi padre— Kizashi, tenemos que dejar que lo resuelvan por sí solos. Si esa es la razón y por ahora no puede verse feliz aquí, entonces que así sea. Tal vez las cosas cambien en el futuro.
Mi padre frunció el ceño y bebió un trago de cerveza. Yo le di un sorbo al vino y Sasuke permaneció sentado a mi lado, completamente rígido. Así que la cena no estaba resultando de lo más festiva. Vaya una sorpresa.
Shizune se hizo con su copa de vino tinto.
—Por ahora, dejemos que Sakura regrese a Sídney, donde sin duda encontrará a alguien que vea exactamente lo guapa y maravillosa que es, que haga que se enamore perdidamente de él y que consiga que se olvide de que nuestro Sasuke alguna vez existió. En un abrir y cerrar de ojos no será nada más que un triste recuerdo en su memoria. Mientras tanto, Sasuke puede volver a tener relaciones sin sentido basadas en encuentros sexuales esporádicos con mujeres que apenas le gustan.
En ese momento, Sasuke también empezó a beber. No podía culparlo.
Mi padre lucía la sonrisa de satisfacción más intensa que jamás le había visto. Desde luego, tenía un gusto excelente en lo que a mujeres se refería. Shizune era la mejor. Además, estaba empezando a sospechar que no era necesariamente la persona enfadada de la noche, con la que todos estaban decepcionados.
Mi nueva madrastra había sacado las uñas por mí de forma magistral.
—Por Sakura y su nuevo y brillante futuro.
—Gracias. —No sabía si echarme a reír o a llorar— Has estado… Gracias.
—No hay de qué, cariño.
—¿Qué estás haciendo aquí, Sakura?
Era cerca de la medianoche cuando llamé a su puerta, por lo que no me extrañó que abriera en pantalones de pijama y nada más. Karin y yo habíamos mantenido una prolongada conversación telefónica. Pero analizarlo todo punto por punto, intentando ordenar las piezas del rompecabezas, no me había servido de nada. Me había metido en la cama y me había pasado horas despierta, mirando el techo. Aunque puede que asaltar la fortaleza de Sasuke en pantalones de pijama, una camiseta de tirantes y descalza tampoco fuera la mejor de las ideas.
—Me he dado cuenta de que hay algunas cosas que tengo que decirte antes de irme —dije.
Se echó hacia atrás e hizo un gesto con el brazo para que entrara.
—Claro, pasa. Creo que hoy no me han insultado lo suficiente.
—Creo que mi corazón roto gana por goleada a tu leve incomodidad por unos cuantos insultos recibidos —espeté— así que te aguantas.
La puerta se cerró detrás de mí. Me fijé en que sus ojos estaban llenos de arrepentimiento, lo que me enfureció aún más que la cara de «pobrecito yo» que había lucido hacía solo unos instantes. Mejor sería que no lo mirara directamente. Además, aquel torso desnudo era una distracción que no podía permitirme en ese momento. Esos pectorales con sus atractivos pezones marrones. Con esa capa de vello que descendía, transformándose en una línea que desaparecía bajo la cintura de los pantalones…
—Anoche me dejé unas bragas —dije— ¿Dónde están?
—No lo sé.
—Encuéntralas y luego envíamelas a casa. No quiero que te quedes con ningún recuerdo.
Apretó los labios de tal forma que prácticamente desaparecieron. Fruncí el ceño, pero puse los brazos en jarras y decidí hacerle la pregunta que había venido a hacer.
—Si sabías que ibas a romper tan pronto como lo vieras conveniente, ¿por qué permitiste siquiera que lo nuestro empezara?
—Porque no lo sabía.
—Oh, venga ya.
—Sí, había muchas probabilidades, pero…
—¿Pero qué?
Tensó la mandíbula.
—No lo sé, ¿de acuerdo? No pensé a largo plazo o en las consecuencias, yo solo…
—Querías follarme.
—Quería estar contigo —Empezó a caminar de un lado a otro— Jesús, Sakura. Regresaste con esa boca de listilla que tienes, plantándome cara como solías hacer, hecha una mujer y poniéndome a cien. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?
—¿Qué tal no pensar con la polla para variar?
—Esto no es solo culpa mía. Tú también quisiste acostarte conmigo.
—Porque creí que había una posibilidad de que por fin me vieras. De que te abrieras conmigo. Pero sabías que nunca sucedería. Abrirte es algo que está fuera de tu radar —Le di un empujón en el pecho, obligándolo a retroceder— ¿Por qué todavía no has solucionado tus problemas, eh? Tienes cuarenta años y cuando se te presenta cualquier tipo de vulnerabilidad emocional sigues huyendo como si fueras un crío asustado. ¿Qué mierda te pasa, Sasuke?
—Puede que no quisiera que mi vida diera un vuelco basándome solo en los tres días que hemos estado juntos —repuso él— Quizá no soy de los que toma decisiones importantes por un capricho, como haces tú.
—En primer lugar, estuve de acuerdo en ir día a día. Pero cuando llegó la hora de la verdad no dijiste nada de eso. ¿Y un capricho? —pregunté incrédula— ¿Lo dices en serio, Sasuke?
—¿Y si no soy la persona que crees y al final decides que esto no es lo que quieres?
—¿Crees que no te conozco?
—Creo que te has hecho una imagen de mí en tu cabeza. Como hacen todas las adolescentes enamoradas.
—Oh, Sasuke, te aseguro que no te tengo en un pedestal.
—Sakura…
—Te quiero, imbécil.
Se detuvo en seco, con el rostro pálido.
—No me quieres.
—Sí, te quiero. Para mi desgracia.
Lo único que hizo fue mirarme.
—Y no eres un ser imaginario en mi cabeza o alguien a quien tenga idealizado —continué, volviéndolo a empujar— Sé perfectamente quién eres. Sé de dónde vienes. Caray, si hasta conozco tus problemas, y no es que pueda resolverlos por ti. Sé que perder a tu madre y que tu padre pasara de vosotros abrió una herida en tu interior que todavía no se ha curado. Puedes parecer tranquilo y despreocupado, pero por dentro eres como una férrea armadura. Imposible de atravesar. Apenas confías en nadie, mucho menos permites que alguien se acerque lo suficiente como para que puedan volver a hacerte daño.
Parpadeó y apretó de nuevo los labios en una dura línea.
—Conozco tus defectos y tus virtudes. He oído casi todas tus historias y te he contado las mías. Me abrí contigo como nunca he hecho con nadie —Otro empujón. Le estaba plantando cara tal y como acababa de acusarme— Dame una respuesta mejor que un «me pareció una buena idea en su momento», Sasuke. Dime que sentías algo por mí.
—Yo…
—Dímelo.
Pero no dijo nada. Santo cielo.
Me llevé algo más que una desilusión enorme. Una pesada losa con la que cargaría el resto de mi vida, pero no lloraría. Sasuke no se merecía ni mis lágrimas ni mis emociones. Nunca más. Sin decir ni una sola palabra, salí por la puerta y regresé a casa de mi padre y Shizune. Puede que oyera un murmullo cuando abandoné la vivienda. Una vez en la calle, y como iba descalza, me tome con calma lo de caminar por el asfalto. No quería hacerme daño. Ya había tenido dolor suficiente para toda una vida.
—Sakura —gritó detrás de mí— Espera.
No le hice caso y seguí andando por el jardín delantero y el costado de la casa. No había nada más que decir. Habíamos terminado. Tenía que reconocer que hacía una noche magnífica para que todo se derrumbara, con la luna brillando intensamente y miles de estrellas centelleantes.
—Oye —siseó en voz baja— No te puedes marchar así.
—¿Quieres que nos estrechemos las manos? ¿Que nos abracemos? ¿Qué?
—¿Podrías…? —Me agarró del brazo, obligándome a detenerme.
Me zafé de él.
—Se acabó, Sasuke. Aquí es donde nuestros caminos se separan. Así es como funciona.
—¿Has bajado por el árbol?
Me encogí de hombros antes de subir al primer punto de apoyo del tronco. Me sentía tan estúpida y vacía.
—Si supieran que, después de todo lo que ha pasado, he vuelto a arrastrarme ante ti…
—No te has arrastrado ante nadie. Casi me has dado una paliza.
—Tal vez ambas cosas no sean tan diferentes. Y baja la voz.
Por suerte, la casa no estaba muy lejos del suelo. Aunque sí lo suficientemente alta como para que no fuera nada aconsejable salir de la ventana de mi habitación dando un salto estilo ninja.
—Espero que estés teniendo cuidado —dijo él.
—Y yo espero que te den.
Sasuke soltó un resoplido.
—Gilipollas —mascullé, intentando aferrarme a la ira que sentía. Era mucho mejor que la profunda tristeza que amenazaba con hundirme por completo.
A pesar de los años que llevaba sin trepar por el árbol del patio trasero, no me resultó difícil llegar a la rama que daba a la ventana abierta. Avancé despacio, tomándomelo con calma.
—Esto es absurdo —susurró él— Estás entrando a hurtadillas en la casa de tu padre, en plena noche, como si fueras una adolescente.
—Y esta será también la última vez que lo haga. ¿No te parece conmovedor?
Se quedó callado.
—En el futuro no vamos a ser amigos —informé— No seremos nada.
—No digas eso.
—Dame una alternativa.
Otra vez silencio.
Me senté junto a la rama que daba a mi ventana tratando de pensar en unas últimas palabras. Cualquier cosa que tuviera que decirle. Sasuke estaba de pie en el suelo, con las manos en las caderas, mirándome. Y ahí fue cuando oí el crujido.
De pronto, todo, incluida yo misma, nos vinimos abajo.
La zona de urgencias del hospital estaba bastante tranquila a las dos de la madrugada. Ya le habían curado el corte a Sasuke y le habían diagnosticado una leve conmoción cerebral. Ahora descansaba en la cama de la habitación junto a la mía. Tenía la mayor parte del rostro blanco como las sábanas, pero un lateral de la frente había empezado a mostrar una espectacular amalgama de tonos grises y púrpuras. Le herida le había hecho un corte limpio en la ceja izquierda. Cuando se curara, le daría un toque canalla de lo más apuesto.
—Seguro que terminarás pareciéndote a un pirata —El imbécil se merecía que lo sacara de sus casillas. Vaya noche— A las mujeres les encantan las cicatrices. Con esto subirás de nivel. Deberías agradecérmelo.
Ni siquiera abrió los ojos.
—Cállate, Sakura.
—Callaos los dos —ordenó mi padre, sentado en una silla al lado.
A pesar de que habían pasado unas cuantas horas, su rostro cansado todavía reflejaba lo enfadado que estaba. Shizune se limitó a ofrecerme una débil sonrisa.
Hacía una hora que había terminado de reírse a conciencia. No es que no se preocupara por nuestras contusiones. Pero había encontrado muy divertida toda aquella situación. Supongo que éramos más entretenidos que un reality de la televisión.
—Ya podéis iros —informó el enfermero amablemente.
Por lo menos había alguien que todavía me hablaba.
Ni que hubiera puesto a Sasuke directamente debajo de la rama para luego hacer que se rompiera en el momento preciso o hubiera obligado a un pobre hombre inocente a que intentara atraparme con un trozo de árbol bastante considerable. Vaya una idiotez. Además, yo no había salido precisamente ilesa de todo aquello. Me había fracturado el cúbito, por lo que tendría que llevar el antebrazo escayolado durante una temporada. Por lo menos la escayola era de un bonito color azul. Mi madre siempre me había animado a buscar el lado bueno incluso de las situaciones más complicadas.
—Supongo que ya no puedo volver a Sídney conduciendo —comenté, mientras me bajaba con cuidado de la cama.
Mi padre soltó un gruñido.
—Te vuelves en avión. Te compraré un billete.
—Gracias, papá —dije ante tamaña muestra de afecto parental.
—Me da igual si tienes que ir en primera clase —continuó— Te marchas hoy mismo. No lo aguanto más. Cuanto antes os separéis, mejor y más seguro para todos.
Sasuke emitió un sonido que mostraba su completo acuerdo con aquello.
—¿Y qué pasa con mi vehículo?
—De todos modos, tampoco ibas a poder conducirlo en por lo menos seis semanas —apuntó mi padre.
—Ya lo solucionaremos más adelante —intervino Shizune. Incluso ella parecía estar de acuerdo en que marcharme de allí era lo mejor. Me dio unas palmaditas en el hombro— Muy bien, cariño, vamos para casa. Creo que esta noche ya hemos tenido bastante fiesta.
Volvimos a casa en silencio. Sasuke estaba dormido o pasando de mí deliberadamente, o tal vez una combinación de ambas. Intenté echar una cabezadita. Estaba agotada y los analgésicos me habían dejado adormilada. Pero aquello estaba llegando a su fin. Otra vez. Y menudo fin. En cuanto llegamos, los cuatro salimos del vehículo bostezando y extenuados.
—Dormiré en el sofá de Sasuke por si necesita algo —dijo mi padre.
—Sí, querido —Shizune le dio un beso en la mejilla— Te veo durante el desayuno. Que espero que sea bastante tarde.
Mi padre se limitó a asentir.
Me volví hacia Sasuke para decirle algo, pero lo vi ir tambaleándose hacia su casa en penumbra. No había nada que pudiera hacer. Por lo visto ya lo había hecho todo. Y ni siquiera era por mi culpa. No de verdad.
—Vamos, cariño. —Shizune me agarró por el brazo ileso.
—Ni siquiera se ha despedido de mí.
Shizune me miró sorprendida.
—Tal vez eso significa que no es el final. ¿Quién sabe?
—O que más bien me echa la culpa de todo y me odia —dije con pena— Creo que esa es la respuesta más probable.
Me rodeó los hombros con el brazo y me apretó con fuerza soltando un suave suspiro en medio de la oscuridad.
—Quizá lo mejor que puedes hacer ahora es marcharte. Es triste, pero a veces amar a alguien no es suficiente. Es posible que algún día, si los astros se alinean, estéis preparados el uno para el otro y volváis a juntaros por las razones correctas.
—Qué idea más bonita. Esbocé una pequeña sonrisa y nos metimos dentro de casa.
Como era de esperar, no volví a ver a Sasuke antes de irme.
