Tres Años Después…

El sonido de la lluvia lo despertó y el aroma a flores, que tanto conocía y le encantaba, inundo sus fosas nasales. Abrió los ojos al mismo tiempo que estiraba sus brazos y piernas para desperezar su cuerpo al igual que inhalaba aire para llenar sus pulmones y luego lanzarlo en una gran exhalación.

Vio el techo blanco de la habitación pero rápidamente volteo su rostro al lado izquierdo de su cuerpo. Y allí estaba, dormida con su dulce, fino y elegante rostro relajado pero con sus cabellos rubios y ondulados completamente enmarañados por toda la almohada.

Gelda dormía plácidamente mientras lo abrazaba y descansaba su cabeza en su hombro izquierdo.

Sonrió y deposito un suave beso en su frente.

Volteo hacia la derecha para ver el reloj, este marcaba las diez treinta y cinco de la mañana, por suerte era domingo y estaban de vacaciones, no debían de preocuparse. Podían descansar y estar juntos a gusto.

Con cuidado deposito la cabeza de Gelda dulcemente en la almohada para poder levantarse, la rubia sintió que ya no la estaba abrazando y dormida, lo comenzó a buscar con sus brazos. Sonrió con gracia al verla, tomo la almohada que había estado usando, y se la acerco, sonrió al ver que Gelda abrazaba la almohada y continuaba en el mundo de los sueños.

La arropo mejor con las mantas de la cama, la temperatura estaba comenzando a bajar. El verano se estaba despidiendo y el otoño estaba por llegar, y dormir desnuda con las mantas destapadas no era una buena combinación.

Tomo su ropa interior del suelo y se la coloco para ya no estar desnudo, anoche había sido una noche muy activa. No sabría decir a qué hora se durmió.

Zeldris sonrió, feliz de comenzar el día.

Volvió a escuchar el sonido de la lluvia, se acercó a la ventana en donde corrió la cortina y vio el cielo nublado y oscuro con una intensa lluvia cayendo en la ciudad. Miro hacia abajo y vio a las pocas personas que estaban en la calle correr rápidamente para buscar refugio en alguna parte, algunos tenían paraguas, otros no y se cubrían con lo que sea que tenían en la mano pero incluso los que tenían paraguas corrían apresurados para salir de debajo de ese aguacero.

Las personas que conducían en auto no tenían problemas, no se preocupaban ya que no se mojarían pero conducían a una baja velocidad ya que el pavimento podría estar resbaloso por el agua y no querían terminar en un siniestro automovilístico.

Escucho el maullido de Stella a sus pies, el pelinegro regreso la vista al interior del departamento y vio a la gata de pelaje blanco mirándolo con sus felinos ojos azules de manera intensa. Le sonrió al saber lo que quería.

Se dirigió a la sala con la gata siguiéndolo de cerca, allí Felix, el gato de pelaje gris se situó al lado de su compañera felina y ambos gatos se sentaron a esperar su comida. Zeldris abrió la alacena, tomo dos latas de comida para gatos y las abrió con ayuda del abrelatas luego dejo caer el alimento en los respectivos tazones de comida que estaban en el suelo mientras que los gatos se acercaron y comenzaron a degustar su primer comida del día. Zeldris les renovó el agua del tercer tazón que había allí.

Se dirigió al termostato del departamento y subió dos grados la temperatura aunque debía de ponerse más ropa, solamente tenía puesto su ropa interior.

Volvió a la habitación en donde busco algo de ropa limpia en uno de los cajones del armario, había sido precavido en tener dos cambios de vestimenta en el departamento de su novia. Tomo una remera blanca, un pantalón oscuro y unas medias después se encamino al baño para tomar una ducha.

Una vez allí recordó la noche anterior, Gelda y el habían salido al cine y luego dieron una vuelta por el London Eye. Fue magnifico, lo mejor que gracias a la hora tuvieron una cabina solo para ellos, media hora de besos y arrumacos mientras veían la increíble vista de la ciudad de Londres durante su actividad nocturna, pudieron ver el Támesis desde allí arriba.

El plan original era después del London Eye ir a un café que estaba por allí cerca pero Gelda había dicho que quería ir al departamento. Supo rápidamente para qué.

Entre besos y tropezones entraron a la vivienda de la rubia y en el trayecto hacia la habitación no supieron quién de los dos le piso la cola al pobre Felix pero el gato salió corriendo hacia la cocina y ellos siguieron con su actividad.

No sabía por cuanto tiempo estuvieron haciendo el amor pero sabía que había sido más de una vez, solo recordaba que aún era de noche cuando al fin decidieron dormir. Gelda era maravillosa, incluso después de tres años juntos seguía sin poder creer como es que una mujer podía ser tan educada y elegante ante los ojos de la sociedad pero salvaje y apasionada en la cama.

Le tomo tiempo poder seguirle el ritmo a la rubia, incluso ella había llegado virgen a sus brazos, lo cual lo dejaba aún más perplejo. El también seguía siendo virgen en aquel entonces pero aun así estaba sorprendido aunque claro las primeras veces, hace ya dos años atrás, Gelda se había mostrado tímida y nerviosa, no fue luego de un tiempo que comenzó a tomar más confianza y confort a las relaciones sexuales al igual que él. Zeldris también había sido así pero aprendieron juntos con el continuo apoyo mutuo, investigando un poco en internet y con las prácticas, ahora era muy difícil mantener las manos alejadas del otro.

Pero Gelda no solo era maravillosa en la cama sino que también en el resto de las cosas que hacía. Descubrió que verla a pocos centímetros era mejor que a más de diez cuando la espiaba en el restaurant.

La rubia ya había terminado su carrera de la universidad, se recibió de psicóloga antes de que comenzara el verano e ingresaría a trabajar en el Hospital Privado Druid en unas semanas, en cuanto el verano terminara oficialmente. Gelda se había mostrado muy feliz con ella misma por lograr terminar su carrera, hubo momentos en que la rubia se exasperaba y estresaba, había tenido el pensamiento de dejar los estudios, y en ocasiones casi lo había hecho pero cuando sucedían esos momentos, el la consolaba y la animaba a continuar recordándole la mujer fuerte y decidida que es. Lo mucho que la amaba por ser así y que se lamentaría por haber dejado la cerrera cuando había llegado tan lejos y solo faltaba un esfuerzo más.

En cuanto le entregaron su diploma, él fue a la primera persona que abrazo en cuanto bajo del escenario el día de su graduación.

En cuanto a él, comenzaría el tercer año de su carrera de economía y finanzas junto con la de administración empresarial. Había estudiado el primer año de abogacía pero no le había gustado, no había sido como el había pensado. Gelda con apoyo de su madre, Perséfone, le dijeron que si no le gustaba que cambiara de carrera. Meliodas le sugirió que intentara la suya, incluso le iría mejor que a él mismo, matemáticas siempre le había resultado fácil.

Así que siguió los consejos, dejo la carrera de abogacía y el siguiente año comenzó con la de economía y finanzas junto con la de administración, las mismas que Meliodas había tomado.

Le gusto, las materias eran completamente fáciles para él y no era mucho material nuevo que aprender. Debido a que su familia era empresaria había crecido entre números, estadísticas y negocios. Había querido probar algo nuevo pero no le había gustado.

Al principio pensó que su padre se enfadaría pero lo había dejado anonadado al mostrarse contento por su decisión de cambiar de carrera. A su padre no le convencía la abogacía pero lo dejo ser, no iba a obligarlo a elegir algo que no les gustara sin embargo le declarado que tampoco estaba sorprendido de que al final no le gustara la carrera.

Los Demon no estamos hechos para otras cosas que no sea los negocios, esas habían sido las palabras de su padre.

Aunque era difícil estudiar dos carreras al mismo tiempo, no era imposible. Aún continuaba viviendo con sus padres, su padre pagaba sus estudios pero no le pagaría un departamento y con lo difícil que eran sus carreras, sería más fácil de llevar si seguía en casa, ya que así no debía preocuparse por casa y comida. En el fondo sabía que su padre quería que estudiara con tranquilidad y calma para aprender bien para así en cuanto se graduara, comenzara a trabajar en la empresa familiar y ayudara a Meliodas, y así Lucifer por fin podría jubilarse dejando a sus hijos al mando.

Actualmente Meliodas era el vicepresidente mientras que su padre estaba a la cabeza pero en cuanto se graduara y comenzara a trabajar, su padre se retiraría, Meliodas pasaría a la presidencia y el tomaría el puesto de vicepresidente. Debía admitirlo, era un gran plan.

A el también le gustaba ese plan, quería darle una buena vida a Gelda y a los hijos que tendrían juntos. Ella trabajaría, no iba a negarle algo que le gustaba hacer pero quería que su amada no se preocupara por nada pero ahora debía pensar en que en unas semanas comenzaría el tercer año de las carreras.

En los últimos dos años, balanceo la universidad y su relación con Gelda. Su novia lo ayudaba en lo que podía, llamarlo en las mañanas para cerciorarse de que ya estaba despierto, preguntarle si tenía tarea o examen que presentar para así recordarlo, buscarlo entre clases para obligarlo a comer algo antes de desmayarse por no ingerir nada aun por no querer perder tiempo e incluso hace unos días le regalo una agenda escolar universitaria personalizada que envió a hacer para el para que organizara sus horarios y estudios, tenía que admitir que era un desastre a la hora de organizarse.

Termino de ducharse, cerró el paso del agua y salió de la bañera mientras que se colocaba una toalla alrededor de la cintura.

Gelda era muy dulce y cariñosa pero no se sobrexcedía en público ya que sabía que esas clases de cosas lo apenaban un poco, ya que era algo orgulloso pero no le rechazaba ninguna muestra de afecto y ella a su vez no le gustaba mostrar mucho su vida a las personas. La rubia en privado era bastante amorosa. Se encontró así mismo que le encantaba hacer cualquier cosa en compañía de Gelda, desde lo más trivial como hablar sobre el clima hasta ir de viaje por todo un fin de semana a cualquier lugar que se les ocurriera. Aún recuerda el campamento en el bosque junto con Meliodas y Elizabeth, se perdieron en el bosque por tres horas y Elizabeth fue quien los encontró, bueno, en realidad ellos encontraron a la peliplata.

Elizabeth y Meliodas los estaban buscando cuando a la novia de su hermano le dieron ganas de orinar así que descansando por un segundo, Elizabeth utilizo ese tiempo para ir detrás de unos arbustos para hacer sus necesidades cuando él y Gelda se habían acercado con curiosidad al ver dicho arbusto moverse y cuando corrieron las hojas vieron a la peliplata con los pantalones bajos semi sentada y haciendo pis. Elizabeth dio un gran grito de terror, Meliodas apareció con una rama gruesa y golpeo a su hermano en la cabeza con ella al pensar que un oso estaba atacando a su novia.

Los hermanos comenzaron a pelear por el golpe, que por suerte no había sido muy fuerte y la pobre Elizabeth debido al susto, también hizo del dos. Gelda simplemente se quedó parada en medio de todo y luego le dio un ataque de risa cuando todo ya se calmó.

Todos se contagiaron de la risa de la rubia y los cuatro terminaron riéndose.

Ese fue un gran fin de semana.

Simplemente amaba estar al lado de Gelda, todo era mejor con ella. Le encantaba escuchar su voz, oler su perfume, sentir sus manos cuando lo acariciaba y lo que más le gustaba era cuando usaba escotes y su rostro quedaba entre sus pechos cuando lo abrazaba. También amaba la manera de ser de ella fuerte, decidida e independiente también educada, gentil y hermosa todo complementado con lo dulce y amorosa que era con él.

No había día que pasara y que no se enamoraba aún más de ella.

Realmente se avergonzaba por cómo había pensado y temido sobre el hilo rojo y su pareja destinada hace tres años atrás. Todo el mundo había tenía razón, el hilo jamás se equivocaba ya que ahora le era imposible pensar en su vida sin su Gelda.

Salió del baño ya vestido, se colocó una chaqueta negra. Gelda aún estaba dormida, se acercó para despertarla.

-Gelda, es hora de despertar.-la llamo mientras repartía besos por el cuello de su amada.

-Mmm.-fue lo único que obtuvo de su novia.

-Pronto serán las once de la mañana.-

Gelda estiro su cuerpo y abrió los ojos para mirarlo.

-Buen día.-murmuro con voz algo adormilada.

-Buen día.-le dijo sonriéndole.

-¿Tienes que irte?-le pregunto con tristeza haciendo un puchero con los labios.

-Afuera está el diluvio universal, llamare a mis padres para decirles que me quedare aquí mientras pasa la tormenta aunque ayer escuche en las noticias que duraría todo el día.-

-Que dure por toda la eternidad.-dijo Gelda pasando sus brazos por el cuello de su novio y atrayéndolo hacia ella-.regresa a la cama-le pidió.

-Es hora de despertar, amor.-

Gelda se quejó y jalo haciendo que cayera sobre las mantas de la cama, una vez teniéndolo recostado nuevamente, la rubia se acomodó y cerró los ojos para continuar durmiendo.

-Gelda.-la llamo-.al menos déjame ir a llamar a mis padres, deben de estar preocupados. No saben de mí desde ayer a la tarde-

Gelda a regaña dientes lo soltó y volteo para continuar descansando, Zeldris rio al ver las pocas ganas de levantarse de su novia.

El pelinegro se levantó, fue a la sala en donde busco su celular en la chaqueta que utilizaba la noche anterior y se encontraba tirada delante de la puerta del departamento.

Marco el número de su madre y espero que su llamada, Perséfone contesto al tercer tono.

-Cariño, ¿Cómo estás? ¿No estas debajo de esta lluvia verdad?-escucho la voz de su madre.

-Hola mama, estoy bien, estoy con Gelda en su departamento.-

-Okey, la lluvia ha empeorado. ¿A qué hora vuelves?-

-Pues según las noticias la lluvia durada todo el día y no me gustaría esperar el autobús debajo de este diluvio así que esperare a que pase, al menos lo suficientemente suave como para que el paraguas soporte la lluvia.-

-Tienes razón aparte tampoco quiero que salgas con este clima y luego te enfermes.-

-¿No estas siendo muy flexible? Es extraño en ti.-

-Cariño, estoy tranquila porque sé que estas con Gelda eso es todo. ¿Tienen comida para almorzar?-

-Si.-le dijo Zeldris pero fue a la nevera para comprobar que si había, la abrió y vio que había sobras de comida china y algo envuelto en aluminio que no sabía desde cuando está allí-Si, tenemos. No te preocupes-

"No está aquí para ver la nevera" pensó para si el pelinegro.

-Bueno, entonces nos estamos viendo. Adiós cariño y saluda a Gelda de mi parte. Invítala a almorzar con nosotros mañana.-

-Está bien de acuerdo, adiós mama, saluda a papa de mi parte.-dijo Zeldris y su madre colgó la llamada.

Zeldris dejo su celular sobre la mesada de la cocina, su madre no estaba preocupada ni enojada, eso lo dejo algo desconcertado. Había salido el día anterior a la tarde hacia su cita con Gelda y luego se había olvidado llamar en algún momento de la noche y se había quedado a dormir allí, pensó que estaría enojada pero se encontró todo lo contrario.

Y se mostró algo contenta, de seguro estaba contenta por tener casa sola. Meliodas se había mudado a vivir con Elizabeth hace un año. Con un escalofrió enterró la idea de lo que sus padres harían para aprovechar ese tiempo a solas.

Pero sonrió, sus padres adoraban a Gelda. Su madre estaba encantada con ella, ya quería verlos casados pero con su novia acordaron en cuanto el terminara sus estudios en la universidad. Y en cuanto a los padres de Gelda, Elenor era amable y gentil con él, siempre recibiéndolo con una sonrisa cuando iba a comer a la mansión Salvatorre, el padre de la rubia, Izraf había sido una sorpresa al descubrir que Gelda era la hija del dueño y director del banco con que la empresa de su familia trabajaba. Por suerte su suegro se mostró amable con él desde el principio, lo había conocido de niño pero solo lo habia visto en dos ocasiones pero sabía que provenía de una buena familia y se llevaban bastante bien pero le dejo bien en claro que no le hiciera nada malo a su hija. Su esposa lo regaño ante la amenaza y en cuanto al hermano menor de Gelda, Orlondi. Se llevaban bastante bien, era un buen chico aunque a veces era víctima de las bromas del chico pero nada que no fuera grave.

Realmente había sido viento en popa en todo lo que respecta a su relación. Excepto por una cosa… su edad. La diferencia de cincos años a veces había sido un pequeño problema.

Gelda a veces sentía que no era maduro en su actitud y decisiones y Zeldris sentía que Gelda se preocupaba mucho por cosas no muy relevantes. En ocasiones sentía que su novia lo veía como un niño.

Regreso a la habitación para despertar a Gelda pero ella seguía renuente a levantarse, regreso a la sala con una idea en mente.

Gelda dormía tranquilamente cuando comenzó a escuchar música, extrañada abrió los ojos y observo su habitación, la puerta se abrió de repente y vio a Zeldris sosteniendo su cepillo para peinar como si fuera un micrófono.

¡Quiero!... tú me miras y sé que te quiero

Y me enredo en tu peor ¡te quiero!

En tus manos yo siento calor de ti, de esta vida misma

¡Quiero! Cuando te amo yo sé que te ¡quiero!

Soy un fuego que llega hasta ¡el cielo!

Y te cubre y te siente, ya somos dos, dos enamorados

Gelda abrió la boca sorprendida mientras que estaba perpleja, jamás creyó que algún día oiría a Zeldris cantar, mucho menos una canción de Luis Miguel. Comenzó a sonreír de a poco.

Zeldris se acercó a ella y le tomo la mano mientras la hacía levantarse de la cama. Ella sostuvo su manta para cubrir su desnudez.

Somos dos, dos enamorados

De un amor dulce, libre y claro

Al soñar, vamos poco a poco, encerrando al mundo entre las manos

Somos dos, dos enamorados

Que se dan todo por el alma, viento y mar, furia desatada que al final se funden en un alma…

Tatatataaaa… tatatataaa… tatatataaaaaa Hahahaha…

Rio al escucharlo cantar, era una buena voz pero desafinaba un poco y no lograba las notas altas pero era sumamente divertido. Zeldris la dio la media vuelta abrazándola por detrás y ambos comenzaron a moverse al ritmo de la canción. Comenzó a cantar a la par de Zeldris para acompañarlo en la canción.

¡Quiero! Tú me miras y sé que ¡te quiero!

Y me enredo en tu peor ¡te quiero!

Y te cubro y te siento, ya somos dos, ¡dos enamorados!

Somos dos, dos enamorados

De un amor dulce, libre y claro

Al soñar, vamos poco a poco, encerrando al mundo entre las manos

Somos dos, dos enamorados

Que se dan todo por el alma, viento y mar, furia desatada que al final se funden en un alma…

Somos dos, dos enamorados

Que se dan todo por el alma, viento y mar, furia desatada que al final se funden en un alma…

Tititititititititi…

Gelda ya no pudo seguir cantando, una risa salió desde lo más profundo de su ser.

¡Que al final se funden en un alma!... ¡En un alma se funden al final!...

¡Tú me miras y yo te quiero!... ¡Dos enamorados!... ¡Que al final se funden en un alma!

Somos dos, dos enamorados

Que se dan todo por el alma, viento y mar, furia desatada que al final se funden en un alma…

-Jamás creí escucharte cantar, ¡Otra! ¡Canta otra!-le pidió la rubia.

Zeldris estaba sonrojado y apenado, nunca habia cantado y solo lo hizo para despertarla.

-Gelda.-

-Por favor…-le pidió con un puchero en los labios.

Zeldris suspiro.

-De acuerdo, pero ve a ponerte algo antes de que resfríes.-

Gelda sonrió y salto de la emoción mientras se apresuraba a buscar algo de ropa, Zeldris regreso a la sala y vio a los gatos mirarlo detenidamente.

-¿Cante muy mal?-les pregunto Zeldris y Felix solo maulló.

Unos segundos después, Gelda reapareció vestida con una blusa de tirantes color verde y un short de jean.

-Listo, elijamos una canción.-le dijo su novia mientras se acercaba y elegia una pista, Zeldris había buscado un video en YouTube donde solo tuviera la pista instrumental y lo reprodujo en la televisión.

-Gelda, solo fue por un momento.-dijo Zeldris apenado.

-Que no te de pena, cantemos los dos.-

-Pero…-

-¡Ay! Amo esta canción.-dijo Gelda y coloco Ahora Te Puedes Manchar-.Tu comienzas-

Zeldris suspiro, y volvió a tomar el cepillo para simular que era un micrófono. Gelda tomo el control remoto de la televisión.

Zeldris:

Si tú me hubieras dicho siempre la verdad

Si hubieras respondido cuando te llame

Si hubieras amado cuando te amé… serias en mis sueños la mejor mujer

¡Si no supiste amar!... ¡Ahora te puedes marchar!

Gelda:

Si tú supieras lo que yo sufrí por ti

Teniendo que olvidarte sin saber por que

Zeldris:

Y ahora me llamas, me quieres ver

Me juras que has cambiado y piensas en volver

Zeldris y Gelda:

¡Si no supiste amar!... ¡Ahora te puedes marchar!

Zeldris:

Aléjate de mí, no hay nada más que hablar… wuu… uhh…

Contigo yo perdí, ¡Ya tengo con quien ganar!

Ya sé que no hubo nadie que te diera lo que yo te di

Que nadie te ha cuidado como te cuide

Por eso comprendo que estas aquí… pero ha pasado el tiempo y yo también cambie…

Zeldris y Gelda:

¡Si no supiste amar!... ¡Ahora te puedes marchar!

Zeldris tomo a Gelda y comenzaron a bailar mientras sonaba la música, Gelda tomo el control remoto cuando se acercó la parte en la que debía cantar.

Gelda:

Aléjate de mí, no hay nada más que hablar… wuu… uhh…

Contigo yo perdí, ¡Ya tengo con quien ganar!

Ya sé que no hubo nadie que te diera lo que yo te di

Que nadie te ha cuidado como te cuide

Por eso comprendo que estas aquí… pero ha pasado el tiempo y yo también cambie…

Zeldris y Gelda:

¡Si no supiste amar!... ¡Ahora te puedes marchar!

¡Si no supiste amar!... ¡Ahora te puedes marchar!

Gelda cayó al sofá riendo, Zeldris la acompaño. La rubia lo abrazo por el cuello y lo beso en los labios.

-¡¿Por qué no hicimos esto antes?!-le pregunto Gelda al separar sus labios-¡Te amo!-

Zeldris le sonrió y la abrazo por la cintura.

-Realmente eres única.-la miro con amor.

-¿Qué más quieres hacer hoy?-

-Bueno, para comer hay sobras de comida china y algo envuelto con papel aluminio.-

-Esas cosas están ahí desde hace tres meses.-dijo Gelda con cara de asco.

-Entonces no hay nada para comer.-dijo Zeldris-¿compro unos bistec y comemos con papas fritas?-

-¡¿Vas a salir con esta lluvia?!-

-Hay un supermercado en la esquina, no sucede nada. Préstame tu paraguas.-

Zeldris se levantó separándose de Gelda y se encamino a la entrada, la rubia lo siguió de cerca.

-Ten cuidado y no te empapes.-le dijo Gelda-¿tienes dinero?-

-Sí, no te preocupes ¿Necesitas algo?-

-Mmm, necesito toallitas femeninas.-dijo apenada.

-De acuerdo.-dijo Zeldris sonrojado tomando el paraguas que estaba cerca de la puerta-.se la marca y el tipo de toallitas que usas, ya regreso.-

-Okey.-Gelda le dio un beso en la mejilla.

Zeldris salió y se dirigió al mercado, al salir del edificio noto que no solo era lluvia sino que también había viento, no era muy fuerte pero si daba la sensación de frio. Levanto el cuello de su chaqueta, abrió el paraguas y camino por la vereda.

Al llegar al mercado, sintió que podía respirar con calma, no había muchas personas y vio a un empleado secando con un trapo el suelo mojado. Los clientes lo mojaban al entrar con los zapatos mojados, seco las suela de sus zapatos con una alfombra que había colocado en la entrada, tomo un canasto y se dispuso a buscar lo que necesitaba. Primero busco papas, luego aceite de cocina, no sabía si Gelda tenía o no pero era mejor prevenir también tomo sal, una caja de huevos ya que también quería huevo frito después tomo unos bistec de la sección de carnicería y por ultimo busco las toallitas femeninas. Al llegar a caja y pagar los productos, noto que la lluvia se había intensificado.

-¿Desea bolsa de plástico?-le pregunto la cajera.

-Si, por favor.-

Mientras Gelda, terminaba de arrojar al cesto de basura la comida caducada que tenía en la nevera, los fideos tenían moho y algo que parecía pequeños cabellitos y la porción de tarta de verdura que estaba envuelta en aluminio ni siquiera tenía el valor de abrirlo y echar un ojo, lo desecho tal como estaba.

-Debí tirarlos antes así le pedía a Zeldris que sacara la basura.-se quejó la rubia de sí misma.

Escucho la puerta abrirse y cerrarse, se dirigió a la entrada para recibir a Zeldris. Se cubrió la boca para evitar reírse, su paraguas estaba roto y Zeldris estaba empapado de pies a cabeza.

-¿Cómo te fue?-le pregunto sin saber que decir.

Zeldris le dio la bolsa con las compras cuando Gelda tomo dicha bolsa, el pelinegro se sacó los zapatos, dio vuelta uno y un pequeño chorro de agua salió de este.

-De todos modos tenía que lavar los zapatos.-dijo Zeldris con una sonrisa para tranquilizar a Gelda.

-Tomate una ducha con agua caliente y mientras preparo la comida.-

Zeldris asintió y se dirigio al baño.

Veinte minutos después, Zeldris salía con ropa seca y secándose el cabello con una toalla del baño. Se colocó un pantalón marrón y una camiseta negra. Zeldris olio el aroma de la carne cocinándose.

-La comida ya casi esta lista, ¿puedes preparar la mesa delante del televisor?-le pidió Gelda.

-Enseguida.-dijo dejando la toalla en el cesto de ropa sucia y caminando hacia dicha mesa para arreglarla. Unos minutos después ya estaban comiendo bistec con papas fritas y huevos fritos con unos refrescos de soda.

-Qué bueno que me conoces, había olvidado decirte que quería huevo frito.-dijo Zeldris.

-Bueno, lo supuse cuando vi los huevos en la bolsa de compras.-

-Sabes, no estarías mal si viviéramos juntos.-

-Te tocaría despertarme todos los días cantando una canción, necesito que lo hagas otra vez pero la próxima hazlo con openings de anime.-

-¿Cuál? ¿Mi Corazón Encantado?-

-Me encantaría.-dijo riendo.

-Siempre me dije que esa canción tenía una letra muy romántica para ser de Dragon Ball.-

-Es una de las pocas cosas que me gusta de GT, preferiría que nuestros hijos vieran Super.-

-Dejemos que ellos elijan.-

Gelda miro a Zeldris, era un buen momento para preguntarle. Siempre habían jugado un poco con el asunto de tener hijos pero nunca le pregunto exactamente cuántos quería él porque ella ya lo tenía decidido, quería cuatro.

-Zel, ¿con cuántos hijos te imaginas que tendremos en unos años?-

-Mmm... Dos pero no sé si niñas o niños.-

-¿Solo dos?-

Zeldris noto a Gelda algo temerosa y decepcionada.

-¿Sucede algo?-

Gelda aligero su expresión.

-No, nada. Solo era una pregunta.-

-Quieres más, ¿verdad?-

La rubia jugo un poco con sus dedos antes de contestar.

-Quiero cuatro.-

Zeldris se atraganto con su pedazo de carne, Gelda se apresuró a darle unas palmadas en la espalda mientras que el pelinegro tomaba un poco de su bebida.

-¡¿Cuatro?!-pregunto sorprendido una vez que el pedazo de carne paso por su garganta.

-Quiero una familia grande.-dijo Gelda cruzándose de brazos y luego miro a su novio con tristeza-.Tu no quieres, ¿verdad?-

-Nunca dije eso, solo me sorprendió el número. En hijos, cuatro es un número.-

-¿Y cuál es el problema de que quiera cuatro hijos? Que yo se sepa no tienes problemas de fertilidad y yo tampoco.-

-Bueno, nunca pensé con mucho detenimiento el asunto de los hijos. Sé que los tendremos algún día pero no por ahora. Solo tengo veintiuno y me quedan dos años en la universidad y tú querrás trabajar antes de eso.-

-Si pero tengo veintiséis, no me estoy haciendo joven. No quiero llevar a nuestros hijos a la escuela en bastón.-

-Aun eres bastante joven.-

-Si pero un embarazo dura nueve meses y mínimo hay que esperar uno o dos años para volver a tener otro bebe. En dos años tendré veintiocho, primero quiero que nos casemos antes de tener hijos y de seguro no querrás un bebe durante nuestro primer año de matrimonio. Para cuando pase ese tiempo yo tendré treinta, quiero disfrutar de nuestros hijos aun siendo algo joven. Mi padre apenas y tiene un poco más de cincuenta, y se dañó la cadera solo por subir rápido unas escaleras.-

-Mira, entendiendo tu punto y entiende que no estoy diciendo que no…-

-Pero tampoco me estás diciendo que si quieres cuatro hijos.-

-Es solo que ahora tenemos otras preocupaciones, yo tengo universidad, vivo con mis padres y tú tienes trabajo, comenzaras en unas semanas. Estudiaste cinco años para esto, ¿no quieres disfrutar de tu carrera un poco antes de tener hijos?-

Gelda lo miro con enojo.

-Entiendo, no quieres. Los hombres tienen fobia a la responsabilidad de tener hijos y al matrimonio, el hilo rojo no puede cambiar eso.-

-Un momento. Primero, estoy hablando con la Gelda que es mi novia no con la que es psicóloga y segundo, nunca te dije que no quería tener hijos. Si los quiero y el matrimonio estoy más que dispuesto.-Zeldris miro hacia diferentes puntos de departamento, pensando en cómo seguir esta discusión, suspiro-.Nuestras edades siempre fueron un problema, ¿verdad?-

-Soy cinco años mayor que tú, tú no te preocupas por que aun eres joven pero yo me estoy acercando a mis treinta.-

-Perdón por ser tan joven entonces pero yo no elegí nacer cinco años después de ti.-

Gelda suspiro.

-No te estoy reprochando tu edad.-

-Gelda, no tengo problemas en tener cuatro hijos contigo. Cuando nazcan los voy a amar tanto como te amo a ti pero por más que queramos, tenemos que aceptar que aún no estamos en la situación más favorable para tener hijos. Quiero darles las mejores oportunidades y comodidades cuando lleguen al mundo, ser capaz de darles una buena educación. Sé que seremos unos buenos padres pero primero tenemos que prepararnos nosotros.-

Gelda bajo la mirada.

-Tienes razón pero es que al menos me gustaría tener al primero antes de los treinta.-

-Bueno, dentro de dos años supongo que ya no hay más problemas. El matrimonio solo es una siguiente parte de nuestra relación, es importante obviamente, estamos disfrutando el uno al otro ahora, para cuando nos casemos ya nos vamos a sentir listos. Quiero que te sientas cómoda, que no te preocupes por nada.-

Gelda sonrió al ver la disposición de Zeldris por el matrimonio y los hijos, feliz se abalanzó sobre el para abrazarlo y ambos cayeron en el sofá.

-Te amor, te amo, te amo.-decía Gelda mientras repartía besos por el rostro de Zeldris.

-Y yo te amo a ti.-le dijo Zeldris.

Gelda sintió que algo se subio a su espalda, Zeldris comenzó a reir.

-Stella se subió sobre ti.-dijo Zeldris mirando a la gata acomodándose en el espalda de Gelda para dormir.

-Sabes, en realidad ya tenemos hijos. Felix y Stella dan trabajo aunque sean muy tranquilos.-

-Tienes razón.-

Gelda apoyo su cabeza en el cuello de Zeldris, seguiría el ejemplo de Stella y tomaría una siesta. Le encantaba dormir en los brazos de su novio.

Zeldris la abrazo mientras sonreía y pensaba en su futuro juntos.


Dos Años Después…

-Yo Zeldris Demon, te recibo a ti Gelda Salvatorre para ser mi esposa, para tenerte y protegerte de hoy en adelante para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad para amarte y cuidarte fielmente hasta que la muerte nos separe.- finalizo deslizando el anillo matrimonial en el dedo anular izquierdo de Gelda.

Gelda sonrió, tomo el otro anillo y dijo:

-Yo Gelda Salvatorre, te recibo a ti Zeldris Demon para ser mi esposo, para tenerte y protegerte de hoy en adelante para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad para amarte y cuidarte fielmente hasta que la muerte nos separe.-finalizo y también coloco un anillo matrimonial en el dedo anular de Zeldris.

-Por el poder que se me ha confedido, los declaro marido y mujer. Ya puede besar a la novia.-dijo el cura.

Zeldris unió sus labios con los de Gelda en un beso mientras que los invitados aplaudían. El efecto de eco en la iglesia hacia que el sonido se escuchara más alto.

Una vez terminara la ceremonia, recibieron las felicitaciones de todos.

-Mi hermanito ya es un hombre.-dijo Meliodas abrazando a su hermano por el cuello.

-No empieces.-le advirtió Zeldris.

Elizabeth felicito a Gelda y luego siguieron los padres de ambos. Una vez terminado con todo, Gelda arrojo el ramo afuera en la iglesia y cayó en manos de su amiga Ren.

-Y tú eras el chico que no quería que su hilo rojo apareciera y que tenía miedo de pasar el resto de su vida con una extraña.-dijo Merlin acercándose a Zeldris.

-No sé qué decirte pero sé que estuve equivocado.-dijo Zeldris y miro a Gelda hablando con su hermano-.ahora solo quiero estar con ella-

-Realmente estoy orgullosa de ti, pensé que ibas a esconder por el resto de tu vida de tu hilo rojo.-

-¿Y tú? Nunca pensé que te aparecería un hilo rojo.-le dijo-¿Para cuando el primer hijo?-

-Soy muy feliz con Escanor y ya veremos lo otro, estamos bien por el momento sin embargo quiero ser la madrina de al menos uno de tus hijos.-

-Claro que si.-

Ambos rieron, se despidieron. Merlin fue con Escanor mientras que Zeldris y Gelda se subieron al auto que los llevaría al hotel en donde pasarían la noche antes de ir a su viaje de luna de miel.

Merlin vio al auto alejarse, su padre la regaño bastante por interferir con el hilo rojo de Zeldris pero valia la pena al ver a su amigo feliz con su ahora esposa.

Y en cuanto a ella, bueno es una sorpresa que su esposo sea la reencarnación el mismo soldado que la ejecuto por órdenes del emperador hace siglos.

Pero ahora las cosas eran diferentes.

Mientras en el auto Zeldris se relajó en el asiento.

-Bueno, al fin termino esto.-dijo Zeldris-.mi madre me estaba volviendo loco con esto-

-La mía también.-dijo Gelda también suspirando de relajación.

Zeldris se había graduado de la universidad hace dos meses y apenas se graduó, comenzaron con la organización de su boda. Querían casarse cuanto antes.

Fue difícil porque al mismo tiempo Zeldris ya había comenzado a trabajar en la empresa y las madres de ambos le provocaron dolores de cabezas entre vestidos de novia, pasteles, invitados, arreglos de flores y demás cosas.

Zeldris le había dicho de simplemente escaparse y casarse en el registro civil a escondidas pero Gelda siempre había soñado con una hermosa ceremonia.

Gelda se acercó y beso a su ahora esposo.

-Estoy tan emocionada, ya estamos casados.-

-Aún nos falta la noche de bodas, cariño.-le dijo con una sonrisa.

Zeldris y Gelda se besaron, ambos felices por estar juntos y agradeciendo al hilo rojo por a verlos unido.