Capítulo 14
Cuando emergió de la chimenea exactamente a las 9am del sábado por la mañana, él estaba parado allí. Sólo parado allí. Inmóvil. Pantalones negros. Camisa blanca de lino con los puños remangados hasta los codos. Mirándola fijamente.
A todos los efectos, parecía no estar haciendo nada salvo esperar su llegada. Insistía en la presteza en todas las cosas, ¿no? Sin embargo, ella supo en un momento que no había estado esperando allí mucho tiempo. Estaba levemente ruborizado, y tanto su piel como su cabello estaban cubiertos del lustre que formaba parte de estar parado sobre un caldero hirviendo. Había estado elaborando, durante horas por el aspecto de ello. Pero a pesar del hecho de que obviamente había estado ocupado, parecía completamente compuesto a sus ojos.
"Buenos días, Profesor," dijo ella, avanzando y ofreciéndole su mano y una sonrisa.
"Madame Directora." En lugar de sacudirla, él envolvió brevemente la mano de ella en la suya, luego la soltó. Ella se aclaró la garganta.
"Se le ve bastante bien," dijo ella, intentando examinarlo con ojos de Sanadora. Pero salvo por sus antebrazos desnudos, estaba cubierto de los pies al cuello, y aun así, la diferencia en su físico era extraordinaria. Donde antes había habido hueso y tejido blando, ahora había músculo. Era bastante misterioso. "Sorprendente. ¿Cuánto peso ha ganado desde que dejó San Mungo?"
Su rostro era sutilmente arrogante. "Una stone."
Ella parpadeó. "¿Ganó una stone en diez días?"
"Juiciosa aplicación de magia en combinación con gran cantidad de comida y un horario brutal de ejercicio físico, y el trabajo está hecho de forma expeditiva."
"¿Hestia estaría encantada?"
"Extática. Es su programa de rehabilitación el que estoy siguiendo… aunque lo he… acelerado en cierto modo."
Ella no pudo resistirse a volver a mirarlo de arriba abajo. "Al parecer. ¿Y no habrá una pérdida de fuerza una vez pase el efecto de la poción?"
Él aspiró por la nariz. "No del modo que la manufacturo."
"¿Cómo es posible eso?"
"Eso es por lo que está aquí, ¿no? Sígame."
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Hermione lo siguió a través de su morada. Mientras caminaba justo por delante de ella, pudo ver el contorno de nuevo músculo acolchando su delgado cuerpo. Esta vez, fue definitivamente la mujer, no la sanadora, quien lo examinó. Probablemente nunca sería fornido, no con proporciones como las suyas, pero ésa nunca había sido su preferencia de todos modos. En la semana desde que lo había visto por última vez, su cuerpo había pasado de frágil a… irresistible. ¿El modo en que los pantalones envolvían su trasero? Era algo hermoso.
Se puso los ojos en blanco a sí misma, y lo siguió afuera.
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Su patio era de buen tamaño, pero parecía mayor ya que su zona vallada colindaba con un vasto tramo de tierra de pasto. En la distancia pudo ver la mancha de un huerto o bosque de buen tamaño.
"Dios. ¿Eso es espacio abierto? ¿En medio del pueblo?"
Él sonrió burlón. "Y probablemente permanecerá así. Esa parcela es parte del Cinturón Verde Metropolitano. Ha sido declarada espacio abierto a perpetuidad."
"¿Consiguió una casa en el cinturón? Es un tipo con suerte."
Él sonrió burlón. "En efecto."
"¿Y este jardín? ¿También estaba aquí?"
"Mi suerte no se extendió tan lejos. Lo creé yo."
"¿Será un jardín de pociones?"
"Naturalmente."
"Naturalmente. Sólo tendría tiempo de meter sus tubérculos de invierno, ¿no? Y quizá algunos hibernadores antes de la primera helada. Entonces, ¿lo aclaró a mano?"
Él la fulminó con la mirada.
Ella rio entre dientes. "Por supuesto que lo hizo. No se conformaría con menos. Bueno, eso parece. Aclarado con magia nunca resulta en lo mismo, ¿verdad? ¿Qué son, cincuenta pies por veinte? Eso es un montón de trabajo en diez días."
"En efecto."
Ella cerró los ojos e inhaló profundamente. "Dios, adoro ese olor."
Él se volvió hacia ella, un leve ceño en su rostro. "¿Estiércol de gallina?"
Ella rio. "Bueno, en realidad, eso también me gusta. Pero es la tierra vuelta lo que adoro. Es tan… fecundo. Maduro de posibilidades."
No había pretendido que fuera un doble sentido. De verdad no lo había hecho. Pero cuando lo dijo, la frase sonó… sugerente a sus oídos. Y al parecer también a los de él. Su ceño se profundizó hasta estar cargado de incredulidad. ¿Estaba ella interpretando mal la situación? ¿No estaba interesado en explorar lo que fuera esto que estaba pasando entre ellos? Pero el momento pasó lo suficientemente rápido para que no estuviera segura de si había sucedido en absoluto.
Ah, bueno. No podía dejar que la superaran sus pinchos si decidió acariciar al erizo.
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La estructura bastante monótona en la parte trasera de la propiedad podría haber sido un granero en otra vida. Ahora, en lugar de ganado, albergaba un gran laboratorio de pociones. Todavía era bastante rústico, pero estaba amueblado con practicidad, escrupulosamente limpio, y admirablemente ventilado.
"Buen señor, hombre. ¿Cuándo tuvo tiempo de hacer todo esto? Está inmaculado. Y sé que no empleó magia aquí."
Él resopló. "Un equipo de limpieza muggle de Londres. Bastante caro, pero no deseaba demorarme. Vinieron seis de ellos, pasaron el día fregando, y lo dejaron como lo ve."
"Ése fue dinero bien gastado."
"En efecto."
"¿Y los bancos de trabajo?"
"Del cobertizo semillero. Tendré que reconstruirlo antes de comenzar a sembrar, pero este uso tiene obvia prioridad. Es testigo de la elaboración inaugural en esta nueva instalación."
"Me siento honrada."
Él sonrió burlón. "Como debería estarlo."
Las cuatro espaciosas mesas de trabajo eran hogar de no menos de seis calderos en varios estadios de ebullición. Él hizo un gesto hacia ellos, "Analgésico, leve, moderado y poderoso," hizo un gesto hacia otra mesa, "No-me-notes, restaurador de la sangre, sueño sin sueños." Una tercera mesa contenía tres calderos más, todavía sin encender. La cuarta mesa estaba llena de ingredientes preparados en pulcros envases de vidrio transparente. Fue hasta esta mesa de trabajo que la condujo.
Hermione, sorprendida, rio. "¿Y de dónde sale esto?" Hizo un gesto hacia el prístino pizarrón blanco que se alzaba junto a ella.
Él frunció el ceño. "Suministros de Oficina Ryman. En Londres."
Ella hizo todo lo que pudo por mantener su diversión en secreto. "Por supuesto. Por favor, siga."
Golpeando su varita sobre la superficie, las palabras "Filtros Reconstituyentes" aparecieron en su familiar escritura puntiaguda. Fue momentáneamente tan reminiscente de su época de estudiante que tuvo que combatir el impulso de convocar pergamino y pluma. Pero ya no era su alumna, ¿verdad? Más una colega, y con suerte más que eso. Así que combatió el impulso de comportarse como una alumna, escogiendo en cambio mantener una mirada de cortés interés en su rostro.
"Está, asumo, familiarizada con las tres recetas básicas de reconstituyentes."
"Si no lo hubiera estado, las habría repasado antes de este encuentro… pero según resulta, hace tiempo que he tenido las tres aprendidas de memoria. Los reconstituyentes son una de las pociones nucleares del arsenal de un sanador."
"En efecto. Entonces no tendrá problema," dijo él, haciendo un gesto hacia una variedad de tazas y platos preparados ante ellos, cada uno conteniendo ingredientes preparados con antelación, "en identificar cuál de las tres recetas he preparado."
Hermione le sonrió ampliamente, la luz del desafío en sus ojos. Echó un vistazo a los artículos ante ella, y dijo sin vacilación, "La de Ocelot. Salvo por dos cosas. La cantidad de varios ingredientes es incorrecta, y ha empleado capuchones de tallo muertos, cuando la receta indica claramente los propios capuchones."
Él alzó una ceja. "Parece que sus poderes de observación han mejorado."
Ella resopló. "Siempre he tenido un ojo perspicaz. Simplemente ahora está escuchándome con mente abierta."
Porque creía que ella podía tener razón, él habló despectivamente, "Quizá encuentro más fácil escuchar cuando mis ojos no están distraídos por su mano agitándose locamente."
Ella puso los ojos en blanco. "Oh, sí, estoy segura de que es eso."
"En cualquier caso, ¿por qué Ocelot indica el uso de capuchones en lugar de tallos?"
"Potencia. Los tallos producen resultados mucho más débiles."
"¿De verdad lo hacen?" Él hizo un gesto hacia su cuerpo, que obviamente había mejorado mucho por la poción que había ingerido, "Ésta es la misma fórmula que he estado empleando. Elaborada en una pequeña remesa en mi cocina. Así que creo que la potencia de los tallos no debería estar en cuestión."
"De acuerdo. Le concederé eso. Pero si los tallos son potentes, ¿necesitan preparación especial? He trabajado con los tallos antes en otras pociones, y siempre he tenido la impresión de que los capuchones son más fuertes."
"Su impresión era incorrecta. Los tallos tienen tanto ingrediente activo como los capuchones, y en ciertos cultivos más aún… pero ese ingrediente, es absorbido de modo diferente por la magia. Más que proporcionar una oleada de poder instantánea como hacen los capuchones, los tallos proporcionan una liberación gradual. Lento poder gradual que se mantiene por un período mayor. Dado eso, he aprendido a lo largo de los años que en consecuencia puedo añadir más alas de murciélago y mantequilla de yak adicional…"
Hermione sonrió abiertamente. "…y larvas de moscardón adicionales sin que la mezcla se vuelva inestable." Su sonrisa estalló en una en toda regla. "Entonces, puede aumentar la fuerza del conjunto de la poción sin que el caldero estalle o el impacto se vuelva demasiado transitorio." Exhaló y sacudió la cabeza. "Eso es condenadamente brillante, sabe."
Una sonrisita burlona retorció sus labios. "En efecto, lo es."
Volvió a golpear el pizarrón, y una versión modificada del Reconstituyente de Ocelot apareció en tinta granate.
Hermione sonrió por su elección de color, y se remangó.
"Muéstreme."
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Más tarde esa noche, él se tumbaría en la cama y ponderaría la mañana con gran minuciosidad.
Que estuviera disfrutando el juego de todo ello no le sorprendía. La seducción lenta y considerada de una bruja inteligente era una forma de arte que había tenido escasas oportunidades de practicar. Que estuviera disfrutando su compañía tan exhaustivamente, sin embargo, sí le sorprendía. Habían elaborado juntos. Tomado un encantador desayuno. Discutido planes para el jardín entre sorbos de té caliente y mordiscos de crujiente beicon doblemente frito. Luego ella le había informado de la totalidad de sus interacciones con esa vil mujer Skeeter. Y él se había descubierto no sólo impresionado, sino también riendo a carcajadas de la sorprendente vena de Granger de desviación Slytherin.
Riendo. A carcajadas. Ante otro ser humano.
Insólito.
Que su risa la había complacido se había mostrado en la sonrisa brillante, taimada, en su propio rostro. Esa sonrisa. Había algo en ella. Realmente quería observarla florecer.
En consecuencia, había intentado frenar sus insultos en su mayor parte. Pero sus cáusticos patrones de comunicación simplemente estaban arraigados demasiado profundamente para ser evitados por completo. Y aun así, ella se había tomado sus ocasionales pullas con humor, devolviéndole los piques tan a menudo como no. Pero aunque las pullas de ella eran inteligentes, y solían llevar más que un poco de verdad, no llevaban calor, ni juicio. En consecuencia, a diferencia de muchos de los insultos que había sufrido a lo largo de los largos años de su servidumbre, estas palabras no dejaron heridas tras de sí.
Estaban midiéndose. Verbalmente. Y era… placentero.
También había sido placentero presenciar sus saltos de lógica en el laboratorio. En sus semanas en San Mungo, había llegado a sospechar que debajo de ese cabello elemental hervía una mente tan ágil como la suya. Hoy había confirmado eso.
Era fascinante observarla integrar la información nueva, y seguir los mismos senderos de pensamiento que él había seguido. Había saltado de concepto a aplicación a ejecución sin esfuerzo y con precisión. Su técnica había sido fresca y consistente, y su dominio del material de partida absoluto.
Muy similar al de él.
Estaba volviéndose en cierto modo… desconcertante notar cuántos de sus placeres eran compartidos por ella. El olor de su jardín, que había pensado reclamar como su placer exclusivo, también parecía agradar a la bruja. El orden de su lugar de trabajo, el agradable campo abierto detrás de su propiedad, la preferencia por cultivar sus propios ingredientes siempre que fuera posible. En cada exclamación reconoció una persona que valoraba mucho de lo que él mismo valoraba. Que su aprecio por la comida fuera compatible había sido un entendimiento desde hace tiempo. Pero el día de hoy había rendido más evidencia de su definitiva compatibilidad.
No estaba del todo seguro de cómo se sentía al respecto.
Seducir a una hermosa hechicera hasta su cama era una cosa. Pero de repente ya no estaba seguro que fuera allí donde esto se dirigía. Por incómoda que fuera la idea, la idea de abandonar su propósito lo era aún menos. Y así, aunque no estaba cómodo del todo con la idea, perseguiría más intimidad con la bruja.
Intimidad. Quizá una vez vencido el obstáculo del contacto sexual todo iría suave. Sonrió burlón. Era obvio que la intimidad había estado en la mente de ella, en cualquier caso.
No había estado dormido tanto tiempo como para pasar por alto el salvaje interés en su mirada.
Se congratuló por usar las puertas de cristal de los armarios de su cocina para observarla subrepticiamente sin su conocimiento. Observarla mirar lascivamente su trasero mientras él había preparado el té le había concedido un placer taimado. Que verla hacerlo hubiera incitado su propio deseo a un grado casi alarmante, era de esperar. Aunque su cerebro estaba disfrutando mucho la delicada danza que estaban ejecutando (¡Tinta granate! Casi había vomitado cuando la había puesto en la pizarra) su cuerpo estaba impacientándose por que dejara de evitar los tirones que Granger Adulta estaba efectuando en su persona.
Cuando ella se había movido para concluir su visita con un abrazo, hizo todo lo que pudo por no aceptarla, y entonces asaltar su exuberante cuerpo. Había supuesto que esa acción podría ser un poco prematura. Así que en cambio, había extendido una mano entre ellos. Ella se había sonrojado y la había aceptado. Cómo había disfrutado ese maravilloso rubor suyo.
Era obvio que la incomodidad del intercambio había dejado a Granger Adulta aturdida, e insegura del siguiente paso en su danza.
No podía haberlo planeado mejor. Ella regresaría a su hogar, y reflexionaría sobre la mañana, al igual que él estaba haciéndolo. Se daría cuenta de que habían tenido lo que era, a todos los efectos, el equivalente intelectual de una primera cita ideal. Intereses compartidos, actividades en común estimulantes, una buena comida, conversación animada. Risa. Su aparente reticencia a reconocer la corriente de atracción entre ellos al final de todo ello sólo estimularía su interés, haría a la bruja esforzarse más por lo que deseaba.
Una sonrisa de auto-satisfacción floreció en el rostro de Severus Snape.
Lo que la bruja deseaba era a él.
Fin del Capítulo 14
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N/A Uno de los dilemas con que me enfrento como escritora de romance fanfiction es cuándo introducir el sexo. Varios de mis fieles lectores son profundos creyentes de que el amor debería llegar primero. Se entristecen de verdad cuando mis personajes saltan a la cama antes de crear afecto y comprensión reales entre ellos.
Y varias de vosotras sois mozas sucias como yo, y queréis el smut primero, el amor después.
Desafortunadamente, no puedo complaceros a ambos. Así que un rápido spoiler para que podáis estar preparados: tengo la primera escena lemon desarrollándose en mi cabeza ahora mismo, y no creo que esperareis mucho más por ella. Snape's Oceans fue claramente amor-primero. En ésta no estará tan claro. Nosotros sabremos que están enamorados… no estoy del todo segura de que ellos lo sepan.
N/T Stone es una unidad de masa que equivale a 6,35 Kg.
