— ¿Qué es esto, Hermione?

Hermione miró a su suegra, en la puerta de su despacho con una carta en la mano, jadeante como si hubiera venido corriendo desde su casa.

— Siéntate, Molly —le respondió con calma, moviendo la varita para servirle un vaso de agua— ¿Qué ha ocurrido?

— Hemos recibido esto.

Y le tendió la carta con los labios apretados.

Las cejas castañas se levantaron muchísimo al comenzar a leer. Aquello... aquello era muy sorprendente. Dejó la carta sobre la mesa y miró a su suegra, que bebía de su vaso con los ojos fijos en el papel.

— No sabía nada. —Señaló el elegante pergamino con el dedo.

— Creía que tú te habías ocupado. —Le tiró, todavía con resquemor.

— Me ocupé de los trámites legales básicos, pero este dinero había sido apartado previamente, no constaba en los bienes de los Malfoy —explicó con paciencia.

— ¿De dónde demonios ha salido esto entonces?

— Eso tendrías que preguntárselo a Narcissa o a Draco.

Molly miró de nuevo a su nuera con los labios apretados, su rostro habitualmente bonachón lleno de tirantez.

— Hermione... no puedo presentarme en casa de esa mujer que acaba de perder a su marido para preguntarle por qué nos ha regalado un millón de galeones.

Su nuera suspiró y tomó de nuevo el pergamino, recogiéndolo en el sobre.

— La carta es bastante clara, no es un regalo, es una indemnización, la familia se disculpa así por su vinculación con el asesinato de Ron.

— ¿Crees... crees que es cosa de Harry?

Negó con la cabeza.

— La única con acceso a los bienes de los Malfoy es Narcissa. Draco fue desheredado cuando nació Scorpius, y sé con seguridad que no ha tenido ningún interés en los bienes de su padre, aún no he conseguido que venga a firmar los papeles.

— ¿Puedes organizarme una cita con la señora Malfoy? No puedo aceptar esto.

Y apartó la carta que Hermione había vuelto a dejar junto al vaso de agua.

— Hablaré con Narcissa.


Las dos mujeres estaban sentadas en la pequeña salita que Narcissa consideraba su espacio dentro de la mansión. Molly se sentaba en el lujoso sillón muy tiesa, las manos en el regazo, mientras que Narcissa la observaba a medio camino entre la curiosidad y la bondad.

— Me dice Hermione que no quiere usted el dinero —rompió el silencio por fin.

— Mi hijo está muerto, el dinero no nos la va a devolver —le contestó, muy seca

Los ojos grises se estrecharon, endureciendo la mirada, un gesto que a Molly le recordó a Sirius. En concreto al rostro de Sirius cuando iba a iniciar una discusión.

— Pero puede asegurar el futuro de sus nietos. Su nuera es una mujer excepcional, señora Weasley, y trabaja muchísimo, se merece tranquilidad. Y ustedes también, han dado mucho a nuestra sociedad.

— Usted también tiene un nieto, déselo a él —replicó, suavizando un poco el tono.

— Tengo tres. Y ya me he preocupado por ellos, créame, aunque mi hijo ha protestado.

Molly le miró, confusa. Hermione se había negado desde el principio a hablarles de la vida de Harry en Finlandia. A pesar de haber conseguido que los responsables de la muerte de Ronald fueran a prisión, la familia no había entendido que Harry eligiera marcharse a intentar recuperar a su hijo y la relación se había roto. Harry no había vuelto a poner un pie en Inglaterra, molesto por el trato que la prensa, y la sociedad, habían dado a Draco y a su hijo.

— ¿Tres? ¿Harry ha tenido más hijos? —preguntó con voz ahogada, poniéndose una mano sobre el pecho.

— Molly...—Narcissa se inclinó hacia delante— usted ha perdido dos hijos, pero Harry sigue vivo. Es feliz, tiene la vida que siempre ha querido, una familia.

— Yo...

Narcissa se levantó y tomó una fotografía que había sobre su escritorio. Era una foto familiar, con Severus en el centro, en su silla de ruedas. El hombre incluso sonreía, sujetando con firmeza en sus rodillas una niña rubia, preciosa, inconfundiblemente Malfoy. Tras la silla estaba Draco, con una mano apoyada en el hombro de su padrino. Harry tenía una sonrisa amplísima, y se apoyaba en un adolescente tan alto como él. Salvando el pelo rubio y la inmaculada piel pálida, el guapo adolescente era sin duda un clon de su padre Harry, nadie que lo hubiera conocido en el colegio dudaría de que era su hijo.

— Estos son los nietos que ha elegido no conocer, Molly. Adhara tiene tres años y medio. Es terca y muy muy inteligente. Y aquí, —Hizo un pase de varita sobre la foto, que mostró un cambio en la figura de su yerno— dentro de Harry, está Lily. Nacerá en unos días.

— Oh, Merlín... era cierto entonces... —exclamó, tapándose la boca, impresionada.

— Ellos no quieren que se sepa, lo han llevado de la manera más discreta posible. Pero debería verlo, Harry ha sido intensamente feliz estos meses. Yo viajaré en unos días para estar con ellos cuando nazca. Piénselo, háblelo con su marido, el dinero no le va a devolver a Ronald, pero puede que encuentren consuelo en volver a abrazar al hijo que dejó marchar.


Draco maldijo entre dientes al leer la carta. La dejó sobre su escritorio y se levantó, con una taza de té entre las manos, para acercarse a la ventana. Bajo el árbol del jardín, Harry estaba recostado leyendo un libro a Adhara. Necesitaría ayuda para levantarse, pensó para sí mismo, porque Lily estaba ya casi a punto de nacer.

Estaba terriblemente orgulloso de su marido. Había llevado el embarazo con una alegría que no parecía menguar nunca. Él lo había pasado dos veces, e indudablemente disfrutó mucho más del segundo, mimado hasta la saciedad por Harry y el resto de su familia, pero no había tenido esa sonrisa perpetua. Incluso en las últimas semanas, en las que sabía de sobra que estaba incómodo por el dolor de espalda y de piernas, no había salido una queja de sus labios.

Dejó la taza y salió del despacho con calma. Esperaba que las noticias de Inglaterra no nublaran esos últimos días de felicidad antes del parto.

Sonrió al escuchar la voz de Harry. Era el libro favorito de Adhara*, una recopilación de mitos y leyendas relacionados con la Astronomía. Durante su embarazo, era el libro que Harry le leía, convencido de que el bebé elegiría el nombre de estrella que le gustara. Y así había sido, al escuchar el relato sobre la brillante estrella cercana a Sirio, el bebé había pateado en su vientre por primera vez.

El bebé que iba a nacer ahora había sido Lily desde que supieron que sería una niña, pero sus hermanos deseaban que su segundo nombre fuera una estrella también.

— Papi, a Lily le gusta —escuchó la vocecita de Adhie.

Su pequeña de tres años y medio era igualita a una foto que tenía su madre a su edad, incluso el cabello rubio y los ojos grises. Lo que había sacado de su otro padre era el gesto al fruncir el ceño y la terquedad. Y en ese momento señalaba al libro que sostenía su padre abierto y apuntaba con su pequeño dedo y las cejas rubias muy juntas.

— Pero cariño, es un nombre de niño.

Addie puso con seguridad la mano sobre la prominente barriga y se acercó para hablarle al bebé.

— Lily, díselo tú a papi, ¿a que Etanim** es el que te gusta?

Vio a Harry abrir bastante los ojos y la sonrisa de triunfo de Adhara.

— ¿Ves? Es el que ella quiere. No es un nombre ni de niño ni de niña, es el nombre de Lily.

— Quizá a tu hermana simplemente le gusta tu voz, Adhie —intervino Draco, dejándose caer frente a ellos.

La niña movió la cabeza negativamente con energía.

— Pon la mano, papá.

Obedeció a su hija, sonriendo a su marido, y colocó la mano junto a la más pequeña. Con una mínima presión podía sentir al otro lado de la fina capa de piel que el bebé estaba presionando allí con un pie diminuto.

— Lily, a papi le gusta Cassiopea. A papá le gusta Lyra. ¿Ves? No se mueve. ¿A que te gusta Etanim?

Lo sintió, sin dudas, el movimiento bajo su mano. Sintió un hormigueo de felicidad. Esa era su estrella, la más brillante de la constelación del Dragón, la que su madre le había enseñado a localizar en el cielo para encontrar su constelación cuando era niño.

Harry le miró con esa sonrisa hermosa que tenía últimamente siempre puesta y un brillo de emoción en la mirada, sabía lo que estaba pensando, como casi siempre.

— Tienes razón Adhie. Etanim es perfecto. ¿Quieres ir a contárselo al abuelo? Creo que está leyendo en su cuarto.

La pequeña asintió, todavía con su sonrisa de triunfo, se levantó con cuidado, sacudió los restos de césped de su vestido y caminó con calma hacia la casa, sus padres siguiéndola con la mirada.

— ¿Quieres entrar? ¿Te ayudo a levantarte? —preguntó Draco en cuanto se cerró la puerta trasera.

— ¿Te sientas aquí a mi lado un rato? —pidió Harry, levantando un brazo para dejarle claro que quería un abrazo.

Esa era la otra cosa sorprendente del embarazo: se había vuelto mimoso. No es que de normal no fuera cariñoso, pero realmente lo que le salía era hacia los demás, hasta entonces nunca había demandado muestras de cariño. No lo dudó, se movió para sentarse junto a él, apoyados en el tronco del árbol, y le pasó el brazo por los hombros para que se apoyara en él.

— Nuestra hija va a llevar el nombre de tu estrella favorita.

— A mi madre le encantará —respondió, apoyando la mejilla entre el pelo eternamente revuelto.

— ¿Qué te pasa?

— He recibido una carta suya.

— ¿Cuándo viene?

— El fin de semana. Trae los papeles que tengo que firmar.

Harry se incorporó un poco para mirarle a los ojos.

—¿Eso es lo que te preocupa? En algún momento hay que cerrar el tema de la herencia.

— No se trata de eso. Ya he asumido que nuestros hijos heredarán a mi madre cuando falte. Finalmente ha hecho un legado a favor de Edward también.

La paternidad había conducido a Harry a desear un vínculo más estrecho con su ahijado y Andrómeda. Si bien Draco al principio se había mostrado reticente, Harry había decidido invitar a la pareja a pasar las vacaciones en Finlandia con él. La conexión entre los dos chicos había sido instantánea. Andrómeda había resultado más dura, había hecho falta que Harry se sentara con ella a escuchar todo lo que tenía que decir acerca de cómo había hecho las cosas con Teddy como padrino, pero finalmente, en la segunda semana de vacaciones se había instalado entre ellos un clima tranquilo y amable que había atrapado enseguida a Draco... y a Severus.

El siguiente verano habían recibido también la visita de Hugo y Rose. Los cuatro muchachos habían estado un mes juntos, explorando los bosques alrededor de Fiskar con Harry, mientras la amistad entre Andrómeda y Severus se profundizaba. Cuando llegó Hermione, para disfrutar los últimos días de vacaciones de sus hijos, había sido un shock encontrarse a la pareja besándose en la cocina.

— Mi madre ha hecho una cosa sin decirnos nada a Hermione ni a mí.

— Me estás dando miedo.

— Ha puesto a nombre de los Weasley una bóveda en Gringotts con un millón de galeones.

Harry silbó, pero no hizo ningún comentario, solo volvió a acomodarse contra su costado.

— ¿No dices nada?

— No me sorprende, es algo que tu madre haría. Y podría apostar que Molly no se lo ha tomado bien.

Draco soltó una risita y apretó el abrazo sobre su hombro.

— La carta de mi madre no entra en detalles, no sé cómo ha pasado, pero me avisa de que viene acompañada de Molly y Arthur.

Esperó un par de minutos, arropado por el sonido de los insectos en el jardín.

— ¿Harry? —preguntó por fin, prudente.

— ¿De verdad van a venir?

La voz de Harry sonó frágil, algo que no había escuchado desde el día que supo que estaba en estado.

— ¿Estás bien con eso?

— Es... raro, ha pasado mucho tiempo. ¿Crees que eso quiere decir que me han perdonado?

— Oh cariño... —Le besó la frente y le abrazó más fuerte— no eres el responsable del atentado, los responsables están muertos o en la cárcel.

— Yo convencí a Ron para unirnos juntos a los aurores.

— Era un adulto y tomó una decisión, igual que tú. Pero sí, creo que que te quieren y buscan una oportunidad de recuperarte. Ellos fueron los que lo hicieron mal, Harry.


Lo vigiló de cerca los siguientes días. Seguía igual, sonriente, pasando mucho tiempo con Adhara, que andaba pegada a él como una sombra. Scorpius los miraba a los tres a ratos con preocupación y a ratos feliz, porque la felicidad de su padre Harry era contagiosa.

— ¿Cómo debo portarme con ellos? —le preguntó a su padre Draco a bocajarro, la tarde siguiente.

Estaban en el despacho de su padre, que acababa de resolverle un par de dudas de las tareas de Transformaciones. Draco miró a su hijo dos largos parpadeos, orgulloso de él. No hacía falta decirle a Scorpius que esas personas podían hacer daño a su padre, su hijo era muy inteligente y, sobre todo, muy intuitivo.

— Tengo la impresión de que tu abuela los va a traer bien aleccionados, Scorp.

— Crees que ella no haría nada que perjudicara a papá Harry o a Lily.

— Estoy muy seguro. De todas formas, son los abuelos de tus primos, personas famosas por su bondad.

— ¿Entonces por qué le dieron la espalda a papá?

Draco quiso decirle la verdad a su hijo, quiso decirle que su abuelo era el responsable de la muerte de él hijo de esas personas y que no habían entendido la decisión de Harry de luchar por formar una familia precisamente con ellos. Pero no lo hizo, se limitó a encogerse de hombros.

— Seré amable y educado, papá. Pero si...

— Te entiendo, hijo —le interrumpió, levantandose para sentarse en el brazo de su silla—, yo también querría proteger a tu padre en este momento de cualquier mal. ¿Confías en mí para cuidar de él? Te prometo que no dejaré que todo esto trastorne sus últimos días de embarazo.

Su hijo se inclinó hacia él.

— Confío en ti.

Pasó el brazo por los delegados hombros y decidió aprovechar el momento para hacer una pregunta que le rondaba hacía días.

— Scorpius... ¿estás preocupado por el parto?

El chico dudó un momento antes de hablar.

— Escuché al abuelo contarle a la tía Andy que cuando yo nací casi te mueres.

— Pero no fue por el parto, fue porque estaba muy débil. Ya viste que cuando nacio Adhie fue todo muy bien. Y con tu padre será igual. Es fuerte físicamente. Y mágicamente hay pocos como el. Irá bien.

Scorpius lo miró largamente, primero serio y luego con una lenta sonrisa que acabó iluminándole la cara, haciendo que se le removiera el corazón recordando al Harry adolescente.

— ¿Por qué me miras así?

— Hoy hace siete años que me secuestraron. ¿Pensaste entonces que esos días de pesadilla te traerían toda esta felicidad?

Se llevó la mano al corazón mientras la otra abrazaba más fuerte a Scorpius. Era el primer año que no se levantaba de la cama lleno de ansiedad por los recuerdos de ese día. Era feliz, intensamente feliz, de un modo que no se habría atrevido a soñar siete años atrás.

— Busquemos al resto de la familia, creo que necesitamos una cena especial —le respondió por fin con voz un poco ronca, poniéndose de pie—. Tenemos muchas cosas que celebrar.

*Adhara es una estrella de la constelación Canis Major, la segunda más brillante en su constelación después de Sirio, y una de las más brillantes del cielo nocturno. El nombre tradicional de Adhara proviene del árabe y su principal significado es «flor de azahar», así que Adhie tiene nombre de estrella y de flor como sus abuelas.

**Etamin o Eltanin es la estrella de mayor brillo en la constelación del Dragón. El nombre de Etamin —así como sus distintas variantes Ettanin, Etannin, Etanim y Etamin— provienen del árabe Al Rās al Tinnīn, cuyo significado es «serpiente», en alusión al conjunto de la constelación.