Vic Black: muchas gracias! :)
Capítulo Cinco
Cinco bodas
20 de diciembre de 2005
Hermione saludó a Padma y salió de la habitación, ignorando la mirada de Cormac.
Otro duro día en San Mungo. Estaba agotada y necesitaba una copa.
Y evitarlo a toda costa.
Por suerte había hecho planes con Ginny y Harry esa noche. Ron estaba cada vez más malhumorado a medida que se acercaba el fin de mes y ahora sólo salía de la Madriguera para ir a Sortilegios Weasley.
Se dirigió a su despacho y estaba a punto de cerrar la puerta y cambiarse de ropa cuando una voz conocida la hizo detenerse.
—¡Hermione!
Hermione abrió la puerta de par en par con una cálida sonrisa. Luna se detuvo bajo el umbral, jadeando.
—Hola, Luna —se asomó al pasillo, frunciendo el ceño con preocupación. —¿Por qué corrías? ¿Tenemos una emergencia?— preguntó, sacando su varita.
Luna trabajaba con los residentes de larga duración en el cuarto piso, y era extraño verla deambular por la primera planta.
Su amiga negó con la cabeza y dio un paso hacia ella.
—Acabamos de recibir esta carta —Luna se apartó los rizos rubios de la cara y le extendió un trozo de pergamino. —De Australia.
El corazón de Hermione se hundió.
Sus padres vivían allí y últimamente tenían problemas de memoria. Lo que les hizo a sus cerebros cuando les borró los recuerdos todavía les estaba afectando.
Y los sanadores de San Gosford llevaban un par de meses intentando estabilizar sus mentes.
Intentó tragar el nudo de su garganta y juntó las manos, apretando sus dedos hasta que le dolió. No podría soportar más malas noticias.
—¿Qué ha pasado?
Luna le dedicó una sonrisa tranquilizadora y tomó una de sus manos entre las suyas.
—¿Conoces la nueva terapia que los sanadores querían probar con tus padres?
Hermione asintió, tirando de su labio inferior con los dientes.
Durante más de siete años aquellos sanadores habían estado trabajando con ellos, intentando encontrar una forma de recuperar sus recuerdos y aliviar los síntomas de migraña que Jane y Peter Granger sufrían cada mes.
Quería tratarlos ella misma, pero primero tenía que aprender todo lo posible sobre la curación de la mente. Y aún no estaba preparada.
Los sanadores australianos de la Sala de la Mente estaban más cualificados que ella. Por ahora.
Los ojos azules de Luna centellearon.
—Ha funcionado.
A hermione se le cortó la respiración.
¿Qué?
—Serán trasladados aquí dentro de unos días —añadió Luna suavemente, acariciando sus nudillos con el pulgar. —Hasta que se recuperen por completo. Pero los sanadores dicen que ahora te recuerdan.
Hermione sintió que una oleada de felicidad la inundaba, pero su sangre se convirtió repentinamente en hielo.
—Oh, no.
Luna parpadeó confundida.
—¿No estás contenta?
—Estoy muy contenta, Luna —susurró Hermione, cerrando la puerta y encarando a su amiga. —Pero... la boda.
Luna frunció los labios. Ella también tenía que casarse con un idiota de sangre pura.
—¿Cómo le voy a decir a mis padres que me voy a casar con el chico que me acosó en Hogwarts? —murmuró Hermione, cubriéndose la cara con las manos y gimiendo.
Luna tarareó mientras recorría el despacho con su mirada.
—Una pequeña mentira puede ser nuestra mejor amiga algunas veces —le dedicó una triste sonrisa. —Le dije a mi padre que Theodore Nott y yo éramos amigos en Hogwarts.
Hermione volvió a mirarla, apoyando la cadera en su escritorio.
—No quiero que se preocupe por mí —Luna suspiró, volviendo a doblar la carta. —Y sé que tú sientes lo mismo por tus padres.
Hermione cruzó los brazos sobre su pecho.
—Una pequeña mentira —repitió, considerando la idea.
Los vería antes de ese nefasto día, y estarían encantados de saber que su hija se casaba en unos días.
Un chico de dieciocho años con prejuicios podía haber cambiado de opinión tras siete años. No necesitaban saber lo idiota que seguía siendo Malfoy.
Pero ella necesitaría su cooperación si quería que esa mentira funcionara. Al menos hasta que la Ley de Matrimonio fuera derogada y pudieran divorciarse.
Porque Hermione no iba a parar hasta que llegara ese día.
—Tienes tiempo para pensarlo —añadió Luna mientras se trenzaba su larga melena. —Estarán aquí hasta mediados de enero. Sus cerebros aún están procesando todo.
Hermione se quedó mirando fijamente la trenza rubia durante tres latidos.
—Luna —susurró, mirando el rostro de su amiga. —Mis padres van a volver.
La sonrisa de Luna se amplió y se acercó a ella. Hermione la abrazó con fuerza y una gran sonrisa se extendió por su rostro.
—¡Mis padres van a volver!
Ambas rieron mientras Hermione las hacía girar por el despacho. Era la mejor noticia que había escuchado desde que Harry le dijo que le iba a pedir matrimonio a Ginny.
—Me alegro mucho por ti, Hermione —Luna sonrió una vez que se separaron. —Te lo mereces.
Ella parpadeó para contener sus lágrimas, correspondiendo a su sonrisa.
—Todavía no puedo creer que sea verdad.
—Vete a casa y relájate —Luna señaló el perchero con su mirada. —Te avisaré cuando lleguen aquí para que puedas visitarlos. Probablemente este viernes.
Hermione apretó su mano por última vez y se apartó. Cogió su bolso y ambas salieron juntas de su despacho.
—Gracias —Hermione se detuvo al llegar a las escaleras. —Nos vemos mañana.
Luna se despidió con su mano y ella bajó las escaleras mientras su corazón revoloteaba lleno de felicidad.
No podía esperar a contárselo a Harry.
30 de diciembre de 2005
Las llamas verdes lo rodearon al salir de la chimenea de su piso. Draco llevaba unos días viviendo allí, trasladando la mayoría de sus cosas de la mansión al lugar que tendría que compartir con Granger muy pronto.
Sólo de pensarlo le daba dolor de cabeza. Vivir con ella sería un infierno.
Theo, Greg y Pansy levantaron la vista al verlo. Sus amigos lo habían visitado todos los días, eligiendo los mejores colores para los muebles y las cosas que debía comprar.
A Draco le daba igual. No tenía ningún interés en hacer el piso acogedor, no cuando ella también viviría allí.
Pero a Theo y a Pansy les gustaba decorar demasiado para su propio bien. Y a Greg le encantaba beber el vino tinto italiano de Draco mientras los veía trabajar.
Dejó su Nimbus 2010 apoyada en la pared y se giró hacia sus amigos, que lo observaban ansiosamente.
Draco enderezó su nueva túnica gris oscura, señalando el emblema con una cabeza de halcón que tenía en el pecho.
—Los tres estáis mirando al nuevo buscador de Falmouth Falcons.
Pansy sonrió con orgullo, Greg inclinó la cabeza hacia atrás y se rio, y Theo se puso en pie de un salto.
—Vaya —se acercó a él y miró el emblema con asombro, maravillado por su brillo plateado. —Bien hecho, tío. Es increíble!
Draco sonrió, extendiendo la enorme bandera que el capitán le había entregado una vez que fue seleccionado. Tenía el lema escrito en la parte inferior.
'Ganemos, pero si no podemos ganar, rompamos algunas cabezas'.
Los labios de Theo se curvaron en una sonrisa al leerlo.
—Realmente es el equipo perfecto para ti.
—Deberías poner eso en la habitación de Granger —comentó Pansy, cruzando las piernas y recostándose en el sillón negro que había comprado para él dos días antes. —He oído que odia el Quidditch.
Draco se rio en voz baja, sirviendo un poco de agua en un vaso y bebiéndosela de un trago.
—Un encantamiento pegajoso permanente serviría —añadió Pansy en voz baja, contemplando sus manos perfectamente cuidadas.
Draco arqueó una ceja, dedicándole una sonrisa torcida.
—Y dicen que yo soy el peor de todos nosotros.
—Quien haya dicho eso no conoce a Pansy.
Un elfo apareció en la habitación tras un chasquido, dejando una bandeja llena de comida sobre la mesa y haciendo una reverencia antes de chasquear los dedos y desaparecer.
Los cuatro se sentaron y comieron mientras Draco les contaba cómo había sido su tercera prueba.
Estaba decidido a conseguir una plaza en uno de los equipos de quidditch que jugaban en la Liga Británica e Irlandesa de Quidditch desde que había vuelto de Francia.
Los Wigtown Wanderers y los Tornados de Tutshill habían anunciado que querían pensárselo antes de decidir qué buscador les convenía más, pero los Falmouth Falcons habían afirmado que lo querían en su equipo en cuanto lo vieron volar por su estadio.
—Deberíamos tomar una copa —dijo Theo, estirando las piernas bajo la mesa. —Para celebrarlo.
—¿Celebrar el qué? —Draco agitó su varita y desvaneció la bandeja vacía. —¿Mi nuevo trabajo o que mañana a estas horas estaremos casados?
Theo parpadeó, con una chispa de diversión brillando en sus ojos.
—Ambas cosas.
Draco se puso en pie, mirando con desprecio a su amigo. Ambos habían estado bebiendo y fumando sin parar durante las últimas semanas, pero él había terminado con eso.
No dejaría que su inminente boda con Granger le arruinara la vida.
—He estado hablando con Finnigan —soltó Greg de repente mientras sus mejillas se ponían rojas. —Y hemos desayunado juntos esta mañana.
Pansy, Theo y Draco se callaron, mirándolo con los ojos muy abiertos.
Seamus Finnigan era la persona escogida para Greg, y las parejas del mismo sexo no estaban obligadas a casarse. No podían tener hijos por sí mismos así que el Ministerio les dejaba elegir.
Sin embargo, se fomentaba la aceptación de la pareja elegida. Había muchos niños huérfanos que habían perdido a sus familias en la guerra y seguían esperando ser adoptados, y cualquier mujer de más de veinticinco años que ya hubiera tenido sus dos hijos requeridos podía ofrecerse como vientre de alquiler.
Cuantos más bebés, mejor. Eso era lo único que le importaba al maldito Wizengamot.
—¿Para qué? —preguntó Pansy con el ceño fruncido.
—Hemos decidido intentarlo —admitió Greg, retorciéndose las manos con nerviosismo con su mirada fija en la mesa. —El nivel de compatibilidad debe significar algo, y el nuestro es bastante alto.
—¿Cómo de alto?
—Ochenta y tres por ciento.
Draco bufó. No les había dicho a sus amigos su nivel de compatibilidad con Granger, pero sabía que era el más alto de todos.
Pansy y Theo rondaban el ochenta por ciento. Y estaban ignorando a sus futuras parejas igual que él.
Ella le dio un codazo a Theo en las costillas y él cerró la boca, tragando con fuerza.
—Bueno, otra razón para beber.
Draco puso los ojos en blanco y se dejó caer en el sillón, suspirando con pesadez por la nariz.
Pansy aún tenía preguntas.
—¿Y él te gusta?
—Es simpático —una pequeña sonrisa se dibujó en la cara de Greg mientras asentía.
—No me acuerdo de él —murmuró Theo, encogiéndose de hombros. —¿Estarás allí mañana, entonces?
—Sí —Greg le dedicó una sonrisa tensa. —Los dos no hemos tenido suerte con las citas y esta podría ser una buena oportunidad para conocer a alguien con quien soy compatible.
—Nunca has querido tener citas, Greg —le recordó Pansy con una sonrisa triste. —No desde la muerte de Crabbe.
—Creo que ahora estoy preparado —afirmó él, frotándose la nuca. —Quiero intentar ser feliz.
Theo arrugó la nariz.
—Qué suerte tienes, cabrón —gruñó, sacudiendo la cabeza con rabia. —Nosotros no podemos elegir como tú.
Greg se encogió de hombros y Pansy apoyó la cabeza en sus brazos. Theo apretó los labios mientras los observaba.
—Yo también quiero ser gay.
—Ya lo has intentado, Theodore —respondió ella, resoplando con fuerza a su lado. —Los hombres no son lo tuyo.
—No —Theo chasqueó la lengua con molestia. —Es una pena.
Cogió una nueva botella de vino en su mano y agitó su varita, descorchándola. Draco lo fulminó con la mirada desde su asiento.
—No quiero beber.
—Es nuestro último día como hombres libres, tío —Theo lo miró de reojo mientras llenaba su copa. —Sólo un vaso.
—Tengo entrenamiento mañana —Draco apoyó el tobillo en su rodilla, mirando al techo con expresión sombría. —Antes de la maldita boda.
Theo se levantó, sonriendo.
—Prepararé una poción para la sobriedad mientras tú te duchas.
—No desordenes mi estudio.
Theo salió de la habitación y Draco siguió sus pasos mientras murmuraba algo sobre las resacas.
Pansy llenó dos de los vasos y se acercó al sofá, sentándose junto a Greg y dándole uno.
—¿Has hablado con Longbottom?
Ella bebió un sorbo y sacudió la cabeza.
—Todo irá bien, Pansy —Greg apretó su rodilla. —Es un buen chico.
—Ese es el problema, Greg —siseó Pansy, y sus ojos verdes se entrecerraron mientras removía su vaso de vino. —No me gustan los buenos chicos.
31 de diciembre de 2005
Hermione fue la última en llegar.
Las diez parejas ya estaban allí, la mayoría con muecas en sus caras mientras esperaban su turno.
Sonrió a Neville, que estaba junto a Pansy Parkinson y su madre. La chica de Slytherin estaba tan pálida como un fantasma.
Ron y Lavender estaban en la otra esquina de la sala con Theodore Nott y Luna a su lado.
Sus ojos se abrieron de par en par al ver a Seamus sentado junto a Gregory Goyle, ambos charlando en voz baja y muy sonrientes.
Probablemente eran los únicos que querían estar allí.
Finalmente su mirada se posó en los Malfoy. Los tres llevaban túnicas y destacaban sobre el resto de las familias allí reunidas.
Malfoy fue el primero en fijarse en ella. Miró con desprecio sus vaqueros muggles cuando ella se acercó, y sus ojos grises subieron hasta su rostro.
—Vaya, pero si es mi preciosa futura mujer.
—Draco —siseó Narcissa, apretándole el brazo. —Ya basta.
Él se tensó y lanzó una mirada de odio a su madre.
—No me interesa tu sarcasmo, Malfoy —dijo Hermione, poniéndose a su lado con la barbilla levantada. —Sólo quiero que esto termine.
Él la miró con el ceño fruncido.
—¿Dónde están tus cosas?
Hermione palmeó su bolso morado de cuentas.
—Tengo todo lo que necesito aquí.
—¿Y tus padres muggles? —Malfoy miró alrededor de la habitación, arqueando una de sus oscuras cejas. —¿No les han permitido poner un pie en el Ministerio?
Ella cerró los puños con sus manos temblando de rabia.
Menudo estúpido.
—No podían venir hoy —murmuró entre dientes. —Y no es que sea asunto tuyo.
Vio por el rabillo del ojo que una vena que le palpitaba en el cuello. Malfoy estaba a punto de responder cuando un trabajador del Ministerio salió por la puerta principal.
—Draco Malfoy y Hermione Granger.
Hermione suspiró aliviada cuando Harry y Ginny entraron en la habitación con los rostros sonrojados.
Siempre llegaban tarde.
Siguió a los Malfoy, dedicándole una sonrisa a Ginny cuando ella le rodeó el brazo.
No estaría sola en la ceremonia.
Kingsley y dos miembros del Wizengamot esperaban detrás de un antiguo altar de piedra, todos ellos también con túnicas.
Hermione respiró hondo y se sentó junto a Malfoy frente a ellos. Ginny, Harry y los padres de Malfoy ocuparon los otros asientos.
El más mayor comenzó a hablar sobre el matrimonio, el amor y las nuevas oportunidades, y Hermione desconectó su cerebro.
A ella no le importaba toda esa mierda. No cuando no había elegido casarse.
Ella y Malfoy siguieron las instrucciones del mago durante el ritual, poniéndose de pie y colocándose los anillos.
Se cogieron de las manos cuando el hombre se lo indicó y Hermione jadeó cuando las manos de él agarraron las suyas. Estaban calientes y su piel era suave al tacto.
Ella levantó la vista y notó su expresión vacía. Él también estaba ocluyendo.
El hombre agitó su varita y una cinta dorada de luz se enroscó alrededor de sus manos y antebrazos.
—Ya podéis besaros.
Hermione giró bruscamente la cabeza hacia Kingsley.
—Es la única manera de sellar el vínculo —susurró él con una sonrisa de disculpa.
Volvió a mirar a Malfoy y vio un músculo crispándose en su mandíbula.
Tenía que besar a la sangre sucia que tanto odiaba delante de sus padres.
Hermione le dedicó una sonrisa malvada y se acercó un paso más. Malfoy entrecerró los ojos y sus hombros se tensaron.
Se puso de puntillas y lo besó en los labios sólo un segundo, observando su reacción.
Él se apartó bruscamente de ella, soltando sus manos una vez que la cinta mágica desapareció.
Ambos se volvieron hacia el altar y ella vio a Malfoy limpiándose la boca con el dorso de su mano.
—Felicidades —el anciano les dedicó una sonrisa falsa. —Ya estáis casados.
¡Está hecho! Muahaha
