Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 14

Ocho semanas después.

—Hoy toca comida india.

—¿Qué has traído? —preguntó Karin.

Mei y ella estaban acurrucadas en el sofá ofreciendo la viva imagen de la felicidad y el amor al atardecer. Ah, esa complicidad. Apenas me dolía verlas. A ellas, a una pareja cualquiera por la calle… ya no me molestaba.

Sí, era cierto que al principio había sido un lastre vivir con personas que estaban enamoradas. Pero había superado lo de Sasuke. Lo había superado por completo. Al fin y al cabo, la vida era algo maravilloso y estaba llena de oportunidades y experiencias como para desperdiciarla en algún capullo con pene.

Dejé la bolsa de deliciosos platos picantes en la encimera de la cocina.

—Pollo tikka masala, cordero con rogan josh, algo vegetariano con queso paneer, salsa raita, encurtidos y pan naan de queso y espinacas. Todo lo necesario para celebrar que por fin me han quitado esa escayola espantosa.

Mei sonrió.

—Bien. Nosotras también tenemos algo para ti.

Vi una bolsa de papel marrón sobre la mesa. Qué raro.

—¿Qué es? —pregunté.

—Ábrela —me instó Karin, poniéndose de pie.

Mei me miró con ojos cautelosos.

—De acuerdo —Agarré la bolsa— Hoy he echado la solicitud para otro trabajo; es para un puesto en las oficinas de una empresa de importación de material de fontanería. Los inodoros italianos son lo más, ¿verdad?

—Qué gracia que traigas a colación los inodoros —comentó Mei.

—¿Por qué? —En cuanto abrí la bolsa la dejé caer con un grito ahogado. Si hubiera contenido una serpiente venenosa me hubiera impactado menos— ¿Pero qué cojones…?

—Respira hondo —dijo Karin, usando su tono de terapeuta. Ese que te hacía querer confesar tus secretos más oscuros o llorar por la infancia que habías tenido. O ambas cosas a la vez.

—No me hace gracia —me quejé— ¿Por qué narices me habéis comprado esto?

—No se trata de ninguna broma.

Mei recogió la prueba de embarazo y me la enseñó con una especie de sonrisa en los labios.

—Tienes todos los síntomas. Ya va siendo hora de que lo compruebes.

—No.

—Sí —replicaron a la vez.

—Solo fue una gastroenteritis.

—¿De seis semanas? —Mei alzó ambas cejas.

—Parecía que vomitar era tu nuevo pasatiempo —agregó Karin, y no precisamente para ayudar.

—Y no nos olvidemos de las tetas —Mei soltó un suspiro y se metió un mechón de pelo rubio rizado detrás de la oreja— Te han crecido por lo menos una talla.

—Yo diría que dos —dijo Karin.

—¡Dejad de atosigarme! —chillé— Oh, Dios mío.

—Sakura, sé sincera. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste el período?

—He pasado una época de mucho estrés. Y el estrés puede afectar al cuerpo. Estás estudiando Medicina, Mei. Sabes que esto pasa. Díselo.

Karin ladeó la cabeza.

—Mei fue la que tuvo la idea de comprar la prueba.

—¿Por qué no haces pis en el palito lo antes posible y salimos de dudas? —preguntó Mei, en adelante conocida como «la Traidora».

—Porque no tiene sentido. Va a dar negativo.

Estaba flanqueada por dos amigas que estaban completamente equivocadas. Las amigas más equivocadas del universo, habidas y por haber.

—Entonces no pasará nada, ¿verdad? —Karin sonrió— Nos tomaremos una copa de vino y comeremos todo ese delicioso curri que has comprado.

—Por cierto, querer comida picante es un indicio enorme —apuntó Mei.

—No, no lo es. Solo indica que se me ha antojado… Oh, mierda. No.

Mei empujó la prueba en mi mano. Cerré los dedos, ahora entumecidos, con el cerebro a punto de colapsar. No podía ser. Era imposible. Tenía que tratarse de un error horrible, terrible. Las tetas más grandes eran un regalo de Dios y seguro que el vómito lo había provocado un virus. Cualquier cambio repentino en mi cintura solo era una extraña anomalía. Además, los jeans ajustados terminarían pasando de moda.

—No hace falta que cunda el pánico —dijo Karin volviendo a usar ese irritante tono de voz calmado— Pero es mejor saberlo con certeza, ¿verdad?

Pues no.

Empecé a sudar profusamente por la espalda y el corazón me latía al doble de velocidad. Tragué saliva, por alguna extraña razón sentía fatal la garganta y todo lo que había debajo de ella. Más estrés. Solo se trataba de eso. Pero esta vez me lo estaban infligiendo mis, en breve, exmejores amigas. La próxima vez me cercioraría de rodearme de personas que no se preocuparan por mi bienestar físico ni se percataran del tamaño de mis pechos o de cualquier vómito persistente. Así todo sería mucho más sencillo.

—Está bien —dije al cabo de un rato, cuando logré recuperar la voz. Ambas asintieron y esbozaron sendas sonrisas de ánimo— De acuerdo —Todavía apretaba la prueba de embarazo— Voy a hacérmela ahora mismo.

—Te queremos —dijo Mei— Buena suerte.

—Sea cual sea el resultado, lo solucionaremos —prometió Karin— Todo va a ir bien.

Los cuartos de baño eran sorprendentemente cómodos tanto para estancias cortas como más prolongadas. Tenías agua. Instalaciones para cuando tu vejiga o intestinos lo requirieran. E incluso podías darte un largo y agradable baño caliente cuando quisieras.

Aunque en ese momento no estaba muy por la labor.

Estaba sentada en el suelo de baldosas de terracota abrazándome las rodillas. En el borde del lavabo que tenía sobre mi cabeza estaba la temida prueba de embarazo. Aunque, si me negaba a mirarla, podía hacer como si no existiera. Sí, si seguía sin hacer caso a esa maldita cosa, mi vida no corría peligro de dar un giro de ciento ochenta grados. Estaba a salvo. Ligeramente aterrorizada, pero a salvo.

—¿Lista para salir? —preguntó Karin al otro lado de la puerta.

—No.

—Han pasado casi dos horas.

—Estoy bien —mentí.

—De acuerdo. —Soltó un suspiro— Sal cuando estés preparada.

La verdad era que mi estómago llevaba un rato quejándose. Con toda esa maravillosa comida india enfriándose mientras yo estaba atrapada allí con esa cosa.

En el apartamento había gente hablando. Oí una voz más grave de la que Karin o Mei podrían imitar. Mierda. Habían debido de pedir refuerzos. Me pregunté quién podría ser. Quizá la patrulla de las pruebas de embarazo. No pude entender lo que decían, pero seguro que nada bueno.

Alguien llamó a la puerta con los nudillos.

—¿Sakura?

Me erguí, completamente sorprendida.

—¿Sasuke?

—Sí, soy yo —dijo con su habitual tono grave y áspero— ¿Quieres que entre?

Asentí con la cabeza, pero respondí con un «no».

—Karin y Mat...

—Mei —le corrigió la propia Mei.

—Lo siento —Se aclaró la garganta— Karin y Mei dicen que te estás haciendo una prueba de embarazo.

Menuda sorpresa.

—¿Se lo habéis contado? —grité— ¡Joder, chicas!

—Lo siento —se disculpó Mei— Pero vio la caja sobre la mesa.

Aquello no tenía sentido.

—¿Qué? ¿Cómo? Si la tengo aquí dentro conmigo.

Karin suspiró.

—Compramos otra para el caso de que diera positivo y quisieras hacerte una segunda prueba para estar segura. Si te entró un ataque de pánico al ver una, imagínate lo que te hubiera pasado con dos.

—Está bien —dijo Sasuke— ¿De verdad crees que puedes estar embarazada?

Fruncí el ceño.

—¿A qué has venido?

—Te he traído el automóvil. Supuse que lo necesitarías cuando te quitaran la escayola.

—Se la acaban de quitar hoy mismo —confirmó Mei.

—Estupendo —dijo él— De todos modos, tenía que arreglar unos asuntos de la empresa por aquí, así que…

Pues claro que no había ido allí por algún motivo romántico tipo «no puedo vivir sin ti». Maldito fuera mi estúpido corazón por esperar lo contrario.

Después de las innumerables charlas que me había dado a mí misma para olvidarme de él, todavía había una parte de mí (la más tonta seguro) que seguía haciéndose ilusiones. Tenía que tratarse de un mal hábito. Debería existir algún tipo de rehabilitación del hombre equivocado. Terapia, asesoramiento y quizás alguna clase de tortura para casos extremos como el mío. Lo que fuera necesario para sacar al hombre en cuestión de tu cabeza.

—¿Puedes salir, por favor? —preguntó él.

No dije nada.

—Venga, preciosa. Me siento como un imbécil hablándole a una puerta.

—Sí, bueno, yo también me siento como una imbécil sentada en el suelo del cuarto de baño, demasiado asustada para ver el resultado de la prueba —le dije mientras me secaba una lágrima— Pero esto es lo que hay —Silencio— Y no me llames de ese modo.

—¿Podrían dejarnos un rato a solas, señoras? —inquirió.

Oí unos pasos arrastrándose y a Karin susurrándole que le cortaría la polla si me molestaba lo más mínimo. Después, otra vez silencio.

—¿Un bebé? ¡La leche! —Ahora oí su voz más cerca y más abajo, como si también se hubiera sentado al otro lado de la puerta— No sé qué decir.

—Todavía no sabemos seguro si hay uno.

—Mmm.

—Nunca hemos hablado en serio del asunto de los niños. Sin ninguna razón en particular, solo por curiosidad, ¿cómo te sentirías si tuvieras uno?

—Sinceramente, mi experiencia como hijo fue una mierda. Así que nunca encontré ninguna razón de peso para infligir algo similar a otra persona —dijo— Además, tampoco he tenido el mejor ejemplo a seguir a la hora de criar a un niño como es debido. ¿Y si termino cagándola?

—No lo harías. Te preocupas. Mira lo bien que se te dio con la cría con la que tuviste que cargar todos esos veranos. Casi fueron tus mejores momentos.

Se quedó callado durante unos segundos antes de preguntar.

—¿Y tú qué? Me refiero a lo de los niños.

—Claro, quizás algún día. Pero no ahora.

Uno de los grifos estaba goteando. Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo ruidosos que podían llegar a ser. El diminuto sonido hizo eco en el pequeño baño hasta que pareció un trueno.

—¿Qué quieres hacer si estás embarazada, Sakura?

—No lo sé. —Me llevé las manos a la cabeza y me apreté los ojos cerrados— Yo solo… no lo sé.

Más silencio.

—La verdad es que los asuntos de empresa que tenía que resolver en la ciudad eras tú —reconoció él— Te he traído el automóvil porque te echaba de menos —Fruncí el ceño un tanto incrédula— Después de que te marcharas, bueno… estuve un tiempo enfadado contigo por lo del árbol.

—Pero eso no fue culpa mía.

—No habría pasado nada si no te hubieras dedicado a trepar árboles en plena noche como si estuvieras chalada. Eres consciente de que la gente no suele hacer ese tipo de cosas, ¿verdad? Lo pregunto en serio.

Puse los ojos en blanco. Un gesto sofisticado y de superioridad que él se perdió gracias a la puerta de madera que se interponía entre nosotros.

Silencio.

—Me retrasé con la píldora cuando estaba de vacaciones —confesé, solo para quitarme un peso de encima— Me la tomé en cuanto me acordé. Pensé que no habría ningún problema. Pero si estoy embarazada, será por mi culpa.

—Si existe ese bebé, estoy bastante seguro de que los dos tenemos la misma responsabilidad —dijo— Podía haberme puesto un preservativo, pero no quise. Jamás había hecho eso antes, pero me gustaba demasiado estar dentro de ti sin nada de por medio.

No supe qué decir.

—¿Lo has mirado ya? —preguntó, con tono más suave.

—No.

—Tendrás que hacerlo en algún momento.

—Lo sé.

—Sakura, te apoyaré hagas lo que hagas.

—Gracias. —Me quedé quieta— ¿Cómo me las voy a arreglar para cuidar de un bebé? En mi vida no hay cabida para un niño; al menos no en este momento.

Sasuke no dijo nada. Lo más probable era que estuviera ocupado con su propio ataque de pánico al otro lado de la puerta. Lo que me pareció bastante justo, la verdad.

—Karin y Mei son estupendas —continué— pero estoy segura de que no entraba en sus planes tener que compartir la casa con un bebé tan pronto. Los bebés son ruidosos y necesitan cosas. Montones de cosas. Tendré que buscar otro sitio para vivir. Supongo que tendré la baja por maternidad, así que en el trabajo no tendría por qué tener ningún problema…

—¿Te quedarías en Sídney?

Me limité a concentrarme en respirar durante un instante; necesitaba calmarme a toda costa.

—Sinceramente, no sé lo que haría.

—Si estás embarazada, quiero que sepas que podemos criar juntos a nuestro hijo. No quiero ser el gilipollas ausente que solo envía dinero. Tú y el bebé necesitaríais más que eso y desde luego tú te mereces más que eso.

—¿Querrías que me mudara al norte?

—Querría que mi hijo estuviera cerca de mí, por supuesto —De su garganta salió una especie de sonido— Lo que quiero decir es que me gustaría que los dos estuvierais cerca de mí para poder ayudar. Caray, solo… Estoy intentando averiguar qué es lo adecuado en una situación como esta.

—Yo también.

Nada.

—¿Me echaste de menos? —quise saber.

—Sí.

—¿Podrías explayarte un poco más? —pregunté— Se te veía muy convencido con todo ese rollo de que no querías que pusiera tu vida del revés y ahora aquí estás.

Esta vez el suspiro se pareció más a un gemido.

—Y lo estaba. O eso creía. Me gusta mi vida tal y como es, Sakura. He trabajado muy duro hasta lograr que Kizashi me hiciera su socio. Tardé años en construir mi casa, en conseguir todo tal y como lo quería, tal y como siempre lo había imaginado. Por fin tengo mi propio espacio, una casa de la que estar orgulloso, dinero para hacer algunas cosas y un par de buenos amigos. Y entonces regresaste.

Me quedé callada.

—Pensé que, cuando te fueras, todo volvería a ser igual, pero no pude seguir adelante —terminó diciendo— No quería hacerlo. Estaba todo el rato pensando en ti y…

—¿Y qué?

—Vuelve conmigo al norte. Ahora.

Abrí los ojos de la sorpresa.

—Da igual si estás embarazada o no. He estado pensándolo y creo que deberías regresar y aceptar el trabajo. Eso es lo que he venido a decirte. Lo del vehículo solo ha sido una excusa. —«Vaya»— Está claro que eso es lo que habrías hecho si lo nuestro no se hubiera ido a la mierda.

Me encogí de hombros. Probablemente tenía razón.

—Puede que las cosas entre nosotros funcionen o no —continuó— No tengo ni idea. Pero no he venido aquí para no formar parte de tu vida. Pase lo que pase, siempre hemos sido amigos. Quiero volver a tener eso. Siempre lo he querido —«Vaya», volví a repetirme a mí misma— Supongo que estoy pidiendo que tengas paciencia.

Qué interesante.

Aunque también había dicho algo muy parecido sobre ver cómo iban las cosas entre nosotros antes y no había terminado bien. Quizá no estuvimos el tiempo suficiente para que él pudiera descubrir qué era lo que sentía por mí y su ofrecimiento actual era sincero. Al fin y al cabo, solo habíamos estado juntos unos días. O puede que esta fuera la forma de tenerme cerca, pero manteniendo las distancias, como había hecho con todas las mujeres con las que había tenido algo similar a una relación. No lo tenía claro. Aunque dadas las actuales circunstancias, seguramente teníamos problemas más urgentes que resolver.

—Dime algo —me instó.

Alcé el brazo para hacerme con la prueba de embarazo. Dos líneas rosas. Mis entrañas dieron un tripe salto mortal.

Iba a ser madre. Dios bendito.

En ese momento, un conjunto de células se estaba desarrollando en mi útero, compuesto por mi persona y el hombre al que había amado, para bien o para mal, desde tiempos inmemoriales. Era algo tan grande, tan increíblemente fuerte, que mi cerebro apenas podía procesarlo. Las consecuencias de este suceso serían para siempre.

—¿Sakura?

—Lo he mirado. —Apenas me salió la voz.

—Bien.

—Estoy embarazada.

Una pausa.

—Bien.

—Creo que quiero quedármelo —Las dos líneas rosas se volvieron un borrón. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Estaba consternada, asustada y no sé qué más— No puedo… es una parte nuestra, ¿entiendes?

—Abre la puerta, por favor.

Me puse de rodillas, quité el pestillo y retrocedí. La puerta se abrió con mucho cuidado y Sasuke apareció. Tenía el pelo revuelto, como si hubiera estado pasándose la mano por él, como solía hacer cuando estaba estresado. Sus ojos estaban cansados, llevaba barba de tres días y tenía la ropa completamente arrugada.

—¿No paraste a dormir en un hotel? ¿Has venido directamente hasta aquí? —pregunté.

Bajó la vista hacia mí y asintió.

—Tenía que verte.

—Yo también te he echado de menos.

Sasuke no se fue a un hotel, pero durmió en el sofá.

Mei y Karin se tomaron muy bien lo de tener un invitado. No sé si a él le hizo mucha gracia lo del sofá, pero nuestra posible relación había sufrido muchos vaivenes y en ese momento estaba demasiado nerviosa para ponerme a pensar en nada. Puede que en el futuro lo nuestro terminara funcionando. O puede que no.

Como era de esperar, Sasuke dio un paso al frente e hizo lo que todo hombre responsable haría. En cuanto decidí que volvería al norte con él, se hizo cargo de la parte más dura de vaciar mi habitación y recoger un montón de pertenencias más. Cargó con las cosas más pesadas, alcanzó los objetos que estaban más altos y abrió los tarros más difíciles. Cubrió todos los clichés masculinos. Pero ahora manteníamos una especie de amistad un poco rara.

Otra ronda de pis sobre una segunda prueba y un análisis en el médico al día siguiente confirmaron que llevaba a nuestro hijo en mi interior. Se me revolvió el estómago y estuve a punto de vomitar de los nervios sobre el escritorio del pobre doctor. Sasuke se mantuvo ocupado con los preparativos de la mudanza mientras yo trabajaba las dos semanas de preaviso en el trabajo. Bueno, en realidad semana y media. Dadas las circunstancias, mi jefe tuvo el detalle de dejarme ir unos días antes.

—¿Qué es esto? —le pregunté el siguiente viernes por la tarde, parada en la calle donde estaba situado el edificio de apartamentos en que el hasta ese momento había vivido. En esta ocasión llevaba una bolsa de comida china. Si el feto quería unas galletas de la fortuna para nuestra pequeña fiesta de despedida, ¿quién era yo para negarle nada a ella/él/ellos?

—Hola, ¿cómo ha ido tu último día de trabajo? —inquirió Sasuke con una gran sonrisa.

—Bien. Gracias —Ladeé la cabeza mientras contemplaba el nuevo y deslumbrante Subaru Forester aparcado en la calle. Ese junto al que Sasuke se había colocado orgulloso, balanceando un juego de llaves— ¿Te has comprado un nuevo todoterreno?

—¿Recuerdas que estuvimos hablando de que tu vehículo no era el más adecuado para llevar una silla de bebé y todo eso?

—¿Cuando lo llamaste «pequeña y peligrosa chatarra de mierda» que lo único que te provocaba eran unas ganas enormes de tirarlo a una zanja?

—Reconozco que quizá fui un poco duro.

Dio una palmada a un costado del Subaru.

—Pero esto es otra cosa y tiene unos elevados estándares de seguridad además de un montón de espacio.

—Muy bien.

—Y cabe todo lo que tenías en tu habitación.

—Estupendo. Gracias por ocuparte de la mudanza y disfruta del vehículo.

—No es mío —Colocó las llaves en mi mano con una sonrisa— Sino tuyo.

—Yo ya tengo uno.

—No, tienes una pequeña y peligrosa chatarra de mierda que Mei está dispuesta a comprar debido a lo poco que gasta en combustible. Siento ser un poco duro. Otra vez.

—¿Me has comprado un automóvil?

—Tu color favorito era el azul, ¿verdad?

—No puedes comprarme un automóvil como si nada, Sasuke.

—Ya lo he hecho —Me dio un beso en la mejilla— De nada.

—No, yo…

—Sakura, necesitas algo adecuado para ti y para el bebé —señaló— Este vehículo es muy bueno. No demasiado grande para que resulte difícil aparcarlo, pero con todas las características que querrías. Venga, dame esa bolsa. Tiene pinta de pesar.

—Gracias —Con gesto tenso, miré el mando del vehículo— No me siento muy cómoda con que te gastes tanto dinero en mí.

—No ha sido tanto.

—Lo es, y ni siquiera lo hemos hablado —espeté— No puedes tomar decisiones por los dos así como así.

—Quería que fuera una sorpresa. Tómatelo como la suma de todos los regalos de cumpleaños que no te he hecho durante los últimos siete años.

—No me vengas con tonterías —dije, cada vez más frustrada— Sabías que esto me suponía un problema, así que simplemente lo hiciste por tu cuenta en vez de hablarlo conmigo para que pudiéramos tomar una decisión juntos.

Me lanzó una mirada dolida y, en cierto modo, de enfado.

—Quiero cuidarte.

—Y yo quiero que me ames. Como ves, no siempre podemos conseguir lo que queremos —Me detuve de repente, pensando en lo que acababa de salir por mi boca. Mierda— Finge que no he dicho eso.

—Preciosa…

Por Dios. Agaché la cabeza.

—Han sido las hormonas. Sé que no estamos en ese punto. Lo sé…

No dijo nada.

Como decían los Rolling Stones, y como acababa de decir yo misma, no siempre podíamos conseguir lo que queríamos. Además, por el bien de todos, también necesitaba mejorar eso de no mostrar mis emociones tan alegremente. Desde que Sasuke se había enterado de lo de mi embarazo, había hecho todo lo que había podido, consintiéndome en exceso. Aunque el bebé implicaba que siempre tendríamos esa conexión entre nosotros, lo sentía más como un final que como un comienzo. Sabía que querría a nuestro hijo y, por defecto, puede que también a mí. Pero no de la forma que yo quería. Como había dicho, había venido a Sídney para que recuperáramos nuestra amistad. Para hacer las paces por haberme desalentado a que me mudara al norte y aceptara el trabajo. Sí, me había echado de menos. Sin embargo, aquello no era suficiente. No de verdad. Íbamos camino de terminar como mis propios padres, unidos por un niño en lugar de por el amor y afecto mutuo. Su matrimonio había sido una explosión a cámara lenta; algo de lo que fue insoportable formar parte.

Tenía que dejar a un lado mis deseos y convertir al bebé en mi prioridad. Era lo más inteligente que podía hacer.

—El todoterreno es una pasada, gracias —dije al fin— No obstante, te pido, por favor, que en el futuro hables conmigo antes de hacer alguna compra importante.

—Lo haré —Me rodeó los hombros con un brazo y me dio un beso en la frente— Lo estás haciendo fenomenal. Sé que estás cansada y que no te has encontrado muy bien. Creo que eres extraordinaria, ¿de acuerdo?

Empezaron a escocerme los ojos y se me hizo un nudo en la garganta. Las hormonas eran lo peor.

—Hace mucho tiempo que no tenía a nadie a quien quisiera cuidar —continuó— Cuando eras una adolescente solo necesitabas que te entretuvieran y te dieran de comer y de beber. Fácil. Ahora todo se ha vuelto más complicado.

—Darme de comer y de beber. Haces que parezca una res.

Se rio.

—No más sorpresas, te lo prometo.

—Gracias. También he estado pensando en lo de irme a vivir a tu casa, a la habitación de invitados —informé— Fuiste muy amable al ofrecérmelo, pero voy a tener que rechazarlo. Necesito mi propia casa, mi propio espacio. He tomado una decisión.

Hizo una mueca que demostraba que aquello no le había hecho mucha gracia.

—Venga, vamos a comer —proseguí— Se va a enfriar la comida. Y esa fue la última noche que pasé viviendo en Sídney.

Primero llamamos a Shizune y le dijimos lo del bebé. Fue más fácil así. Después, ella se lo contó a mi padre, que, como era de esperar, dio unos cuantos gritos, aunque al final Shizune logró calmarlo. Y en cuanto tuvo tiempo de acostumbrarse a la noticia, todo el mundo estuvo oficialmente encantado.

Cuando Sasuke y yo llevamos a mi madre a cenar, también se entusiasmó. Luego le dijo a Sasuke que tenía un físico impresionante y le preguntó si quería posar para su clase de iniciación al dibujo artístico con modelo. Rechazó la oferta cuando se enteró de que se suponía que tenía que hacerlo desnudo. Puede que el toque de locura que me caracterizaba me viniera por parte de madre.

Creo que Karin y Mei estaban preparadas para quedarse el apartamento para ellas solas. O al menos, para entregar el testigo de tener que lidiar con mis cambios de humor hormonales a otra persona. Aunque echaríamos mucho de menos salir de fiesta, beber vino y pasar la noche juntas. Al día siguiente, Sasuke y yo hicimos el trayecto de doce horas hasta el norte en mi nuevo todoterreno.

Si bien Sasuke se salió con la suya con el asunto del vehículo, no lo consiguió respecto a dónde iba a vivir. No iba a cambiar de opinión en eso.

—Me gustaría que lo reconsiderases —dijo, mientras aparcaba en el camino de entrada de la casa de mi padre y Shizune.

Abrí la puerta del Subaru.

—Ya lo hemos hablado.

—Sí, pero creo que te equivocas.

—Eso ya me lo has dicho. Un millón de veces. Hola, papá. Hola, Shizune.

Mi padre me abrazó con suavidad, juzgándome en cierto modo con la mirada.

—¿Así que embarazada?

—Lo sé, ¿verdad? ¿Quién hubiera pensado que algo así podría pasar? —Esbocé una sonrisa de oreja a oreja— Creo que te faltó explicarme algunas cosas, jovenzuelo.

—Tu madre se encargó de darte esa charla cuando tenías doce años. Me aseguré hablándolo con ella en su momento.

—Vaya. Entonces supongo que se me fue la olla.

—¿Es ahora cuando tengo que llamarte «papá»? —preguntó Sasuke con una sonrisa irónica.

—No lo sé —respondió mi padre— ¿Es ahora cuando tengo que darte un puñetazo?

—Nada de violencia —les regañó Shizune— Kizashi, sé amable. Sasuke, no provoques al oso cuando acabas de dejar embarazada a su hija. No es nada inteligente. Y ahora, ¿qué tal el viaje, cariño?

—Muy largo —Acepté mi correspondiente beso y abrazo— Me alegro de volver a verte, Shizune.

—Entra y tómate algo fresco. ¿Qué es eso de que te vas a venir a vivir aquí una temporada? —dijo mientras me acompañaba escaleras arriba— Por supuesto que eres bienvenida. Pero me ha sorprendido bastante. Estaba convencida de que te quedarías en casa de Sasuke.

Iba a ser una noche muy larga. Y no podría beber ni una gota de alcohol.

—Nos estamos tomando las cosas con calma, centrándonos en el bebé.

—¿No es un poco tarde para eso?

—En esta familia no hemos tenido muy buena experiencia con eso de estar con una persona solo porque tienes un hijo en común con ella —apunté— como seguro que mi padre te ha dicho. Creo que es mejor que tenga mi propia casa.

—Mmm. —Shizune miró por encima de su hombro— Cuidado, Sasuke, parece que estás perdiendo tu toque.

Sí, no.

—Estoy ansiosa porque todos nosotros nos involucremos a tope en la vida de los demás y emitamos opiniones directas y sinceras sobre sus relaciones.

—Esa es su forma de decir «no te metas en mis asuntos» —ironizó mi padre.

—Gracias —dije yo— Sasuke y yo solo somos amigos que, de improviso, vamos a tener un hijo juntos.

Mi padre hizo una mueca.

—Así que amigos, ¿eh? Preferiría verte con un anillo en el dedo, pero lo que tú digas, cariño. Te aseguré después del incidente del árbol que me mantendría al margen. Ya sois mayores para resolver vuestros problemas solos.

Sasuke solo se rascó la cabeza y me ofreció una tenue sonrisa.

—Está bien, dejaré de entrometerme, estoy segura de que sabéis lo que hacéis —Shizune me dio un apretón— ¿Y bueno, Sakura, qué crees que será? ¿Niño o niña?

—No tengo ni idea.

—No pasa nada. Compraré ropa para ambos sexos. Me hace mucha ilusión ser abuela. Y tú, ¿estás emocionada con tu inminente maternidad?

—Pues estoy en ello.

—Todo va a ser maravilloso, cariño. Solo espera y verás.

—Hola, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

—Menudo déjà vu, ¿verdad? —Estaba en la puerta de Sasuke, esa misma noche, alrededor de las doce.

Sí. Iba con los mismos pantalones de pijama provocativos, pero esta vez nada de torso desnudo. Ahora llevaba una sencilla camiseta gris. Qué lástima. Al menos, mis pantalones cortos de dormir y la camiseta de tirantes eran un poco distintos a los de la ocasión anterior. Con las nuevas tetas que el embarazo me había proporcionado había optado por una camiseta con sujetador incluido. Mucho más cómodo que tenerlas de un lado para otro.

—Anda, entra —dijo antes de cerrar la puerta detrás de mí con el ceño fruncido— No habrás bajado otra vez por el puto árbol.

—La rama está rota. No habría podido ni aunque quisiera. Y tampoco iba a hacerlo en mi actual estado.

—Gracias a Dios por eso.

—Siento haberte despertado, pero estoy tan cansada —me quejé, con los hombros caídos— Y no puedo dormir porque el dormitorio de Shizune y de mi padre está junto al mío y están teniendo relaciones sexuales ruidosas.

Sasuke empezó a partirse el culo.

—Sasuke, no es divertido.

—Es sábado por la noche —Se encogió de hombros— Y son una pareja de recién casados.

—Pero es mi padre. Eso lo convierte en oficialmente asqueroso. Me muero de sueño y su cama no hace más que golpear contra la pared como si estuvieran rodando una peli porno. No está nada bien.

—Venga, vamos. —Me agarró de la mano y me llevó en dirección a su habitación.

Madre mía. En mi cabeza comenzaron a sucederse un sinfín de señales de advertencia y luces rojas.

—Tenía toda la intención de colapsar en la habitación de invitados.

—La cama no está hecha y es medianoche —dijo, apagando las luces a medida que íbamos avanzando— Ambos nos caemos de sueño. Así es más rápido y sencillo.

—Me iré al sofá.

—No vas a dormir en el sofá —Me lanzó una sonrisa— Relájate. Vamos a dormir juntos, no a acostarnos.

Era muy tentador, pero no. Me detuve en seco.

—Sasuke, detente. No voy a ir a tu habitación contigo. Es… —Sacudí la cabeza ante la idea— Sigamos con lo de ser amigos que se respetan y no comparten la cama, ¿de acuerdo?

—Está bien —Apretó los labios— Deja que vaya a por sábanas para el cuarto de invitados.

—Gracias.

Metió la cabeza en el armario del pasillo y sacó unas sábanas. No se le veía nada contento y sí muy incómodo. En el pasado, hubiera estado más que feliz de meterme en la cama con él y ver adónde nos llevaban las cosas.

Bebé nuevo, reglas nuevas.

Además, la anterior política de dejarse llevar por el sexo no me había dado buenos resultados. Salvo el tipo de resultados que obtienes haciendo pis en un palito.

—Siento causarte tantas molestias.

—Sakura, no me causas ninguna molestia. Quiero que acudas a mí si necesitas algo.

—La cena estuvo bien.

Fue a la habitación de invitados y yo lo seguí.

—Creo que Kizashi estaba bastante tranquilo. Venga, te ayudo a hacer la cama.

—Gracias. ¿Le has contado ya a tu padre lo del bebé? —pregunté, cambiando hábilmente de tema de un progenitor a otro.

—No —Dejó las sábanas limpias en una silla antes de sacar la bajera ajustable y desplegarla sobre la cama. Me coloqué en un lateral y él en el otro— Todavía no, aunque lo haré.

—De todos modos, creo que se supone que tienes que esperar hasta que termine el primer trimestre para anunciarlo —Levanté un hombro— El aborto espontáneo es muy común en los primeros tres meses de gestación.

—Eh, no te preocupes por eso. Todo va a salir bien.

Pusimos la sábana de arriba, seguida de una manta ligera. Después, cada uno se las apañó para meter una almohada en su funda correspondiente. El silencio se entremezcló con el zumbido de los insectos y las ocasionales carreras y chillidos de una zarigüeya. Fue todo muy pacífico, o al menos debería haberlo sido.

—Listo.

Me subí al colchón y me senté con la espalda apoyada en el cabecero.

—Bien. Bueno, será mejor que te deje dormir. —Pero no se marchó.

—Ahora mismo estoy completamente despierta. Supongo que tú también. Lo siento.

—¿Te importa si me siento un rato aquí contigo? —preguntó, señalando el otro lado de la cama.

—Estás en tu casa.

Se acomodó en la misma postura que yo, solo que dejó un pie en el suelo.

—Nunca creí que terminaría sentando la cabeza de verdad con alguien. Así que seguramente meteré la pata muchas veces. Y sé que ahora tenemos un montón de cosas encima con lo del bebé y todo eso. Pero tiene que haber un poco de margen para que intentemos hacer que lo nuestro funcione, ¿no crees?

Vaya una forma de dejar la pelota en mi tejado. No dije nada.

—Has estado posponiendo el asunto desde que nos enteramos de lo del bebé —continuó.

—Lo sé.

Se quedó esperando.

—Supongo que, si de verdad te interesa, podríamos salir —Eso no parecía muy peligroso. Seguro que nadie volvía a terminar con el corazón destrozado después de una cena. Al menos no sin un esfuerzo coordinado— En plan informal.

—O podrías venirte a vivir conmigo —insistió él— Ya sabes, solo hasta que encuentres una casa.

—La verdad es que antes he estado mirando algunos inmuebles. Por lo visto he tenido suerte. Hay un par de sitios disponibles cerca de aquí —Sonreí— No debería costarme mucho encontrar algo en un plazo razonablemente corto.

—Pero al menos tardarás una semana o dos, ¿no? Sería mucho más práctico si estuvieras aquí.

Refunfuñé por lo bajo.

—No debería tener ningún problema en casa de mi padre y Shizune.

—Repito, recién casados.

Hice una mueca de dolor.

—Estás embarazada. Necesitas una noche de sueño completa. No venir cada dos por tres en medio de la oscuridad.

—No sé.

—Ni siquiera durarás una noche entera allí. ¿Y si entras y los sorprendes haciendo algo en la mesa del comedor? —preguntó— Sabes por experiencia propia que eso puede suceder perfectamente.

—Oh, Dios. Tendría que arrancarme los ojos.

—Exacto. Y eso sería una lástima. Tienes unos ojos verdes preciosos.

Solté un suspiro.

—Espero que el bebé tenga los ojos como los tuyos. Un pequeñín con ojos negros y pelo oscuro.

Se quedó callado. Hablar del bebé como un ser real, con vida propia, todavía podía hacer que se le helara la sangre. Lo que en parte me daba la razón. El hombre era emocionalmente inestable. No me extrañaba que tuviera mis dudas.

—Y lo llamaremos Neville —proseguí.

Un gruñido.

—No vas a llamar a mi hijo Neville. De ninguna manera. Y no pienses que no me he percatado de que estás haciendo esto para cambiar de tema.

—Sí, ya sé que Harry y Ron se llevaban toda la atención —dije, ahora metida de lleno en el asunto y no solo por cambiar de tema— Pero Neville siempre fue el verdadero héroe, ¿verdad?

—Sakura.

—Además, con los años se convirtió en un tío bueno. Un extra total.

—Por el amor de Dios.

—Y si es niña la llamaremos Minerva. Siempre me encantó la profesora McGonagall. Podía transformarse en un gato. ¿No es lo más?

—No vas a poner a nuestro hijo nombres de personajes de Harry Potter.

—¿Sabes, Sasuke? Si sigues hablando así vas a hacer que te echen de Pottermore.

—¿Qué cojones es eso?

—¿No formas parte del club oficial de seguidores de Harry Potter? —jadeé— No me puedo creer que me haya acostado con un no creyente. Me siento sucia.

Oh, ahí estaba su sonrisa traviesa.

—Puedo hacer que te sientas todavía más sucia.

—Olvídalo. Neville y yo necesitamos dormir.

—Neville —Se rio— Jesús. ¿Sabes?, por esto es por lo que deberías venirte a vivir conmigo. ¿Quién más te oiría alegremente balbucir todas estas locuras?

—¿Estás oyendo «alegremente»? —ironicé— No quiero imaginarme cómo te verías oyendo «taciturnamente».

De repente, se puso mortalmente serio.

—Sakura, lo siento. Sé que te hice daño y te decepcioné.

—Sueles cambiar de opinión, Sasuke. Mucho.

—Lo sé —Exhaló y me lanzó una mirada circunspecta— Pero ahora también sé que sin ti soy un lamentable e inútil saco de mierda.

Fruncí el ceño.

—Eso ha sonado demasiado específico.

—Puede que tu padre me haya llamado así un par de veces en los últimos meses.

—Vaya —Esbocé una amplia sonrisa— Así que mi padre te pone apodos cuando estás conmigo y también cuando no. Debe de ser duro.

—Lo que no quiere decir que no tenga razón en ambas ocasiones —Soltó un suspiro— Si unas citas es todo lo que estás dispuesta a ofrecerme ahora mismo, me conformo. Gracias.

Extendió el brazo y me agarró de la mano. Nuestros dedos se entrelazaron por puro instinto. Era como hacer dibujos en la arena a la orilla: las olas los borran como si tal cosa. Pero mi confuso corazón ya no podía soportar más decepciones. Por ahora, solo seríamos amigos, le gustara a Sasuke o no. Daba igual todos los encantos que pudiera desplegar en las citas.

—Que sepas que siempre serás bienvenida a mi casa —dijo en voz baja— Pide lo que quieras y lo tendrás, preciosa. Pero aquello no era cierto. No del todo.