Román Romance un nombre que rima, obviamente falso, incluso si no lo piensas mucho… sorry si tu nombre rima.

En fin, la historia de este chico empieza como él mismo ya comentó con su abuelo; cerca del mismo tiempo en que la señora Alma y su esposo huían del conflicto armado muchas otras rebeliones y grupos armados intentaban tomar el poder y como suele pasar los unicos que pierden familias y sus casas son la población civil, el señor Rodrigo abuelo de "Roman" estaba de viaje en la selva de su país mientras sus familia vivía en su modesta granja a mitad de las montañas comerciando con ganado y lo que sembraban, Rodrigo nunca se quedaba quieto y era muy ambicioso además de ser conocido por pelear contra quien sea incluso si perdía, bueno la cosa es que cuando volvía con una carga de miel que había sacado de los árboles en la localidad donde estaba vio que la ciudad ardía, con su carga de inmediato corrió camino a su hogar ya que su granja familiar estaba de camino a la capital, donde seguro el grupo que atacó la ciudad donde estaba irían, ya a mitad de camino cerca de un paso entre dos nevados el ejército estaba por alcanzarlo, sabía que no tenía oportunidad ni manera de detenerlos a todos así que recurrió a sus creencias, las montañas nevadas que le rodean, protegen y brindan recursos, protectores de la gente que los respete.

- Apu de la nieve, Torre de cristal, se que es demasiado… pero quiero poder proteger a mi familia, a mi gente - decía en alto el señor Rodrigo - si me escuchan por favor…

- Muchacho - le susurro una voz estridente al oído - pides por la muerte de tus enemigos a aquellos que protegen, tienes suerte de que yo este aqui.

- Que? ¿Quién eres? ¿Qué quieres? - preguntó el señor Rodrigo asustado viendo que los soldados estaban ya con sus vehículos oyendose a la distancia.

- Algo simple - contestó la voz esta vez apareciendo como una sombra etérea alta con ojos azules brillantes de fuego - quiero ser tu siguiente hijo, aceptas?

- Y acabarás con todos ellos? - preguntó el señor Rodrigo más apurado porque ya oía las voces de los soldados - que ninguno nunca llegue al pueblo, a mi granja.

- Exacto - contestó la figura etérea - yo nunca falto a mi palabra.

- Hecho entonces - dijo retrocediendo el señor Rodrigo pero cuando estaba yéndose logró oír a la voz que le habló en medio de la tormenta de nieve.

- Jejeje crees que me has engañado? - dijo la figura etérea y se le lanzo encima pero no lo lastimó en un primer momento sino que después de unos segundos cayeron varios rayos en el lugar donde estaba el señor Rodrigo y los subsiguientes truenos provocaron varias avalanchas en la zona enterrando y matando con pedazos de glaciar, rocas y nieve que aplastaron los vehículos y hasta el último de los soldados rebeldes terminaron muertos.

- Luisa qué dices? lo hacemos? - preguntó Mirabel mostrándole un mapa de la ciudad a su hermana mientras iban saliendo de la casa.

- Bieeen, que tal si lo hacemos los fines de semana? - contestó Luisa estirando sus brazos - hoy llevaré unas rocas para acomodar la entrada al valle.

- Si, genial yo estaré… bueno haciendo cosas - dijo Mirabel revisando su bolso.

- Ya que iras a la casa de Roman le dices de mi parte que su bañera se la traeré por la noche - le dijo Luisa a su hermana antes de saltar hasta el otro lado del río junto al que pasaban - le dices que sera de marmol negro.

- ¡De acuerdooooo! - contestó Mirabel a su hermana despidiéndose de ella y poniéndose en camino a una casita pequeña que quedaba en la plaza a unas cuantas casas de la iglesia.

- Y creo que la luz la podemos poner más tarde - decía "Roman" cuando Mirabel entró a la amplia sala pese a que la casa era pequeñísima - empezará a funcionar el siguiente lunes por eso no es tan urgente.

- Hola - saludo Mirabel a "Roman" que conversaba con su tío Felix y su padre - que están haciendo?

- Oh Mirabel -contestó el padre de la chica - mira estamos poniendo los detalles del nuevo taller de artesanías de Roman.

- Y tiene que ver el sótano que le hicimos - comentó el señor Félix mostrando una puerta que guiaba a unas escaleras que iban hacia abajo.

- ¿Qué tipo de artesanías haces Roman? - preguntó Mirabel sacando unos libros y la comida que les había traído.

- Bueno aprendí a trabajar con arcilla y algunos minerales suaves pero creo que eso no podría hacerlo por ahora - comentó "Roman" - y bueno ayude un tiempo a mi tío en su negocio de zapatos así que puedo hacerlo también… todo eso lo aprendí antes de quedarme sin mi vista.

- … buenooo entonces Roman que tipo de materiales deberíamos traer primero? - preguntó el señor Agustín viendo que "Roman" estaba recordando algo que le deprimía.

- Si, yo te traje unos platos - dijo Mirabel sacando los utensilios de su bolso.

Mientras los Madrigal ayudaban a Roman a instalarse en su nueva casa/taller, la jovencita Dolores que ayudaba a su mamá y su abuela a cocinar se detuvo y miró hacia la entrada del pueblo salió corriendo seguida por su madre Pepa que se detuvo un momento a tranquilizar a su madre.

- ¿Qué pasa Dolores? - preguntó Camilo que la vio correr y la empezó seguir.

- Es Luisa - contestó la chica - hay dos personas acechando cerca de ella.

Ahora vamos donde esta Luisa, ella se encontraba en las afueras removiendo las rocas para encauzar el río de manera apropiada ya que la temporada de lluvias naturales se aproximaba, estaba partiendo una gran roca cuando por instinto sintió algo acercarse, por lo que saltó a un lado esquivando a una chica, la que fue paralizada por su compañero mientras cenaba en la ladera de la montaña.

- Nada mal - dijo la jovencita desencajando sus manos de la roca donde golpeó mostrando que su brazo había logrado atascarse dentro de la piedra.

- Que buscan? - preguntó Luisa retrocediendo pero se le apagaron las luces porque el compañero de la jovencita la derribó desmayando.

- Ahora cargala - señaló el joven a su amiga.

- Porque no la cargas tu idiota? - le gruñó la chica.

- Si insistes lo haré con muchísimo gusto - contestó el joven sonriendo con malicia.

- Ya deja yo la cargo - le interrumpió la chica muy molesta cargando a Luisa con un poco de esfuerzo.

- Buena chica ahora vámonos yendo… - decía el joven pero un ruido de cascos le llamó la atención y miro el camino y vio a una caballo con un jinete de poncho verde y ojos atemorizantes.

- ALTOOO! - decía Bruno llegando a lo que el chico se puso en guardia, y luego se relajo porque Bruno no podía bajar del caballo apropiadamente hasta que la yegua se hartó y lo sostuvo del poncho y lo saco poniendolo de pie frente a los enemigos - gracias.

- ¿Es el? - pregunto la chica que cargaba a una inconsciente Luisa.

- No se parece al del poster - señaló el chico sacando un cartelito medio arrugado de su bolsillo donde se veía una caricatura villanesca de Bruno con sus ratas en la espalda y ojos verdes con expresión maligna.

- Dejen a Luisa o… bueno los lastimare - amenazó Bruno no muy seguro.

- Tio Brunoooo! - llamó Mirabel que venía detrás con Dolores y Camilo.

- ¡Nos vamos! - grito la chica saltando al otro lado detrás de ellos camino al pueblo sorprendiendo a todos incluso a su compañero que aprovechó la sorpresa y corrió tras ellas luego de atarle los cordones a Bruno que se cayó cuando empezó a perseguirlos.

Ahora en la persecución entraron al pueblo donde el chico ya que no cargaba nada se puso al frente para deshacerse de lo que le bloquearía el camino a su amiga, de sus mangas saco una honda la cual con gran destreza uso para balancearse de columnas y postes de luz retirando niños, objetos y hasta mascotas del camino de su amiga que corría con Luisa al espalda y una expresión de furia para mantener el ritmo y fuerza de su avance.

Cada calle que pasaban más gente se unía a la persecución ya que veían a los Madrigal perseguirlos con expresión preocupada por lo que incluso empezó a repicar la campana del pueblo llamando a toda el poblado a ir hacia donde estaba la turba.

Obviamente debido al ruido y los murmullos de voces en las calles Agustin y Félix salieron seguidos por "Roman" que debido al movimiento de la gente decidió quedarse rezagado para no interrumpir a los perseguidores pero aun con preocupación en su rostro.

Rodeados en la plaza por toda la gente entre hombres y mujeres de variadas profesiones armados con cuchillos de pan, cocina y escobas así como utensilios varios de cocina frenaban a los secuestradores que aún cargaban a Luisa mientras lo acorralaban.

- Bajen a la chica - amenazó el cura calvo con una biblia en una mano y en la otra un tazón plateado probablemente el que usaba para recoger la limosna y rindanse pacíficamente

- Piense rápido "padre" - le dijo la chica que cargaba a Luisa lanzando a la joven hacía la multitud mientras su compañero que tenia araya como podia a la gente dejo caer un par de bolsitas de cuero que explotan lanzando talco como si fuesen bombas de humo - nos volveremos a ver.

La gente aún rodeando cerró el cerco pero al disiparse el talco solo estaba Luisa y ni rastro de los secuestradores.

Los Madrigal al igual que el resto del pueblo miraban confundidos la escena, eso no era extraño lo que si llamaria la atencion es que a la distancia de la multitud "Roman" se encontraba como forzando los ojos mirando hacia el campanario donde un par de sombras se ocultaban y huían camino a las afueras del pueblo, el joven sin ser visto por la mayoría de la gente empezó a perseguirlos; mientras su familia despertaba a Luisa, Mirabel vio al chico correr, como lo vio apresurado se puso de inmediato a seguirlo ya que su hermana estaba semiconsciente y su padre junto a su tío la llevarian a casa.

Mirabel demoró un poco en salir de la multitud que ayudaba a Luisa ya que la querían mucho pues ella ayudaba con su gran fuerza y si estaba lastimada de gravedad sería una mala noticia para todos.

Ya fuera de la multitud Mirabel reanudó su persecución apenas siguiéndole la pista a "Roman", es cierto que le extraño que corriera con tanta facilidad por las calles serpenteantes del mercado hasta la salida del pueblo donde al girar una esquina los vio, los chicos que habían secuestrado a Luisa estaban ahí pero ella se asustó y se ocultó detrás de una columna, pero no lo hizo por miedo a la pareja de secuestradores sino porque "Roman" los sostenía a ambos en alto con solo sus manos y ellos luchaban por zafarse.

- Dejen de perseguirme - les gruñó Roman con una voz más grave y vibrante para luego lanzarlos al suelo donde el chico haciendo gala de sus reflejos logró cargar a su pareja evitando que se lastime con la caída.

- No es la única manera que tenemos de hacerte volver - dijo la chica levantándose y ayudando a su compañero - piensas que tus responsabilidades acabarán con sólo huir a Santa Cecilia.

- Huir con el tío Enrique no desaparecerá tus problemas - dijo el chico caminando desafiante hacia "Roman".

- Problemas dices - dijo "Roman" con furia ahora dándoles la espalda girando un reloj de arena que tenía en su cinturón y ahí Mirabel vio que sus ojos eran diferentes que normalmente, tenían luz y eran castaños claros, pero tambien tenia un par de pequeños cuernos saliendo encima de su frente los cuales señaló volviendo a ver a los chicos frente a él - esto es una maldición y yo al menos estoy intentando arreglarlo para todos en Torre de Cristal, creen que perder la vista es malo?, Maria, acaso Jhon te ha contado que está perdiendo sus recuerdos de infancia? todo por este poder maldito.

- ¿Es eso cierto? - pregunto Maria enojada sosteniendo a Jhon por la ropa.

- Carlos exagera - contestó John sin mirar a María obviamente mintiendo - puede que nuestro poder tenga un costo a largo plazo pero el como guardián de la bendición no puedes solo abandonar…

- No le voy a dar un poder a mi hermanita - aseveró Carlos esta vez más enojado y ante eso sus cuernos crecieron un poco y sus ojos cambiaron un poco a tener los iris horizontales y rectangulares - a ninguno de esos niños, yo me rehusó a seguir con esto, los traeré aquí y nunca nadie más sufrirá por esta maldición de nuevo, aquí estarán tan a salvo como en Torre de Cristal y sin tener que padecer lo mismo que yo… - ahí empezó a toser e hincó la rodilla en el suelo a lo que sus amigos intentaron ayudarle pero él los alejó con una seña.

- No durarás mucho aquí si usas tu poder - le dijo Jhon ayudándole a ponerse de pie.

- Y de quien es la culpa… - dijo Carlos con voz rasposa y sacó de su bolsillo un rosario - ahora espero haberlo dejado claro, esperen en Torre de Cristal - abanico su brazo y ambos chicos desaparecieron a lo que además de haber tosido sangre ahora tenía un poco de la misma saliendo de sus nariz, empuño con fuerza el rosario mientras murmuraba para sí mismo y dicho objeto desaparece y él volvía a ser ciego y sin los cuernos en su cabeza y se arrastró cansado guiándose con su bastón mientras Mirabel dudaba un poco en si decirle algo.

Y como sabemos pues Mirabel de sentarse a esperar pues no es, así que mientras el joven se iba un poco adolorido por haber sangrado y visiblemente debilitado, ella salió de su escondite pisando fuerte para que supiese dónde está.

- Holaaaa - saludo Mirabel exageradamente logrando su propósito, espantar al chico - creo que nos hemos visto antes.

- Mirabel yo… intentó explicarse el joven ya que por el tono de voz sabía que Mirabel lo había visto todo pero la chica prosiguió.

- Así mi nombre es Mirabel, Mirabel Madrigal - continuó ella - y bueno si no es molestia me gustaría saber tu nombre… "Roman Romance"

- Yo… bueno yo soy del sur… intentaba ir con mi tío Enrique en México, mi nombre es Rivera, Carlos Rivera - se presentó el chico esta vez sin ceremonia ni nada solo inclinó un poco la cabeza como disculpándose por haberle mentido.

- Un gusto - contestó Mirabel un poco orgullosa de sí misma - espero que sea lo único sobre lo que mentiste.

Ahí movió su mano con fuerza delante de los ojos del joven a ver si reaccionaba y luego le hizo una cara rara.

- Aún puedo verte, sabes? - le dijo Carlos manteniéndose serio con esfuerzo.

- Ajaaaa! - dijo Mirabel victoriosa pero con su cara un poco roja por la vergüenza - entonces has fingido todo este tiempo.

- Meeehhh… en parte sí y no - dijo el chico sentándose con algo de dificultad en una banca del mercado seguido por la señorita - como use mi poder de portador de la maldición recupere la vista, pero ahora que lo inhabilite mi visión está desvaneciéndose de nuevo.

- Esos chicos son amigos tuyos? - preguntó Mirabel sentándose junto a Carlos.

- Jhon y Maria - le contestó - estudiamos juntos y mi padre les dio sus poderes antes de que yo fuese el siguiente portador de la maldición.

- ¿Por qué lo llamas maldición? - preguntó Mirabel interesada ya que ella conocía solo los milagros de su familia.

- Jeje… - se rió melancólicamente Carlos mirando al cielo que ahora veía muy borroso - mi abuelo murió… sin poder caminar, ver, oír…nada, estaba completamente incapacitado, apenas respiraba, cuando vi que mi padre estaba e ese camino me convertí en el siguiente portador, y cada poder que otorgamos a nuestra gente tiene un precio, si el poder mejora tu mente como con Jhon, si dejas de usarlo notaras como tu cuerpo se degenera, en su caso pierde sus recuerdos, ya no puede recordar, solo aprende y cuando ya es incapaz de usar le poder entonces…

- ¡Chicos! - dijo el señor Agustin apareciendo en la esquina e interrumpiendo a Carlos - tenemos que organizar medidas de seguridad, vamos.

- Ya vamos señor Agustin - dijo "Román" poniéndose de pie casi cayendo pero siendo apoyado por Mirabel - gracias, Mirabel.

- ¿Cómo terminaron aquí Roman? - preguntó el padre de Mirabel.

- Bueno yo oí los ruidos de la persecución y pensé en intentar ayudar - dijo "Roman" - pero me perdí, pero Mirabel me encontró cuando estaba deambulando medio perdido por esta zona.

- Si, papá yo pensé que si no había nadie para guiarlo en una situación así él se perdería con todo el escándalo por los secuestradores y eso - explico Mirabel un poco nerviosa.

- Bien, entonces ya deberíamos irnos yendo - continuó el señor Agustin dudando un poco pero dejándolo pasar - tu abuela nos espera en casa, iré por unos libros para la reunión así que ustedes adelántense.

Diciendo eso el señor Agustín se fue en sentido contrario a ellos, por lo que empezaron a caminar en silencio.

- Creo que Dolores ya le habrá dicho a la abuela asi que deberias pensar en decir la verdad acerca de tu nombre y tu don - comento Mirabel mientras acompañaba a Carlos.

- Bueno he tomado algunas contramedidas para tu hermana - comentó Carlos señalando a su cinturón, al reloj de arena que tenía - por el señor Bruno me entere que Dolores no puede oír correctamente si hay arena deslizándose cerca de quien esté hablando.

- Eh…? en serio? - preguntó Mirabel sorprendida mirando al reloj de arena del chico.

- Si, por eso hice algunos para mi casa junto a otros tipos de relojes para disimular - explicó Carlos mostrándole uno de color rojo que tenia en su bolsillo y se lo dio - toma puede que te sirva.

- Gracias - dijo Mirabel tomando el reloj de arena ya que Carlos ya no podía ver nada y se quedó con la mano en alto mostrando el pequeño reloj de arena - ya no puedes ver nada?

- No, ya es todo oscuridad de nuevo - explicó el chico con serenidad y siguiendo el camino - aunque al menos puede verte por un rato, así que no fue un día tan malo.