El despertador sonaba insistentemente, una mano masculina se deslizo por debajo de las mantas de la cama estirándose hacia el aparato y apagándolo. Abrió los ojos viendo que el reloj indicaba que era las seis y cuarto de la mañana.

Volvió a cerrar los ojos mientras que se sentaba sobre la cama y estiraba el cuerpo.

Inhalo y exhalo, en un intento de tranquilizarse.

Con cierto temor volvío a abrir los ojos y bajo su mirada hacia sus manos, que temblaban ligeramente por el miedo que sentía en ese momento. Suspiro de alivio al ver que no estaba a la vista su hilo rojo.

Con una sonrisa de alivio se levantó de la cama, listo para comenzar su día.

-Otro día más.-dijo Zeldris con una sonrisa alegre mientras se paraba enfrente del lavabo de su baño y tomaba su cepillo de dientes para realizar su limpieza bucal.

Zeldris Demon, un joven de dieciocho años que estaba próximo a graduarse de la preparatoria y que ingresaría a la universidad luego del verano de ese año. Empezaba su día feliz de que aun el hilo rojo que le indicaría quien era su pareja destinada no apareció, al menos no ese día.

Desde pequeño su madre siempre le hablaba del hilo rojo del destino, aquel hilo que lo guiaría hacia la persona quien, según el destino, era su amor verdadero. Su madre, Perséfone siempre le contaba sobre el día que su hilo se hizo visible cuando tenía diecinueve años y fue su padre quien la encontró a ella durante el atardecer de ese mismo día. Aunque la historia de sus padres le parecía muy tierna, el aún no se sentía listo para afrontar la aparición de dicho hilo.

Sabía que eso era inminente y que el hilo nunca fallaba pero quería hacer otras cosas antes de que eso sucediera aparte de que no se sentía capaz de tener una relación con alguien, sobre todo si era alguien que nunca había visto antes.

El hilo ya estaba atado a uno desde su nacimiento pero se mantiene invisible hasta que las personas que están atadas la una a la otra ya se encontraban en la edad y etapa de sus vidas adecuadas para conocerse, el hilo solo aparecía cuando la pareja estaba lista para conocerse.

Sin embargo el hilo decidía cuando uno estaba listo y no lo decidía uno mismo. El hilo rojo estaba conectado a los corazones de las personas por lo cual dicho hilo sabia cuando ambas personas que estaban destinadas ya estaban listas para conocerse y se hacía visible para guiarlos a encontrarse para así comenzar a compartir y vivir la vida al lado del otro. No existía forma de engañar al hilo, el sabia cuando uno lo estaba.

Aunque el hilo no imponía el sentimiento del amor, solamente les indicaba quien era la persona que era su amor verdadero pero los sentimientos corrían por parte de las personas pero el hilo nunca se equivocaba y unía a las personas que eran compatibles y los sentimientos hacían el resto del trabajo.

Zeldris temía eso, la aparición del hilo era inminente y enamorarse de su pareja destinada también era inevitable por más que aún no tenía ni idea de quien podría ser.

-¡Buenos días!-escucho la voz de su hermano exclamando detrás suyo, sintió que Meliodas lo abrazo por el cuello desde atrás.

Le dio un codazo en las costillas indicándole que lo soltara. El rubio lo dejo tranquilo y se dirigió a su lavabo del lado izquierdo del baño.

Sus habitaciones quedaban una al lado de la otra pero en el medio había un cuarto de baño, la habitación era del tamaño mediano y lo compartían entre los dos. Había tres puertas, una daba al pasillo y las otras dos a las habitaciones de ellos. Izquierda para Meliodas y derecha para él. Nunca habían tenido problemas a la hora de usar el baño, generalmente él ya estaba saliendo de la ducha, listo para comenzar con la rutina del día, cuando Meliodas a penas y entraba para lavarse los dientes pero hoy su hermano, al parecer se había levantado antes.

-Sabes, ser un poco más relajado no te vendría mal.-dijo Meliodas-.me compadezco de tu futura novia...o novio.-

Zeldris escupió la pasta dental que tenía en la boca.

-¡Cállate!-

-Vamos, es normal que el hilo rojo una a personas del mismo sexo.-

-¿Qué haces ya levantado? Generalmente duermes un poco más.-dijo Zeldris llevando el cepillo nuevamente a su boca. Meliodas estaba poniendo la pasta dental en el suyo.

-Hoy no tengo clases en la universidad al igual que Elizabeth, así que decidimos salir.-le conto su hermano-.primero saldremos nosotros a algún lado y luego quedamos de ir con Ban y los demás al cine, ¿quieres venir con nosotros? Al cine claro, lo otro no-dijo y empezó a cepillarse los dientes.

Zeldris se enjuago la boca y escupió el agua con la pasta.

-No, a diferencia tuya yo si tengo clases.-

Meliodas era dos años mayor que él, tenía veinte y ya iba en el segundo año de su carrera de finanzas y administración de empresas. Si el rubio aprobaba el año, empezaría su tercer año luego del verano. El estudiaría en la misma universidad que su hermano pero en la carrera de abogacía.

El hilo rojo de Meliodas apareció el verano pasado, su novia se llamaba Elizabeth Liones era un año menor que el rubio, estudiaba la carrera de pediatría. Mientras que el había terminado su primer año de universidad, ella apenas había terminado su último año de preparatoria sin embargo ya se conocían de antes. Meliodas había ido a la misma preparatoria de su novia cuando aún iba a ese nivel escolar pero el rubio iba un año más arriba obviamente.

Ellos habían sido uno de los extraños casos de parejas destinadas que se conocían antes de que el hilo rojo apareciera. A lo largo de la historia, a veces las parejas se conocían antes de que el hilo apareciera y les indicaba que estaban destinados. Desde que Meliodas y Elizabeth comenzaron a ser novios, eran inseparables. Se amaban mucho.

Aun recordaba los gritos de pánico de su hermano cuando despertó y vio que su hilo rojo apareció.

De repente recordó que luego de clases tenía que ir a la universidad para averiguar información sobre los exámenes de ingreso.

El año académico empezaba luego del verano pero los exámenes de admisión se realizaban antes de dicha estación del año, faltaba tres meses para eso.

-Olvido que tú eres dos años menor y que por ende aun sigues en preparatoria.-dijo Meliodas luego de terminar con su limpieza bucal-.pero la salida al cine seria luego de que salieras de clases-

-Y yo olvido que eres un idiota, pero sigue siendo un no, luego de clases tengo cosas que hacer.-dijo sacándose el pijama para entrar a ducharse.

-Oye, yo también tengo que ducharme.-

-Siempre soy yo quien se ducha primero, no es mi culpa que te levantaras temprano hoy. Tengo escuela, no puedo ir sin ducharme.-

-Necesito la ducha, tengo una cita.-

-Pero tú puedes llegar tarde a tu cita.-le dijo Zeldris-.yo no puedo llegar tarde a clases, tengo examen de matemática a primera hora-

Con esto último dicho, se desnudó y entro a la ducha. Meliodas se resignó al escuchar que su hermano abrió el paso del agua.

-Bien, elegiré que ropa ponerme mientras.-dijo y regreso a su habitación.

Veinte minutos después, ambos hermanos bajaban para desayunar. Zeldris iba vestido con su uniforme de la escuela, saco y pantalones negros con bordes rojos, camisa blanca, corbata roja y zapatos de vestir negros, llevaba su mochila colgando de un hombro y Meliodas vestido casualmente con camisa, chaqueta y jeans.

-Buenos días mis niños.-los saludo su madre al verlos entrar al comedor.

-Buenos días.-dijeron los niños.

Sus padres ya se encontraba desayunando, su madre ya había servido el desayuno. Por lo tanto solamente se sentaron en la mesa.

-Mama, ya estamos grandes para que nos hagas el desayuno.-dijo Meliodas.

-Tu comida es un intento de homicidio y tu hermano ni siquiera sabe prender una hornalla.-le dijo su padre-.es esto o morirse de hambre-

-Habla la persona que confundió la sal con el azúcar y comimos bistec azucarado.-le dijo su esposa.

-No me lo recuerdes.-pidió Zeldris.

-Para mí no estuvo tan mal.-dijo Meliodas.

-De seguro hubieras hecho lo mismo pero deliberadamente.-le dijo su hermano.

-¿Y hoy que tienen para hacer?-pregunto Perséfone a sus hijos antes de que estos se pusieran a discutir.

-Clases y examen de matemáticas.-dijo Zeldris

-Hoy no tengo clases en la universidad así que con Elizabeth quedamos en salir.-dijo Meliodas-.luego iremos al cine con unos amigos, invite a Zeldris pero rechazo la oferta-

-¿Por qué no quieres ir? ¿Aun estarás en clases?-le pregunto su padre, le preocupaba un poco de que su hijo menor no le gustaba salir. Nunca lo vio salir con amigos, sabía que al menos tenía dos.

-No pero tengo que ir a averiguar algo a la universidad luego de clases.-dijo Zeldris-.no tardare así que regresare pronto a casa-

-Zeldris es viernes, sal con amigos. No lo desperdicies estudiando en tu habitación.-le dijo su madre.

-Tu madre tiene razón, está bien relajarse de vez en cuando. No desperdicies tu juventud.-dijo el señor Demon.

-No voy a pasar mí tarde estudiando, estoy viendo una serie en YouTube. Veré algunos capítulos.-dijo Zeldris.

-¿Es la del psíquico que resuelve crímenes?-pregunto su padre.

-¡No es un psíquico!-exclamaron Zeldris y Perséfone al mismo tiempo.

Meliodas rio y el señor Demon rodo los ojos pero sonrió. Olvido que su esposa también le gustaba esa serie.

-Esa serie esta buena, debo admitir que a mi también me gusto.-dijo Meliodas-¿Te cuento el final?-le pregunto a su hermano.

-Lo haces y te clavo el tenedor en el ojo.-dijo Zeldris, aún estaba enojado con su hermano por contarle el final de la tercera temporada de Cobra Kai.

El desayuno continuo normal, el señor Demon fue a la empresa y Meliodas al centro comercial donde había quedado en encontrarse con Elizabeth. Zeldris aún tenía tiempo antes de ir a la escuela y se quedó a ayudarle a su madre a lavar los platos.

-No es necesario que me ayudes.-le dijo su madre.

-El otro día llegaste tarde al trabajo por quedarte a lavar los platos.-

Perséfone era vendedora de bienes raíces pero siempre ordenaba y limpiaba la cocina antes de salir por las mañanas, debido a eso a veces llegaba tarde al trabajo.

-Si aunque últimamente pensé en renunciar.-

-¿Por qué?-

-Me gustaría quedarme en casa a cuidar de ustedes aparte de tú y tu hermano ya están creciendo, me gustaría estar el mayor tiempo posible con ustedes antes de que se vayan de casa. No falta muchos años para que Meliodas se gradúe y comience a trabajar en la empresa familiar, de seguro lo primero que hará será mudarse con Elizabeth.-

-En ese caso deben contratar a alguien que les cocine.-

Sabía que la cocina de la novia de su hermano era tan desastrosa como la de Meliodas, lo bueno que no te dejaba en coma luego de comerla.

-Y tú, comenzaras la universidad después del verano y estoy segura que tu hilo rojo aparecerá pronto. Mis bebes crecieron tan rápido, seré abuela antes de que me dé cuenta.-

Zeldris se estremeció ligeramente, un recordatorio de lo que tanto temía, nunca le dijo a su madre que no quería que su hilo apareciera. Perséfone era alguien romántica y fantasiosa, estaba ansiosa por la aparición de su hilo desde que cumplió los dieciséis.

-Mama, apenas tengo dieciocho. El hilo tarda en aparecer incluso hasta los veinticinco.-

-Es cierto, el de tu tía apareció a los veintitrés.-

-Aparte estoy bien así.-

-Lo dices porque aún no conoces a tu pareja pero cambiaras de opinión cuando llegue el día.-le dijo-.el amor es tan hermoso, te encantara la sensación de amar y ser amado-

-Ya termine con estos platos, debo irme sino quiero llegar tarde.-dijo Zeldris, no quería ir por ese rumbo en la conversación.

-Que tengas un buen día.-le dijo su madre y le dio un beso en la frente antes de que saliera de la casa.

Tomo su bicicleta, y emprendió el viaje hacia la escuela. Esperaba que el día pase rápido, deseaba ir al restaurante que quedaba enfrente de la universidad de su hermano.

Tal vez tuviera suerte y vería a aquella chica.


Suspiro con cansancio, su día no pudo haber sido peor.

Se había confundido, El examen de matemáticas era el próximo lunes y hoy fue el de química, por suerte recordaba la mayoría de lo aprendido en clases y aprobó con noventa pero estaba seguro de que si no se hubiera confundido y hubiera estudiado, su calificación hubiese sido un cien.

Luego se le rompió el pantalón de su ropa de gimnasia en la clase de deportes, fue la burla del día. Por suerte usaba ropa interior normal.

También se había olvidado su almuerzo en casa, se estaba muriendo de hambre y no quería gastar el dinero del restaurante en la cafetería de la escuela. No le dejarían quedarse en el local gastronómico sino consumía algo.

Y para rematar, cuando las clases terminaron y salió de la escuela, su bicicleta ya no estaba. Se la robaron, el candado de las cadenas estaba roto y tirado en el suelo junto con dichas cadenas.

Debió haber pasado durante clases.

Le toco ir caminando hasta la universidad, por suerte tenia buena condición física y no represento un esfuerzo para él pero sin duda alguna preferiría tener aún su bicicleta, el viaje lo hubiera hecho en menos tiempo.

Llego a la universidad, debía dirigirse a la secretaría para preguntar por los exámenes.

Estaba en el medio del campus cuando escucho una voz familiar:

-¡Zeldris!-

Volteo y vio a Merlin, una amiga de su hermano.

-¡Merlin! ¡Hola!-la saludo mientras caminaba hacia ella.

-Adivino, vienes para averiguar sobre los exámenes de ingreso. Hoy vi a algunos chicos con el mismo uniforme que utilizas por la mañana.-

-Sí, pero quise venir después de clases.-

Merlin, tenía veintiún años. Estudiaba en el tercer año de la facultad de ciencias, en el departamento de física fundamental. Se especializa en física teórica. Meliodas la conoció en su primer año cuando su hermano no encontraba su aula asignada y le pregunto por casualidad a ella en donde quedaba. Desde entonces eran amigos y cuando él la conoció también le agrado y se volvieron amigos.

La pelinegra era muy inteligente, siempre tenía una respuesta para cualquier pregunta que le hacían. Aunque ella estudiaba ciencias sabía mucho sobre otras cosas. Incluso a veces ayuda a Meliodas con sus estudios de economía.

Su estómago sonó en señal de hambre, provocándole risa a Merlin.

Zeldris sonrió apenado.

-Perdón, olvide mi almuerzo hoy.-

-¿Por qué no compras algo en la cafetería de aquí?-

-No, comeré algo en el restaurante de enfrente.-

-¡Oh!-exclamo Merlin picara-.quieres ver a cierta chica rubia con cabellos trenzados, ¿verdad?-

El pelinegro se sonrojo.

-So... solo me gusta la comida que sirven aquí enfrente.-

Merlin rio suavemente.

-No eres discreto, sé que te gusta esa chica. Es normal que te guste alguien pero supongo que sabes que eso no tiene futuro.-lo último lo dijo con pesar.

Zeldris asintió, aunque existe el hilo rojo que te lleva a tu amor verdadero, eso no evita que antes de eso una persona experimente cierto interés romántico por otra que no es su pareja destinada. Sin embargo estas relaciones estaban destinadas al fracaso, ya que no es un verdadero sentimiento de amor, solo te gusta la persona y ya o solo se llevan muy bien.

Nunca le vio sentido a esas relaciones, ¿Por qué empezar una relación que está destinada a terminar en algún momento? Bueno al parecer lo estaba experimentando.

Hacia un año, Meliodas olvido un libro en la casa y él se lo había llevado. La primera hora en su escuela seria de estudio libre ya que su profesor de biología se ausentaría por cita médica y no habían conseguido un suplente para dar la clase. Así que no había problema si llegaba tarde.

Luego de entregarle el libro a su hermano, había entrado al restaurante de enfrente al ver que tenían una promoción de una porción de pastel de chocolate con una bebida caliente a elección a mitad de precio. Tenía el dinero y el tiempo suficiente, guiado por su amor al chocolate entro al lugar y ordeno la promoción. Mientras que esperaba su orden, noto que una chica rubia entro al lugar y se sentó en la mesa que estaba aún lado de la suya. Debido a la cercanía escucho que pidió lo mismo que el después de eso saco unos libros y una libreta de su morral, y comenzó a escribir en la libreta y leer de vez en cuando en los libros.

Se la había quedado mirando, era la chica más hermosa que había visto en su vida. Sintió el ardor en sus mejillas dándose cuenta de que estaba sonrojado, gracias a que era primavera estaba vestida con un pantalón jeans, una blusa verde fluorescente y sandalias doradas. Llevaba varias pulsadas en la muñeca derecha pero lo que más llamo su atención fue el aspecto de la chica. Era rubia, llevaba sus cabellos trenzados cayendo hacia el lado derecho de su rostro, su piel era blanca tan blanca que casi era traslucida, labios finos y rosados, nariz igual de fina y rasgos generalmente elegantes y maduros pero lo que más llamo su atención fue sus peculiares ojos rojizos. Nunca había visto a alguien con ese color de ojos pero quedaban tan hermosos en esa chica.

La rubia nunca se percató de su observación hacia ella, estaba muy concentrada en lo que al parecer era una tarea. Solo levanto la vista cuando habían traído su orden y ella pago en el momento mismo, de ese modo en cuanto terminara solo debía dejar el plato y la taza allí e irse sin más. Luego continúo con su labor mientras deba sorbos a su cappuccino y comía su pastel.

Se había quedado mirándola mientras comía su segundo desayuno del día, noto que fruncía el ceño en señal de frustración cuando pasaba las páginas de sus libros y no encontraba lo que buscaba, sonreía cuando al fin lo encontraba o le gustaba lo que había terminado de escribir en la libreta o arrugaba la nariz cuando escribía algo pero no la convencía, tomaba la goma de borrar y lo pasaba por la hoja, escribía con lápiz.

Cuando termino de comer, guardo sus cosas y salió del restaurante. La siguió con la mirada atravez de los ventanales del lugar y noto que se dirigía a la universidad.

Desde entonces siempre iba allí para tratar de verla de nuevo, unas semanas después, gracias a una de las camareras del lugar, supo que ella frecuentaba más seguido el lugar durante las tardes que por las mañanas. Cuando podía iba allí después de clases y siempre la veía. Había ocasiones en que no iba pero era extraño, iba todos los días sin falta.

Sin embargo nunca había intentado nada, sabía bien que solo le gustaba y nada más y aunque llegara a algo con esa chica, eso solo iba a terminar en fracaso o cuanto apareciera su hilo rojo aunque tampoco sabía si el hilo de ella ya había aparecido, nunca la había visto con alguien.

-Tierra llamando a Zeldris, Hola.-dijo Merlin pasando la mano enfrente de él.

Zeldris volvió a la realidad y le prestó atención a su amiga.

-Perdón.-

-Ay esa chica sí que te trae de cabeza.-

-Me gusta verla pero sé que jamás sucederá algo, algún día aparecerá mi hilo rojo y conoceré a la persona que está destinada para mí y yo para ella.-

-No te desanimes.-le dijo dándole unas palmadas en el hombro.

-Bueno, tengo que ir a secretaría. Dije que no volvería tarde a casa.-

-Te acompañaría pero debo ir a supervisar a los alumnos de primer año.-

-¿Te eligieron para ser tutora?-

-Así es.-dijo feliz la chica.

-Felicidades Merlin aunque era obvio que eso pasaría.-

-Gracias, ah por cierto secretaría esta temporalmente en el edificio oeste. Están haciendo renovaciones en su lugar de siempre.-

-Gracias por el dato.-

Luego de despedirse, Zeldris busco el edificio oeste. Aun no conocía del todo el campus. Se había perdido un poco cuando le llevo el libro a Meliodas hacia un año.

-Haber sé que Meliodas está en el edificio sur, que es ese.-dijo señalando a un edificio-.entonces el oeste debe ser...-comenzó a girar lentamente hacia la derecha con el brazo extendido y con el dedo índice apuntando sobre los edificios sin embargo, cuando giro hacia donde creía que era el edificio oeste, en vez de ver a un edificio, vio a una chica rubia de cabellos trenzados parada enfrente de él mirándolo con curiosidad pero no era cualquier chica rubia de cabellos trenzados, era SU chica rubia de cabellos trenzados. Dio un pequeño grito de susto y comenzó a retroceder pero trastabillo con sus propios pies provocando que terminara cayéndose de trasero al suelo. Su mochila cayó a un costado y algunas de sus cosas terminaron en el suelo, tenía la maldita costumbre de no cerrar del todo el cierre de su mochila-¡Ahh! ¡Mis cosas!-

Comenzó a juntarlas y guardarlas en su mochila, noto una mano femenina juntar dos de sus libros pero se detuvo cuando tomo uno que particularmente no era un libro.

-¿El tomo seis del manga de Sailor Moon?-escucho la hermosa voz elegante y madura de la chica rubia.

Se maravilló por unos segundos por la dulce voz pero al darse cuenta de que lo dijo, se sonrojo de la vergüenza.

-¡No es mío!- exclamo rápidamente.

-Por la manera en que lo dices parece que es tuyo pero quieres ocultarlo.-

La chica le extendió sus cosas y con un suspiro de resignación, las tomo y se levantó del suelo sacudiéndose la ropa con una mano.

-Anda, búrlate si quieres.-

-Bueno.-dijo la chica levantándose también-.ciertamente está dirigido al público femenino pero he sabido de hombres que también les gusta Sailor Moon y aparte...-dijo sacando algo de su bolso-.yo voy por el tomo ocho-

Zeldris vio el tomo ocho de Sailor Moon en las manos de la chica, en la portada aparecía Sailor Neptune con su transformación de Eternal Sailor Senshi y sosteniendo su espejo. No debería sorprenderle que una chica leyera el manga de Sailor Moon pero si le sorprendía que tenía algo en común con la rubia que tanto había observado en el restaurante desde hacía un año.

-Tu eres un estudiante de preparatoria, ¿verdad?-le pregunto guardando el manga en su bolso.

-Sí, vine por la información para los exámenes de ingreso.-le dijo-.Soy Zeldris Demon, perdón por no presentarme como es debido-

-Gelda Salvatorre, voy en segundo año de psicología en la facultad de medicina.-

Gelda, le parecía un nombre muy bonito a Zeldris. Combinaba con ella.

-¿Segundo año? Entonces tienes veinte.-dijo dándose cuenta que tenía la edad de Meliodas.

Gelda rio levemente. Divertida por la deducción del chico.

-Gracias por el cumplido pero en realidad tengo veintidós, no pase los exámenes de ingreso la primera vez. Los aprobé en el segundo intento cuando tenía diecinueve luego del verano comienzo mi tercer año, si es que apruebo obviamente.-

-No te conozco pero estoy seguro que si.-

Gelda volvió a reírse. Por alguna razón, a Zeldris le dio algo de vergüenza y se sonrojo.

¿Dijo algo malo?

-¿Eres así cuando conoces a alguien?-

-No conozco personas nuevas muy seguido.-

-Por cierto, escuche un poco de lo que hablabas y el edificio oeste es el que estabas señalando desde el principio, giraste hacia el edificio norte.-

Zeldris se cubrió el rostro avergonzado.

Nuevo punto para agregar de su lista de cosas malas que le paso en el día:

Hacer el ridículo frente a la chica que le gustaba.

¿Acaso era viernes trece?

-Estas buscando la secretaría, ¿verdad? Si quieres te acompaño.-

-De seguro tienes algo mejor que hacer, que acompañar al chico que ni siquiera sabe en donde está parado.-

-Bueno, creo que con más razón debo acompañarte.- rio nuevamente, este chico la hacía reír fácilmente.

Zeldris le sonrió a la chica.

-Está bien, creo que tienes razón.-

Gelda lo guio hasta el edificio oeste y luego a secretaría. Allí una señora de unos cuarenta años le entrego una libreta con información sobre las carreras de las diferentes profesiones, los exámenes de ingreso, las guías de estudios y los cursos de orientación. Debían darle la misma libreta a todo el mundo ya que era bastante completa.

-¿Cursos de orientación?-se preguntó así mismo Zeldris.

Estaba caminando hacia la salida de la universidad con Gelda, solo le habían dado esa libreta y ya no le prestaron más atención, su hermano no exageraba cuando le decía que debería sobrevivir por sí mismo cuando ingresara a la universidad.

-Este año crearon los cursos de orientación, ayuda a estudiar y preparar a los nuevos ingresantes. Aparte de estudiar por ti mismo, vendrás a unas clases con profesores de aquí. Me hubiese gustado tener estos cursos cuando yo era ingresante.-dijo Gelda.

-Dos veces a la semana por un mes y medio.-dijo Zeldris leyendo la libreta-.serian doce clases de orientación-

Gelda tomo la libreta y siguió leyendo la parte que Zeldris leía.

-Son clases de tres horas luego de que salgas de la escuela, y son obligatorias si quieres tomar el examen de ingreso.-le dijo-.las inscripciones para el curso de orientación empiezan la próxima semana-

-Vendré el lunes antes de clases, debere despertarme temprano.-

El estómago de Zeldris sonó, recordándole que aún no comía nada.

-Cierto, hoy no almorcé.-

El haberse encontrado cara a cara con Gelda y haber compartido tiempo en algo tan banal de ir a buscar información sobre los exámenes de ingreso lo había hecho olvidar todo lo malo que le había ocurrido ese día.

-Yo también voy a comer, ¿quieres acompañarme?-

Zeldris se sonrojo pero se emocionó, sabía que no debía ilusionarse mucho pero supuso que no había ningún problema si fuesen amigos hasta ahora Gelda había sido amable y agradable. Su compañía le era grata.

Si no fuese por el hilo rojo, intentaría conquistarla.

A veces se preguntaba, ¿Si el hilo rojo unía a las almas destinadas entonces porque sentía atracción hacia esa chica? ¿No debería solo sentirse atraído hacia su pareja destinada?

-¡CUIDADO!-escucho el grito de Gelda y luego sintió que lo jalaban hacia atrás.

Por segunda vez en el día cayó al suelo de trasero, vio a un auto pasar rápidamente frente suyo y escucho al conductor gritarle "¡IDIOTA!" mientras pasaba. El auto se alejó siguiendo su camino.

-¿Estas bien?-le pregunto Gelda preocupada.

Noto que estaban fuera de la universidad, en la esquina. ¿Cuándo llegaron allí?

-Si.-dijo levantándose.

La poca gente que se había quedado para verlo, siguió con su rutina al ver que levantaba sin ningún problema.

-¿Siempre eres así? ¿O solo hoy?- le pregunto la rubia.

-Perdón, tuve un mal día y estoy distraído.-

-Mejor te llevo del brazo.-

Gelda paso el brazo de Zeldris por debajo del suyo, el pelinegro se sonrojo. Generalmente era la chica quien ponía la mano debajo del brazo del chico.

Cruzaron la calle cuando el semáforo indico que podían pasar.

Al llegar al restaurante se sentaron en donde habitualmente se sentaba la rubia. Él lo sabía bien.

-Gracias por acompañarme.-le dijo la rubia.

-De nada.-

Cuando una camarera se acercó, ordenaron hamburguesas con papas fritas y refrescos.

-Dime, ¿eres otaku o solo te gusta Sailor Moon?- pregunto Gelda en cuando la camarera se retiró.

Zeldris rio.

-Bueno, veo animes pero no me considero otaku. Soy la generación que veía anime sin saber que era anime.-

-Entiendo, antes doblaban los animes y lo pasaban en los canales para niños. Recuerdo que volvía rápido de la escuela para ver Dragon Ball Z.-

-Espera, ¿me estás diciendo que veías Dragon Ball Z?-

Estaba sorprendido, nunca había conocido a una chica que les gustara Dragon Ball.

-Soy fanática, estoy coleccionando el manga, tengo hasta el tomo catorce, comprare el quince cuando tenga tiempo de ir a la tienda en donde compro los mangas. Pienso leerlo en cuando termine el de Sailor Moon, lo más seguro es que cumpla con esa meta en el verano.-

-Eres la primer chica que conozco que le gusta Dragon Ball.-

-Sí, no es muy popular que a una chica le guste pero a mí me gusta.-

-Mi hermano y yo lo veíamos de pequeños, cuando jugábamos nunca me dejaba ser Goku. Siempre era Vegeta.-

-Bueno, de pequeña también veía Sailor Moon y jugaba a que era una Sailor Senshi. Una vez golpee a mi hermano menor mientras le gritaba "¡Te castigare en el nombre de la luna!", me castigaron ese día.-

-A mí me castigaron por romper la computadora de mi papa. Vi Digimon y pensé que podía ir al Digimundo mediante ella.-

Gelda comenzó a reír. Sostenía su estómago con sus brazos.

-¡Vamos, tenía seis años!-se defendió el pelinegro.

-Tengo una amiga que practicaba arquería de niña en su escuela y comenzaron a emitir Inuyasha en la televisión, y bueno, comencé a verlo. Cuando fui a visitar a dicha amiga, vi el arco y las flechas que utilizaba para las prácticas y queriendo ser como Kagome, las tome y comencé a tirar flechas por todas partes en el jardín de la casa de ella, rompí una ventana. Mis padres tuvieron que pagarles una nueva a los padres de mi amiga.-dijo Gelda-.por suerte no se dieron cuenta que casi mato a su gato-

Esta vez fue el turno de reír de Zeldris.

La camarera volvió con sus órdenes y continuaron hablando mientras degustaban su comida.

-Eres agradable.-dijo Gelda-.Hoy tuve un examen muy difícil y tu compañía hizo que me olvidara lo nerviosa y tensa que me sentía.-

Zeldris se sonrojo por la pena que le daba el cumplido, y sonrió.

-De nada, supongo.-

-Eres adorable, nunca había visto a un chico que se sonrojada tanto y tu estatura te hace ver aún más tierno.-

-Bueno, me quede pequeño. Mido un metro y cincuenta y dos.-dijo tomando el vaso de su refresco y llevándoselo a los labios.

-Dime, ¿eres popular entre las chicas?-

Zeldris se atraganto un poco con su bebida.

-No, en realidad no lo sé.-dijo algo abochornado-.mi hermano es el popular entre las chicas pero desde que apareció su hilo rojo solo tiene ojos para su novia.-

-¿Y tú hilo ya apareció?-

Zeldris dio un pequeño respingo en su asiento, el temor por el hilo rojo volvió por un momento pero se recompuso y negó con la cabeza.

-Ya veo.-dijo la rubia-.bueno, aun eres bastante joven. Ya aparecerá.-

-¿Y el tuyo?-pregunto, no quería hablar sobre su hilo rojo.

-Aunque no lo creas aun no aparece, supongo que mi futura pareja aún no está listo para conocerme.-dijo algo melancólica-. He querido conocerlo desde los dieciséis, quiero despertar y ver el hilo rojo atado a mi dedo meñique pero supongo que aún no es el momento-

Zeldris se levantó de su asiento y miro a Gelda con determinación.

-Estoy seguro que sea quien sea y sea en donde se encuentre también querra conocerte. Si yo fuese tu pareja destinada estaría encantado de compartir mi vida junto a ti.-

-Suenas como si me conocieras desde hace mucho.-

Zeldris abrió los ojos asustado por verse descubierto, Gelda sonrió socarrona.

-Siempre me pregunte cuando te animarías a acercarte para hablarme.-dijo la rubia.

El pelinegro cayo pesadamente en su asiento, aun en shock.

¿Todo este tiempo se dio cuenta que la observaba?

-¿Cómo...-

-El primer día me di cuenta que me mirabas todo el tiempo y luego siempre estabas cuando venía, no fue muy difícil deducirlo pero nunca te considere un acosador. Tu mirada no era de esa clase pero supuse que te asustarías si te veías descubierto así que decidí dejar por si tú te acercabas solo.-

-Perdón, no lo volveré a hacer.-dijo totalmente apenado aunque le provocaba algo de tristeza ya no poder volver a verla.

-No te preocupes, no me molestaba. Me gustaría que fuésemos amigos.-

Zeldris sonrió.

Amigos, no era precisamente lo que sentía por ella pero el destino pronto le dirá quién será su pareja y amistad era lo único que podía aspirar con Gelda.

-Amigos entonces.-afirmo y recibió una sonrisa de la rubia.

Luego de pagar la cuenta y seguir charlando un poco más. Ambos se despidieron y cada quien tomo su camino.

Zeldris tardo un poco en llegar a su casa por su falta de bicicleta pero al parecer no fue tan tarde ya que su madre lo recibió normalmente, noto que Meliodas ya estaba en casa y tomando la merienda con su madre.

-Zeldris, cariño. ¿Tienes hambre?-le pregunto su madre preocupada-.cuando regrese a casa vi tu almuerzo en la nevera y me di cuenta que lo olvidaste-

-No te preocupes, tenía dinero y comí algo por ahí.-

-Sabes que no me gusta que comas afuera.-le dijo Perséfone cruzándose de brazos.

-Mama, tampoco no va a comer algo venenoso.-dijo Meliodas.

-Bueno, ¿Cómo fue tu día?-

-El peor y el mejor de mi vida al mismo tiempo.-dijo con una sonrisa.

Persefone y Meliodas se miraron extrañados por esa respuesta.

-Iré a bañarme, veré un poco de El Mentalista y bajare para la cena.-dijo Zeldris y subió por las escaleras rumbo a su habitación.

-No entendí, ¿tuvo un buen día o no?-pregunto Perséfone.

-Por su expresión en su rostro está feliz, quédate con eso.-afirmo Meliodas.

Más tarde esa noche, la cena fue normal pero era notorio el buen humor de Zeldris. Normalmente el pelinegro tenía una expresión seria pero ahora tenía una ligera sonrisa en su rostro, incluso estaba siendo amable con Meliodas.

-Zeldris, ¿me pasarías la sal?-hizo la prueba Meliodas.

-Sí, aquí tienes.-dijo manteniendo la sonrisa en su rostro y acerco suavemente la sal al lado del plato de su hermano.

Meliodas enarco una ceja, generalmente acercaría la sal con mala gana y lo dejaría caer a la mesa con un sonoro ruido y todo en silencio.

-¿Cómo estuvo tu día?-le pregunto su padre.

-No tuve examen de matemáticas sino de química, confundí las fechas pero igual aprobé, se me rompió el pantalón en la clase de deportes y todos vieron mi ropa interior, olvide mi almuerzo, alguien robo mi bicicleta del estacionamiento de la escuela e hice el ridículo enfrente de una chica cuando fui a la universidad para preguntar sobre los exámenes de ingreso.-conto Zeldris su día pero manteniendo su sonrisa.

Ya les parecía algo tétrico ver sonreír a Zeldris.

-¿Y por qué tanta alegría entonces?-pregunto Meliodas.

-La chica de la universidad se volvió mi amiga.-

-¡Qué bueno!- celebro Perséfone por su hijo, Zeldris no hacia amigos muy seguidos. Apenas y hablaba un poco con los amigos de Meliodas y solo tenía dos pero no salía muy a menudo con ellos.

Zeldris continuo comiendo alegremente.

Más tarde esa noche bostezo luego de leer un par de páginas de su manga de Sailor Moon, cerro el pequeño libro y lo dejo sobre su mesa de noche.

Mañana seria sábado, dormiría un poco más. El despertador sonaría a las ocho de la mañana.

Sonrió al recordar su tarde en compañía de Gelda. Si estaban destinados a ser amigos entonces daría lo mejor de sí para ser mejores amigos.

Con ese pensamiento se acomodó en su cama y se dispuso a dormir.

A la mañana siguiente despertó como siempre, con el reloj despertador sonando con su usual tono.

Debía configurarlo para que sonara alguna estación de radio cuando llegase la hora de que lo despertara.

Como todos los días, estiro su mano para apagar el aparato, cerró los ojos, se sentó en la cama mientras estiraba el cuerpo. Luego, aun con los ojos cerrados, inclinaba la cabeza hacia sus manos para así ser lo primero en ver al abrir los ojos y como todos los días ver que su hilo rojo no estaba.

Pero este sábado sería diferente...

Un grito de horror se escuchó por toda la residencia Demon.

-¡¿QUE SUCEDE?!-entro gritando Meliodas al dormitorio de su hermano menor sosteniendo un bate de beisbol, el grito había sido de Zeldris.

Estaba listo para golpear a cualquier persona que quisiera hacerle daño a su hermanito.

-¡ZELDRIS!-entro gritando su padre, sosteniendo el revólver que tenía en su posesión por si alguna vez entrara un intruso en la casa. Eran adinerados, tenían que tener precauciones.

-¿Zeldris?-entro Perséfone preocupada detrás de su esposo sosteniendo un palo de golf.

Todos aun vestían sus ropas de dormir.

Vieron que no había nadie más aparte de ellos pero Zeldris estaba asustado e hiperventilando sentado en su cama y mirando sus manos.

-¿Te lastimaste?-le pregunto Meliodas al ver que veía sus manos, se acercó a verlo pero no noto nada extraño. Por lo menos no había sangre.

-No.-susurro Zeldris.

-Hijo, ¿Qué pasa?- Persefone dejo el palo de golf a un lado y se acercó a su hijo menor.

Zeldris no podía voltear el rostro hacia su madre ni a su padre ni hermano.

Solo podía ver el hilo rojo que tenía atado en el dedo meñique derecho y que seguía su recorrido hasta por fuera de su habitación.

No tenía que suponer hasta donde llegaría.

La pregunta es:

¿Quién estaba del otro lado? ¿Sera capaz de tener sentimientos por alguien que aún no conoce?

No se sentía listo para averiguarlo.