Capítulo 21. Finales y Principios
Severus Snape contemplaba el caos ante él con una curiosa mezcla de desdén, diversión, y absoluta satisfacción. La larga mesa que había instalado afuera de modo que su reunión pudiera cenar bajo los últimos rayos de la puesta de sol otoñal, estaba ahora iluminada y calentada sólo por las estrellas, y los orbes multicolores de luces flotantes que había conjurado. Su comida exquisitamente preparada había sido consumida con entusiasmo. Los restos del delicioso y húmedo pastel de chocolate que había elaborado estaban esparcidos por todas partes. Los niños, que habían estado corriendo por el patio, gritando como banshees, estaban ahora profundamente dormidos o desplomados adormilados contra los adultos. Media docena de botellas de vino se habían vaciado, y café y jerez estaba ahora siendo sorbidos perezosamente por una reunión de adultos absolutamente saciados en varios niveles de sobriedad. Y todos, incluido él mismo, admitió reticente, estaban pasándolo maravillosamente.
La perspectiva que había adquirido en la sala blanca le había permitido construir una vida del todo diferente para sí mismo desde que había emergido de su aislamiento. Aun así, le había llevado algún tiempo encontrar verdadero disfrute en este tipo de caos. Había percibido que este desorden era la sal de la vida. Había comprendido claramente que su tarea era aprender a disfrutarlo… pero no había sido fácil. Las ruidosas maquinaciones de una gran familia simplemente habían sido demasiado extrañas a su experiencia, el drama perpetuo inherente en tanta camaradería agotando demasiado su naturaleza introvertida para que el disfrute creciera deprisa. Pero crecer lo hizo, así que, ahora, podía declarar la experiencia como, en su mayor parte, agradable.
En retrospectiva, probablemente debería haber sido aún más incómodo de lo que había sido. Después de todo, cuando había enseñado a la mayoría de estas personas, había sido, lo sabía ahora, un imbécil amargado, egocéntrico. Aun así, siendo considerado un héroe por el patriarca del grupo, y siendo el firmemente reconocido amado de la matriarca del grupo, había limado muchas de las asperezas sociales. Incluso la Comadreja, que inicialmente había intentado detestarlo por principios, había sido intimidado por su esposa a lo largo del tiempo para que se comportara hacia él con una tolerancia que ahora bordeaba el afecto perplejo.
Aun así, estas cenas habían sido inicialmente… un reto para él, como ser dejado caer en una lavadora social con el ciclo girando. Había persistido sólo por Hermione. Saber que ella lo quería allí, quería que fuera parte de esta familia suya, le había dado la fortaleza para soportar los primeros meses caóticos. El punto crítico había llegado el tercer mes, cuando su amada lo había animado a ver toda la reunión como un rompecabezas intelectual, desafiándolo a mirar por debajo de las interacciones superficiales las corrientes que se arremolinaban bajo las aguas. Con su cerebro inmerso en consecuencia, finalmente había estado a gusto. O al menos, tan a gusto como era probable que estuviera. A veces, no siempre, te importa, sino a veces, incluso había logrado esperar con ganas la reunión.
Aun así, cuando se había percatado por primera vez de que este día en especial iba a coincidir con su turno de albergar la noche familiar, se había disgustado bastante; la celebración más íntima del año pasado del cumpleaños de Hermione había sido tan memorable. ¿Compartirla, en el aniversario de su comienzo? Le amargaba la vida.
Pero ahora, mientras la observaba, luminosa con el resplandor de gran diversión y afecto, admitió reticente que la idea de dar una fiesta más grande había sido buena. En particular, el juego de Cartas Contra la Humanidad que George les había infligido había generado algunos de los ataques de risa más largos que alguna vez había oído de su amada. Que él hubiera ganado fácilmente el juego, (habiendo construido a lo largo de los meses el catálogo intelectual más completo de lo que picaría a cada persona a la mesa) sólo había incrementado su satisfacción con la velada.
Pero el juego había terminado ahora, y las historias habían comenzado a decaer. Pronto, sabía, la velada llegaría a una conclusión. Y aun así, todos eran reticentes a marcharse, como si ninguno de ellos quisiera que terminara la Celebración del Cumpleaños de Hermione. Y no lo haría. No todavía.
"Y entonces," dijo la Comadreja, haciendo un enorme gesto con sus brazos pecosos, "las puertas estallaron, y un montón de ellos se derramaron hacia él como una horda de toros adolescentes."
Él resopló. Al menos la Comadreja, con sus atroces modales en la mesa, sabía contar una historia ocasionalmente divertida.
"¿Todos estaban bien?" preguntó Hermione, balanceándose de lado a lado, sus brazos acunando la adición más joven a la horda de pelirrojos.
Potter agitó una mano. "Estaban todos bien. Nadie fue pisoteado. Aunque no lo sabrías basándote en las lágrimas corriendo por sus caras."
Weasley resopló, "Todos estaban histéricos. Le dieron un susto de muerte al pobre tipo, gritándole como si fuera el nuevo Elegido."
Potter gritó indignado. "¿Elegido?" Se llevó una mano dramática al pecho. "Sólo puede haber Uno."
Hubo una pausa, luego risa cuando el bombardeo de trozos de comida de costumbre llegó volando en su dirección. Severus estaba tan satisfecho y relajado que, sin pensar, envió sin varita los restos de su panecillo volando por el aire, alcanzando al Odioso en la sien con absoluta precisión.
Hubo un instante de pausa sobresaltada en la mesa. Ya que las sillas a cada lado de Severus estaban vacías en este momento, con Hermione cogiendo al bebé de Megan, y Longbottom recuperando la botella de Jerez del otro lado de la mesa, la trayectoria del panecillo fue inconfundible. Entonces la risa se elevó como la marea. Su levemente borracha amada lo miró con deleite.
"¿Le tiraste comida a Harry?" dijo ella, pasando apresuradamente el niño durmiendo en sus brazos a Lovegood.
Él asintió, satisfecho de sí mismo. "Lo merecía."
Grandes vítores de "¡Eso! ¡Eso!" se elevaron de la concurrencia.
Hermione, que había venido a su lado durante los vítores, se encajó en su regazo, "Estoy tan…" lo besó breve pero firmemente en los labios, "orgullosa" otro beso, "de" y otro, "¡ti!" Entonces procedió a besarlo de modo más concienzudo. Él sólo fue tenuemente consciente de los vítores y silbidos que se elevaron cuando lo hizo.
Cuando se separaron por aire, su comentario fue sólo para los oídos de ella. "De haber sabido que ceder al impulso de lanzar objetos a tu mejor amigo me haría ganarme tal entusiasmo, lo habría hecho hace muchos años."
La risa de ella fue cálida y ronca. "Todo se trata de ser oportuno, querido. Y tu oportunidad es soberbia. Verte aquí, y feliz, es el mejor regalo de cumpleaños que podrías hacerme."
"Si te gusta eso," dijo él, volviendo a besarla, maldita sea la audiencia. "Te encantará esto."
Hizo sonar su cuchara contra la copa, ganando fácilmente la atención de aquéllos a su alrededor. Una sensación de expectación saltó al aire. Era hombre de pocas palabras, y así, cuando hablaba, como norma, la gente escuchaba.
"Ahora entonces." Con cierto pesar, volvió a poner a Hermione de pie. Si iba a hacer esto, lo haría del modo correcto. En consecuencia, se levantó, colocó con cuidado su servilleta plegada sobre la mesa, y con la mano en la espalda baja de Hermione, los llevó unos pasos hacia atrás de modo que ambos fueran visibles para todos los presentes. Se volvió hacia la multitud ante ellos, su habitual sonrisa sardónica en su lugar.
"Nos hemos reunido aquí, en cierto modo para mi consternación como bien sabéis," risas cómplices de la multitud, "…para celebrar el grandioso aniversario del nacimiento de esta persona espectacular." Esperó que los vítores, y el sonrojo de Hermione, murieran antes de continuar. "En el año que he asistido al peculiar circo mensual de la noche familiar, me ha quedado claro que Hermione es una amiga querida para todas y cada una de las personas presentes aquí esta noche. Es el corazón de este círculo, la persona hacia quien todos se vuelven cuando necesitan consuelo o ayuda." Los observó asentir a todos. "También es, como todos sabéis, en su núcleo, una sanadora. No hay nadie entre nosotros aquí esta noche, ni siquiera el bebé Winnifred, que no haya sido beneficiario de esa habilidad."
La esposa de Ron, Megan, que recientemente había sido rescatada del reflujo nocturno de su bebé, vitoreó desde la multitud, "¡Y estoy agradecida por eso!" Más vítores.
Él respiró hondo. Había esperado interrupciones. Las interrupciones eran la sangre de la vida de la comunicación de este grupo. Aun así, cuando los vítores no se acallaron, y se vio obligado a levantar la mano pidiendo silencio, no pudo evitar del todo el indicio de molestia en su voz mientras continuaba.
"Pero aunque es querida por todos vosotros, y aunque os ha sanado a todos, y aunque la habéis conocido por mucho más tiempo que yo, Hermione no es más querida para nadie que para mí." El grupo calló. De repente, sintió, tenía su atención completa. "Nadie ha sanado más bajo su cuidado que yo." Dio la espalda a la multitud y se volvió hacia su mujer. "Has pedido que no haya deudas entre nosotros, pero no puedo deshacer lo que has hecho. Fuiste tú quien entró en mi vida en blanco, y me trajo color. Fuiste tú quien me concedió esta nueva vida," hizo un gesto hacia toda la asistencia, "…en toda su caótica majestad. Fuiste tú quien me dio este círculo de seres humanos que ahora debo reconocer como mis amigos."
Era un desarrollo reciente, su uso de este término, y fue la primera vez que la mayoría de ellos lo habían oído referirse a ellos como tales. Notó, con cierta satisfacción, que los murmullos del grupo parecían estar cargados de sentimiento. Bajo su tutela, Hermione estaba aprendiendo el placer de la sutileza, bajo la de ella, él estaba aprendiendo el placer de la verdad desnuda. Se sentía… liberador, ¿no? Continuó.
"No habiendo tenido un exceso de amigos en mi vida, no estoy, como puede que sepáis, cómodo del todo con esto," apuntó un dedo acusatorio a Potter, que parecía estar levantándose de su silla, "Así que, ni siquiera pienses en abrazarme, Potter. Amigo o no amigo te derribaré de un hechizo." Hubo risas y un vítor o dos, mientras Potter levantaba ostentosamente las manos en rendición y volvía a acomodarse en su silla.
Severus respiró hondo, y continuó. "Gracias. Te haré saber si alguna vez se permiten los abrazos. Pero por ahora, ciertamente no lo están. Ni contigo, Longbottom. Y, Comadreja, será un día de frío en el infierno…"
"El sentimiento es mutuo, colega," dijo Weasley, sin rencor.
Severus, que estaba sintiéndose casi mareado a estas alturas, levantó una mano una vez más para silenciar las risitas.
"Sí, sé que todo esto es muy gracioso, Ginevra, pero estoy llegando al final de estas palabras, así que ruego tu atención sólo un momento o dos más. Soy una persona muy privada, como todos sabéis. En consecuencia, es en honor de la amistad que me habéis brindado, y el amor que todos tenéis por Hermione, que he escogido hacer esto, ahora, ante todos vosotros."
Tomó la mano izquierda de Hermione en la suya, y despacio, grácilmente, sus ojos fijos en los de ella, clavó una rodilla. Un jadeo colectivo llegó de la compañía tras ellos, pero la mirada en los ojos de su amada era tranquila y radiantemente feliz. Él sonrió ampliamente. Ella obviamente sabía lo que llegaba; la mujer lo conocía por dentro y por fuera.
Y milagrosamente, aun así lo amaba.
Con la absoluta confianza de un hombre que conoce la respuesta a su pregunta, entonó las palabras que había estado elaborando desde que había elegido el anillo.
"Hermione Jean Granger," dijo, su sedosa voz clara en el aire nocturno, "Eres mi salvadora, mi compañera, mi pareja en todas las cosas. Eres el corazón de esta preciosa vida mía. Te pido ahora, ante nuestro círculo de amigos, que unas tu vida a la mía."
Hizo una pausa, queriendo recordar el momento. Despacio, con cuidado, pronunció las palabras que lo volverían todo real.
"Hermione, ¿me harás el gran honor de convertirte en mi esposa?"
Como lo había hecho en la sala blanca, el tiempo se ralentizó y se detuvo. Fue consciente de la súbita frescura de la brisa. El otoño estaba comenzando a soplar cambio en el aire, pero el cambio era amable todavía, un mero beso en su piel.
Notó la totalidad de la comunidad a la mesa, sus cuerpos unánimemente tensos, sus posturas inclinándose adelante en anticipación de la respuesta de su amada.
Oyó un perro ladrando locamente, en algún lugar en la distancia. Los grillos estaba cantando súbitamente, como habían estado cantando, desapercibidos, toda la velada. Uno de los bebés estaba trasteando.
Sintió la inflexible firmeza del suelo bajo su rodilla, la abierta extensión del cielo por encima de él, la cálida habilidad de la mano descansando en la suya.
Observó el aire agitar el halo alrededor del rostro de Hermione, cada una de sus pecas y contornos familiares y preciosos para él. Y su aliento, como el momento en el tiempo, se detuvo en su pecho. Amaba a esta mujer. Y ella lo amaba.
En este momento único, supo, todo lo que fue antes se detuvo, y todo lo que estaba por ser se abalanzó hacia él. Pudo sentirlo llegando. Porque finalmente estaba despertando. Y estar completamente despierto era algo magnífico.
Observó sus claros ojos ámbar llenarse de lágrimas.
Y entonces la amada voz de ella estaba gritando, y estaba catapultando su dulce cuerpo contra el suyo, y el tiempo reanudó su avance en una jubilosa avalancha de sonido y sensación.
Y aunque había conocido su respuesta antes de que la hubiera dicho, su "¡Sí!" y los resonantes vítores que siguieron, fueron como miel fluyendo en la repentinamente sin límites extensión de su futuro.
-Fin-
. . . . . . . . .
N/T Comadreja, de 'Weasel,' por Weasley.
N/A Y así, dedico esta historia, no sólo al niño querúbico, de cabello rizado, poético, que Andrew fue una vez, y al hombre brillante, pero perdido, en que se convirtió, sino a todas las almas que encuentran sus vidas virando hacia lugares oscuros. Para todos los que estáis perdidos, podéis encontrar vuestro camino de regreso a vosotros mismos y a quienes os aman. Sé que el camino a casa no es fácil, y puede llevar mucho, mucho tiempo. Pero seguid intentándolo. Vuestra vida importa.
Gracias, a cada uno de vosotros, por vuestro aliento y compañía. Escribir una historia se vuelve mucho más significativo cuando los amigos te animan a lo largo del proceso. Y gracias en especial a aquéllos de vosotros que me tendisteis la mano durante mi interrupción; vuestras palabras de apoyo fueron más significativas, y motivadoras de lo que posiblemente podáis saber.
Con amor,
Libby/Theolyn
En Amante Memoria del brillante y hermoso Andrew Joseph González.
