El sol agonizaba en el horizonte, haciendo que gran parte del valle bajo sus pies ya estuviera sepultado en sombras.
Colgó en la espalda la bolsa improvisada por algunas hojas y carrizos de bambú, dentro llevaba algunos pescados y frutos que había obtenido en la montaña y descendía hacia la casa de aquel viejo para pedir que se los cocinara y a cambio darle algunos cuantos que no estuviera dispuesto a comer.
Se había vuelto una rutina constante acudir con el viejo que vivía entre las montañas, luego de que la jabalí que lo cuidaba falleció. no sabía cómo explicarlo pues realmente no lo entendía, experimentar sensaciones a las que no sabía darle nombre pero llegaron a atormentarlo, a causa de esos optó por cortar contacto con la manada que lo había criado.
Algo en su interior le indicaba que su lugar no era con aquella especie, pero guiado por la nostalgia primitiva optó por llevar en aquella cabeza sobre la suya.
Los poros lo percibieron y las células de su piel se erizaron en cuanto dió el siguiente paso, era como un pulso que recorría cada partícula dermica que lo conformaba pulsando como una especie de radar. Se desarrolló a causa de permitirle huir de depredadores, pero se volvió más racional y sensible, controlandolo a voluntad.
— ¡Peligro!— exclamó desde su interior de una forma similar a un rugido.
Bufó presionando sus puños, soltando su comida y corriendo a toda velocidad hacia la casa que ya se podía visualizar a unos treinta metros a lo lejos.
Apenas se encontró en los terrenos del domicilio, ocurrió un explosión, la pared derecha de la cabaña se hizo trizas en un segundo. Un hombre desconocido vestido de negro fue expulsado, sosteniéndose con su mano libre detuvo su peso logrando reincorporarse derrapando varios metros, esto sin despegar la mirada de la casa y el oponente que se escondía dentro.
Sin embargo, nada le previno de un hombre venía de la montaña que había arribado casi al mismo tiempo que él, Inosuke convencido de que esté extraño era el rival a vencer le impactó con su rodilla en una mejilla sin darle tiempo de defenderse y provocando que se estrellara contra la vaya de rocas que dividía el terreno.
Hashibira no le dió tiempo de reaccionar, lo sostuvo de su uniforme negro desde el cuello, mientras el cazador el cazador buscaba entender lo que ocurría.
— ¿Dónde está el viejo y su nieto gritón?— preguntó jalándolo.
— ¿Eres un demonio? — cuestionó el hombre mientras buscaba perforarlo con su espada.
Inosuke daba un giro hacia atrás escapando de las estocadas, pero este le seguía.
Su rostro denotaba agotamiento, no era tan viejo pero batallas incontables así como múltiples cicatrices de las mismas le obligaban a verse más maduro.
Un descuido de un momento le permitió alcanzarle en un costado introduciendo su katana en uno de sus costados, pero el chico jabalí ni sé inmutó.
— No soy un demonio, tu lo eres ¡Yo soy el gran Inosuke dios de la montaña!— exclamó propinandole un puñetazo. — responde ahora ¿Dónde está el viejo? o sufre mi ira.
— Aliento de viento, cuarta postura: vendaval tajante— versó el cazador lanzando una potente ráfaga con su espada hacía él.
Inosuke ante este tipo de ataque que desconocía cayó de espadas y su máscara de jabalí terminó retirándola.
El cazador se percató entonces que era humano y fue adentro a enfrentarse contra el verdadero demonio.
Desde adentro de la casa se escuchó un grito de auxilio, Hashibira reconoció la voz de aquel tipo molesto que varias ocasiones buscó expulsarlo, hasta que de la misma forma que ocurre con perro adoptado, cuando uno de los miembros de la casa no lo quiere, pasa a tolerarlo, hasta aceptarlo como parte de la familia.
A Inosuke no le hubiera importado si lo siguiera odiando, de cualquier forma se hubiera levantado para acudir en su auxilio. Los jabalíes macho con cierta edad se separaban de sus respectivos grupos y cagaban solos obteniendo territorios propios, pero algo que los humanos probablemente no entendían es que si alguien de su familia estaba en peligro acudirían en su ayuda sin dudarlo.
Si el viejo o ese tipo estaban en peligro, él los salvaría.
Avanzó por la entrada principal, encontrando huellas de sangre y arrastre, siguió este rastro hacía una de las habitaciones, la puerta y parte de la pared estaba destrozada, dentro estaba el nieto del anciano en el piso malherido, el anciano en un rincón asustando y lleno de desconcierto. Dos seres se enfrentaban también, el hombre vestido de negro con la katana y una mostruosa criatura de aspecto salvaje y terrible, tenía rasgos ferales, a Inosuke le recordaba los pumas de los que solía huir cuando vivía con los jabalíes, pero la sed de sangre que percibía de ese monstruo no se motiva por la necesidad natural de alimentarse para existir, a esa criatura lo guiaba una voracidad egoísta, un instinto destructivo que Hashibira nunca había observado en ningún animal.
— Hombre tornado tu y yo derrotaremos a ese monstruo, luego podremos pelear y podré matarte— propuso Inosuke señalandolo.
— ¿Cómo es que sigues de pie?— coestionó el cazador sorprendido— perforé uno de tus pulmones y te di de lleno con mi ataque.
— Ha sido pan comido, puedo mover mis órganos de lugar para evitar ataques letales y tú viento es fuerte pero no tanto como el gran Inosuke ¡Venerame!.
— No engañas a nadie humano, debajo de esa máscara animal huelo tu sangre, te devorare— declaró el demonio con voz áspera.
— ¡No si yo te devoró primero criatura!— amenazó Hashibira apuntandole con el índice.
El demonio lo miró desconcertado por un segundo y luego se lanzó hacía él.
— Técnica de sangre: alarido del Wendigo.
Un sonido aplastante golpeó a Inosuke, de tal forma que sintió que la cabeza le reventaría, sin embargo empujado por su propia obstinación se resistió y le golpeó dándole un cabezazo fuerte.
El demonio se tambaleó mareado, incluso con su regeneración aquel ataque le había hecho daño.
— ¡Ey hombre jabalí! Jamás le harás daño de esa manera, es un demonio.— indicó el cazador.
Inosuke bufó expulsando humo por los orificios nasales de la cabeza de jabalí, tensionó todos sus músculos y dando un salto como impulso propinó uno tras otro varios cabezasos al demonio sin dar tiempo a este de defenderse.
— Está loco, pero aprovecharé sus arremetidas...¡Aliento de viento novena postura: huracán!
El cazador salto con la espada en el alto blandiendola para realizar varios vientos cortantes que comenzaron a rebanar al demonio.
El vástago de sangre Muzan, había tenido suficiente, había derrotado a otros cazadores en el pasado, había devorado muchos hombres para adquirir ese poder y ahora que se había detenido por capricho en este sitio por un bocado, un cazador mediocre y un demente lo estaban apaleando.
— ¡Ya basta!— rugió el demonio expulsando energía
Fue coestion de uno segundos, Inosuke lo predijo a través del tacto de su piel, corrió hacia el anciano y su nieto herido y los tomo en sus brazos perforando la pared opuesta, el cazador estando en el aire no tuvo tiempo de protegerse o contraatacar, el ataque le pegó de lleno saliendo expulsado por el techo hacia afuera.
Le tomó a Inosuke unos momentos reincorporarse, algo en su espalda crujía, dos de sus costillas estaban rotas por el impacto, aún con la vista nublada se puso de pie y miró hacía el anciano.
— Su nieto gritón esa bien, vende su pierna para que no pierda sangre y no sé mueva— indicó Inosuke.
— Muchacho— murmuró él anciano con voz temblorosa mientras le extendía la mano.
— Aún no termina viejo— indicó.
— Ten mucho cuidado hijo— suplicó el anciano.
Inosuke avanzó con cierto miedo en su interior, aunque fingiendo imponencia en sus pasos. No podía evitarlo, nunca había enfrentado una criatura así, no sabía cómo detenerlo, además era conciente de que ya antes había fallado, había perdido a otros por no ser tan fuerte.
Cuando llegó al frente de la casa, el demonio confrontaba al cazador, lo miraba con superioridad viéndolo apenas conciente. Formando una sonrisa retorcida en su rostro se disponía a darle golpe final.
— Los humanos siempre mintiendose buscando creer que podrán superarnos, patético.
Inosuke lo embistió por la espalda empujándolo varios metros pero sin siquiera tirarlo.
El demonio molesto por ser interrumpido se lanzó hacía él el conu a de sus garras arriba y le lanzó un zarpazo, pero antes de que llegara a él, su extremidad terminó cercenada, el demonio desconcertado observó que ahora el muchacho con cabeza de jabalí llevaba la espada en la manos.
— Debes de atacar su cuello, decapitarlo para acabarlo— le instruyó el cazador apenas con un hilo de voz.
— Ya veo, no entiendo que es eso, pero el gran Inosuke lo hara, como lo haces tú...
Por un segundo en su mente sobrevino la imagen de una mujer que no recordaba, rememoró a la jabalí que fue su madre jabalí, cuando llegó tarde y los cazadores furtivos ya habian acabo con su vida, recordó al viejo y su nieto.
El mundo era un sitio salvaje de presas y depredadores, se tenía que ser fuerte para sobrevivir. Los jabalíes macho teniendo madurez se separaban de su manada para sobrevivir solos, pero no era para abandonarlos, ellos se volvían más fuertes sobreviviendo solos, custodiando el territorio. El debía ser él más fuerte, así podría derrotar a cualquiera y no fallaría en proteger a nadie más. No estaba muy seguro aún de un ser un hombre, pero el legado en su cabeza le permitía ser un animal, la más bestia más poderosa de todas.
— Técnica de sangre: monstruos de la jungla.— declaró el demonio expulsando energía en forma de sombras ferales
— Respiración de la bestia, Primer Colmillo: Perforar y Extraer — exclamó Inosuke blandiendo la espada.
El tajo partió su energía y le propinó varios cortes en el cuerpo, rebanando su cuello.
Con el cuerpo hecho trizas el demonio se inmoló en cenizas en unos segundos.
Inosuke rio casi enloquecido, feliz por haber vencido. Bajó la mirada hacia el cazador y miró la espada en su mano.
— ¿Estas muerto para quedarme con esto?.
El cazador rio por la ironía y meneó la cabeza.
— No demente, pero tienes potencial, te diré dónde puedes conseguir una.
— Muy bien, serás mi subordinado desde ahora— declaró Hashibira.
Pasando unas semanas y buscaron recostruir lo mejor posible la cabaña del anciano, su nieto aunque terminó cojeando pudo sanar al igual que el cazador de demonios.
Como lo prometió, le indicó hacía donde ir para obtener sus propias espadas y seguir así su misma profesión.
Inosuke partió con aquella meta en su mente, dispuesto a cumplirla, ser más y más fuerte, así si alguien más se volvía importante para él, si sería capaz de protegerle.
