Aquí el penúltimo capítulo de este fic.


CAMPAMENTO MESTIZO

CAPÍTULO 20

Tan solo al salir del campamento, ambas entramos en aquel frenesí que tantas veces llegamos a odiar, por hacernos todavía mas temerarias e imprudentes, pero que un mayor número de veces amamos, por aumentar nuestras habilidades y salvarnos. Sentía la adrenalina a tope, podía escuchar mi corazón, y a segundos, el de Shizuru.

Aceleré a 200 km/h, el motor no hacía ruido, éramos una flecha sigilosa a través del bosque. Aumenté a 250 km/h, nuestros reflejos de semidios impedirían que nos matáramos, fuese la velocidad que fuese. Al aproximarnos, los rugidos se hicieron más fuertes, y el putrefacto aroma de los monstruos llegó a nosotras.

Aroma a sangre coagulada, carne podrida y demás cosas no menos desagradables. El aire era difícil de respirar en esas condiciones, con un solo respiro casi podía sentir las arcadas subiéndome por la garganta.

La mano de Shizuru se agarró a mí con mayor fuerza. Usé un montón de tierra como rampa para saltar, y aterricé tres metros abajo, sin detenerme. Entonces finalmente los vimos.

Como esperaba, eran cientos, e igual que aquel fatídico día, eran tan variados que incluso parecía haber nuevos monstruos, pero saben… podía nombrarlos a todos, a cada uno de esos malditos. Sentí muchas cosas, sin embargo, no miedo. Esa vez, estábamos en mi campamento, en mi bosque, con mis reglas.

Así como les vimos, nos vieron, aunque creo que nuestro olor les llegó antes. Los hijos de puta se veían hambrientos, nos lo hicieron saber. -¡SEMIDIOSES!-. Sus rugidos en conjunto hicieron vibrar los árboles que todavía no derrumbaban. Estaban ahí, para una vez más, intentar extinguirnos.

No me gustaba sonreír en el campo de batalla, pero lo hice.

Activé un mecanismo de la motocicleta, toda la estructura del vehículo estaba reforzada con bronce celestial, el arma que salió de la parte frontal no era la excepción. -¡No cenaran hoy!-. Sí, ni en esos momentos era capaz de mantener la boca cerrada.

Tal como creía, la imagen de la ametralladora torreta no les importó, hasta que disparé y se dieron cuenta de que las balas también eran de bronce celestial. Esos adefesios solo habían visto espadas, lanzas, flechas y ese tipo de cosas, nunca armas de fuego.

El descubrimiento les enfureció. Me alegré de haber puesto más de esas en la cima de la muralla.

Di la vuelta, acelerando hasta 300 km/h, una gran parte de la horda nos siguió.

Algunos de ellos, los más veloces, casi nos pisaban los talones, habría podido ir más rápido. -¡Mantén esta velocidad, un poco más!-. Asentí.

Desplegó las puntas retractiles de su lanza, podían ser usadas en modo cadena o como extensión, usó lo segundo, cada una de las puntas podía alcanzar hasta cinco metros, así que imaginen el dominio que necesitaba para manejarle en una motocicleta a 300 km/h, en un bosque.

Mientras me concentraba en manejar, ella despejó nuestro perímetro inmediato, ahí me di el lujo de girar y lanzar otra ráfaga de balas, esto aumentó la furia de la horda, no me importaba, si su número disminuía eran puntos positivos para mí. Aniquilamos a unos 40 antes de volver a acelerar a un área libre.

-¡Shizuru!-.

Sin demora, usó su lanza en modo lanzallamas para incendiar nuestra ruta, no detrás de nosotras, a los costados, ambas puntas iban cercando el camino con barreras de fuego, el fuego que ellos tanto temían.

Una parte fue lo suficientemente idiota para entrar en contacto directo con las llamas, esos ardieron y al correr sin control terminaron incendiando a otros, perfecto. Los que tuvieron cerebro para evitar tocar el fuego, nos siguieron a través del centro del camino que íbamos trazando.

Aceleré hasta 400 km/h, dejándolos atrás.

Y presioné un botón, de uno de los controles que traía en mi cinturón. -¡Líneas uno y dos, fuera!-. Grité por el pequeño radio que tenía.

-¡Entendido!-. Respondieron los gemelos.

Una serie de explosiones se detonó a lo largo del camino bordeado por el fuego. Las bombas estaban cargadas de bronce celestial. Les dijimos adiós a esas mierdas.

Así es, estábamos actuando como carnada viviente. Esas cosas deseaban más que nada atraparnos a nosotras dos, lo sabíamos y decidimos usarlo a nuestro favor; su deseo era tanto que los cegaba, haciendo que fuese relativamente fácil hacerlos caer en nuestras trampas.

Repetimos el proceso tres veces más, eso, en conjunto con el fuego lograba establecer otro perímetro y les daba más tiempo a los del campamento, ya que a los que eliminamos eran el frente de la horda, estábamos frenando su avance.

Los que se nos fueron a nosotras, no llegaron muy lejos, los gemelos estaban monitoreando los radares para saber cuando activar las demás líneas, además, entre los arboles había otras trampas escondidas.

Esos monstruos creían que la masacre la iniciarían ellos al poner sus asquerosas patas en mi campamento, ¡Pero no!, la cacería inició apenas entraron a mi bosque, y ellos serían las presas.

¿En serio creyeron que me limitaría a las murallas?

¡Obvio que no! ¡El Tártaros sabría que los semidioses estábamos hartos! ¡Que con nosotros no se jugaba!

El acto de la motocicleta se nos terminó al encarar a la segunda fila de la horda. No mentiré, nos acorralaron, habían conseguido rodearnos sin que nos diéramos cuenta. La torreta se quedó sin munición. Tenía la ropa empapada de sudor, en parte por los nervios, que cualquiera con sentido común habría tenido. Frené, el círculo se iba cerrando, en esa área no había líneas de explosivos.

-Baja, ahora-. Pegamos espalda con espalda. -¿Sientes esa adrenalina, Shizuru?-. Eran monstruos más grandes que los primeros, y más listos, porque nos contemplaban antes de lanzarse al ataque.

-Creo que me haré adicta a ella-. Sabía que Shizuru estaba sonriendo, porque aunque la balanza parecía no estar a nuestro favor, ella sabía que seguramente yo tenía algo bajo la manga. -Creo que ya dejamos que se acercaran suficiente-.

Desplegué mi nueva armadura. -¡Agárrate fuerte!-. Se abrazó a mí, sostuve su cintura con fuerza.

¡Y nos elevamos al cielo!

-¡Esto es fantástico, Natsuki!-.

Mi anterior armadura era negra, porque había pintado el bronce, esa, tal como la muñequera, era de un negro tan penetrante que parecía capaz de devorar la luz. Sin embargo, lo que le hacía mejor que la otra, ¡era que le había puesto alas!

Alas hechas con Hierro Estigio, igual que el resto de la armadura.

-¡Hazlos cenizas!-. Aunque estábamos a unos diez metros sobre ellos, pude verlo, vi que temían, que querían retroceder a causa de la energía que desprendía el Hierro Estigio, sus instintos más básicos les gritaban que huyeran, Shizuru no los dejó huir.

¡Hizo una barbacoa de monstruos gigantesca!

No pudimos disfrutar del logro, escuchamos un rugido que me heló la sangre, ese tenía que ser del que me habló Mai. Gracias al Olimpo, venía desde lejos.

-¡No te vayas a soltar!-. La mejor parte de mi nueva armadura no era solo que volaba. -¡Será rápido!-. Un circulo negro se abrió ante nosotras.

Pero nadie salió de él, en su lugar, entramos. Las ráfagas que sentía ahí dentro, como siempre, actuaban como si quisieran arrancarme la piel, aun recubierta con metal de la cabeza a los pies, sin embargo, ya manejaba mucho mejor las náuseas, al menos no vomitaría al final. Todo era oscuro, era imposible distinguir algo en aquel pasaje tenebroso, pero a base de sufrimiento, y a la ayuda de Nina, había aprendido a orientarme ahí.

Como dije, fue rápido, muy rápido.

Aparecimos en el campamento.

Sentí como si un camión me hubiese golpeado, consecuencia de usar una habilidad que no me correspondía, ¡Pero había funcionado!

¡Con mi armadura de Hierro Estigio podía viajar por las sombras!

Shizuru retiró su yelmo. -¡Eres increíble, Natsuki!-. También retiré el mío y recuperé el aliento.

Había demorado el mayor tiempo posible su activación, precisamente porque era consciente de que gastaría mucha energía cuando comenzara a usarla.

-Vamos, esto continua-. Fuimos a donde sabía que estaban los gemelos.

Al verme, por un segundo se quedaron sin habla, el Hierro Estigio imponía más de lo que pensaba. Lo ignoré y vi las líneas que ya se habían usado. -Detonen de la 12 a la 16-.

-El radar aun no les detecta-. Dijo Tate.

-Pasaran por ahí, detónenlas-. Estaba segura.

Desde nuestro lugar, pudimos escuchar las explosiones.

Cargué a Shizuru y volé a la cima de la muralla. -Vienen Leones de Nemea-. Advertí a Alyssa. Esos malditos gatos super desarrollados eran el frente de la línea que iba a chocar contra el campamento.

-Estamos listos-. Vi las ballestas gigantes.

Tres minutos después aparecieron derrumbando los árboles. -¡Fuego!-. Las enormes flechas salieron disparadas, sin embargo, la primera ronda no tuvo efecto, solo los herimos. -¡De nuevo!-.

Los leones golpearon la barrera invisible, con una ferocidad temible, y se les sumaron otros monstruos, nuestras torretas entraron al juego. El panorama era terrorífico, sobre todo por la similitud con aquel día, involuntariamente hacía las comparaciones y pensé que era inevitable que se repitiera la primera de las tragedias, que la barrera invisible se rompiera justo sobre nuestras cabezas.

Iban amontonándose, como si trepando unos sobre otros fuesen a encontrar un hueco por el cual meterse. No dejé que el miedo entrará en mi cuerpo, a diferencia de muchos de los campistas, de la mayoría en realidad, mis amigos y yo ya habíamos vivido esa pesadilla, y créanme, en el fondo, muy en el fondo, queríamos revivirle para darle la vuelta al asunto. Ansiábamos transformar una antigua pesadilla en una victoria, por todos los que habían caído, por todo lo que habíamos perdido.

-¡HAGANLOS MIERDA!-. Grité.

Las ballestas seguían contrarrestando a los Leones de Nemea, y las torretas destrozaban a los otros monstruos que se atrevían a tocar nuestra muralla, pero Mai, liderando a los demás hijos de Apolo, se hizo cargo de que las flechas llovieran sobre las arpías y las demás bestias aladas.

La pequeña puerta de las murallas se abrió, de ella salieron Nao y Mikoto, para desatar la furia de Ares. No podíamos quedarnos tras la barrera mucho más tiempo, de todos modos, caería en uno u otro momento.

-Es hora de volver a la línea frontal-. Reactivé mi yelmo y desplegué mis alas. -Shizuru-. Ella ya tenía su lanza en la mano.

Me lancé en picada hacia la batalla.

Al aterrizar, Shizuru ya estaba haciendo que lloviera polvo dorado. No era que los monstruos fuesen más débiles, era que nosotros nos habíamos fortalecido para ese día.

Mi presencia desató más caos, querían acercarse a mí para llevarme ante su amo, y a la vez me querían muy lejos de ellos, sus dudas aumentaron cuando desplegué mi nueva espada, yo no dudé, le empuñé con ambas manos.

Di un giró, elevando la espada diagonalmente, de un tajo maté a dos, no hubo polvo dorado. Mi espada cumplió su cometido, esas mierdas habían dejado de existir, para siempre.

Escuché unos gruñidos que conocía muy bien, miré a mi izquierda. Ahí, con sus malditos ojos amarillos y su asqueroso pelaje negro, estaba un hombre lobo, viéndome con furia desmedida. -¡Ya no tienes tu plata, Kuga Natsuki!-. Rabioso, arremetió contra mí.

-¡Es asesina de lobos para ti!-. El hijo de puta era en verdad veloz, sus garras alcanzaron mi hombro izquierdo, tal vez creyó que podría traspasarle, desgarrar mi carne. -¿¡Sorprendido, perrito!?-. Agradecí la estupidez de su especie.

El conocimiento era poder, y yo sabía que no necesitaba plata para vencerle, él no.

-¡Odio a los tuyos!-. Quiso detener mi ataque con sus garras, tuvo que retroceder ya que estas se rompieron, mi espada las hizo añicos.

Aulló, llamando a más de los suyos. -¡No importa cuantos sean, el resultado será el mismo!-. Soltó una dentellada, sus fauces se cerraron entorno a mi antebrazo. -¡Demonios, muérete ya!-. El era más veloz, pero yo más ágil. No vio venir la hoja, y el Hierro Estigio atravesó su pecho, sacándole el corazón.

Repartí cortes a diestra y siniestra, pronto perdí la cuenta de cuantos habían caído por cuenta de mi espada. -¡AHHH!-. El fragor de la batalla era enloquecedor. -¡VENGAN POR MÍ!-.

El bloqueador de sombras que traía en la armadura se cristalizó, traducción, habían respondido a mi provocación, los malditos perros del infierno ansiaban mascar mis huesos. No podrían. Seguí luchando.

A unos metros de mí, Shizuru le plantaba frente a una quimera, lo tenía controlado, la lanza era como otra parte de su cuerpo. Habría seguido en lo mío, si no hubiera visto a un Pájaro de Estínfalo volando sobre ella. Era un ave enorme, del tamaño de un caballo, con pico de bronce y plumas metálicas, que por lo general, estaban manchadas de la sangre de sus víctimas.

De un segundo a otro ya no estaba en el suelo, el pajarraco no me vio venir, ataqué desde arriba, rebanándole por la cabeza, en un camino recto que le partió a la mitad.

Cuando Shizuru eliminó a la quimera, fue rodeada por un grupo de dracaenas, mi intención era hacerle segunda, no obstante, el pajarraco no venía solo. Otra de esas cosas me embistió por el flanco derecho, su emboscada me hizo caer perdiendo una altura considerable, luego un tercer pájaro se manifestó desde abajo, llegándome por la espada y dejándome en medio de un sándwich de plumas metálicas.

En esa posición, tuve que valerme de mucha fuerza para elevarme de nuevo, con el peso de esas cosas y su fuerza en mi contra. -¡KUGA NATSUKI, KUGA NATSUKI, KUGA NATSUKI!-. Graznaban como grabadoras descompuestas, al mismo tiempo que picoteaban mi armadura. El sonido del metal contra metal era muy molesto, debido a que el eco vibraba directamente en mis oídos.

Una flecha atravesó la cabeza del que tenía enfrente, la punta salió entre sus ojos, sonreí, desde la muralla, Mai seguía el caos del cielo, dos flechas dieron contra las patas que se aferraban a mi abdomen, el pajarraco estuvo forzado a soltarme, me di la vuelta y le corté la cabeza.

Los hijos de Apolo se encargaron del resto de la parvada.

La barrera invisible cedió ante la fuerza de la horda, se hizo añicos y ellos entraron.

Desde esa altura, tenía una clara visión de los campistas. -¡LUCHEN HOY PARA VIVIR MAÑANA!-. Sus gritos de guerra corearon al mío.

Volé cerca del piso solo para alcanzar a Shizuru, ella se abrazó a mí, ya en el aire, usó su lanzallamas y nos hice girar, creando un torbellino de fuego. El olor a carne quemada era magnifico cuando no eran semidioses los achicharrados.

Desde el lado derecho, vi que una puerta de la muralla se abrió, ingenuos, los monstruos intentaron meterse por ahí, fueron arroyados por los dos autos que salieron a toda velocidad.

Bueno, técnicamente eran autos, pero calificaban más como tanques miniatura, tanque que además de la usual cubierta de bronce, tenían múltiples picos en toda su estructura, ok, más que un tanque, eran como puercoespines de bronce celestial. Se metieron directamente en la horda y destrozaron todo a su paso.

Por otra parte, del lado izquierdo contemplé una imponente escena. -¡Dioses!-. Era un monstruo que sin dificultad resaltaba entre los demás.

Una Hidra.

Esa maldita criatura con apariencia de reptil y múltiples cabezas, todas igual de feas, a la que no le basta con eso, ni con tener un aliento venenoso, a la mal nacida, si le cortaban una de sus cabezas… ¡Le crecían dos más!

¿¡Qué clase de injusticia era esa!?

Pero su oponente se las estaba arreglando para luchar contra esa abrumadora desventaja, ya que era posible evitar que las cabezas crecieran, si eras los suficientemente rápido para quemar el muñón, eso suponiendo que el contrincante en cuestión tuviera acceso al fuego, claro.

Y aquella semidiosa si que tenía el poder del fuego en sus manos.

Era Mikoto, y por lo que veía, Ares había vuelto a concederle a su favorita aquel épico power up. Sus ojos dorados ardían, literalmente, desprendían las llamas del fuego sagrado de Ares, al igual que su espada.

Ella sola estaba abatiendo a uno de los monstruos más terroríficos de la historia.

Confíe en Mikoto y volví a centrarme en mi parte.

Entonces, mientras seguía en el aire con Shizuru, lo escuché, el rugido que superaba a otros, el que destrozaba árboles, la sangre por poco se congeló en mis venas, temblé. -Tranquila Natsuki-. Me decía eso, pero ella también temblaba.

Cuando le vimos, supe que literalmente, el Inframundo había subido a la tierra.

Era Cerbero.

El gigantesco perro de tres cabezas que se suponía debería haber estado resguardando las puertas del Inframundo.

Su pelaje negro, contrario al pestilente del de la mayoría de los monstruos, era reluciente, y sus ojos, los tres pares, eran de un rojo penetrante y abrumadoramente sombrío, en ellos, estaban reflejados los lamentos de millones de almas en pena.

Y montándolo, venía el responsable de todas mis desgracias.

Se erguía con toda la sorbería que un Dios era capaz de poseer, vestido totalmente de negro, con una capa que primero pensé era normal, hasta que lo vi, no era tela, lo que caía por su espalda era la oscuridad misma, su capa estaba hecha de sombras, también llevaba una coraza que cubría su pecho y un casco que dejaba perfectamente a la vista su rostro, un rostro que aunque me repudia admitir, poseía la belleza que le correspondía a uno de los tres grandes. Su aura era tan imponente que si hubiera estado de pie en lugar de volando, habría caído de rodillas. Pero el impacto fue rápidamente superado por una rabia que casi me hizo explotar.

Después de tanto, por fin, estaría cara a cara con Hades.

Aun a esa distancia, sabía que sus ojos estaban puestos en mí, era como si su mirada me quemara.

No sé quien acortó más la distancia, si él o yo, pero ambos fuimos directos el uno sobre el otro.

Sentí el aliento de Cerbero.

Enfrentar a Hades teniendo a su mascota ahí era un hecho caótico, no podría ni intentar ponerle un dedo encima. Era imposible, aunque trabajara con Shizuru.

Viví una pausa que me fue eterna en mi cabeza.

Contemplamos a la bestia y a su amo, ellos hicieron lo mismo con nosotras. Hades estaba comprobando que era yo. Cuando Cerbero rugió entendí lo que iba a suceder, esas cabezas irían por Shizuru, le cubrí con mi cuerpo, quería viajar por las sombras a una posición más favorecedora.

Pero me ganaron, se abrió un circulo negro sobre la cabeza izquierda de Cerbero.

De él salió Nina. -¡CERBERO!-. El can desvió toda su atención a ella, como si ignorar su voz fuese algo inaudito. El cuerpo de Nina seguía lleno de vendas, podía verlo porque debajo de su gabardina abierta, no llevaba nada más puesto.

En esa fracción de segundo que le perdí de vista, Hades dejo su montura. Vi hacia todos lados, no había usado el viaje por las sombras, mi bloqueador le habría mínimamente detectado.

-¡ME ENCARGARÉ DE CERBERO!-. Nos gritó Nina. Que estuviera ahí cuando poco antes estaba moribunda era asombroso. No solo era gracias a su regeneración superior a la del semidios promedio, no, tiempo después me dijo que había tomado el riesgo de consumir una mayor porción de ambrosia, que sintió como esta le quemaba las entrañas y creyó estar por morir, pero consiguió sobreponerse para entrar a la batalla, directa a la línea frontal.

Tendríamos que confiar en la hija, para ir por el padre.

No hubo modo de que predijera lo siguiente.

Hades apareció de golpe.

-¡NATSUKI!-. El grito de Shizuru sobresalió entre el estruendo de la guerra.

Como una ráfaga bestial, Hades me empujó, si es que a eso se le podía llamar empujar, y me movió llevándome lejos de Shizuru. -¡KUGA NATSUKI!-. La primera vez que le escuché hablar, confirmé que sí era la voz de mis pesadillas, aunque mucho más imponente y aterradora.

-¡No digas mi nombre!-. Y esa fue la primera cosa que le dije a uno de los Dioses más poderosos del planeta. Desplegué mis alas, con eso conseguí frenarnos.

-¡Debiste unirte a mí!-. ¡Joder! Me dio un puñetazo que hasta mis ancestros sintieron, caí al suelo, no, más bien dejé un rastro como si un pequeño meteorito hubiera impactado en mi lugar. -¡Hazlo ahora, Kuga Natsuki!-.

Vaya, planeaba convencerme a base de fuerza bruta.

¡Y que fuerza!

-¡Estás loco!-. Un segundo puñetazo que me hundió en la tierra.

-¡MATARÉ A TODOS SI SIGUES NEGANDOTE!-. Iba a darme un tercer puñetazo.

Desaparecí ante sus ojos y salí a sus espaldas. -¡COMO SI NO LO ESTUVIERAS INTENTANDO YA!-. Le devolví el favor, creo que los huesos de mi mano se habrían fracturado de no ser por la armadura.

Con otro circulo puse distancia entre nosotros, intentó seguirme, mi bloqueador se cristalizó. -¿¡Qué has hecho!?-. ¡Pude anular un don de un dios! Vale, tal vez era eso lo que lo volvía tan terco con querer llevarme a su lado. -¿¡CÓMO ES QUE VIAJAS POR LAS SOMBRAS!?-. Jamás había escuchado tanta ira en una voz, la oscuridad a su espalda se avivó, como si su capa manifestara todo su enojo.

Por los pelos, esquive un golpe. -¡Cortesía de Nina!-. Pero no el siguiente, me mandó a volar por los aires, aterricé contra un árbol, el tronco crujió y se vino abajo. Si sobrevivía, iba a necesitar un milagro para levantarme de la cama al día siguiente.

-¡ESA TRAIDORA!-. Uy, le di justo en el trauma familiar. -¡DEBÍA GANARSE TU CONFIANZA Y LLEVARTE ANTE MÍ!-. Me quité del tronco a tiempo, una enorme roca se estrelló donde había estado. -¡NO ALIARSE CONTIGO!-. Con que eso era lo que había pasado.

Rodé por el suelo evitando otra roca.

Era obvio que aun así de enfurecido, no tenía la verdadera intención de matarme, ni siquiera sacaba la espada de su cinturón. Lo que quería era noquearme, supongo que en su mente, las cosas funcionaban con la idea de que si me llevaba con él, mágicamente decidiría ponerme de su lado. También estaba la posibilidad de que planeará esclavizarme, ya saben, encadenándome a una fragua allá en el Inframundo, pensar eso me dio un escalofrío.

Aunque bueno, si no quería matarme, esa era una ventaja para mí.

-¡Eres tú el traidor!-. Admito que me fascinaba tutear a los Olímpicos, era placentero ver como les molestaba que no les tratasen como lo mejor del universo. -¡Traicionaste al Olimpo!-.

Con un bestial movimiento llegó a mí y me tomó por el cuello, sus dedos se sentían como acero, rogué que no fuese capaz de abollar la armadura o podía ir despidiéndome de mi vida. Acercó tanto su rostro al mío que de no tener puesto el visor del yelmo, habría parecido que íbamos a besarnos, que asco. -¿¡El Olimpo, dices!? ¡Como si le importaras al Olimpo! ¡Mi hermano quiere matarte!-. Era gracioso que dijera eso cuando él era el que parecía querer ahorcarme.

-¡Porque tú lo provocaste!-. Él era quien había vuelto un completo paranoico a Zeus. -¡Además, tu otro hermano está de nuestro lado!-. Desplegué mi espada.

Me soltó para tomar la suya y bloquearme. Vi una tormenta de oscuridad en sus ojos. -¿¡CÓMO TE ATREVES A USAR HIERRO ESTIGIO CONTRA MÍ!?-. Volví a atacar, tenía la piel erizada, el corazón al borde de un paro y tenía más adrenalina que sangre, maldita sea, quería terminar esa pelea y no volver a tener ninguna que se le asemejara.

Contraatacó, su fuerza dejó temblando todos mis huesos. -¡ERES SOLO UNA PATETICA SEMIDIOSA!-. Concentrada en evitar que me rebanara su espada, fue imposible evitar su patada, que de algún modo me dio de lleno en la cara. Gracias al visor no me desfiguró, pero si que sentí la sangre bajándome por la sien, la cabeza me daba vueltas.

Tal vez el golpe me afectó de más, quizá fue la locura de la batalla, quien sabe, el punto es que solté una carcajada. -¡Patética semidiosa dices!-. Reaparecí en su costado derecho, me bloqueó e inmediatamente reaparecí en el izquierdo, a su espalda, desde arriba. -¡Pero me quieres en tu bando!-. Golpeó mi hombro derecho, su espada y mi armadura se repelieron. -¡Porque me necesitas!-.

Volé alto, Hades de un saltó fue por mí. -¡NO HUIRAS DE MÍ!-. Ambos comenzamos a descender.

-¿¡Y QUIEN ESTÁ HUYEDO!?-. Aprovechando que no estaba tocándome, desaparecí, el siguió cayendo, obviamente una caída así no iba a hacerle nada, unos segundos antes de que impactara contra el suelo, reaparecí arriba de él, empuñando mi espada con todas las intenciones de atravesarle el pecho.

-¡MOCOSA INSOLENTE!-. Detuvo la hoja con sus manos, esta quedó a unos milímetros de atravesarle.

Usar tantos y consecutivos viajes por las sombras estaba drenándome la energía a un ritmo preocupante.

Pensé en Shizuru.

Volví a la carga.

-¡ME DESTRUISTE LA VIDA, DIOS DE MIERDA!-. Años de rencor ardían furiosos dentro de mí.

Seguía teniendo cartas bajo la manga, agarré una que tenía en mi cinturón y se lo pegué al hombro, antes de que se lo quitará, estalló, la explosión no le hizo daño, pero si le obligó a retroceder.

Después él también jugó una de sus cartas. Desconozco que hizo, o como lo hizo, repentinamente, no podía ver nada, tenía abierto mi ojo y sin embargo era aun más oscuro que tenerlo cerrado. -¡Ya me habías arrebatado la mitad de mi visión!-. Me esforcé por mantener la calma. -¿¡Querías terminar el trabajo!?-. En el fondo sabía que lo que me hizo no era permanente, Hades no me habría dejado ciega cuando lo que quería, era que trabajara para él.

Le sentí cerca. -¿Qué te impide unirte a mí?-. Habló a mi oído, ya no me gritaba, había cambiado por completo la estrategia. -Kuga Natsuki, a mi lado harías cosas aún más grandiosas, y lo sabes-. Moví mi espada, le di a la nada. -¿Entonces que te frena?-. Era como si quisiera meterse dentro de mí, algo pulsaba en mi cabeza, le agité. -¿Es por tu mujer?-. Tensé la mandíbula. -Es eso…

-¡Esto es entre tú y yo, Hades!-.

Su risa hizo eco, como en las pesadillas. El desgraciado sabía muy bien como jugar con la mente de los demás. -Una semidiosa que no le teme al poder de los nombres, y que grita el mío, como si fuese una igual-. Tocó mi visor, supe que iba a forzarlo, quería verme a la cara. -Tu estupidez es equivalente a tu ingenio-. Su otro puño dio contra mi abdomen. -Pero podemos remediar eso-. Otro golpe. -Aunque admito-. Aun ciega, bloqueé su espada. -Que ningún otro semidios me había dado pelea como tú, Kuga Natsuki-.

Desaparecí, ataqué desde abajo, y conseguí hacer un corte en la planta de sus pies, algo salpicó mi armadura, supe lo que fue.

-Así que los Dioses también sangran-. Era un dato glorioso, tomando en cuenta que bajo el yelmo, tenía gran parte de mi cara bañada en mi propia sangre.

-¡NATSUKI!-. Es inexplicable el motivo, pero cuando escuché la voz de Shizuru, recuperé mi visión, y por la expresión que puso Hades, el tampoco entendió que sucedió.

Tenerla ahí subió al máximo mi motivación. Ataqué dispuesta a terminar todo. Así como medio mundo, él sabía mi talón de Aquiles, y obvio, prefirió ir por Shizuru.

Pobre idiota, como si ella fuese a ser un blanco fácil. No se dejó atrapar. Nos coordinamos y lo atacamos juntas.

-¡No puedes hacerlo todo, Kuga!-. Supongo que se refería a pelear, a defender al amor de mi vida y a en verdad intentar ganar la pelea.

-¡No tengo que hacerlo todo!-. Volé hacia él. -¡Solo una parte!-. Shizuru atacó desde el lado contrario, uso la función retráctil en modo cadena, y capturó el brazo de Hades.

Hades comenzó a jalar, arrastrándola hacia él, no importaba que ella opusiera una resistencia monumental, iban acercándose, demasiado rápido para mi gusto.

Yo no estaba a la vista. -¿¡ACASO TE CREES UN HÉROE, KUGA!?-. Bramó iracundo, mientras estaba por tener al alcancé de sus dedos a Shizuru.

-¿¡Héroe!?-. Aparecí a su lado. -¡Solo soy Kuga Natsuki!-. Y le corté la mano izquierda.

¡Dejé manco al Rey del Inframundo! ¡Era una locura dentro de otra más grande!

Aunque, rayos, con la que le quedaba detuvo mi espada antes de que pudiera llegar a su cuello, y…

Mierda, el bloqueador no soporto más, dejó de funcionar.

Entonces Hades me desarmó.

Mandó a volar mi espada.

Y la suya estuvo a punto de atravesarme, no iba a tener que traspasar la armadura, bastaría con que su mano pasara a través de las sombras, directo a mi pecho.

-¡ALTO!-. Pero Shizuru usó nuestra última carta, su embrujahabla. -¡BAJA ESA ESPADA Y NO TE MUEVAS!-.

Se había contenido hasta ese momento, para apostarlo todo en esa jugada que ni siquiera sabíamos si funcionaria. Embrujahablar monstruos era difícil, hacerlo con Dioses casi imposible, conseguirlo con uno de los tres grandes, era una hazaña nunca antes vista.

Respiré agitadamente, en verdad había sentido que la muerte me abrazaba. Contemplé a Shizuru, sus ojos resplandecían con odio desmedido, odio hacia ese Dios que por poco me alejaba de su lado e intentaba resistirse a ella.

Mi novia mostraba una expresión de dolor, por lo que hablé con ella supe que, la cantidad de poder necesaria para tal proeza sometía a su cuerpo a la misma presión que el mío soportaba para usar el viaje por las sombras. Al final, en verdad había cumplido, en batalla, lo que me pasara a mí, le pasaría a ella también.

No desperdiciaría nuestra oportunidad.

Mi espada estaba en algún lugar del bosque, sin embargo, aun tenía algo, de la armadura desplegué una daga, la puse en el cuello de Hades, encajándole lo suficiente para que sangrara.

No podía moverse -Anda…-. Aunque aún, con esfuerzo por el dominio de Shizuru, podía hablar. -Kuga Natsuki, hazlo-. Lo veía en sus ojos, el maldito no me creía capaz de matarlo.

Y créanme, no es que no fuese capaz.

-No haré realidad su maldita profecía-. El odio en mi voz era incomparable. Quería matarlo, podía hacerlo, al Tártaros la moral, la ética y todas esas estupideces, no me importaba, los héroes no mataban pero yo no lo era. -No soy su jodida herramienta-. Pero no lo maté, únicamente porque lo necesitaba para algo más grande que la venganza que tanto anhelaba. -¡Shizuru!-. Ella se aferró a mi brazo.

Y mientras Hades seguía sometido por Shizuru, nos metí a los tres en un circulo negro.

Bueno…

¿Recuerdan que Shizuru le pidió algo a Afrodita? Lo que pidió fue… el permiso para entrar al Olimpo.

¡Y hacia allá íbamos!

Nos hice aparecer frente a nuestros padres, que a su vez, estaban frente a Zeus y Poseidón, estos dos discutían fuertemente, a punto de iniciar otra pelea, hasta que nuestra llegada provocó un silencio sepulcral.

Vaya, no es que los Dioses presentes no fuesen imponentes, lo eran y bastante, poseían ese algo que les hacía sentirse tan superiores, su presencia era un excelente motivo para sentirse insignificante, no obstante, acababa de agarrarme a golpes con el Rey del Inframundo, que no me jodieran, no iban a intimidarme después de eso.

Me miraron, miré el lugar y a ellos.

Se notaba que el Olimpo había sido un lugar hermoso antes de toda ese desastre de la guerra, mi sangre se añadió a la decoración cuando retiré mi yelmo, Shizuru hizo lo mismo.

No sabría decirles quien de todos los presentes era el más sorprendido.

Arrojé a Hades ante los otros dos grandes. -Aquí está su hermano-. Fruncí el ceño y escupí las palabras. -Arréglense entre Dioses, y de una vez por todas, déjenos fuera de sus problemas-. A fin de cuentas, todo había iniciado por el maldito desacuerdo entre Hades y sus hermanos.

Tal vez los Olímpicos podrían haberme hecho mierda sin mucho esfuerzo, ya estaba demasiado agotada, no obstante, ahí estaba, con mi insolencia de siempre, exigiéndole a lo Dioses que nos dejaran en paz.

Había resistido las ganas de matar al Dios loco que me quería esclavizar, para entregárselo como ofrenda de paz al otro Dios loco que por andar de desconfiado nos quería matar a todos.

-¿Cómo han entrado aquí?-. La voz de Zeus poseía una autoridad impactante.

-Han entrado con mi invitación-. Afrodita nos miraba con una expresión indescifrable.

Zeus no parecía contento. -¿Quiénes son?-. Tenía una mirada muy pesada, la resistí. -¿Quién te crees para venir a hablarme así, semidiosa?-. No gritaba, pero se sentía como si me estuviera golpeando con sus palabras.

-Como si no lo supieras-. Le encaré sin miedo, estaba segura, tanto como de mi amor por Shizuru, que mi armadura habría resistido el rayo de Zeus. -Pero te refrescaré la memoria. Ella es Fujino Shizuru, yo Kuga Natsuki, y somos las semidiosas que condenaste-. Señalé a Hades. -Por culpa de este mal nacido-.

-¡Insolente!-. El cielo relampagueó. Por dentro, me pregunté si tenía que irme preparando psicológicamente para el segundo round Olimpico.

-Me lo dicen seguido-. Nadie intervenía, nadie estaba tan loco, ni los otros Dioses. -Por cierto, deberías encerrarlo-. Shizuru había permanecido callada porque usaba toda su energía en mantener sometido a Hades, había conseguido callarlo. -Antes de que tu hermano se libere y sigamos nuestra fiesta aquí en el Olimpo-.

Obvio que al Rey de los Cielos no le hizo gracia tener que hacer lo que una semidiosa decía, pero sabía que tenía razón, y aunque me lanzaba rayos con la mirada, no me lanzó uno de verdad.

En su lugar, intercambió una mirada con Poseidón, creo que su enemistad quedaba resuelta para oponerse juntos a la que tenían con su otro hermano, vaya, en verdad que Hades era el más odiado de esa familia de locos, ¡Y se lo tenía bien merecido!

Cada uno de ellos tomó un brazo de Hades, Zeus lo sigue negando, pero yo se que miró con asombró el muñón que le deje en lugar de mano a su hermano, a rastras, le llevaron a unos 20 metros de distancia, y entonces, vi como a partir de un solo rayo, se formaba una jaula capaz de aprisionar a Hades, ni siquiera podía acercarse a los barrotes, y la luz generada era tanta, que de algún modo divino, le impedía viajar por las sombras.

Zeus se dirigió a mí, mirándome con clara desconfianza, perfecto, estábamos en las mismas. -¿Por qué lo han traído?-. Los demás Dioses se habían reunido a nuestro alrededor, todos lo Olímpicos tenían su mirada sobre nosotros. Percibía las ansias que Zeus tenía de aniquilarme.

-Para calmar tu paranoia-. Lo sé, es asombroso que siga viva para contarles esto, después de haber tenido una boca tan impertinente. -Para que vieras que no soy un enemigo del Olimpo, como dice esa estúpida profecía-.

-Podría matarlas ahora mismo-. Para ese momento, Shizuru y yo estábamos recargadas la una contra la otra, la dignidad era lo que nos mantenía de pie tras gastarnos casi toda nuestra energía. Por sobre todas las miradas, sentía las de Hefesto y Afrodita. Saben… me gusta creer, que de haber sido necesario, ellos habrían metido las manos en el asunto, por nosotras.

-Pero no lo haces, porque sabes que tengo razón-. Caminamos hacía Zeus. -Porque pude matar a quien casi arruinó mi vida, a quien intentó matar a la mujer que amo-. Ni yo sabía de donde sacaba el valor para eso. -Pero en lugar de eso, lo traje ante ti, para que seas tú quien haga lo que quiera con él-.

Créanme, me sigo preguntando si los Dioses son bipolares, indecisos, muy cambiantes o algo por el estilo, porque de tener un ceño más fruncido que el mío, Zeus paso a…

A reír, con unas carcajadas que se escuchaban en todo el Olimpo.

-Kuga Natsuki, Fujino Shizuru-. Pensé que finalmente estaba alucinando, porque dejé de sentir sus ganas de matarnos, así, de la nada. -Son las semidiosas más extrañas que he conocido-.

Nada en mi mundo tenía lógica ni sentido.

Pero si eso colaboraba a mi causa, que rayos importaba vivir de lo irrazonable.

-Lo tomaré como que ya no te caemos tan mal-. Respondí.

-Tómenlo como un: Ya no planeo matarlas-.

Tal vez Zeus estaba mucho más loco de lo que pensaba.

¡Pero hey!

¡Ya no estábamos en su mira asesina!

Con el último viaje por las sombras que podía permitirme, regresamos al campamento.

No había ni un solo monstruo.


El siguiente capítulo es el último.