Una de las cosas que a Harry le estaba encantando de Finlandia era la nieve. En Londres la nieve era suciedad y placas de hielo en las aceras. El paisaje nevado le recordaba a Hogwarts y le hacía evocar momentos buenos con Hermione y Ron.
Después de varios días de ventisca, el cielo se veía limpio y despejado, el sol se reflejaba en la nieve y daba al paisaje del bosque la sensación de estar dentro de un cuento. Había aprovechado su sábado con Scorpius para invitarlo a caminar con él por el bosque, así que iban en paralelo por el sendero, aprendiendo juntos a usar raquetas de nieve. A Scorpius le fascinaban los inventos muggles.
— Harry…
— Dime, hijo —respondió mirando de refilón cómo clavaba con destreza el bastón en la nieve.
— Quiero llamarte de otra manera, pero no sé cómo. Papá se disgustaría si te llamo papá también.
Su padre guardó silencio un momento, reflexionando.
— Puedes seguir llamándome por mi nombre si es por eso.
— Pero todo el mundo te llama Harry. Y yo no soy todo el mundo.
Harry sonrió, Scorpius era una mezcla perfecta de la brillante mente de Draco y su terquedad. Incluso fruncía las cejas igual que él.
— ¿Cómo te gustaría entonces?
— Había pensado llamarte James, porque es tu segundo nombre, pero el abuelo Severus me odiaría.
No pudo evitar reír. Su relación con el quisquilloso pocionista había mejorado con el roce, pero aún le trataba de usted y torcía el gesto cada vez que usaba su apellido.
— Seguramente. Puedes llamarme padre.
El niño arrugó la nariz y se paró para recolocarse un guante.
— Papá llamaba así al abuelo Lucius. Y le odia. No sé, seguiré pensándolo.
Siguieron caminando un rato más en silencio, aspirando el olor de los abetos. Al cabo de un rato, Scorpius volvió a hablar, en un tono casual.
— El abuelo Severus dice que me parezco a ti. Que soy igual de terco y temerario.
— Ya me parecía a mí que no te iba a adjudicar mis virtudes —respondió con sorna.
El niño sonrió, torcido, la misma sonrisa que Draco cuando estaban en la escuela y se iban a enzarzar en una discusión.
— También dice que voy a ser tan bueno en el colegio como papá y como la abuela Lily
La mención de su madre en esos términos le sorprendió, era la primera vez que la llamaba abuela.
— ¿Severus te ha hablado de mi madre?
— Sí. Él la quería,¿ lo sabías?
Asintió, clavando a la par con fuerza el bastón en el suelo.
— Lo sabía, eso nos salvó a todos al final de la guerra.
— El abuelo dice que tu padre conquistó a tu madre porque era terco y temerario también. Como tú…
Se detuvo para mirar a su hijo recolocarse el otro guante.
— ¿Qué tienes en la cabeza, Scorpius? —preguntó con suavidad.
Los ojos, iguales a los suyos, le miraron por fin de frente.
— Tú podrías conquistar a papá.
— Scorp…
— Te he visto mirarle. Pones los mismos ojos que el abuelo cuando habla de tu madre.
Harry negó con la cabeza y se acercó más a su hijo.
— Tu padre y yo tenemos demasiados desacuerdos. Ya me considero afortunado de que me permita pasar tiempo contigo.
Scorpius apretó los labios y frunció el ceño.
— Tú también eres mi padre —le recordó.
— No es tan sencillo —insistió Harry..
— Pues debería. Deberíamos poder ser una familia normal y querernos unos a otros. Los adultos hacéis las cosas mucho más complicadas de lo que son.
Se terminó de poner el guante y echó a andar, girando para volver al pueblo.
Tuvo que viajar a Inglaterra a finales de noviembre. No por gusto, había tratado por todos los medios de solucionarlo desde Finlandia, pero la administración inglesa era seguramente la más farragosa del mundo.
Sentado en el avión, meditaba sobre la reacción de Draco y Scorpius a su viaje. Draco parecía desencantado, seguramente porque por fin había hecho lo que él esperaba, marcharse. Scorpius se había enfadado, mucho, al nivel de estar a punto de tener una rabieta. Le había costado horas convencerle de que era un viaje de ida y vuelta; al final lo había conseguido desvelando la sorpresa que reservaba para Navidad: había encontrado una casa pequeña e iba a aprovechar el viaje para mudarse del todo.
Se bajó del avión y caminó despacio hacia la zona de llegadas. Se llevó una sorpresa al encontrarse a Hermione esperándole, acompañada de Hugo y Rose, que corrieron entusiasmados a abrazarle al verle salir por las puertas.
— Mamá nos ha dicho que ahora tienes un hijo —le dijo la niña, cogida de su brazo, de camino al coche.
No pudo evitar sonreír, tenía el tacto de su padre.
— Es cierto. Se llama Scorpius.
— ¿Por qué no ha venido contigo? —preguntó Hugo con más timidez.
— Porque tiene que ir al colegio, como vosotros.
— ¿Cómo es Finlandia?
La catarata de preguntas continuó durante el viaje en coche y la cena, hasta que su madre los mandó a la cama. Sentados junto a la chimenea, con una taza de cacao, Hermione preguntó por fin.
— ¿Cómo estás?
— Bien. —Tomó aire y lo soltó— He presentado mi renuncia al cuerpo, Hermione.
Su amiga le miró con los ojos muy abiertos.
— Voy a establecerme en Fiskars
— ¿Estás seguro de esto?
Se revolvió en la silla y dejó la taza en la mesa. Se inclinó hacia delante y le puso una mano en la rodilla.
— Mione, yo… hace mucho que ser auror dejó de tener sentido. Quiero estar cerca de Scorpius.
— ¿Y qué vas a hacer tú en Finlandia? Además de estar cerca de tu hijo. ¿O se trata de estar cerca de su padre también?
Harry enrojeció, algo que hacía muchos años que su amiga no veía.
— Me han ofrecido dar clases en una escuela cercana. ¿Sabías que había una escuela en Finlandia?
— Había oído que se estaba poniendo en marcha un proyecto bastante innovador —contestó con entusiasmo.
— Incluye educación primaria. Scorpius estudia allí.
— ¿Te está yendo bien entonces con él? —preguntó, dando un sorbo a su taza.
Sonrió ampliamente.
— Es fantástico.
Ella tomó la mano de Harry y la apretó entre las suyas.
— Harry, cariño, ser padre es complicado —le recordó con tacto—. Y más si tienes que entenderte con alguien que no es tu pareja.
Harry movió la cabeza con energía.
— Las cosas con Draco van bien, Hermione. De verdad, no ha puesto pegas a que pasemos tiempo juntos.
— ¿Y te vas a conformar con eso, con ver a Scorpius de vez en cuando?
— Estoy bien con eso.
Hermione entrecerró los ojos y le preguntó, directa, con su tono de abogada.
— Sé sincero conmigo, Harry. ¿Qué pasa con Draco?
Suspiró fuerte.
— Scorpius dice que le pongo ojitos. Y que debería intentar conquistarle.
— ¿Y tiene razón?
Volvió a sonrojarse. Y cambió de tema.
