Epílogo, Parte I

Un año, y siete días más tarde…

Hermione Granger se despertó sintiéndose atrozmente feliz. Se desperezó, lánguidamente. Había sido bien servida anoche, había dormido profundamente, y ahora, hoy, era su cumpleaños.

Nunca había sido una de esas personas que hacían un gran acontecimiento del aniversario de su nacimiento. Pero Severus había cambiado todo eso el año pasado cuando había aparecido sin ceremonias en su habitación de hotel todavía a oscuras, y la había informado de que no habría trabajo ese día. Era uno de sus recuerdos favoritos.

"Recoge tus cosas," había dicho él, en un grave gruñido, "porque nos marchamos."

"Pero mis reuniones…"

"Pueden esperar hasta el lunes. Envía un Patronus declarando que estás indispuesta."

"¿Lo estoy?" preguntó ella, su genio susurrando.

Sintiendo el tambaleo de su humor, él había tomado medidas drásticas, acercándose, y dejando uno de sus besos lentos, como droga, sobre ella. Cuando terminó, y todavía estaba tambaleándose por ello, él dijo, "Pronto lo estarás. Tenemos asuntos inacabados…" dijo él, bajando la boca al costado de su cuello, "…que explorar. Y tu cumpleaños es el día apropiado para hacerlo."

Entonces le tomó la mano, le dio la vuelta, y bajó los labios al interior de su muñeca. Con sus labios todavía tocando esa sensible piel, declaró, "Quiero convertirme en tu amante."

Eso había acabado con su resistencia.

Habían pasado ese día entero, y gran parte de la noche que siguió, explorando el cuerpo del otro. Y cuando al fin estaban agotados, y ninguno pudo lograr más que yacer satisfactoriamente enredados, él se había disculpado.

"Me temo que mi llegada esta mañana fue, quizá, demasiado carente de sutileza."

Ella había sonreído. "Fue, más bien, Gryffindoresca."

Él frunció el ceño. "No hay necesidad de insultar."

Ella ladró una carcajada, como él había sabido que lo haría. "Bueno, eso fue un poco de mano dura."

Él se volvió hacia ella, el más serio conjunto de sus rasgos de halcón apenas visible en la oscuridad. "Uno de los mensajes que he reclamado de mi tiempo en la sala blanca fue mi determinación de que si tuviera otra oportunidad en la vida, aprovecharía toda ocasión de procurarme felicidad. Y aquí estaba, con la opción de la felicidad en la forma de tu cuerpo, tu compañía, tú, a mi alcance, y aun así, estaba esperando pacientemente a que me resultara fácil agarrarlo. Y eso era inaceptable. Porque como aprendí durante mi primera vida, a veces estas oportunidades, una vez perdidas, nunca regresan. Así que decidí que esperaría siete días, y utilizaría el pretexto de tu cumpleaños para venir contigo. Para aprovechar mi oportunidad de felicidad."

Hermione, conmovida, había sentido sus ojos llenarse de lágrimas. "¿Soy tu oportunidad de felicidad?"

Y él había asentido. "Lo creo, puedes serlo. Y aunque pueda volverme… de mano dura en ocasiones, pretendo hacer todo en mi poder para atender a esto," hizo un gesto entre los dos, "y procurar que lo que hay entre nosotros, crezca."

Y atenderlo, lo había hecho, al igual que ella; durante el pasado año lo que se había tejido entre ellos había crecido, y florecido. Estaba locamente enamorada de su antiguo maestro de pociones. ¿Y él? Él estaba locamente enamorado de ella.

Como convocado por sus pensamientos, el hombre en cuestión apareció llevando un servicio de té.

"Ah," comentó él, con aparente satisfacción. "Al fin, la Cumpleañera despierta."

Ella le sonrió ampliamente, y él dejó la bandeja junto a su cama. "Podrías haberla despertado, sabes."

"No en su cumpleaños," dijo él, tendiéndole una taza, su rostro serio. "Estoy bastante seguro de que dormir hasta tarde es un prerrequisito de cumpleaños."

"Eso no es lo único," ella dejó la taza a un lado, palmeando la cama junto a ella, "que es prerrequisito."

"Estás, supongo, refiriéndote a la manera en que celebramos el último aniversario de tu nacimiento."

Ella meneó las cejas. "En efecto."

Él suspiró, como molesto. "Bueno," sus ágiles dedos haciendo un rápido trabajo con los botones de su camisa, "senté un precedente."

Ella asintió. "Me temo que lo hiciste. Ahora es tradición, ya ves."

Él ladeó la cabeza, su expresión sobria. "¿Lo es? ¿Entonces estoy a tu servicio en tu cumpleaños todos los años, ahora?"

Ella volvió a asentir, sus manos tirando de su propio camisón por encima de su cabeza, dejando su cuerpo desnudo a su mirada. "Eso me temo."

Él volvió a suspirar, del todo incapaz de ocultar el destello de interés en sus ojos, "Si debo, debo."

Hermione echó la cabeza atrás, y rio.

Fin del Epílogo Parte I

. . . . . . . . .

N/A Hace cinco años, justo después de publicar el último capítulo, recibí una llamada sobre que mi primo más joven había sido hallado cerca de la muerte. Yo estaba a medio mundo de distancia en aquel momento, y recuerdo el viaje interminable para llegar hasta él antes de que falleciera como un largo, doloroso borrón.

En un horrible caso de la vida imitando al arte, pasé entonces los siguientes días junto a mis queridos tía y tío, mientras guardaban vigilia junto al cuerpo comatoso de Andrew, observando y esperando una mágica cura. Pero Andrew ya estaba más allá de la sala blanca; ni siquiera Hermione podría haberlo rescatado. En cumplimiento de sus deseos, mi Tía y Tío donaron los órganos de Andrew a personas que los necesitaban, y entonces, le dejaron marchar.

Después de que muriera Andrew, no pude encontrar en mí misma completar esta historia. En la extraña forma que funciona la conciencia, no hice ninguna conexión entre el argumento del relato, y la muerte de Andrew en absoluto. Es tan obvio ahora, pero simplemente no vi que el hecho de que Severus hubiera estado en coma y sobrevivido, y Andrew hubiera estado en coma y muerto, tuviera alguna carga sobre mis emociones. Y ya que no reconocí la conexión, no pude avanzar más allá para terminar la obra. Seguía queriendo concluirla, sintiéndome horrible por haber abandonado a mis lectores, algo que había jurado no volvería a hacer, pero no podía forzarme a retomarla donde la había dejado.

Una mañana, diecisiete meses después, mientras estaba aplastada como una sardina en el metro, mi cerebro me recordó al azar esta historia, y me proporcionó el "Por qué" no la había terminado. Como un bono añadido, también le proporcionó a mi musa un "cómo" podría concluirla.

El argumento original era escribir al menos algunos capítulos más, llevando al lector a través de la consumación física de su relación (me encantan algunos lemmons) y a la declaración inicial de amor. Ése era el ritmo que había establecido, y ciertamente ése es el final que el relato merece. Pero esa mañana, me di cuenta de que la idea de eso me agotaba.

La última vez que había leído mis comentarios, (sí, nosotros los escritores los leemos una y otra y otra vez, de modo que si alguna vez os preguntáis si merece la pena, ¡la MERECE!) noté que varios de ellos decían, en esencia, "Podrías terminar esto aquí. Sabemos adónde va la historia. Esperamos que no la concluyas aquí, porque queremos leerla, pero podrías terminarla aquí si tienes que hacerlo." En esencia, me dieron la disculpa para dejar el resto a la imaginación del lector.

Esa mañana, se me ocurrió hacer justo eso, ofrecer en lugar de la progresión antes mencionada, un epílogo, un vistazo a su futuro. Consideradlo una disculpa a aquéllos de vosotros que os quedasteis colgados cuando estaba publicándola capítulo a capítulo, pero también, un último regalo a mi primo Andrew. He aquí el final feliz que él no pudo tener, una resurrección a una vida de amor, compañía, y risa.

Y tal es la magia del arte. A veces, nos ayuda a ver la vida con mayor claridad, y a veces, nos ayuda a contar la historia como deseamos que pudiera haber terminado. Escribí este final hace varios años… luego descubrí que no podía publicarlo. Estaba, en esencia, demasiado en carne viva todavía. Pero aquí estamos. 5 años después, y por fin, estoy preparada para compartir el final de esta historia. La escena de conclusión será publicada en breve.

Gracias por ser testigos.

Cálidamente,

Theolyn