Capítulo 11

Acababa de dormir la mitad de un día entero enredada con Severus Snape.

La había engañado para que durmiera en su cama, empleando un hechizo de compulsión nada menos. Si eso no era humillante no estaba segura de qué lo era. No había caído en un hechizo de compulsión desde que Ron lo había empleado para hacerle escribir un ensayo de adivinación por él en 5º año. Había vuelto a intentarlo un mes más tarde, y ella había respondido con un maleficio de escozor tan poderoso que él había pasado una noche en la enfermería. Pero obviamente, un hechizo de compulsión ejecutado por un estudiante, y uno ejecutado por un maestro espía tenían magnitudes diferentes de sutileza.

Independientemente, la había engañado para meterse en su cama, descuidado despertarla cuando dijo que lo haría (sí recordaba que acordó despertarla, ¿no?) Luego cuando le había entrado sueño, simplemente había agrandado la cama mágicamente y se había arrastrado dentro con ella.

Debería estar más que furiosa con él. ¿No?

Pero no lo estaba. No realmente. Ya no, de todos modos. Ahora que se había enfriado, se sentía curiosamente… conmovida. Él era un alma privada, los dioses lo sabían, y aun así había compartido su espacio más privado con ella. Era, sospechaba, un acto de gran intimidad desde la perspectiva de él.

Y ella había dormido. Dios si había dormido.

No sabía si ella misma se había envuelto a su alrededor, o si él había maniobrado la posición en que despertó, pero de cualquier modo, se había sentido más segura y descansada en sus delgados brazos de lo que jamás lo había hecho en los musculosos de Malcolm.

Chico, si estaba en problemas.

. . . . . . . . .

Extracto de "Oído en la Ciudad", una revista mágica de las novedades en el Mundo Mágico.

Diario El Profeta.

"…Y por fin, está programado que el antiguo Director de Hogwarts y héroe de guerra Severus Tobías Snape sea dado de alta mañana del Hospital San Mungo, donde ha estado recuperándose de un prolongado coma mágico. Antes de esta interrupción inesperada, la colaboradora de El Profeta Rita Skeeter cubrió el despertar del hombre en un artículo anterior. Sin embargo, el diario no ha visto evidencia que corrobore sus sospechas de que la enfermedad y recuperación del Profesor Snape estén conectadas de ningún modo a acciones nefarias por parte de la amada heroína de guerra, y respetada directora de San Mungo, Hermione Granger. El Diario el Profeta se une a todo el Mundo Mágico en desear al Profesor los mejores deseos de una rápida recuperación."

. . . . . . . . .

Severus Snape examinaba las opciones de vestuario que su administrador le había traído. El sastre que había hecho toda su ropa no había, al parecer, sobrevivido a la guerra. Lástima.

Su hombre había hecho todo lo que pudo por encontrar alternativas adecuadas. Los pantalones negros le sentaban admirablemente, a pesar de las dos stones que todavía tenía que recuperar. La camisa de vestir blanca era adecuada, aunque el tejido no estaba todo lo almidonado que prefería. Ambos chalecos, sin embargo, eran de manufactura tosca, y absolutamente inaceptables. El jersey, mientras que probablemente era bueno para leer frente al fuego, era uno con el que no sería visto en público.

Pero la túnica, al menos, era perfecta. Había sido un conjunto que había dejado en Hogwarts y se había almacenado todos estos años con todas sus demás posesiones mundanas a cargo de su administrador. Aunque no la llenaba como debería, la túnica era de buen corte y confección de calidad, y sentaba a su altura y hombros perfectamente.

Tiró de los puños, luego aplicó un pequeño encantamiento cuando se negaron a permanecer en su lugar. Tomó nota de incrementar la circunferencia de sus antebrazos durante su recuperación.

Ahora completamente vestido, se inspeccionó en el espejó. Todavía tenía un aspecto más frágil de lo que le habría gustado, pero su cuerpo estaba una vez más erguido y adecuadamente alineado. Había recuperado el equilibrio, y algo de su facilidad de movimiento, y su rostro había pasado de esquelético a meramente demacrado. Sin embargo, a diferencia de antes de su largo sueño, no parecía ni exhausto, ni tenso. Con todo, serviría.

Una llamada familiar sonó en la puerta. Granger Adulta. Bien. Había hecho todo lo que pudo para no considerar que Granger podría no ser lo suficientemente flexible para verlo antes de su partida, aunque la posibilidad le había inquietado. No necesitaba haberse preocupado. La pequeña Gryffindor habría considerado una cobardía mantenerse lejos. Tanto mejor.

"Pase."

Granger entró, su habitual portapapeles a remolque, su halo en su estado habitual de arreglado desarreglo. Notó que los efectos de su largo sueño dos días antes no la habían abandonado por completo; todavía parecía más descansada de lo habitual. Estaba… bien verla.

Ella entró y se congeló. "Se ha hecho crecer el pelo."

Él alzó una única ceja. "Mientras que comprendo la conveniencia de mantener mi cabeza esquilada durante mi gran descanso, no veo motivos terapéuticos por los que debería mantenerlo corto ahora que estoy reanudando una vida normal."

"No, por supuesto que no. En absoluto. Simplemente me había acostumbrado a él corto, eso es todo."

Y así es como estaba su cabello cuando me besó sin sentido, pensó ella, un escalofrío recorriendo su cuerpo.

Él no pareció notar su malestar. "¿Leyó el Profeta ayer?"

"Lo hice. Fascinante, ¿no? Cómo calumnian en la portada, y se retractan en letra pequeña."

Él se encogió de hombros. "¿Puso a Potter tras esa mujer Skeeter?"

Hermione sonrió con suficiencia y agitó su varita en un arco, conjurando un Silencio. "Puedo manejar a Skeeter muy bien por mí misma, muchas gracias. De vez en cuando necesita un pequeño recordatorio de lo que ocurre cuando mete su inmunda probóscide en mi vida. Así que ahora está tomándose unas pequeñas vacaciones para hacer memoria. En un terrario muy agradable. Por un mes o dos."

Él ladeó la cabeza en interrogación.

Ella hizo un gesto hacia su copia del profeta, "Animago no Registrado: Insecto." Se señaló a sí misma. "Cazamariposas." Dejó que eso calara, y fue recompensada cuando él ladró una carcajada. Ella le sonrió ampliamente. "Es una historia larga y sórdida. Ella y yo hemos estado en guerra durante años. Si tiene suerte, se lo contaré en algún momento."

"Para ser Gryffindor, parece ser un enemigo formidable. Estoy… impresionado."

"Sí, bueno, debería mantener eso en mente antes de lanzar cualquier otro hechizo de compulsión."

"En efecto. ¿Puedo asumir que esta conversación significa que ha decidido no estar enojada conmigo por más tiempo?"

Ella suspiró. "Estar enojada con usted por ser Slytherin es como estar enojada con un tifón por escupir lluvia. Digamos que he puesto su comportamiento en contexto."

"Bien. El contexto es valioso. Mis intenciones eran honorables."

"Comprendí eso. Y sí, el contexto es valioso. Es por lo que estoy aquí para darle un poco. Puede considerarlo su regalo de despedida."

"¿En efecto?"

"Me pidió que le proporcionara notas más detalladas del día que despertó."

"Y lo hizo. ¿No?"

"Sí, bueno, lo que le di era la historia oficial. De la que, estoy bastante segura, ya dedujo faltaban una o dos cosas. Que compartiré con usted ahora si tengo su palabra de estricta confidencialidad."

"La tiene. Continúe."

Hermione asintió. "Como mis notas indicaban, una vez tomé contacto con usted, y lo convencí de dejar caer su escudo oclumántico, le llevé un simulacro de filtro renervante hechizado. Su decisión de tomar la poción en su coma motivó su administración a su cuerpo en el mundo real.

"Sí."

"Bueno, quería que supiera que no fue la única poción que le ofrecí aquel día. Le di una opción." Metió la mano en el bolsillo, y sacó un pequeño vial de poción púrpura. "También sentía que era mi deber ofrecerle esto…

"Había hecho tanto, y había estado atrapado en el limbo durante tanto tiempo. No podía estar segura de si querría regresar."

Él tomó la botella, la descorchó, se asomó dentro, se la llevó a la nariz, e inhaló profundamente.

"Pacem Nox." Dijo. Una sonrisa desnuda apareció en sus labios. "El más dulce, más placentero de los venenos mágicos. Terriblemente difícil de elaborar." Volvió a olisquear. "¿Es de su propia manufactura?"

Hermione sonrió y sacudió la cabeza. "Sí, por supuesto que lo es. No iba a comprarlo, ¿verdad? Y por cierto, eso es EXACTAMENTE lo que dijo la primera vez."

"¿Lo es? ¿También comenté el hecho de que esta poción es una sustancia restringida de clase E, que puede hacerle ganarse un billete de sólo ida a Azkabán?"

"No lo hizo. Pero soy consciente del hecho."

"Y aun así, me la trajo. Asumo que también estaba hechizada para administrarse si así lo escogía. Entonces, la Medibruja Granger me ofreció una muerte fácil, sin dolor."

"Lo hice."

Él acarició el vial con aparente cariño." "¿Marinó la piel de Silf adecuadamente?"

Ella resopló. "Bueno, usted no es nada sino consistente. Sí, por supuesto que lo hice."

"Fue… honorable que estuviera preparada para hacer esto." Hizo una pausa, una mirada de consideración en su rostro. "Estoy francamente sorprendido, dado que mi tarea estaba hecha, de no haber escogido esa opción. ¿Parecí considerarlo?" Parecía fascinado, más que horrorizado por ese hecho.

"No. No creo que lo hiciera. Parecía bastante seguro de que deseaba regresar."

"¿Así que mi nuevo interés en la vida es anterior a mi regreso?"

"Al parecer sí."

"Encuentro… fuera de carácter que mi interés en la vida haya regresado con tanto vigor. ¿Un efecto secundario del coma?"

"Quizá. Estaba… alerta allí. ¿Quién sabe a qué estaba dispuesto su subconsciente? O quizá, simplemente descansó lo suficiente. Entonces, ¿no ha recordado nada más?"

"El ambiente blanco que describió. Destellos de recuerdos de mi vida. Nada más."

"Bueno, eso es más de lo que recordaba en un principio. Quizá obtendrá más a medida que pase el tiempo."

"Quizá. No importa. Lo que fuera que experimenté… debo… agradecérselo. Por estar dispuesta a ofrecerme paz. Es más de lo que se me ha ofrecido en cualquiera de mis otros roces con la muerte." Le devolvió la botella.

"No hay de qué. Sentía que antes de que saliera al mundo, necesitaba saber que tenía elección. Saber que escogió esto… Sólo en caso… de que las cosas se pusieran difíciles."

"Comprendido. Al igual que el hecho de que asumiera un gran riesgo personal para traerme esto. No lo olvidaré."

Hermione hizo desaparecer el vial de veneno, hizo una pausa, tomó un par de profundas respiraciones para darse fuerza. "La otra cosa es menos grave. Más… divertida, en realidad. Pero aun así, parte de la historia que merece saber. Ya ve, cuando llegué por primera vez a su mente, usted no era consciente de que yo era… real."

"¿La tomé por un producto de mi imaginación?"

"Eso creo."

"Dada la escasez de mi entorno en aquel momento, puedo imaginar por qué podría haber sido el caso. Sólo puedo asumir que estaba famélico de información sensorial. ¿Y qué ocurrió como resultado de esta asunción errónea?"

"¿Ocurrió?"

"No habría planteado este tema de no haber causado algún problema mi malinterpretación de su llegada. ¿Qué ocurrió?"

"Me besó."

"¿Lo hice?" Él pareció sorprendido por un momento, luego pensativo, mientras su metódica mente encajaba velozmente las piezas del puzle. "¿Y qué hizo usted?"

El rubor, ya extendiéndose por su pecho, comenzó a oscurecerse.

"Asumo que el beso a que se refiere no fue un suave pico en la mejilla. ¿Qué medidas tomó?"

El rubor, se extendió más. "Lo detuve."

"¿De inmediato?"

Más oscuro aún. "No. No de inmediato. Pero en cuanto recuperé el sentido."

"Ah, ya veo. Y esto indudablemente hizo las cosas… incómodas para usted."

Hermione sacudió la cabeza. "No, no incómodas. Bueno, un poco a veces. Pero ciertamente no insuperables. Soy una chica grande. Aunque que yo lo recordara, y usted no, bueno, no se sentía del todo… correcto."

"Comprendido. Gracias por iluminarme. ¿Hay algo más sobre aquel día que desee revelar?"

"No. Eso lo cubre todo."

"Entonces, me ofreció la muerte, y la besé."

"No en ese orden, pero sí."

"Interesante."

Ella resopló. "Sí, ciertamente eso pienso."

En ese momento, una llamada sonó en la puerta. Hermione agitó su varita para cancelar su Silencio.

"Bueno, aquí está su conductor del ministerio. Y todo lo que queda es que firme los papeles del alta. ¿Firma aquí? George, entra, por favor. Los bolsos del Profesor Snape están ahí mismo."

"Sí, mamá."

"¿Y cómo está tu esposa? ¿Ya levantada?"

El rostro de George estalló en una amplia sonrisa escarpada. "Bien como la lluvia, y dos veces más guapa."

"Me alegra tanto oírlo. Le enviarás mis mejores deseos, ¿vale? Y cuida bien de tu pasajero aquí presente, ¿vale?"

"Puede contar con eso, Mamá. Todos sabemos lo que hizo por nosotros. Profesor, tómese su tiempo, cargaré esto en el coche."

Hermione recuperó el portapapeles que Snape le ofrecía. Su esquina inferior derecha mostraba ahora los garabatos de araña del Profesor.

"Y eso es todo. Por la presente está oficialmente dado de alta a su propio cuidado. Profesor, en nombre del personal de San Mungo, le deseo mucha suerte en lo que sea que haga a continuación." Extendió la mano.

Snape, su rostro grave, sus ojos oscuros e ilegibles, le tomó la mano. "Madame Directora."

Hermione sonrió. "Profesor Snape."

Él se inclinó. Girándose para marcharse, su familiar capa arremolinándose a su alrededor, hizo una pausa y volvió a mirarla, su expresión calculadora.

"Hasta que volvamos a encontrarnos, entonces."

Fin del Capítulo 11