Este fic participa en el evento celebrado en el grupo de WSPP de Imaginación Fanfiction inspirándote en una imagen + un promt. En este caso, la imagen era de (arroba) ZombieRanchero y el promt que me dieron fue "erotico".
No sé si haya llegado a ello, perdón. No estaba en mis facultades cuando lo escribí.
Disclaimer: Naruto no me pertenece, derechos a Kishimoto.
ADVERTENCIA: Contiene parejas Crack. Infidelidad. OOC. Y lemonada.
Parejas: SasuHina y NaruSaku.
Segundas oportunidades
El día que Sasuke se enteró que Hinata tenía el corazón roto no dudó en volver a la aldea.
¿Cómo fue que lo descubrió? Gracias a su hija. Sarada solía enviarle misivas contándole lo sucedido en la aldea en su ausencia. Su pobre retoño tenía la ilusión de que regresara para hacer las paces con su madre. Algo inútil. Él sabía perfectamente que la relación con Sakura estaba hundida. Podía quedar cariño, sí, pero no el mismo fuego que los llevó a vivir un romance lleno de bastante dolor y que, lo único bueno que había logrado salir de ello fue Sarada.
Tampoco era ciego. Sabía perfectamente que Sakura había retomado su línea amorosa incluso antes de separarse de él.
Durante un tiempo, se mantuvo curioso con descubrir quién sería el hombre misterioso, pero Sakura se esforzó en mantenerlo en secreto. Incluso le preguntó a Naruto acerca de sus suposiciones, pero el Hokage se mostró tan sorprendido como él a cuenta de esas suposiciones. Le prometió preguntar a su esposa, pues las dos sentían un gran apego hacia la otra por la amistad que las unía.
Dado que Naruto siempre olvidaba hacerlo, Sasuke decidió ir él mismo a preguntar a Hinata Hyûga.
Siempre la había tenido como una persona extraña. Porque consideraba que eso de perseguir a una persona como un espía no era muy normal. Pero a medida que el tiempo pasó, la chica tímida se casó y modificó su conducta. Naruto quizás no se percataba, pero había logrado cambiar a esa mujer.
Aunque continuaba siendo muy respetuosa, se había enfocado más en ser madre que en preocuparse de otras cosas. Así como Sakura continuaba cuidando su aspecto, fomentado el deseo, Hinata no parecía estar en ello. Más bien, parecía que había perdido cualquier intento de seducir a su esposo y se preocupaba más por su hija que por su matrimonio.
Su madre había sido una mujer de ese tipo. Aunque en aquel tiempo era muy pequeño para darse cuenta, recordaba algunas conversaciones de sus progenitores, enfados que remarcaban la distancia entre ellos y cómo su madre decidía más ocultar su frustración en Itachi y él.
Con esto, no quería decir que Sakura fuera más mujer que Hinata, por supuesto. Y quizás estaba dejándose llevar más por las facetas que conocía de ambas que por otra cosa.
La cuestión era que no había hablado tanto con ella como para esperar que le contara la verdad sobre Sakura. Al fin y al cabo, se habían separado y lo lógico es que ella, como amiga, apoyara más a Sakura que a él.
Aún así, no perdió la esperanza. No eran los celos los que le movían, sino la necesidad de asegurarse que tanto Sakura como Sarada, especialmente esta última, estarían bien y seguras.
Hinata le abrió la puerta al tercer llamado. Sabía que estaba en casa. No consideraba oportuno colarse, así que optó por el decoro de las personas normales y corrientes.
Debía de reconocer que nunca había visto a esa mujer de ese modo.
Tenía su cabello recogido, con algunas hebras resbalando del agarre rebeldemente. Su rostro estaba colorado y enrojecido. Parecía haberse vestido rápidamente y la camiseta no se aferraba adecuadamente a su pantalón, el cual llevaba al revés. Se notaba claramente la falta del sujetador, con sus grandes senos remarcándose bajo la tela oscura de la camiseta.
Guiñó los ojos con inocencia.
—¡Sasuke-kun!
Asintió.
—Naruto no está en casa. Está en la oficina a estas horas.
—No le buscaba a él —respondió.
—Boruto y Hima…
—A ti —cortó antes de que le diera el paradero del resto de su familia.
—¿A mí? —balbuceó sorprendida.
Maldita fuera. Podía notarlo. La dureza de sus pezones.
—Yo… —dudó, apretando su cuerpo de forma extraña y mirando al interior, como si ocultase algo—. ¿Puedes esperar un momento?
Sasuke entrecerró los ojos. La duda era clara, pero ella no parecía ser capaz de acceder tan fácilmente. Así que asintió y le permitió cerrar.
Si había algo bueno en ser un ninja acostumbrado a moverse por las sombras era justamente eso. Sabía cómo moverse sin ser detectado.
Gracias a los enormes ventanales de la casa no fue difícil seguirla. Hinata se dirigió al salón a toda prisa y aferró tanto la vieja chaqueta de Naruto como algo que no captó del todo. Luego, lo lanzó todo al despacho de Naruto y cerró, tomándose su tiempo con el pomo de la puerta en las manos, inclinada. El cabello caía sobre sus hombros y parecía estremecerse. Después, se enderezó y costosamente, retomó el rumbo hacia la puerta.
Cuando ella abrió, él ya estaba allí.
—Por… por favor, pasa.
Esa vez, se hizo a un lado. Él se adentró cautelosamente. Parecía estar más sudada y nerviosa. El sonrojo en sus mejillas no desaparecía y parpadeaba más de lo normal.
—¿Quieres tomar algo?
—No —negó dirigiéndose al salón. Se detuvo para observar mejor a su alrededor y después, la observó a ella—. Iré al grano: ¿quién es el hombre con el que está Sakura?
Eso la pilló por sorpresa, pero no lo suficiente como para desvelar la información que deseaba.
—¿Cómo dices? —cuestionó—. Que yo sepa, desde que os separasteis, Sakura no ha estado con ningún otro hombre.
La naturalidad de su inocencia no dejó a dudas de que no mentía. No estaba encubriendo a Sakura, simplemente, desconocía esa información.
Notó que retrocedía cuanto más pudo contra la barra que separaba la cocina del comedor, apoyando ambas manos. Se mordía los labios.
—¿Te ocurre algo?
Ella negó con la cabeza.
Sasuke desvió la mirada hacia la puerta del despacho.
—Ya que estoy —mintió—, recogeré unos documentos que me ha pedido Naruto.
Ella abrió tantos los ojos que bien podrían haber parecidos platos. Cuando él avanzó hacia la puerta, abandonó su lugar para asirlo de la capa, tirando con tanta fuerza que temió que lo ahorcara. Se detuvo en seco, tirándose de la ropa.
—Por favor… —suplicó—, espera…
Empezó a jadear en voz baja, sorprendiéndolo. A la par, fue resbalando por el suelo hasta caer de rodillas, separándose en una postura algo incómoda. Apoyó las manos en el suelo, mientras temblaba. Cerró los ojos y su rostro parecía un tomate maduro.
Sasuke dio un paso atrás, más cerca de la puerta. Mientras ella parecía incapaz de moverse, temblando, jadeando como si estuviera corriendo una maratón pese a estar en esa posición. Abrió la puerta lentamente y bajó la mirada hasta la chaqueta de Naruto. Un pequeño objeto sobresalía. Se agachó para recogerlo.
Era cuadrado, con una extraña rueda en el centro que se le antojó parecida a algo que había tenido entre sus dedos. Pasó el dedo por encima. Entonces, ella gritó.
Se volvió rápidamente, alerta.
Hinata continuaba en la misma posición. No había nadie más. Lo único diferente era cómo sus caderas se movían, como si no pudiera detenerlas. Había levantado la cabeza y aunque mantenía los ojos cerrados, su boca era imposible. Un hilo fino de saliva resbalaba por su comisura. Sus senos se alzaban a la par, acariciándose contra la suavidad de la camiseta.
Miró el objeto de nuevo. Presionó el botón una vez más y, de nuevo, ella se sacudió. Se echó hacia delante, con sus senos apretándose contra el piso y sus manos. Sus caderas parecían incapaces de detenerse.
Entonces, comprendió que algo demasiado obsceno estaba sucediendo frente a sus ojos. Algo que jamás esperó ver en Hinata Hyûga.
—Por favor… por favor… ¡Sasuke-kun!
Todo su cuerpo se revolvió. La forma de hablar, de suplicarle, fue algo instintivo y maravilloso. Verla alargar su mano hacia él, mientras su rostro era el claro ejemplo de la excitación. Ese era el rostro del que Naruto había disfrutado muchas veces. Y en ese momento, a él, estaba poniéndolo duro como una piedra.
O llevaba mucho tiempo solo o ese era el mejor impacto del mundo para que un hombre tuviera una erección.
Rechinó los dientes y continuó, averiguando cómo funcionaba el aparato entre sus dedos. Hasta que ella desfalleció, temblorosa, con espasmos en sus caderas y lágrimas cayendo por sus ojos. Se arrodilló a su lado.
Bajó su mano hasta atrapar sus cabellos. Una suave caricia y el cierre al completo sobre ellos para obligarla a mirarle.
—Creo que Naruto pasa mucho tiempo en la torre del Hokage. ¿Verdad?
Ella asintió con la mirada y con los labios. La soledad era algo cruel para las mujeres.
—Deja que vea lo que es Hinata —le ordenó—. Yo jugaré contigo.
Esa fue la primera vez que disfrutó de esa mujer. La primera vez que no le importó para nada Naruto y sus sentimientos. La primera vez que se empapó de ella y tomó hasta la última gota.
Después de eso, sus visitas a Konoha siempre terminaban en los brazos de esa mujer. No varió sus regresos para no levantar sospechas en Naruto, al que parecía no importarle para nada la situación en la que se encontraba su mujer. Los deseos, los secretos y el dolor que todo eso creaba.
Hasta que comprendió por qué.
Fue en uno de esos regresos que los descubrió. Tenía algo importante que explicarle a Naruto de acerca de sus sospechas a cuanto sus enemigos. Escuchó los jadeos a medida que se acercaba hacia la ventana del exterior. Por supuesto, a Naruto no iba a importarle que Shikamaru conociera su secreto. Sabía que su fiel mano derecha nunca diría nada de eso, aunque no lo aprobase.
Sasuke tampoco lo habría tomado tan en cuenta si no fuera porque él mismo estaba acostándose con la esposa que Naruto despreciaba y porque él era el hombre al que Sakura estaba rondando.
Ella estaba de rodillas, con la parte superior de su cuerpo desnudo. Sus senos, pequeños y tensos, levantados en una orgullosa postura, brillaban de sudor. Mantenía sus piernas separadas, mientras su falda estaba por encima de su cintura, dejando ver claramente la forma de su sexo. Lo conocía bien, reconocía su sabor, su olor, la suavidad de su tacto. La humedad.
Naruto permanecía sentado, con una de sus manos sobre la rosada cabeza, las piernas separadas para que ella pudiera encajar perfectamente y llegara hasta sus ingles. Su pene, erecto y enrojecido se hundía en la boca femenina y parecía estar muy cerca del orgasmo. Su rostro se tensaba, sudado.
—Sakura-chan…
Ella no habló. Ni siquiera se sacó el miembro de la boca. Continuó con su tarea hasta el final, con el Uzumaki vertiéndose en ella.
Sakura siempre había disfrutado de lamer hasta la última gota, de tragárselo todo y demostrar que podía hacer con ella lo que quisiera. Naruto se recostó en el sillón, jadeante, mientras ella se ponía en pie. Tras limpiarse la comisura, se sentó sobre él.
Sasuke se mantuvo en silencio, escuchando y observando la forma de unión de sus cuerpos, la agilidad de sus movimientos, la fuerza del deseo de ambos.
Naruto, con su sueño del pasado. Sakura, con el redescubrimiento de lo que era que alguien realmente te reverenciara.
Los escuchó hasta que ambos llegaron al orgasmo y se mantuvieron en silencio.
Rodeó el edificio para entrar por la puerta principal. Shikamaru estaba apoyado contra una de las paredes, fumando.
—Vaya, no sabía que habías regresado.
—No lo anuncié —respondió caminando hacia el despacho. Shikamaru le siguió. Intentó intercambiar algunas frases con él, vanas, sin conseguir más.
Cuando llegaban, Sakura abandonaba el despacho. Los miró a ambos con sorpresa, especialmente a él.
—Iré a ver a Sarada más tarde —le dijo.
—Cuando quieras —aceptó ella antes de alejarse.
Apestaba a sexo y a Naruto. Del mismo modo que Hinata terminaba oliendo a él.
Cuando entró, Naruto tiraba algunos papeles en la papelera, de pie, junto al escritorio.
—¡Oh, Sasuke, has regresado! —saludó animadamente.
Naruto no iba a decírselo. Él tampoco podía.
Sabía que era cuestión de tiempo que Hinata terminara enterándose. Que el caos se armara en Konoha ante la noticia de que el Hokage iba a separarse.
Y dentro de lo que cabía, era lo que él estaba esperando.
Se la encontró sentada en el sofá de su casa, desbastada.
—¿Y los niños? —preguntó.
—Con mi padre —respondió hipando. Le miró, dolida—. ¿Tú lo sabías?
—Eras la única que no lo sabía —reconoció—. O no querías saberlo.
Se levantó tan rápido que pensó que iba a abofetearlo. Sin embargo, se detuvo frente a él.
—No voy a jugar más a esto, Sasuke-kun —indicó—. Todo lo que ha pasado entre nosotros tampoco es bueno. Me siento dolida porque Naruto me haya engañado así, pero también he estado engañándole yo. Estaba frustrada y necesitada. Caí en tus redes. Porque dejé que vieras algo tan vergonzoso de mí…
Sus mejillas se cubrieron de ese adorable rojo que la caracterizaba y que aumentaba cuando estaba excitada.
Caminó hasta la entrada, dispuesta a echarlo.
—Si Naruto se llega a enterar de las cosas que hemos hecho… —farfulló azorada.
Sasuke entrecerró los ojos mientras la seguía. Le permitió hablar, quejarse sobre ello.
Se detuvo cuando abrió la puerta como última invitación. Él se detuvo antes de cruzarla.
—Hinata, voy a volver a estar dentro de ti —le aseguró.
Ella tembló. Su cuerpo reaccionó a sus palabras, a la promesa del placer que prometía eso.
—Y lo sabes.
—No —negó aturdida.
Lo empujó para cerrarle la puerta en las narices.
Sasuke apoyó la mano sobre la puerta, pero se volvió.
Iba a terminar con eso.
Tal y como esperaba encontró a Naruto en su antiguo hogar. Ahora ya no colgaba el abanico representativo de su clan en la puerta o la pared. Lo único que quedaba de él era Sarada.
Llamó a la puerta y tras varios ruidos aparatosos, Naruto la abrió.
—Deja de follar y ven conmigo.
Naruto apretó los dedos en puño.
—Sasuke.
—Vamos.
Se reunieron sobre las cabezas de los Hokages. Naruto sobre la suya propia.
—Sé que debí de decírtelo cuando me preguntaste, pero… no podía. Si lo decía en voz alta, demostraría que mi matrimonio ya no era… nada.
—No lo es —reafirmó. Naruto entonces le miró, furioso.
—¡Qué vas a saber tú!
Él tomó aire. Bien sabían que no era un adonis de las palabras, que muchas veces era más de actos que de soltar una parrafada sin sentido. Pero en ese momento, lo consideraba necesario.
—Mientras tú te acuestas con Sakura en secreto, Hinata pasa el tiempo a solas, teniendo que consolarse con juguetes y sus dedos —comenzó—. Y conmigo.
—¿¡Qué!?
Le vio apretar los dientes y el puño una vez más. Pareciera estar dispuesto a lanzarse sobre él.
—Hinata ha sido mi mujer desde que tú decidiste abandonarla. Lo único que necesito es que firmes los papeles y os separéis. Ella es mía.
—¿Me habéis estado engañado? —cuestionó irritado.
Sasuke se detuvo, dándole la espalda.
—Ahora sabes cómo se siente.
Después, saltó. Se perdió entre las calles. Naruto no le siguió. Por supuesto que no iba a hacerlo. Debía de poner en orden sus propios problemas.
Cuando se detuvo frente al hogar que una vez fue Uzumaki, Hinata estaba en la puerta. Le vio y resbaló hasta caer sentada. Sasuke caminó hasta su altura, tomándose su tiempo.
—Sakura me llamó. Pensó que os ibais a pelear. Temí que…
—Le matara.
—No, te hiriera —corrigió sorprendida por sus propias palabras. Se levantó, como una adolescente y se metió en la casa, ocultándose con la puerta—. Por favor, Sasuke-kun. Vete. Tengo que poner en orden mis pensamientos.
Sasuke no respondió.
Hinata suspiró aliviada, hasta que se dio la vuelta y lo descubrió tras ella. Un simple paso bastó para encajarla contra la puerta. Hinata levantó ambas manos, pero no le empujó.
—Ahora, eres completamente mía.
—Sasuke-kun —farfulló desviando la mirada, azorada—. Debería de mantener mi dolor, mi pérdida.
—No, no deberías —susurró, inclinándose para besar su cuello. Su lengua, ávida, acarició la suave piel—. Lo que deberías es de desnudarte y recibirme.
Pudo notar que se excitaba, que su boca se abría con anhelo.
—Mis hijos… ¿Qué dirán de mí?
—Lo entenderán con el tiempo.
Levantó la cabeza para observarla. Hinata tembló mientras levantaba los brazos hasta rodear sus hombros. El beso no se hizo esperar. Durante todo el tiempo que fueron amantes, nunca se habían besado, considerándolo incluso peor. Esa vez, no había barreras que impidieran entregarse por completo.
El destino traía consigo nuevas oportunidades. Segundas, terceras, o hasta séptimas. La felicidad se encontraba.
Fin
