Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 15

La persona sustituta había hecho un trabajo estupendo. Cuando regresé no solo no había nada pendiente, sino que todo estaba actualizado y razonablemente organizado. Ni yo ni la oficina éramos muy distintas a la última vez que había estado allí. Aunque mi cintura, ahora en expansión, me había obligado a descartar parte de mi guardarropa. Por suerte, tenía algunos vestidos de verano más sueltos. Ese día llevaba un falda hasta la rodilla y un suéter verde sin mangas y con un cuello que no mostraba demasiado mi recién aumentado escote.

Comodidad ante todo.

Pero también era un atuendo que quedaba muy bien con un brazalete de resina ámbar y unas sandalias. Tal vez podría llevar eso del embarazo con estilo. O al menos sobrevivir con un poco de mi dignidad intacta. Había algunos murmullos y miradas disimuladas por parte de los empleados, pero nada demasiado malo, sobre todo teniendo en cuenta que yo misma habría catalogado mi estado como el escándalo local del siglo.

La noche del domingo también la pasé en la habitación de invitados de Sasuke. Shizune hizo todo lo posible por parecer inocente, pero yo estaba convencida de que era perfectamente consciente del efecto que sus noches de sexo desenfrenado tendrían en mí. Vaya dos enfermos estaban hechos. Echándome de su casa con sus vulgares y sonoras cópulas. Deberían haberse avergonzado de sí mismos. Como tuviera que volver a escuchar su grito de «sí, mi león, sí» otra vez, seguro que empezaban a sangrarme los oídos. Los padres que mantenían relaciones sexuales iban contra natura y debería existir una ley que lo prohibiera. Ya pensaría después en qué situación me dejaba esa nueva ley cuando el bebé naciera.

Sasuke, por su parte, estaba encantado de tenerme de nuevo en su casa y, en el fondo, yo también. Mientras durmiera en mi propio cuarto no cruzaríamos ninguna línea importante. Y solo iba a ser de forma temporal.

Me fijé en un hombre mayor, vestido con un traje de rayas, que entró en la oficina. Contrajo la cara mientras revisaba todo a su alrededor. Por el gesto de asco que puso no debió de gustarle nada. Tardé un rato en reconocerlo. Era el padre de Sasuke; los años parecían no haber pasado por él.

—¿Está Sasuke Uchiha?

—Ahora mismo está fuera, pero no creo que tarde mucho en volver.

Me miró fijamente; le salieron unas arrugas en la boca, y no precisamente por una sonrisa.

—¿Tú eres la niña, verdad?

—Sí, soy «la niña» —Giré las ruedas de la silla para colocarme frente a él directamente. Hablé con excesiva cortesía— En realidad, en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo, cuando alguien habla de «la niña», se está refiriendo a mí. ¿A que es increíble?

Frunció el ceño ante mis palabras. Yo me limité a seguir mirándolo con una sonrisa. Ser una listilla casi nunca te solucionaba un problema, pero hacía que fuera mucho más divertido cuando estabas metida en uno.

—Te recuerdo —Hizo una mueca de disgusto. Si hubiera tenido uno de esos bigotes típicos de los villanos hubiera bordado el papel— Te trajo a casa ese día.

—Cierto.

—Y ahora estás…

—Papá —Sasuke entró en la oficina y dejó su tableta y las gafas de sol en la parte superior de mi escritorio— No sabía que tenías pensando pasarte por aquí.

—Tu hermana me llamó.

Sasuke bajó el tono de voz.

—Bien.

—Debería haberme enterado por ti —dijo su padre.

Sasuke puso los brazos en jarras y lo miró.

—Y te habrías enterado cuando hubiera estado preparado para contártelo.

—¿Cómo has podido ser tan tonto?

—Puede que el embarazo haya sido inesperado, pero Sakura y yo estamos muy felices con la noticia.

—Pagarás por este error durante dieciocho años. —Clavó el dedo en el pecho de Sasuke.

—Papá…

—Esa cría ya te ha echado el guante. Muy pronto tendrás un mocoso desagradecido drenándote hasta la última gota de sangre.

—Ya es suficiente.

—Dejarte cazar por un trozo de carne joven —espetó, salpicando gotas de saliva por los labios— Creía que eras más listo.

Me puse completamente tensa, pero me quedé quieta y callada.

—¡He dicho que ya es suficiente! —Sasuke agarró a su padre del brazo y lo empujó hasta la puerta— ¿Cómo te atreves a presentarte aquí e insultarla? Por esto exactamente no te lo dije, papá. Y esta es también la razón por la que nunca formarás parte de la vida de mi hijo.

El señor Uchiha abrió los ojos como platos.

—¿Q… qué?

—Ni loco voy a permitirte estar cerca de mi hijo —dijo Sasuke apretando la mandíbula. Le temblaban las manos— Siento que mamá muriera, pero todos la perdimos. Todos tuvimos que pasar por eso. Y en lugar de ser un padre decente y estar ahí para Hinata y para mí, en vez de mostrarnos un ápice de amor de vez en cuando, te convertiste en un soberano imbécil que no desearía ni al peor de mis enemigos.

Su padre balbució algo, indignado.

—Se acabó —continuó Sasuke— Lo sigo en serio. Acabas de arruinar cualquier mínima posibilidad que hubieras tenido de conocer a tu nieto. Ahora vete de aquí y no se te ocurra volver.

El hombre se irguió y salió corriendo por la puerta. Los oídos me pitaron ante el repentino y sepulcral silencio que se instaló en la oficina. Aunque muy pronto lo sustituyó el sonido de mi corazón acelerado.

Mierda.

—Por Dios, qué gilipollas —dijo Fitzy, parado en el pasillo al lado de mi padre.

Mierda, teníamos a todo un público pendiente. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaban allí.

Sasuke se dio la vuelta; lucía un gesto tenso y una mirada sombría. Era como si se hubiera cerrado por completo. Herméticamente.

—¿Te encuentras bien? —pregunté. No me atrevía a tocarlo.

—Sí —respondió él, recogiendo las gafas de sol, pero dejando la tableta— Siento todo esto. Y tú… ¿estás bien?

—Sí.

Sasuke asintió con la cabeza.

—Bien. Bueno. Yo… eh… voy a salir un rato.

Fitzy, mi padre y yo asentimos, pero nadie dijo nada. Contemplamos en silencio cómo Sasuke seguía a su padre por la puerta, aunque dudaba mucho de que se produjera una de esas escenas de reconciliación lacrimógena en el aparcamiento. Me preocupaba más que le diera un puñetazo a ese desgraciado. Eso sí sería un auténtico desastre. Corrí hasta la puerta acristalada. Nada. No vi al padre de Sasuke por ningún lado. Al menos había tenido el buen juicio de esfumarse. Sasuke se subió a la pick-up, dio un portazo y salió del aparcamiento dando marcha atrás. Continué mirándolo hasta que desapareció de mi vista.

Mi padre apoyó suavemente las manos sobre mis hombros.

—Estará bien, cariño. Solo dale tiempo para calmarse. Me alegro de que por fin mandara a la mierda a ese imbécil. Ha tardado demasiado.

Asentí.

—Sí. Estará bien.

—Por supuesto.

Pero no lo tenía tan claro.

—No parece un hombre muy agradable —dijo Shizune después de la cena.

—Eso es quedarse corta.

Mi padre se había ido a la cama con una novela de suspense en la mano. Tal vez estaban tomándose un respiro de sus orgías nocturnas. O puede que por fin hubieran aprobado mi nueva ley de prohibir el sexo parental.

Gracias a Dios.

Shizune y yo estábamos sentadas en el porche delantero para poder estar pendiente de la casa de Sasuke. No había dado señales de vida en toda la tarde y ahora, que eran más o menos las diez, su vivienda seguía a oscuras. Había intentado llamarlo, pero no respondió. ¿Dónde se encontraba? ¿Qué estaría haciendo? ¿En qué estaría pensando? Tenía que haberle dolido cerrarse en banda a su progenitor después de todos esos años. Y aunque seguramente era lo mejor que podía haber hecho, no dejaba de ser su padre.

—A algunas personas no se les debería permitir ser padres —Shizune giró la copa de vino— La hermana de Sasuke debería haber sido más sensata y no soltar la noticia al hombre de esa forma.

—Mmm.

Hacía un rato que había llovido, haciendo que el aire oliera a limpio y a vida. Del suelo ascendían aromas a tierra y a hierba con un leve toque a franchipán, a eucalipto y a otras plantas en flor. Las ranas croaban en el jardín. Resultaba difícil echar de menos las luces de la ciudad estando rodeada de tanta belleza.

Bostecé hasta casi desencajarme la mandíbula.

—¿Por qué no te vas a dormir y hablas con él por la mañana?

—No, voy a esperarlo allí —dije, levantándome de la silla de mimbre.

—¿Y si Sasuke no quiere hablar?

—Eso depende de él. Solo quiero darle la opción y saber que está bien.

—¿Y si trae a alguien con él? —Sus ojos oscuros brillaban bajo la tenue iluminación— Cuando está de mal humor, suele beber, y cuando bebe… Bueno, a la gente no siempre le resulta fácil deshacerse de sus hábitos, cariño.

Tragué saliva.

—Entonces supongo que volveré aquí. No soy su dueña… me refiero a que no estamos juntos.

—No quería hacerte daño —dijo en voz baja.

—Lo sé. Pero Sasuke ha pasado demasiado tiempo de su vida solo.

—Fundamentalmente porque así lo ha querido.

—Sí —reconocí, intentando explicarme— Si no me quiere allí, entonces me iré. Pero siempre ha sido mi amigo antes que nada. Si otra persona hubiera pasado por lo mismo que ha pasado hoy él, querría que supiera que me tiene a su lado por si necesita hablar.

Shizune se limitó a asentir.

—Siempre tendrás nuestra puerta abierta, cariño.

—Gracias. Buenas noches.

Crucé la calle en pijama y con sandalias Birkenstock. Llevaba el pelo recogido en una descuidada coleta. Como Sasuke viniera acompañado de alguna chica despampanante, iba a tener un aspecto de muerte. No. Sasuke no tenía ninguna silla en el pequeño porche delantero. Debería haberme llevado algún cojín. Decidí sentarme en el peldaño superior, que estaba seco, apoyándome contra la barandilla para intentar ponerme más cómoda. Tal vez estaba cometiendo una tontería. Mi vida estaba llena de preguntas. Sobre todo la que quería saber qué leches estaba haciendo. Supongo que, al final, solo haces lo que crees que está bien. Lo que esperas que otra persona hiciese por ti.

Al final, las luces de la casa de mi padre y Shizune se fueron apagando hasta que solo quedó encendida la tenue luz del porche. Ahora solo estábamos yo, la penumbra y mis buenas intenciones. Eso debería ser suficiente.

Horas más tarde, me desperté mientras me levantaban unos fuertes brazos.

—Tranquila, preciosa, soy yo.

—¿Sasuke?

—Debería haberte dado un juego de llaves —dijo mientras me llevaba dentro.

Me dolían las extremidades por haberme quedado dormida en medio de las escaleras, pero su olor familiar y el calor de su cuerpo me hicieron sentir de maravilla. La única luz provenía de una lámpara de la mesa lateral, que brillaba suavemente proyectando sombras sobre su atractivo rostro.

—¿Qué hora es? —pregunté mientras mi embotada cabeza iba despertando poco a poco.

—Las once pasadas —Tenía la voz ronca, retumbaba en su pecho, pero era nítida y me estaba agarrando con firmeza. A pesar de lo preocupadas que habíamos estado Shizune y yo al respecto, no había bebido— Siento haberte tenido esperando ahí fuera.

—No ha sido por tu culpa. Quería cerciorarme de que estabas bien.

—¿Sí? —Parecía sorprendido de verdad— No tienes que hacer eso. Estoy bien. No pasa nada.

—Es tu padre.

—Sí, bueno, es una mierda de padre. Ya era hora de que cortara toda relación con él —dijo, depositándome con mucho cuidado en la cama.

Me moví hasta quedarme sentada, manteniendo una mano sobre su brazo. Sasuke se sentó en el borde de la cama, a mi lado. Se le veía cansado. Sus ojos reflejaban el dolor de un niño con el pesar de un hombre adulto. Me partió el corazón verlo de ese modo. Se quedó mirándome durante un buen rato. En ese momento, el mundo pareció hacerse cada vez más pequeño hasta que solo quedamos los dos en medio de la noche.

—Necesitaba pensar —dijo por fin— Fui a la playa y estuve paseando un rato, intentando aclarar mi mente.

Me limité a asentir tratando de contener un bostezo.

—Llamé a Hinata y le conté lo que había pasado. Me pidió perdón —Se frotó la boca— Mi hermana todavía cree que algún día conseguirá romper su coraza de hielo y que por fin tendrá un padre que merezca la pena. Creyó que le alegraría saber que íbamos a tener un hijo.

—Ah.

—Sí —Bajó la mirada hasta mi torso— Tienes una barriga incipiente, Sakura.

—Podría tratarse del pastel, pero prefiero creer que es un bebé.

Sonrió brevemente. Apenas duró un parpadeo.

—Se te ve agotada. Debería marcharme y dejar que duermas.

—Estoy bien —Busqué su mano y jugueteé con sus dedos— Sasuke, si me necesitas, aquí estoy. No me refiero al sexo. No creo… no estamos todavía en ese punto. Pero, sabes que…

—Lo sé —Ahuecó la mano en mi nuca, acercándome para darme un beso rápido— Me alegra que estés aquí. Al final de un día jodido, lo único que de verdad necesito es ver tu cara —Sonreí— Nada de sexo, pero ¿puedo dormir aquí contigo esta noche?

—Claro.

Me tumbé sobre el colchón, poniéndome cómoda. Mientras tanto, él se encargó de cerrar la puerta y apagar las luces. Mostrando una fuerza de voluntad sin igual, no miré mientras se quitaba las botas y se desvestía, dejándose solo el boxer.

Era gris. Está bien, puede que mirara un poco.

El colchón se hundió a mi lado. Volví a buscar su mano y la llevé por debajo del borde de mi camiseta, hasta mi cintura. Así, piel sobre piel, las cosas parecían mejor. Sasuke estaba aquí. Estaba bien. O lo estaría.

—Es curioso —dijo en voz baja, ya completamente a oscuras— cómo crees que has lidiado con toda esa mierda y que puedes seguir adelante con ello, pero sin embargo continúa escondido dentro de tu cabeza, afectando la forma en que ves todo, cómo vives tu vida.

Le acaricié el dorso de la mano en señal de apoyo silencioso.

—Creí que era más listo, más fuerte. Odio haber permitido que eso sucediera.

—Las relaciones con los padres son complicadas.

Soltó un bufido.

—Sí, lo son.

—Confiar tanto en alguien, necesitarlos cuando eres pequeño e indefenso —comenté— Todo el mundo está obligado a cometer un error de vez en cuando. Al fin y al cabo, solo somos humanos. Pero algunas personas, como tu padre, son como si ni siquiera lo intentaran. Como si no quisieran hacerlo.

Me acarició la piel con el pulgar.

—Eso no le va a pasar a nuestro hijo, preciosa.

—Lo sé.

—Hora de dejarlo marchar —dijo, poniéndose de lado y reemplazando su mano con la otra— He terminado con él. Ya no formará parte de mi vida. De nuestras vidas. Hoy he estado pensando mucho.

—¿Ah, sí?

—Sé que no he estado precisamente muy alegre con tu plan, con lo de vivir en tu propia casa y que solo tengamos citas —Sonrió— Pero si eso es lo que quieres que hagamos por ahora, me parece bien. Que vayamos viendo dónde nos lleva esto.

Esbocé una sonrisa.

—De acuerdo. Me parece estupendo.

Bajo la tenue luz pude ver el blanco de sus dientes mientras me devolvía la sonrisa. Esperaba que no volviera a romperme el corazón. Que de verdad supiera lo que estaba haciendo ahora, lo que quería. Pero solo el tiempo lo diría.

—Me encanta cómo te queda ese color, querida. Llevas un vestido muy bonito.

—Gracias.

—Espera un segundo. Perfecto.

Shizune retrocedió un paso, contemplando mi recogido. Porque como era de esperar, se le daba de muerte eso de peinar, igual que todo lo demás. Era sábado por la noche y había terminado de arreglarme en casa de mi padre y Shizune. Formaba parte del plan oficial de citas. A pesar de los nervios que tenía, no me temblaban las manos ni me sudaban demasiado. Menos mal.

—Eres única —dije— Me encanta.

Shizune sonrió.

—Vas a dejar a Sasuke fuera de combate.

Me alisé la parte delantera del vestido bodycon azul que llevaba de tela suave. Mi vientre todavía no era demasiado grande, pero ahora tenía unos pechos espectaculares. Ya que el embarazo iba a darme unas cuantas curvas de más, decidí lucirlas mientras pudiera. El conjunto lo completaban unos pendientes de plata con forma de lágrima, un elegante peinado cortesía de mi madrastra, los labios rojos y los ojos bien marcados. Estaba lista para salir.

—Sasuke ya ha llegado —anunció Shizune— Está sentado con tu padre en el salón.

—Mi padre debe de estar encantado con todo esto.

—Le he pedido que se comporte. Pero es la primera vez que va a enviar a su hija a una cita, así que podemos permitirle algunas concesiones.

—Mmm.

Me siguió hasta el salón. Sasuke estaba con un gesto algo dolorido y dando frenéticos golpecitos con el pie en el suelo. Mi padre, por su parte, estaba sentado en su silla, con una mirada más que moderadamente hostil.

Qué bonito.

—Le he dicho que te traiga a las diez —informó— Y no estoy bromeando.

—Papá.

—Está bien, a las once —claudicó— Puede darte un beso de buenas noches, pero tiene que mantener las manos bien guardadas. Estaré vigilando.

Negué con la cabeza.

Sasuke se puso de pie. Estaba deslumbrante con un traje negro y una camisa blanca abierta en el cuello. Volvía a llevar el pelo con un moderno estilo Pompadour que le hacía parecer un dios del sexo. No caí al suelo desmayada de milagro.

—Hola —dijo— Tengo la sensación de que debería haberte comprado un ramillete.

—Solo tú estás decente. —Sonreí.

—Dios, estás preciosa —Se acercó un poco más, mirándome de arriba abajo. Después, deslizó con suavidad una mano alrededor de mi cintura hasta la parte baja de mi espalda y me atrajo hacía él. Olía de maravilla, a él mismo con un toque de colonia— Soy un hombre afortunado.

—Sí, lo eres —terció mi padre— Que no se te olvide.

Me entraron unas ganas enormes de alzar la cabeza, besarlo, cancelar la cita e ir directamente a su dormitorio. Pero necesitábamos ir paso a paso. Hacer las cosas poco a poco y de forma correcta. Ver si podía funcionar, lo que sinceramente esperaba. Pero ya había estado en este mismo punto una o dos veces más. No exactamente igual, aunque sí parecido. Sí, ahí estaba de nuevo, con el corazón en la mano y todo lo que quería prácticamente a mi alcance. Puede que esta vez él me correspondiera.

—Como sigas mirándome la boca de esa forma, esta cita va a durar muy poco —murmuró en voz lo suficientemente baja para que mi padre no lo oyera.

Parpadeé.

—Tienes razón. Lo siento.

La clave era tener menos pensamientos carnales. Podía hacerlo. Probablemente. Aunque con la revolución hormonal que tenía y lo guapo que estaba no iba a resultarme nada fácil.

El autocontrol nunca había sido lo mío.

Shizune soltó un suspiro de felicidad con la mano apoyada en el hombro de mi padre. Sus ojos nos miraban con cariño, incluso brillaban, como si estuviera a punto de llorar.

—Hacéis una pareja maravillosa.

—¿Estás lista? —preguntó Sasuke.

Hice un gesto de asentimiento y dejé que entrelazara los dedos con los míos, agarrándome con fuerza.

—No nos esperéis despiertos —dije— ¡Y gracias!

Mi padre gruñó algo por lo bajo, pero en ese momento Sasuke alzó la mano libre para despedirse y empezó a sacarnos de allí bajando por las escaleras y llevándonos hasta el camino de entrada donde esperaba su pick-up. La noche era perfecta y venía cargada de promesas. Con cuidado, me ayudó a meterme en el asiento del copiloto.

—Puedo apañármelas yo sola —dije.

—No tendrías por qué hacerlo —Se inclinó y se lamió los labios. En su mirada noté algo raro. Como si en sus ojos se hubiera apagado algo. Justo lo contrario a cómo te mira alguien con intensidad— Estamos haciendo lo correcto, ¿verdad?

Asentí un tanto vacilante.

—En vez del pub local vamos a cenar como es debido. He reservado mesa en un elegante restaurante con vistas a la playa —explicó— Hacen la mejor carne que hayas comido en tu vida, te lo prometo.

—Suena estupendo.

—Muy bien. ¿Cómo te encuentras?

—Bien.

—Estupendo.

Cerró la puerta despacio y rodeó el vehículo para meterse en el asiento del conductor. Cuando el motor cobró vida, vi cómo se agarraba con fuerza al volante. Parecía que estaba aún más nervioso que yo. Lo que era buena señal. Demostraba que se estaba tomando todo aquello en serio, pensando que era tan importante como yo. Un hurra por el sin prisa pero sin pausa. Mis esperanzas alcanzaron cotas inimaginables.

—Me ha dicho tu padre que hoy fuiste a ver un apartamento en Woombye.

—Sí. Era bonito.

Alzó la barbilla.

—Creo que voy a alquilarlo —dije.

—Estupendo. Eso está muy bien —dijo mientras ponía el vehículo en movimiento y conducía a un ritmo tranquilo por la calle— Has encontrado una casa bastante rápido.

—Sí.

Flexionó los dedos contra el volante. Se le pusieron los nudillos blancos y apretó la mandíbula.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Sí. De maravilla.

Al llegar a la esquina, se detuvo y miró el tráfico en ambos sentidos. No venía nadie. No se veía ningún otro faro. Pero por alguna razón, seguimos parados.

—¿Sasuke?

Ninguna respuesta.

—Oye…

—Esto es un asco —Debió de tragar saliva porque vi perfectamente cómo se movía su nuez de Adán— Lo siento. No puedo hacerlo.

Se me cayó el alma a los pies.

—¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso?

—No —Fue lo único que dijo.

Y sin más, dio marcha atrás y dio la vuelta. Volvimos a casa mucho más rápido de lo que salimos. Los ángulos más marcados de sus pómulos destacaban en su rostro e iba con los labios apretados, formando una fina línea. Esto no podía estar pasando.

—No… no lo entiendo.

Me dolía la garganta. Parpadeé un par de veces para contener las lágrimas. Como si eso me fuera a ayudar.

Nos detuvimos en el camino de entrada y Sasuke saltó del vehículo. Me di cuenta de que había dejado el motor en marcha, sin duda para escapar de allí cuanto antes. Había sido una completa idiota.

Otra vez.

¿Cuándo aprendería? Ni siquiera me molesté en discutir con él cuando abrió la puerta del copiloto, me desabrochó el cinturón de seguridad y me sacó de su puta pick-up. Después me agarró de la muñeca y me arrastró de vuelta a casa. Las luces brillantes me deslumbraron; las lágrimas contenidas no me permitían ver con claridad. Mi padre y Shizune estaban en la cocina, preparando la cena. Cuando Sasuke y yo aparecimos en la estancia Shizune se quedó petrificada y mi padre frunció el ceño. Era como si estuviera teniendo una especie de pesadilla. Todo en mi interior se rompía, haciéndose añicos.

—No voy a salir con tu hija —dijo, con la mano todavía alrededor de mi muñeca como si de un grillete se tratara. No apretaba, pero tampoco la soltaba. Intenté zafarme, pero no me dejó.

Todo el mundo se quedó callado.

—Lo siento, Sakura —continuó— Sé que eso era lo que querías, pero es una tontería.

Mi padre se limitó a soltar una especie de gruñido.

—Explícate, Sasuke —dijo Shizune, con un cuchillo muy grande en la mano.

Sasuke, sin embargo, no se percató de la clara amenaza porque estaba ocupado enjugándome una lágrima de la mejilla. Frunció el ceño y volvió a apretar los labios.

—No hagas eso, preciosa.

Lo miré fijamente, estupefacta.

—No voy a salir con la mujer de la que estoy enamorado y que además lleva a mi hijo en su vientre porque lo echaríamos todo a perder —dijo finalmente— Nos vamos a casar.

—¿Que nos vamos a qué?

Sasuke asintió, todo entusiasmado.

—Sí. Nos vamos a casar. Estás viviendo conmigo. Vamos a dejarnos de tonterías, ¿de acuerdo?

Continué mirándolo asombrada.

—No creo que sea bueno para ninguno de los dos —Volvió a limpiarme otra lágrima con cuidado— En serio, preciosa, tienes que dejar de llorar. Se supone que tienes que tomarte las cosas con calma. No es bueno que te alteres de esa forma.

Tragué saliva.

—¿Por qué ahora?

—Porque no podemos esperar más, ¿no te das cuenta? —Sus ojos me miraron suplicantes— Porque si esperamos lo suficiente, entonces tendrás al bebé. Y a mí se me dan muy bien los niños. Me abro a ellos. Tú lo sabes. Ya sea a tu lado, o en la casa de al final de la calle, seré el mejor padre para nuestro hijo.

—Lo sé.

—Y eso me aterroriza.

Parpadeé.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque a los dos nos resultaría muy fácil conformarnos con eso —Sacudió la cabeza con determinación— Y no creo que ninguno de los dos se lo merezca. No durante el resto de nuestra vida.

Shizune se aclaró la garganta.

—¿Debo entender, Sasuke, que ahora mismo estás pidiendo a Sakura que se case contigo?

—Efectivamente —confirmó él— Bueno, no se lo estoy pidiendo. Porque entonces podría decir que no y volver otra vez a eso de ir poco a poco. Te juro que lo he intentado, pero no funciona.

—¿Le estás pidiendo que se case contigo porque la amas?

—Sí.

—Entiendo —dijo Shizune— Aunque no tengo muy claro que ella sea consciente de ese hecho.

Sasuke se volvió hacia mí y se humedeció los labios.

—Te quiero.

—¿En serio?

Asintió una sola vez.

—Más que a mi vida. Querías que te viera, Sakura, pero eres lo único que veo.

—Vaya. De acuerdo. Esto es… mmm… completamente nuevo —Tragué saliva ostensiblemente, intentando recomponerme— ¿Estás seguro? ¿Cuándo te diste cuenta exactamente?

—Después de que volvieras a Sídney.

—Eso fue hace meses.

—Sí. Lo siento —dijo— Me llevó un poco de tiempo aclararme. No sabía qué decir.

Mi padre se cruzó de brazos.

—¿Me estás pidiendo la mano de mi hija?

—No —respondió Sasuke— Te estoy diciendo que la quiero y que nos vamos a casar. Ella lo es todo para mí. Me ha costado darme cuenta, pero ahora lo sé con certeza.

—¿Estás completamente seguro?

—Sí. Absolutamente. Entonces, ¿todo va bien entre nosotros? —inquirió, mirándome de nuevo— No me malinterpretes, preciosa. Me encantaría llevarte a cenar, al cine o a donde quieras. Pero no voy a salir contigo en una cita, porque esto no es temporal, ni algo informal ni nada de eso. Somos tú y yo juntos para siempre, ¿entendido?

—Ajá —dije, todavía asimilándolo— ¿Esto no será algún tipo de reacción al hecho de haya encontrado un apartamento al que irme a vivir?

—No, aunque eso tampoco me hacía la menor gracia.

Me quedé mirándolo fijamente.

—Necesito un sí, Sakura.

—¿Me quieres y eres mío?

—Completamente —contestó sin ningún género de duda.

Reprimí una sonrisa. De pronto, podía volver a respirar y se iba disipando toda la angustia y el dolor de corazón que había sentido hacía unos instantes.

—Vas a tener que pedirme que me case contigo, no solo informarme. No queda bien.

—Sí —Se rascó la cabeza— Siento también eso. Tenía un poco de miedo de haber esperado demasiado y haberlo estropeado todo.

—No, no lo has hecho.

Sonrió. Y esa fue una de las cosas más bonitas que había visto en mi vida.

—Me alegra saberlo.

—Dilo otra vez.

Se inclinó y me besó la comisura de la boca, la mejilla, el lóbulo de la oreja.

—Te quiero, Sakura. Te compraré un anillo del tamaño de una casa, me pondré de rodillas. Haré lo que quieras… solo necesito que me digas que sí.

—¿Ah, sí? —Me relajé contra la dura longitud de su cuerpo, sonriendo de oreja a oreja. Era una locura enorme. No alcanzaba a comprenderlo. Pero el corazón me latía a toda velocidad, la cabeza me daba vueltas y lo único que podía ver era a nosotros dos juntos. A él y a mí formando una familia. Increíble. Tenía un futuro tan prometedor por delante— Sí, me casaré contigo. Lo haré.

—Gracias.

Fue todo lo que dijo.