*POV "Roman" en el techo de la posada… el no ve pero está ahí*
Ehem… hola, soy Román Romance… si… creo que se nota mucho que es un nombre que me inventé en el momento cuando me presenté con la señorita Mirabel bueno mi nombre si tiene una R al menos, no en el inicio pero la tiene. En fin empezare mi vida en este lugar con gente con poderes… jeje me vino a la mente un ancianito que te ofrecía una espada porque el camino adelante era peligroso, en mi caso fue mi abuelo, eso ya será algo para otro día.
*fuera del POV de "Roman"*
- Roman! - llamo Luisa en la recepción de la posada - mi abuela Alma ya te está esperando.
- Esto… Luisa - dijo la chica encargada de recepción apareciendo - el joven salió antes de que amanezca.
- Eh? - dijo Luisa sorprendida junto a Mirable que salió de su espalda.
- ¿Cómo que salió? - dijeron ambas hermanas mirandose sorprendidas al hablar las dos lo mismo.
- Si - contestó la chica - se levantó y luego de un rato salió haciendo ruido con su bastón.
- No te dijo a dónde iba? - pregunto Mirabel un poco exasperada.
- ¿Por qué Dolores no me dijo nada? - preguntó Luisa saliendo con su hermana caminando a su lado.
- Es que salió con… - estaba explicando Mirabel y Luisa la interrumpió.
- Si, ya se, era retórica - dijo Luisa un poco molesta porque su prima si tenía descansos.
- Oye tranquila - le dijo Mirabel - estuve hablando con la abuela y creo que tengo una idea para que no tengas que hacer todo lo que haces a diario.
- Siii… no creo que lo logres - dijo Luisa sin mucha esperanza buscando a Roman con la mirada mientras iba junto a su hermana - tendría que haber una manera de reemplazarme… por cierto, qué hacías en mi espalda?
- Esoo…. ehhhh - dijo Mirabel mirando a otro lado - a veces me subo a tu espalda y como no peso mucho no lo notas.
- Solo pídeme que te cargue - le dijo Luisa tomando a Mirabel por la cintura poniéndola bajo su brazo, como si fuese un folder o algo así, para saltar a un techo - avisame que ves.
- Gente comprando, Dolores comiendo un helado, Camilo siendo el vendedor de papas, la tía Pepa regando algunos jardines de la calle principal - enumero Mirabel mientras igual que su hermana aguzaba la vista buscando al joven - papá y el tío Félix con unos libros.
- Niñas que hacen ahí? - preguntó el señor Agustín viendo a sus hijas.
- Hola pa - saludo Mirabel aun siendo cargada por su hermana - estamos buscando a Roman, no lo han visto?
- Ahhh el chico - dijo el señor Félix poniendo unos libros en un carrito - está en la casa, llegó luego de que ustedes salieran.
- Pero no lo vimos - dijeron ambas chicas bajando junto a su padre y tio.
- Bueno el tampoco las pudo ver - comentó Felix recibiendo los libros de Agustín y acomodandolos en el carrito mientras ambos se reían.
- Papá! - dijeron ambas chicas un poco molestas.
- Perdon niñas - se disculpó Agustín - es una de las bromas que Roman hizo cuando le dijimos que Luisa lo estaba buscando.
- Entre otras más que hizo mientras discutiamos sobre cómo hacer su examen - dijo Felix terminando de acomodar los libros.
- Examen? - preguntó Mirabel mirando los libros que llevaba que trataban sobre idiomas y anatomía humana.
- Bueno Roman dice que se formó en medicina tradicional de su antigua aldea - explicó Agustin mientras caminaban empujando el carrito hacia la casa - y su abuela quiere que evaluemos qué tan capaz es.
- Bueno eso explica porque el tío Felix está aquí - comentó Luisa - pero y tu papá?
- Oh vamos Luisa no seas mala - le dijo su padre a la chica dándole unas palmadas en la espalda - soy fisico y bueno como me aburría un poco luego de las clases aprendí otras cosas entre las que esta el Braille.
- El cual Roman usa muy bien hasta donde hemos visto - dijo Felix sacando un libro de Braille del carrito - por eso su padre me ayudara a hacer de intérprete de la parte escrita del examen.
- No sería más fácil solo preguntarle y ya? - sugirió Mirabel viendo que había varios libros de Braille en el carrito.
- Bueno… es que su abuela quiere que haya un registro así no habrá suspicacias acerca de la capacidad del chico - dijo Felix leyendo uno de los libros mientras iban camino a la casa.
- Es extraño que la abuela esté interesada en la capacidad de alguien - dijo Mirabel un poco enojada disimulando - y no tanto que quiera pruebas de eso.
- Debe ser por la profecía de Bruno - comentó distraído el señor Agustin cuando ya llegaban a la puerta de la casa.
- Profecía? - pregunto la chica mientras su tío Felix y Luisa entraban primero - creí que el tío Bruno ya no haría profecías por orden de la abuela.
- No lo hizo - explicó Agustin entrando junto a Mirabel - Bruno la hizo por su cuenta.
- Agustín! - llamó la mamá de Mirabel.
- ¡Voy amor! - contestó Agustin y luego le dio el libro de Braille que traía en sus manos a Mirabel e irse - trajimos muchos de estos asi que te lo puedes quedar.
Ahora vamos con "Roman" el estaba sentado en la mesa del comedor con Camilo a su izquierda y Antonio a su derecha todos tenían una hoja de papel delante con un lápiz.
- ¿Listos? - preguntó Camilo sujetando el lápiz.
- ¿No es un poco injusto? - preguntó Antonio.
- ¿Son ustedes dos contra mi, no? - preguntó Roman sujetando su lápiz y el papel.
- Si - contestó Antonio un poco desanimado.
- Jeje entonces tengo ventaja - dijo Roman sonriendo con malicia y emitiendo una presencia intimidante hacia ambos chicos que se animaron.
- Letra G! - dijo en alto Camilo ante lo que se puso a escribir a toda prisa en la hoja y Román empezó a apuñalar su papel con el lápiz.
- ¡Alto! - dijo Roman haciendo que se detengan, ambos niños hicieron ruiditos de enojo pero seguían listos.
- Bien, ahora di tú una letra - dijo Camilo listo para seguir jugando.
- Como ventaja para ustedes - empezó a decir Román - que Antonio diga una letra.
- Hmmm… entonces que sea la B - dijo Antonio y empezaron a escribir y Roman a apuñalar su hoja.
- ¡Alto! - dijo de nuevo Roman haciendo que se detengan.
- ¡Casi! - dijo Camilo tirándose sobre la mesa.
- Y ya como última letra - decía Roman poniéndose de pie y dejando la hoja con agujeros en su sitio - la Q.
- ¡Oh por favor! - dijo Camilo mientras Antonio seguía escribiendo.
- Román - llamó la abuela Alma desde las escaleras - ya está lista tu evaluación.
El jovencito entró escoltado por Dolores y Luisa hacia la habitación seguidos por la señora Alma.
Mientras tanto fuera del pueblo en la ladera de la montaña que se había abierto cuando casita casi se derrumba había un par de figuras ataviadas con trajes similares a la ropa de Roman con símbolos dorados, un chico de la misma talla que "Roman" con un ave dibujada en su espalda en color dorado junto a una chica de más o menos la misma edad con un adorno dorado en su largo cabello que tenía dos serpientes bordadas en su ropa alineadas a sus brazos, ambos miraban desde la distancia al pueblo en la entrada de una cueva.
- ¿Está aquí no? - pregunto la chica con una vocecita medio mandona - porque no vamos y quemamos hasta sus cimientos ese mugre pueblito.
- Tranquila - decía el chico mientras comía una humita - primero lo sacamos del pueblo y nos lo llevamos… pero si no quiere lo único que quedará de este pueblo serán cenizas.
- Pero eso suena tan cruel y sanguinario - dijo la chica fingiendo pena y luego se emocionó - hagámoslo ahora.
- Que no - repitió el chico golpeándole a lo largo de la columna vertebral a la chica tres veces haciendo que se derrumbe en el suelo y se resbale como una muñeca delante de la cueva en la que estaban.
- Llévame adentro - reclamo la chica enojada y aun inmovil en el piso apenas girando su cabeza.
- Hmmmm… no, mi humita se enfriará - contestó el chico sentándose junto a la chica en el suelo y cargándola en su regazo mientras seguía comiendo - estas comoda?
- No siento mi cuerpo así que no se - contestó aun enojada la chica mirando a otro lado mientras el chico comía su humita.
Mientras tanto en la casa de los Madrigal Mirabel estaba ahora reunida con su abuela que salió dejando a Roman con los demás.
- ¿Ya tienes una solución Mirabel? - pregunto Alma a su nieta - una funcional al menos.
- Estaba pensando en usar maquinaría para reemplazar a Luisa en los trabajos más molestos pero no hay manera de que alguien nos traiga algo así al pueblo - explicó Mirabel mientras sacaba de unos papeles a la mesa donde estaba con su abuela - así que como opción alternativa que tal si usamos construcciones hidráulicas y carros en lugares estratégicos del pueblo.
- Mirabel estos edificios requerirán mantenimiento además de personal para manipularlo - explicó la abuela Alma a Mirabel - aunque admito que es buena idea debes tener en cuenta que construirlos solo aplicara más presión sobre tu hermana.
- Bueno si pero solo sería una vez - defendió Mirabel a su idea - solo sería una ronda extra de trabajo para ella.
- Hablalo con ella - dijo finalmente Alma a su nieta - si está de acuerdo en hacerlo nadie las detendrá, solo espera que terminen la evaluación de Roman.
- Acerca de eso - dijo Mirabel recogiendo de prisa sus papeles y deteniendo a su abuela - quería saber… solo si se puede claro; porque estás evaluandolo? es apenas mayor que yo y no creo que sea necesario algo así si solo va a vivir en el pueblo.
- Bien supongo que tenemos algo de tiempo - dijo la abuela llevando a Mirabel al centro de la casa desde donde se podía ver todas las puertas de las habitaciones de la casa - Mirabel, mira cada puerta… todas nos representan a nosotros, al milagro que la familia comparte y que como familia fortalecemos… eso lo aprendí de ti.
- Jeje si abuela no es para tanto solo hice lo mejor para la familia - dijo Mirabel un poco avergonzada pero orgullosa.
- Exacto, esas palabras, lo mejor para la familia - dijo Alma llevando a Mirabel por las escaleras al segundo nivel de la casa - por nuestra familia hacemos lo que haga falta muchas veces sin tener en cuenta lo que ellos piensen, podemos dañarlos como fue mi caso.
- No, abuela fue solo un error - dijo Mirabel un poco preocupada - todos podemos equivocarnos además nadie salió gravemente lastimado.
- …gracias por entenderlo - dijo Alma a su nieta y la tomó de la mano - Roman, no hablaste mucho con él verdad?
- Pues no, solo nos presentamos y quizás fui un poco desconsiderada ya que no sabía que no podía ver nada - dijo Mirabel avergonzada recordando cuando llevó al chico a su casa.
- Es de una tierra al suroeste de aquí - explico Alma - una tierra en conflicto, igual que mi antiguo hogar donde conocí a tu abuelo.
- Esas guerras no habían terminado hace tiempo ya? - pregunto confusa Mirabel.
- Eso esperaríamos pero parece que el conflicto aún persiste - siguió explicando la anciana - y lo más preocupante es que así como nuestro milagro nos salvó aquel día a tus tios y a mi, hay otros más que sobrevivieron.
- Que? ¿Hay más familias con milagros? - preguntó Mirabel un poco emocionada y extrañada por la expresión de preocupación de su abuela.
- Por lo que Dolores y Mariano han oído en la ciudad - contaba la abuela - no solo Milagros, sino que algunos fueron marcados con maldiciones.
