CAMPAMENTO MESTIZO
CAPÍTULO 7
-¡Mierda!-. Dolía bastante, sin embargo, si aflojaba el agarre… bueno, nos faltaban como 20 pisos, imagínenselo ustedes.
Con un hombro dislocado sosteniendo a una Mikoto inconsciente, y mi otra mano aferrándose a mi espada para impedir que nos matáramos, era difícil pensar adecuadamente.
-¡Despierta!-. Grité. -¡Mikoto!-. Temía que mi brazo dejara de responderme. -¡MIKOTO!-.
Y entonces un rugido me heló la sangre. Volteé hacia arriba, para encontrarme con que la arpía se preparaba para ir por nosotras.
-¡JODER, MIKOTO!-. El miedo fluía a través de mi cuerpo, éramos el aperitivo perfecto, dos bocados indefensos. -¡MIKOTO!-. Quise sacudirle, una pésima idea, el movimiento me jodió más el hombro e hizo que mi espada comenzará a moverse.
El pajarraco se arrojó por la ventana, o bueno, por ese hueco gigantesco que hizo por su cuenta y bajó en picada, pero mi temor fue superado por un sentimiento de sorpresa e impacto.
Porque una figura que conocía muy bien saltó un segundo después. -¡SHIZURU!-. Así es, se arrojó desde el piso 50, no conforme con eso, se le fue encima al pajarraco.
-¡ARPÍA!-. Gritó con aquella voz autoritaria que al mismo tiempo conservaba elegancia. -¡ARPÍA!-. Antes de que esa cosa volteará a verle, se aferró a ella, prácticamente montándole.
Casi se me salió el alma cuando vi esas espantosas garras dirigirse a Shizuru. -¡ARPÍA!-. Pero repentinamente el pajarraco dejo caer sus brazos a los costados.
En ese instante no fui consciente, sin embargo, estaba volviendo a presenciar uno de los más grandes misterios de Shizuru, sólo que a una escala mucho mayor y en una situación de peligro mortal.
Seguí observando, en un estado de shock temporal. Me percaté de que el monstruo sacudía la cabeza, como si quisiera quitarse algo, aunque no tenía nada, o al menos eso parecía.
-¡ARPÍA!-. Su voz era cada vez más penetrante, y si yo le escuchaba a esa distancia, seguramente podría dejar sorda a esa cosa, ya que le gritaba al oído.
El pajarraco comenzó a dar giros, esta vez queriendo quitarse a Shizuru de encima, giraba rápido, como un trompo, y a momentos le dejaba boca arriba, por lo cual colgaba en el vacío que quería matarnos a todas.
Aun con esos violentos movimientos, era evidente que irónicamente no intentaba dañarle, no con sus desagradables garras.
De un momento a otro, se quedaron inmóviles, Shizuru respiraba agitada, ok, más bien jadeaba, por su parte el pajarraco tenía una expresión perdida, podía verle porque entre sus giros mortales habían ido descendiendo, y en serio, esos horripilantes ojos, antes sedientos de sangre, lucían turbios, como si aquella extraña neblina les cubriera.
-Ahora-. Ya no gritaba, hablaba con calma, aunque estaba montando a un monstruo, a 20 pisos de altura. -Sin hacerles daño alguno-. Era como si tuviera adiestrado al pajarraco. -Tomarás a Natsuki y Mikoto-. Se fue acercando a nosotras, yo seguía sorprendida, quizá hasta con la boca abierta. -Y nos llevaras al suelo, sin lastimarnos-.
Sentía mis latidos en mis oídos y adrenalina en lugar de sangre corriendo por mis venas, el pajarraco me tomó por la parte trasera de mi playera, y en ese momento agradecí que la ropa del campamento fuese ridículamente resistente.
-Confía en mí-. La voz de Shizuru me infundió el valor necesario para sacar mi espada de la pared, entonces, quedé suspendida en el aire, pero esta vez colgando de las patas de una arpía.
Con temor, regresé Cristal Plateado a modo muñequera, para poder usar mi mano derecha en Mikoto.
Mientras descendíamos al piso, me costaba pensar, ya que asimilar todo eso de golpe era algo un poco complicado, pero gracias al olimpo, en situaciones así mi cuerpo podía moverse por su cuenta, como si mis reflejos de semidios fueran una especie de piloto automático.
Estando a 10 cm del suelo, nos soltó, fue un gran alivio, claro está, habría sido mejor que no nos dejara en una fuente del tamaño de una plaza pública, pero no podía pedirle más a la vida que seguir con vida.
Shizuru bajó del pajarraco, le temblaba todo el cuerpo y lucía en verdad exhausta, lo que sea que podía hacer, era un poder que definitivamente necesitaba mucha energía.
Yo seguía sorprendida, así que sólo le observé: dio unos cuantos pasos en mi dirección, sus piernas parecían de gelatina y como era de esperar comenzó a trastabillar. Me di una bofetada mental, obligándome a salir de ese estado de shock tan patético, por suerte funcionó. Justo cuando Shizuru se desmayó, le atrapé.
Desgraciadamente, cuando ella cerró los ojos, los del pajarraco regresaron a la normalidad.
Así que ahí estaba yo, con una sola mano útil para mantener vivas a mis dos amigas inconscientes, sin matarme en el proceso.
-Esto es una mierda-. Una vez más, desplegué mi espada.
-¡KUGA NATSUKI!-. En serio, fue horrible su tono, como si mi nombre fuera una maldición, y de las egipcias, así que se hacen una idea.
-Cierra el pico-. Insisto, el sentido común no era lo mío en aquellos días.
Sin embargo, cuando me mostró sus garras, les vi el doble de grandes, esa cosa seguía ganando fuerza. Pasé saliva, si antes estaba haciéndonos picadillo, ahora mis oportunidades eran menos alentadoras.
Deseé poder sostener mi espada con ambas manos.
Y el pajarraco atacó, pero el desgraciado fue a por Shizuru. Atravesé mi espada, el bronce celestial raspó completamente contra sus garras, de hecho, hubo la fricción suficiente para producir chispas. El movimiento se repitió una decena de veces, sólo que alternaba el objetivo, a veces Shizuru, a veces Mikoto.
La hija de puta quería agotarme, y vaya que le estaba funcionando. Le maldije por eso.
En una de sus arremetidas, alcanzó a cortarle un mecho de cabello a Shizuru, lo sé, eso no era daño alguno, pero significaba que estaba cada vez más cerca de acabarnos.
No ayudaba que estábamos peleando en una fuente, el fondo enmohecido y el agua me hacían sentir que mis pies resbalarían en cualquier segundo.
Y de hecho, sí sucedió, mi pie izquierdo resbaló 5 cm hacia atrás, quizá parezca algo insignificante, pero eso le dio la oportunidad perfecta para atacarme. Sentí un corte en mi brazo izquierdo, tan profundo que llegó al hueso. Después vi la muerte pasar ante mis ojos, literalmente, si no hubiera retrocedido me habría atravesado la cabeza, una de sus garras quedó a 2 milímetros de mi ojo derecho.
Entonces el pajarraco me sonrió, con burla, malicia, sadismo y todo lo malo que se les pueda ocurrir. -No puedes defenderles, defenderte y luchar, Kuga Natsuki-. Lo peor era que tenía razón, me era imposible pasar a modo ofensivo.
Escuché el chapoteo del agua, causado por pisadas que no eran mías, y vi de reojo que Mikoto se había levantado.
Sentí un gran alivio que luego fue reemplazado por confusión.
-¿Mikoto?-. Ella y la arpía se analizaban mutuamente, eso no era tan raro, lo realmente extraño era que los ojos de Mikoto ardían, y no, no me refiero a ese efecto en el que sus pupilas asemejaban ser pequeñas llamas, digo que realmente ardían, sus ojos se habían convertido en el fuego mismo, y desprendían llamas feroces de color dorado. Debo ser sincera, era una imagen intimidante.
-Déjalo en mis manos-. Su voz era firme, segura. -Protege a Shizuru-. Asentí y retrocedí, apegándome más a la susodicha.
La sangre me empapaba el brazo pero al menos tenía la tranquilidad de que un semidios tardaba más en desangrarse.
-¡NO ESTORBES, MINAGI!-. Esa frase retumbó en mi cabeza, ¿estorbar? ¿qué no quería matarnos a las dos minutos atrás? Entrecerré los ojos, con desconfianza, algo no cuadraba. Me aferré más a mi espada.
Iniciaron un combate que les llevó a caer en una secuencia de movimientos similar a la que había experimentado yo, con la diferencia de que Mikoto era más rápida. Sí algo me quedó claro ahí, fue que nada podía escapar a esos ojos llameantes.
Repentinamente tuve el pésimo presentimiento de que el pajarraco volvería a aumentar su fuerza, supongo que mi amiga también lo tuvo, o quizá cierto Dios de la Guerra le hizo un favor a su favorita.
-¡NO LO HARÁS!-. Arremetió contra el pajarraco, pero antes de que hicieran contacto, su espada se prendió en llamas doradas, que hacían juego con sus ojos.
En ese entonces no sabía que tan especial era ese fuego, motivo por el cual me sorprendí del miedo con el que retrocedió la arpía. Se los juró, podía sentir que el aire vibraba ante aquel poder divino.
-Dioses-. Susurré.
Era obvio que ahora la balanza se inclinaba al lado de Mikoto, su contrincante se convirtió en una presa, y cada vez que blandía su espada el pajarraco hacía todo lo posible por mantener distancia. Llegaron al punto en el que esa cosa intentó huir, imagínense lo terrorífico de la situación para hacer querer huir a un monstruo, vaya, el punto es que Mikoto no le dejó escapar.
¿Cómo?
Bueno… se los resumo: Le cortó las alas.
Así es, le mutiló, sin ni siquiera pestañear.
El rugido que emitió me aturdió, pero seguí observando, maravillada.
-¡DÉJANOS EN PAZ!-. Mikoto dio 3 giros, tomando impulso y causando que las llamas crecieran. -¡DESAPARECE!-. Le cortó diagonalmente, desde el hombro hasta la cadera.
Por fin me permití respirar normalmente cuando el pajarraco se convirtió en polvo dorado, de hecho, me dejé caer en el agua, necesitaba sentarme. Mikoto se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia nosotras, las llamas desaparecieron, tanto de su espada como de su mirada, dejando sólo una expresión agotada.
-No vuelvas a desmayarte, por favor-. Entendía que usar grades cantidades de poder les acercaba al colapso, sin embargo, no podría sacar de ahí a dos chicas inconscientes.
-No pasará-. Me aseguró.
-¿Y ese incremento de poder, que fue?-. Porque me constaba que ella era fuerte, pero que eso no era parte de su propio poder.
-Creo que tendré que echar mi cena completa a la fogata-.
Saben, otro detalle sorprendente, incluso ilógico, era que seguíamos con nuestras mochilas puestas e intactas. Sacó ambrosía de la suya, antes de comer ella, me lo ofreció.
-Necesitamos sanar ese brazo-. Acepte la comida, después de asegurarme de que aun tenía para ella. Al comerlo sentí que mi hombro dislocado se acomodó y que el corte de mi brazo, junto a los demás más pequeños, comenzaron a cerrar. -Tenemos que irnos de aquí, antes de que la niebla se disipe del todo-.
Le di mi mochila, le tomó, entendiendo de inmediato. Ya con mi brazo en un mejor estado fue fácil levantar a Shizuru, la coloqué en mi espalda a modo de caballito, y cuando me aseguré de que no se caería, fue tiempo de irnos.
Vi de costado el edificio y los destrozos que hicimos en la fuente, parecían hechos por explosiones. -¿Qué verán los humanos?-. La respiración de Shizuru era tranquila, eso me calmaba.
-En el mejor de los caos, un ataque terrorista-. Eso no me gustó nada.
-¿Y en el peor de los casos?-. Pensé que con nuestra apariencia ningún autobús o taxi nos haría parada, así que hice una plegaria para que mis brazos se mantuvieran firmes, Shizuru no pesaba mucho, pero yo estaba agotada.
Mikoto hizo una mueca. -Que nosotras somos las terroristas-. Lo que faltaba…
-Entonces…
Un quejido me interrumpió, e inmediatamente, que nos hicieran mierda y casi morir valió la pena. -Natsuki-. Shizuru despertó.
-¡Shizuru!-. Quería abrazarla, sin embargo, nuestra posición no me lo permitía, en cambio, ella sí podía abrazarme. -¿¡Estás loca!? ¡Saltaste del piso 50!-. Antes era peso muerto en mi espalda, y técnicamente lo seguía siendo, pero el que ahora estuviera consciente y me abrazara me aliviaba el alma.
-Tú también lo hiciste-. Hablaba bajo, se notaba que aún estaba agotada.
-Bueno sí…. Pero tenía que salvar a Mikoto-. Me defendí.
Se aferró más a mí, su respiración daba contra mi oído. -Y yo tenía que salvarte a ti, Natsuki-. Lo confieso, me sonrojé, aun más porque vi sonreír a Mikoto.
La postura de Shizuru se tensó. -Tenemos que salir de aquí, está cerca-. Lo que sea que ella presentía yo ni lo imaginaba.
-Pero si ya nos encargamos del pajarraco-. Dije confundida.
Sentí un escalofrío desde antes de escuchar su respuesta. -No era una arpía lo que me estaba siguiendo-.
Inconscientemente le sostuve con mayor firmeza, y me preparé para echar a correr en cualquier segundo. Vi de reojo que Mikoto sostenía la empuñadura de su espada.
-¿Qué es lo que te está siguiendo?-. Temía que entráramos en otra lucha de golpe, ya saben, por eso de que estaba segura de que esos poderes divinos de momentos antes tenían un límite de uso.
-Esa es la peor parte-. Por increíble que parezca, podía mantenerme serena gracias a la voz de Shizuru, pese a que irónicamente sus palabras fueran desalentadoras. -No estoy segura de que sea-.
-¡Allá!-. Gritó Mikoto. Volteamos hacia donde señalaba, y lo que vimos me erizó la piel.
-Mierda-. Creo que me temblaron las manos, o quizá era Shizuru temblando, o tal vez éramos las dos.
A una cuadra de distancia, un grupo de 5 nos observaba fijamente, iban cubiertos por completo, parecían sombras de tan oscuros que se veían, pero a través de las capuchas sus ojos brillaban con una intensidad abrumadora, y eran de color dorado.
No sé si parpadeé o simplemente desaparecieron, el punto es que de un segundo a otro ya no estaban.
-Díganme que estoy alucinando-. Recordaba perfectamente esos ojos hambrientos.
-Ellos… me están siguiendo-. La voz de Shizuru por poco y se quebró.
-Tranquila-. Intenté tragarme el miedo que me revolvía las entrañas. -Saldremos de esta-. Esperaba de todo corazón no estarle mintiendo.
Queríamos salir de ahí lo antes posible, no sólo por nuestros nuevos acosadores, si no que por un hecho catastrófico: Siendo tres semidiosas juntas, atraeríamos a cualquier monstruo en kilómetros a la redonda.
Teníamos que alejarnos de la escena, y sólo tuvimos una idea, el único transporte en el que podía haber mortales más raros que nosotras: El metro.
Nadie se inmuto al vernos abordar, aunque yo seguía cargando a Shizuru y tanto Mikoto como yo teníamos sangre seca por todos lados.
Fruncí el ceño, no me gustaba transportarme bajo tierra, me provocaba un pésimo presentimiento, y a estas alturas ya deben suponer que los presentimientos de los semidioses nunca son buenos.
-Creo que ya puedo caminar-. Sí sonaba mucho mejor.
-¿Segura?-. No quería que se desplomará ahí.
-Sí-. Ok, exageré un poco, pero me agaché para que ella bajará sin problemas.
Ahora, ¿cómo lo explico?
Fue una mezcla de preocupación y… de celos.
Sí, sí, ya lo dije, celos.
Le dije a Shizuru que se quedará entre Mikoto y yo, ya que no me gustaba ni un poco como le veían algunos pasajeros, los tipos iban desde nuestra edad a viejos rabo verde.
-¿No te molesta eso?-. Pregunté, delatando mi mal humor.
Ella sonrió, se había percatado de mis celos.
-Ser hija de Afrodita tiene desventajas-. Su postura era relajada, en verdad no le molestaba. -Terminas acostumbrándote-.
Mikoto no hablaba, porque bueno, recuerden que era una chica de pocas palabras.
-Aún así-. Hice crujir mis nudillos. -Si te llegan a molestar, yo los alejaré de ti-.
-Ara, ¿Natsuki, no quiere compartirme?-. Sonrojo en 3,2,1. -Sólo me interesas tú-. Se acercó a mí, pegándose a mi cuerpo, y acarició mi rostro. -Sólo tú-. Por los dioses ¡Hacía otro intento por besarme! ¡Y esa vez no iba a detenerle!
Pero ohhh sorpresa.
Las luces comenzaron a parpadear y el metro se detuvo de golpe. El impulso hizo que cayéramos al piso, ella sobre mí.
-Joder-. Me había llevado un buen golpe en la cabeza. -¿Estás bien?-. No podía ver nada, el metro había quedado sumido en oscuridad.
-Sí, amortiguaste mi caída-. Detecté un tono pícaro en su voz, al menos el sonrojo no se me notó. -Ara, sé que te sonrojaste-. Por dignidad, ignoré eso.
-Mikoto, ¿estás bien?-. me asusté al no recibir respuesta. -¿Mikoto?-.
-Aquí-. La tenía justo al lado, suspiré de alivio.
Nos pusimos de pie. -Por favor, que esto no sea por nosotras-. Podía oír que las personas estaban inquietas, nerviosas y mal humoradas. -Sólo queremos regresar a casa-. El ruido de metal vibrando me alertó.
-¡RETROCEDAN!-. Grité.
La puerta del vagón se vino abajo.
Y en medio de las penumbras aparecieron esos malditos ojos amarillos.
-Shizuru Fujino-.
Ese sonido tenía más de gruñido que de palabras.
