Capítulo 17

Dos malditas semanas enteras ella había estado fuera. ¿Cuántos condenados pacientes de cruciatus había? No sólo se había perdido su cita en el jardín, sino que había volado del todo su línea temporal de cuándo podría ser el momento oportuno para un primer beso adecuado.

Aun así, se había mantenido ocupado, ¿no? Su jardín había sido refrescantemente completo; apenas había tenido que buscar esquejes en ningún otro lugar. Había reemplazado los bancos que había robado del semillero, y todos los jóvenes cortes estaban ahora establecidos. ¿Y no le había hecho el favor de dividir la mitad de sus tubérculos de iris bandera, y reubicarlos en el lugar húmedo al frente de su propio jardín? Probablemente se arrepentiría más tarde cuando hicieran su inevitable intento de consumir entera su morada, pero se había sentido generoso en aquel momento.

No estaba sintiéndose tan generoso ahora.

Sí, se había mantenido ocupado. Mientras que ya no estaba ejercitándose a un ritmo del demonio, se había mantenido rigurosamente activo. Había reaprendido sus formas de manos vacías a través de segundo grado, y había comenzado a trabajar en formas profesionales. Su frustración por su rigidez lo había incitado a comenzar la práctica de hatha yoga, y lo sorprendió descubrir que lo disfrutaba bastante.

Y había tenido sus estudios, ¿no? Se había puesto al día en los avances hechos en su profesión mientras había estado indispuesto. Y había editado el borrador del artículo que Granger le había enviado vía lechuza para su revisión. En verdad, había sido bastante adecuado cuando llegó. Pero dada su molestia por su prolongada ausencia, le había dado a todo el documento un repaso de tinta roja en cierto modo innecesaria en retribución.

Maldita sea si no había disfrutado eso.

Oh, se había mantenido ocupado muy bien. Pero aun así, había sido incapaz de mantenerse lo suficientemente ocupado para no preguntarse qué se traía entre manos Su Ensortijadura, o por qué sus lechuzas llegaban cada dos días en lugar de diariamente. Su próxima misiva no llegaría hasta mañana, si se mantenía fiel a las formas.

Era insoportable. Le habría escrito directamente para decírselo.

. . . . . . . . .

Madame Directora:

¿No es hora de que regrese a Londres? ¿No tiene responsabilidades que necesiten atención?

Severus Snape

. . . . . . . . .

Querido Severus:

Yo también lo extraño. Lamento estar lejos durante tanto tiempo, pero por desgracia, se me necesita aquí por otra semana al menos. Ni siquiera puedo comenzar a describir cuánto trabajo hay por hacer. Pero sí tengo medio día el miércoles. Podría viajar en traslador hasta Londres y por flu para el almuerzo, y partir tras la cena. Hágame saber si está de acuerdo.

Hermione

. . . . . . . . .

Severus Snape examinó la última carta, dividido entre el júbilo y la indignación. ¿Quién creía que era? Sí, estaba extrañándola. Cualquier idiota podría haber deducido eso por el tono de sus misivas. ¿Pero qué derecho tenía ella a expresar en palabras un pensamiento tan íntimo? Se suponía que debían quedar sin pronunciarse. ¿No era ésa la manera en que tales cosas se suponía debían proceder? Estaba bastante seguro de que no se suponía que ella debiera sacar el juego a la luz. Parecía… antideportivo.

Pero iba a venir, ¿no? Viajar cientos y cientos de millas, y soportar moderada incomodidad (ese traslador a través del canal era abominable, como bien sabía) sólo para verlo por un puñado de horas.

Este esfuerzo cambiaba las reglas del juego, ¿no? Ya no podía fingir que ésta no era una visita con el expreso propósito de verse. Además, no se le había pasado por alto que desde su beso casual en su chimenea, su modo de dirigirse a él en su correspondencia se había vuelto gradualmente más familiar. ¡Dirigirse a él como Severus! Se forzó a despreciarlo.

Aunque en verdad, no lamentaba tener ese símbolo de intimidad entre ellos… se sentía… incorrecto llamarla Madame Directora últimamente, cuando realmente siempre fue Granger en su cabeza. Y a veces, en sus momentos de quietud, incluso Hermione. Hermione. Y en cuanto a que ella le llamara Severus… bueno, sólo lamentaba no poder oírlo en su propia voz.

¿Cuándo había oído por última vez ese nombre dicho con afecto?

De acuerdo. Así que ella estaba cambiado las reglas de su juego.

Bien.

Quizá era hora de hacerlo. Esta cosa que estaban construyendo entre ellos, bueno, no parecía estar siguiendo sus ideas preconcebidas muy bien. Pero estaba progresando, ¿no? ¿Y no era eso su objetivo definitivo? ¿No debería entonces sentir satisfacción por verlo avanzar?

¿No era, en cierta perspectiva, una señal de éxito?

Sea como sea, si ella estaba desplazando los límites, ¿acaso no debería él hacerlo también? ¿No tenía un arma que todavía no había tenido oportunidad de explotar?

A medida que su plan tomaba forma, la sonrisa que cruzó su rostro fue puro Slytherin.

Oh, sí. Utilizaría esa arma… Y pondría sus labios en la bruja adecuadamente la próxima vez que se encontraran.

Fin del Capítulo 17