LA NOCHE ANTERIOR...
Gelda regresaba a su departamento con una sonrisa, a pesar de ser casi las diez de las noche no se sentía cansada. Durante la mañana estuvo estresada por el examen, esperaba que haya aprobado, luego paso tiempo con Zeldris.
Zeldris...
Era un nombre muy bonito, y el chico era muy agradable. Paso un buen rato en compañía suya.
Siempre lo veía por el robillo del ojo observarla en el restaurante, cualquier otra chica se sentiría acosada pero ella no se sentía así, se sentía admirada y eso, debía admitir, la hizo sentir alagada. Nunca se consideró ser alguien interesante para los hombres, sus amigas le decían lo contrario pero ella no pensaba así pero era un poco vanidosa y estaba consciente que su belleza atraía la atención masculina pero no le interesaba hacerlo.
Pero con Zeldris, le había parecido adorable que ese chico la mirara desde lejos sin embargo sentía algo de lastima, era obvio que siente un crush por ella pero eso no iba a suceder, ella solamente esperaba a su pareja destinada.
Llego a la puerta de su departamento e introdujo la llave en la cerradura, al ingresar a su hogar encendió la luz y fue recibida por su dos gatos persas.
Felix, el gato de pelaje gris y ojos ámbar, y Stella, la gata con pelaje blanco y ojos azules. Ambos gatos tenia collares con una placa con el nombre del animal y detrás la dirección y número telefónico de su departamento, los collares eran de color azul para Felix y rosa para Stella.
-Hola mis bebes, mama les trajo un regalo.-dijo Gelda sacando dos latas de atún de su bolso. Los gatos maullaron al ver el alimento.
Gelda se dirigió a la cocina dejando su bolso sobre la mesada, busco el abrelatas en el cajón y abrió las latas luego deposito cada uno del contenido en los tazones de comida de los gatos. Las mascotas se acercaron a degustar su alimento luego les renovó el agua del tercer tazón y se dispuso a ponerse más cómoda.
Minutos después, ya vestida con su pijama sentada en el sofá delante del televisor y con sus gatos dormidos a cada lado de ella se dispuso a comer de la pizza que había ordenado y que acababa de llegar. Cambio los canales hasta que dejo uno en donde estaban pasando película de terror, estaba comenzando La Llamada.
Retomo lo que estaba pensando al llegar al departamento, su pareja destinada.
Desde pequeña su madre le había enseñado sobre el hilo rojo, aparece cuando era el momento de conocer a tu pareja destinada. El hilo rojo de sus padres había aparecido cuando aún estaban en preparatoria.
Pero el suyo aun no aparecía, tenía veintidós y dentro de unas semanas cumpliría los veintitrés.
Suspiro con algo de melancolía.
Profesionalmente quería ser psicóloga y estudiaba arduamente para ello pero para su vida personal e íntima quería formar una familia, un esposo amoroso, una casa grande y unos cuantos hijos. Si quería más de dos no debía tardarse demasiado en tener al primero, Jericho le decía que aún era joven que no debía preocuparse por eso pero no podía evitar sentirse vieja cada vez que cumplía años pero su amiga tenía razón, tenía veintitrés aún era bastante joven pero su hilo no aparecía y por ende aun no podía conocer a su pareja destinada, y estando segura al ciento por ciento, por ende a su futuro esposo.
Aunque Ren le dijo que podría ser mujer.
Negó con la cabeza, no tenía problemas con las parejas del mismo sexo. Tenía compañeros que sus parejas eran del mismo género pero personalmente ella no quería eso.
¿Por qué su hilo no aparecía? ¿Acaso su pareja no estaba lista o seria ella? No, ella estaba lista o al menos así pensaba.
Desde los quince llevaba esperando ansiosa su hilo rojo, siempre le había resultado romántico y encantador que un hilo uniera a las personas que estaban destinadas a estar juntas. Siempre se preguntaba cómo sería su futura pareja.
Cuando cumplió los dieciocho y el hilo no apareció decidido concentrarse en la universidad, antes de formar una familia, querida estudiar una carrera y ejercerla. Siempre le había interesado la psicología, el poder ayudar a las personas con sus problemas, inseguridades y dudas. Sabía que estaba siendo algo paranoica con el asunto del hilo y su pareja pero ya queria conocerlo.
Todas sus amigas ya estaban con sus parejas destinadas. A Ren y Guila su hilo rojo apareció antes de entrar a la universidad y a Jericho hacia un año y medio.
Incluso a su hermano menor Orlondi, ya le había aparecido ¡y él tiene diecisiete años! Apareció hace dos meses.
¡¿Por qué ella era la única a la que no le aparecía su hilo rojo?! Pensó mientras golpeaba uno de los almohadones de su sofá provocando que sus gatos salieran corriendo asustados y con sus colas erizadas.
Se calmó, su madre siempre le decía que se calme. No era extraño que el hilo se tardara en aparecer, el promedio era entre los dieciocho y los veinticinco años.
Suspiro con resignación, lo único que podía hacer era esperar.
Continúo comiendo su pizza.
Recordó a Zeldris Demon, era agradable y encantador. Le pareció tierno cuando se cayó al suelo luego de asustarse por la verla de repente.
Demon, ese apellido le sonaba familiar. Estaba segura que lo escucho a su padre pronunciar ese apellido en al menos una ocasión.
Su familia era dueña de una cadena de bancos y un par de hoteles, trabajaba a medio tiempo como recepcionista en uno de ellos. Quiso independizarse a los veinte e irse a vivir sola y su padre le dio ofrecido el puesto. Solo seria a medio tiempo y no molestaba a sus horarios de universidad, ese día tuvo día libre por motivo de su examen.
Pero estaba segura que su padre menciono ese apellido. Una vez cuando hablaba sobre su trabajo.
Bueno, no importaba. Tal vez sea coincidencia.
La próxima vez que viera a Zeldris le preguntaría si quería acompañarla al cine, la próxima semana se estrenaría una película que quiera ver.
Acordaron con sus amigas de ir a verla juntas pero ellas llevarían a sus parejas y no quería sentirse fuera de lugar al ser la única que iba sola. Tener un amigo no sería malo y Zeldris le caía bien.
Termino de ver la película y se fue a su cuarto a dormir. Luego de recostarse y acomodarse en su cama sintió a sus gatos meterse debajo de la manta.
Cerró los ojos y a los minutos se quedó dormida.
Mañana tendría un seminario importante en la universidad, al igual que el destino tenía algo importante para ella.
AL DIA SIGUIENTE...
(Residencia Demon)
Después de desayunar, Meliodas fue a la habitación de su hermano. Zeldris lo había echado a todos de su dormitorio luego de que salía del shock en que estaba luego de despertar.
Su madre intento hablar con su hermano detrás de la puerta pero no tuvo resultado alguno, tampoco desayuno con ellos y ahora el intentaría hablar con Zeldris.
-¿Zeldris?-Lo llamo mientras tocaba la puerta.
No hubo respuesta.
-Zeldris, si sucede algo sabes que puedes hablarlo conmigo.-
Dentro de la habitación, Zeldris estaba enfrente de la computadora escribiendo un informe sobre la segunda guerra mundial que le había dejado de tarea el profesor de historia. Ignoraba la voz de su hermano al igual que el hilo rojo que tenía atado en el meñique.
No había querido decirle a su familia, su madre se hubiera puesto emocionada y Meliodas de seguro le hubiese dicho algún que otro comentario. Su padre hubiese sido el único en tener una reacción normal pero le hubiera dicho que fuera a buscar a su pareja.
No quería, no quería una novia, no quería tener una relación con alguien. Era joven aún no estaba listo para esto. En unos años si pero no ahora.
Tal vez si fuera Gelda... Negó con la cabeza, eso no iría más allá que una amistad. La rubia tenía veintidós y aunque su hilo aun no aparecía, lo iba a hacer en cualquier momento y ella se iría con su pareja.
El solo sería un amigo.
Su hilo ya apareció, sabía que estaba siendo ridículo en encerrarse en su habitación. Tarde o temprano conocería a la persona que está del otro lado del hilo y se enamoraría inevitablemente.
-Pero si le ponen la canción le da una depresión tonta.-escucho que Meliodas comenzó a cantar-.llorando lo comienza a llamar pero él la dejo en buzón, será porque con otra está, fingiendo que a otra se puede amar-
Zeldris cerró los ojos, y dejo de escribir en la computadora.
-Otra vez con esa canción.-dijo fastidiado.
Era una canción de ya había pasado de moda pero durante el tiempo en que lo estuvo, por alguna razón a Meliodas se le metió en la cabeza y la cantaba todo el tiempo. Lo había hartado hasta los huesos.
Y ahora se ponía a cantarla para llamar su atención.
Se levantó de su asiento, se dirigió a la puerta y la abrió.
-¿Si te dejo entrar te vas a callar?-
-Ya, dime que sucede.-
Zeldris se dio la vuelta y se sentó en su cama, Meliodas entro y tomo asiento junto a su hermano.
-Ya puedo ver mi hilo rojo.-
Sintió como Meliodas lo abrazo y lo apretujo.
-¡No puedo creerlo! ¡Mi hermanito ya es un hombre!-
-¡Ya suéltame, imbécil!- exclamo Zeldris zafándose del abrazo de su hermano.
Lo miro enfadado pero Meliodas solo lo miraba con una sonrisa.
-Zeldris, esto significa que conoceras a tu pareja.-
-Eso ya lo se.-
-Ya no tendrás que jalártela.-
Zeldris se sonrojo, le dio un puñetazo en la nariz a Meliodas provocando que cayera al suelo y se golpeara la cabeza contra la mesa de noche. Meliodas se llevó la mano en la nariz, comprobó que no estaba sangrando pero ahora le dolía la cabeza.
-Oye, puedo escuchar todo desde mi habitación.-dijo el rubio.
-Y yo desde aquí puedo escuchar lo que haces con Elizabeth cuando la traes y mama y papa no están en casa.-dijo Zeldris-.tengo que ponerme a escuchar música por mis auriculares por tu culpa-
-Perdón por eso pero ¡hey! ahora podrás hacerme la competencia.-
-¡SAL DE MI HABITACIÓN!-
-Déjame hablar, esta vez en serio.-
Zeldris se calmó y exhalo.
-Una oportunidad.-le dijo.
Meliodas se levantó y volvió a tomar asiento al lado de Zeldris.
-Mira, desde hace tiempo note que no gustaba hablar sobre el asunto del hilo rojo.-dijo Meliodas-.Tu no querías que apareciera, ¿verdad?-
-No.-dijo Zeldris cabizbajo, había tratado de disimular su negación hacia el hilo pero al parecer Meliodas lo conocía mejor de lo que pensaba-.digo, no tengo nada en contra del hilo rojo y de conocer a la persona indicada para mí pero no estoy listo para esto. Tengo dieciocho años, voy a comenzar la universidad después del verano y quiero hacer muchas cosas antes de tener una relación con alguien aparte no soy muy buena sociabilizando, solo tengo a Monspeet y Derieri como amigos y tú eres mi hermano, no cuentas como amigo.-
-Oye, ¿Quién dijo que los hermanos no pueden ser amigos? Escucha no porque te enamores y tengas una relación con alguien no quiere decir que no podrás hacer todas las cosas que quieres hacer, mírame a mí y Elizabeth, somos novios pero estamos estudiando en la universidad. Ella quiere ser pediatra y yo me hare cargo de la empresa de la familia, estamos juntos pero eso no nos impide lograr las metas personales de cada uno. Nos apoyamos mutuamente, una persona puede potenciarte a ser mejor, quiero ser capaz de darle una buena vida a Elizabeth en el futuro y también quiero verla feliz. No sé cómo son los horarios de un pediatra pero iré a buscarla luego de que salga del trabajo y Elizabeth de seguro me acompañara en los viajes de negocios que tenga que hacer, como lo hace mama con papa. Míralos a ellos, se aman pero papa siempre trabajo en la empresa y mama como vendedora de bienes raíces, fuimos de vacaciones a muchas partes. Lo hacen todo junto.-
-Pero...-
-Vivirás tu vida al lado de tu pareja, ambos compartirán momentos felices, tristes y va a haber diferencias pero nada que no tenga solución. Estas inseguro porque nunca estuviste en una relación con alguien pero eso cambiara cuando conozcas a la persona que está del otro lado del hilo, cuando la conozcas no querrás alejarte de su lado. Solamente vivimos una vez y no conseguirás nada si no te arriesgas. Amar y ser amado no es malo. Yo al principio también tenía algo de miedo, recordadas mis gritos cuando mi hilo apareció pero mírame, nunca he sido tan feliz como lo soy con Elizabeth.-
-Yo...no sé qué decir, no lo pensé así.-
No, no lo había pensado así, solo pensaba que quería estudiar y tener una carrera antes de que apareciera su hilo rojo. Disfrutar su vida antes que suceda eso. Para el que hilo rojo apareciera era sinónimo de matrimonio, hijos y otras responsabilidades pero Meliodas y Elizabeth estaban muy enamorados del uno al otro pero continuaban con sus carreras en la universidad y sus padres también viven sus vidas haciendo lo que les gusta hacer en compañía del otro.
Compartir la vida con alguien, hacer lo que quería hacer acompañado por otra persona. Una persona que lo apoyara y lo alentara y que el también hará lo mismo para aquella persona.
Y cuando sea el momento, formar una familia. Tal vez uno o dos niños.
Pero no estaba listo para una relación amorosa en ese momento, y también de seguro no era Gelda la persona que estaba del otro lado.
-Aparte, tal vez tú te quedes aquí sin salir a buscar a tu pareja pero ¿y tu pareja? ¿Crees que se quedara quieto sin buscarte? Estoy seguro que la persona del otro lado está ansiosa de conocerte.-
Zeldris abrió los ojos. No pensó esa posibilidad, era el quien no quería que nada sucediera aun pero desconocida que quería la persona del otro lado.
Y fue cuando tuvo una idea.
-Dejare que me sea mi pareja quien me busque.-dijo regresando a su escritorio y seguir con su tarea.
-¿Qué?-dijo Meliodas perplejo, prácticamente su hermano envió a la basura todo lo que le dijo.
-Fue inspirador todo lo que me dijiste y tienes razón, no hay nada de malo en el amor y compartir tu vida con la persona amada pero no seré yo quien la busque, lo aceptare cuando ella o el, como tanto insistes, venga a buscarme.-
-Eres un...-
El timbre de la casa sonó, Zeldris tembló del miedo y Meliodas sonrió socarronamente. Llego el momento para su hermano.
Eso pensó Meliodas hasta que escucho la voz de su madre decir:
-¡Meliodas, Ban vino de visita y te busca a ti!-exclamo su madre desde la sala-¡También a Zeldris!-
Zeldris suspiro de alivio y Meliodas rodo los ojos. Falsa alarma.
-Un momento, ¿Por qué Ban me buscaría?-pregunto Zeldris mirando a su hermano.
-No se.-sinceramente él tampoco lo sabía.
Curiosos, ambos fueron a la sala en donde Ban estaba sentado en el sofá y su madre le ofrecía unas galletas de chocolate con jugo de naranja. Zeldris vio su bicicleta en medio de la sala.
-¡Mi bicicleta!-exclamo y se acercó a verla-¿Pero dónde la encontraste?-le pregunto a Ban mirándolo.
-Si pido perdón por mi hermano menor, Selion la robo cuando la vio en el estacionamiento de tu escuela. Anoche cuando regrese a casa, la vi en el garaje, reconocí que era la tuya, me dijo que si lo sabía no la robaba así que te la traje de regreso.-
-¿Por qué tu hermano robaría una bicicleta?-le pregunto Meliodas.
-Su auto se averío y no le alcanza pagarlo con su sueldo del empleo a medio tiempo que tiene y comenzó a vender algunas cosas suyas. Cuando vio la bicicleta supo que era de las costosas y se la llevo. Ya sabes, las viejas mañas no desaparecen de la noche a la mañana. Iba a venderla hoy pero bueno lo descubrí antes, le dije que iba a regresarla y que tratara de vender la máquina de coser que tenemos sin usar en el ático, ni siquiera sabía que teníamos esa cosa en la casa.-
-Gracias por regresarle la bicicleta a mi hijo, Ban.-dijo Perséfone agradecida-.mi esposo quería comprarle un auto pero Zeldris insistió en seguir con su vieja bicicleta-
-¡Quiero comprarme un auto cuando tenga mi propio dinero!-exclamo Zeldris.
-Y respetamos esa decisión, cariño.-le dijo su madre.
-Mama, por cierto. La razón por la que Zeldris despertó gritando era porque ya puede ver su hilo rojo.-dijo Meliodas.
-¡Meliodas!-se quejó Zeldris.
-¡¿Apareció tu hilo rojo?! ¡Mi bebe ya creció!-dijo Perséfone acercándose a su hijo menor y abrazarlo-.No puedo creerlo, estoy tan feliz por ti.-
-¡Hay que brindar por Zeldris!-exclamo Ban.
-Tan temprano y ya quieres beber.-comento Meliodas, su amigo mataría a su riñan por tanto alcohol que bebe. Ni él bebía tanto cuando lo hacía.
-Cariño, pensé que te había sucedió algo malo. Ya me imaginaba llevándote al hospital.-
-Perdón si los asuste.-
-Recuerdo cuando apareció mi hilo rojo y conocí a Elaine.-dijo Ban recordando.
Ban era dos mayor que Meliodas, Zeldris desconocía si Ban estudiaba o trabajaba. No sabía si al menos hacia una de las dos cosas.
-Si pero Zeldris no quiere salir a buscar a su pareja.-dijo Meliodas.
-¡Con un demonio, Meliodas!-exclamo Zeldris enojado-.Ya no te volveré a decirte más nada-
-¿Por qué no quieres?-le pregunto su madre.
Zeldris inhalo y exhalo para calmarse.
-No quiero una relación amorosa, eso es todo.-dijo Zeldris-.pensé que aparecería dentro de unos años más. Quiero hacer otras cosas antes de eso.-
-Pero Zeldris, cariño...-
-Mama, Meliodas ya me dijo sobre compartir la vida con la persona amada, y no estoy en contra de eso créeme, pero no me siento listo para estar en una relación con alguien en este momento.-dijo Zeldris-.la próxima semana tengo que anotarme en las clases de orientación para la universidad, luego vienen los exámenes finales de la preparatoria y los exámenes de ingreso a la universidad y luego del verano comenzare mi primer año en los estudios de la carrera. No tengo tiempo para el amor.-
"Y estoy seguro que no está la chica que quiero del otro lado" pensó Zeldris triste.
-¿Y qué hay de la persona que está del otro lado? Porque al igual que tú, también está viendo el hilo rojo.-le dijo su madre.
-Cuando venga a buscarme, hablare con esa persona.-dijo Zeldris.
-Alto, ¿planeas rechazar a tu pareja?-pregunto Meliodas.
-Jamás ha sucedido que alguien rechazara a su pareja.-dijo Ban
-Siempre hay una primera vez para todo.-dijo Zeldris y tomo su bicicleta-.gracias por traer mi bicicleta Ban, la guardare en el garaje.-
Zeldris salió de la casa y llevo a su bicicleta a guardar.
-Creo que Zeldris se quedara solo por el resto de su vida.-dijo Meliodas.
-No digas eso de tu hermano.-dijo su madre.
-Pero mama, piensa rechazar a su pareja destinada ¿Cómo crees que le afectara eso a la persona que está del otro lado del hilo?-
-Tienes razón.-dijo Perséfone preocupada pensando en su hijo menor-.ay mi niño-
Gelda despertó sintiendo como Stella le lamia el rostro, le sonrió a la gata y se estiro para desperezar su cuerpo. Miro el reloj que estaba en su mesa de noche aun lado de la cama. Diez y media de la mañana.
Se sentó rápidamente en la cama nerviosa.
¡Debía estar en la universidad en media hora! Un importante psicólogo daría un seminario en la universidad y podían ir quienes querían ir.
¡Y ella quería ir!
Se levantó de la cama, maldiciéndose por no programar el despertador del reloj. Se había olvidado.
Rápidamente se lavó los dientes, no había tiempo para ducharse de todos modos se había duchado antes de ir a dormir. Le dio de comer y beber a sus gatos y se dirigió nuevamente a su habitación para cambiarse.
Cuando termino de colocarse los zapatos y se dirigió a su tocador para ponerse las pulseras que siempre usaba, fue cuando lo noto.
Un hilo rojo atado en su meñique de la mano derecha. Su hilo rojo.
Dio un grito de emoción, por suerte las paredes eran lo suficientemente gruesas para que sus vecinos no escucharan.
-¡Ay por dios! ¡Ay por dios! ¡Mi hilo rojo, mi hilo rojo, mi hilo rojo!-exclamo feliz Gelda mientras se paraba sobre su cama y comenzaba a saltar encima de ella, vio a sus gatos entrar a la habitación y verla-.Felix, Stella, apareció mi hilo rojo-
Salto hacia el piso para quedar enfrente de sus gatos, estos se asustaron por la acción de su dueña e intentaron irse pero Gelda los tomo a cada uno y los levanto en sus brazos.
-Mi hilo ya apareció, eso quiere decir que llego el momento de conocer a mi futuro esposo.-dijo Gelda pero lo pensó mejor-.creo que me estoy precipitando, mejor no le digo eso o se asustara, a los hombres les asusta el matrimonio. Por el momento debemos conocernos.-
Dejo a los gatos en el suelo y estos se la quedaron viendo. Regreso a su armario, debía escoger una mejor ropa.
El recordatorio del seminario volvió a su mente.
-¡Ay no! ¡El seminario! ¡¿Qué hago?!-
¿Iba al seminario o buscaba a su pareja? No iba a esperar que su pareja la buscara a ella. Pero el seminario solo sería hoy.
Tomo su celular y llamo a su madre, ella siempre le decía que hacer cuando estaba indecisa o tenía dudas.
Marco el número y llamo.
-¡Gelda, cariño! Hola.- escucho la voz de su madre del otro lado de la línea.
-Hola mama, buen día.-
-¿Sucede algo? Tu tono de voz no es muy animado.-le pregunto preocupada-¿Te duele algo?-
-No es nada de eso mama, tranquila. Es que... ya puedo ver mi hilo rojo.-
Hubo un silencio por un segundo y luego un pequeño grito de emoción por parte de su madre.
-Cariño, no puedo creerlo. Era hora, sabía que sería pronto.-
-Sí, yo también lo esperaba desde hace bastante pero lo que sucede es que tengo un seminario importante en la universidad y no sé si ir o seguir el hilo y conocer a mi pareja.-
-Bueno, ambas cosas son importantes.-dijo pensativa su madre-¿el seminario solo será hoy?-
-Sí, es para los estudiantes de psicología, como no somos demasiados como otras carreras solo programaron un solo seminario.-
-En ese caso ve al seminario, tus estudios son importantes. Tu pareja puede esperar aparte de seguro él te buscara a ti, de seguro cuando salgas de la universidad te estará esperando en la puerta.-
-Tienes razón, gracias mama.-
-De nada cariño, luego me cuentas lo que sucedió.-
-Sí, adiós.-
Gelda colgó la llamada y suspiro. Bueno, su pareja tendría que esperar. Termino de alistarse y salió rumbo a la universidad.
Eran las dos de la tarde y Zeldris seguía encerrado en su cuarto. Meliodas le seguía insistiendo desde el otro lado de la puerta incluso había hecho ruido con las cacerolas de su madre pero su padre le regaño y tuvo que dejarlas devuelta en la cocina.
Zeldris ya había hecho su tarea de historia, matemática y biología, ahora estaba haciendo la de física. Tenían que darle un premio, logro realizar sus tareas escolares con su hermano molestando desde del otro lado de la puerta de su habitación.
Le coloco el seguro a las dos puertas, la de que da al pasillo y la que la al baño.
¿Por qué la persona que construyo la casa tuvo la idea de conectar dos habitaciones mediante un baño? Bueno, eso fue lo que hizo que sus padres compraran la casa. Pensaron que sería bueno que él y Meliodas compartieran baño y que sus habitaciones estén conectadas.
Suspiro y bebió del jugo de naranja que tenía a un lado de la computadora.
Meliodas volvió a golpear la puerta de su habitación.
Se levantó y fue a abrirle.
-¿Por qué no puedes aceptar que quiero estar solo en la vida?-
-Por qué no quiero que el día de mañana te despiertes y te sientas solo, ni que te arrepientas de tus desiciones.-dijo su hermano entrando a la habitación y tomando asiento en la cama.
-Adoptare gatos.-
-¿Te gustan los gatos?-
-Son más limpios que un perro.-
-Zeldris, no entiendo por qué tanta negación.-
-Me gusta una chica.-
Meliodas se quedó viendo a su hermano con los abiertos por la sorpresa. El pelinegro volvió a suspirar, atrajo su silla del escritorio y se sentó delante de su hermano.
-Me gusta una chica.-dijo nuevamente cabizbajo y mirando el hilo que llevaba atado en su meñique-.hace un año vi a una chica en el restaurante de enfrente de tu universidad y desde entonces siempre iba a verla desde lejos, a un par de mesas de distancia. Es tan hermosa, su piel es tan clara como la nieve, sus labios son de un hermoso tono rosado y lo más hermoso son sus ojos rojizos, nunca había visto a una persona con ese color de ojos pero en ella se ve tan bello. Ayer por primera vez hable con ella, nos cruzamos en la universidad cuando fui por la información de los exámenes de ingreso. Me invito a comer en el restaurante.-levanto la cabeza y miro a Meliodas con una sonrisa soñadora-.tenemos algunos gustos en común, opiniones y manera de pensar. Empezamos a hablar sobre que nos gusta un poco el anime y luego de otras cosas, tiene un hermano menor, dos gatos, entre otras cosas. Es muy observadora, todo este tiempo se había dado cuenta de que yo la observaba pero no estaba enojada, se sentía un poco alagada.-
-¿Por qué nunca me lo dijiste?-
-Nunca tuve esperanzas con esto, el hilo rojo es inevitable al igual de que me enamorare de la persona que está del otro lado. Una parte de mí no quería que el hilo apareciera, no, quería que el hilo no existiera porque sé que esto que siento puede ser más que solo me guste esa chica y ayer lo comprobé, si antes solo me gustaba admirarla ahora no dejo de pensar en ella pero eso jamás sucederá, mi hilo apareció y el de ella aun no pero pronto lo hará. Tienes razón, una relación no me impedirá cumplir con mis metas que quiero para mi vida, me motivara más en cumplirlas pero al saber que no será con la persona que quiero. Eso me entristece, creo que el hilo fallo para mí o tal vez yo le falle al hilo. No quiero conocer a la persona que está del otro lado del hilo porque aún no estoy listo para olvidar a Gelda, quiero quererla un poco más.-
-Lo siento, no sabía por lo que estabas pasando.-
-Descuida, me doy cuenta que estoy siendo ridículo. No hay forma de escapar de esto.-
Zeldris levanto su mano derecha y miro su hilo. Aquel hilo que no quería que apareciera aun y allí estaba indicándole que era el momento de conocer a la persona que amara por el resto de su vida.
-No lo hagas sino no quieres.-
-¿Y si esa persona viene aquí? Creo que es mejor acabar con esto de una vez. De todos modos me enamorare de esa persona, Gelda solo me gusta, eso es todo.-
No, estaba seguro que era un poco más de que simplemente le gustaba. Ese pensamiento había estado desde esa mañana en la cabeza de Zeldris.
-Pero Zeldris...-
-Terminare con mi tarea y saldré a cumplir con lo que el destino quiere que haga.-
-No quiero que te sientas infeliz por esto, tal vez el hilo se equivocó o...-
-El hilo jamás se equivoca, está bien Meliodas no te preocupes.-le dijo-.solo no se lo digas a mama y a papa-
Zeldris regreso a su escritorio y se dispuso a terminar su tarea de física. Meliodas solo miro a su hermano enojado consigo mismo, se sentía incapaz de poder ayudarlo. No sabía qué hacer ante esta situación, a las personas le podía gustar alguien antes de conocer a su pareja destinada pero la mirada de Zeldris y en la forma en la que se expresó de esa chica era obvio que sentía algo más que un simple interés romántico.
Se estaba enamorando... pero no era su pareja destinada.
¿Acaso el hilo había fallado?
Una idea apareció en su mente.
-Oye Zeldris, y si es esa chica de la que hablas la que está del otro lado del hilo.-hablo de pronto.
Zeldris apunto tan fuerte su lápiz contra su libreta que la punta se rompió y volteo a ver a su hermano. Por suerte su silla era giratoria.
-En la vida no se tiene tanta suerte y aparte a Gelda la conozco desde hace un año y empezamos a hablar ayer.-
-¿Y? Elizabeth y yo somos novios desde hace casi un año cuando apareció nuestro hilo pero nos conocemos desde hace tres. Nos conocimos en preparatoria, cuando teníamos diecisiete y dieciséis años respectivamente.- Meliodas se levantó de la cama y se encamino hacia la puerta.-No te insistiré más pero hay casos en que las parejas destinadas se conocen antes de que el hilo apareciera, Elizabeth y yo somos uno de esos casos. Haz lo que creas mejor.-
Luego de decir eso, el rubio se retiró de la habitación cerrando la puerta detrás de sí.
Zeldirs se quedó pensativo, era cierto había casos así pero solo sucedía con el diez por ciento de las parejas destinadas a nivel mundial. Su hermano corrió con esa suerte, dudaba que se repitiera con él.
Aunque le gustaría que eso sucediera. Descarto la idea y regreso a su tarea pero esta vez ya no podía concentrarse del todo.
Pero lo que no sabía Zeldris es que el destino en ocasiones tenía preparado lo que uno más quería. Claro... si es que uno estaba dispuesto a ir detrás de ello.
Gelda salía del seminario feliz, había aclarado dudas y aprendido mucha información nueva. Estaba guardando su libreta dentro de su bolso cuando su estómago rugió en señal de hambre.
Estaba por ir al restaurante de enfrente cuando vio su hilo y recordó que ya había aparecido.
Miro hacia todos lados y nada, el hilo seguía hasta fuera de la universidad. Sea quien sea que este del otro lado no vino a buscarla.
¿Y si era alguien que vivía en otro país? Existen casos así.
Ay no, ella no sabía hablar otro idioma y ya tenía mucho con su carrera para ponerse a estudiar un idioma.
No, no podía tener esa mala suerte, de seguro que era alguien que estaba lejos y le tomaba tiempo llegar.
O tal vez no estaba buscándola.
Ese pensamiento la hizo enfadar, eso sí que no. No iba a ignorarla.
Tuvo una idea pero primero debía comprobar si era posible.
Llevo su dedo índice izquierdo al hilo y sintió el contacto con el hilo, dándose cuenta que el hilo se podía tocar.
-Vaya, nunca me habían dicho que se podía tocar.-
Acomodo mejor su bolso sobre el hombro y tomo con ambas manos el hilo que solo era visible ante sus ojos y lo jalo con todas sus fuerzas.
Zeldris, quien estaba leyendo su libro de física sintió un fuerte jalón en su dedo meñique y cayó estrepitosamente al suelo. Su silla también cayó sobre él.
-¡¿Pero qué carajo?!- dijo mirando su mano derecha y quitándose la silla de encima.
Estaba seguro que el jalón fue provocado por el hilo, estaba impresionado. ¿Acaso lo estaba obligando a ir a buscar a su pareja? Sintió un nuevo jalón pero más ligero.
Fue cuando se dio cuenta que no era el hilo en si lo que lo jalo sino que algo jalo el hilo y provoco su caída. Lo único que podría jalar su hilo rojo era la persona que estaba del otro lado.
-Si quieres conocerme, ven tu.-dijo levantándose, tomo el hilo en sus manos dándose cuenta que podía tocarlo y lo jalo.
Gelda sintió un fuerte jalón que la empujo hacia delante pero pudo estabilizarse apoyando sus manos en el suelo y evitar caerse.
-Hey, no jale tan fuerte.-dijo jalando nuevamente el hilo pero esta vez poniendo un poco más de fuerza.
Zeldris cayó nuevamente al suelo, esta vez de cara. Se levantó masajeando su nariz.
Volvió a tomar el hilo y jalo de nuevo. Gelda sintió el jalón, afianzo su agarre en el hilo y también jalo de su lado. Zeldris y Gelda se encontraban jalando el hilo al mismo tiempo, sentían la fuerza del otro mediante esta acción.
A Gelda le recordó el juego de jalar la soga que le hizo hacer su profesora de deportes junto con el resto de sus compañeros de curso cuando iba a preparatoria.
-Sabes, pensé en ir por ti pero ahora ven tú a mí.-dijo y jalo nuevamente el hilo con fuerza.
Zeldris cayó delante de la puerta de su habitación.
Suspiro con fastidio.
-Bien, creo que es hora que haga esto.-
Inhalo y Exhalo, repitió la acción tres veces y abrió la puerta.
Vio a sus padres en sentados en la sala mirando televisión, no veía a Meliodas por ningún lado.
-¿Dónde está Meliodas?-pregunto.
-Salió con Elizabeth, ella vino a buscarlo, dijo algo sobre comprar un regalo de cumpleaños pero no escuche bien para quien.-le dijo su madre.
Estaban a principios de marzo y el siguiente cumpleaños era el de Elaine, la novia de Ban. Supuso que comprarían un regalo para ella.
-Voy a salir un momento, vuelvo más tarde.-dijo Zeldris.
-No vuelvas muy tarde.-le dijo su padre-.vuelve antes de que anochezca-
-Papa tengo dieciocho años.-
-Dieciocho años o no, no quiero reconocer tu cadáver mañana en la morgue porque te cruzaste con las personas equivocadas en el momento equivocado.-
-No lo asustes de esa manera.-dijo Perséfone-.ve con cuidado cielo-dijo lo último a su hijo.
Zeldris salió de casa, aunque no le gustaba que su padre lo tratara como niño pequeño sabía que lo hacía porque se preocupaba por el pero se preguntaba por qué siempre le decía que volvería antes del anochecer si siempre volvía luego de salir de la escuela y si salía con Monspeet y Derieri o con Merlin, regresaba antes de la seis de la tarde.
Miro su hilo rojo y comenzó a seguirlo, no llevaría la bicicleta. Quería hacer esto con calma.
Le tomo treinta minutos llegar a la ciudad, decidió tomar el autobús cuando noto que el hilo lo dirigía hacia allí. Vivir en zona residencial era tranquilo pero vivir en la ciudad sería más práctico.
Bajo enfrente del parque, y siguió con el trayecto del hilo.
El hilo rojo cada vez iba haciéndose más corto, indicándole que estaba llegando a su destino es decir hacia donde estaba su pareja.
Pasó enfrente de una florería y vio los ramos de rosas que estaban en oferta. No sería mala idea llegar aunque sea con un pequeño ramo, después de todo debía causar una buena primera impresión. Entro al local y luego de unos dos minutos continuaba caminando con un pequeño ramo en manos.
En un momento el camino comenzó a resultarle familiar, para cuando iba a darse cuenta de que camino era vio la universidad de su hermano en la vereda de enfrente. Bajo la mirada hacia su hilo y noto que seguía su trayecto hacia el restaurante.
Con el corazón palpitando rápidamente dentro de su pecho entro al restaurante y la escena era la misma que veía cuando entraba a ese lugar incluso vio que Gelda estaba allí sentada en una de las mesas pero estaba vez había algo diferente...
Abrió los ojos perplejo. Gelda imito la acción al verlo.
Zeldris veía que su hilo rojo terminaba en Gelda y la rubia veía que su hilo terminaba en Zeldris.
Zeldris se acercó a la chica rubia mientras que el hilo se hacía corto a cada paso que daba con dirección a ella. En cuanto estuvieron uno delante del otro el hilo desapareció, haciéndose invisible nuevamente pero uniéndolos aun.
-Así que eras tú.-dijo Gelda apoyando su barbilla en una de sus manos-.me hiciste esperar bastante-
Zeldris sonrió con gracia y un poco de nerviosismo.
-Perdón por la espera.-dijo Zeldris y recordó que traía un ramo de rosas-.las compre para ti-
Gelda se sonrojo pero sonrió mientras aceptaba el ramo.
-Gracias.-dijo oliendo las rosas-.son hermosas, ayer no me dijiste que eras del tipo de chico que dan flores-
-Bueno, hay una primera vez para todo.-dijo Zeldris tomando asiento delante de Gelda.
Gelda sonreía con alegría, el lindo y adorable chico de ojos verdes que la miraba desde lejos resulto ser su pareja destinada. Estaba muy feliz por ello, estaba segura que ella y Zeldris serían muy felices juntos pero llevaban tiempo de conocerse ¿Por qué el hilo no apareció antes?
-Zeldris, ¿Cuántos años me dijiste que tenías?-le pregunto.
-Dieciocho.-contesto el, curioso por la repentina pregunta.
-¿Cuándo los cumpliste?-
-El cinco de febrero.-
Ella cumpliría los veintitrés el próximo diecinueve de abril es decir que era mayor que el pelinegro por cinco años. La primera vez cuando espero que apareciera el hilo fue a los quince por ese entonces Zeldris tenía diez luego pensó que aparecería a los dieciocho pero no ocurrió así, cuando eso el pelinegro tenia trece y ahora que sus veintitrés años estaban a la vuelta de la esquina su hilo rojo apareció y Zeldris tenía dieciocho.
Fue cuando lo comprendió, ella estaba lista pero Zeldris no debido a su juventud. Si el hilo espero hasta ahora era porque el pelinegro ya estaba listo como ella lo estaba.
Gelda sonrió.
-Zeldris, ¿puedo besarte?-
El pelinegro se sonrojo avergonzado por la petición pero el también quería besarla así que asintió con la cabeza.
Ambas se inclinaron sobre la mesa y con algo de timidez y nerviosismo unieron sus labios en un dulce beso. El beso era tierno y suave incluso con algo de duda, después de todo era el primer beso de sus vidas para ambos.
Apoyaron sus frentes contra la del otro luego de finalizar el beso pero manteniendo sus ojos cerrados disfrutando el momento.
Zeldris estaba completamente feliz, se había enamorado de la mujer que estaba destinada para él. Ya quería comenzar su vida junto con Gelda Salvatorre al igual que Gelda no se separaría nunca de al lado de Zeldris Demon.
Estaban seguros que la vida junto al otro sería feliz y maravillosa.
Zeldris se sentía avergonzado por todo el escándalo que había hecho en casa. Meliodas se burlaría de el por el resto de sus vidas.
A unas cuantas mesas de distancia, Merlin observaba a la feliz pareja mientras tomaba un sorbo de su copa de vino tinto.
Zeldris Demon había sido un caso peculiar, tuvo que jugar un poco con su magia y adelantar el momento de la aparición de su hilo rojo. Su padre la regañaría pero si no lo hacia Zeldris jamás iba a estar listo. El y Gelda serían felices juntos por el resto de sus vidas.
Masajeo con su mano la parte trasera de su cuello, a veces sentía como si el filo de aquella espada le atravesaba esa parte de su cuerpo nuevamente pero sonrió, realmente valió la pena haber reencarnado.
Cuando iba a llevar nuevamente la copa de vino a sus labios fue cuando lo noto. Un hilo rojo atado a su dedo meñique.
-Esto sí que no me lo esperaba.-dijo perpleja e intrigada al mismo tiempo.
