Los Asesinos a sueldo son llamados los profesionales del crimen, este tipo de asesinos cuyo perfil es tal vez el más desconocido e intrigante, al que el cine ha mitificado retratándolo como un personaje frío, calculador e inalterable, que nunca comete un error por complicado que sea su objetivo. Son los asesinos a sueldo profesionales, verdaderos expertos en armas entrenados para matar, que hacen trabajos limpios y raramente dejan huellas. Son más que simples delincuentes con un contrato de trabajo, digamos que son algo así como la "élite" del crimen.
Sin embargo, a los ojos de cualquiera son personas normales con una vida privada como todo el mundo, ya que en su entorno procuran pasar lo más desapercibidos posible. No destacan en nada. Generalmente tienen una familia, amigos, vecinos, gente a su alrededor que están convencidos que él es un empresario absorto por su trabajo, que en el momento que menos se lo espera recibe un aviso para irse de viaje a cualquier lugar porque debe asistir a una reunión con un cliente, y que en una semana más o menos, cuando cierre el negocio que se traen entre manos, volverá para seguir su vida de todos los días como un tipo corriente.
Todos coinciden en que el anonimato es la verdadera clave de su éxito. Nada les proporciona tanta independencia como ser una persona "gris" y poder pasear por la calle distendidamente, disfrutando de todos los periodos de descanso con la absoluta certeza que nadie sabe quién es ni a que se dedica. Para ellos el hecho de tener una cobertura que camufle su identidad les proporciona la seguridad de poder llevar una vida absolutamente ordinaria.
Ese era el mundo en el que nació Ymir Frizt. Una chica alta, tez trigueña, pecas en las mejillas, cabellera castaña oscura, casi negra; ojos finos, iris pequeñas de color café claro, cejas largas y finas, nariz perfilada y rostro levemente alargado. Conocida por toda la policía y el bajo mundo como "Sicario"
Huérfana de madre desde su nacimiento e hija de uno de los mejores asesinos a sueldo en su tiempo. Carl Frizt. Quien a pesar de su oficio, nunca descuido su rol de padre.
De hecho, fue él quien la entreno para que fuera su digna sucesora, así como el padre de este había hecho con él y el padre de él lo hizo y así sucesivamente. Se podría decir que era una tradición de esa familia pasarle el oficio a su vástago, y el que Ymir fuera mujer no hizo ninguna excepción en esa tradición.
Más bien a Carl le enorgullecía saber que no solo tenía una hija muy linda, sino también fuerte y hábil, además de algo marimacha.
A los cinco años Ymir aprendió disparar, el cómo armar y desarmar armas con rapidez; y, sobre todo, a pelear.
Más de una vez Carl termino con alguna lesión grave hecha por ella, pero sabía que era necesario porque a la hora de la verdad la piedad no existía.
Descontando su severidad a la hora de los entrenamientos, existía un gran amor de padre e hija. Por lo que eran una familia feliz, a pesar de ser solo dos.
Vivian en un barrio exclusivo de Trost, su casa estaba llena de lujos y equipada con lo último en seguridad, en caso de que algo pasara.
Y ese algo paso cuando Ymir tenía, exactamente, 14 años.
-Aquí tienes, papá-Ymir se encontraba sirviendo el almuerzo en la mesa.
-Gracias, hija-Carl dejo el periódico, que estaba leyendo, y tomo un tenedor para probar la comida-Uhm... como siempre te quedo muy bueno.
-No tienes que mentir-Ymir tomo asiento enfrente de su padre y comenzó a comer-Esto sabe peor que la mierda de perro-dejo su tenedor, tomo ambos platos y tiro el contenido a la basura.
-Lenguaje-le reprocho su padre.
-Está bien. Lo siento-Ymir podría ser una experta en armas y peleas cuerpo a cuerpo. Pero su mayor reto siempre era la cocina-No puedo creer que en verdad te comieras esta cosa.
-No estaba tan mal. Al menos no sabía a quemado.
-¡Ja! Podríamos estar comiendo algo decente, si no le hubieras dado la semana al personal.-rio Ymir mientras regresaba a la sala con un teléfono.
-Lo sé. Pero regrese del trabajo ayer, y lo que más quiero es pasar tiempo de padre e hija. A solas.
-Si tú lo dices-alzo los hombros-¿Quieres pizza o comida china?
-No sé. Elige tú
-Los dos.
Minutos después, llegaron las órdenes que pidieron.
Carl se encargaba de servir en nuevos platos cada cosa, mientras que Ymir se encargaba de preparar la bebida favorita de su padre. Escoces en las rocas.
Cuando termino la bebida, sintió curiosidad, ya que nunca había probado alcohol en su corta vida. Razón por la cual quiso darle un sorbo, aprovechando que su padre no la veía, o eso creyó.
-Alto ahí, señorita-dijo el hombre desde atrás de ella, y le quito el vaso con alcohol-A tu edad es malo beber-dicho esto último le dio un sorbo al vaso-Ahhh...muy bueno.
-Mph-Ymir se cruzó de brazos y le frunció el ceño a su padre.
-Vamos. No me mires así-le acerco una lata de soda, la cual no aceptó-Si cambias esa actitud, te contare una historia muy interesante que tiene que ver con este trago, después de comer.
Ymir rodo los ojos y suspiró.
-Tú ganas-acepto la lata de soda.
Fueron al comedor y tomaron asiento, quedando frente a frente. Minutos después, terminaron de comer.
-Terminé. Cuenta-Ymir se encontraba emocionada.
-De acuerdo, este trago tienen que ver con una persona muy especial para mí.
-¿Más especial que yo?
-Un poco más especial que tú.
-¿Mamá?-pregunto dudando.
Carl solo asintió.
-¡¿De verdad?!-se levantó un poco de su asiento por la emoción.
-Sí, más bien dicho, la conocí cuando bebía uno de estos.
-¿Cómo?-volvió a su asiento.
-Fue cuando aún era un novato en el asesinato a sueldo. Acabada de eliminar a mi primera víctima sin ningún problema y sin dejar ningún rastro. Sin embargo, lo que nunca me contó mi padre fue que, eliminar a tus primeras víctima, es escalofriante. Recuerdas cada detalle. Hasta recuerdo el rostro de ese sujeto, por lo que decidí beber hasta olvidar, aunque fue inútil, ninguna cantidad de licor puede borrarlo. Claro que ahora ya dejo de importarme. Ahora puedo asesinar a alguien mientras pienso que regalo traerte cuando vuelva a casa.
-Interesante. Ya sé lo que me espera. ¿Y mamá donde entra en todo esto?
-En el principio. Ella cantaba en el bar al que fui. La recuerdo a la perfección, se veía tan hermosa con su cabello negro corto y esa ropa, también negra, de revele sin causa-sonrió al decir eso-Era muy buena a decir verdad.
-¿Más que un trago?
-Mucho más que un trago. Además de un carácter muy especial, así como el tuyo. Siempre que cantaba, lo hacia como si quisiera mandar todo al demonio y hacer lo que se le diera la gana.
-Muy gracioso. ¿Y qué más?-Ymir tenía ambos codos sobre la mesa y la cabeza sobre las palmas de sus manos.
-Que te puedo decir, me quede admirándola todo el tiempo que estuvo cantando, su voz hacia que me olvidara de todo a mi alrededor y solo pudiera pensar en ella. Fue por eso que seguí yendo ahí, hasta que un día el barman me acerco una bebida de estas, la cual no había ordenado.
-Entonces…
-Sí, cortesía de ella.
-No puedo creerlo. Siempre pensé que tú habías dado el primer paso, pero resultó que fue mamá-se burló Ymir.
-Yo también sigo sin creerlo. Estaba en la barra, a unos cuantos metros de mí, sonriendo como solo ella lo sabía hacer.
-¿Y luego?
-Nos conocimos, hablamos, nos enamoramos y después de unas cuantas noches de se...-se detuvo a la mitad-De demostrarnos amor, nos fuimos a vivir juntos.
-Es increíble. Matas a varias personas a sangre fría, pero no puedes hablar de sexo con tu hija.
-Una cosa es el trabajo y otra, muy diferente, mi hija.
-Bien-respondió a mala gana cruzándose de brazos.
-En fin. Meses después de mudarnos, decidimos casarnos. Ese fue el día más feliz de mi vida. El segundo día más feliz fue cuando supe que sería padre. Lamentablemente hubo complicaciones en el parto y falleció.
-Me hubiera gustado conocerla.
-Lo sé.-termino de tomar su bebida- Aunque no hay un día en el que no agradezca tener una hija tan linda como tú.
-¿De verdad no te importa que no sea niño?
-Claro que no. Has demostrado ser mejor rival que los idiotas que elimino.
-Lenguaje.
Ambos rieron.
-Sabes, a pesar de este oficio, que ha pasado de generación en generación. Me gustaría que fueras a la universidad.
-Papá…
-Hija, nunca ha habido ningún universitario en esta familia, sería bueno que fueras la primera. Tus notas te ayudan.
-Lo sé, pero...
En ese momento se escuchó la alarma de seguridad.
-¿Qué demonios?-Carl encendió la pantalla de las cámaras. Lo primero que vio fue a varios policías rodeando su casa y preparándose para entrar-¡Maldita sea! ¡Una emboscada!
-¡¿Qué?!-Ymir se puso de pie.
-¡Rápido! ¡Ven!-tomo a Ymir del brazo y comenzó a correr con dirección a la puerta trasera de la casa, la cual abrió y lo primero que vieron fue una camioneta.- ¡Date prisa! ¡Sube!
-¿A dónde vamos?-pregunto Ymir ya dentro de la camioneta
-Nosotros no. Tú-cerró la puerta.
-¡¿Qué?!¡No!¡Papá!-Ymir trato de abrir la puerta, pero estaba asegurada.
-Ya perdí a tu madre. No pienso perderte a ti también.
-¡Papá!-comenzó a golpear el vidrio.
-¡Arranca de una vez!-le ordeno al conductor del auto.
-Sí, señor-la camioneta arranco a toda velocidad, hasta desaparecer de la vista de Carl.
-¡Nooo! ¡Papá!-varias lagrimas salían de los ojos de Ymir mientras miraba como su padre se despedía de ella-¡Hazme regresar! ¡Quiero regresar!-le grito al conductor golpeando el vidrio que daba a la cabina del conductor.
Mas el conductor no escuchaba nada y continuaba conduciendo
Todo el camino continúo en absoluto silencio. Lo único que se podían escuchar eran los gemidos de tristeza de Ymir, cada vez que recordaba a su padre. Quien muy probablemente habría sido capturado.
Horas después. Cuando ya había caído la noche. La camioneta se detuvo enfrente de una gran casa que se encontraba escondida dentro de un gran bosque.
-Llegamos, señorita Frizt-el conductor abrió la puerta de la camioneta.
-¿Qué es este lugar?-pregunto Ymir observando la gran casa.
En ese instante una monja salió de la gran casa.
-Buenas noches, madre superiora-saludo el hombre con una reverencia.
-Buenas noches. ¿Es ella la joven?-pregunto mirando a Ymir.
-Si. Se la encargó mucho.
-Puedes estar tranquilo. Ella estará bien aquí.
Dicho esto último, el hombre se fue.
Fue en ese momento que Ymir entendió lo que pasaba. Su padre la había mandado a un convento en caso de que lograran captúrarlo.
-Es un placer tenerte entre nosotras, Yumi. Es lo menos que puedo hacer por tu padre, un hombre tan generoso que pago todos los gastos para construir nuestro convento.
-¿Conoce a mi padre?
-Sí, Duncan Abdid. Te pareces mucho a él-la monja la miro más de cerca-tus ojos se ven muy hinchados y rojos. ¿Has estado llorando?
Ymir se limpió la cara con el dorso de su mano.
-No es nada. Mi papá se fue a un viaje de negocios y no regresara en mucho tiempo.
-Oh, pobre niña. Debes de quererlo y extrañarlo mucho para llorar.
Ymir solo asintió-Es lo único que me queda, mi madre falleció hace mucho.
-NO estés triste, cuando menos te lo esperes volverá. Mejor ya entremos que hace frío-se dio la vuelta y comenzó a caminar-Te mostrare tu habitación, tu padre se encargó de hacerla especialmente para ti.
Al final entraron a la casa.
Como había dicho la monja, la habitación de Ymir era exactamente igual a la de su casa, hasta el más mínimo detalle. Incluso la foto a un lado de su cama, de ambos.
Sabía que debía de ser fuerte, pero por más que tratara, aún era una niña. Una que aún lloraba la pérdida de su única familia.
Tres meses después
Ymir ya había pasado su etapa de depresión y ahora estaba aceptando la realidad de las cosas. Por más que llorara no tendría a su padre devuelta. En la escuela le explicaron cuanto era la condena por asesinato, no bajaba de 30 años, y ella no estaba dispuesta a esperar tanto por tener de vuelta a su padre.
Si alguien iba a sacarlo de ese lugar, seria ella.
Salvo por un detalle, su entrenamiento aún estaba incompleto.
A pesar de todo lo aprendido, recién iba por la mitad o al menos eso le habían dicho.
Así que decidió que el mejor lugar, para completar su entrenamiento, era el ejército. Claro que antes debía de escapar de ese convento, lo que no le molestaba en lo absoluto porque ya se encontraba totalmente aburrida y harta de ese lugar. No existía mucha diferencia con la cárcel, salvo por pasarse todo el día rezando.
Lo único bueno es que se sabía la rutina de cada monja al derecho y al revés. Por lo que escabullirse de ese lugar no fue ningún problema, no sin antes llevarse un recuerdo de ahí.
-Tal vez me den algo por este candelabro -susurró ya que se encontraba escondida detrás de la gran cruz, y las monjas se encontraban en plena misa.
Se puso la capucha, tomo su equipaje y salió de aquel lugar.
Pasaron varios días hasta que llego a una cuidad. En donde lo primero que hizo fue empeñar el candelabro del que saco un buen dinero.
Cuando ya estuvo instalada en un hotel, busco en internet noticias sobre su padre. Dándose cuenta que sí lograron capturarlo. Lo cual le hizo sentir rabia pura.
-Prometo sacarte de ahí, papá-dijo para sus adentros.
Así que con eso en mente, uso gran parte del dinero para conseguir documentos falsos y de esa forma enlistarse en el ejército, ya que era menor de edad.
Paso tres años de su vida ahí, graduándose como la mejor de su generación por su gran fuera y habilidad en armas.
Como su entrenamiento ya estaba completo, decidió entrar al bajo mundo. Cosa que tampoco le fue difícil, ya que su padre le explico cómo.
Excepto por un detalle, se presentó bajo el nombre de "Sicario", porque con ese nombre nunca nadie pensaría que era una chica.
De ese nodo sería más sencillo mantener su identidad y eliminar a sus víctimas.
Su técnica era usar sus encantos femeninos, o al menos, los que le quedaban.
Se podría decir que inicio su ida sexual con una de sus víctimas, a la cual disparo en la cabeza mientras tenían relaciones. Lo que le resulto la forma más excitante de llegar al orgasmo.
A los 18 años ya era toda una profesional y la asesina a sueldo más solicitada por todos, y también buscada por la policía. Justo el tipo de personas en las que estaba interesada.
De todas las noticias que encontró en internet, todas decían el mismo nombre, Nile Dawk, el policía que logro la gran hazaña de llevar a su padrea ante la justicia.
-Serás el primero en morir-le decía a la pantalla de su laptop-Pero antes averiguare donde te encuentras.
En su tiempo libre se la pasaba investigando la dirección exacta de ese hombre, el resultado fue que había sido traslado a Shingashina para enfrentarse con los peligrosos de aquella gran cuidad.
Sin dudarlo ni un segundo se mudó para allá, no solo para matar a Nile, sino para saber dónde estaba su padre. Debido a que en ninguna página de internet decía donde exactamente lo habían encerrado, solo que era una prisión de máxima seguridad en donde pasaría su condena de cinco cadenas perpetúas por asesinato.
Cuando encontró a Nile, descubrió que este contaba con un nuevo equipo, pero de seguro confiables, y con confiables se refería a que tal vez tuvieran información útil.
Los nombres de los dos chicos que lo seguían, como un par de perros siguiendo a su dueño, Marcel y Porco Galliard.
Causa por la cual se convirtió en la sombra de esos tres, para conocer sus rutinas y a que lugares les gustaban ir en sus ratos libres. Después de varios ´días conocía a la perfección la rutina de cada uno, sobre todo de ese par de hermanos, todos los fines de semana se paseaban por un bar llamado Rose, del cual no salían solos sino que acompañados de diferentes mujeres.
Por esa razón decidió aprovechar ese detalle para conseguir lo que quería.
Llegado el fin de semana, fue al bar usando un vestido muy escotado y ajustado, que resaltaba sus curvas, y se soltó el cabello. Logrando su cometido, porque uno de esos dos no despegaba la vista de ella.
Fue cuestión de segundos para que se le acercara y le invitara un trago mientras le preguntaba su nombre, a lo que respondió con uno falso, mientras él le decía que se llamaba Marcel.
De ahí entre la charla, los coqueteos e indirectas, fue cuestión de minutos conseguir que le llevara a su departamento, para que continuaran conociéndose, pero Ymir sabía que no iban a hablar sino a hacer otra cosa. La cual, en toda la experiencia adquirida, le resulto la peor de todas. Fingió seguirle la corriente hasta esperar a que el somnífero, que le puso a su trago, hiciera efecto.
Cuando comprobó que estaba dormido, hackeo su computadora, lo cual no fue problema, y comenzó a buscar cualquier archivo que tuviera información sobre su padre o de Nile Dawk, hasta que los encontró, rápidamente los paso todos a su USB.
Ya vestida y satisfecha por haber conseguido su objetivo, se decidió por salir de ahí. No sin antes darle una vista rápida a Marcel, ahora que lo pensaba sería bueno si lo matara, porque recordaba su cara, pero eso podría traerle problemas porque su hermano también conocía su cara. Lo mejor era iré sin más, eso era lo mejor, aunque no para su orgullo, quería darle su merecido a aquel idiota, que se encontraba felizmente dormido bajo el somnífero, por haberle hecho pasar la peor noche de su vida.
Lo pensó por algunos minutos más, hasta que se le ocurrió una broma cruel. Saco el labial que tenía en su bolso, y escribió en el espejo "BIENVENIDO AL SIDA". Con esa acción realizada, se fue cien por ciento satisfecha
Al llegar a su departamento, lo primero que hizo fue revisar todo lo que copio de aquella laptop. Eran varios archivos de asesinos de suma peligrosidad y las cárceles de a donde fueron trasladados, como estaban en orden alfabético, busco la letra C.
Y lo encontró.
Su padre había sido traslado nada más y nada menos que a Erdia, una prisión de máxima seguridad ubicada en una zona desértica, la cual no se diferenciaba del infierno, ya que el calor por ahí era insoportable y ni qué decir del frío en la noche.
Finalmente sabia donde estaba su padre, mas esa era la parte fácil, lo difícil seria sacarlo de ahí. Puesto que era una prisión de máxima seguridad.
Aunque poco le importo eso, estaba decidida a todo. Incluso venderle su alma al mismísimo diablo de ser necesario, cualquier sacrificio valía la pena si con eso volvía a tener a su padre a su lado.
El tiempo pasó, Ymir continuaba con su trabajo.
Desgraciadamente, el nuevo equipo de Nile parecía ser muy bueno con lo que hacía. Lo sabía porque justo ahora se encontraba huyendo de tejado en tejado, corriendo todo lo que podía para no ser atrapada por los policías que iban tras de ella. Les llevaba una buena ventaja pero, de un momento a otro, un policía salió de su escondite y trato de dispararle, pero como ella era muy hábil pateo el arma.
Aunque eso no detuvo al policía, quien se puso en posición de pelea y trato de golpear a Ymir, pero esta esquivaba todos sus golpes. En un descuido consiguió hacer que cayera al suelo de espaladas, posicionándose rápidamente sobre ella y quitándole la máscara que traía puesta.
-... ¿Qué?-fue todo lo que dijo el policía, debido a que se había asombrado al saber quién era.
Ese momento fue aprovechado por Ymir para golpearlo con una rodilla en el estómago, y patearlo con ambas piernas para quitárselo de encima.
-¿Sorprendido?, Marcel- el policía que peleaba no era nadie más ni nada menos que Marcel-Porque yo no-se puso de pie y tomo su máscara-Desde un principio supe quien eras, porque otra razón me acostaría contigo-saco su pistola, estaba a punto de dispararle, pero escuchó más disparos aproximarse-¡Maldición!-guardo el arma y continuo corriendo por las azoteas.
Mientras corría escuchaba los disparos que iban apara ella.
-¡Ahhh!-uno de ellos le impacto en un brazo, provocando que cayera, pero aún así se puso de pie y continuo corriendo. Logro divisar un callejón oscuro, por lo que empezó a bajar por una escalera externa, que se usaba en caso de incendio, sin antes lanzar una bomba de humo y una granada a sus perseguidores, logrando así ganar algo de tiempo para esconderse .Para su mala suerte otra bala le impacta en una pierna, dificultando así su huida.
Lo bueno es que había conseguido llegar al callejón antes de que le impactara la bala, lo malo es que le dificultaba caminar, además de que estaba perdiendo mucha sangre. Lo que dio como resultado el que se desmayara después de unos cuantos pasos.
-Pa…pa…-decía con la poca conciencia que le quedaba.
Cuando comenzó a despertar de su profundo sueño. Se removió un poco sintiendo que estaba sobre un superficie suave y cálida; por lo que comenzó a abrir los ojos. Lo primero que vio fue un techo desconocido. Intento incorporarse, pero sintió tirón en el brazo derecho, por lo que volteo la vista y se dio cuenta que estaba conectada a una intravenosa, que le estaba trasfundiendo sangre. Luego noto que estaba dentro de una cama, su otro brazo estaba vendado. Lo más sorprendente no era eso, sino que al incorporarse se dio cuenta que estaba en ropa interior. Y, al quietar la sabana, se dio cuenta que su pierna también.
¿Dónde se encontraba? ¿Cómo había llegado ahí? ¿En dónde estaba su ropa y sus armas?
Decidió calmarse para de ese modo pensar con más claridad. Empezó a observar todo el lugar, el cual era un departamento pequeño y, por las condiciones del ambiente, viejo.
Cuando dirigió su vista al frente, vio a un chico alto de cabello negro corto. El cual estaba de espaldas y parecía estar cocinando, ya que había una pequeña cocina ahí.
Supuso que aquel chico tendría algo que ver.
Por lo que decidió sacarse la intravenosa y tomar uno de los bisturíes, que estaban sobre una cómoda al costado de la cama y comenzó a caminar, sin hacer ningún ruido en el transcurso. Aunque era difícil ya que tenía una pierna lastimada. Cuando estuvo a pocos centímetros de su espalda, rodeo sus dos brazos con uno de los suyos, y llevo el bisturí hacia su cuello. Lo que provoco que el chico se pusiera tenso y comenzara a temblar.
-Te daré diez segundos para que me digas quien eres y como llegue aquí-su voz sonaba aterradora.
-Por…favor…no me…mates-decía el chico sumamente nervioso-te…encont-contre…desma-yada en l-la puer-erta…de mi casa…y…de-decidí…ayudarte.
-¿Por qué?-acerco más el bisturí al cuello del chico.
-Por-porque…escuché…dis-disparos…
-¿Eres policía? ¿O tienes algo que ver con ellos?
-¡NO!...lo juro…soy…estu-tudiante…univer-versitario…-el chico comenzaba a sudar, lo que le provoco cierto asco a Ymir.
-Mph. Bien-soltó al chico, el cual cayo de rodillas al piso, por el susto que se había llevado, y dio la vuelta para ver a Ymir.-Te creeré por ahora.
-Te-te…sac...-señalo su brazo que comenzaba a sangrar un poco. A consecuencia del esfuerzo que había hecho con el brazo que le estaba transfundiendo sangre.
-Mal-aldición-la pérdida de sangre sumada al esfuerzo hizo que comenzara a sentirse débil y sintiera que se desmayaría de nuevo.
-¡No!-para su fortuna el chico la tomo en brazos antes de que cayera al piso, y la regreso a la cama donde le volvió a colocar la intravenosa.
Rato después, cuando Ymir volvió a recuperar la conciencia.
-Perdiste mucha sangre cuando te encontré, por eso te hice una transfusión-explicaba aquel chico de tez morena y ojos verdes, quien se encontraba sentado a un lado de la cama-Toma, necesitas alimentarte-le acerco un plato de sopa
-Supongo que debo agradecerte-acepto el plato y empezó a comer.
-Si…quieres…-el pelinegro desvió la mirada, ya que Ymir seguía en ropa interior.
-No es que me importe, pero cómo te llamas.
-Bert-bertholdt…Bertholdt Hoover.
-Aja. ¿Y a que debo tu acto de bondad?-hizo referencia a las vendas que cubrían las partes de su cuerpo donde recibió los disparos.
-Como…di-dije…te encontré en la puerta…y luego…escuche disparos…-no puedo seguir hablando porque Ymir lo interrumpió.
-Oye, no es convincente si miras para otro lado mientras lo cuentas.
-Ammm…-el chico se puso de pie y comenzó a rebuscar en uno de los cajones de la cómoda -Por favor…ponte esto-le acerco un suéter negro algo grande.
Ymir a mala gana se puso el suéter.
-Bien, explícate ahora-exigió Ymir.
-Ya te lo dije. Te encontré desmayada en la puerta de mi casa y desangrándote. Me quede por unos segundos petrificado hasta que escuche disparos por todos lados, por lo que entre en pánico y te tome en brazos para meterte a mi casa. Lo primero que hice fue quitarte las balas-señaló la cómoda al costado de la cama, donde se encontraban dos balas bañadas en sangre-…te vende….y te hice un transfusión…
-¿La policías no paso por aquí?
-No, limpie todo con agua oxigenada para eliminar todo tipo de rastro.
-¿Y cómo sabes eso? ¿Estudias criminalística?
-No, estudio medicina, ese fue un dato que me dio un maestro. Y de ese modo pude curarte antes de que te desangraras más.
-Supongo que debo de agradecerte. Así que gracias.
-No…no fue nada…
-Por cierto, ¿Dónde están mis cosas?
-Tu ropa esta en esa bolsa-señalo la bolsa de tela a un lado de él- y tus…demás cosas…por ahí…-señalo el pequeño escritorio, sobre el cual estaban todas las armas y municiones que traía Ymir.-…ammm…¿te puedo preguntar…algo…
-Ya lo estás haciendo, pero sí.
-¿Por qué…tienes…tantas armas?
Ymir rio un poco.
-No sé si eres muy inocente o algo despistado-le sonrió con burla-¿aún no te has dado cuenta el porque estaba desangrándome y, curiosamente, la policía estaba por ahí disparando?-le preguntó alzando una ceja.
-…-
-Es porque me perseguían a mí-se acercó más a él antes de responderle.
-…-Bertholdt abrió sus ojos a mas o poder-¿…A-a…ti…?
-Así es-se acercó más y tomo su cuello-Querido Bertholdt, tienes enfrente tuyo a la mejor asesina a sueldo de los últimos tiempos-le empujó para atrás provocando que cayera-¡A Sicario!
-¿Sicario?
-La misma que viste y calza-le miraba desde la orilla de la cama-Ahora que lo sabes, más te vale mantener la boca cerrada o, de lo contrario, te matare.-advirtió- ¿Te quedo claro?
-…-Bertholdt solo sintió.
-Perfecto. Otra vez te agradezco el que me hayas curado, me gustaría irme lo más rápido posible, pero con estas heridas a las justas y puedo caminar. En conclusión, tendrás que soportarme hasta que esté totalmente recuperada. ¿De acuerdo?
-S-si…no hay problema.
-Conversando se entiende la gente, es mejor a que alguien resulte herido. ¿No crees?
-S-Sí.
Así fue como comenzó la extraña convivencia entre Ymir y Bertholdt, en la cual Ymir pago todos los gastos para su recuperación. De alguna forma se llevaron bien desde su presentación.
Hasta que llego el día en que Ymir se recuperó por completo.
-¿Cómo te sientes hoy?-pregunto Bertholdt, mientras entraba a su casa.
-Como nueva-respondió Ymir, quien se encontraba haciendo flexiones.
-Me alegro-Bertholdt dejo sus cosas y fue a la cocina donde se sirvió una taza de café.-Ammm…eso significa… ¿Qué te iras?...-su voz sonaba algo triste.
-Pues si-Ymir se puso de pie y estiro sus brazos por encima de su cabeza-No creo que quisieras tener problemas con la policía si es que me encuentran aquí.
-No…pero…
-Oye, escucha bien, te acusaran de complicidad y no te salvaras de un buen tiempo en prisión. Grábate eso mientras tomo una ducha-agarro una toalla y entro al baño.
Bertholdt solo suspiro, quería decirle acerca de sus sentimientos pero no sabía cómo.
-A propósito-la voz de Ymir lo saco de sus pensamientos y, a la vez, lo hizo saltar del susto. Por lo que dio la vuelta, encontrándose con una Ymir vistiendo solo una toalla, con el cabellos húmedo, los cuales aún goteaban y esas gotas bajaban por sus hombros y algunas se perdían en sus pechos-Aún no te he agradecido totalmente el ayudarme-retrocedió ante tal escena, chocando con la cocina.
-N-no…necesitas darme…dinero-Bertholdt se puso nervioso-…lo hice desinteresadamente…
-No me refiero a eso-se acercó más y puso sus manos sobre los hombros de Bertholdt-Y lo sabes.
-No, no lo sé-quito las manos de Ymir y se alejó de ahí. Yendo con dirección a donde estaban sus libros
-Sí que lo sabes, por eso huyes-Ymir lo siguió a paso lento, como un león listo para devorar a su presa. Cuando estuvo a un lado de Bertholdt le quito el libro de las manos.
-De verdad…juro que no lo sé…
-No finjas no entenderlo-lo tomo del cuello de su suéter-No soy estúpida, desde un comienzo me di cuenta como me mirabas. Así que como agradecimiento te cumpliré tu sueño húmedo de estar conmigo-lo obligo a caminar hasta hacer que sus piernas chocaran con la cama y lo empujo para que cayera de espaldas, luego se subió sobre él.
-Es-espera…yo…tengo que estudiar… y…-no pudo seguir hablando porque Ymir puso su dedo sobre sus labios.
-Tranquilo, no es la primera vez que hago esto, te hare sentir bien-le dedico una sonrisa pícara.
-Ammm…Ymir…
-Sí, lo sé. Acabo de sonar como prostituta, pero no lo soy, solo tengo una vida sexual muy activa.
-No…no es eso….es que yo…nunca…
-Espera. ¿Eres virgen?
Bertholdt asintió con la cara roja como un tomate de temporada.
-Bertholdt-hablo de forma seria-Déjame decirte que acabas de cavar tu propia tumba-sonrió divertida
-¿A qué te ref…-no pudo acabar de hablar, de nuevo, porque Ymir ya lo estaba besando. Después de un par de segundos, de asimilar lo que pasaba, correspondió aunque de una manera torpe.
Lo que le sorprendió a Bertholdt es que Ymir ya tuviera un paquete de condones listo, como si supiera que al final de todo cedería a ella. Eso le frustro un poco, porque se sentía que era muy obvio, pero no podía negar que estaba disfrutando al máximo esa nueva experiencia, sobretodo porque estaba haciéndolo con Ymir.
Continuaron haciéndolo hasta que quedaron totalmente agotados.
Bertholdt se encontraba ahora durmiendo plácidamente en su cama, hasta que escucho el ruido como de hebillas o algo así, por lo que abrió los ojos y lo primero que vio fue a Ymir. Ya vestida y guardando sus armas en su pequeña mochila.
-Ymir…
-Buen día-respondió ella sin mirar y continuo empacando sus cosas-Es mejor irse antes de que salga el sol-cerro su mochila-Gracias por todo-saco de su bolsillo un fajo de billetes y se lo tiro-Eso te librara de gastos por un tiempo-dicho eso último se colgó la mochila en un hombro y camino con dirección a la ventana.
-Espera…
-Ya sé, lo hiciste desinteresadamente, pero insisto en pagarte por…
-Tú me gustas
-…-se quedó sin habla por unos segundo-¿Qué?
-¡Que me gustas! ¡Me gustas desde que te vi tirada en el piso!-al fin confesaba sus sentimientos- ¡Sabia que tenías algo que ver con la policía! ¡Pero no me importo! ¡Solo quería salvarte y decirte lo que siento!
-…Eres raro-abrió la ventana y se fue de ahí. Dejando a un Bertholdt destrozado.
Tres semanas después.
Bertholdt regresaba de la universidad, desde que Ymir se fue estaba muy deprimido. Puso la llave en la cerradura, entro y, cuando encendió la luz, vio a la persona que menos esperaba.
-Bienvenido a casa-le saludo Ymir, quien ese encontraba sentada en la cama.
Bertholdt se asombró tanto que sus libros cayeron de su mano.
-Espero que estés feliz, desde que me fui no he podido sacarme tus estúpidas palabras de la cabeza-se cruzo de brazos-Por eso regrese-se puso de pie-Para ponerle solución a esto-comenzó a caminar hasta quedar enfrente de él.
-¿M-me vas...a matar..?-Bertholdt sintió como si fueran sus últimos momentos de vida.
Ymir rodo los ojos.
-No, tarado. Solo quiero intentarlo.
-¿Intentarlo?-se clamo un poco.
-Sí, te investigue las últimas dos semanas y estas limpio. Así que quiero intentar una relación contigo. ¿Lo entiendes?
-Sí, lo entiendo muy bien.
-¿Aún te gusto a pesar que te deje?
-Nunca te olvide.
Ymir sonrió ante eso.
-Entonces recuperemos las tres semanas que estuvimos lejos-rodeo su cuello con sus brazos s y comenzó a besarlo.
Así se dio inició a su relación.
Vivian una vida como de pareja casada, Ymir era quien llevaba el dinero a la casa y Bertholdt se encargaba de las tareas domésticas, aunque varias veces recalentaba la comida.
Ymir había cambiado su modo de asesinar, ya no se acostaba con ninguna de sus víctimas, porque quería serle fiel a Bertholdt.
Tiempo después
Un día que Bertholdt no tenía clases e Ymir no tenía trabajo. Ambos se encontraban disfrutando de un tiempo en pareja sin salir de casa.
-Y es por eso que disparar al corazón es más efectivo que disparar a la cabeza -decía Bertholdt mientras se servía una taza de café.
-Sí, pero si disparas en la nuca, también es efectivo-le respondí Ymir echada en la cama.
Ambos rieron ante eso, se había vuelto normal hablar de muerte.
-Escucha-dejó la taza a un lado y camino hacia la cama-Estuve pensando en nuestra relación-se sentó en la cama.
-La verdad yo también -Ymir también se sentó y quedo enfrenté de Bertholdt y rodeo su cuello con sus brazos-Berth, me gustaría pedirte algo. ¿Qué te parece si…
-¿Te casarías conmigo?-Bertholdt le mostro un anillo dorado.
-…-Ymir se quedó sin palabras al verlo-¿En serio?
-Si, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
Ymir beso a Bertholdt.
-En serio te amo.
-Eso significa que…
-¡SI!-tomo el anillo y se lo coloco en el dedo.
-¡SI!-Bertholdt también se emocionó.
Para celebrar brindaron con un escoces en la rocas.
-Salud-entrelazaron sus brazos y tomaron del vaso del otro.
-Ahora solo nos falta el invitado de honor-comentaba Ymir mientras miraba su anillo.
-Después de todo lo que me contaste, ansió mucho el conocer a mi suegro-Bertholdt rodeo la cintura de Ymir con sus brazos y beso su cuello.
-Y lo conocerás, no importa lo que tenga que hacer, pero mi padre estará en nuestra boda.
-Estoy seguro que sí.
-¿Qué te parece si vamos al cine para celebrar?-propuso Ymir.
-Me parece perfecto, justo hoy es el estreno de Hotel Transilvania 3.
-Entonces vamos. La veremos en 3D
Salieron al cine para celebrar su compromiso, todo parecía ser felicidad para la pareja.
-¿Qué te parce si vamos a comer algo?-ahora se encontraban caminando por un callejón.
-¿Cómo qué?
-No sé, pide tú.
-Probemos la langosta, debe de ser deliciosa para ser tan cara y…-Ymir se quedó callada y dejó de caminar.
-¿Ymir?
-Hablaremos después, tenemos compañía-Ymir se dio la vuelta mientras sacaba su arma.
Detrás de ella se encontraba un chico que conocía muy bien, era Porco Galliard, el cual le quito el arma de una patada, pero poco le importo a Ymir, quien se puso en posición de pelea y se enfrentó cuerpo a cuerpo con él.
-¡Bertholdt! ¡Vete de aquí!-grito mientras se enfrentaba a Porco.
Justo en el momento que Ymir había conseguido herir a Porco y tomar la pistola que tenía, una voz le llamo por detrás.
-Te aconsejo que te rindas.
Ymir dio la vuelta y se encontró con Marcel, el cual tenía a Bertohldt tomado del cuello por detrás y, con su tora mano, le apuntaba con una pistola en la cabeza.
-A no ser que quieras verlo muerto.
Ante la escena, Ymir tiro el arma hacia Porco, puso sus manos sobre su cabeza y se dejó esposar.
Segundos después, se escucharon las sirenas de la policía, varias unidades rodearon la zona.
-Te amo, Ymir-le dieron el tiempo de despedirse de Bertholdt, el cual la abrazaba como si no quieras dejarla ir-Nunca lo olvides.
-Yo vuelvo. Te prometo que volveré -Ymir no podía ya que estaba esposada -También te amo-dijo lo más fuerte que pudo.
-Se acabó el tiempo-Porco alejo a Bertholdt de ella, y Marcel la obligaba a caminar hacia la patrulla.-Tranquilo, tú no iras a prisión, la criminal es ella.
Bertholdt solo le frunció el ceño a Porco, quien se iba riendo.
Ymir fue sentenciada a tres cadenas perpetuas, por todos sus crímenes, y seria encerrada en Mare.
Justo ahora estaba siendo traslada a su celda por un policía de estatura alta, contextura semi-delgada, rubio y con un flequillo adecuadamente peinado a un costado de su cara.
-¿Quién lo diría?-se burlaba Marcel, quien estaba detrás de un vidrio blindado y veía como Ymir se iba a su celda- La mayor asesina a sueldo, más buscada de los últimos tiempos, es también una cualquiera.
-Cállate -Ymir trataba de ignorarlo, pero estaba acabando con su paciencia.
-Descuida, le diremos a tu padre que estas a salvo aquí, si es que no se mata antes. Jajajaja.
Ese fue el punto detonante de Ymir. Como sus manos estaban esposadas por la espalda, aprovecho para tomar la pistola del policía, dio un gran salto sobre el policía y otro pequeño para colocar sus manos Adelante y comenzar a disparar mientras corría con dirección a Marcel.
-¡Cállate! ¡CALLATE!-decía mientras corría hacia la gran puerta blindada.
-Maldición-el policía fue tras ella, hasta que logro alcanzarla.
-¡LOS ODIO MALPARIDOS!-gritaba mientras seguía disparan al vidrio.
El policía le rodeo con sus brazos por detrás e intentaba hacer que soltara el arma.
-¡Quítame las manos de encima! ¡Rubio oxigenado!-le grito al guardia y volvió a disparar.
Más policías fueron en su ayuda para controlar a Ymir.
Mas esta consiguió librarse del policía rubio propinándole una fuerte patada en el pecho, lo que lo hizo caer y a los otros los golpeo en la cara con el arma.
Ya libre, corrió hasta quedar frente a frente con Marcel.
-Lo siento, preciosa-Marcel le sonreía con superioridad-A prueba de balas-señalo el cristal.
-Llevo la cuenta-Ymir puso la pistola dentro de uno de los agujeros del cristal, el cual estaba enfrente de Marcel-Cinco de seis-apretó el gatillo pero ya no salió nada, se había quedado sin balas.
-Que lastima, no podrás recuperarlo después de todo-dijo haciendo referencia al anillo que tenía colgando del cuello. Era el anillo que Bertholdt le dio a Ymir cuando le propuso matrimonio, Marcel se lo había quitado cuando la detuvo.
De la frustración que sentía, Ymir tiro la pistola contra el cristal.
-¡Que te quede claro una cosa, imbécil! ¡Solo me acosté contigo para saber dónde estaba mi padre!-escupió con rabia para luego sonreírle de forma burlesca- Ahora entiendo porque no tienes novia. Eres un precoz, te viniste en cuanto e viste desnuda, no tienes nada de técnica y, para el colmo de todos, lo tienes pequeño.
Algunos policías se rieron ante eso.
-¡Ya la tengo!-el rubio volvió a sujetarla, esta vez la alzo del suelo para que se le sea imposible escapar.
-¡No como Bertholdt! ¡Él si tiene un miembro colosal!
Esas fueron las últimas palabras de burla de Ymir, antes de ser encerrada.
Si los cálculos no le fallaban, ya estaba encerrada nueve meses. Nueve meses desde la última vez que vio la luz del sol. Nueve meses en los que vio a Bertholdt por última vez. Nueve meses en los que ya no podría cumplir su promesa de liberar a su padre.
Estaba a punto de perder la razón hasta que un día, una bomba de humo entro a su celda, trato de sacarla pero el humo fue más rápido que ella y se desmayó.
Despertó al sentir que el tiraban agua helada en la cara.
-Hola, bella durmiente-en cuanto recupero el conocimiento se dio cuenta que en frente suyo, estaba un chico de cara redonda, enmarcada por su pelo rubio y sus ojos de color azul con una nariz regordeta.-Nos aburrimos de esperar a que despiertes, así que te ayudamos-le sonrió.
-¿Nos?-se preguntó, ya que solo lo miraba a él, sentado enfrente suyo, detrás de una mesa de madera y solo les alumbraba la luz del foco sobre ellos, mientras el resto de la habitación estaba completamente a oscuras.
-Sí, nosotros-respondió el chico para luego dar unas palmadas, segundos después se encendió toda la habitación. Lo segundo que Ymir vio, es que aun lado del rubio estaba para una chica más o menos alta, piel de color porcelana, ojos grises y largos cabellos azabaches.
-Yo te conozco-Ymir puso sus mano en su barbila como pudo, porque tenía las manos y los pies esposados-Espera, no me digas... Mikasa Ackerman.-miro a la chica que iba vestida con una ropa muy fina.
-La misma que viste y calza-sonrió con superioridad-Como siempre en el blanco, por eso eres la mejor asesina a sueldo, "Sicario"-la llamo por su alías.
-Ahórrate los halagos, no te sirven de nada.
Mikasa rio un poco.
-Supongo que ya conociste a Erwin-señalo a un lado de Ymir, donde se encontraba el mencionado.
-Ah sí, el rubio oxigenado.-dijo Ymir con desinterés, dándole un visto rápido a Erwin.
Mikasa y el otro rubio trataron de no reírse ante eso.
-No soy oxigenado, soy rubio natural-se quejó.
-No le hagas caso, Erwin-Mikasa le resto importancia al asunto-Mejor vayamos al grano-se puso seria y miro a Ymir-¿Sabes porque estas en esta sala?
-La verdad no, porque no todos los días te pasa que tienes enfrenté a un miembro de la familia de gánsteres más peligrosa y poderosa de Shingashi-le dio un visto rápido al rubio-Quien le gusta juntarse con un rubio de sexo dudoso, que me recuerda mucho a cierta rubia sádica que me tire hace tiempo.
-¡No soy de sexo dudoso! ¡Soy hombre!-reclamo el otro rubio parándose de su asiento.
-Siéntate -Mikasa lo tomo de un hombro y lo regreso a su sitio.
-Descontando eso, ¿alguien me podría explicar porque carajos estoy aquí?
-Muy sencillo, Ymir- respondió Mikasa-Estoy buscando armar un equipo-comenzó a caminar rodenaod la mesa-Solo de personas con grandes habilidades, y tú eres una de ellas. Muéstrale Armin-chasqueo los dedos.
Armin abrió una carpeta y puso todos los papeles enfrenté de Ymir.
-Te hemos estudiado a fondo, mucho más que los imbéciles que te capturaron, conocemos todo de ti. No solo tus habilidades ni tus víctimas, sino también las cosas que has tratado de mantener escondidas, como tu novio.
Ymir al escuchar eso se puso de pie y quiso atacara Mikasa pero Erwin se lo impidió.
-Tranquila, no le hare nada, todavía. Todo depende de ti.
-¿Qué es lo que quieres?
-Fácil, como dije, quiero armar un equipo. Así que vengo a reclutarte.
-¿Qué te hace penar que aceptare?
-Antes déjame acabar. El lugar que quiero que me ayudes a destruir es este, esta prisión.
-..-Ymir dejo de forcejar ante eso.
-Lo que te ofrezco no es solo tu libertad, sino la oportunidad de vengarte de los malditos que te encerraron aquí.
-¿Y cómo piensas hacer eso?
-Fácil. Como ya lo habrás notado, tengo cómplices aquí, por lo que no será difícil destruir este lugar de adentro hacia afuera. Pero como sería muy aburrido destruirlo todo en el acto, quiero divertirme.
-Debí suponerlo, solo un simple capricho de niña mimada.
Mikasa frunció el ceño ante eso, pero luego volvió a sonreír con maldad.
-Tengo sed, ¿Qué tal un trago?-chasqueo los dedos.
La puerta se abrió dejando ver a una pelirroja de ojos esmeralda, quien puso un par de vasos sobre la mesa, los cuales contenían un trago que Ymir conocía a la perfección.
-Yo invito. Un pajarito me conto que te encanta el escocés en las rocas-tomo uno de los vasos.
-…-Ymir sujeto uno de los tragos y solo lo miro.
-Escucha, Ymir. Si haces las cosas bien, no solo obtendrás tu libertad, de vuelta, y venganza.-le dio un sorbo al trago-También una buena cantidad de dinero y lo que has deseado tener devuelta contigo-se acercó a ella hasta quedar a un lado, levanta uno de sus mechones de cabello y le susurró a su oreja-…a tu padre.
Con esas simples palabras, Ymir sintió un escalofrió por todo el cuerpo, tanto que soltó el vaso con licor, haciendo que este cayera al suelo, rompiéndose en miles de pedazos.
-…¿…qu-qué..-miro a Mikasa.
-Lo que escuchaste. Si aceptas mi propuesta, te devolveré a tu padre. Tengo cómplices también Erdia.
-Erdia, celdas de confinamiento solitario, N° 743. En el área del sótano.-explicaba Armin.-Si los cálculos no me fallan, en unos días se cumplirían 10 años desde su encierro.
-¿Qué dices Ymir?, la libertad de tu padre depende de ello. Oh, y claro que Bertholdt también estará seguro.-agrego con desinterés.
-…Una vez dije que no me importaba si tenía que venderle mi alma al diablo, si con eso tenía devuelta a mi padre-unió su vista con la de Mikasa-Pero tu familia es peor que el diablo.
-¿Y eso significa?
-Que acepto-sonrió un poco.
Mikasa sonrió triunfante.
-Has tomado la mejor decisión de todas.
-Espero que cumplas con tu palabra-se puso de pie
-Descuida, mi familia es de palabra.
Al final Erwin llevo devuelta a Ymir a su celda.
-Una menos, faltan tres-decía Armin mientras tachaba la foto de Ymir de su Tablet.
-Esto sí que es divertido-opinaba Mikasa, que estaba apoyada en la mesa.- ¿Quién sigue?
-Annie Leonhardt.
Final del segundo capítulo.
Hola.
Aquí estoy con la continuación de este fic.
De ahora en adelante veremos la historia de cada una de las que mencione en el capitulo pasado.
La primera de todos fue Ymir, me inspiré de Deadshot y Deadpoool para este capitulo.
Aunque me quedo más largo de lo que pensé.
Eso me alegra.
Supere mi número de palabras.
Ahora viene corregirlo.
Un último dato para agregar,
Quiero agradecer a mi compatriota Akobere por la hermosa nueva portada que me hizo para este fic.
Ahora si es todo.
Como siempre perdonen las faltas ortográficas.
Espero que les haya gustado, si es así voten y comenten.
Ahora estudiare inglés, porque me he descuidado por estar escribiendo.
Nos vemos en este o en algún otro fic.
Hasta la próxima.
Bye.
