Tres noches diferentes, empezando por su primera noche juntos, un par de meses después de Nochebuena.
Draco estaba tumbado bocabajo. La curva de su espalda le llamaba, esa piel pálida, suave. Estiró la mano y la acarició levemente, con la punta de los dedos. La reacción de Draco le sobresaltó, porque se giró de repente y se tapó hasta la barbilla.
— Ey, qué ocurre —le preguntó, acercándose un poco más.
Los ojos grises le miraron un momento, escaneando su rostro.
— Draco, cariño, lo que sea que estás pensando, suéltalo —insistió, con los dedos picando por acariciarle la cara y eliminar ese gesto de rechazo.
— Ya no soy el mismo.
Harry lo miró confuso.
— Me hablaste de aquella noche, de que te atrajo mi cuerpo.
El moreno se acercó más a él y le acarició la mejilla y el brazo que apretaba las mantas contra su pecho.
— No fue tu silueta, fue tu actitud, tu forma de bailar.
Los ojos grises se cerraron un momento y Harry aprovechó para acercarse aún más.
— Con el embarazo, todo cambió. Y después… después salir adelante era la prioridad.
— Todo eso es perfectamente lógico. He visto a mis amigas tener hijos y sé que luego ya no vuelven a tener el cuerpo de antes. ¿Crees que eso es un problema para mí?
— Mírate Harry. Y mírame a mí.
Harry sonrió y se pegó más a él, abrazándolo.
— Cuando murió Ron —le contó, deslizando de nuevo los dedos por el suave brazo—, me volví muy loco. Pasé dos días muy borracho, pero una buena amiga me hizo ver que aquello no llegaba a ninguna parte. Así me enganché a hacer ejercicio, era la única manera de quemar mi frustración. Yo gestioné como pude mi dolor, tu saliste adelante y creaste una vida para tu familia.
— Tengo estrías —murmuró avergonzado.
— Tienes la piel más suave e increíble que he tocado. Me gustas, creo que hace un rato te lo he demostrado. Me da igual si no tienes la cintura que tenías hace diez años porque al Draco que amo es a este que tengo delante.
Draco cerró los ojos y apoyó la frente en su pecho.
— He estado tan ocupado estos años, criando a Scorpius, sacando el negocio adelante, que he dejado mi vida personal de lado.
— Ahora somos dos.
— No me he despertado en la cama con alguien desde el colegio, nadie me ha visto desnudo en todos estos años.
La mano de Harry le acarició también los hombros y el pecho. Después sintió sus labios en su frente, en su pelo, en su sien. Cuando sus manos bajaron a su abdomen y su cintura no pudo evitar estremecerse.
— Ven —quitó las sábanas y lo tomó de la mano.
Lo llevó con él hasta el armario. Con un murmullo, la madera se convirtió en un espejo de cuerpo entero.
— Señálame lo que no te gusta —le murmuró, colocándose tras él y besando con suavidad su hombro.
Draco se miró, con una mirada crítica.
— Mi cintura, es más ancha.
Harry acarició su cintura.
— Cuando te vi en el cuartel lo primero que pensé fue que tus hombros y tu cintura eran más anchos, pero porque ya no eras un adolescente.
Las manos de ambos se reunieron sobre su abdomen.
— Creo que no eres consciente del milagro que viviste. Entiendo que fue duro a todos los niveles, pero en el fondo te envidio.
— Eso lo decís todos los padres —respondió Draco, acariciando su mano morena.
Harry soltó una risita y volvió a acariciar su hombro y su nuca con sus labios.
— Podría pasar horas así, pegado a ti. No hay nada en esta imagen incorrecto.
Draco volvió a mirarse. El contraste de la piel oscura contra la suya era hermoso. Sus hombros no eran tan anchos como los de Harry, ni su abdomen tan musculoso.
— No puedo obligarte a aceptar mi palabra, tienes que ser tú el que vea tu belleza —le susurró al oído, pegándose más a él, poniéndole la piel de gallina—. Pero puedo mostrarte cada día cuanto me atraes.
La prueba del deseo de Harry era imposible de ignorar, dura y caliente contra su trasero. Le miró a través del espejo, sus manos aún unidas, y lo dijo, porque las palabras acudieron solas a sus labios.
— Te amo.
Vio el brillo de felicidad en los ojos de Harry antes de que le diera la vuelta y le besara con intensidad.
Para Draco era extraño dormir con otro adulto. Sobre todo ese adulto que le buscaba mientras dormía y le abrazaba siempre con fuerza. Cuando se despertó una ventosa noche de abril, primero pensó que había sido Harry, pasándole el musculoso brazo por encima. Después, en su duermevela, pensó que había sido el sonido del viento. Tardó un largo minuto en percatarse de que lo que le había despertado era un llanto.
Levantó la cabeza, despierto de repente, tratando de distinguir si el llanto venía de la habitación de Scorpius. Entonces fue cuando se dio cuenta de que no, el llanto venía de la figura dormida junto a él, hecha un ovillo con las mantas.
Se acercó y lo abrazó como pudo.
— Harry.
No hubo respuesta a su susurro.
— Harry, cariño —le habló un poco más fuerte.
El llanto se hizo más claro y a Draco se le pusieron todos los vellos del cuerpo de punta. Sabía mucho de pesadillas, las suyas y las de su hijo, así que no era difícil adivinar lo que ocurría. Le sacudió, sujetándole el hombro con firmeza. El llanto se cortó en seco. Se acercó mas, pegando su cuerpo y besando el hombro que había sacudido.
— ¿Una pesadilla?
— No es nada, siento haberte despertado— le contestó la voz ronca, cortante, apartándose.
— Sé lo que es una pesadilla, Harry. Habla conmigo, te ayudará a volver a dormir.
En vez de hacerle caso, Harry se levantó y tomó su camisa.
— ¿Qué haces? —preguntó Draco, sentándose en la cama.
— Necesito tomar el aire.
— No hagas eso.
La frase, dicha en un tono decepcionado, hizo a Harry volverse.
— Yo te cuento todo, Harry. Hablamos por horas de mis mierdas, conoces lo que me hace sentir frágil, pero tú no me cuentas nada. No va a funcionar si no confías en mí.
— Draco, no se trata de que no confíe en ti. Y de verdad necesito tomar aire.
Los finos labios del rubio se fruncieron en un gesto entre frustrado y decidido. Se levantó, tomó su bata y caminó hasta la puerta, esperando. Con un suspiro, Harry se acercó a la mano que Draco le tendía y salieron juntos de la habitación.
Salieron al jardín y se sentaron en el banco que Draco había instalado en un lado de la casa.
— Hacía meses que no tenía ese sueño.
Draco se pegó a él y apretó un poco más su mano.
— Llorabas.
— Cuando sueño con la guerra me despierto gritando.
— Yo también. ¿Entonces soñabas con algo antes de la escuela?
Harry suspiró y se revolvió el pelo con la mano libre, mirando al frente, con la mirada fija en el árbol bajo el que solía sentarse con su hijo.
—Tuve una infancia difícil. Te dije una vez que sabía que la sangre no implica amor familiar — hizo una pausa— . Me crié con la hermana de mi madre y su marido y su hijo. No eran buena gente.
— ¿Te trataban mal? —preguntó Draco, girándose hacia él, tratando de que le mirara.
— ¿Por qué te echaría encima mi mierda, Draco? —Se giró finalmente hacia él, con la mandíbula apretada y los ojos brillantes— Tienes bastante con lo que tú has pasado.
— Porque eso es una relación, maldita sea.
El moreno soltó aire por la nariz y cerró los ojos, sujetándose el puente de la nariz.
— Para ellos era menos que nada. Comía las sobras, dormía en un armario.
— Y te pegaban.
Harry asintió, aún con los ojos cerrados.
—Mi padre era un cabrón. —Tiró de él para abrazarlo y Harry apoyó la frente en el hueco de su hombro— Pero al menos mi madre estaba ahí conmigo mientras crecía. Y Severus. Luego la guerra lo complicó todo.
Se quedaron un par de minutos en silencio, Draco sintiéndose cálido porque Harry le permitía cuidarle, Harry sintiéndose arropado.
— Cada uno pasó lo suyo, pero ahora estamos aquí.
— Juntos —musitó Harry sin separarse.
— Hablando de eso…
Su compañero se liberó del abrazo y le miró con el ceño fruncido.
— No pongas esa cara, Potter. Scorpius me ha pedido que te convenza para vivir aquí. Nuestro inteligente hijo opina que ya que estás aquí a diario, es absurdo que no vivamos todos juntos.
— ¿Y tú que opinas?
Draco se inclinó hacia él y le besó con suavidad.
— Creo que mi hijo ha sacado mi ingenio e inteligencia —le susurró con una sonrisa y los ojos brillando de picardía—. Me encantaría que te mudaras, si no te preocupa que Severus gruña los próximos diez años .
Una gran sonrisa apareció en la apuesta cara. Recibió otro beso antes de que Harry se pusiera de pie y le tendiera la mano para volver a la cama.
— Creo que a la larga conseguiré que me aprecie y hasta me sonría.
— ¿Podría volver a ocurrir?
Draco se giró a mirarle, la mejilla aún sonrojada por el último orgasmo, el pelo revuelto y los ojos brillantes.
— ¿Te gustaría?
Extendió la mano y acarició el antebrazo moreno con las puntas de los dedos hasta llegar a la mano y enlazar sus dedos finos con los más gruesos.
— Me gustaría compartir contigo la experiencia. Pero Severus me habló de lo duro que fue y de que tu vida corrió peligro. Tú —Se inclinó a besarle ligeramente— eres más importante. Así que dime si es necesario tomar más precauciones.
Siempre el protector, se dijo Draco. Bajo la coraza de tipo duro, Harry era ese adolescente dispuesto a poner el bienestar de los demás por delante del suyo.
— Lo siento —murmuró, acariciando con el pulgar el dorso de su mano.
— ¿El qué sientes? —preguntó confuso.
— Haberte dejado fuera.
Harry suspiró y se frotó los ojos con la mano libre.
— Ya lo hemos hablado, hiciste lo correcto.
— Aún así, debí darte la opción, insistir más en contactar contigo. Y respecto a que vuelva a ocurrir… no es probable, hubo muchas cosas en ese momento que se aliaron.
— Pero no imposible.
— Bueno, eres el mago más poderoso del siglo —Harry rió por el tono imitando a los locutores de radio— y yo el último sangre pura. Pero Harry —se puso serio y se acercó un poco más— las complicaciones de entonces no existen ahora, no soy yo solo para mantener mágicamente el embarazo. Ni estoy en las mismas condiciones físicas. Si es lo que deseas…
— ...deseamos, los dos. —Le acarició la cara con veneración y ojos brillantes— Nunca más vas a estar solo, me da la sensación de que aún no te ha entrado en la cabeza.
— Si es lo que ambos deseamos —sonrió—, podemos hablar de ello en el futuro.
— Me gusta esa idea —comentó, escondiendo su cara en su cuello para ocultar su emoción—. Me gusta —le susurró al oído, deslizando a continuación la punta de la lengua por su garganta— saber que me vas a dar la oportunidad de seguir haciendo esto —mordisqueó el tendón del cuello, sonriendo ante el gemido ahogado de Draco— y esto.
Lo pegó a él, dejándole sentir el efecto que tenía en su cuerpo sus gemidos, su sensual abandono cuando comenzaba a acariciarle y besarle.
