CAMPAMENTO MESTIZO
CAPÍTULO 13
¿Recuerdan que el mundo confabuló para que lograr besar a Shizuru fuera una odisea?
Si la respuesta es sí, entonces imaginaran que llegar a la siguiente base tampoco sería cosa fácil.
Me quite la playera, ante los expectantes ojos de Shizuru. -¿Estás segura?-. No se creía mi repentino cambio de idea, y no le culpaba, pero podía ver que aunque no lo creía, deseaba que fuera cierto.
-Segura-. Pocas veces estaba segura de algo, por ese trauma de que cada vez que dábamos algo por hecho obteníamos algo completamente distinto, sin embargo, planeaba jugármela, no me importaba que el mundo me lo cobrase después.
Dioses, la sonrisa que se formó en su rostro me robó el habla.
Y entonces la magia del momento se rompió cuando alguien azotó la puerta. Puedo decirlo sin temor a equivocarme: El ambiente en la cabaña decía a gritos nuestras intenciones, pero la recién llegada lo omitió por completo.
Iba a replicar, iba.
-¡SE ACTIVÓ EL RADAR!-. Tanto a Shizuru como a mí se nos apagaron las hormonas.
El radar….
Ni siquiera volví a ponerme mi playera, iba a salir así, gracias al olimpo Shizuru me ahorró esa escena y echó una chaqueta sobre mis hombros. No me malentiendan, a esas alturas a mí ya no me importaba mostrar algo de piel, y aunque Shizuru me celaba como sólo ella podía, el taparme se debía más a que ambas sabíamos que a los campistas menores aun les impactaban mis cicatrices. Después de eso salimos corriendo junto con Mai.
Ella ya iba preparada para la batalla, llevaba su arco de toda la vida, a ese nunca le había hechos mejoras, bastaba con darle mantenimiento, no obstante, sí que le había metido mano a una parte de su armamento: Sus flechas. Cuando estás impactaban contra sus objetivos, regresaban por su cuenta al carcaj que tenía en la espalda.
Nos cruzamos con Midori. -Que nadie más salga hasta que volvamos-. No podía dejar completamente desprotegido el campamento. -Lo dejo en tus manos-. Enseguida se retiró a comprobar que no nos faltaran campistas.
En momentos así sentía que tenía 40 años y no 20.
El peso de la responsabilidad, ese que jamás había querido, amenazaba con aplastarme, y me veía orillada a sacar fuerza de donde tuviese que hacerlo para continuar cargándole.
Miré a Mai. -¿En qué zona?-. Íbamos camino a nuestro auto. Maldije. Aun no le había cambiado las llantas, y el otro auto con el que contábamos ya estaba en una misión.
-La zona norte del bosque-.
Quizá hice una mueca. -¿Zona norte?-. Eso era malo, el rio atravesaba por ahí, un rio que no era precisamente pequeño ni tranquilo.
En el auto ya nos esperaba Mikoto, por el sudor que le cubría, deduje que estaba entrenando antes del aviso. -No derrapes demasiado-. Le advertí. No quería que nos matáramos por un accidente automovilístico, en el jodido bosque. -Las llantas no lo resistirán-.
Me dio una rápida mirada, como pidiendo disculpas por adelantado. -Haré lo posible-. Obviamente esa respuesta no me convencía, pero muy seguido nuestros planes sufrían cambios drásticos, más que nada cuando las cosas se nos iban de las manos.
Mai subió al asiento de copiloto, Shizuru y yo a la parte trasera. Les confieso que en momentos así me gustaba contar con la fuerza bruta de Nao, sin embargo, aun no regresaba.
-¿Los traes?-. Pregunté más por costumbre que por otra cosa.
-Jamás me los quitó-. Los anillos de Shizuru resplandecían en sus manos. Tras algunos sucesos poco alentadores, al igual que yo con mis muñequeras, no se los quitaba ni para ducharse. Las excepciones ocurrían solo cuando tenía que darles mantenimiento.
Mikoto se movió a la entrada, Alyssa abrió las puertas y salimos disparadas al bosque. No me gustaba ni un poco que comenzaba a atardecer, porque esas cosas veían en la oscuridad, pero nosotras no.
Golpeé mis dedos contra el asiento. -Ojalá lleguemos a tiempo-. En la ocasión anterior no lo hicimos.
Shizuru colocó su mano sobre la mía, deteniendo el golpeteo. -Hicimos todo lo posible-. Intentó reconfortarme.
-Nunca logró que sea suficiente-. Esos sucesos me afectaban más de lo que me gustaba admitir, pesaban en mi consciencia casi tanto como la responsabilidad que quería acabar conmigo.
-No fue tu culpa-. Fugazmente, tuve el deseo egoísta de que ella usará su embrujahabla en mí y me convenciera de eso.
Desvié la mirada. -Pero…
-Pero nada-. Shizuru no me permitió aislarme, tomó mi mentón haciéndome voltear, haciéndome verle a los ojos. Su mirada carmín me ataba a la realidad, en ella recaía la tarea de decirme la dura verdad. -No podemos salvar a todo el mundo, Natsuki-.
Eso me dolió, porque no quería salvar a todo el mundo, sólo intentaba salvar el nuestro, que se caía a pedazos.
El auto se detuvo. -Se ha salido del perímetro-. Mai analizaba una pequeña pantalla. -Este es el último lugar en el que se le detectó-.
Se los resumo, en mi desesperación por salvar a nuestra especie de la extinción, desarrollé radares que detectaban la sangre de semidios. El olimpo nos había dado la espalda, pero yo sabía que los dioses seguían metiéndose en la cama de los mortales.
La clave de todo era encontrar a los niños antes de que lo hicieran los monstruos.
-Nos separaremos aquí para buscarlo-. Si es que el crío seguía con vida, quedándonos juntas no lo hallaríamos a tiempo. Observé la puesta del sol con el ceño fruncido. -Si no lo encontramos en 15 minutos, nos vamos-. No podía arriesgar a mis amigas y novia por algo que posiblemente fuese solo un cadáver antes de que lo encontráramos, suponiendo que lo hiciéramos. Todas asintieron.
Bajé del vehículo, una rama crujió bajo mi pie derecho. -15 minutos Natsuki-. La voz de Shizuru sonaba tan seria que resultaba atemorizante. -Tú misma lo dijiste-.
Pero yo sabía que ese efecto era el producto de su propio temor, esa mala sensación de perderme que yo misma experimentaba con ella a diario.
-Lo sé-. Ella temía que se me pasara la mano siendo temeraria. -Tranquila-.
Sin embargo, por más culpa que pudiera experimentar tras no salvar a los niños.
Esa culpa jamás superaría a la de entristecer a Shizuru.
Había dicho quince minutos y no planeaba faltar a mi palabra.
Activamos nuestras armaduras al mismo tiempo, la suya era negra con detalles en rojo, a través de su yelmo sus ojos brillaban con un aspecto que muchos calificaban como demoniaco, aunque solo era algo que yo le había agregado para ser más intimidante. La mía también era negra pero con detalles en verde, además, como una especie de broma personal, como un reclamo al destino, mi yelmo tenía forma de lobo y el visor poseía un solo ojo.
Cada una tomó un camino distinto, al echar a andar, no pude evitar voltear sobre mi hombro, la figura de Shizuru se perdió entre los árboles.
Me adentré en la espesura del bosque, las copas de los árboles estaban tan pobladas que el atardecer pareció adelantarse. Cada uno de mis pasos tuvo que ser premeditado, era uno de esos momentos en los cuales me fiaba más de mis oídos que de mi vista, escuchaba lo típico, algunas aves, animales pequeños y el tenue ruido del agua, por eso de que iba acercándome al rio.
Los minutos pasaban rápido, ya se me había ido un tercio del tiempo. Maldije internamente.
Volteé al percatarme de que un arbusto se movía, y me arriesgué a abrir la boca. -Hola-. Pero me lleve una decepción al ver que era sólo un zorro. -Maldición-. Seguí caminando. Con la luz restante apenas podía mirar unos cuantos metros por delante de mí.
En cierto punto el sonido del agua ya era demasiado audible, no quería arriesgarme con el rio, además mis 15 minutos estaban por terminarse, así que iba a regresarme por donde había llegado.
Suspiré.
El mal presentimiento me golpeó antes de escuchar los gritos.
-¡Carajo!-. Corrí directo al lugar que tanto quería evitar.
El rio medía 10 metros de ancho, su agua era de color verde oscuro e iba en una corriente nada alentadora, no era muy profundo, a lo mucho me llegaba al pecho, pero ese era el problema en aquel momento, a un crío si lo cubriría por completo.
Los gritos se escuchaban desesperados, forcé mi oído para detectar el lugar exacto del cual provenían.
Y vaya impacto que me llevé al ver aquello.
Encontrar a un niño ya era un golpe de suerte, hallarlo vivo era casi milagroso, y ahí… ahí había dos, dos semidioses que se aferraban a una rama para que la corriente no los devorara.
Me apresuré, al verme llegar se asustaron aún más, comprensiva me retiré el yelmo, y aunque mi sonrisa no era la mejor, les ofrecí una sonrisa sincera. -Tranquilos-. Apenas di dos pasos, pero el agua ya me llegaba a la rodilla, la corriente golpeaba fuertemente en ese punto. Extendí la mano para sacarlos de ahí, primero quisieron evitar el contacto. -Los ayudaré-. Obviamente no confiaban en nada ni nadie, algo que explicaba que ambos hubieran llegado hasta ese lugar.
La desconfianza en sus miradas era bastante, pero su agotamiento era más, y su temor superó ambas cosas cuando escucharon un fuerte rugido.
-¡Confíen en mí!-. Les tomé a los dos, uno en cada brazo. El modo en que se abrazaron a mí, con desesperación y miedo, podría haberle roto el corazón a alguien sentimental, pero no a mí, yo sonreí.
Salí del rio, creía que tenía tiempo para largarme de ahí antes de que llegara el responsable de aquel rugido, me equivoqué.
Dos árboles se vinieron abajo con su llegada, el estruendo fue tal que seguramente las demás le oyeron.
-¿En serio?-. Me pareció una muy mala broma de la vida, ya había anochecido y las sombras le medio ocultaban, pero yo distinguía muy bien que monstruo era.
¿Acaso era el día de los jodidos leones, o qué?
No, no era otro león de Nemea, gracias al olimpo.
Era una mantícora.
Cuerpo de león, cola de escorpión y alas de murciélago, una pésima combinación. Odiaba que el inframundo se pusiera creativo a la hora de crear a esas cosas.
Sobra decir que eché a correr.
No me daba miedo enfrentarlo, con gusto lo habría hecho, si no hubiera tenido los brazos ocupados con aquellos niños.
Deseé haberle puesto alas a mi armadura, salir volando de ahí quizá habría sido más rápido que correr en el bosque donde apenas y veía algo.
-¡Nos comerá! ¡Nos comerá!-. Gritaba uno de ellos, el otro se veía igual de asustado pero solo lloraba, para ser gemelos, parecían muy distintos. -¡Nos comerá a todos!-.
-¡No lo hará!-. Planeaba evitar esa desagradable posibilidad.
Por fortuna, esa cosa era grande y feroz, pero también torpe y lenta, eso me ayudaba a mantener cierta distancia entre nosotros.
-¡Sí lo hará!-. Repetía mientras hacía todo lo posible por cortar la circulación en mi brazo.
Si los dejaba en el piso podría hacerle frente, pero descarté la idea al pensar que eso los dejaría completamente expuestos.
-¡No quiero que mi hermano muera!-. Joder, gritaba tanto que podría atraer a otros monstruos.
-Niño-. Sentí un gran alivio al ver un destello rojizo entre los árboles. -Nadie morirá hoy-. No pude evitar sonreír.
Shizuru apareció, casi pude escuchar coros angelicales al verle. En cambio, los niños se asustaron con su llegada, porque realmente tenía un aspecto intimidante, sobre todo cuando sus ojos parecían llamear al igual que su lanza en medio de la noche.
-¡Retrocede Natsuki!-. Hice lo que me pedía, entonces aquella mantícora conoció el filo y fuego de Shizuru.
Observarle en combate siempre era un goce para mí, su estilo parecía más un grácil baile que movimientos de guerra como tal, era la danza de la muerte, en manos de un ángel con ojos demoniacos.
No tuvo problemas para acabar con él, creo que le motivaba que yo no podía interferir en la pelea, por lo cual sentía que debía protegerme.
¿Cómo no estar enamorada de ella, cuando me cuidaba de esa manera?
Tras eliminarle, Mai y Mikoto no tardaron mucho en encontrarnos, y regresamos al campamento.
Al día siguiente, Shizuru y yo escapamos unos minutos de nuestras responsabilidades, necesitaba relajarme o el estrés me mataría, y eso solo lo conseguía estando con ella a solas.
Salimos del campamento, nadie puso objeciones, porque no era que estuviéramos fuera de peligro, nadie lo estaba, pero de entre todos, nosotras éramos las que estábamos más seguras ahí afuera. Aun así, no nos alejamos mucho.
Caminábamos al lado de un pequeño riachuelo.
-Shizuru, te juro que cuando los 15 minutos estaban por terminar, iba a regresar-. Tenía esa preocupación, en el fondo, solía temer que dejara de confiar en mí.
-Te creo, tranquila-. Su sonrisa era capaz de quitarme ese miedo. -Supongo que-. Nos detuvimos para sentarnos, el agua pasaba a cm de nosotras. -No puedes evitar ser buena persona, Natsuki-.
Fruncí el ceño. -Lo dices como si tú no lo fueras-. No pude resistirme, me quité las botas y sumergí los pies en el agua. Eso me recordaba a cuando platicábamos en el lago, suspiré, la nostalgia no era buena.
-No lo soy-. Su confesión me tomó por sorpresa, jamás le había visto como una mala persona, tal vez porque desde un inicio siempre estuvo para mí. -Soy egoísta-. También metió los pies al agua.
-No creo que seas egoísta-. Recargué la cabeza en su hombro, su aroma me relajaba.
-Tú te preocupas por todos-. Acarició mi cabello. -Yo sólo me preocupo por ti-.
-Shizuru…
-Soy posesiva, te quiero únicamente a ti, pero únicamente para mí-. Bueno, eso lo sabía a la perfección, y no me molestaba.
-Te amo Shizuru-. Podía dejarle ser todo lo posesiva que quisiera. -No me importa si dices ser egoísta, posesiva, o cualquier cosa que se te ocurra-.
-¿En verdad?-. Me abrazaba precisamente con esa posesividad que mencionaba.
-Sí-. Yo correspondía el acto, abrazándome a su cintura, quería sentirla cerca de mí, lo más que se pudiera.
-Si tuviera que elegir entre el mundo entero y tú, me quedaría contigo-. Su voz llegaba a lo más profundo de mí. Quizá yo también era egoísta, porque me gustaba que ella pensara así. -No podría perderte Natsuki-.
Me mordí el labio.
La profecía se repetía en mi cabeza, en especial dos versos.
"perderá lo que más atesora,
su agonía será locura"
Me pregunté que tanto podría sacrificar para evitar perderla a ella, y joder, la respuesta fue inmediata, sin titubeo alguno: Todo.
-Yo también soy egoísta, Shizuru-.
Creía que debía hablarle de la profecía, pero me faltaba valor para decírselo.
-¿Crees que tengamos un final feliz, Natsuki?-.
-Haré que así sea-. No tuve que verle para saber que sonreía.
Sentí su mano en mi mejilla y después sus labios en los míos, como siempre, un beso suyo era suficiente para hacerme perder la cabeza, su presencia y tacto nublaba todo lo que no estuviese relacionado con ella. Recordé que teníamos un asunto pendiente. -Regresemos a la cabaña-. Sus ojos parecían sorprendidos. -Tenemos algo pendiente-.
Nos colocamos los zapatos, nos pusimos de pie y dimos unos cuantos pasos antes de que el destino intentará cumplirse.
Debí suponerlo al sentir una opresión en mi pecho.
Como si mi alma gritase antes de recibir la puñalada.
Aparecieron de la nada y tan rápido que era imposible preverles, imposible reaccionar a tiempo.
Círculos negros de los cuales salieron perros del infierno, me embistieron, empujándome lejos, pero a ella le habían rodeado por completo.
Mi mundo se vino abajo de la peor manera. -¡SHIZURU!-. No pude hacer nada… ¡NADA!
Era como si el tiempo se hubiera detenido para nosotras y no para los monstruos.
Ya lloraba incluso antes de que sucediera lo más traumático de mi vida.
El perro más grande se arrojó contra ella, vi que aquella mole de carne impactaba y como consecuencia, se derramaba su sangre en el suelo, bañando el césped.
Caí de rodillas, llorando en silencio, sin poder gritar.
Sentía los gritos atascados en mi garganta, el cuerpo paralizado.
Algo que sucedió en cuestión de nada me lo quitó todo.
Con eso comprendí lo que significaba morir en vida.
Se me estaba nublando el juicio…
Los perros me rodearon, gruñendo furiosos, dispuestos a devorarme también, pero no me importaba.
¡QUE ME DESPEDAZARAN VIVA!
Me estarían haciendo un favor, quizá con eso el dolor interno que sentía disminuyera, aunque lo dudaba por completo.
Entonces otro circulo se abrió justo frente a mí, de el salió una figura encapuchada cuyo brazo sangraba, y… me arrojó el cuerpo de Shizuru.
Mi propio cuerpo no había querido responderme, pero no hubo poder humano ni divino que me impidiera atraparle. Estaba inconsciente, pero viva. Me aferré a ella.
Mi Shizuru seguía ahí, conmigo.
Y aún en mi estado de shock sabía que solo podía ser gracias a esa persona, la persona que podía viajar entre las sombras aun mejor que los jodidos perros del infierno.
Alcé la mirada.
-No eres la única queriendo evitar esa profecía-. Los ojos de Nina me veían con algo que no sabría describirles.
Los perros retrocedieron, temerosos de ella, incluso desaparecieron.
Continuaba llorando y abrazando a Shizuru, necesitaba convencerme a mí misma de que en verdad seguía conmigo. Había experimentado mi peor miedo, y como resultado, sólo había reafirmado las dos únicas cosas que tenía claras en ese instante: Amaba a Shizuru, y podría sacrificar el mundo completo por ella.
