Capítulo 19
Oh. Ella había querido sus labios sobre los suyos, lo había ansiado, se había preguntado si su sabor sería tan embriagador en la vida real como lo era en su mente.
Y lo era.
Como una droga.
Delicioso.
Oscuro y elemental.
Se rindió al placer de su boca en la suya.
Esto. Sí. Esto.
Entonces, inesperadamente, él la liberó. De repente estaba sola e inestable, fría sin el horno de su cuerpo, y tanteando por una explicación. Él estaba a un pie de distancia de ella, congelado y pálido.
"Oh, dios," dijo él, su voz surgiendo en un sonido inarticulado, como un animal lamentándose. Sus ojos estaban muy abiertos y sin vista cuando se hundió en el suelo. Está teniendo un ataque fue su pensamiento momentáneo mientras convocaba su varita.
Pero un rápido diagnóstico reveló que no era un ataque. Físicamente, estaba bien. Esos ojos sin vista se habían cerrado, y ahora estaba gimiendo. Llorando con sollozos profundos, atroces. Sollozando incontroladamente, su cabeza cayó atrás, su manzana de Adán convulsionando en su larga garganta, arroyos de lágrimas corriendo por su pálido rostro.
Estaba llorando como un niño abandonado.
Ella no recordaba cerrar el espacio entre ellos, y aun así, debía haberlo hecho. Porque ahora estaba abrazándolo, su largo cuerpo muscular encerrado en el suyo, sus lágrimas empapándole el pecho. Lo meció adelante y atrás, abrazándolo como había abrazado a Harry en el bosque cuando había despertado gritando. No comprendía qué, exactamente, estaba ocurriendo. No sabía lo que significaba, sólo sabía que el consuelo que tuviera que dar era de él. Así que lo abrazó, le acarició la espalda, y esperó a que pasara la tormenta.
Después de un rato, lo hizo. Pero una vez ya no estuvo sollozando más, estaba riendo. Era difícil de decir, pero estaba bastante segura de que era risa. Catarsis en curso, entonces. Su cerebro, liberado de su shock, regresó de repente al deber. Lo que fuera que hubiera sucedido en esa habitación blanca, parecía que Snape estaba recordando. Quizá el contenido del recuerdo era abrumador. O quizá el simple hecho de procesar veinte años de experiencia a la vez era demasiado. Pero, se aseguró, efectuando otro no verbal, no parecía estar en ningún peligro físico. Su pulso, aunque elevado, era estable y seguro. No es que necesitara el hechizo para decírselo cuando podía sentirlo palpitando a través de la pared de su pecho.
El encantamiento le aseguró que no estaba hiperventilando, ni hipóxico. Ni era completamente inconsciente, porque en algún punto durante la parte de sollozos de la catarsis, sus brazos la habían rodeado. Estaba, de hecho, abrazándola bastante estrechamente ahora. Así que sabía que ella estaba allí, y estaba reconfortándose activamente con su presencia. Lo que fuera que estaba ocurriendo no era ni histeria ni enfermedad aguda. Lo mejor, entonces, dejarlo purgar su emoción.
La risa volvió a cambiar a lágrimas, pero fueron más calladas ahora, y mucho menos angustiadas. Y aun así, todavía, todavía la aferraba contra sí.
Ella se asentó. Otras personas, sabía, se sentían incómodas con las lágrimas. Particularmente cuando la persona fabricándolas era típicamente tan reservada y controlada. Ella no se permitiría ser una de esas personas. Dejaría caer estas lágrimas sin juzgar, y lo abrazaría durante tanto tiempo como él lo quisiera.
Estaban respirando juntos, se percató. Una cosa tan humana. Ajustarse para acompasarse al ritmo del cuerpo junto al tuyo, querer compañía en tu respiración. Era… calmante. Aun así, el ritmo era demasiado superficial y rápido para que ella lo mantuviera indefinidamente. Quizá, si lo ajustaba con la suficiente lentitud, podría llevarlo con ella. Voluntariamente, profundizó su respiración, aminorando y calmando el palpitar de su corazón.
Instintivamente, él la siguió.
A medida que se calmaba, se quedó en silencio. Ella se preparó para que él se apartara de su abrazo. Se sentiría embarazado ahora, ¿no? Avergonzado de haberle permitido presenciar tal vulnerabilidad. Utilizaría su ingenio acerbo para crear distancia, para reducir la magnitud de lo que habían compartido.
Pero no lo hizo. En cambio, suspiró y sin disculparse apoyó el rostro en su hombro. Algo dentro de ella exhaló y se abrió como una flor.
. . . . . . . . .
Al final, él habló.
"Gracias," dijo, apartándose suavemente de ella. "Por tolerar… esto." Hizo un gesto vago hacia los dos en el suelo. Su voz oxidada sonó extrañamente divertida. "En realidad nunca se me ocurrió que mi experimento pudiera funcionar, sabes. Simplemente estaba utilizando toda la situación como treta para poner mis labios sobre los tuyos. Me ha explotado mi propio petardo, como puede ser el caso."
Hermione rio entre dientes, se sentó y se estiró. "Irónico, eso, dado que no eran necesarias tretas. He estado deseando tus labios sobre los míos desde aquel último beso."
Un destello de frustrado deleite centelleó en sus ojos. "Un sentimiento que yo habría conocido, y compartido, de haber recordado la maldita cosa."
"Pero lo recuerdas ahora."
"Lo hago."
"¿Y el resto?"
"Todo ello. Estaba besándote la boca, y entonces fue como si me hubiera deslizado en una corriente eléctrica. Hubo un destello brillante en mi cabeza, y todos y cada uno de los días de mi miserable vida regresaron a mí en una arremetida. Los últimos veinte años, y las casi cuatro décadas anteriores."
"¿Recuerdas cada día de tu vida?"
"La maldición de la memoria eidética. Sí. Cada día. Simultáneamente, y en su totalidad."
Hermione se percató de que se había quedado boquiabierta, y cerró a propósito su mandíbula inferior. No podía comenzar a sondear las implicaciones de ese nivel de memoria. Por lo que sabía de él, la vida de ella había sido insípida en comparación con la suya, y aun así había muchos días que había hecho todo cuanto podía por relegarla a la oscuridad. ¿Tener aquellos traumas restaurados al instante? ¿Junto a todo el resto de días de su vida? Era pasmoso. No era de extrañar que se hubiera sentido abrumado. "Dulce Merlín. Eso debe haber sido terrible."
La sonrisa de él fue pesarosa. "Terrible. Sí. Y maravilloso. Y todo en medio. Todo a la vez. No estoy seguro de que haya palabras para describirlo."
"¿Y cómo te sientes ahora?"
Él se encogió de hombros. "¿Físicamente? Más bien como si mi cabeza alojara recientemente un hipogrifo arrasando."
"Ven," dijo ella, acercándose una vez más. "Déjame hacer esto por ti." Con una fresca yema del dedo, trazó una forma en su frente. La línea que dibujó brilló dorada por un momento sobre su frente, luego se desvaneció enseguida en la nada.
Él suspiró de alivio.
"¿Mejor?"
"Mucho. Un poco de magia útil, ésa. ¿Griega?"
Ella asintió. "De Creta, creemos. Un par de mis becarios de mistigénesis descubrieron un conjunto de tres glifos hace cinco años. No dura mucho, pero son bastante útiles para aliviar a corto plazo."
"¿Me los enseñarás?"
"Por supuesto."
Se sentaron en silencio un momento, cada uno en su propio mundo. Fue Hermione quien habló finalmente.
"¿Te gustaría contarme algo?"
Él hizo una pausa. Lo consideró. "¿Está preguntando la sanadora, o mi… amiga?"
Ella hizo una pausa. Lo consideró. "No estoy segura de poder separar las dos en este punto. Pero la amistad va primero; no publicaré nada sin tu permiso explícito."
Él asintió, luego respiró hondo. "Entonces, sí. Creo que lo haré."
. . . . . . . . .
"Comencemos por el principio, creo. Érase una vez un niño solitario, amargo…"
Él habló. Y habló. Y habló. Contó la historia de su vida de principio a fin. La contó francamente, sin suavizar los filos. Habló entre sorbos de té que ella les preparó y entre bocados del guiso que ella les había calentado para cenar. Habló a través de sus propias lágrimas, su propia risa. Le contó cada detalle. Trágicos. Cómicos. Mundanos. Violentos.
Habló mientras el día caía en crepúsculo y el crepúsculo caía en oscuridad.
Dio forma en palabras a cada experiencia que había tenido y cada momento en el gran blanco. Explicó cómo la observación, la observación, la observación una y otra y otra vez lo había purificado todo en cierto modo, lavado todos los recuerdos.
Le ofreció su vida como un regalo.
Y lo que se había abierto dentro de ella hace horas floreció y se apoderó de todo.
. . . . . . . . .
Se pararon ante el flu, preparándose para su partida.
"No hay… palabras de gratitud para agradecerte por cualquier cosa que has hecho por mí. Y en eso incluyo hoy… y también el resto."
Ella consideró acercarse, besarlo. Quería hacerlo. Pero pensó que mejor no hacerlo. En cambio, mantuvo su distancia, y puso voz enérgica a propósito. "Bien. Entonces declarémonos en paz. Tú me salvaste la vida y salvaste mi mundo. Yo te desperté y sané tu cuerpo y te abracé cuando lloraste. No hay deudas entre nosotros de ahora en adelante."
Él hizo una pausa, su rostro serio e inmóvil. Cuando habló, lo hizo tan despacio, como si saboreara las palabras individuales. "De acuerdo. Sin deudas de ahora en adelante. Una pizarra limpia. Y cuando regreses, Hermione Granger," sus ojos se oscurecieron, más intensos, "exploraremos esta cosa entre nosotros. En gran extensión."
Ella tomó un aliento estremecido. "Podría quedarme," dijo, "y podríamos explorarlo ahora."
Él hizo una pausa. "Esa oferta es… tentadora. Pero no puedo permitir eso. Estoy demasiado en carne viva. Si permaneces cerca, no sería capaz de resistir el consuelo de tu cuerpo."
Ella sonrió despacio y se acercó a él. "Entonces no te resistas."
Él sacudió la cabeza. "No deseo que nuestra primera vez juntos se vea… comprometida por esto." Sus ojos, oscuros y firmes, taladraron los suyos. "Cuando me hunda en tu cuerpo, como lo haré, eso ahora es inevitable… lo ha sido, quizá, desde que te probé por primera vez en mi mente… cuando lo haga, no será por una necesidad mal encauzada de reconfortar mis propios problemas. Será porque te deseo, y tú me deseas, y lo que deseamos no debe negarse. No aceptaré ningún pálido sustituto."
Hermione parpadeó. Nunca en su vida había sido rechazada de un modo que la hacía sentirse más deseada que antes. Él no se había movido. No había cambiado de expresión. Y aun así, de algún modo, había logrado hacer la última frase tan cegadoramente seductora que sus piernas estaban de repente inestables. "De acuerdo," susurró.
Su expresión seria dio paso a una sonrisa burlona lentamente floreciente. Era patentemente consciente del impacto que había tenido en ella. "Buen viaje, Hermione Granger."
"Dios. Eres un bastardo sexy, ¿no?"
Él sonrió burlón. "Precisión, Señorita Granger. Como sabe ahora, mis lamentables padres estaban de hecho unidos por matrimonio. El resto… bueno, falta que lo descubra."
Tomando un puñado de polvo de la repisa, ella logró articular "Merlín me ayude." Lanzó el polvo y ladró, "Estación de Dover."
Y se marchó.
Fin del Capítulo 19
. . . . . . . . .
N/A A veces, escribes una escena y te enamoras de ella. Y la amas la amas la amas. Y entonces la relees en el contexto de la historia, y descubres que no funciona. Así que intentas arreglarlo. Y lo intentas e intentas. Y agonizas. Y reescribes. Y poco a poco, cortas los elementos que amabas, porque no sirven en el largo arco de la historia.
De cualquier modo, es un proceso largo, doloroso. La versión original de la escena donde Severus le cuenta todo era más detallada, y más soñadora y poética y floreada, y saboteaba absoluta y completamente todo el resto de la historia. Así que ahora ha desaparecido, de vuelta al éter creativo que la engendró. No tengo idea si la nueva versión es buena o no; he pasado demasiado tiempo leyendo y reescribiendo para tener cualquier perspectiva en el asunto. Pero sé que no destruye el resto de la historia, y tendrá que bastar, creo. Necesito terminar con esto antes de que me vuelva loca.
Theolyn
