Harry llamó a la puerta antes de entrar. Cuando la abrió, tres pares de ojos se giraron hacia él. No le pasó por alto que Snape cerraba un libro y lo ponía bajo la sábana.

— Buenas tardes —saludó con educación—. Señora Malfoy, cuánto tiempo.

— Auror Potter —le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza.

Draco se puso de pie y se acercó hasta el auror con la esfera en la mano.

— La he encontrado cuando he llegado a casa hace un par de horas, en el mismo sitio que la otra.

— Pasaré luego por allí a verificar las protecciones, las modifiqué ligeramente el otro día —dijo bajo, intentando evitar una confrontación con Snape, que estaba distraído hablando con Narcissa en susurros también— Imagino que ya la has visto.

— Si. No la actives aquí, es innecesario que ellos...

— Ya. Pensaba que no te hablabas con tus padres —su susurro sonó bastante acusador.

— He ido a hablar con mi padre. Ella ha venido después para ofrecer ayuda económica.

Harry leyó perfectamente entre líneas lo que Malfoy no le estaba contando.

— Pasaré por tu casa ahora antes de ir al cuartel a llevar esto.

Draco asintió, siguiendo la esfera con los ojos mientras la metía en su bolsillo.

— Piden un millón —susurró, mirando al suelo, pero sujetándole por el biceps —Mi padre no va ayudar y mi madre dudo mucho que tenga esa cantidad. Tienes que recuperar a mi hijo, Potter, por favor, eres su única opción.

— Voy a hacer lo que esté en mi mano, Malfoy, de verdad. Ahora necesito ponerme con esto —le dijo, palmeándose el bolsillo.

El rubio se limitó a soltarle y caminar de vuelta a la cama del enfermo. Harry los miró un momento a los tres antes de salir de la habitación.


Al llegar a la casa, lo primero que hizo fue liberar el recuerdo de la esfera. De nuevo, el niño rubio estaba sentado en una silla, atado y amordazado. Tal y como había dicho Malfoy, la voz distorsionada exigía un millón de galeones en tres días. El final fue lo más duro: volvía a insistir en que el pequeño sufriría graves daños si su padre no cumplía con lo exigido, y después se escuchaba claramente un "Crucio". Ver a un niño de nueve años gritando bajo una mordaza y sacudiéndose como electrocutado era realmente perturbador, le hizo tomar nota mental de que tenía que abrazar fuerte a Rose cuando fuera a verla el fin de semana.

Revisó las protecciones, pero no encontró nada definitivo, así que decidió pasar por el cuartel a buscar al especialista para tener una segunda impresión. Al salir de la casa se dio cuenta de que se había dejado la capa en el hospital. Regresó, perder la capa del uniforme era lo último que necesitaba en ese momento tal y como estaba el subjefe con él.

Tenía la mano en el picaporte y los nudillos a punto de golpear la puerta cuando escuchó su nombre dentro de la habitación.

— Draco, esto podría funcionar.

— Es un hechizo que requiere pureza de sangre, Severus. Y aún así no hay garantías. No voy a pedirle a Potter que asuma este riesgo.

— ¡Espabila, Draco! no puedes pagar el rescate y un solo auror no va a poder resolver esto en tres días, este hechizo es la única opción.

— Es magia oscura.

— ¡ES SU HIJO!

— Severus, por favor, baja la voz.

— ¡No quiero bajar la voz! mi nieto está siendo torturado y tú estás aquí sin hacer nada. ¡Habla con él, maldición! Si hay aunque sea una posibilidad, no podemos dejarla pasar.

— ¿En serio crees que Potter se jugaría la vida por mi hijo?

— Estoy seguro de que lo haría si supiera que también es hijo suyo.

Harry salió del hospital tropezando, intentando entender la conversación que acababa de escuchar. ¿Su hijo? ¿qué clase de broma retorcida era esa? se apoyó contra el muro, la espalda doblada, las manos apoyadas sobre las rodillas. Con manos temblorosas sacó la varita y se apareció de nuevo en el salón de los Malfoy. Fue directo a mirar una foto que había de padre e hijo en el dormitorio de Draco. Examinó el rostro del niño detenidamente y entonces se percató: tenía los ojos verdes. Había dado por sentado que eran grises, como los de su padre, se parecía muchísimo a Malfoy, pero no, sus ojos eran de un color que conocía muy bien.

Se dejó caer sentado en una esquina de la cama y sacó la información que había recopilado y fue a la fecha de nacimiento de Scorpius: 15 de marzo del 2000. Hizo cuentas rápidamente. No podía ser, era algo imposible. La partida de nacimiento solo incluía el nombre de Malfoy; al volver a revisarla, le llamó la atención la firma: bajo una floritura muy elaborada, se distinguía el apellido Pompfrey.

Unas horas después, cuando Draco volvió a casa, Harry estaba sentado en uno de los sillones del salón.

— ¿Qué haces aquí? ¿Hay novedades en el caso? ¿Ha ocurrido algo?

Harry levantó la mirada hacia él y Draco lo supo, supo que estaba metido en un lío enorme.

— ¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó, clavando sus ojos verdes en los grises

— Potter, yo no sé... —trató de explicarse, dando un paso atrás ante la evidente ira del auror, que hacía que el aire se sintiera crujiente de estática.

— No trates de engañarme. He hablado con Pompfrey. Sé sincero conmigo de una puta vez, Malfoy —gritó, poniéndose de pie y encarándose con él—. ¿Por qué he tenido que enterarme por accidente de que tengo un hijo de nueve años?

— Es complicado, yo... todo lo que hice fue para protegerle —respondió, intentando mantener la calma.

— ¡No tenías derecho, es mi hijo también! —Le clavó el índice en el pecho, dos veces, el rostro enrojecido por la furia—¿te das cuenta de que podría empapelarte por esto? con tus antecedentes acabarías en Azkaban, ¡me robaste a mi hijo!

Los ojos de Draco brillaron cuando explotó

— ¿Tú hijo? —Lo empujó— No te equivoques Potter, es mi hijo, mío, yo soy su padre, tú... eres un puto donante nada más.

— ¡Eso no es justo! —volvió a gritar, cerniéndose sobre él.

— ¿Me vas a hablar tú a mí de justicia?—contestó con rabia, los labios temblando—. Me echaste un polvo borrachos en un bar y en cuando te corriste desapareciste, ¿qué de todo eso te acredita como padre? Yo renuncié a todo por Scorpius, él es mi vida.

— ¿De eso se trata? ¿Yo era bueno para meterte la polla en el culo pero no para ser el padre de tu hijo? ¿Se trata de eso, verdad? ¿De tu puto estatus y de tu sangre? Oh claro, llegué yo para cargarme tu línea de sangre y hacerte un hijo mestizo. Que deshonor para tu familia, ¿por eso te desheredó tu padre?

— Vete a la mierda, Potter. —Le empujó de nuevo, la mandíbula tan apretada que apenas separaba los labios al hablar— Fui al cuartel a buscarte, tres veces. —Le mostró tres dedos temblorosos— La primera no me dejaron entrar, las otras dos me echaron a la calle. Pregúntales a tus amigos, a esos que me echaron de sortilegios Weasley o los que me devolvieron las lechuzas en tu nombre.

— ¡Mientes!

— Y jamás, jamás, pongas en duda mi amor por mi hijo, jamás. Lo hice todo por él y lo seguiré haciendo. No necesito tu ayuda de mierda, recuperaré a Scorpius yo solo y tú por mí puedes morirte, lo único bueno que podías hacer por mí es él, no te quiero cerca.

Y salió del salón para refugiarse en su habitación, con un portazo y un ataque de ansiedad.