Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Epilogo
—¿Qué haces viniendo aquí tan sigilosamente?
—Como un ninja —agregué— Tan sigilosamente como un auténtico ninja. Eso es lo que querías decir exactamente, ¿verdad?
Sasuke se echó a reír. La luz me deslumbró mientras mi hombre se acercaba a mí con una sonrisa en el rostro.
—¿Qué haces viniendo aquí como una ninja embarazada, con una llave de la puerta principal?
—No menoscabes mis habilidades —resoplé— Nosotros, los ninjas, siempre vamos preparados.
—Lo siento —Me agarró por la cintura— Has decidido rebelarte contra la norma de que los novios no deben verse la noche antes de la boda, ¿eh?
Me encogí de hombros.
—Me aburría. Y me he puesto nerviosa. Así que he pensado que podía venirme a casa.
A pesar de las protestas de Shizune, habíamos organizado la boda sobre la marcha e íbamos a casarnos solo un mes después de que me lo pidiera. A Shizune le habría encantado organizar una boda por todo lo alto, seguramente después de que el bebé naciera. Pero Sasuke y yo solo queríamos una ceremonia sencilla en la playa. Quería tomarme las cosas con calma y disfrutar del momento en el que estábamos.
—Buena idea —dijo él— Te he echado de menos.
—¿Ah, sí?
En vez de responder con palabras, me lo demostró besándome lentamente. Seduciéndome con sus labios. Por supuesto, estuvo más que bien, pero no era suficiente. Nada era suficiente en lo que respectaba a él. Lo siguiente que supe fue que tenía su lengua dentro de la boca y, oh, Dios mío, me encantaba su sabor. Me aferré a su camiseta mientras sus manos me agarraban del pelo, sujetándome. Antes de darme cuenta me tenía arrinconada, apoyada contra la puerta principal. No estaba intentando escapar. Caray, no. Lo que intentaba era encaramarme a él, rodear su cintura con mis piernas y no dejarlo ir jamás. Me asió del trasero, acomodándome encima de él.
—¿Dormitorio? —preguntó, respirando con dificultad.
Se le veía tan excitado como yo.
—Aquí. Contra la puerta.
—¿Estás segura?
—Sí, vamos.
Chasqueó la lengua.
—Siempre con tanta prisa. Tenemos que ir más despacio, mi preciosa carga.
—Neville está profundamente dormido —gemí— Estamos bien dispuestos. Es nuestra última oportunidad de tener sexo fuera del matrimonio. Además, existen muchas probabilidades de que mañana te pases toda la noche quitándome pacientemente las mil horquillas que llevaré mientras yo me siento en algún lado exhausta. Te recomiendo que saques tajada ahora que puedes.
Sasuke solo se rio un poco más… Dios, me encantaba ese sonido.
En breve tendría una barriga demasiado grande para esta postura. Lo mejor que podíamos hacer era aprovechar la oportunidad. Además, estaba situada en el lugar perfecto para que pudiera frotar su dureza sobre mí. Nuestras bocas se fundieron mientras se bajaba los pantalones y se sacaba el miembro. No hubo tiempo, ni necesidad, de quitarme los holgados pantalones cortos de pijama. Sasuke simplemente apartó la tela, alineó su pene con mi vulva y lo hundió hasta la base.
—Sasuke —suspiré, agarrándome a él con todas mis fuerzas.
Enterró la cara en mi cuello y me folló lentamente y sin apenas dificultad. El movimiento de su pelvis penetrándome hasta el fondo era perfecto. La forma en que su cuerpo acunaba el mío, sosteniéndome contra la puerta, fue preparándome para alcanzar un delicioso orgasmo. Mi clítoris palpitaba al mismo ritmo que el corazón, mis entrañas cobraban vida, sufriendo de necesidad. Cuando frotó la pelvis contra la mía, os juro que mi sangre se convirtió en una lava más ardiente que el sol. Poco a poco fue acelerando las embestidas, aumentando su intensidad. La puerta empezó a traquetear con cada envite mientras que de la garganta de Sasuke emergían roncos gemidos. Éramos como dos animales a punto de casarse en medio de una especie de frenesí de apareamiento. Le clavé las uñas en el cuello y en la espalda, instándolo a que siguiera empujando. El clímax iba llegando poco a poco, me ardían los pulmones y el corazón me latía desaforado.
Estaba completamente centrada en él, en lo que me estaba haciendo. Nada más importaba.
Cuando por fin alcancé el orgasmo, me atravesó por completo, haciendo que mi mente flotara libre. Mi cuerpo se convirtió en una temblorosa masa de carne. Oí a Sasuke gritar, embistiendo con su polla más y más hasta que comenzó a disminuir la velocidad.
Cuando terminamos, me bajó con cuidado al suelo y me apartó el pelo revuelto de la cara. Su pecho ascendía y bajaba ostensiblemente, intentando recuperar la respiración.
—¿Estás bien, preciosa?
—Mmm.
—Venir aquí y usarme para relaciones sexuales la noche antes de nuestra boda —Negó con la cabeza— Deberías de sentirte avergonzada.
Y lo habría estado si no hubiera estado bostezando.
—Venga. Hora de acostarse, mi ruborizada novia.
Me tomó en brazos y me llevó al dormitorio en plan romántico total. A nuestro dormitorio. Mi ropa ocupaba la mitad del armario, el baño estaba invadido por mis productos cosméticos. Y a Sasuke no le importaba en absoluto. Había movido el despacho a la habitación que estaba en el otro extremo de la casa para que el cuarto que estaba más cerca del nuestro se convirtiera en la habitación del bebé. Todo iba como tenía que ir. Porque así era como mejor estábamos, juntos.
—Te quiero —susurró, depositándome en medio de la cama antes de encaramarse también a ella.
—Yo también te quiero.
—Menos mal —bromeó— De lo contrario podría haberme sentido muy incómodo.
Solté un resoplido.
—¿Quieres casarte mañana? —preguntó con un deje de sonrisa en su voz.
—Mmm, ¿por qué no?
Esbocé una amplia sonrisa que rebosaba felicidad. Estaba abrumada por esa sensación que tienes cuando todo el universo es como debería ser. Una sensación tan rara como hermosa.
—Muy bien —dijo— Parece que tenemos un plan.
