El comentario surgió durante una cena. Scorpius hablaba de que en la escuela iba a haber una fiesta para celebrar el solsticio de invierno. Y se quejaba de que no sabía bailar.
— Yo soy un negado —comentó Harry, entre trozo y trozo de salmón—. Pero tu padre es un gran bailarín, deberías pedirle que te diera unas clases.
Draco solo le miró intrigado, esperó a preguntar un par de horas después, mientras tomaban una última copa de vino en el salón los dos solos. Era una costumbre nueva que había traído la nieve, quedarse a cenar después de ayudar a Scorpius con los deberes y, algunos días, charlar después, por lo general de las cosas del día a día relativas a su hijo.
— ¿Cuándo me has visto tú a mí bailar?
Harry se sonrojó y dio un sorbo de vino.
— La noche que concebimos a Scorpius —confesó por fin.
— Pensaba que no lo recordabas —murmuró, inclinándose ligeramente hacia delante en su asiento, intrigado.
— Draco, si no lo recordara te habría cogido del cuello el día que supe que era mi hijo y te habría exigido una explicación — le dijo con voz ronca, inclinándose hacia delante también.
— He asumido todo este tiempo que no recordabas los detalles —insistió Draco.
— ¿Por qué?
— Tu actitud cuando nos encontramos en el cuartel… me trataste como en el colegio.
Harry cerró un momento los ojos y tragó saliva, hablando con un tono de voz nuevo, intenso y expuesto.
— Lo recuerdo todo, Draco. Todo. Tú estabas mucho más bebido que yo. Dijiste que me buscaste… yo estuve volviendo a aquel bar meses, esperando volver a verte. Lo que pasó en la sala de interrogatorios… no pensé en aquella noche porque lo enterré en el fondo de mi memoria entonces. Lo que vi cuando entré allí fue al hijo de mi enemigo y a mi jefe queriendo provocarme para expedientarme.
Los dos permanecieron en silencio. Harry dio un sorbo a su copa de vino y miró la nieve caer a través de la ventana antes de seguir hablando unos minutos después, aún con el mismo tono.
— Era mi primera vez.
Las cejas rubias de Draco se levantaron casi hasta el nacimiento del pelo. Se había recortado la barba y cortado el pelo, que le caía con elegancia sobre la frente.
— Aquella noche mis amigos me llevaron a rastras a esa discoteca a celebrar que había admitido que me gustaban los hombres por fin. Cuando dijeron de irse, yo decidí tomarme una más aunque fuera solo. Nunca había estado en un sitio así, se me iba la vista para todos lados. Y entonces te vi, bailabas como si no hubiera nadie más, me pareció que eras lo más increíble de la noche.
— Estaba despidiéndome —habló Draco, los ojos clavados en su copa vacía.
— ¿De qué?
— De mi libertad. Me prometí al día siguiente, ¿no lo viste en la prensa?
— Desde la guerra no he vuelto a leer El Profeta. No me enteré.
Draco le miró por fin, curioso.
— Entonces, cuando dices que era tu primera vez, ¿te refieres a la discoteca?
La cabeza morena negó y los ojos verdes le miraron con intensidad.
— Me refiero a todo. A quedarme idiota viendo a alguien bailar, a confundir al primer tío que se acercó a bailar contigo, a bailar. Y a follar en un baño. Bueno, a follar en general.
El rubio abrió mucho los ojos, sorprendido.
— Yo… nunca habría dicho que era tu primera vez.
— Había tenido un par de rollos, manoseo, mamadas, pero ya —admitió sonrojado, pero sin apartar la mirada—. Y cuando te levantaste y te marchaste me sentí… como un niño estúpido, porque quería… no sé qué quería, pero no llegar a casa con ese desencanto y oliendo a ti. Fue humillante.
— Lo siento. De verdad, aquella noche fue todo una locura. Yo…, entré en pánico cuando me di cuenta de lo que habíamos hecho y por eso me marché. Mi cerebro borracho pensó que cuando bajaras del subidón del orgasmo todo iba a ser muy incómodo.
Harry volvió a guardar silencio, mirando la nieve.
— ¿Sabías que lo que habíamos hecho podía…? —preguntó por fin.
— ¿Podía qué? —siguió la mirada de Harry hasta la foto de Scorpius en la repisa de la chimenea— Oh, no, no, para nada.
— ¿No huiste por eso?
— De verdad que no, Harry. Cuando supe que estaba en estado… el mundo se vino abajo.
— Severus me dijo que por eso no te hablas con tus padres.
Draco dejó la copa sobre la mesa y se acomodó en el sillón. Era la conversación más abierta y sincera que había tenido con Potter desde que se habían encontrado ese día en el cuartel de aurores. Bueno, desde que se conocían.
— Estaba a punto de casarme. Lo descubrí de la manera más estúpida, fui a una segunda prueba de la túnica y la modista se quejó de que había engordado. Y empezaron los pequeños detalles, me encontraba mal, los olores me daban asco… y mi madre me pilló tomando zumo de calabaza. Hizo un comentario acerca de que era curioso, porque ella lo odia, igual que yo, pero durante el embarazo lo bebía a litros.
— Debiste pensar que estabas volviéndote loco —comentó con suavidad Harry, acomodándose también en su butaca.
La cabeza rubia asintió. Se quitó las gafas y se frotó los ojos con un suspiro.
— Severus fue quien lo adivinó. Flipé, como dice Scorpius, flipé muchísimo.
— Me extraña que tu padre no me hiciera detener.
— Me negué a decirle el nombre del padre, se han enterado ahora por la prensa. Mi padre me exigió que terminara el embarazo.
Los ojos de Harry brillaron de ira y no pudo evitar poner una mano en el brazo de Draco para confortarlo.
— ¿Es egoísta decirte que me alegro de que no le hicieras caso?
Draco movió la cabeza negativamente, los ojos fijos en la chimenea.
— Scorpius es la mejor decisión de mi vida. Fue duro, porque no estaba bien ni física ni mentalmente, pero no estuve solo.
— Severus.
— Sí. Se enfrentó con mi padre y bueno, me eligió. Y desde entonces ha sido mi familia, estaría literalmente muerto sin él.
La mano en su brazo apretó de nuevo.
— Siento no haber estado ahí. Hablé con Hermione y me confirmó todo lo que me dijiste. No debieron hacerlo.
— Supongo que pensaban que te protegían —le respondió, encogiéndose de hombros pero sin mirarle.
— Sigue sin ser excusa.
— Ahora estás aquí.
No vio como a Harry le nacía una sonrisa ilusionada, que se congeló en la siguiente frase.
— Eres bueno para él, Harry. La sanadora cree que tu presencia le está ayudando a curar…
