Capítulo 12

Severus Snape puso el pie sobre la pala, cavó, e inspeccionó su nuevo dominio con profunda satisfacción. Para su mente, el olor a estiércol de gallina compostado proporcionaba un agradable contrapunto a los otros aromas del otoño. Y la visión, de tierra completamente vuelta… para él, eso también era hermoso. Era el libro no escrito definitivo, ¿no? Suelo: enriquecido, aireado, meticulosamente libre de piedras y ramitas, preparado para cultivar… cualquier cosa.

No había empleado ni un poco de magia para preparar su pedacito de tierra. No, había cavado y vuelto cada pie cuadrado a mano. Aunque su cuerpo había protestado por el vigor con que había asumido su tarea, sabía que la pureza de sus ingredientes se vería enormemente realzada por sus esfuerzos. Y si eso había complementado el riguroso programa de entrenamiento que había ideado para restaurar su cuerpo a toda su fuerza, tanto mejor.

Él y el jardín. Ambos… preparándose. Ninguno de ellos seguro de para qué.

Incluso así, era hora de descansar, a menos que sobre-esforzara sus músculos. Como solía ocurrir en estos momentos, visualizó la desaprobación de Granger Adulta si se lastimaba por esforzarse demasiado. Resopló. Estos días, su subconsciente tomaría cualquier excusa para pensar en la de cabello rizado.

Era excesivamente molesto. Aquí estaba, disfrutando de la primera libertad en su vida adulta. Su día, por primera vez, estructurado completamente por su propia mano. Sus prioridades, en su totalidad, las suyas propias. Excepto por esto. La insistencia de su subconsciente en que pasara una abominable cantidad de tiempo pensando en Granger era condenadamente inconveniente.

Quizá su subconsciente tenía buenas razones para desear a la bruja. Él, después de todo, todavía no había tenido el placer de aplastar su boca sobre la de ella; su subconsciente lo había tenido. (Parecía incorrecto envidiar a su subconsciente la experiencia. ¿No?) Pero él era el amo aquí. Decidiría lo que ocurriría y lo que no, y no deseaba enredarse con nadie, sin importar cuán deseable pudiera ser la bruja.

Que la deseaba… bueno, eso no parecía estar en cuestión, ya no. Las primeras noches tras su alta, había hecho un poco de exploración en el pub local, preguntándose si quizá estaba deseando mujer, genérica, más que mujer, específica. Por desgracia, aunque había obtenido mucho más interés del que había cosechado en cualquier otro momento de su vida, y aunque las partes en cuestión habían sido más redondas, más delgadas, más bonitas, más claras, más rubias, más morenas que Granger, no había sentido deseo de profundizar el conocimiento. Había enviado a cada una a su alegre camino con el peso de la comprensión amaneciendo en su mente.

No era mujeres, en general, lo que quería. Era mujer, específica.

Condenadamente inconveniente, de hecho.

. . . . . . . . .

Hermione inspeccionó la mesa ante sí con calor en cada vena. Parte de ello era el vino, por supuesto, pero principalmente, principalmente era la compañía. Aunque los tres todavía cenaban juntos cada jueves, los lunes era noche familiar, y habitualmente era un circo de afecto caótico. Esta noche era aún más estridente, ya que Ron y Megan acababan de anunciar su compromiso.

Estaba Megan, el granate destellando en su dedo, el rostro resplandeciendo de felicidad. Ron, la cara ruborizada de orgullo, el brazo echado protectoramente en el respaldo de la silla de ella. James y Albus, las cabezas juntas, planeando robar otro pedazo de pudín. Ginny fingiendo no ver lo que se traían entre manos, una pequeña sonrisa en los labios. Luna tarareando alegre para sí misma. Rolf explicando apasionadamente su última expedición a Neville, mientras Neville hacía rebotar al bebé Lorcan en su rodilla. Hannah, la esposa de Neville, madura con su propio hijo, observando a los dos con cariño.

Para Hermione, la noche Familiar se sentía… diferente ahora que Malcolm no estaba a su lado. Se dio cuenta de que se sentía en cierto modo deshonesta, trayendo a alguien a quien no amaba de verdad a esta red de cariño y conexión. Él había sido tranquilo y había sido cortés, pero nunca había pertenecido de verdad. Y ahora que ella estaba una vez más por su cuenta, todo parecía estar mucho más en armonía.

Armonía. Sonrió ampliamente para sí misma. Dudaba que hubiera habido ninguna armonía en absoluto de haberse rendido al impulso de invitar a Severus esta noche. Había tenido la nota completa escrita cuando, tras mayor reflexión, había decidido que una reunión así probablemente sería mucho más traumática que terapéutica para él, incluso si lo hubiera convencido de asistir de algún modo.

No había necesidad de arrojar al hombre al extremo profundo de la piscina. Aun así, ahora que había pasado una semana desde su alta, tenderle la mano sería… razonable, ¿no? ¿Una indagación sobre su salud, y bienestar?

"Bueno, no parece que te comieras el canario," dijo Ginny, su mano lanzándose para evitar que la cabeza de Lysander golpeara la mesa. Puede que la mujer se hubiera retirado de las Harpías, pero todavía tenía los reflejos y la visión periférica de una jugadora de Quidditch de primer nivel. "Vigila la esquina, colega," dijo, cuando la niñita pasó zumbando.

"¿Lo parezco?"

"¿Pareces qué? Ah, el Canario. Sí, lo pareces. Pensando en el Profesor, ¿estamos?"

"Pensando en que es hora de que envíe una lechuza a mi paciente… para saber cómo está."

Ginny sonrió ampliamente. "Antiguo paciente. Y sí, creo que ya es hora. Pero, ¿por qué lechuza? Eso es tan impersonal. ¿Por qué no una visita? ¿No quiere la Sanadora evaluar si él está bien? ¿Y no llevaría unas pastas y una botella de vino para hacer que todo pareciera… cosa de buenos vecinos?"

"¿Buenos vecinos? Sólo estamos a una milla de distancia, ¿no? ¡Me gusta!"

Harry, que obviamente había estado escuchando, resopló. "Mujer, ¿estás segura de que fuiste seleccionada en la casa correcta? Tu habilidad en el arte de casamentera está positivamente oculta."

Ginny le dirigió a su marido una sonrisa pícara, y bajó la voz. "Oh, no me cites Orgullo y Prejuicio, sabes que eso me saca de quicio."

"¡Oye!" gritó Ron, desde el otro lado de la mesa, el ceño fruncido. "No estamos hablando de Hermione y Snape otra vez, ¿verdad? Acabo de terminar de comer."

"Oh, vamos," gritó Megan, dándole un puñetazo en el brazo. "Es un héroe."

"¡Me pegó! ¿Viste eso, Albus? Te comprometes con una bruja y en adelante está pegando pegando pegando todo el tiempo."

Albus sonrió ampliamente a su tío favorito. "Eso no es lo que estabas diciendo cuando estabais morreándoos en el jardín antes, entonces estabas diciendo que…"

"Wow-no, no lo digas," dijo Ron, mientras se echaba al niño sobre el hombro, causando paroxismos de risa, "Lo que un hombre dice cuando está besando a una bonita dama no debe repetirse en ninguna parte, ¿comprendes?" Para que la cuestión calara, comenzó a hacerle cosquillas al chico sin piedad.

Ginny gruñó. "Ronald Bilius Weasley, si ese niño vomita, te juro que voy a hacer que lo limpies con esa roñosa camiseta de los Cannons que llevas."

"No llames roñosa a mi camiseta. Es un clásico. Y no harías eso."

"¿No lo haría?" dijo Harry, fingiendo confusión, "¿Cuánto tiempo has conocido a tu hermana? Porque yo la he conocido un tiempo, y estoy bastante seguro de que definitivamente haría eso."

James asintió con la cabeza vehemente. "¡Y también te maldecirá!" Se estremeció.

"Lástima, compinche," dijo él, dejando a Albus chillando de vuelta en el suelo. "No puedo arriesgarme al Hechizo de Espectro Murciélago."

Luna, que acababa de ponerse al bebé Lorcan al pecho, levantó una mano. "¿Por qué no podemos hablar de Hermione y el Profesor?"

"Porque a ella le gusta él," dijo Ron, "Y él es…" se estremeció.

"¡No lo es!" dijeron Hermione, Ginny y Megan al unísono.

"¡También lo es!" dijo Ron.

"Es bastante apuesto, el Profesor como lo recuerdo," dijo Luna, la mano acariciando la cabeza de su bebé soñadoramente. "Más bien como un majestuoso buitre."

Todos se detuvieron, mientras digerían esa imagen. Los esfuerzos de Hermione por no reír hicieron acumularse agua en sus ojos.

Harry, los ojos también sospechosamente llenos de agua, tosió dos veces. "Ves, Ron, viejo amigo, el profesor es tan majestuoso como un buitre. Realmente no creo que vayas a ganar ésta. Míralas," dijo, haciendo un gesto hacia las mujeres entremezcladas alrededor de la mesa. "Todas están de acuerdo."

Ron miró malhumorado a todas las mujeres. "Sí, lo sé," dijo Ron. "Pero no tiene por qué gustarme." Se volvió para mirar a Megan. "¿No se supone que debes estar de mi lado?"

Ella lo besó. "Estoy de tu lado. Sólo tienes que darte cuenta que es el mismo lado del que estamos todos. El de Hermione."

Ron suspiró. "Lo sé."

"Ahora, ya ves," dijo Rolf, en su fuerte acento alemán. "Es una buena práctica para el matrimonio. Sólo hay dos opciones cuando tu mujer está en tu contra. Ceder… o ceder con elegancia."

Luna dejó escapar una carcajada alta, clara, que hizo que todos alzaran las cejas. En ese momento, la percepción de quién gobernaba el gallinero en casa de los Scamander se tambaleó y volvió a establecerse.

Nunca sabías lo que resultaría de una Cena Familiar.

Fin del Capítulo 12