Capítulo 18

Cuando llegó a casa de Snape, cansada de dos horas de duro viaje, encontró la sala de estar vacía salvo por el delicioso aroma de harina horneada.

"¿Severus?" dijo, entrando cautelosamente en la habitación. Sus protecciones no la rechazaron de inmediato, así que asumió que las había liberado para su llegada. Entonces no había olvidado que venía. Volvió a llamar. Cuando no hubo respuesta, siguió su nariz hasta la cocina.

Él estaba en pie junto al fogón, descalzo, en vaqueros azules gastados, un suave jersey de color carbón, y un delantal blanco de cocinero. Verlo vestido tan informalmente fue ridículamente sexy para su psique. Como lo era el hecho de que obviamente estaba cocinando algo que olía divinamente. Una larga cuchara de madera se removía por sí misma en la olla ante él, y ella notó que sus ojos examinaban el contenido con la misma intensidad que solía cuando elaboraba pociones. Bastante innecesariamente, él levantó una mano para pedirle silencio, haciéndole saber que era consciente de su presencia, pero incapaz de ser perturbado precisamente en ese momento. Ella lo haría tan pronto como haber perturbado a un maestro pintor ante su lienzo. Así que sacó una silla de la mesa del desayuno, y se sentó a observar el espectáculo.

Él observó el calladamente crepitante contenido de su olla un momento o dos, agitó las fosas nasales, entonces asintió en silenciosa satisfacción. Cuando volcó una selección de hierbas aromáticas finamente cortadas en la olla, el crepitar se volvió momentáneamente ensordecedor, y una nube de fragante vapor fue emitida desde el interior. Removió el contenido con su propia mano durante un minuto, frunció el ceño, luego dejó la cuchara agitarse por sí misma mientras añadía un pequeño cuenco de especias. Removió durante otro minuto, los ojos entrecerrados, luego asintió, agregando más ingredientes. Dejó la cuchara a remover de nuevo.

Otra olla junto a la mayor fue apagada, y el contenido colado a través de gasa en una gran taza de medida de Pyrex. Los restos, que parecían ser vegetales y conchas de crustáceos, fueron tirados al cubo de la basura. El líquido dorado rosado fue probado, salado, probado de nuevo, luego diluido con una parte equivalente de agua.

Entonces él devolvió su atención a la olla principal. Lenta, reverentemente, añadió el líquido pálido, un poquito de cada vez, removiendo todo el tiempo. El fuerte crepitar se aquietó progresivamente mientras trabajaba en el caldo. Cuando el líquido hubo sido integrado por completo, y la cocina se hubo quedado en silencio, golpeó su cuchara de madera dos veces contra el borde de la olla, encendió el quemador, y dejó la cuchara sobre un plato junto al fogón. El rostro lleno de satisfacción, se volvió a encarar a Hermione.

"Bueno, hola," dijo ella, una cálida sonrisa en el rostro.

Aunque él no le devolvió la sonrisa, Hermione vio algo pasar por sus ojos, y supo que era bienvenida.

"Llega exactamente catorce minutos temprano."

"Así es."

"De haber llegado a la hora como es su costumbre, la habría recibido en el flu."

"Eso habría sido innecesario… pero aprecio la atención. ¿Eso que huelo es roux?"

"En efecto. Estaba en un punto crítico cuando entró en la cocina. En cuarenta minutos, tomaremos un guiso de camarones criollos para almorzar."

"Oh, vaya." La saliva se acumuló en su boca. "Bueno, sólo por eso valió la pena el viaje."

"Ésa era la intención."

Se quedaron mirándose por un momento, entonces él la sorprendió diciendo, "Gracias por venir."

Ella avanzó, envolvió los brazos alrededor de su cuerpo rígido, y lo abrazó. Después de un momento, él se relajó ligeramente en su abrazo. Ella dijo calladamente en su pecho, "Gracias por querer que lo hiciera."

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Media botella y un buen cuenco de guiso de camarones después, los dos se sentaban en el salón, observando el fuego.

"Entonces, ¿cómo has estado, Severus? De verdad."

"¿Estado?" Él ponderó su respuesta. "Bien. Ocupado. Tranquilo… Molesto por tu partida."

Ella sonrió burlona. "Bueno, eso está bien."

"¿Lo está?" dijo él, su voz levemente petulante.

"Bueno, lo está para mí. Porque yo también he estado molesta por no verte, y odiaría pensar que era la única."

"Bueno, no lo eras."

"Bien."

"Vale."

Él se detuvo un momento. Habían comido, tomado un poco de vino, incluso tenido un poco de contacto físico no planeado. (Él había disfrutado bastante el abrazo a que ella lo había forzado una vez se había resignado a la maniobra. Era una astuta oponente, su leona.)

Además, el rostro de Granger había perdido su sombra de fatiga por el viaje, y ahora estaba cálida por el fuego, tranquila y feliz. En consecuencia, asumió, este momento era tan bueno como cualquiera para tomar el asunto en sus propias manos y hacer avanzar las cosas.

Se aclaró la garganta. "En las últimas semanas me he encontrado cada vez más molesto por el malestar de no saber lo que tuvo lugar durante mi prolongado coma."

"¿Todavía no has recordado nada nuevo?"

"Cuando lo he hecho, ha sido más de lo mismo. Destellos de recuerdos de mi vida. La extensión blanca, como la describiste. Una sensación de paso del tiempo." Tomó otro sorbo de vino, y observó las llamas. "Pero aunque mi memoria no haya regresado, tengo una creciente sensación de… urgencia por lo que está perdido. Algo ocurrió allí. Algo que… me cambió. Se entromete a intervalos irregulares. A menudo siento como si hubiera dejado atrás algo precioso. Como si hubiera algo que se suponía debía recordar."

Hermione hizo girar el vino en su vaso. "Eso me volvería loca. Odio sentir que he olvidado algo importante."

"Me alegra que comprendas mi malestar. Había esperado resolver el problema por mi cuenta pero mis esfuerzos hasta la fecha han sido en vano. Sin embargo, sí diseñé un… experimento que podría ser catártico."

"¿Un experimento?"

"Sí, darle un empujoncito a mi memoria como fue. Pero requeriré tu ayuda."

"Bueno, la tienes, por supuesto."

Él asintió. "Bien. Entonces me gustaría recrear el beso que compartimos en ese lugar."

Hermione se congeló, e hizo el lento parpadeo que indicaba que la había sorprendido. Bien. No era la única que podía cambiar las reglas en su relación. Y ahí iba el sonrojo que acudía al embarazo de la hermosa hechicera tanto como a su excitación. Aún mejor.

La verdad era, que tenía pocas esperanzas en que este ejercicio estimulara algo más allá de un cuerpo que había estado clamando por contacto con la atractiva bruja desde su abrazo en la cocina. Pero incluso si el experimento fracasaba, era un modo expeditivo de poner sus labios en ella, ¿no?

Observó su reacción atentamente. De haber objetado ella, se habría decepcionado en más de un sentido. Pero no, su leona no decepcionaba. La había sorprendido, pero se recompuso, reunió su coraje, y asintió.

"Muy bien. Sí."

Cuán interesante era que verla llamar su coraje adelante fuera, en sí mismo, excitante para él. ¿Qué significaba eso? En verdad, señaló con pesar una voz en su psique, estaba tan entrampado en su propio juego como había esperado que lo estuviera ella. Era una idea incómoda, una que necesitaría considerar con más profundidad más tarde. Pero por ahora, todavía había un plan que seguir, un objetivo que lograr.

Él continuó. "Me gustaría recrear la situación lo más meticulosamente posible. Guiarás mis acciones."

"¿Ahora?"

"A menos que tengas otros planes."

"Um. No. De acuerdo." Dijo ella, dejando su vino a un lado. "Supongo que ahora está bien."

"¿Estábamos en pie?"

"Sí."

Él dejó su vaso de vino, y se levantó grácilmente. Ella también se puso en pie.

"¿Y luego? ¿Cómo comenzamos?"

Ella se sonrojó más intensamente. "Um. Me pusiste las manos en el pelo."

Él ronroneó. "Por supuesto que lo hice. Tu cabello fue hecho para las manos de un hombre."

"¿Lo fue?" susurró ella, su voz entrecortada y fina.

"Oh, sí." Él deslizó las manos en el enredo de su halo. "Me llama. La textura. La fiereza de él." Cerró las manos en puños flojos, apretándolos despacio. Observó sus ojos dilatarse en respuesta. La sonrisa que se desplazó por el rostro de él fue pura satisfacción masculina, lenta y traviesa y cálida. "Es irresistible para mí… ¿Y luego?"

"Me inclinaste hacia atrás un poco…"

Él amoldó el cuerpo de ella al suyo, y se inclinó hacia delante, tomando su peso corporal sin esfuerzo en sus brazos. Era una cosa ligera, y él tenía toda su fuerza de vuelta ahora.

"Así…"

Ella asintió su afirmación. Tragó visiblemente. "Sí. Luego… me besaste."

"¿Suavemente?" preguntó él. Sin darle tiempo para responder, bajó la boca en contacto ligero como pluma a la de ella. Se detuvo, saboreó la delicada textura de sus labios, suave satén contra los suyos. Libó su fragancia como un pájaro una flor. Sin planearlo, se mantuvo en ese contacto simple, inmóvil, por mucho más tiempo del que había pretendido. Simplemente disfrutando. Cuando se apartó despacio, dejó apenas un milímetro entre su boca y la de ella, de modo que pudiera saborear el aire de su suspiro cuando le acarició los labios.

"¿Fue suave?" volvió a preguntar.

Sus ojos se abrieron aleteando, las pupilas oscuras y dilatadas, y miraron impotentes los de él. "No…" dijo ella, en una voz suavizada por la excitación. "No fue así. No fue suave."

Él sonrió despacio. "No lo creía. Aunque besarte suavemente tiene… méritos que deberíamos explorar en otro momento." Cerró los puños con más fuerza. "Así entonces," dijo, y, sin más aviso, permitió al hambre en su interior soltar la correa, y aplastó la boca en la suya.

Sus sorprendidos sonidos de placer no fueron oídos cuando se zambulló, penetrándole la boca con la lengua, explorando, deshaciendo. He aquí una boca en la que un hombre podría perderse. Tanta textura y riqueza. Profundo sabor. Primario. Gimió su propio placer, la agenda abandonada, los juegos olvidados. No había futuro aquí. Sólo había ahora. Este momento. Esta mujer. Este beso.

La inclinó más atrás en sus manos, listo para llevarlos más profundo, un gruñido surgiendo de su pecho. Cambió el ángulo de su boca apretada con más fuerza contra la de ella…

Y entonces alguna barrera en su interior explotó, y su mundo se partió en dos.

Y todo regresó a toda prisa.

Fin del Capítulo 18

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N/T "Roux" es una mezcla de grasa (especialmente mantequilla) y harina utilizada en la elaboración de salsas.