Noche del solsticio de verano 1999

La música estaba muy alta. Era lo único en lo que podía pensar Draco, envuelto en una niebla de alcohol y atontado por las luces estroboscópicas. La música estaba muy alta y él quería bailar, bailar hasta el amanecer para no dormir y que ese día no acabara. Se movía con todo lo que tenía al ritmo de la machacona música dentro de la masa de chicos ligeros de ropa, contoneándose provocativo.

En una esquina de la barra, un chico de su edad, alto y moreno, lo observaba hacía rato. Bebía una cerveza tras otra mientras disfrutaba de sus contoneos. ¿Quién diría que dejarse llevar a una discoteca gay muggle acabaría siendo una buena idea? Sus amigos hacía rato que se habían cansado de la música y el calor, pero él había decidido quedarse solamente para disfrutar de las vistas. Parecía tan libre... bailaba con los ojos cerrados, solo, destacando entre la multitud de chicos guapos. ¿Cómo no se había dado cuenta nunca de lo jodidamente atractivo que era Malfoy?

Dejó la cerveza con más fuerza de la necesaria en la barra cuando vio a un chico acercarse y abrazar al rubio por la cintura. Vio la sonrisa sensual en los labios finos cuando se giró levemente para decirle algo al muchacho a su espalda. Y entonces comenzó la tortura de verlo bailar con él, todo roces provocativos y movimientos calientes.

Aguantó exactamente dos canciones antes de abandonar su lugar junto a la barra y adentrarse en la muchedumbre sudorosa. No tuvo que esforzarse mucho, un simple confundus no verbal fue suficiente para que el chaval decidiera ir al baño y cederle el lugar. Malfoy ni siquiera se dio cuenta del cambio, siguió bailando, rozándose, provocando.

Se intoxicó con su olor a menta y limón. Colocó las manos en sus caderas y se dejó llevar por la música y por sus movimientos. Jamás había hecho algo así, ni siquiera le gustaba bailar, los chicos le habían llevado allí para celebrar que por fin había salido del armario. Los roces de Malfoy en su entrepierna le ponían el vello de punta, tenía los pezones tan duros que le dolían. Con una timidez que jamás reconocería en voz alta, acercó la nariz al blanco cuello y lo acarició, disfrutando del fresco aroma. Malfoy no solo no se apartó sino que inclinó la cabeza hacia el lado para darle espacio en su cuello.

Pegó el pecho a su espalda, moviéndose con él en cada gesto, caderas, rodillas, cintura, todo coordinado. Era tanta la cercanía que era imposible que el rubio no fuera consciente del duro bulto en su entrepierna. Volvió a acariciar su garganta, aprovechando para besarla con suavidad. Malfoy apoyó con abandono la cabeza en su hombro y lo interpretó como su permiso, así que delineó el cuello con la punta de la lengua hasta llegar al tendón que unía el esbelto cuello al hombro, mordisqueando.

Escuchó un jadeo y sintió perfectamente como el redondo trasero se empujaba contra su entrepierna, que dio un pequeño salto, entusiasmada por la presión extra. En ese momento hubo un cambio en la música y Malfoy se dio la vuelta. Por un momento ambos se quedaron congelados, Harry esperando una reacción, Draco tratando de entender en qué momento Potter había aparecido. Ganó el alcohol y las ganas de olvidar.

Malfoy sonrió y volvió a contonearse, esta vez frente con frente, pasándole los brazos por los hombros mientras él volvía a apoyarlas en las estrechas caderas. Eran casi igual de altos, así que no había lugar a dudas en cuanto a cómo estaba reaccionando la polla de ambos a tanto roce.

— Potter —gimió Malfoy en su oído cuando Harry comenzó a mordisquear su cuello de nuevo—. Quiero... la última vez...

Movió la cabeza como intentando despejarse y siguió bailando un poco más, rozándose. Al cabo de unos minutos, apoyó una mano en el pecho de Harry para separarlo y dijo, con bastante más claridad.

— Tu y yo, baño, ahora.

No se lo pensó dos veces, lo sujetó de la mano y atravesó con decisión la pista de baile hasta los baños, abriendo paso con su cuerpo en la marea de chicos semidesnudos que se contoneaban. Allí se dejó empujar por un Malfoy con aspecto de saber lo que quería dentro de una de las cabinas. Iba a preguntar, de verdad, se sentía más sobrio que él y le parecía buena idea preguntar si estaba seguro, pero no tuvo ocasión porque Malfoy le echó los brazos al cuello y le metió la lengua hasta la garganta. Y se apagó el interruptor de chico bueno y responsable.

Besó, chupó y mordió la piel a su alcance mientras luchaba con la ropa de Malfoy, jamás en su vida unos pantalones ajustados le habían parecido tan mala idea. La piel se le volvió a erizar cuando consiguió meter las manos bajo los calzoncillos y acariciar la suave piel de su trasero. Bajó despacio las dos prendas, que quedaron hechas un lío en los pies del rubio, limitando su movilidad.

Los ojos grises, brillantes de deseo, se clavaron en él un momento antes de que Malfoy tomara su mano por la muñeca y se la llevara hasta la cara. Sacó su lengua rosada y la pasó por toda la palma, dejándola húmeda antes de, sin dejar de mirarle a los ojos, bajarla hasta su polla. Harry captó el mensaje sin problemas y acarició la cálida y tersa piel, arriba y abajo, lento al principio, haciendo que Malfoy cerrara los ojos y echara la cabeza hacia atrás.

Sintió las manos finas bajándole los pantalones y acariciándole con energía. El chapoteo del preseminal llenaba el pequeño espacio, junto a sus jadeos y gemidos. Como pudo, hizo un accio no verbal para llamar a su varita. Se sentó sobre el inodoro y tiró de Malfoy hacia él, ayudándole a librarse de la ropa enredada en sus tobillos. Se subió sobre él, una pierna a cada lado de las suyas, y le abrazó pasando los brazos alrededor de su cuello. Harry apuntó con su varita, lubricando y relajando, antes de colocarse en su entrada.

Pasó la mano por la nuca rubia y lo atrajo para un beso mientras se empujaba despacio dentro. Despacio se acabó pronto, cuando Malfoy tomó el mando y comenzó a moverse sobre él, arriba y abajo, a un ritmo endiablado que hizo que los jadeos y los gemidos se convirtieran en largas sartas de palabrotas.

Lo sintió, el orgasmo contruyéndose desde las puntas de los pies, una bola de energía que no había sentido nunca. Fue tan intenso que por un momento pensó que se desmayaría. Incluso con los ojos cerrados creyó ver una luz dorada.

Tomó aire varias veces, intentando que su corazón retomara un ritmo normal. Al abrir los ojos, Malfoy todavía seguía abrazado a su cuello y con los ojos cerrados. Levantó una mano temblorosa para acariciarle el pelo, pero no llegó a hacerlo. Con un gruñido dolorido, Malfoy se puso en pie sin mirarle y comenzó a vestirse. Él hizo lo mismo y sintió la necesidad de salir de allí lo más rápido posible y no mirar atrás.